Archivos para el tag ‘Calderón’

La dulce visitadora

Pablo Bujalance | 24 de septiembre de 2014 a las 5:00

Arrabal y sus musas.

Arrabal y sus musas.

La primera vez que entrevisté a Fernando Arrabal, hace algo más de diez años, me dijo delante de un pincho de tortilla: “Todas las noches recibo la visita de una doncella. Es siempre la misma. Me visita desde hace años, pero cada vez que lo hace parece la primera. Esta doncella se llama Imaginación”. Yo entonces no lo sabía aún, pero Arrabal me estaba citando a Pirandello. Y creo, honestamente, que Arrabal ha ido bastante más allá de lo que fue Pirandello al apurar las posibilidades de la escena como objeto fantástico. En la dramática aristotélica que gobierna la escena española desde el siglo XVIII ha habido excepciones, claro; pero, a mi juicio, ninguna tan sonora, propia, reconocible y hermosa como la de Arrabal. En su capacidad de emplear el teatro para excitar el asombro, con reglas propias a menudo distintas de las que gobiernan la realidad fuera de escena, siempre he reconocido al de Melilla en la estirpe de Calderón, muy a pesar de lo que él mismo defiende: en otra ocasión le pregunté por Lope de Vega y me respondió, contrariado, que por qué tenía que recordarle a un dramaturgo que había sido pariente de inquisidores; me insistió (Arrabal convierte todas las entrevistas y conversaciones en partidas de ajedrez) en que el Siglo de Oro no le interesaba, pero le mencioné entonces su traducción al francés de La vida es sueño (obra que ejerció una inspiración decisiva en su primer maestro, Samuel Beckett) y él achacó aquel trabajo a la insistencia de su novia, profesora en la Sorbona. Sí, en su reino de la Imaginación, Arrabal puede tener mucho que ver con el Siglo de Oro o no tener que ver nada en absoluto. Pero es que intentar meter El cementerio de automóviles y Fando y Lis en un mismo aparato crítico supondría un empeño igualmente inútil. En otro artículo argumenté la idea de que si Picasso hubiese seguido escribiendo teatro más allá de El deseo atrapado por la cola, habríamos obtenido al dramaturgo llamado Fernando Arrabal. Su teatro lo absorbe todo, lo transforma todo y lo rechaza todo. Su dramaturgia funciona como si las leyes de la mecánica cuántica acontecieran de repente en un nivel supramolecular. Pero donde sí gana Arrabal a Picasso es en su instinto poético: la doncella llamada Imaginación, ciertamente, ha preferido jugar de su lado.

Tal vez la solución para despejar la incógnita que vincula a Arrabal y al Siglo de Oro esté fuera del teatro propiamente dicho: pues el gran demiurgo de la imaginación del Seiscientos no es otro que Don Quijote. Por eso constituye una noticia mayúscula que Juan Carlos Pérez de la Fuente haya encargado a Arrabal para su producción en el Teatro Español la adaptación escénica de la segunda parte de la novela cervantina, la que inspiró Avellaneda a modo de reacción furibunda y definitiva contra su apócrifo. Parece además que el Don Quijote de Arrabal tendrá una encarnación femenina, algo que, de entrada, sí encaja a la perfección con el mundo (los mundos) proteico y afrodisíaco del dramaturgo. Pocos autores han encarnado la naturaleza de Don Quijote (ésa que terminó definiendo el caso español) en el siglo XX como el Arrabal parisino, próximo y lejano, el que está y a la vez no está. Hay aquí algo de encuentro merecido y largamente esperado, de idilio sostenido en la distancia y ahora consumado, como si Arrabal, que ha escrito muchas cartas a los Reyes Magos, recibiera ahora su mejor regalo. E iremos al teatro a verlo, para volver a admitir que, a pesar de todo, el viejo juguete sigue valiendo la pena.

Un patrimonio renovado

Pablo Bujalance | 1 de abril de 2014 a las 5:00

Diana Palazón, en 'La dama duende' según Miguel Narros.

Diana Palazón, en ‘La dama duende’ según Miguel Narros.

 

El diario de Próspero vuelve a abrir sus puertas a las Jornadas del Siglo de Oro de Almería. Y lo hace, ante todo, porque es una satisfacción poder hacerlo. La consecución de aquel Premio Max parece haber dado frutos y la edición actual, la trigésimo primera, que arrancó ya el mes pasado y continuará durante buena parte de abril, presenta una programación de calado, interesante en todos sus términos. Las Jornadas siguen siendo una de las mejores ocasiones de cuantas ofrece la actualidad cultural española para conocer a fondo el Siglo de Oro, lo que no es precisamente poco; y sí, todo apunta a que el fantasma de la extinción parece haber dado un respiro, lo que constituye (mantendremos los dedos cruzados, por si acaso) un motivo para la alegría. Ante todo, conviene subrayar que el certamen mantiene su carácter abierto, participativo, ofrecido a la ciudadanía como motor de conocimiento a través de la intervención directa, mediante talleres, encuentros con el público, (con protagonistas tan destacados como Pedro Víllora y Jesús Herrera) representaciones, proyecciones de cine, teatro de calle y demás atractivos; y es éste, precisamente, el rasgo más significativo de las Jornadas, el que las convierte en un evento cultural de primera magnitud. Durante un buen puñado de semanas, Almería y otros municipios de la provincia se transforman en virtud del Siglo de Oro. Y no se me ocurre otra razón más hermosa.

Este año, el programa académico, que arranca el próximo jueves 3 con un homenaje a Miguel Narros y se celebrará hasta el sábado 5, resulta especialmente recomendable, con conferencias sobre aspectos inéditos de autores como Calderón, Lope y Shakespeare, ponentes incontestables y una especial atención a la puesta en escena actual de los textos del Siglo de Oro (con una mirada pormenorizada a la adaptación, la producción y otros procesos). Resulta difícil encontrar jornadas comparables a nivel nacional, por su rigurosa selección de contenidos y su ambición pedagógica. En cuanto a las representaciones, por los escenarios del ciclo han pasado ya Chema Cardeña y Las rameras de Shakespeare y La dama boba de Lope a cargo de Espacio Imaginado; pero en los próximos días lo harán El coloquio de los perros de Cervantes según Els Joglars, La Estrella de Sevilla de Lope según Alfonso Zurro y el Teatro Clásico de Sevilla, La dama duende de Calderón según Miguel Narros (en el que es el último montaje del todavía tan recordado director), el delicioso Otro gran teatro del mundo que une a Uroc Teatro y la Compañía Nacional de Teatro Clásico para el público infantil y el Julio César de Shakespeare según Paco Azorín. Se echa en falta, no obstante, una mayor atención a los autores españoles menos promocionados del Siglo de Oro, tanto en el campo académico como en el de las representaciones. El modo más directo de abrir el programa a ese 80% del teatro de los siglos XVI y XVII que permanece desconocido para el gran público sería mediante el refuerzo de las producciones propias; pero conviene, por si las moscas, celebrar que el menú servido para este año es, de cualquier forma, sobresaliente. No faltarán oportunidades para hacer de las Jornadas una cita todavía más grande.

A estas alturas, las Jornadas del Siglo de Oro de Almería se han convertido en un patrimonio teatral tan imprescindible como el propio Siglo de Oro. Su función de preservación, divulgación e interpretación resulta ya irreemplazable. Felices 31, por tanto. Y a cumplir muchos más. Por el bien de todos.