Archivos para el tag ‘Centro Dramático Nacional’

¿Y Buero?

Pablo Bujalance | 15 de septiembre de 2016 a las 5:00

Montaje de 'Historia de una escalera' a cargo del CDN (2004).

Montaje de ‘Historia de una escalera’ a cargo del CDN (2004).

Sé que no es un sentimiento muy extendido, pero no puedo dejar de sentir cierto afecto por Buero Vallejo. Será, seguramente, porque cuando tenía diez añitos me llevaron a ver Lázaro en el laberinto con Jesús Puente (quien sustituía a Javier Escrivá al frente del reparto) en el que mi fue, creo, mi primer contacto con el drama (con consecuencias irremediables, qué le vamos a hacer). Por allí andaba además una Amparo Larrañaga en ropa interior que me turbó muchísimo. La cuestión es que este mes se celebra el centenario del nacimiento del dramaturgo y ni si quiera la efemérides ha servido para que alguien se anime a facilitar una nueva producción de alguna de sus obras. Hay por ahí, curiosamente, alguna exposición de sus dibujos, pero en lo que a teatro se refiere, cero. Lo cierto es que hace apenas tres lustros que el hombre falleció y sospecho que el medio teatral español, especialmente, le guarda poca simpatía. He hablado sobre Buero con directores de muy diverso pelaje y algunos recuerdan aún, no sé si con cierto resentimiento, el excesivo control al que el autor sometía cada uno de los montajes de sus textos. Hay quienes lo consideran pasado de moda, antiguo y desconectado con el presente, exponente de un teatro que afortunadamente, dicen, pasó a mejor vida. El asunto del posibilismo, con el supuesto pacto con la censura que entrañó en su día, también significa entre algunos directores y productores una invitación a pasar de largo. Y luego está, pero esto lo digo yo, el hecho de que Buero ganara prácticamente todos los premios que pudo ganar, incluido el Cervantes, lo que para un dramaturgo ya es decir. Con semejante rango de popularidad, puede explicarse uno que no haya manera de subir a Buero a escena desde, creo recordar, la Historia de una escalera que produjo el Centro Dramático Nacional en 2004. Y, quién sabe, a lo mejor se lo tiene bien merecido.

Pero el ostracismo que sufre Buero Vallejo obedece con meridiana claridad a la naturaleza de la cultura española, ésa que se empeña en matar al padre para afirmarse en su originalidad (lo que, por otra parte, no es más que otro modo de volver a los abuelos). Supongo que es necesario, aunque quizá tendrá que transcurrir bastante más tiempo, un verdadero y profundo análisis crítico de la obra del escritor, más allá de los manuales y las hagiografías al uso, para determinar dónde esta el Buero capaz de decir algo en este siglo desquiciado. Habrá que separar entonces el grano de la paja, pero convendría admitir que sí hay obras del de Guadalajara que merecerían subir a las tablas antes de que pasen muchos años más. Así sucede con algunos de sus dramas históricos: El concierto de San Ovidio, mi pieza predilecta de Buero, contiene elementos que podrían relucir hoy con especial intención. En otro palo, La doble historia del doctor Valmy tuvo una versión para Televisión Española hace una década, pero en el contexto de la actual obsesión por la seguridad también podría volver al teatro con, quién sabe, resultados sorprendentes. Y hasta, por qué no, Diálogo secreto podría resonar como una respuesta dada por anticipado al Arte de Yasmina Reza, muy a pesar del mal fario que evoca todavía la muerte de Ismael Merlo escasas horas después de una función de la pieza. Es verdad que el franquismo, en su materialización de cárcel y tortura, atraviesa casi toda la obra de Buero en una querencia que ha podido quedar superada; pero también lo es que hablamos de (muy) buen teatro con lecturas todavía inéditas. Ya no tenemos entre nosotros a Gustavo Pérez Puig ni a Miguel Narros, pero a lo mejor alguien se atreve. No estaría mal. A ver qué pasa.

El infierno y los otros

Pablo Bujalance | 18 de diciembre de 2014 a las 5:00

El 'Rinoceronte' de Ernesto Caballero.

El ‘Rinoceronte’ de Ernesto Caballero.

Se echaba de menos desde hacía años un montaje ambicioso y de visión preclara de Rinoceronte, la obra que Ionesco escribió en 1959. Desde su estreno, tal vez no se ha contado una época tan propia a su puesta en escena como la actual, la que acontece desde el estallido de la crisis. Porque si algo puede revelar la recuperación de esta obra es que los totalitarismos actuales, los financieros, no están muy lejos de aquellos absolutismos deshumanizadores del pasado siglo contra los que escribió el dramaturgo. De hecho, los mismos muros que ahora aniquilan la clase media y ponen a buen recaudo a las minorías enriquecidas respecto a las mayorías empobrecidas son los que en su día alentaron la propagación del fascismo y el comunismo en Europa; y ahí están, bien calientes, las manifestaciones en Dresde contra los inmigrantes al grito de “Somos el pueblo”, el éxito de los nacionalismos (Rinoceronte reviste una concreción fabulosa en Cataluña), la Ley Mordaza y la convicción de que cualquier asomo de humanidad merece ser arrojada por la cañería si con eso garantizamos la solvencia del paradigma capitalista más injusto. El tiempo en que el individuo se siente profundamente solo ante las consignas ha vuelto: o somos de Podemos, o estamos contra Podemos. Cualquier asomo de crítica que escape de los frentes no merece más que el desprecio y el silencio. Y es aquí donde le corresponde hablar al teatro.

Ha sido el Centro Dramático Nacional el que ha recuperado la pieza de Ionesco, en un montaje dirigido por Ernesto Caballero que anida en el Teatro María Guerrero de Madrid del 17 de diciembre al 8 de febrero y con un reparto que conforman José Luis Alcobendas, Ester Bellver, Fernando Cayo, Bruno Ciordia, Paco Déniz, Chupi Llorente, Mona Martínez, Paco Ochoa, Fernanda Orazi, Juan Antonio Quintana, Juan Carlos Talavera, Janfri Topera, Pepe Viyuela y Pepa Zaragoza. La escenografía, rabiosamente contemporánea, carcelaria y post-industrial, viene firmada por Paco Azorín, lo que constituye mucho más que un valor añadido. Ha llegado el momento de caer en la cuenta, y la escena, como en otras tantas ocasiones, puede ser de ayuda. Conviene incidir en la idea de que la libertad es una cuestión de voluntad, y voluntad personal. Antes de que sea demasiado tarde y haya que salir del mismo pozo de siempre.

Los seis millones

Pablo Bujalance | 9 de octubre de 2013 a las 5:00

 

El Ministerio de Cultura ha cumplido con lo prometido y su secretario de Estado, José María Lassalle, presentó ayer un programa titulado Platea al que la institución dirige seis millones de euros de sus presupuestos. Se trata de un proyecto lanzado cual guante a teatros municipales por el que se pretende recuperar, o cuanto menos complementar, la inversión que los Ayuntamientos han dejado de hacer en sus escenarios. Tal y como señaló ayer Lassalle, Platea “es un sistema de contratación, un programa para compartir riesgos, no un programa de subvenciones”. Y estas contrataciones se ejecutarán, al alimón, entre el mismo Ministerio a través del Inaem (cuya partida presupuestaria crece nada menos que en 36 millones de euros hasta los 146, aunque si se restan las cuotas comerciales el aumento se queda en poco menos de un 10%, lejos del 53% prometido hace unos días). El programa viene a plantear soluciones en un panorama desolador bien conocido, con teatros cerrados a cal y canto, giras canceladas y producciones mandadas al traste. Y, en fin, como incentivo el invento puede desde luego dar sus frutos. Aunque habrá que ver en qué medida los Ayuntamientos se animan a contratar lo que el Ministerio les proponga sólo porque exista una cantidad de entrada. Cero por dos sigue siendo igual a cero, y un riesgo compartido sigue siendo un riesgo. Resulta previsible, además, la idea de que quien realmente sacará algo en claro de esto será el Centro Dramático Nacional. Digamos que los seis millones constituyen algo así como una autoproducción excluyente y a gran escala, estrategia que hoy día sólo pueden permitirse, claro, las instituciones públicas. El resto tendrá que conformarse con el crowdfunding. ¿Por qué se limitan este tipo de ayudas a los teatros municipales? ¿Por qué no podrían beneficiarse de ellas las salas privadas, que son las que más desprotegidas se han quedado ante la subida del 21% del IVA cultural, verdadero causante en primera instancia del estropicio? Mucho que temo que, mientras éstas reivindiquen su derecho a programar, poco habrá que hacer. Lo curioso es que los teatros independientes que hasta ahora no se lo jugaban todo en sus producciones propias ya están empezando a hacerlo. Así que lo de los seis millones, públicos ellos, puede considerarse una competencia desleal en toda regla.

 Mientras tanto, el Ministerio de Cultura seguirá estudiando la reducción del IVA siempre que la fiscalidad lo permita. Al menos, Montoro no ha dicho que el teatro español es malo. Aunque tampoco le haría falta. Lo de dejar un cadáver viejo y poco agraciado ya lo tenía claro Valle-Inclán, así que podemos decir como el clásico: nihil nobus sub sole.