Archivos para el tag ‘FIT de Cádiz’

El exilio andaluz

Pablo Bujalance | 21 de enero de 2016 a las 5:00

Durante la pasada edición del FIT de Cádiz tuve ocasión de compartir un desayuno con Paco de la Zaranda, la mañana siguiente a la función en el Falla de El grito en el cielo. Ninguno de los dos habíamos dormido mucho, así que nos encontrábamos en condiciones óptimas. Paco me confirmó lo que la misma compañía había apuntado antes y lo que sucedió poco después: La Zaranda iba a llevarse la empresa de Andalucía para instalarse en otro sitio (finalmente lo hicieron en Madrid). En los últimos días, sobre todo desde que El grito en el cielo llegó al Teatro Español, se han publicado no pocos artículos sobre el asunto y han salido a relucir deudas e impagos de la administración, pero en nuestra conversación Paco justificó la decisión con otro argumento que reproduzco textualmente hasta donde mi memoria alcanza: “Hemos hecho El grito en el cielo aquí en Cádiz, en Sevilla y en Jerez, y casi para de contar. Bueno, en Úbeda también nos llaman siempre. Pero nada más. Por ahora, no nos han llamado de más sitios. Creo que este espectáculo, si esto sigue así, no va a ir a Málaga, por ejemplo. Y esto es algo que nos duele, porque tanto en Málaga como en las demás ciudades habíamos logrado hacernos con un público, poco a poco, a base de mucho esfuerzo. Pero si no tienes la oportunidad de presentar tus trabajos, ese público se pierde. Nunca hemos entendido por qué sucede esto, por qué nos programan tan poco en Andalucía cuando somos una compañía andaluza que lleva el nombre de Andalucía. En Cataluña, en el País Vasco y en todo el Norte hacemos giras muy largas, vamos a municipios de 20.000 habitantes y los teatros se llenan. Pero también en Madrid, por no hablarte de Latinoamérica. Dado que tenemos la mayor parte de la actividad fuera, lo lógico es que nos llevemos la empresa fuera”. Y así ha sido. Observando ahora los acontecimientos con algo de distancia, se pueden añadir a estas razones matices, peros y hasta enmiendas; pero, por encima de cualquier consideración, lo que sale a relucir es la evidencia de que Andalucía, como territorio cultural, no queda muy bien parada con todo esto. No hace falta decir que La Zaranda es una de las compañías más respetadas dentro y fuera de España, merced a una trayectoria forjada en Andalucía y, lo que resulta aún más significativo, en andaluz. Escribo estas líneas justo después de haber mantenido otra conversación (esta vez telefónica) con Mariano Llorente a cuenta de El triángulo azul, y el actor y dramaturgo se acaba de referir a La Zaranda como “un ejemplo de coherencia intachable a nivel europeo”. Así que lo sucedido debería mover, como poco, a reflexión. Por un servidor, que no falte.

El caso de La Zaranda es altamente representativo por razones obvias, pero no es el único. Cabe recordar al Teatro del Mentidero, instalado en Túnez después de no encontrar apoyos para la puesta en marcha de un último espectáculo en homenaje (en mi opinión merecido) a Ramón Rivero. También hay exilios interiores, como el caso doloroso de Salvador Távora. Aunque quizá el drama mayor lo encarnan las muchas compañías de formación más reciente que han decidido hacer las maletas en los últimos años dada la imposibilidad de ejercer aquí el oficio. Insisto, cada situación contiene singularidades a las que habría que atender, y seguramente las compañías deberían asumir su propia responsabilidad al respecto por no haber sabido gestionar bien sus recursos o por haber abusado de las vacas gordas cuando las flacas llamaban a la puerta. Pero ninguna de estas particularidades justifica la entrega a las llamas de tal patrimonio con semejante impunidad y encogimiento de hombros por parte de la administración pública, cuya responsabilidad tampoco es pequeña (si es que el teatro es de interés público; quizá sería más honesto concluir que no lo es en absoluto) y tampoco ha sido asumida ni de lejos. Resulta difícil imaginar las consecuencias que acarrearía un exilio tan continuado y abultado en otras regiones de similar tradición teatral: una compañía tan veterana como Joglars, con un contexto político tan radicalmente adverso en su comunidad y con su fundador instalado en Madrid, sigue asentada en Cataluña, haciendo teatro en catalán y con su público catalán de siempre remando a su lado. Quién lo iba a decir: en Andalucía no necesitamos independentistas recalcitrantes e intolerantes para que el teatro andaluz, admirado en todas partes, salude con la manita antes de subir al tren.

Todo esto coincide con los primeros pasos para la constitución de la futura Ley andaluza de las Artes Escénicas. La consejera de Cultura, Rosa Aguilar, ha mantenido ya algunos encuentros con creadores, gestores, programadores y demás gente del gremio y promete una normativa pionera en España, similar a la del cine, que tendrá (según lo previsto) próximamente su tramitación parlamentaria. En las reuniones incipientes surgieron ya algunas dudas: la Consejería apostó por incluir entre las artes escénicas sujetas a la norma actividades musicales (conciertos de los más diversos géneros) que, de entrada, presentan requerimientos y niveles de protección bien distintos a los del teatro y la danza. Al mismo tiempo, en diversas ciudades han aparecido plataformas de profesionales dirigidas a terminar con la situación precaria del sector cuyas reivindicaciones deberán ser tenidas en cuenta. El proyecto, en fin, no será sencillo y promete ir para largo, de modo que todas estas coyunturas se irán estudiando. Pero existe una premisa esencial: la ley debería servir para terminar de una vez con un sistema de intervención pública nefasto al que se dio luz verde en Andalucía tras la Transición y que ha convertido a las compañías, los ayuntamientos, las salas y demás implicados en clientes, no en agentes. Todo se fue al garete en el preciso instante en que desde la administración se contempló el teatro como mera industria de ocio, no como un patrimonio; esto permitió que, a la hora de intentar llenar los aforos cuando el público se vio con el agua al cuello y se lo pensara dos veces antes de comprar una entrada, se diera gato por liebre en los programas con tal de que los balances no resultaran demasiado catastróficos. El exilio presente del mejor teatro andaluz no es más que una consecuencia de un modelo de relación entre lo público y lo privado que nunca debió haber prevalecido. Ahora que se trata de hacer una ley, la primera exigencia debería ser la de educar: educar a las compañías, a la administración pública, a los teatros, a los programadores y a los espectadores (los reales y los potenciales; éstos habitan sobre todo en colegios e institutos) acerca de qué teatro queremos, merecemos y necesitamos. Hace falta eficacia, pero también estímulos. Y esto sí que es una cuestión política.

Próspero en papel

Pablo Bujalance | 26 de octubre de 2015 a las 13:01

Pues ya está aquí El diario de Próspero, el libro editado por Ediciones en Huida que justo estos días empieza a llegar a las librerías. Se trata de un ensayo que amplía, critica, refuerza, subraya y desarrolla las ideas que durante dos años y medio venimos apuntando en este blog, aunque todos los textos reunidos en el volumen son inéditos y obedecen a un corpus propio y distinto.

A tenor de la subida del IVA cultural y otras cuestiones recientes, esta obra indaga en los vínculos entre teatro y marginalidad, entendida ésta como afuera exenta de atención mediática, política, económica, social y también cultural. Estos vínculos son de carácter histórico, así que El diario de Próspero los aborda desde los mismos orígenes del teatro y a través de muchas de sus manifestaciones, de Shakespeare a Beckett, de Esquilo a Brecht, de Arrabal a La Zaranda.

Próspero, el protagonista de La tempestad, abocado al exilio y entregado al estudio de las ciencias ocultas, llega a convertirse en símbolo el teatro como presencia invisible, que ha perdido ya su capacidad de influencia en un mundo digital donde el medio fagocita el mensaje. Sin embargo, el libro es, ante todo, una carta de amor al teatro, sustentada en la convicción de que sólo desde la marginalidad puede emprenderse el viaje hacia el corazón.

Tras la reciente presentación en el FIT de Cádiz, El diario de Próspero se viste de largo el martes 27 de octubre en el Teatro Cánovas de Málaga y el 10 de diciembre lo hará en el Centro de Documentación de Artes Escénicas de Andalucía en Sevilla. Próximamente informaremos de otras presentaciones.