Archivos para el tag ‘Jornadas del Siglo de Oro de Almería’

El criterio centralizador

Pablo Bujalance | 10 de marzo de 2016 a las 5:00

El 'Mount Olympus' de Jan Fabre: una cuestión capital.

El ‘Mount Olympus’ de Jan Fabre: una cuestión capital.

Por motivos que ahora no vienen a cuento no pude ir a Sevilla a ver el Mount Olympus de Jan Fabre, de modo que mi colección de cadáveres añade un tanto considerable (en esto del amor al teatro, eso sí, como en el amor a secas, las ausencias cuentan a menudo tanto como las presencias). Seguí, no obstante, todo lo que se fue publicando en los diversos medios y todo lo que se iba contando en las redes sociales, no por una cuestión masoquista sino porque me gusta tener información fresca sobre estas cosas. Y encontré a algunos compañeros y artistas que lamentaban el escaso eco que el órdago, con sus 24 horitas, tuvo en la prensa nacional. Para ser justos, las principales cabeceras españolas sí se hicieron eco de la noticia y, más o menos, de su seguimiento, tanto en sus versiones en papel como en las digitales; y hoy jueves está previsto que el programa de Televisión Española Atención Obras emita una pieza sobre el particular. Otra cuestión, claro, es qué habría sucedido si el Mount Olympus hubiese acampado en Madrid o Barcelona; y no es difícil aventurar que el despliegue habría sido mucho mayor y que todavía hoy se hablaría, con bastantes menos reservas, del verdadero e histórico acontecimiento que ha supuesto para la cultura del país la llegada de Fabre y su tributo a la tragedia. Es bien conocida la amistad que comparten Fabre y Manuel Llanes, un vínculo que ha permitido el idilio que a su vez mantienen Sevilla y el creador belga con alojamiento en el Teatro Central. Pero casi da la impresión de que si la causa se hubiese ganado para otra plaza se hablaría fuera de Andalucía de Fabre tanto como se habla de Tomaz Pandur. De cualquier forma, el asunto da para detenerse a pensar sobre la atención que se presta en España al teatro que se produce y se programa fuera de Madrid y Barcelona. Y a lo mejor cabe extraer algunas conclusiones.

Forma ya parte de la costumbre que los medios de comunicación de ámbito nacional se refieran únicamente a una obra de teatro, si el reparto así lo merece, cuando se representa en Madrid (incluso con categoría de estreno), por más que a lo mejor lleve ya un año de gira por todo el país. Si por los mismos medios fuera, una compañía como La Zaranda únicamente existiría cuando va a hacer lo suyo al Teatro Español. En cuanto a festivales, salvo las excepciones clásicas de Mérida y Almagro, los únicos que cuentan en la agenda nacional son los que se celebran en Madrid y Barcelona. Para que algo como las Jornadas del Siglo de Oro de Almería encuentren hueco aquí no hay otra manera que la concesión de un Max, como así sucedió en su momento. Ya puestos, la pasada edición del Festival de Teatro de Málaga acogió el estreno en España del bellísimo montaje de La tempestad de Shakespeare dirigido por el francés Serge Ayala, y entonces pensé lo mismo: si este mismo estreno llega a darse en otra parte, la cobertura y la atención habrían sido mucho mayores. Existe, por tanto, un criterio excesivamente centralizador que tiende a distinguir de una manera un tanto burda, todavía a estas alturas, entre el teatro que se hace en la capital y eso que todavía llaman algunos teatro de provincias. De nada sirve que Sevilla sea una de las ciudades más dinámicas de España escénicamente hablando, durante todo el año, bastante más allá de Jan Fabre; pero otro tanto podríamos decir de un notable puñado de plazas ibéricas localizadas en la infame periferia. Es cierto que la extinción de la información cultural no ha mermado sus alcances en los medios de cualquier soporte, suplementos incluidos; y que un seguimiento pormenorizado de lo que sucede más allá de los ámbitos capitalinos requeriría de unos recursos materiales y humanos de los que los mismos medios carecen. Pero sospecho que, independientemente de todo esto, late un cierto prejuicio que se da por hecho, asentado sin juicio crítico, cuando además el mejor teatro español del presente no es el que se produce precisamente en Madrid. Una cosa es cierta: una mayor visibilidad beneficiaría a todo el mundo. Este paradigma también merece ser modificado.

Lenguas para la sal barroca

Pablo Bujalance | 16 de abril de 2015 a las 5:00

El 'Misterio del Cristo de los Gascones', de Nao d'Amores

El ‘Misterio del Cristo de los Gascones’, de Nao d’Amores.

Sólo unas líneas para recordar que las Jornadas del Siglo de Oro de Almería continúan después de su inauguración el pasado fin de semana con una programación repleta de hallazgos que se prolongará hasta el día 26. De entrada, quien se encuentre en Almería no debería perderse a Ron Lalá mañana viernes 17 en el Maestro Padilla con su divertido e ilustrativo En un lugar del Quijote, ni a la compañía Nao d’Amores el martes 21 en el mismo escenario con su hermosísimo Misterio del Cristo de los Gascones, un espectáculo que lleva ya varios años recorriendo las tablas de aquí y de allá y que une la esencia medieval del autosacramental con la índole más barroca en su puesta en escena, música en directo incluida (por no hablar de la humanización de la talla a través del títere, un verdadero órdago de significación poderosamente reveladora). También queda por ver, con garantías de sobra, al Teatro del Velador del gran Juan Dolores Caballero con El rey Perico y la dama tuerta el sábado 18, a Mephisto Teatro y su lectura caribeña de El burgués gentilhombre de Molière el mismo 18, a la compañía de José Maya con La mujer por fuerza de Tirso de Molina el domingo 19 y a Morfeo Teatro con El coloquio de los perros de Cervantes el día 24 y La escuela de los vicios de Quevedo el 26, en Roquetas de Mar. Añadan a todo esto el Off de Microteatro Almería, la oferta extendida a diversos municipios de la provincia, las exposiciones, la presentación de publicaciones, las actividades educativas, los conciertos y demás enjundia y tendrán, ciertamente, una ensalada barroca para no perdérsela. Las Jornadas almerienses continúan con su quijotesca batalla, ganada la visibilidad y algo de oxígeno a cuenta del Max, y es digno de reconocer lo que está bien hecho. Mucho se está sembrando aquí para la recolección de frutos que habrán de dar más alimento en el futuro.

Y una convicción: el Siglo de Oro contiene un repertorio que el teatro andaluz, como espacio vital para la creación de significados históricos y culturales, sigue mirando de reojo, sin terminar de fiarse, por más que pueda considerar este mismo repertorio como propio por derecho. Tal vez una orientación más barroca, más festiva, más dirigida al juego y a la triquiñuela, más empeñada en el asombro, culminada con la mojiganga y con el público como protagonista, contribuiría a solucionar la marginación social del teatro que reviste nuestro tiempo. Y esto atañe no sólo a los espectáculos, también a los programas, a la crítica, a los festivales, a la gestión y a la política. Es una lástima que en una región de vocación tan contrarreformista como Andalucía, siempre dispuesta a sacar a la calle sus Cristos y Vírgenes, aunque sea a destiempo, el teatro barroco y el Siglo de Oro parezcan demasiado ajenos y sean otros los que nos lleven ventaja. Hay aquí una sal que busca nuevas lenguas. Y sin sal el teatro tampoco merece la pena.

Un patrimonio renovado

Pablo Bujalance | 1 de abril de 2014 a las 5:00

Diana Palazón, en 'La dama duende' según Miguel Narros.

Diana Palazón, en ‘La dama duende’ según Miguel Narros.

 

El diario de Próspero vuelve a abrir sus puertas a las Jornadas del Siglo de Oro de Almería. Y lo hace, ante todo, porque es una satisfacción poder hacerlo. La consecución de aquel Premio Max parece haber dado frutos y la edición actual, la trigésimo primera, que arrancó ya el mes pasado y continuará durante buena parte de abril, presenta una programación de calado, interesante en todos sus términos. Las Jornadas siguen siendo una de las mejores ocasiones de cuantas ofrece la actualidad cultural española para conocer a fondo el Siglo de Oro, lo que no es precisamente poco; y sí, todo apunta a que el fantasma de la extinción parece haber dado un respiro, lo que constituye (mantendremos los dedos cruzados, por si acaso) un motivo para la alegría. Ante todo, conviene subrayar que el certamen mantiene su carácter abierto, participativo, ofrecido a la ciudadanía como motor de conocimiento a través de la intervención directa, mediante talleres, encuentros con el público, (con protagonistas tan destacados como Pedro Víllora y Jesús Herrera) representaciones, proyecciones de cine, teatro de calle y demás atractivos; y es éste, precisamente, el rasgo más significativo de las Jornadas, el que las convierte en un evento cultural de primera magnitud. Durante un buen puñado de semanas, Almería y otros municipios de la provincia se transforman en virtud del Siglo de Oro. Y no se me ocurre otra razón más hermosa.

Este año, el programa académico, que arranca el próximo jueves 3 con un homenaje a Miguel Narros y se celebrará hasta el sábado 5, resulta especialmente recomendable, con conferencias sobre aspectos inéditos de autores como Calderón, Lope y Shakespeare, ponentes incontestables y una especial atención a la puesta en escena actual de los textos del Siglo de Oro (con una mirada pormenorizada a la adaptación, la producción y otros procesos). Resulta difícil encontrar jornadas comparables a nivel nacional, por su rigurosa selección de contenidos y su ambición pedagógica. En cuanto a las representaciones, por los escenarios del ciclo han pasado ya Chema Cardeña y Las rameras de Shakespeare y La dama boba de Lope a cargo de Espacio Imaginado; pero en los próximos días lo harán El coloquio de los perros de Cervantes según Els Joglars, La Estrella de Sevilla de Lope según Alfonso Zurro y el Teatro Clásico de Sevilla, La dama duende de Calderón según Miguel Narros (en el que es el último montaje del todavía tan recordado director), el delicioso Otro gran teatro del mundo que une a Uroc Teatro y la Compañía Nacional de Teatro Clásico para el público infantil y el Julio César de Shakespeare según Paco Azorín. Se echa en falta, no obstante, una mayor atención a los autores españoles menos promocionados del Siglo de Oro, tanto en el campo académico como en el de las representaciones. El modo más directo de abrir el programa a ese 80% del teatro de los siglos XVI y XVII que permanece desconocido para el gran público sería mediante el refuerzo de las producciones propias; pero conviene, por si las moscas, celebrar que el menú servido para este año es, de cualquier forma, sobresaliente. No faltarán oportunidades para hacer de las Jornadas una cita todavía más grande.

A estas alturas, las Jornadas del Siglo de Oro de Almería se han convertido en un patrimonio teatral tan imprescindible como el propio Siglo de Oro. Su función de preservación, divulgación e interpretación resulta ya irreemplazable. Felices 31, por tanto. Y a cumplir muchos más. Por el bien de todos.