El largo y pedregoso camino de ser princesa…

Belén del Campo | 21 de mayo de 2011 a las 20:58

En la última década hemos presenciado una actitud de apertura de las nuevas realezas que han mirado directamente al pueblo mortal para elegir de entre todas las mujeres las futuras sucesoras de nuestros regímenes monárquicos. Es el caso de Máxima de Zorriegueta, Mary Donaldson, Mette Marit, Leticia Ortíz y la recién casada Kate Middleton con el Príncipe Guillermo de Inglaterra.

Bellísima Mary Donaldson

En mi opinión, la elección de estos monarcas para con sus esposas ha sido acertada en todos los casos. Entiendo que los príncipes deben emparentar con su misma sangre pero no renunciar a casarse por amor. Si en la cantera de princesas donde podían elegir a su futura esposa no han encontrado a la persona idónea, antes que príncipes son hombres y todo hombre debe contraer matrimonio por amor. Por consiguiente, si es necesario habrán de reformarse las leyes que regulan la sucesión.

Los elementos comunes a estas princesas hacen referencia, en líneas generales, no sólo a su origen plebeyo sino también a su brillante formación universitaria la cual les ha posicionado en ambientes intelectuales frecuentados por los monarcas actuales que conservan, además de su entorno palatino, amistades procedentes de círculos sociales y culturales muy variados.

Esta actitud inobservante respecto de la tradición y de las leyes que han proporcionado durante siglos el marco jurídico donde deben producirse los compromisos reales ha hecho posible que la realeza se inmiscuya en otros entornos que no se circunscriben sólo a la aristocracia y a la nobleza.

Singularmente, el caso de Mette Marit de Noruega merece un tratamiento distinto por diferir de sus homólogas  en otros países europeos respecto de su evolución como futura consorte.

Sus padres, él periodista y ella, empleada de banca, conforman un núcleo de clase media sin pretensiones que hubiera sido mejor aceptado de no ser por su abandono de los estudios universitarios, por haberse convertido en madre soltera y haber sido pareja de un convicto ex traficante de cocaína además de haber participado en un programa televisivo en busca de novio.

Imagen refinada de Mette Marit

La decisión de unirse en matrimonio generó una enorme polémica pues la aspirante a princesa fue considerada impropia para un príncipe e incluso la policía noruega veía en ella una amenaza para la seguridad del Estado.

Estos hechos llevaron a Mette Marit a enfrentarse ante las cámaras de televisión del país y reconocer públicamente haber tenido un pasado “inconveniente”.

No obstante y tras su enlace matrimonial en la Catedral de Oslo el día 25 de agosto de 2001, Mette Marit recibe el título de Su Alteza Real, Princesa Heredera.

Este compromiso ha tenido un balance muy positivo para ella pues ha asumido perfectamente su rol como princesa consorte, retomando los estudios universitarios y acompañando a su esposo a eventos oficiales, participando en organizaciones de beneficencia y colaborando con instituciones orientadas a la ayuda al Tercer Mundo y a otros colectivos de enfermos.

La evolución de su imagen, por otro lado, ha sido espectacular. Desde ese aspecto grunge de falta de aseo y cuidado personal ha pasado a llevar con dignidad vestidos de ceremonia y gala, tiaras y otras joyas con el garbo apropiado para su cargo.

Ha sacado enorme rendimiento de su figura. Obviamente, es manifiesta la formación que ha recibido en protocolo institucional pero también el hecho de haber adquirido hábitos de conducta social impecable y ademanes femeninos considerados exquisitos.

Se le nota mucho su origen y forma de vida pasados pero ha sabido adquirir la imagen de princesa por fuera, y espero que también, por dentro.

La princesa australiana Mary Donaldon de Dinamarca o la princesa argentina Máxima Zorriegueta de Holanda no han experimentado tanto cambio desde sus compromisos pues antes de ser princesas eran ya mujeres elegantes, formadas, naturales y con conocimientos suficientes para saber estar en todos los ambientes.

La divertida Máxima es una mujer con los pies en la tierra, es desenfadada y divertida y tiene una sonrisa envolvente. Los holandeses la adoran. Y en relación a la princesa Mary Donaldson puede presumir de un brillantísimo currículo  que combina además con una figura espectacular.

Inteligencia y belleza

En ninguno de estos casos la imagen de una y otra ha variado respecto de sus vidas de soltera; han conservado el estilo y el encanto personal adaptándolo a su rol como consorte a la perfección. Son mujeres finas, guapas, educadas e inteligentes y tienen un encanto especial que saben lucir con total naturalidad.

Todas ellas, junto a Letizia, la Princesa de Asturias y Kate Middleton, Duquesa de Cambridge, representan el icono de la mujer actual, que trabaja y concilia sus obligaciones profesionales con ser madres cumpliendo sin carencias su papel de futuras reinas.

La verdadera elegancia es aquella que te proporciona las habilidades necesarias para saber estar en todos los ambientes con dignidad y discreción.

 

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