Caos en las rebajas

Belén del Campo | 11 de enero de 2012 a las 17:45

Caos

En primer lugar, quisiera disculparme ante mis
lectores por mi ausencia en este foro. Las vacaciones de Navidad son para los
niños. Las madres trabajamos dentro y fuera del hogar, aparte de cumplir con
todos los compromisos sociales y familiares que durante estas fechas suelen
multiplicarse sin posible cancelación.

Asimismo, quisiera felicitar a mis fieles seguidores
y seguidoras por la venida del nuevo año y por todas las esperanzas de mejora y
bonanza que albergamos en el corazón para hacer de este, el año 2012, un
período de riqueza personal, prosperidad y calma en todos los espacios de
nuestra vida.

Y ahora vamos al tema que nos toca. Después de
Reyes, ya se sabe: las rebajas. Esta semana pasada he participado en varios
programas de radio y televisión debatiendo sobre muy diversos aspectos que
atañen a esta masiva convocatoria de compras. Desde mi singular punto de vista,
hay algunos asuntos que podrían inducir a reflexión y que me parecen
interesantes.

Para empezar, toda compra es, a día de hoy, una
experiencia emocional. Es una ocasión para dejarse sorprender, para meditar,
para ilusionarse con algo nuevo que no teníamos hasta ahora o para regalar
ilusión a otras personas. Se trata de una coyuntura que se desenvuelve en el
mundo de los sentimientos, de las apetencias, de los afectos, de las
sensaciones, de la percepción, de la inteligencia, y de los sentidos, claro
está.

Por consiguiente, siendo algo tan positivo, tan
empíricamente gozoso, debe reportar alegría, satisfacción; debe llevar a quien
va de compras a disfrutar de esa actividad. No obstante, en tantas ocasiones,
esta realidad se rebela y aparece como una ocasión para el descalabro, el
atropello, el sufrimiento, la agresividad, el mal gusto y en general, se
salpica de ignorancia, grosería, descortesía…

Llegamos dispuestos a disfrutar de una tarde de
compras y nos encontramos, para empezar, un establecimiento colapsado, sea la
hora que fuere, futuros y peregrinos clientes en formación hasta la vuelta de
la esquina, sufridores y sufridoras a la espera de los familiares o amigos
sentados en la zona de probadores, niños gritando y corriendo por entre los
percheros, ropa tirada en el suelo, perchas dispersas, artículos rotos,
dependientes que se mueven apresuradamente de un lado a otro con gesto de
impotencia y agotamiento, alarmas que se activan entre el gentío. Es el horror,
el fastidio más absoluto. Parece que las prendas van a acabarse, o lo que es
peor, parece que el comercio va a dejar de existir y nos aferramos a su género
como si fuese una especie en extinción.

¿Qué está sucediendo?

He intentado encontrar fundamentos para una conducta
como esta y creo que tiene que ver en gran parte con el padecimiento de estos
dos últimos siglos: el consumismo exasperante, el “lo quiero todo y lo quiero
ya”, la cultura del no esfuerzo, la inmediatez insensata, el “porque yo lo
valgo”.

Es arriesgado generalizar pues uno se compromete con
aquella buena gente que no tiene más remedio que comprar en rebajas todo lo
necesario para temporadas posteriores y aguantar así hasta una nueva
oportunidad de descuentos.

Sin embargo, y salvando esta aclaración, creo que
todos tenemos en la cabeza al público objetivo de las rebajas, en general, al
estereotipo, al cliché. Me refiero a esa apetencia desenfrenada por tener
determinada cosa que lleva a alguien a plantarse a la puerta de un
establecimiento a las 8.30 h de la mañana de un sábado o incluso, mucho antes,
para formar parte de una infinita cola en la que debe desfilar por espacio de muchísimo
tiempo hasta tener la ocasión de adentrarse en el establecimiento y revolver
entre las prendas y demás artículos para conseguir la presa.

Y ya no voy a mencionar la escena posterior tras la devastación,
con los estantes vacíos porque la ropa ha sido maltratada, vejada, manchada, tirada…
violada, en fin. La acción en sí misma es bochornosa.

Yo soy Asesora de Compras, me dedico, entre otras
cosas, a aconsejar a mis clientas a comprar, qué comprar, por qué comprarlo,
para qué, cuándo y cómo comprarlo. Pero esta forma de consumismo que conduce a
las personas a perder los papeles y a ponerse frenética no tiene nada que ver
con esa experiencia de compra de la que hablaba al inicio. Disfrutar,
ilusionarse, divertirse, emocionarse… Son los puntos de referencia para una
conducta verdaderamente humana, racional e inteligente.

Lo demás, es cosa de las bestias.

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