Bolso de mujer, anchas caderas…

Belén del Campo | 6 de febrero de 2012 a las 18:16

Preguntado un hombre acerca del reparo, temor, respeto, espanto… que le produce asomarse al bolso de una mujer para coger cualquier cosa (el móvil que le suena, el portamonedas que le piden, los tissues faciales que necesita ante un instante de emoción…), la respuesta es miedo.

Para un hombre, hurgar en la confusión de un bolso femenino supone comprometer la intimidad de esa mujer, le produce escalofríos encontrarse con un tampax o el hecho mismo de introducir la mano en el saco y revolver es cruzar la línea de franqueamiento, la antesala del pudor ajeno, el lado oscuro e innombrable de lo desconocido.

A mí me causa risa este hecho pero es cierto.

Nuestros bolsos son un interrogante para cada hombre, una incógnita, una variable que no se puede despejar.

Pues bien, para nosotras, lejos de estas complejas evaluaciones, el bolso es como nuestra segunda piel, y nos encanta. No sólo por fuera, por sus diseños, sino también por lo que portamos dentro,  y perderlo o que alguien pudiera arrebatárnoslo, supondría uno de los peores momentos de nuestra vida.

Clutch joya de Alexander McQueen

Dicho así, el bolso de una mujer se parece a su alter ego pero en versión material y simplificada.

Este año la temporada nos trae una variedad de formas, tamaños, texturas y colores como nunca. Hemos recuperado el retro, con esos maletines tipo valija que nos ejecutivizan y aportan ese glamour masculino a veces tan soñado; llevamos con solvencia y arrojo los maxi bolsos con colores estridentes como el neón o el amarillo sin que ello nos cause bochorno por su intensa estridencia; paseamos con elegancia y dignidad las carteras de mano ochenteras en piel y destellos dorados, metalizadas o con muchísimas lentejuelas, el clutch, la limosnera para la noche y en fin, siempre guardamos en esta especie de artículo de culto, parte de nuestra vida.

Ya digo, el flúor y el neón, combinados o no con otros, supone una apuesta obligatoria, si bien es cierto que lo dejamos para las más atrevidas. Su uso resulta muy chic. Y, como decía antes, los colores neutros para el trabajo y los brillos y las pailletes, para la noche. Por cierto, el modelo baulito de Miu Miu en rosa y amarillo es sencillamente inimitable.

De todas formas, también permanecen los colores clásicos y sobrios, como el beige y el camel y los colores tierra y los tonos pastel aparte del blanco.

Respecto de las formas, existe también una pluralidad interesante. Disponemos de los bolsos cuadrados, que recuerdan a las mochilas de colegio de los año 60, los bolsos tipo maletín, que he mencionado anteriormente, los bolsos con formas redondeadas, los modelos planos como las carteras con cadena y en colores llamativos, ideales para la noche. También figuran los redonditos, pequeños y con borlas.

Las texturas me enamoran. Hemos visto en todas las pasarelas diferentes tipos de pieles, como la de avestruz, el pitón, la de cocodrilo, los bolsos realizados en yute, gamuza, cuero blanco, piel trenzada, lona, con cuentas, y un largo etcétera. Para las más conservadoras, el terciopelo, combinado o no con otros tejidos, siempre es muestra de estilo y feminidad. También están los confeccionados en punto.

Y si hablamos del tamaño, la tendencia es el bolso grande, maxi bolso pero al tiempo convive con los bolsos más pequeños y sin asa para llevar en la mano o bien con largas asas para cruzarlos tipo bandolera.

Para mí, el bolso esencial es la cartera acolchada de Chanel que otros muchos diseñadores han adaptado a sus firmas customizándolos según su propia filosofía y estilo. Por ejemplo, la imagen de la firma Tod´s es Anne Hathaway con este modelo en azul y rojo muy intensos.

Ya vemos, pues, colores, tamaños formas y texturas para aburrir. ¿Cuál es tu favorito?

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