Tendencia ecuestre. Rustic Chic.

Belén del Campo | 11 de septiembre de 2010 a las 17:22

La verdad es que siempre he querido conocer toda la terminología del lenguaje superfashion que emplean bloggers, periodistas especializados y toda suerte de fashionistas. No obstante, debo reconocer, que el veloz devenir de nuevos conceptos entrañando a su vez las tendencias que designan y la variadísima gama que pueden llegar a desarrollar, me han precipitado hacia un absorbente embudo de vacío y fatalidad donde ya no llego a reconocer muchas de las ideas que estaba tan segura de identificar.

Aunque sea éste un término bien introducido en este tipo de lenguaje, he reparado en reflexionar sobre él, especialmente teniendo en cuenta que la tendencia de este año para este concepto va a ser brutalmente extendida en todos los escaparates, revistas y puntos de venta de artículos de moda. Me refiero al boho chic.

En principio,me sonaba a tendencia oriental pero nada que ver. Despiste total. Es un término complejo formado por boho (de bohemio) y chic, actual, fresco, estiloso, etc. Se trata de un estilismo impuesto meticulosamente por celebrities que aparentemente se presentan con un look muy desaliñado y descuidado pero que está conseguido a base de cuidar al máximo los detalles, a primera vista, desarreglados y de aspecto abandonado, pero al tiempo carísimos y muy muy exclusivos. Una incoherencia, ¿verdad?

Muestras de este singular estilo son Sienna Miller, Kate Moss y Mary-Kate Olsen.

Pero, ¿cuáles son las prendas que definen, en esencia, este estilismo?

Los vestidos y cardigans holgados, la lana y las pieles, las botas para el invierno y las sandalias para la época estival, las prendas bordadas, las chaquetas de cuero y los apliques metálicos…

En realidad, yo, que soy tan clásica, todo este rollo medio hippie me recordaba a ese otro estilo tan elegante como es el estilo ecuestre, que en mi opinión, es uno de los looks que más favorecen a casi todas las mujeres. Dejando a un lado ese aire de desenfado rural para una ocasión de mañana, este tipo de estilismo entraña una enorme simplicidad de formas y un gran confort, ambos aspectos de determinante valor para una mujer actual que lidia su vida en la calle todos los días.

Esas prendas de punto, gorras o rebecas con capucha, la pana y las camisas extra-largas de cuadros, leggings con print y botas altas tipo jinete, minifaldas lenceras con chaquetas de cuero o tejanos, calzados de ante, maxi bolsos y pantalones ecuestres; maxi abrigos de borrego en color camel, fajines tipo obi, chalecos de cuero con fondo de pelo, faldas con flecos y sombreros de jockey de terciopelo (Dior); chaquetas entalladas a cuadros, pantalones bombachos…

Y todo ello, con mexcla de texturas como el cuero, la lana, el raso y el terciopelo. Sin olvidar los colores beige, toffee, arena y chocolate; negro, marrón, gris humo, e incluso  toques de rojo y color bronce.

Estilo, excelencia y elegancia.

¿Quién da más?

¡¡¡Yo me apunto!!!

Hablemos de perlas: Tendencias de 2011 para todo tipo de collares

Belén del Campo | 6 de septiembre de 2010 a las 16:39

La tendencia actual se manifiesta en contrastes fuertes aunque recuperando el más riguroso clasicismo de los años 40 y 50.

Se produce, así, una superposición de influencias culturales provenientes de todos los rincones del planeta, que se pone de relieve en la multiplicidad cromática y en las gemas naturales: corales, perlas, topacios. La materia natural crea la joya y los motivos animales y vegetales juegan en espirales, calados y colgantes.

En la actualidad, se ha creado una nueva joyería informal, espontánea y versátil, fruto de la libertad y el eclecticismo.

Con la inserción de la mujer en el ámbito laboral y su consiguiente capacidad económica autónoma, cualquier ejecutiva de empresa o propietaria de negocio compra directamente sus complementos, joyas o bisutería a elección de su propio criterio.

Esta compra está ligada al propio placer y responde de forma natural a la estética femenina, siempre más atenta a los detalles de diseño que a lo costoso del material.

Las mujeres compran hoy lo que les gusta, siempre pensando en combinar las piezas con la ropa y no para mostrar su poder económico.

Algunos aspectos relevantes

La longitud

  1. Chocker: casi gargantilla, encaja con todos los estilos y completa y plenifica el escote.
  2. Princess: para cuellos redondos y escotes muy bajos.
  3. Matineé: ideal para acompañar vestidos de gala o ir de negocios, da un toque de sofisticación aportando lujo, confianza y estilo.
  4. Opera: por su longitud puede llevarse como un hilo o plegado doblemente dando lugar a un estilo chocker; se puede anudar para conferirle un aire de época o retro, muy popular en la actualidad. Para trajes de noche y gala aunque hoy se utiliza como una pieza casual.
  5. Chanel: era el favorito de Cocó Chanel; transmite elegancia y sensualidad. Su longitud permite varias vueltas, estilo corbata con nudo al cuello, como en los años 20, con nudo intermedio y ornamento, como multipulsera…

Las formas y tonalidades

Las formas pueden ser ovaladas o rondas conforme a su cultivo y tipología y en la actualidad proliferan en forma de alta bisutería las perlas de cristal, las de colores, las perlas con colgantes, ornamentos, etc.

Tipología

Las técnicas de cultivo de las ostras, tanto de agua dulce como de agua salada, determinan la gran diversidad de las perlas cuyo origen es descubierto por el biólogo australiano William Saville Kent a finales del siglo XIX.

  • Perla de agua dulce o freshwater: muy cultivada en China, Japón y Estados Unidos.
  • Perla de agua salada o japonesa: son muy redondas y de cultivo complejo dando lugar a variedades de blanco, rosa y crema.
  • Perla Akoya japonesa: tiene bajo nivel de producción debido a su baja calidad.
  • Perla australiana: se cultiva en las aguas saladas del Norte de Italia y tiene una calidad excepcional; una de sus cualidades es su iridiscencia plateada. Altamente comercializada y muy cara.
  • Perla negra tahitiana: cultivada en la Polinesia Francesa aunque no siempre es negra. Su gama de colores puede variar de entre grises, verdes, naranjas, doradas hasta los tonos de azul cobalto intenso.
  • Perla Mabe: se trata de la perla que crece pegada a la concha y necesita de una operación de recorte que origina dos mitades huecas que se tratan posteriormente para montaje en joyería.
  • Perla de imitación o de Mallorca: se trata de un material artificial fruto de un proceso productivo que se realiza con un grano de cristal sumergido en una solución hecha con derivados del pescado. El resultado es una bolita de aspecto muy similar a la perla natural pero que lógicamente se va degradando con el uso y el tiempo.

Para identificar su autenticidad basta con morderla: la perla artificial es muy suave y se desliza entre los dientes mientras que  la perla natural tiene un tacto arenoso.

Se las conoce con muchas denominaciones: perlas orgánicas, de Mallorca, perlas Sell, perlas Faux… Todos estos términos se refieren a las perlas fabricadas de imitación.

No importa lo que cuestan. Si son buenas, mejor, pero el glamour de llevar al cuello un artículo como este es un lujo al alcance de cualquiera.

Los huesos de la Princesa

Belén del Campo | 31 de agosto de 2010 a las 19:07

No acabo de acostumbrarme a la tendencia rastrera que se muestra en algunos ambientes y televisiones de este país respecto de personas singulares, que ostentan representación pública por la razón que fuere, cuestionando todo lo que hacen o dicen, sometiendo a debate nacional sus gustos, actitudes, comentarios o cualquier otra manifestación de conducta o pensamiento. ¿Por qué nos gusta hurgar en los confines de las conciencias, interpretar sin criterio, fundamento o causa que lo justifique el más íntimo espacio de las personas, poniéndole nombre a sus motivaciones, conjeturando acerca de sus opiniones quizá aún no vertidas, entrar a saco, en definitiva, en el sagrado entorno de lo ajeno y censurar a gusto todo lo que no se muestra y muchos creen conocer?

En primer lugar, me parece una falta de escrúpulo deplorable, una actitud insana, propia de quien tiene una vida muy aburrida y necesita revolver las entrañas de los demás para dar sentido y entretener, al parecer, la propia existencia. Digamos que, es pues, un asunto de divertimento, de distracción de los propios deberes para inmiscuirse en los ajenos y lograr un rato de esparcimiento a costa de la honra, del buen nombre o del aspecto logrando la posterior confusión sobre la integridad social de terceros.

Hace unas semanas tuve oportunidad de escuchar el programa de Pepa Fernández en Radio Nacional, “No es un día cualquiera” en el que debatían acerca de dos delitos tipificados en nuestro ordenamiento jurídico y que guardan relación directa con estas reflexiones, a saber, la injuria y la calumnia. La aportación de los contertulios acerca de este tema ya me pareció contundente como para no volver a abordarlo y lograr que mis lectores se me aburran por ser recurrente y pesada. No obstante, quiero concentrar mis consideraciones en torno al asunto que subyace bajo estas conductas detractoras de lo ajeno que por hábito o sistema se sienten con el derecho suficiente para violar un espacio que debe mantenerse en todo caso salvaguardado y ser exclusivo de la intimidad de las personas.

Sin embargo, no estamos solos ante esta actitud de impertinente acecho a la interioridad de las personas. Los suecos también se han sumado a este paredón de fusilamiento al llamar de forma poco afortunada “Princesa Cerilla” a nuestra Princesa de Asturias con ocasión de su asistencia al enlace matrimonial de la Princesa Victoria de Suecia con Daniel Westling.

El comentario, cuanto menos, me parece humillante  porque entraña una visión esmirriada y exprimida de quien es una mujer de impecable aspecto cuya comparación con un fósforo nos hace concebir algo minúsculo, insignificante y de escaso valor por el mero hecho de mostrar su real delgadez.

 

¿A quién pueden molestarle sus escasos 50 kilos si es capaz de lucirlos con entera plenitud bajo un diseño de Caprile? ¿Por qué no reconocer que el vestido le quedaba como un guante, que estaba espectacular, que logró sacar rendimiento de su rostro hasta aparecer bellísima, delicada y elegante, en compañía de su esposo, de formidable aspecto –sin lugar a dudas, uno de los monarcas más atractivos del planeta- conformando ambos una pareja espectacular que deja a nuestro país en un nivel de distinción, gracia y estilo sin parangón?

Pues no, hay que echarle todo el barro posible, destripar hasta la extenuación toda suerte de comentarios sin fundamento que sólo vienen a mancillar y contaminar algo que por esencia es limpio, bello y de gran valor estético. Por supuesto, excede al personal pronunciamiento que uno tiene en materia de gusto: a unos puede parecer bien o menos bien determinado atuendo; está muy delgada, está muy gorda, no es adecuado por criterios de protocolo, no favorece su estructura… no sé, podrían referirse un elenco de opiniones que podrían gozar de algún fundamento objetivo.

Ninguna mujer anoréxica podría desarrollar una agenda como la de nuestra Princesa si sus condiciones físicas o su salud mental estuviera comprometida; no podría desarrollar su polivalente faceta de madre y esposa de nuestro futuro rey si no gozara de un equilibrio razonable tanto en el plano físico como psicológico pues para acometer estas acciones es imprescindible disfrutar de unas condiciones mínimas de fortaleza física estabilidad e higiene mental.

Otra cosa es el gusto personal de verse favorecida pesando cincuenta o sesenta kilos. Ninguna mujer enferma podría soportar la presión que ella sostiene por imperativo de sus responsabilidades como consorte. En ello tiene que ver la propia autoestima, la relación que ella guarda con su cuerpo

¿Por qué envilecer su figura menuda pero inmensamente sosegada, equilibrada y distinguida? Cada cual tiene derecho a defender su canon estético sin tener que pagar tributo a la opinión pública. Pensemos en otras personalidades que han resultado, pese a su delgadez, un símbolo de distinción y elegancia. Audrey Hepburn, la Reina Rania de Jordania, Matilde de Bélgica, por poner un ejemplo.

Y ya centrándonos en temas de moda, no es casualidad que nuestra Princesa Letizia, sea considerada, y a nivel mundial, una de las mujeres más elegantes, superando incluso a estrellas de Hollywood como Angelina Jolie o Jennifer Aniston.

Vogue, para muchos “La Biblia de la Moda”, ha nombrado más de una vez a doña Letizia como ejemplo de estilo; Vanity Fair, que elaboró la lista de las mejores vestidas del mundo, destacaba en segunda posición a nuestra Princesa de Asturias; y que es también una de las revistas más conocidas e importantes internacionalmente. Hasta las revistas norteamericanas que marcan la moda continuamente, se rinden ante el estilo de la realeza española. Es un gran orgullo nacional, lo cual resulta de interés a efectos pragmáticos pues este hecho exhibe a nuestro país como exponente de moda universal, más allá de los clásicos monopolios del talento ubicados en París o en Londres. No podemos hacer abstracción a que los componentes de nuestra Familia Real han sido siempre grandes embajadores de todo lo nuestro, incluidas las prendas que llevan.  

Huesos, cerillas, cuerpo de mujer delicada y grácil. No nos equivoquemos: no hablo de figuras anoréxicas, consumidas, esqueléticas o escuchimizadas. Antes al contrario, dado su gusto por la perfección y su impecable labor como consorte, la cuestión es el glamour, la belleza, la finura y la distinción. Y todo ello se aglutina de forma equilibrada en nuestra futura Reina.

Lord, save our souls from the Evil.

No subestimes el hechizo del perfume

Belén del Campo | 31 de agosto de 2010 a las 18:41

Es curioso cómo el olor de algunas fragancias puede desatar en nuestra memoria una explosión de sensaciones, vivencias, emociones… que incluso nos parece que pudiéramos materializar. Y llega a ser tan intensa y poderosa esa experiencia que casi podemos acariciar el recuerdo. Por unos instantes, la memoria suplanta a la realidad que nos circunda y caemos presos del hechizo de un aroma que portaba alguien que se nos ha acercado, nos ha saludado, o simplemente, ha pasado a nuestro lado.

Como flashes incandescentes nos atropellan los gestos, una mirada, aquel día que asistimos a un evento, la proximidad de un ser querido, el beso de despedida … No olvidemos que el perfume es también un ingrediente esencial en la atracción de los sexos.

En la actualidad, el perfume es un elemento de sofisticación que termina de completar la imagen de una persona, la buena imagen, claro. Más allá del perímetro corporal que es tan privado e impenetrable, el buen olor que despedimos cruza esa frontera invisible y nos populariza entre la gente.

Un determinado aroma puede enamorarnos para siempre, seducirnos, excitarnos, deleitarnos con momentos dulces e imborrables de nuestra vida, o bien, por el contrario, puede producir rechazo y aversión. Sería recomendable preguntarse cuál es el alcance de nuestro olor en el resto de las personas que conviven e interactúan con nosotros. Es nuestra marca personal, la sospecha de nosotros que nos identifica, una de las primeras ideas que nuestros semejantes asocian a nuestro yo. Parece, pues, relevante reflexionar sobre este asunto.

Personalmente utilizo siempre el mismo perfume desde hace unos años. Creo que el hecho de la fidelidad a una fragancia determinada ya muestra la afinidad que uno llega a crear con ella: me siento segura, elegante, tranquila, felíz y noto que despierto en el resto de personas sensaciones agradables, que incluso me preguntan el nombre del perfume. Esta asociación, esta unidad es un hecho misterioso y al tiempo tan tangible. Incluso, cuando cambias de tendencia, la gente repara en ello y a veces se interesan. Parece tan trivial y es, sin embargo, tan absolutamente contundente.

Cuántas veces hemos hablado de alguien que es reconocido por su buen olor. Es algo envidiable, pero no sólo es una cuestión de aseo personal y conducta genética, pues como sabemos, hay gente que cuida mucho su higiene y desprende, sin embargo, digamos que un hedor más que un olor, durante todo el día. Hay a quien le huelen los pies, las axilas, el aliento, y no es directamente una responsabilidad atribuible a negligencia en el aseo.

Pero hablemos del buen olor, el bonus odor, que tanto me gusta llamar, referido también, en sentido abstracto, al buen nombre y fama de las virtudes de una persona.

Se sabe que en la Antigüedad el hombre honraba a sus dioses incinerando maderas o resinas odoríferas como el sándalo, el ciprés, el incienso, etc., para producir un humo perfumado en los rituales religiosos. Asimismo, se pensaba que determinadas fragancias tenían la capacidad de espantar enfermedades contagiosas.

La cultura árabe fue pionera en refinar, siglos después, este producto con el hallazgo del alcohol, gracias al cual los aceites olorosos desprendían mejores perfumes y la ruta de las Indias y el descubrimiento de América supusieron un impulso para la creación de fragancias al multiplicarse las materias primas de las que obtener los aromas. Y este crisol de culturas lanzó definitivamente el perfume a nuestras vidas.

Estos antecedentes históricos guardan relación directa con el origen del término “perfume”, “per fumare”, del Latín, producir humo. Naturalmente, el perfume es esencialmente agradable al olfato: rosado, anaranjado, jazmín, balsámico, violeta, alcanforado, nardo, citrina, herbáceo, mentolado, clavel, anisado, almizclado, sándalo, almendro o fruta… cualquier fragancia que nos envuelva, tiene un poder de atracción sobre quienes nos rodean y plenifica nuestra imagen y por ende, nuestro nombre. Además, la idea de emanar con fuerza un olor corporal ha estado íntimamente relacionada con la exposición del ser a la elevación y la transcendencia.

El remoto origen del perfume nos remite a la civilización egipcia, devota del culto al cuerpo y a las divinidades, así como a otros pueblos orientales, pasando por los griegos hasta llegar a la época imperial romana. Con posterioridad, y tras superar el rechazo que sufre el perfume como consecuencia de la austeridad cristiana durante el Medioevo, el Renacimiento potencia el comercio de las esencias con Oriente e Italia se convierte en el máximo productor, exportando a Francia e Inglaterra sus creaciones vanguardistas hasta el siglo XVIII. Se sabe que los anfitriones de una fiesta untaban con ungüentos perfumados los objetos de la casa e incluso, a los animales, para agasajo de sus invitados. Aunque la competencia en la producción del perfume francés se ha consolidado en todos los mercados hasta nuestros días y se considera internacionalmente una referencia ineludible sin la cual no es posible imaginar la propia existencia de este singular producto.

Dejando a un lado el tema de la moda y los gustos en cuestiones de fragancias, la verdad que es que los aromas florales, las hierbas aromáticas, los perfumes volátiles, suaves y ligeros, evocan el edén, el paraíso, la síntesis de una imagen natural, descomplicada y fresca, capaz de gustar en todos los ambientes. Esencias clásicas, aromas cítricos en sintonía con los rasgos de la propia personalidad resultan una composición de éxito para nuestra imagen, nuestras relaciones sociales y promoción profesional.

Paralelamente a la producción de las grandes industrias del perfume, estrellas de todos los confines del espectáculo se han visto cautivadas a crear una línea propia de fragancias o a prestar su imagen para firmas exclusivas. Así, actrices, modelos, deportistas, cantantes… El común denominador de todas parece inspirar la idea de prosperidad: frescura, juventud y belleza; éxito, nivel social, fantasía, esplendor…, para albergar también otros mensajes relacionados con el glamour, el lujo, la exclusividad, la ostentación, etc,.,

Ejemplo de estas incursiones son:

Inspire, de Christina Aguilera; M, de Mariah Carey; Halle, de Halle Berry; Luxe, de Jennifer López; el perfume de Kate Moss; Darling, de Kylie Minogue; Diamonds, de Beyoncee; Spirit, de Antonio Banderas; Covet, de Sara Jessica Parker… entre otras.

¡BIENVENIDO, MR HANSEN!

Belén del Campo | 22 de julio de 2010 a las 21:46

El pasado sábado día 10 de Julio, desembarcó en La Estación Marítima de Levante del puerto de Málaga, el Pasajero nº Un Millón, que venía acompañado por su mujer y su hijo de ocho años. Acababan de realizar un crucero de siete días a bordo del buque “Adventure of the Seas”, de la compañía Royal Caribbean.

La Familia Hansen fue recibida por las Autoridades correspondientes y fueron homenajeados en el curso de la recepción que se celebró para agasajarles con diversos presentes.

El Area de Turismo del Ayuntamiento de Málaga preparó una visita guiada por intérprete cuyo itinerario mostraba a nuestros visitantes los enclaves más emblemáticos y bellos de la ciudad (el Castillo de Gibralfaro, la Catedral, el Teatro Romano…, etc).

Asimismo, se preparó una ruta de compras a través de Calle Marqués de Larios para que conocieran también la calidad y creatividad de nuestros comercios de siempre, nuestras bellas boutiques, la variedad y el precio de nuestro calzado, nuestras joyerías, perfumerías, tiendas de complementos y regalos…. Hasta un largo sin fin de micro-comercios.

El Área de Turismo me encomendó la labor de acompañarles en calidad de asesora y tuve el honor de pasear por las calles de nuestra ciudad brindando a la pareja y a su hijo de ocho años valiosas indicaciones sobre comercios singulares, conversando y compartiendo una jornada inolvidable.

Debo admitir que fue un trabajo sencillísimo teniendo en consideración que se trataba de personas muy educadas y cultas. Las horas pasaron volando y nos dieron las 5.30 de la tarde disfrutando de un café y de una copa de nuestro mejor vino de denominación en la Bodega El Pimpi.

Me sorprendió muchísimo que mostraran tanto interés por el tema de las tapas. Nosotros estamos acostumbrados y no somos conscientes de esta modalidad gastronómica y de la curiosidad y apetito que suscita en nuestros visitantes. La Sra. Hansen afirmaba que ella se alimentaría exclusivamente a base de estas deliciosas pequeñas porciones o platillos.

La verdad es que nuestros establecimientos echaron el resto con esta familia. Les agasajaron con una verbena de ibéricos y pescaitos (Mesón El Rescoldo) y con catorce tapas variadas y sabrosísimas (Restaurante Strachan). La atención fue espectacular. Yo me sentí muy orgullosa de los grandes profesionales que hay en Málaga y de la calidad de nuestros servicios.

Por supuesto, la Sra. Hansen también quedó impresionada por el estilo de nuestras boutiques, incluso llegó a adquirir un par de zapatos de una de nuestras mejores firmas (Calzados Antonio Parriego) donde nos atendieron con muchísima amabilidad y detalle.

Pues qué quieren que les diga, que me siento henchida de orgullo por el buen hacer de nuestra oferta turística y de nuestros productos. La gente nos visita porque somos una ciudad diferente, aportamos valores y sensaciones distintas y por eso la gente se enamora de nuestra Málaga.

¡¡¡A seguir así!!!

Belén del Campo