Doña Cuaresma

Soeces callejeros

Doña Cuaresma | 28 de febrero de 2020 a las 2:06

SI en el Falla se escuchan verdaderas barbaridades en contra de la religión católica (qué curioso, ninguna contra la musulmana), lo de la calle es de juzgado de guardia. No es que yo salga a escuchar a las llamadas ilegales, faltaría más, sino que Eduardito, uno de mis sobrinos, monaguillo en tres parroquias y acólito de cuatro pasos, me pone al corriente de lo que se canta en la calle. “Tía, prepárese la tila”, me dice cada vez que quiere enseñarme en su tablet algunos videos de estos grupúsculos callejeros. Yo me armo de valor, todo sea por tener argumentos críticos basados en realidades para escribirlos en esta columna. Lo de este año no tiene nombre. Amparados en la libertad de la calle y en que el carnaval callejero es muy canalla (en el más estricto sentido de la palabra diría yo), estos individuos e individuas (vaya boquitas las de ellas, descaradas farotas) se dedican a poner a parir a los curas, que según sus mentes enfermas todos son unos delincuentes sexuales. Y a la Iglesia, de ladrona para arriba. Faltando a la verdad, claro está. El lenguaje que utilizan no puede ser más soez. Y luego estos callejeros van de cultos, de que están por encima de todo, hasta del Concurso Oficial, en el que por cierto más de uno se estrella cuando quiere dar lecciones. Pobres ovejas descarriadas. La mayoría fueron alumnos de colegios religiosos. ¿Tan mal os trataron allí? Lo dudo mucho. Fueron los años más felices de vuestras vidas. Y lo sabéis.

Ceniza, ven a mí

Doña Cuaresma | 26 de febrero de 2020 a las 6:04

COMO estoy segura de que ningún autor será capaz de contar en un pasodoble lo que siente una cristiana como yo el Miércoles de Ceniza, seré yo la que os escriba, queridos lectores, una oda a este día señalado que Dios, gracias Supremo, nos devuelve hoy en el calendario para mitigar la afrenta carnavalesca de cada año. He quedado temprano con mi amiga Consolación para ir juntas a la peluquería, pues no es plan recibir la ceniza en la frente sin una buena permanente (perdón por la rima, al nivel de lo que se escucha en el Falla). Es día de ayuna y abstinencia, pero nosotras conseguimos gracias al padre Casto una bula papal que nos exime, en virtud de nuestra intachable religiosidad, de pasar hambre. Así que después de arreglarnos el pelo nos iremos a La Marina a comernos unos churritos. Daremos una vuelta para visitar algunas iglesias y almorzaremos juntas un buen solomillo en El Fogón de Mariana, puesto que la mencionada bula también nos permite comer hoy carne. Después del rezo del Santo Rosario en mi salón y la preceptiva cabezada en el sitio, tiesas y para no despeinarnos, saldremos a tomarnos un café y una rondeña antes de llegar a la Catedral, donde nos impondrán la ceniza. Y me darán ganas de salir luego a las escalerillas para pregonar la Cuaresma como un vulgar carnavalero hace con esa fiesta, pero con más señorío. Nunca lo hago, claro. Siempre me reprimo. El recato está ante todo, pero lo perderemos Consolación y yo en el bar El Laurel ante una fuente de ensaladilla para cerrar tan magnífica jornada en paz con Dios y con nuestros estómagos.

Ligeras de ropa

Doña Cuaresma | 24 de febrero de 2020 a las 6:14

EL sábado por la noche estaba yo mirando, casualmente, por la mirilla de mi portón y vi que llegaba al descansillo mi vecina Sagrario cariacontecida, aunque la palabra más adecuada a la cara que traía era descompuesta. Como buena vecina salí a preguntarle qué le pasaba y se me echó a llorar. Había pasado miedo al bajar la basura. Sobre el bidón había un joven disfrazado de payaso enharinándose los tabiques nasales como si no hubiera un mañana. Delante, entre dos coches, una joven disfrazada de ¡monja! se remangaba el hábito para miccionar en plena calle. En ese momento, según me contó Sagrario, viuda desde el año 1985, un hombre vestido de componente de coro malo (con chistera y levita) se abalanzó sobre ella e intentó agarrarle el pompis. Sagrario salió corriendo hacia la casapuerta y pudo alcanzar a duras penas la escalera. Una vez que se desahogó conmigo me metí en casa y me asomé entre los visillos del cierro. Vi a una joven en ¡sujetador! ¿Pero qué clase de disfraz es ese y cómo la deja su madre salir de su casa? Porque esa es otra: la permisividad de los padres de hoy en día en la noche del sábado de Carnaval. ¿No hay otro disfraz que no sea de enfermera de Benny Hill o de animadora de fútbol americano? Todos los disfraces con falda corta y escote. Unas busconas, lo que yo les diga. Algunas salen de sus casas vestidas de osas panda y en el portal de abajo se cambian y se visten de vampiresas de la película ‘El liguero mágico’. Y sus padres tan tranquilos en casa. Luego se quejarán.

Orines y zotal

Doña Cuaresma | 23 de febrero de 2020 a las 6:07

CALLE Hércules. Tres de la mañana. Mi amiga Pura se esconde tras los visillos. No puede dormir. Ya ha rezado a todos los Santos, tomado dos lexatines, colocado dos tapones de gomaespuma en los oídos… pero nada. Morfeo es reacio hoy. Demasiado jaleo. Lo ha intentado leyendo el libro de Luis Frade sobre la historia del coro de Las Niñas pero nada, ni por esas. Risas, gritos, algunos en lengua bárbara, teutona, la soliviantan. Hay mucha teutona también. Su hijo Ramoncito ya duerme. Menos mal. Lo que le faltaba al pobre. Entre dos coches unas teutonas se cobijan. Disimulan hablando porque acaban de pasar dos gachones disfrazados de ¿¡hormigas!? Santa María llena eres de gracia… Las teutonas no saben que mi amiga Pura tiene los ojos preparados para la oscuridad, como Bradley Cooper (ay Bradley Cooper, por ese sí que cumplía yo una penitencia) en ‘El Francotirador’. Cuando nadie las ve, como la canción, las niñas se bajan las bragas y dejan la calle preciosa. Y nos sentimos tan gaditanos que nos meamos por las esquinas. Pura se acuerda del popurrí de ‘Los guiris’. Asco de to. Cuando las niñas charlan tranquilas ya completada su gorrina misión Pura se asoma por la ventana y lanza un cubo de agua con Zotal a la calle. Motherfucker, le dicen las teutonas. Motherfucker… Mi amiga Pura se ríe. “No me pude aguantar…”, me contó ya por la mañana. “Si volvemos a la Edad Media volvemos con todas las consecuencias. Tú te meas en mi calle, yo te echo agua desde la ventana”. Viva Pura.

Llegan los bárbaros

Doña Cuaresma | 22 de febrero de 2020 a las 11:53

LLEGARON. No fallan. Cádiz se ha llenado de bárbaros, meonas, puretas salidos, divorciados y divorciadas en pecado que buscan saciar sus ganas de carne. Repugnancia me dais. Mira, si todavía celebrarais la fiesta del diablo y las calestolendas con la clase y la elegancia de Venecia tendría un pase. Si fuera con la simbología castellana… anda. Pero es que aquí sois unos guarros. Da igual que el Kichi ponga sanitarios en las plazas que Cádiz sigue oliendo a orines mezclados con el polvo de las serpentinas y los papelillos. Anoche la plaza del Falla ya estaba llena de Erasmus agarrados a las farolas como si fueran los vampiros tajarinas. Después queréis que no salte. Y eso sí, los podemitas mucha asamblea mucha asamblea pero a la hora de la verdad aquí se hace lo que diga el arcarde chirigotero. Se le puso al muchacho en las orejas que la final tenía que ser de cuatro por modalidad y ahí lo tiene usted. Hasta las mismas claras del día los carnavaleros pegando berridos. Chusma, pero no selecta, sino de la peor calaña, petimetres metomentodo que sólo hacen insultar. Para darse cuenta de lo malos que son sólo hay que leer entre líneas lo que dicen, y lo que callan, los autores y componentes de los grupos que no pasan a la final. Pero si no se quieren ni entre ellos mismos, si se atacan y se despellejan por un premio asqueroso, por unos contratitos en mi querida híspalis, madre y maestra que se me está yendo de las manos. En vez de comportarse como hermanos, como buenos cristianos, se lapidan. Bárbaros todos.

Jurado, chivato

Doña Cuaresma | 20 de febrero de 2020 a las 6:04

EL polinésico Jurado Oficial, mira tú que oficialidad la de ellos, como si fueran Richard Gere vamos, es digno de estudio. Cada año los veo ahí plantados en el escenario detrás de un secretario que parece sacado de cualquier tómbola con aires de grandeza y voz agurdientosa. Se guiñan cuando se dicen sus nombres, qué age, como diciendo… aquí estamos nosotros, uy y nosotras, que se me olvidaba la paridad… los importantes, los que cortan el bacalao. Qué modelitos, qué categoría, qué mal gusto. Ycuánto chivato. Mucha tela. Pues no estaba ayer en misa y escuché como una señora se hincaba de rodillas ante el confesionario y decía:Padre, confieso que he pecado. Soy jurado del Falla y me he ido de la lengua. Que no lo he podido evitar, que he largado fresco vaya, que le he dicho al pescadero el pase a la final en chirigotas hace dos días. Tremendo. Pero lo peor es que el cura, en vez de imponerle una penitencia como Dios manda, le dice:a ver hija, a ver, ¿y cuál es esa final?, que tengo organizada una porra con la feligresía y la divinidad siempre ha jugado con ventaja. Qué desvergüenza. Jurado, chivato, me entraron ganas de gritar allí en medio, pero en vez de eso afilé el oído y tomé buena nota. Puerto Real está fija en chirigotas, el Vera, el Ares, que es el perejil de todas las salsas, el coro de Julio Pardo… en esas estaba cuando se montó un escándalo en la calle de La Palma de padre y muy señor mío y salí con el escapulario golpeándome la espalda. Y era el Cascana llevando en procesión al Kichi. Qué ciudad esta.

Escotes pecadores

Doña Cuaresma | 18 de febrero de 2020 a las 9:28

MI amiga Pura, que es muy pura y es muy noble, me contaba ayer, tras salir de misa de a ocho en la iglesia del Rosario, que su hijo Ramoncito llevaba todo el día pegado a la tele por culpa del Carnaval. ¿Cómo le pueden gustar esas coplas?, le pregunté. No hija, no le gustan las coplas, le gustan los escotes. ¿Los escotes? Y entonces es cuando me dijo que no hay cosa que guste más en un coro mixto que un escote. Que Ramoncito antes de empezar el Concurso era Ramón, pero que se está quedando en los huesos de tanto darle para adelante y para atrás al Youtube, y que si alguien duda de la paridad en el Carnaval y critica la presencia de las féminas sobre las tablas del Falla salta a la yugular. “Y eso que él, a sus 40 tacos, nunca ha sido muy aficionado a la fiesta”, me decía Pura. “Fíjate si le interesaba poco antes que el otro día lo vi llorando la muerte de Juan Rivero porque pensaba que era familia de los del coro. Yo creo que está obsesionado”.
Yo, que hasta para salir a comprar el pan me pongo el velo negro, no sé cómo cualquier excusa es buena para ponerse un escote. Es el contrapunto de los octavillitas. Ellos van con bufandas y bragas para taparse las gargantas, y ellas sin embargo dando el do de pecho. Qué desvergüenza. Si yo fuera jurado de ese descerebrado Concurso más que controlar el tiempo tendría un medidor de escotes, y ay de aquella que se pasase y de los ojos satiriteros que se salieran de sus órbitas. A Ramoncito, y a todos esos depravados, los arreglaba yo a base de penitencia. ¿Queréis coro? Pues hala, ahí tenéis al de Longobardo. Cosa fina.

Borderíos

Doña Cuaresma | 16 de febrero de 2020 a las 13:41

DESPUÉS de tantos años los carnavaleros no se dan cuenta que les he ganado la batalla. Ellos siguen con sus pasodobles politizados, venga darle a Vox, venga con Abascal, con el PP, con el mármol de Franco y el Valle de los Caídos, pero al final han olvidado los borderíos. Ya no se escuchan las ordinarieces de antes. Esos cuplés de pelo, esos apodos al aparato reproductor femenino (válgame Dios), esos borderíos chabacanos de los petimetres de turno. Eso cada vez se ve menos. Claro que lo han sustituido por poetillas juntaletras que quieren emocionar con rimas infantiloides, con comparaciones manidas, más propias de otra época. Ahora que se puede hablar de todo, dicen, sólo provocan acordándose de la Santa Madre Iglesia. Hace décadas el tal Ares le cantó al Papa, antes aún el señor Osuna con ‘Los tontos de capirote'; luego salieron ‘Dios dijo hermanos pero no primos’, y así tantas y tantas. Y ahora siguen insistiendo. En vez de cantar a los verdaderos problemas de la ciudad se enredan con tonterías. Eso sí, esta tarde juega el Cádiz y ahí ya se olvida todo. Si San Cervera lleva al equipo amarillo a primera división los mismos que claman contra esta servidora y el catolicismo se arremolinarán para acompañarlos cuando visiten a la Patrona o al Nazareno. Lo dicho, he ganado y no se dan cuenta. Porque sin mí el Carnaval no es nada. Sin Doña  Cuaresma  esto no tendría sentido. Ni el Dios Momo existiría, ni Don Carnal ni un mísero cuplé. Me lo deben todo. Pero no quiero el Antifaz de Oro. Prefiero el Baluarte del Carnaval, que tiene premio en metálico. Mira como ese premio no lo desprecia ninguno. Ahí nadie dice: que lo tenga otro antes que yo. Ja. Peseteros.

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Kichi, se amotinan

Doña Cuaresma | 15 de febrero de 2020 a las 13:32

ANOCHE sonó mi teléfono de góndola, el que tengo en la mesa pequeña sobre el paño de croché y detrás del cuadrito de la Virgen de Covadonga. Era Justino, un hombre de orden sobrino de mi amiga Alfonsina. Había sintonizado por casualidad, haciendo zapping buscando Intereconomía, el Concurso del Falla y no tuvo más remedio que pararse a escuchar una canción de esas que le llamó la atención. No podía creerme lo que me contaba. Una comparsa se había atrevido a cantar contra el alcalde. Sí, están leyendo bien: una letra criticando al Kichi. ¡Cinco años después! “Ya era hora”, pensé. Al menos en ese grupo de poetillas de garrafón hay todavía alguno con agallas e integridad. Un aviso a esos petimetres de pañuelos palestinos. Ya se acabó el pescado en blanco, ¿no Martínez Ares? Ya se acabó la impunidad del señor González, al que no le tosía ningún autor por haber surgido, para desgracia de esta ciudad, del fondo del Carnaval. Ya están sus compañeros de farándula comprendiendo que Cádiz está de pena. Ahora bien, que se prepare el valiente autor de la letra. Será demonizado por las hordas rojas, colocado en la lista negra y estigmatizado como facha. Encima, el chaval es modosito, según me cuentan, aunque todo lo modosito que puede ser alguien que se dedica a cultivar este engendro llamado Carnaval. Vamos, que dentro de la burricie generalizada parece un señor sensato. La lleva clara.

Que os cante el Papa

Doña Cuaresma | 15 de febrero de 2020 a las 13:31

QUE os cante el Papa. Así acabó su pasodoble el chusmerio de comparsa de Martínez Ares. Este muchacho sigue obsesionado con el Santo Padre. No le bastó con cantarle en ‘Los miserables’, ni tuvo bastante con que lo expulsaran de la cofradía, que le permitió hacerle otra letrilla al año siguiente. Y dale con la Santa Madre Iglesia. Dice que no comulga con el Cascana… ¿pero quién comulga con este señor? ¿cuáles son los méritos de este hombre? ¿Este es el Cádiz que queremos, el liderado por el arcarde chirigotero y los Cascanas de turno? ¿Una ciudad sectárea donde todo lo que huela a respeto a las instituciones, a las tradiciones, es tachado de fascista? Qué pena de gaditanos. Siglos llevo avisándolo, siglos, y no me hacéis ni caso. Pues ahí tenéis. Igualito que otras ciudades como Sevilla o Málaga, que van progresando, creciendo, atrayendo turismo pero también empresas. Da gusto pasear por híspalis y ver esas calles limpias, esas avenidas despejadas, con personas bien vestidas, ese Corte Inglés del Duque repleto, esa tienda de Álvaro Moreno con sevillanos escamondaos, esas sombrererías de la calle Sierpes que le dan ganas a una de comprarse uno de ala ancha. Y aquí en Cádiz mientras nada más que hay gente en chándal o poetas que se acuerdan del Papa para levantar a un patio de butacas. A ver si este año las cofradías no los llaman para nada y ellos también son capaces de renunciar a contratos de miles de euros pagados por hermandades. Que sean consecuentes. Los que cantan eso y luego se meten de bajo de un paso sí que tienen un pasodoble. O más bien un cuplé.