Os echan de comer

Doña Cuaresma | 28 de febrero de 2017 a las 8:20

UNO de los momentos del Carnaval que no han sido absorbidos por las agrupaciones es el acto gastronómico.
No se lo han apropiado por dos razones. La primera porque le cuesta dinero a la peña o asociación de vecinos organizadora y eso es incompatible con las agrupaciones, que van a llevárselo.
Lo segundo, porque es un yacimiento de empleo para las agrupaciones, ya que cantan y trincan en dinero o especie.
Pero ni por eso se salvan los actos gastronómicos, que son un bastinazo. En el sentido auténtico de la palabra porque allí lo que se degusta es pura bastina.
Por ejemplo, ni langostinos ni centollos ni bogavantes ni petit sous. El Carnaval es de erizos, ostiones y corrusquillos. Por mucho roneo que se pegue el castizo gaditano que te lo quiere colocar, un erizo sabe a tragarse agua en una jogaílla. Y cuando se lo comen parece que están haciendo sexo oral con un ratón.
Tampoco tiene nivel gastronómico alguno el ostión, que como su propio nombre indica no es más que una ostra basta, nada que ver con las de Arcade o las de Arcachón fin de Claire número 1. Cuando te tomas lo que es una ostra de verdad ya no quieres ostiones ni muerta. Cómetelo tú.
Y mucho menos si te lo abre un tío con tatuajes y el cuchillo más oxidado que el pájaro jaula de Puerta Tierra.
Y aquí lo dejo porque si sigo con lo de las panizas, corrusquillos y huevos de fraile, les corto la digestión.
El Carnaval no vale un duro ni a la hora de comer.

Gana Tenerife

Doña Cuaresma | 27 de febrero de 2017 a las 8:35

EL otro día estuve viendo el Carnaval de Tenerife. Concretamente la elección de la diosa de los carnavales de esa simpática ciudad. Lo vi por TVE, mientras que el Carnaval de Cádiz era transmitido a esa misma hora por Canal Sur. Lógico, el primero es una fiesta de interés internacional y la nuestra cada día es más cutre y localista.
Derroche de calidad y buen gusto en Tenerife. El carnaval canario es una fiesta atractiva para todos. Las televisiones de toda Europa rivalizan en transmitir sus actos y las emisoras de radio emiten sus primeros programas desde la isla. En Cádiz, desgraciadamente, ocurre lo contrario. No interesa a nadie. Nuestro Carnaval sigue empeñado en mirarse al ombligo y apenas sucita el interés más allá de la calle Patrocinio. Estamos en plena globalización y seguimos hablando de los encantos de la piedra cuadrá.
En Tenerife no hay complejos podemitas. Una delicia. Elijen a sus diosas en un espectacular programa. Las candidatas desfilan con vistosos trajes, poca ropa y con sus larguísimos muslos al aire. No hay temor a ser acusados de fiesta machista. Aquí, en este cutre carnaval gaditano, teníamos unas bellas señoritas aspirantes a ninfas, vestidas pudorosamente con el trajede piconera inventado por la Sección Femenina, y nos hemos apresurado a eliminarlas.
Tenerife nos gana en todo. Hasta en algo que nunca pudimos sospechar:
¡Qué de mondris hay en el Carnaval de Tenerife!

Comenzó la batalla

Doña Cuaresma | 26 de febrero de 2017 a las 10:48

LA Muy Noble, Antigua e Ilustre Ciudad de Cádiz, vencedora del Sitio, continua en estado de guerra. Estamos en guerra contra nuestra propia fiesta, tenemos que defendernos del Carnaval. O lo que ahora llaman Carnaval pero no lo es. Es la dictadura de las agrupaciones porque todo hoy gira en torno a ellas.
Ni bailes ni nada, a la bim bom vá, agrupaciones nada más: se han apropiado del Falla y son ya los dueños del pregón, que lo da ya cualquier comparsista. La ciudad está en guerra contra esa porquería de Carnaval que tenemos.
Cómo será la cosa que tenemos que blindar nuestros parques, jardines y fuentes, para que no queden arrasadas por el Carnaval y las hordas que nos visitan. Porque la gente de Cádiz huye. No había nadie de Cádiz en el Falla la noche de la final, salvo los colaos del Kichi y sus pulgas amaestradas. El Diario no tenía ni un famoso que retratar.
Tenemos que defendernos del tiroteo de los meados, del fuego graneado de las vomitonas, de los morteros de los botellazos a los que este año se suman los naranjazos porque el Ayuntamiento no los recoge de los naranjos de las calles.
Tenemos que gastar dinero en armas de limpieza masiva: millones en baldeos extraordinarios y horas extras de los operarios. Esquivar copas de moscatel picao y ostiones y erizos ajenos a cualquier control sanitarios que venden en esas trincheras que son las barras callejeras.
Por cierto, enhorabuena a Por Cádiz Sí Se Puede. Por ganar la final del Falla.

La Gran Carpa

Doña Cuaresma | 25 de febrero de 2017 a las 10:13

NO sé si ustedes han visto la monumental carpa que nos han colocado en el muelle. Un coloso de lona y plástico, pegado a la ciudad para que los vecinos huyan todavía a mayor velocidad a los pueblos de la Sierra.
Lo tengo dicho. El Carnaval disloca a la ciudad y vuelve majareta a sus ciudadanos. Cuando llegan las grandes regatas y Cádiz recibe miles de forasteros, para tomar un Mirinda en el muelle hay que llegar hasta el Frigorífico. En Carnaval, cuando los forasteros llegan con sus litronas incorporadas, la carpa la colocamos pegada a la cervecería de Joselito.
La carpa es necesaria, lo reconozco. Todo el día a base de pititos de caña y punteados comparsistas no lo aguanta ni los fanáticos comentaristas de Canal Sur. En una fiesta popular hace falta otro tipo de música y que la gente pueda entretenerse sin necesidad de estar escuchando piropos cursis a la Caleta.
Yo pondría carpas más pequeñas y distribuidas a lo largo de Canalejas. No digo tipo casetas para que el personal no crea que hablo de las Fiestas Típicas. Hablemos, por ejemplo, de carpitas.
Estaría la carpita del Comparsista, la del Corista, la del Pregonero, la del Jurado y la carpita municipal, para que Kichi sea solidario con el que le apetezca.
Y los gaditanos de paladar también dispondríamos de nuestras carpitas para escuchar grupos rocieros y flamenquitos. Y con u

Igual que ayer

Doña Cuaresma | 24 de febrero de 2017 a las 8:32

PARECE que el título del libro de ese tal Juan Carlos Aragón, comparsista vestido de comparsista, lo he puesto yo: “El pasodoble interminable”.
Interminable como el concurso del Falla, como una final vista por la tele. Interminable hasta que sale el presidente del jurado a leer el fallo, que como su propio nombre indica, es una equivocación que encima no agrada a ninguno de los carnavaleros.
Por cierto que el simpático presidente del Jurado me cae muy bien, es el Pemán de este régimen. Lo que pasa es que en vez de ser del régimen de los 40 años de Paz, estar en todas las academias, en todas las instituciones y publicar mucho, es del régimen de los 40 años de socialismo andaluz, está en todas las academias, en todas las instituciones y publica mucho. Más que el Boletín Oficial del Estado. ¡Qué sabe tu cuerpo Téllez!”
A lo que iba: interminable como el fin de semana que se avecina. Menos mal que yo hago como todos los gaditanos de bien y me tiro un puente más grande que el puente nuevo.
Pero lo peor de todo es la propaganda y el autobombo que se da el Ayuntamiento como si hubiera inventado el Carnaval, que es más antiguo que las lisas mojoneras e igual de exquisito. El afán de protagonismo del equipo de gobierno no tiene límites. Ya no saben que hacer para cobrar notoriedad.
Ahora resulta que han puesto una estatua de Ana Camelo, con su pelo lila y todo, en el balcón del Ayuntamiento.

Olor especial

Doña Cuaresma | 23 de febrero de 2017 a las 8:16

Durante el Carnaval añado a mis lecturas habituales el Diario de Sevilla. Por cuestiones éticas y estéticas, pero también por higiene mental. Nuestro Diario se tira al monte carnavalero y es necesario compensar con un periódico sevillano que me siga hablando de cofradías.
Pues resulta que por ese periódico me entero de que en Sevilla han lanzado unos perfumes que parecen importados directamente de la Gloria. El aroma de la Madrugá recogida en un tarrito. Esencia Macarena se llama uno de los perfumes y Pureza el otro.
¡Sevilla tenía que ser! Naranja y bergamota con toques de jazmín y rosa y adornos de sándalo, dice la etiqueta. ¡Qué maravilla! Solo a los sevillanos se les puede ocurrir estas cosas.
Añade el periódico que nada más ponerse a la venta se agotaron esos perfumes. No me extraña. La pena es que me cogió despistada por el dichoso Carnaval y no pude hacerme con varios frasquitos.
Espero sinceramente que mis amigos gaditanos, los capillitas del Último Tramo, hayan llegado a tiempo y dispongan de varios frascos de perfume para la ya próxima quema del plumero. Y que para el concierto de Al Palo, el escenario del Falla pueda ser hisopeado con aromas de la Madrugá de Sevilla.
No me gusta comparar, pero, ¿cuál sería el perfume del Carnaval de Cádiz? ¿A qué huele una noche de sábado en la Viña? ¿Y una mañana de coros en la plaza?
En efecto, Sevilla tiene un olor especial. ¡A Gloria!

¿Dónde las coges?

Doña Cuaresma | 22 de febrero de 2017 a las 8:45

LLEVAMOS dos años de carnavales de Kichi y sus pegamoides y ya se ve por donde va la fiesta. Iba a ser la revolución, lo iba a cambiar todo: lo mismo.
El Carnaval de nuestros pecados iba a ser un cambio en el que se iba a notar que en el Ayuntamiento -en vez de una teñida de rubio, que hasta el nombre lo tiene feo y que siempre va vestida igual con chaquetones, pasminas y jerséis negros- hay una teñida de lila, con el bonito nombre de Camelo, que siempre va vestida igual con chaquetones, pasminas y jerséis morados.
Sigue la cosa igual, el Carnaval se repite más que el jersey de la Camelo. Que estrena menos que el Cine Brunete. Aunque nos digan que es el Carnaval de la Igualdad. Igualdad quiere decir que lo mismo da que te de un botellazo uno de Cádiz que uno de Coripe, y que para mear en la casapuerta de tu casa no hay que discriminar al orinador por razón de sexo.
Porque el postureo de pedir que se eviten estereotipos machistas como los de las suegras o las ninfas de las crónicas del Diario huele a censura. Las ortodoxas de la izquierda censuran igual que las beatonas de la derecha. Esa es la igualdad: son lo mismo.
Las únicas discriminadas en el Carnaval de la Igualdad han sido las ninfas, que las han mandado a tomar picón.
Pero la gran innovación de este Carnaval, la gran ocurrencia del Kichi, es la cabalgata del humor.
¡Pero si eso ya lo inventó Don Vicente del Moral cuando las Fiestas Típicas muchacho!
¡Adiós lumbrera!

¿Otra fase más?

Doña Cuaresma | 21 de febrero de 2017 a las 9:07

ESTO va camino de maldición bíblica. Con asombro leo en el Diario del Carnaval que el concurso de agrupaciones carnavalescas ha entrado en una nueva fase. ¿Cuántas llevamos ya Dios mío de mi alma?
Preliminares, cuartos, semifinales y supongo que luego vendrá la final. ¿Cuántas fases hay que celebrar para decidir si el cuplé de Martínez Ares es más atinado que el de Aragón o el de Martín?
Esto no es serio. Para examinar del MIR, para ver si un médico va a ser oculista o cirujano, basta con un examen de una hora. En Cádiz para ver si un octavillita canta en tono más agudo que otro tienen que pasar cinco veces por las tablas del Teatro Falla.
A mi esto me parece una tomadura de pelo. Un tinglado montado por los autores para estar una larga temporada acaparando la atención de los medios y poder así firmar contratos más sustanciosos por los pueblos.
No es serio, repito. Tener uno de los mejores teatros de España dedicado casi en exclusiva al Carnaval es algo demencial. Dos días de teatro, dos días de zarzuelas, un día de ópera y dos meses enteritos de Carnaval.
Coros, comparsas y chirigotas nunca debieron dejar su hábitat natural; los lavaderos y azoteas.
Más que un museo del Carnaval, Cádiz necesita un gran lavadero donde meter a todos los comparsistas. Para que allí concursen a sus anchas.

Un lavadero con llave, para dejarlos encerrados una temporada y no nos den la lata.

Hermosas palabras

Doña Cuaresma | 20 de febrero de 2017 a las 8:31

TODAS las artes tienen un lenguaje, vocabulario o jerga del oficio que además de poseer gran riqueza, muestran gran precisión.
Sin ir más lejos, en esto de la prensa hay entradillas, ladillos, cabezas o corondeles por ejemplo.
En la música hay rubatos, armadura de clave, fermata…
Y qué decir de la arquitectura con términos como alfajía, arco fajón, cimborrio, botarel. Preciosos vocablos que evidencian una arte antiguo y exquisito.
Como el culinario: albardar, croutons, chop, faisandé o sufratar. Palabras que tienen el sabor de siglos y siglos de arte culinaria.
Hasta la artillería, arte tormentaria, tiene su rico vocabulario como chillera, estopín, saquete o paraván entre otros cientos.
No falta una antiquísima terminología cofrade en la que Cádiz, como no, es tan diferente de otras partes que tiene sus propios conceptos: horquilla, penitente o cargador.
Pero toda esa exquisitez, toda esa precisión técnica, toda esas expresiones de tradición artística resultan ser vulgares, burdas y toscas, cuando se analiza el Carnaval de Cádiz.
Las palabras demuestran su falserío o falta de autenticidad, como derrotista, figurante o ilegal.
También demuestran su ordinariez: cajonazo, bastinazo, morazo, pestiñá, ostioná.
Y su absoluta falta de exquisitez: botellón, chupapiera, pato, meada, reyerta, botellazo, samacola, comisería.
Y la terminología de los lunes: kilos de basura.

Añoro las broncas

Doña Cuaresma | 19 de febrero de 2017 a las 17:29

La decadencia del Carnaval de Cádiz es ya imparable. Camina cuesta abajo y el empujón final se lo está dando el buenismo.
No hace falta que les diga que a mí no me gusta este Carnaval. Pero debo reconocer que las broncas en el Concurso tenían su punto interesante y atractivo.
Recuerdo ese gallinero gritando a las agrupaciones de los pueblos que acabaran pronto para que no perdieran el autobús de vuelta. O cuando algún autor cabreado arremetía con cajas destempladas contra el Jurado o contra la Fundación del Carnaval.
Ahora nada. El Falla parece una recepción en el palacio de Versalles, aunque todavía más cursi. Todo son amabilidades y gentilezas. Los autores, en vez de meterse unos con otros como antiguamente, se regalan piropos y hasta quieren levantar monumentos a sus rivales. Ni siquiera se cabrean cuando los eliminan a la primera de cambio, ni nos ofrecen su horrible repertorio desde las escaleras de Medicina.
Todo se tapa y se oculta en el actual Carnaval. Las piñas que antes se daban los padres de los chavales de los grupos infantiles son hoy silenciadas. Los langostinos, cubatillas e indiscreciones del Jurado, ante aireados por todos, son hoy ocultados vergonzosamente al aficionado.
Ya nadie se cuela, ni hay broncas en las taquillas ni mascazos entre reventas. Nadie escala por la fachada del Falla. Hoy todo es internet y entradas de protocolo.
El Carnaval es una lata, pero sin broncas es insufrible.