Los predilectos de José Ignacio

El Fiscal | 16 de septiembre de 2017 a las 13:03

pregonero

DICEN los señores del Consejo que José Ignacio del Rey Tirado ha dado no sé cuantos pregones y exaltaciones en Sevilla y hasta en Madrid. Que tiene currículum, que se conoce el paño desde pequeño, que todo lo que va a contar lo ha vivido en primera persona y no se cuántas flores más. A mi que José Ignacio del Rey pronuncie el pregón me parece muy bien. Estupendo, oiga. El problema es que yo ya he estado en el mejor pregón posible que nunca haya podido pronunciar José Ignacio. Y he estado varias veces. A veces un pie de foto es mejor que todo un artículo, y una frase mucho más impactante que todo un pregón. Ocurrió durante varios años en la Semana de Pasión, cuando ya tenemos olvidado el pregón oficial (algunos es una obra de caridad dejarlos caer en el olvido). José Ignacio era el diputado mayor de gobierno de Los Estudiantes con Antonio Piñero de hermano mayor, hoy vicepresidente de la institución que elige al pregonero.

–Oiga, este Piñero siempre se sale con la suya, ¿no?

–Como los alemanes en el fútbol. Cállese y no interrumpa.

José Ignacio tenía el valor de convocar en la Capilla de la Universidad a todos los monaguillos de la cofradía, con sus padres y hasta abuelos, para una reunión preparatoria con olor a merienda escolar, estética de uniformes colegiales y rezos apresurados de Padrenuestros. Lo mejor de estas reuniones era la definición que José Ignacio, junto al Sagrario y a los pies del Cristo de la Buena Muerte, hacía de los monaguillos para que todos los adultos se quedaran tranquilos ante cualquier incidencia: “Los monaguillos son nuestros hermanos predilectos. En caso de lluvia, la prioridad es llevarlos a un sitio seguro, antes incluso que a las sagradas imágenes. Los monaguillos son los primeros, no tengan dudas en ningún momento”.

Yal oír a José Ignacio, muchos padres se emocionaban. Año tras año, José Ignacio daba la cifra de monaguillos. 114 el Cristo, 128 la Virgen. 120 en el Cristo y 118 en la Virgen… Siempre fueron los llamados “hermanos predilectos” con un cariño y una rotundidad ejemplares. Los monaguillos no molestan, son la cantera, el futuro seguro en tiempos de zozobra, la reserva de autenticidad en una Semana Santa sofisticada y amenazada. La reunión de monaguillos no era una sesión de trámite, una reunión exclusivamente para tratar temas de logística. Era el momento en que la Hermandad de Los Estudiantes decía alto y claro que por encima de las imágenes sólo estaban los niños. Por responsabilidad,  por convicción. Y José Ignacio nos dejaba ese cuarto y mitad de pregón que a muchos nos bastaba para seguir creyendo en la capacidad de las hermandades para generar afecto, dar cobijo y hacer que pequeños y mayores se sientan integrados.

Por eso yo ya he estado en el mejor pregón de José Ignacio. Como estuve en casa de su  hermano Eduardo, hoy hermano mayor del Silencio, cuando fue elegido pregonero. Veo hoy a la madre de José Ignacio sonreír con discreción  porque, otra vez, un hijo suyo será el pregonero de la Semana Santa, como la vi feliz aquella noche del otoño de 1998 en una acogedora casa de la calle Otumba donde los consejeros formaban una cálida bulla en el salón.

No me cuenten cómo será el pregón de  José Ignacio del Rey. Yo he asistido al mejor de sus pregones, lirios regalados como anticipos del Martes Santo. Bendita la rama que al tronco sale.

El 49-O

El Fiscal | 10 de septiembre de 2017 a las 5:00

consejo de cofradías

CUENTAN que alguien con voz de Gila ha llamado a la sede de la calle San Gregorio, que todo el mundo sabe cuál es la sede de la calle San Gregorio por mucho que por allí haya despachos de la Junta de Andalucía de los que la gente sale para desayunar y tarda más en volver al currelo que San Bernardo en pasar por Santa María la Blanca. Dicho lo cual, que diría don Manuel Fraga, no hay otra sede en San Gregorio que la sede por excelencia, como no hay otro Consejo que el Consejo por antonomasia.

–Oiga, ¿es el Consejo de Cofradías? Mire, es para que pongan más cámaras de vigilancia en la calle… Sí… Cuantas más mejor, ¿sabe usted? Sobre todo para que se vea cuánta mierda dejan los señores de la carrera oficial, ¿sabe usted? Que la última vez había hasta una botella de Doble W entre los restos. Y respecto a lo del Martes Santo, dígale al presidente que aplique el artículo 49 apartado O de los estatutos, pero una O sin calle Castilla, ni Viernes Santo, ni túnicas de raso morado. ¿Lo ha apuntado usted todo para decírselo a don Joaquín de mi parte?.

Y así fue que se aplicará el artículo 49 apartado O, que dice lo siguiente sobre las competencias y funciones de la sección de penitencia: “Tener conocimiento, previa propuesta de cada sección, de las nóminas procesionales de todas las hermandades y cofradías, informándose con suficiente antelación de sus horarios e itinerarios para elevarlos a la autoridad eclesiástica y a cuantos organismos y autoridades fueran competentes. En el caso de hermandades de penitencia, el traslado de estos datos se entenderá realizado en el tradicionalmente conocido y llamado Cabildo de Tomas de Horas”.

Quiere decir que la reforma del Martes Santo, por la que se invierte el sentido de la carrera oficial, es una decisión que corresponde a la sección de penitencia, formada por los cargos generales y los delegados de día. Un hermano mayor del Domingo de Ramos o del Jueves Santo, por poner sólo dos ejemplos, no podrá meter la cuchara en este perol, por más que tenga una legítima opinión creada al respecto. Al pleno de Penitencia se le informará del guiso ya cocinado. Pero nada más. Así lo establece el 49-0. Se supone que los delegados de día y los cargos generales son de la línea del presidente, luego la decisión se tomará, cuando menos, en bloque.

Personalmente, no nos entusiasma la inversión del sentido de paso por la carrera oficial, pero escrito está que a esta Semana Santa herida y manoseada ha llegado la hora de las reformas. Y la gran coartada es la seguridad. Corren malos tiempos para anteponer cualquier razón que no sea la de la seguridad. Habrá que desatascar el Martes, como habrá que proteger la Madrugada, si es preciso saliendo todas más tarde para evitar las horas de la noche, para lo cual monseñor Asenjo da todas las facilidades de horario de la Catedral. Es el tiempo que nos ha tocado vivir. El 49-0 establece claramente el proceso. Y mejor que el Consejo tome la iniciativa antes de que lo haga la troika del gobierno local, el Cecop y la Delegación del Gobierno.

Y como dijo el del teléfono: “Oiga, no se olvide deque pongan más cámaras, ¿eh? Que nos queremos enterar de todo, hasta de las votaciones al pregonero. Y de las consultas previas, que son mucho mejores. ¿Oiga? ¿Y me pueden mandar el boletín? Es que me viene muy bien para elevar la pantalla del ordenador y mantener el cuello recto, ¿sabe usted? Que hay que cuidar las cervicales”.

 

 

El primer diputado tras la Buena Muerte

El Fiscal | 13 de agosto de 2017 a las 5:00

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EL antifaz hace al nazareno. Cuando se muere un nazareno se muere siempre un ser anónimo, alguien en quien, quizás, nos hemos fijado durante años en uno de esos rituales íntimos que conforman la Semana Santa más hermosa, la que nunca viene en las guías, la que no se enseña en catálogos ni en los cursos intensivos del hágase cofrade en tres días. Por mucho que nuestro Ayuntamiento se haya planteado alguna vez fundar un museo de la Semana Santa, recuperar la exposición de los estrenos o la apertura del centro de interpretación de la bulla, la autenticidad de la Semana Santa no se capta por medio de ninguna iniciativa oficial, proyectos de colaboración pública-privada u otras gaitas. Zamora no se gana en una hora y la Semana Santa no se aprende en hora y media. Estos días del agosto largo y de despedidas mudas se nos han ido el pavero y un ex hermano mano mayor de San Isidoro, el capataz del misterio de la Sentencia y un nazareno de ruan al que hemos observado durante años: el primer diputado tras el Cristo de la Buena Muerte, un nazareno de pequeña estatura y cuerpo menudo, con la túnica perfectamente ajustada y que siempre se situaba a la vera del primer trío de cruces para ir mirando ese triángulo divino que forman el madero de la cruz y los brazos caídos de la Buena Muerte.

Eran los minutos previos a la salida del paso del Cristo por la puerta del Rectorado –voz de Juan del Río en el rezo del rosario, Ángel de la Fama, cera blanca de la Angustia encendida, los acólitos del Señor avanzando con parsimonia con los ciriales aún bajos y los paveros haciendo el recuento de monaguillos– y aparecer siempre la silueta del diputado Hermenegildo Gutiérrez de Rueda, ya cubierto, trayendo el primer tramo de las cruces por el Patio del Reloj de la antigua Fábrica de Tabacos, donde Rodrigo Fernández de Santaella despide a los penitentes con su mirada de bronce.

Hoy sigo viendo a este Gildo siempre arrimado al primer trío de cruces con su túnica con cierta tonalidad ala de mosca, de las pocas que aún quedaban en el cortejo que habían salido de la Anunciación en aquella etapa final en la calle Laraña, en aquellos años marcados por el paso de palio sin música o por aquel espléndido altar de la caseta del Labradores presidido por el Cristo en la Misiones de 1965.

Gildo siempre iba arrimado a los tres primeros penitentes en sus últimos años de diputado, con el canasto al brazo y la mirada clavada en el Señor. Los sucesivos diputados mayores de gobierno sabían que Gildo no ejercía ya de diputado en los últimos años, sino de Gildo. Y se le respetaba que así fuera por ese tacto y ese amor que muchas veces tienen las hermandades. Hoy vemos a Gildo terminar su estación de penitencia a sus ochenta y tantos años largos y regresar a pie y en silencio desde la calle San Fernando hasta su preciosa casa de la calle Francos, con un patio presidido por un azulejo de Pasión bañado por la luz, donde destaca un armario con cristales superiores que dejan ver todo el año sus túnicas y las de sus familiares.

Hoy nos asomamos a ese patio como turistas curiosos. Y allí están, siempre están, los ruanes de Gildo, como cuando entramos en el zaguán de la casa solariega de Eduardo Ybarra en San Vicente para rezar ante la Virgen antigua del Silencio. Se ven ahora los escudos mercedarios cosidos a las túnicas. Pero, ay, falta la de la heráldica del Perfundet omnia luce (“Todo brilla con la luz”) porque Gildo se la llevó puesta para siempre. Quiso irse con ella para seguir llevando hasta los pies del Cristo de la Buena Muerte a ese primer tramo de penitentes que al caminar por la vieja Universidad son el símbolo de la alianza de la cultura y la fe. En un patio de la calle Francos ha estado y está un trozo de la verdad de la Semana Santa. Se ha muerto un nazareno anónimo. Tan auténtica ha sido su fidelidad al Cristo de Los Estudiantes que su puesto será siempre conocido por su nombre. Tras la muerte viene la vida eterna. Pero tras la Buena Muerte siempre viene Gildo con su canasto trayendo un pedazo de tramo de hombres de fe.

Foto de la estatua de Miguel de Mañara en los jardines de la Caridad

Una ausencia en la Caridad

LOS acogidos en la Caridad se mueren tranquilos, cuidados por el espíritu de Mañara, con su bronce por testigo y con las horas justas para recordar el trasiego de todo lo vivido, horas consumidas en muchos casos con el brillo efímero de algún puesto relevante. En la Caridad entra a ser cuidada gente muy diversa, en su atrio se encuentra uno con verdaderos personajes que no son tan del pasado como parecen, pero que pareciera que el péndulo del tiempo los mandó de un golpe al lugar sereno de un viejo hospital. De tocar el martillo de esa nave de oro que preside la mansa mirada del Señor de la Sentencia a pasar el invierno de la vida a la lumbre de esa Caridad que es estandarte de la mejor y más desconocida  Sevilla. “Desde que estás en la Caridad da gloria verte”, le dijeron un día en el atrio de la basílica de la Macarena, sitio al que nunca dejó de acudir en sus paseos desde la calle Temprado. El venerable Mañara ha acogido en su regazo a Miguel Loreto. En verano, en silencio, en el agosto en que la Esperanza suele lucir la saya blanca. Se fue el capataz que dijo a sus costaleros en la última chicotá: “Si esta noche no habéis visto a Dios es que estáis ciegos”.

 

Luto por un pavero

El Fiscal | 30 de julio de 2017 a las 5:00

Jesús Izquierdo. Pavero Foto: Paula Álvarez

LOS nazarenos de ruan se echan a morir en verano para hacer el viaje hasta el cielo en absoluto silencio, sin hacer ruido, por ese camino más corto en el que jamás se vuelve la vista atrás porque cualquier futuro es mejor. Los nazarenos de verdad se mueren sin que nadie lo sepa, incluso sin que nadie les haya visto nunca el rostro. Hay nazarenos que los ves de año en año y los reconoces por el lugar que ocupan, por su silueta vertical y estilizada o por su cuerpo orondo, por sus manos carnosas donde la alianza aprieta el dedo corazón o por la forma de coger el palermo abriendo paso a la cofradía. Este julio de calores que obligan a levantar los faldones nos ha puesto de luto la Costanilla por la muerte del pavero de San Isidoro, la muerte de Jesús Izquierdo, el nazareno enjuto con gafas, el vecino inquieto que vivía su ciudad con compromiso, el comerciante de Izquierdo Benito, el cofrade de tiradora perfecta y barba cuidada. Era esperar la cofradía de San Isidoro en la estrechez de Córdoba y ver llegar la algarabía de monaguillos protegidos y gobernados por este inconfundible pavero, símbolo para muchos de la tarde del Viernes Santo como lo son el muñidor de la Mortaja o la Verónica de Montserrat. A Jesús Izquierdo lo veías cualquier día del año por la Avenida sin sombra camino de su barrio de Los Remedios y te estaba regalando un anticipo de la tarde del Viernes Santo, porque los verdaderos nazarenos de ruan andan todos los días como si fueran con la túnica puesta, de frente, bien dispuestos, sin prisas ni pausas, como a los matadores de toros o a los jinetes se les reconoce como tales aun vistiendo de paisano. Jesús Izquierdo tenía hechuras de nazareno de ruan hasta andando una mañana de Feria por su calle de Juan Belmonte.

Hoy veo a los monaguillos de la Virgen de Loreto con los ojos bien abiertos atendiendo a las instrucciones de Jesús antes de la salida. Veo como el experto nazareno se ha ganado la complicidad del más travieso para garantizarse la paz durante el recorrido, veo cómo pone orden entre dos monaguillos que han discutido por un caramelo caído, veo cómo se ha ido a buscar al que se ha escapado en la Plaza para saludar a un pariente que está de concejal en los palcos del Ayuntamiento. Veo sus brazos cruzados en momentos de sosiego, dejando ver los puños blancos de la camisa, y cómo se agacha para escuchar al monaguillo que se queja de los pies cansados en el regreso por Francos.

Siempre esperaremos al pavero de San Isidoro cada Viernes Santo en su mundo de esclavinas, incienso, roquetes, canastitos de mimbre y grandes canastos plateados, algarabía, cucharilla, pajes de terciopelo oscuro y pecherín de chorrera, y esa hermosa naveta que representa la Casa de Oro.

Siempre guardaremos su memoria de último ruan negro de la Semana Santa, de camarero del Niño Jesús isidoriano, con la proclama que él mismo mandó imprimir en una hermosa estampa para acompañar el perfil sin corona de su Virgen del alma, ataviada sólo con una toca blanca de encaje: “Y cuando llegue mi día, apúntatelo, Loreto yo solo quiero cogido de tu mano volar al cielo”.

La cofradía deja la calle Córdoba otro año más y se mete con toda su historia interior por la calle Cuna, alegre tintineo del avión de oro en la mano de la Virgen, cabezazo discreto de un nazareno de la Presidencia, escolta azul de Ejército del Aire, cortejo del preste… ¿Y dónde está Jesús? Se ha quedado para siempre en San Isidoro rezando en silencio la letanía de su vida. “…Rosa mística, Torre de David, Torre de marfil, Casa de oro…”.

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Adiós a Enrique Carpio

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El pasado día 14 falleció en Sevilla a los 83 años Enrique Carpio Rodríguez, hermano mayor de Los Panaderos de 2003 a 2006. Mayorista de ganado de profesión, hombre hecho a sí mismo, acostumbrado a la disciplina de levantarse a las cuatro de la madrugada para trabajar, tenía mucho predicamento en la hermandad por su carácter tranquilo y afable y por su sentido común muchas veces demostrado. Nada pretencioso ni protagonista. A mediados de los setenta fue teniente de hermano mayor con Pepe Castillo al frente de la cofradía  y Jose Luis Peinado como director espiritual. La hermandad cedió en aquella etapa la imagen del Cristo antiguo a la Parroquia del Juncal. Enrique Carpio jamás se olvidó de esta imagen. No se perdía un vía crucis por el barrio cada Viernes de Dolores. Participaba, además, representando a Los Panaderos. Vecino de Nervión, estaba casado con Mercedes Fernández y tuvo dos hijos, todos muy vinculados a la hermandad. Fue muchos años nazareno de la Amargura, gran impulsor del programa de acogida de niños bielorrusos y entusiasta de la iniciativa de llevar a la Virgen de Regla a Madrid para participar en los actos de la Jornada Mundial de la Juventud que presidió Benedicto XVI.

Auto de la Audiencia
Un auto de la Sección Tercera de la Audiencia Provincial notificado el pasado 27 de julio resuelve que el grupo de hermanos del Valle que pretendía denunciar directamente al mayordomo por delito de apropiación indebida se puede personar como acusación particular en el polémico y delicado asunto. La posición oficial de la hermandad era contraria a que este colectivo pudiera ir por su cuenta en el pleito.

Y hay más…
El mismo auto judicial que estima el recurso de apelación del grupo de hermanos considera que los recurrentes son “perjudicados” y entiende su “desconfianza” hacia la actual junta de gobierno “por cuanto alguno de sus miembros podría resultar responsable de las apropiaciones investigadas al ser necesarias dos firmas para disponer del dinero depositado en entidades bancarias”. Conclusión: están legitimados para ejercer la acusación.

El lagarto de la Catedral

“Sí, don Juan José se ha ido unos días de descanso a su amada tierra de Sigüenza, pero no te preocupes que el 6 de agoso estará ya en Sevilla para presidir la novena de la Virgen de los Reyes en la Catedral. Te lo aseguro. Además, te garantizo que está conectado con la diócesis a diario”

El vídeo clave de la Madrugada de 2017

El Fiscal | 11 de julio de 2017 a las 19:14

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METIDOS en las calores de chanclas y pantalones piratas, cuando el sopor convierte en un acto heroico (que rima con paranoico) esto de escribir de cofradías, conviene hacer ya el debido acto de homenaje y justicia a quien lo merece, lo cual en Sevilla llega siempre tarde: como corresponde al ADN de la ciudad cicatera con los suyos. Llevamos meses hablando de la Madrugada, la noche antaño más hermosa que se ha convertido en un vuelo de Rainayr: un cachondeo vigilado. Meses analizando, meses escrutando, meses recabando testimonios, meses discutiendo en las tabernas… Pero aquí lo que de verdad sabemos, lo único cierto e incontestable, es cuanto se ve en el vídeo de Antonio Martín Iglesias, el único que estaba en el sitio oportuno, en el momento justo y haciendo lo que tenía que hacer: grabar el antes, el durante y el después de la avalancha que echó contra la pared siete siglos de historia en la calle Cuna. Que viene, que viene, psss, psss… Y no venía nadie. ¡A mi que los arrollo!. Y nadie arrollaba a nadie, todos se arrollaban a sí mismos. Gracias al momento estelar de este hermano del Silencio (va por usted, Stefan Zweig), que ha prestado un gran servicio a su cofradía sin estar vestido de nazareno, a toda la Semana Santa y a toda la ciudad, hemos visto que la Madrugada no tiene más enemigo que su propia vulnerabilidad, ni mayor defensa que la de quedarse quietos. Con lo bien que sabe Sevilla quedarse quieta y aún tiene que aprender a hacerlo en la noche más importante. Gracias a Toni vemos la perfecta reacción de los nazarenos del Silencio, que se abren como el Mar Rojo para abrir paso… ¿a quién? A nadie. Y se vuelven a cerrar para seguir haciendo lo de siempre: retornar a San Antonio Abad. Gracias a Toni, hermano primitivo desde 1980, vemos cómo los diputados canastilla se quedan como José Tomás ante el toro, o como Adolfo Suárez cuando entraba Tejero en el Congreso: clavados. Y esos mismos canastillas llaman a la calma con una rapidez y naturalidad dignos de reconocimiento. Vean el vídeo de Martín Iglesias una y otra vez. Oirán voces que claman: “¡No pasa nada, no pasa nada!”. Es la ciudad que corre de sí misma, la ciudad que ha construido su propio fantasma a medida y que sólo lo extirpará con el tiempo, porque sólo con el tiempo se reconstruye la confianza. Aún no se ha valorado suficientemente el poder de las imágenes grabadas en la calle Cuna. No había ningún enemigo extraño más allá de la fatal combinación de la psicosis con la mala educación en un contexto de degradación de la convivencia urbana. El informe oficial del Ayuntamiento incluye hasta un sesudo estudio sobre la evolución del clima de la Semana Santa para evaluar factores de riesgo en la Madrugada. Pero nada como el vídeo de Martín Iglesias, al que bien podrían dar el Demófilo a la Contribución Permanente. ¿No daban uno al Arte Efímero? Pues que inventen el de la Contribución Permanente. Se ve cómo se rompe la normalidad sin causa alguna. Por eso, precisamente por eso, se restauran de inmediato el público y la cofradía: porque no hay nada. Por todo eso y, además, por el sentido de la disciplina.

Hubo hermanos temerosos de Dios que fundaron la cofradía en el XIV, otros que levantaron la capilla, los altares y los retablos, otros que defendieron dogmas antes de que Roma los proclamara, muchísimos que diseñaron con la escuadra y el cartabón de los años, de los siglos, una cofradía perfecta, otros que impulsaron el cambio de Virgen, otros que sellaron las grietas de la iglesia… Y ha habido uno que ha mostrado a todos las verdades desnudas de la Semana Santa que nos ha tocado vivir: el miedo es libre y hay cofradías, como Lázaro, que se levantan y andan.

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Los 100.000 euros de un tesorero con silenciador

El Fiscal | 2 de julio de 2017 a las 5:00

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A paso racheao, sin que se mueva un varal maestro del escándalo ni de la polémica, el tesorero del Consejo ha ido metiendo la tijera en las cuentas de la carrera oficial y de la institución para engordar la hucha de las subvenciones de las hermandades. ¿Usted ha leído u oído alguna queja o ha percibido en algún momento que se haya liado el taco por el programa de reformas aplicado por este tesorero con silenciador? Nada. Como si el Silencio estuviera pasando por Cuna.

–Pues cuidado con la avalancha, oiga.

El caso es que ha ocurrido como cuando bajaron el giraldillo una mañana de Feria, que nadie se dio cuenta porque estábamos todos como los apóstoles de la hermandad del tesorero: dormidos. A veces a esta ciudad le tocan cosas aparentemente esenciales, pero nadie se inmuta. Yen otras ocasiones se soliviantan los ánimos con polémicas estériles. Pacovélez, como todo el mundo lo llama, prescindió de los silleros que aún figuraban en el esquema de explotación de la carrera oficial. Sí, ahora es cuando de verdad la gestión está asumida al 100% por el Consejo de Hermandades. Hasta ahora se había ido ganando en autonomía, pero no era plena. Esta medida ha reportado a la institución 60.000 euros que pasan a ser repartidos en las dichosas subvenciones.

Y Pacovélez ha metido las tijeras también en los gastos internos de la institución, lo que ha supuesto 38.700 euros más para las hermandades. Se trata en total de 100.000 euros, una cantidad que, cuando fue leída por el tesorero en el pleno de Penitencia del pasado martes, pasó casi inadvertida para la mayoría de los hermanos mayores, más preocupados en que las corporaciones de vísperas no puedan meter la cuchara en el perol del dinero en las mismas condiciones que las que pasan por la Catedral.

Alguien sí se preguntó en su fuero interno: ¿pero en qué se gastaban el dinero en los mandatos anteriores para que el Consejo pueda funcionar a partir de ahora con casi 40.000 euros menos? En la institución no sueltan prenda por cuestiones de “elegancia”. Eso dicen. ¿Cuántas croquetas y pavías se pueden comprar con 40.000 euros? ¿Cuántos viajes al Vaticano se pueden pagar? ¿Cuántas comidas de despedida de los cargos institucionales con exquisitos platos de bacalao? Nada, Sainz de la Maza nos deja sin saber el antiguo destino del dinero. Alguien en el Consejo ha dicho estos días lo que dijo aquel director de Canal Sur en el Parlamento: “De papeles ando chungo”. Nadie quiere sacar un papel del pasado. Lo dicho: chungo.

El pleno del martes se celebró con esa plúmbea normalidad que marca este tipo de sesiones. La mayoría reconoció el “gran esfuerzo” del tesorero por recortar partidas propias para aumentar las subvenciones. Con los bolsillos llenos todo es más relajado. El ambiente sí se enrareció –como ya es costumbre– cuando tocó tratar las reivindicaciones de las diez hermandades de vísperas. Intervinieron los hermanos mayores de la Soledad de San Lorenzo, señor Pineda, y de la Vera-Cruz, señor Cristóbal, que se mostraron ya hartos por tener que tratar otra vez el mismo asunto y, por supuesto, contrarios a una subida de los importes. El ambiente generalizado era, como siempre, de rechazo a que las hermandades de vísperas ingresen en el club de las subvenciones de las que hacen estación a la Catedral.

Para seguir mareando la perdiz, que es lo de que se trata, el Consejo ha propuesto la constitución de una comisión que estudiará el asunto. En esta comisión se integrarán representantes de todos los días de la Semana Santa, incluido alguno de las propias hermandades de vísperas.

Al presidente, señor Sainz de la Maza, se le notó visiblemente molesto por la carta en la que las de vísperas solicitan el cumplimiento de la promesa de recibir un 7% de los ingresos de la carrera oficial. Y, por supuesto, sigue enojado por la publicación de la misiva en esta dominical Puerta de los Palos.
Los hermanos mayores de las vísperas salieron con una impresión bastante negativa. Son pesimistas. A todo esto hay que sumar que a la mayoría de ellas les ha sentado mal que La Milagrosa se haya precipitado al pedir su ingreso en la jornada del Domingo de Ramos. Por su cuenta y riesgo. El caso es que el grupo ha quedado fracturado de alguna forma, lo cual beneficia a un presidente molesto por cómo han encarado sus peticiones.

El caso es que entre el ruido de las vísperas y el silenciador que Pacovélez ha aplicado a sus importantes y beneficiosas reformas, pasó casi de puntillas el asunto de los 100.000 euros que el Consejo ha logrado rescatar entre la carrera oficial y los gastos internos. Pero nosotros seguimos insistiendo. ¿Cuántas papas aliñás cabían en el Prado de Sebastián?, se preguntaba El Pali. ¿Cuántas croquetas de jamón se hubieran podido comprar a lo largo del próximo curso con esos 38.700 euros de los que ya no dispondrá el Consejo para sus cosas? Oh, misterio.

Lo que parece un reto difícil es que las subvenciones vuelvan a subir en el segundo año de mandato. ¿De dónde más va a recortar Pacovélez? ¿Del boletín, tón? ¿De los gastos para enmarcar nuevos cuadritos, que la sede del Consejo parece Casa Ricardo? ¿De los taxis que ya no se utilizan? Dilecto Paco, que malamente ha acostumbrado usted a las hermandades en su primer año. En la jerga podemita se puede decir que este tesorero ha aplicado el ¡Sí, se puede!, ha acabado con la casta de los silleros, ha fulminado los gastos suntuarios (y otros) y ha aumentado los ingresos de la pobrísimas hermandades. El que quiera cerveza que se la pague en el Casablanca, que de allí no se puede salir con croquetas en los bolsillos. En el Consejo ya no dan… ni café.

Don Pedro Morales

El tratamiento de don estaba más que justificado. Por edad, por trayectoria, por humildad, por sencillez. Y por genialidad. Tendría marchas mejores que Esperanza Macarena, que doctores tiene la música, pero nos ha dejado para siempre una de las melodías que mejor recrea el entusiasmo y el fervor que generan el paso de la Virgen de la Esperanza por cualquier calle en la Madrugada. Oír Esperanza Macarena es estar viendo la Virgen. Arranca la marcha, con ese inicio inconfundible, y siempre hay alguien que apostilla:“Ésta es la de Morales”. Con su muerte se va un símbolo, un apellido ligado a la mejor música de la Semana Santa con la que han crecido varias generaciones de sevillanos antes del boom de ruidos, combinaciones estruendosas y sobreproducción low cost. Morales es ya un clásico, su trabajo forma parte de nuestra vida. Pocos pueden presumir de haberlo logrado.

Canal Sur

Ocurrió esta semana en la sede de la televisión pública andaluza. Salía del plató Mario Jiménez, portavoz del grupo parlamentario del PSOE, y entraba en una tertulia el popular Jaime Bretón. ¿Saben de que hablaron durante unos minutos? Sí, de cofradías. Ambos son hermanos del Silencio. Jiménez confesó que le gusta ver la cofradía por Cuna y que dejó de salir en 2008. Llegó a ser costalero.

Madrugada

El viernes pudieron leer en estas páginas las principales conclusiones y reflexiones del informe oficial de la Madrugada que ha elaborado el Ayuntamiento. En breve será entregado a la Policía. Se descarta organización previa en las cinco Madrugadas en las que se han vivido tumultos. No hay nada. No hay más.

El lagarto de la Catedral

“¿Recuerdas que te anuncié, inquieto Fiscal, que habría cambios en la planta alta de Palacio, en el círculo más próximo al arzobispo? No me equivoqué. Ya has visto que el secretario Borja Núñez tiene nuevo destino pastoral. Deja una buena imagen en la curia, muy buena”

Demasiado calor

El Fiscal | 25 de junio de 2017 a las 5:00

ALERTA NARANJA O AMARILLA POR CALOR EN TODA ANDALUCÍA, EXCEPTO EN EL LITORAL

Se mantiene como aserto que no hay cosa más peligrosa que un cofrade con las tardes libres o con el agosto por delante en la orilla de la playa. El aburrimiento mata moscas… con la manigueta trasera. ¿Pero qué ocurre con los cofrades en plena ola de calor y con riesgo de noches tropicales? No se ha escrito nunca de cómo afectan las olas de calor a los cofrades que de suyo tienen las tardes libres. ¿Constituyen un grupo de la denominada “población de riesgo” que haya que vigilar para prevenir males mayores? Las olas de calor son malísimas, los aspersores de los veladores son asquerosos, una porquería de agua pulverizada que ensucia las gafas y las alopecias, el tomate con sal se reblandece, el barro de los búcaros pierde sus propiedades refrescantes y la ensaladilla pisa la raya de picadores de la salmonela. Cuidado con las olas de calor porque nos quita lo mejorcito del verano, hasta obliga a recortar de forma repentina los recorridos de las procesiones eucarísticas. En plena ola de calor nos llega que la Milagrosa pide “formalmente” su ingreso en la nómina del Domingo de Ramos.
–Arrímame el pay-pay que me da un sopitipando, que me da…
–Dale, dale al pay-pay con más alegría que te están saliendo unas ronchas que ya vamos a estar en las urgencias del Virgen del Rocío.
Sevilla no tiene sombra, pero cuando aprietan las calores tantos días seguidos nos da por aumentar la nómina de la Semana Santa. Debe ser el estado del bienestar. La crisis ha terminado. Felipe decía que si la opinión pública se preocupaba de un viaje (mangazo) de Guerra en el mystere, era señal de que España iba bien. Pues Sevilla va bien, muy bien, porque el debate es si metemos a la Milagrosa, que lleva un can en el paso de misterio (guau), por delante de la Borriquita, que lleva borriquita y pollino. Y todo esto ocurre cuando los cuarenta grados aprietan más que un cinturón de esparto de dos tallas menos.
–Póngale un pañuelo para disimular las correas estiradas.
A las tardes libres y el agosto por delante añadan la ola de calor como factor desencadenante de la ingeniería febril de horarios e itinerarios. Sainz de la Maza va a tener que sacar la manguera de agua fresquita y regar los plenos y la asamblea que se le avecinan esta semana con más peligro que monseñor Lanzafame colocando belenes napolitanos.
Claro que sí. Metamos más cofradías. Metamos varias incluso en la Madrugada. Que no quede espacio para ni una carrerita. ¡Todo colmatado! ¡A este paso perdemos las tradicionales avalanchas!
–Puñetero pay-pay, qué poco fresquito da.
–Guau.

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El ministro con Su Majestad en la Costanilla

Aunque cada vez se use menos tan preciosa denominación, la Majestad en Sevilla es el Santísimo Sacramento. A Trifón le ocurrió un año que un incauto le preguntó por el exorno especial de su casa. El ilustre tabernero le explicó que era para honrar a Su Majestad. “¿Ha venido Letizia?”, preguntó la criatura viandante. Zoido estuvo con Su Majestad el domingo, en la procesión íntima y bella de su Hermandad de San Isidoro. Hizo sus fotos. Y soportó el calor.

Oído en El Taquilla

Dos cofrades y taurinos. Mediodía. Cerveza larga, casi vaticana:mitad blanca, mitad rubia. Uno destaca que Morante es del Baratillo, el otro que Pepe Luis Vázquez es de San Bernardo. Los dos coinciden en la buena labor que ha hecho José Antonio impulsando el retorno de Pepe Luis a los ruedos, gracias a lo cual ha vivido el triunfo de la tarde del Corpus de Granada. “Anda que si a Pepe Luis le llega a ir mal, le echan la culpa a Morante. Pero como le ha ido de dulce, a Pepe Luis ahora no lo felicitan todos esos que le decían que a Morante sólo le interesaba Pepe Luis para que le abriera cartel… Esta es la ciudad de la envidia, de la envidia cochina. ¿Tú sabes qué celebérrimo torero fue uno de los que telefoneaba a Pepe Luis para meterle cizaña contra su mentor? Ese, ese, el mismo. Y su mujer también… Menuda es”.

Luz Casal

Teatro de la Maestranza. Lunes por la tarde. Se anuncia concierto de Rapahel para clientes de una entidad bancaria. Como Raphael no puede asistir, lo hace Luz Casal, quien saluda al público: “No vengo a sustituir a Rapahel porque Rapahel es insustituible”. Acto seguido, la cantante habla de Sevilla y se refiere al lugar donde se inspiró para titular su último album: “paseando por la ciudad entré en el Salvador, vi una imagen de Martínez Montañés y no lo dudé, mi disco se llamaría La Pasión”.

¿Quién sabe dónde?

Como Paco Lobatón en sus buenos tiempos, hay quien se pregunta dónde está el segundo obispo auxiliar. Se le sigue esperando. Recuérdese que su petición está confirmada oficialmente. Pero nada se sabe aún. ¿Llegará con ocasión de los cambios que se avecinan?

El lagarto de la Catedral

“Se avecinan cambios en la curia, mi querido e inquieto Fiscal. Puede que afecten incluso al círculo íntimo de la planta alta. Los canónigos, entre ellos, refieren una bomba, no sé si acertarán. Te digo lo que oigo desde mi atalaya, donde estoy la mar de fresquito estos días…”

Las vísperas exigen el 7% de los ingresos

El Fiscal | 18 de junio de 2017 a las 5:00

Carta fiscal

UN año de mandato cumple mi dilecto presidente al frente de la institución. Un año donde se ha tragado las avalanchas de la Madrugada, no ha tenido enfrentamientos con la autoridad eclesiástica y ha hecho lo que tiene que hacer un presidente: mandar. Pero estos días le ha llegado una carta con la heráldica de las diez hermandades de vísperas en las que piden dinero, más dinero. ¿Recuerdan que el domingo pasado les avanzamos el asunto? Pues junto a estas líneas tienen la misiva en la que exigen “el 7% sobre el monto”. Por si hay dudas, dejan claro que hay que asegurar siempre unas subvenciones mínimas de 15.000 euros para las hermandades que sacan dos pasos y de 11.000 para las que sólo sacan uno. ¡El toro está en la plaza, don Joaquín! Los firmantes aseguran que su reivindicación es una promesa del hoy presidente. “Hasta la fecha no se ha hecho nada, ya que carecemos de información y se nos ha dado la callada por respuesta”. Basan su exigencia en el artículo séptimo de los vigentes estatutos: “Todas las hermandades y cofradías integradas en el Consejo tienen los mismos derechos y obligaciones”. La historia no es la misma, la historia se repite, podrán concluir algunos veteranos lectores. Todos quieren meter la cuchara en el perol de la carrera oficial, principal fuente de ingresos de la institución. Y hay quienes defienden que quienes no pasan por la Catedral (meta volante) no tienen derecho a estos ingresos (avituallamiento).

Las cofradías de vísperas expresan su “más profunda decepción y preocupación” por no tener información sobre el qué hay de lo mío. Expresarse en esos términos parece un pelín exagerado. Pedir entrar en el sistema de subvenciones resulta de lo más lógico. Don Joaquín tendrá que gestionar, que de eso sabe. Este verano ya tiene tareas: arreglar la Madrugada y las subvenciones a las hermandades de vísperas, que quieren cobrarse su apoyo electoral. Ay, qué disgustos le dan al tesorero, con lo feliz que estaba por los resultados de la explotación directa de la carrera oficial (¡menudo cabreo tienen los antiguos silleros!) y ahora llega esta carta que pretende cortar la tarta de los ingresos en más… diócesis.

Ni la sobreabundancia en el Corpus ni las avalanchas, aquí los profundos malestares son por la pasta. ¿Están verdaderamente de acuerdo las diez en lo que han firmado? ¿O habrá pronto algún abandono? Huuum.

 

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¡Qué bien se mudan los pasos en junio!

Qué bien se mueven los pasos andando sobre los pies. Fue la frase memorable del pregón de Garrido Bustamante. Algunos la recordaron la otra noche, cuando el traslado del paso del Cristo de San Bernardo tras haber sido utilizado en la procesión del Cristo de Montañés del Santo Ángel. Qué bien se mudan los pasos en el calor de julio. Los candelabros son tan altos que parecen imágenes secundarias protegidas por sábanas. Un instante agradable.

 

No son formas
La denuncia de los excesos en las representaciones de la procesión del Corpus están muy bien, muy oportunas y muy razonadas. Conviene también abrir el debate de la calidad. ¿Sabe el personal a qué se va cuando se integra en el cortejo? Se ven comportamientos inadecuados tanto en el cofraderío como en las autoridades. El alcalde iba sencillamente de paseo, parándose en los altares, comentando la estética y las novedades, como el que va en la noche de vísperas. Se paraba el alcalde y también lo hacían el delegado de Fiestas Mayores y el líder de la oposición. Y, mientras, el cortejo avanzaba.

Otros alcaldes
Quienes mejor han vestido el cargo en las procesión solemnes han sido Alejandro Rojas-Marcos y Soledad Becerril. Lo de Zoido fue un festolín en 2011 tras la victoria electoral aplastante que ya, aunque se fue rebajando bastante, no paró en los años siguientes. Y Espadas este año ha ido excesivamente suelto. Cuando se acompaña al Santísimo –o se representa a la ciudad en una procesión presidida por el Santísimo– conviene guardar una compostura mínima. Ni el hieratismo, ni el pasotismo. Los saludos, abrazos efusivos, charletas y otros cumplimenteos están fuera de lugar. Todo lo más, una leve cabezada.

El pertiguero
Primer golpe. Elegancia. La Hermandad del Baratillo ha agradecido por escrito a Joaquín Moeckel su mediación para que la Real Maestranza haya ayudado en la restauración del retablo mayor. Segundo golpe. Una mijita raros los floreros de cerámica del paso de Santa Justa y Rufina. Tercer golpe. Algunos (y algunas) que portaban un cirio iba más propios para la botellona. Y ciriales arriba. Las chanclas están al caer en el cortejo del Jueves de Corpus.

El lagarto de la Catedral

“¿Qué canónigo accedió el Jueves de Corpus, con prisas y formas bruscas, al ‘locum’ de la Parroquia del Sagrario, situado en la remozada planta sótano, dejando claro que él estaba por delante en la cola de espera? Los testigos se quedaron literalmente pasmados”

 

La guardia del Señor

El Fiscal | 11 de junio de 2017 a las 5:00

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LA Madrugada vivió años difíciles en la Transición, cuando algunos confundieron ciertos valores y la convivencia urbana se tensionó. No hubo algaradas, es cierto, pero la calle Arfe, por ejemplo, era un punto conflictivo por la presencia de los entonces conocidos como punkies. Las crónicas describen los cristales rotos que se esparcían por algunos energúmenos al paso de los nazarenos del Gran Poder en el recorrido de regreso. Y el griterío habitual en los callejones. El Arenal era un lugar que muchos cofrades evitaban para ver al Señor. En el Ayuntamiento de entonces se lió a cuenta del uso de los chaqués en los palcos oficiales. Unos querían, otros no. Estaba todo marcado por los nervios propios del cambio de régimen político. En la Semana Santa aún se veían penitentes con grilletes y, por supuesto, muchos puestos de venta ambulante donde se despachaban salchichas olorosas y latas de refresco a las que luego se daban innumerables patadas para meter ruido a la noche más hermosa de la ciudad.

Rafael Duque del Castillo, entonces oficial de la junta de gobierno del Gran Poder, tuvo la idea de proteger la cabeza del cortejo, blindarla de alguna manera, consciente de que los primeros tramos son los que sufren mayor riesgo al asumir la función de abrir paso. Reclutó entonces a los hermanos Lacave, caracterizados, entre otras virtudes, por ser fuertes y corpulentos. Se dijo entonces que entre los primeros Lacave sumaban 300 kilos de peso y una altura de 5,64 metros. Entre sus primeras funciones estaba la de facilitar la llegada de la cruz de guía a la Campana, pues el gamberrismo amenazaba el paso de la cofradía por la Plaza del Duque. Si se fijan, los puntos negros de hace varias décadas siguen siendo hoy los mismos. Aquella hermandad se inventó su propia guardia suiza, que tenía un efecto eminentemente disuasorio, como no podía ser de otra manera. Y así sigue siendo hasta hoy. El apellido lleva treinta años dando nombre a los escoltas de la cruz de guía del Gran Poder y de algunas otras cofradías que lo han hecho suyo: se sale de Lacave cuando se escolta la cruz de guía. Ellos son la primera guardia del Señor. Ellos lo fueron cuando los policías nacionales no vestían de azul ni existía el Cecop.

Cuando hemos leído que faltaron policías en la cabeza de cortejo del Gran Poder, nos hemos acordado rápidamente de los Lacave, los primeros guardias del Señor. La gigantesca silueta de un Lacave con el palo en la mano bastaba entonces para que algunos se dejaran de bromas. Tenía el efecto de quien conduce a más de 120 kilómetros, otea un tricornio y levanta el pie del acelerador de inmediato.

A aquellos problemas se le dieron nuevas soluciones con los hermanos Lacave. Después, con el paso de los años, vino el polémico paso por la Plaza de la Gavidia, por la que el Gran Poder quiso seguir pasando a pesar de que otras hermandades evitaron una plaza marcada por la movida nocturna de principios de los años noventa. Y a partir de 2000 comenzó la amenaza de los tumultos. Los tiempos recientes demuestran que las amenazas siempre han existido. No hay Madrugada sin puntos negros, no hay historia sin conflictos. Hubo un comisario de Policía Nacional, Antonio Bertomeu, que hasta planteó la creación de un cuerpo de voluntarios para su actuación especial en la Madrugada, una iniciativa que no prosperó.

Quede claro que el Señor tiene su guardia propia en la cabeza del cortejo. Yo ponía a los Lacave todo el año a patrullar por la ciudad. A esta ciudad le hacen falta muchos Lacave con sus cirios apagaos de color tiniebla. Que se llaman palos. De palermo.

 

Dinero, dinero
El viejo cofrade recordó hace unos días que la oposición de algunos hermanos mayores al ingreso de la Resurrección en la nómina de Semana Santa no era por razones litúrgicas: “Era simplemente por dinero, porque había que repartir la tarta de las subvenciones entre una más. Cabíamos entonces a menos. A nadie le molestaban los horarios ni los itinerarios de esta cofradía, que ya se sabía que saldría el domingo, sin alterar en nada a las del sábado. Lo que algunos hicieron entonces fue lo que hoy llamaríamos postureo”.

El momento actual
Con cuatro cofradías en la cola, a la espera de negociar sus incorporaciones, muchos ya han levantado la ceja como entonces. Si la Corona, la Milagrosa, la Misión y Pino Montano entran en la Catedral, son cuatro más para el reparto de la tarta económica, amén de las estrecheces horarias y los cruces de camino que habrán de estudiar los ingenieros, que hay ingenieros expertos en la materia que se han preparado a fondo en Harvard. Las cuatro cofradías citadas quieren cobrar como las que pasan por la carrera oficial, una visión que reduce la Catedral a meta volante con derecho a avituallamiento (económico). Tan es así que quieren cobrar ya como las demás, que es lo que dicen les prometió el equipo actual de gobierno en el Consejo, donde piden tiempo para hacer las cosas a la velocidad adecuada.

El pertiguero
Primer golpe. Oído esta semana: “Yo creo que alguna novedad nos vamos a encontrar aún en la investigación, te aseguro que estamos trabajando a fondo en el asunto. Ypara el próximo año deberían hacer un presupuesto de gasto en cámaras de seguridad. Eso seguro”. Segundo golpe. Atrioscopia. La cosa se va animando (o calentando) junto al Arco. Los nombres de las incorporaciones a las candidaturas de Santiago Álvarez y José Antonio Fernández Cabrero se van filtrando poco a poco. Hay quien apuntaba en la aldea del Rocío a la posibilidad de que, al final, sólo concurriera una lista, pero parece una opción con muy poca fuerza. Tercer golpe. Glorias. ¿Una magna procesión por los 90 años de aquel congreso mariano hispanoamericano? Y ciriales arriba. Aquello se llamó “cabalgata”. Eran otros tiempos.

El lagarto de la Catedral

“Hemos vivido una semana de luto en la Iglesia de Sevilla por el fallecimiento del sacerdote Cristóbal Jiménez Sánchez. En la curia muchos ni lo saben, pero este reverendo fue fundador de la Hermandad de la Sed, donde era tenido como una figura respetable, un faro y guía de la cofradía”

La fuerza de la inocencia

El Fiscal | 4 de junio de 2017 a las 5:00

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LA verdad está en los niños, en sus rostros indisimulados, carentes de hipocresías, exentos de cinismos de laboratorio. Los niños dicen la verdad desnuda, que es la mejor verdad. Hay niños del Silencio que salen a cara descubierta, que es lo más difícil. No hay antifaz que cubra el rostro de sueño, ni que permita la relajación de un bostezo por Francos, ni un movimiento para aliviar el cuello por Cuna, ni por supuesto un esparto ceñido que ayude a mantener la verticalidad cuando el sueño busca las tablas por la Plaza del Duque. Son niños expuestos a las miradas, al juicio de los que acuden al encuentro del Dulce Nazareno y de los ojos almendrados de la Concepción. Estos niños del Silencio están más obligados que nadie a mantener la compostura. Están sencillamente expuestos. No se pueden quejar de la cera caliente que se derrama por sus manos, tienen que llevar los cirios erguidos, sin caer en la tentación de usarlos como báculos ni de portarlos con la fea inclinación de una caña de pescar. He visto ya hasta tres veces cómo son arrollados estos niños del Silencio que forman tras el paso de palio acompañando al preste:en los años 2000, 2015 y 2017. Son los niños del cortejo litúrgico del Silencio, algunos tienen sólo diez años y asumen libre y voluntariamente pasar la noche en vela detrás de la Virgen de la Concepción, soportando en ocasiones la mala educación de quienes no viven la Madrugada sino vivaquean la noche, aguantando en silencio preguntas o comentarios impertinentes y recibiendo también el cariño discreto, casi imperceptible, de algunos familiares: una fotografía desde un palco, algún guiño al pasar por el Aero de la Avenida, sonrisas cómplices para aliviar los metros finales de la estación de penitencia. Los niños del Silencio, estos niños del cortejo litúrgico, estaban adiestrados en caso de avalancha, pero tuvieron la mala suerte de que la primera les sorprendió en la Plaza del Salvador, sin pared en la que cobijarse.

Hace unos días que han aparecido los dibujos realizados por uno de estos niños que sufrió los tumultos. Se titulan Cómic de la Madrugada de Semana Santa. El pequeño autor describe su salida en condiciones de “normalidad”, precisa que fueron dos las avalanchas sufridas, cuenta que había una “montón de cosas rotas” por el suelo y sobre todo y por encima de todo, deja un mensaje que es toda una proclama de esperanza en futuras Semana Santa sin incidentes: “Al final todo acabó bien”.
Estos niños del Silencio, los últimos de la cofradía, los que cierran la comitiva más fugaz de la Semana Santa, rápida en su caminar y lenta al pasar las páginas de la Historia, merecen todos los esfuerzos posibles para que nunca vuelva a ocurrir lo que sucedió la pasada Madrugada. Por ellos –porque a ellos hay que legarles la Madrugada sin sobresaltos que a nosotros nos fue transmitida– hay que hacer lo imposible para que las cofradías no sean expuestas al riesgo. Los niños del Silencio, los monaguillos del Gran Poder, los pajes del Calvario, los innumerables nazarenos jóvenes de la Macarena, la Esperanza de Triana y Los Gitanos. La Semana Santa no puede prescindir de ninguno. Sería una derrota. Pudieron romperse cirios y cruces. Pudieron volar los canastos y quedar algún antifaz prendido de una reja a la espera de dueño, pero nunca podrá quedar la rota la ilusión infantil por la noche más hermosa de la ciudad.

Lo dijo alto y claro Jaime Rodríguez Sacristán, catedrático de Psiquiatría: los niños no pueden cogerle miedo a la Madrugada. Frente al miedo hay que contraponer la devoción, la historia y la tradición. Nada como hablar, escribir o dibujar para expulsar el demonio del pánico. Nadie puede derribar más de siete siglos de historia con una algarada. Porque al final –siempre– todo acaba bien. Lo dice uno de los niños del Silencio, uno de los que mira al frente en clara expresión de futuro, uno de los que aprende a ser nazareno sin túnica: el reto más difícil, el objetivo más hermoso.

 

Sev.

 

El proceso está en marcha

Las conversaciones para ampliar la nómina de la Semana Santa han comenzado. Las cuatro hermandades interesadas ya se han reunido en el Consejo con la cúpula de la institución. La Misión, la Corona, la Milagrosa y Pino Montano son las cuatro hermandades que tienen solicitado su ingreso desde los tiempos de Adolfo Arenas en la presidencia del Consejo. Sainz de la Maza se ha comprometido a tramitar las solicitudes. Prosperarán o no, pero lo que no quiere es que se pasen más años metidas en un cajón. El primer acuerdo que se ha tomado es que los delegados de penitencia trabajen, tomen el pulso a sus días, evalúen las opciones de horarios e itinerarios y, después, ya se verá. Los estatutos son claros en esta materia: se precisan dos terceras partes de las hermandades de cada jornada para permitir el ingreso de una nueva. En el Consejo aseguran que mantendrán una especie de neutralidad activa. Sin más.