Redención

El Fiscal | 17 de febrero de 2018 a las 5:00

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NO hay mejor forma de honrar la memoria de un gran sacerdote que la de instituir una beca de estudios con su nombre en el Seminario. Así lo sigue haciendo la Redención, que ahora preside Manuel del Cuvillo como hermano mayor. La hermandad homenajea así al inolvidable Eugenio Hernández Bastos (1903-1999), el cura de Hervás que revitalizó la cofradía de la calle Santiago, que salía en la presidencia del paso de la Virgen del Rocío con sotana y fajín y que siempre que hacía falta ponía templanza, mesura y criterio en la cofradía. Don Eugenio supo entender la Semana Santa y sus cofradías como pocos presbíteros. La hermandad es hoy el fruto de sus desvelos y del grupo de reconocidos cofrades que tuvo como colaboradores. Bien está esa beca que permite la forja de un nuevo cura y que estimula que las nuevas generaciones se interesen por la figura de don Eugenio.

Cuaresma fría

El Fiscal | 16 de febrero de 2018 a las 5:00

SE ha impuesto. El anuario ha ganado la batalla al boletín como la domiciliación bancaria se la ganó al cobrador. Un sólo número al año, con mayor número de páginas, a todo color y elaborado con mucho más esmero (exclúyanse en algunos casos la ortografía y la gramática). Todas las hermandades tienden al anuario, que se recoge en la casa de hermandad para suprimir los gastos de envío. Una carta, la última carta, anuncia un buen día que se acabaron la correspondencia postal, los boletines y las hojas informativas. Y se terminaron. La hermandad pasa a ser vivida a través de la pantalla del teléfono, inteligente dicen. ¿Cuántos hermanos pasan de verdad por las dependencias de la cofradía a recoger el anuario? Un porcentaje escaso. A ver si estamos consolidando un modelo de cuaresma fría. Como las relaciones sociales. Virtuales. Impostadas. Gélidas.

Drama

El Fiscal | 15 de febrero de 2018 a las 5:00

SILLAS EN SIERPES FOTO RUESGA BONO

EN el rostro del consejero se percibía una sensación de angustia. Su gesto parecía el del familiar de un paciente en la sala de espera de la UCI. La vida se le iba. Cuánto desgarro interior se intuía en aquel señor tan serio. “A ver cómo se lo explicamos a los abonados que pierden la silla en Sierpes”. Un drama en toda regla, oiga. Ya lo dijo un gerente que tuvo en tiempos el Consejo de Cofradías: “El personal tiene una silla y se cree que tiene un cortijo”. La lista de caídos este año afecta a 227 usuarios. Caídos por la gracia de los planes de seguridad, que quieren que tengamos más espacio para correr. Y a punto estuvieron de empezar a correr algunos consejeros tras las explicaciones a los afectados. ¿Afectados? Con lo malamente que se ven las cofradías en la calle Sierpes. Para eso mejor poner la televisión con el sonido apagado. Las homilías son para el domingo, oiga.

Interior

El Fiscal | 14 de febrero de 2018 a las 5:00

PROCESIONES MARTES SANTO EN SEVILLA

NO es el Ministerio que lidera un nazareno de San Isidoro, sino el espacio donde mejor se vive la cuaresma y la Semana Santa. La ventaja del paso de los años es que cada vez te sobran más cosas, necesitas menos, prescindes hasta del programa de mano doblado en el bolsillo de la chaqueta. De la cuaresma, dos cosas. De la Semana Santa, acaso cuatro. Y en ese hermoso interior, una selección de ritos personales e intransferibles. El problema deben tenerlo quienes necesitan alimentar ese mundo exterior. ¡Pobres! La de procesiones extraordinarias y pregones que se han de tragar. En ocasiones veo atriles.

Así nació la Corona

El Fiscal | 11 de febrero de 2018 a las 5:00

Corona

AHORA que está a punto de arrancar la cuaresma que nos conducirá a una Semana Santa marcada por la seguridad. Ahora que estamos a punto de estrenar esas tardes en que nos fijaremos en el precio de la torrija, en la pancarta que anuncia capirotes en San Esteban y en la agenda de actos y cultos. Ahora que la sofisticación ahoga la naturalidad y la pantalla del teléfono inteligente sustituye la tertulia. Ahora, justo ahora, es cuando quizás conviene recordar cómo nació una hermandad en aquellos años noventa en que ni había internet ni correo electrónico. En la Parroquia del Sagrario se afanaban un cura comoDios manda, el recientemente fallecido José Gutiérrez Mora, y un grupo de jóvenes animosos. El fax era de papel térmico y la máquina de escribir era la única muestra de máxima tecnología que Juan, el oficinista de la parroquia, utilizaba para la expedición de certificados de matrimonio y volantes de bautismo. Don José estaba en su plenitud vital y pastoral como número tres (pro-vicario general) del arzobispo Amigo. Todavía quedaban muchos años para que fuera cardenal.  Gutiérrez Mora quería que el Sagrario fuera de verdad una parroquia y no un templo anexo o auxiliar de la Catedral, del que salieron bancos para la boda de la Infanta Elena. El bar  Gonzalo era el santuario  de los desayunos antes de ser tomado por los turistas. El Patio de los Naranjos no tenía  máquinas de agua mineral que ocultaran muros del templo catedralicio. En la cripta había huesos de cardenales antiguos. Y don Juan Castro Nocera  deambulaba feliz por su Archicofradía Sacramental en permanente organización y perfeccionamiento del Corpus. Paco Navarro organizaba la Catedral. Fernando Ysorna pastoreaba las hermandades. Antonio Ríos presidía el Consejo. Alberto Jiménez Becerril era el concejal de Hacienda… Y un grupo de jóvenes de Arenal frecuentaban la parroquia para recibir la catequesis de confirmación. Para afianzar su presencia, el párroco les ofreció dar culto a la imagen de un Cristo olvidado en una de las Capillas laterales. Estaba en mal estado pero tenía un halo de nobleza quizás venida menos… Desde su presencia en la Magna Hispalensis de 1992 había despertado interés. Los  jóvenes empezaron a reunirse tras las misa  de doce de los domingos. Llamaron a sus amigos. Fueron sumando apoyos. Como suele pasar en la cadencia de la vida, hubo hasta primeros amores.  Se consiguieron unas andas y surgió el diamante en bruto de un vía crucis por el Patio de los Naranjos en plena Cuaresma. La  fotografía que ilustra este artículo  corresponde al término de un culto dominical. Poco a poco parecía que los niños de  la Corona se hacían un hueco en el mundillo cofradiero en aquella mitad de los años noventa , sin pretensiones y generando cierta simpatía.… Don José les dejaba hacer y el arzobispo, ya se sabe, tenía las puertas abiertas a nuevas iniciativas. Fueron haciendo camino al andar. Juan Garrido Mesa ayudó a redactar las primeras reglas. Así nació la Corona. Sirvan estas líneas de homenaje al párroco que animó a aquellos jóvenes. Bien haría la cofradía en honrar la memoria de Gutiérrez Mora con algún memorial anual, una beca en el seminario o una iniciativa similar.

Otto

Casi 300 años de fidelidad baratillera

La Semana Santa es la familia. Las hermandades son apellidos, sagas, personas en el sentido más romántico y hermoso. El Baratillo es don Otto Moeckel, que el otro día cumplió 89 años. Número 3 de la cofradía de su vida, en la que fue inscrito a los ocho años. En la imagen aparece con sus hijos Enrique, Emilio, Otto y Joaquín, todos ellos con 50 o más años de antigüedad en la hermandad. Enrique, por cierto, celebrará sus bodas de oro baratilleras el próximo domingo. Sumen los años de fidelidad a una corporación que hay en la fotografía: casi 300.

Capilla del Baratillo Meditación de Alberto García Reyes ante el Cristo  Va del día en el Fiscal

La ofrenda de la palabra

La Capilla de la Piedad tiene las dimensiones perfectas para la meditación, para ese ambiente de recogimiento que se remata con ese olor a Baratillo que asciende hasta la cúpula y embriaga el gozo. Anoche olió a Baratillo, a perfume caro,  en estos días previos a la liturgia de la ceniza. Alberto García Reyes dejó a los pies del Cristo de la Misericordia la ofrenda de su sentimiento, la belleza de su oratoria. Cera azul, Virgen niña, la noche de febrero marceaba ya en el corazón del Arenal mientras el periodista rezaba en público con las oraciones cultivadas en la huerta de su palabra.

 

Los 25 años de Zoido en la Costanilla

El Fiscal | 4 de febrero de 2018 a las 5:00

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La letra pequeña de los boletines encierra a veces los secretos más hermosos de la vida interior de una cofradía. Por esa letra de tamaño mínimo nos enteramos de que Juan Ignacio Zoido Álvarez, ministro del Interior, recibe este año el homenaje de San Isidoro por sus 25 años de fidelidad a la cofradía. El hoy ministro del Interior ingresó en la cofradía de la Costanilla al mismo tiempo que dos de sus hijos. Llegó hasta ella por influencia de varios amigos: el notario Jose Manuel Montes Romero-Camacho, oriundo de Fregenal y compañero de promoción en la Facultad de Derecho; Fernando López Carrasco, David Moreno, el inolvidable Daniel Jimenez Quirós, Antonio Feria, etcétera. También influyeron unos primos hermanos de su madre que vivían en la collación y que siempre le hablaban del último ruan de la Semana Santa: San Isidoro, la cofradía que entonces tenía a Pedro Peinado como hermano mayor y a su primo hermano José Luis como director espiritual. La comunión general de la solemne novena celebrada en honor del Señor de las Tres Caídas de aquel 1993 se celebró el 14 de febrero. A los participantes se les repartió una estampa con la oración al Cristo. San Isidoro –cofradía que hay que ver varias veces en la tarde del Viernes Santo y siempre parecen pocas– es la hermandad que, curiosamente, reúne a magistrados, notarios, jueces, abogados, y fiscales. Fue inscrita en el Registro de Entidades Religiosas siendo Zoido el director de Relaciones con la Justicia. Estas bodas de plata generan en el ministro los mejores recuerdos. Seguro.

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La mejor versión de la Semana Santa

No podremos dejar a nuestros hijos una Madrugada mejor de la que recibimos, una Semana Santa más hermosa de la que nos fue legada, pero sí podremos regalarles las películas que Carlos Colón y Carlos Valera han hecho sobre la Macarena, el Gran Poder, el Silencio, el Calvario… Ambos enseñan una Semana Santa literalmente de cine a quienes quieran mirarla sin prejuicios, limpios de corazón y con verdadero interés por captar las claves de una fiesta que –nunca nos cansaremos de repetirlo– tiene sus cimientos en la fe, la memoria que honra a quienes nos precedieron y el sentimiento. La última producción, Amargura, es un trabajo exquisito que aborda la historia de la cofradía de San Juan de la Palma y, lo que es más importante, explica cuál es su significado (profundo) en el contexto de hoy, marcado por las visiones triviales, superficiales y tan osadas que son capaces de celebrar una Semana Santa sin Dios. Al ver Amargura podrán disfrutar de imágenes en sepia del barrio de la Feria, de planos inéditos de la cofradía en la calle, de  las imágenes de los nazarenos camino del templo (no hay pregón más hermoso que esas blancas figuras acercándose a San Juan de la Palma) y, sobre todo, de  unas secuencias de verdadero impacto que exhiben el momento en que son descubiertas las figuras secundarias del paso de misterio. Esta película, como las anteriores, es una nueva muestra de amor a la Semana Santa, un servicio que se presta a la fiesta más hermosa de la ciudad que nunca se agradecerá lo suficiente. En tiempos de confusión, de polémicas estériles, de un frikismo galopante, de advenedizos desembarcados en todas las parcelas y de avalanchas callejeras que tienen amenazada la Madrugada, esta película nos reencuentra con la mejor versión de la Semana Santa. Una delicia, una exquisitez, una invitación a la reflexión, una lección sobre la importancia de una cofradía en una sociedad sin valores.

ROGELIO GOMEZ.

Los 75 años de la tienda de Trifón

¿Nadie se va a acordar de tener un detalle por los 75 años de apertura de la tienda de Trifón? Esta ciudad tan dada a las efemérides ha dejado escapar una de las buenas. ¿Cuántos establecimientos hay más antiguos que La Flor de Toranzo en la Plaza Nueva y sus alrededores? La taberna de Trifón tiene más solera que muchas cofradías. Y su dueño, el muy baratillero Rogelio, no ha dicho esta boca es mía, ni ha sacado un cartel, ni ha exhibido más veladores de la cuenta como señal de poder. Trifón es historia del centro de la ciudad. Y es estilo propio. En tiempos en que los negocios son de quita y pon y, por supuesto, carecen de valor añadido al funcionar con el régimen de las franquicias, esta taberna bien merece un gesto, ¿no Juan Espadas? Quede dicho aquí y ahora. Usted tiene la palabra, don Juan. Otros, con mucho menos, tienen hasta una… ¡Pararse ahí!

 

¿Todos asegurados?
Atención, pregunta. ¿Cabe la posibilidad de que una cofradía contrate un seguro de responsabilidad civil para tener protegidos a todos los miembros de su cortejo en caso de avalanchas o cualquier otro tipo de suceso callejero? Huuuuum… Existe ya el seguro específico para los costaleros. Otra pregunta. ¿Veremos papeletas de sitio en las que se advierta de la posibilidad de incidentes durante la estación de penitencia y no los tradicionales avisos sobre el color de los calcentines, el tipo de hebilla o la obligación de ir mirando al frente? Huuuum… Al tiempo. José Antonio Fernández Cabrero, por cierto, es un experto en seguros.

La Redención
El viernes se celebra la VII Gala Cultural Olivo de Plata, dedicada a Andex, la asociación de niños con cáncer. El Olivo de Plata será este año para el doctor José Pérez Bernal. La cita es en la Sala Joaquín Turina a las 20:30 horas.

Los viernes de Asenjo
Parece que el arzobispo se ha abonado a dar buenas nuevas los viernes por la tarde. Hace poco anunció la coronación pontificia de la Virgen de los Ángeles, de Los Negritos, y antes de ayer la procesión de gloria de la Virgen de los Dolores, del Cerro del Águila. Si a esto se suma el impulso episcopal a una nueva salida extraordinaria del Gran Poder en 2020, podemos afirmar que se consolida un ciclo en el que el prelado se siente no sólo cada vez más seguro en el mundillo cofradiero, sino que usa las cofradías como instrumentos válidos contra la helada espiritual que marca la sociedad actual.

El riesgo
El único problema de tantas salidas extraordinarias, sean por un motivo o por otro, es que el contexto actual no es el de hace 30 años. Estamos saturados. Y la propia autoridad eclesiástica así lo ha hecho ver alguna vez.

El lagarto de la Catedral

“Mi querido e inquieto Fiscal, tengo que enseñarte las fotografías de don José Gutiérrez Mora rodeado de jóvenes en la Parroquia del Sagrario en los años noventa. Algunos de aquellos son hoy miembros de junta de gobierno de la Corona. Vente, te las enseño y te cuenta la historia al detalle”

Los nuevos hábitos del costal

El Fiscal | 28 de enero de 2018 a las 5:00

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LA generación Apple se ciñe el costal. Cuando salen del paso no se meten en el Rinconcillo a trabajar la cerveza, no buscan el cigarro, ni el postureo de ir con la novia con la ropa metida en los ojos. No exhiben músculos, tatuajes, ni ese aspecto patibulario tan propio de algunos seres de las trabajaderas. Estos nuevos niños del costal aprovechan el descanso del relevo para pegarse a la pantalla. Del pavía al ordenador portátil. De los hombres del muelle retratados por Martín Cartaya a los mozos empantallados captados por Javier Mejía. Nada de los nuevos hábitos sociales es ajeno al mundo del costal. En su día desembarcaron los nutricionistas aconsejando planes especiales de alimentación antes, durante y después de meterse debajo del palo, después llegaron los fisioterapeutas con sus recomendaciones para calentar los músculos, los neurocirujanos con sus consejos para cuidar la columna, el Ayuntamiento con el centro de atención al costalero con su plantilla de masajistas, y hasta algunos aficionados al diseño que introdujeron las modas en la ropa, con costales de distintos materiales y, por supuesto, tuneados: costales con sacos de Correos, costales con sábanas del SAS, costales personalizados, costales con el dibujo de los sagrados titulares, etcétera.
El mundo del costal es, quizás, el que más cambios ha experimentado (sufrido) en los últimos tiempos. Cada vez quedan menos ensayos nocturnos para evitar el horario de inseguridad y permitir, también, que esos capataces que acumulan más cofradías que cargos la Cospedal puedan dar cabida en sus agendas a todas las igualás y puedan acudir frescos a sus trabajos. Porque habitualmente la gente trabaja para ganarse la vida, aunque haya quienes se pasen el día en la cofradía y nadie sepa cómo se las apañan para cazar el mamut de cada día.

Estos niños saben poco de polémicas de capataces, de mangazos del martillo y de igualar los cuellos. Su mundo está en una pantalla. Se crían en una sociedad donde la red social sustituye a la casa de hermandad y el servicio de mensajería del teléfono móvil a la tertulia. No han conocido otra Madrugada que la que está amenazada, no han conocido una Semana Santa sin cofradías de vísperas, no han conocido un Pregón sin el despelleje del orador publicitado al instante y, por supuesto, sin las votaciones de su designación desveladas al detalle como un ritual de año en año.

Alguien tendrá que enseñarles que la Semana Santa no cabe en el ordenador, sino en la calle Cuna al paso de la Amargura. Que los nuevos hábitos no pueden generar una Semana Santa fría, una fiesta que ya de por sí anda últimamente muy sofisticada y también cosificada. Alguien deberá explicarles que hubo un tiempo en que todas las hermandades tenían un cobrador que hacía de enlace entre el hermano y la cofradías, aunque fuera sólo por unos minutos al año. Que los costaleros antes cobraban por sacar los pasos, acababan la Semana Santa deslomados, eran tipos sufridos, de rostros duros y de una vida en muchos casos marcada por el sacrificio. Alguien tendrá que enseñarles a presenciar una cofradía sin levantar el teléfono móvil, a mirar cómo envejecen los ojos y las manos de los nazarenos según se acerca el paso, a contemplar cómo el público mira la cara de la Virgen (nada mejor que mirar a los que la miran), cómo el de la bocina se vuelve para participar el gozo, cómo el naveta aprovecha la parada para recargar el incienso, cómo el tío de la caña hace su labor, cómo el contraguía llama al del cántaro del agua, cómo el fiscal repasa el horario, cómo el cirial se lleva la mano a los riñones, cómo desde un balcón se arranca el saetero y cómo hay un pequeñajo que aprovecha la apertura del faldón para colar su mirada por ese mundo oculto de abajo que siempre fascina a los niños. No hay una sola aplicación que enseñe la verdadera Semana Santa, ni tampoco que permita comprar la fe, el sentimiento y la memoria que hacen posible vivirla en plenitud.

Proteger a los menores
Muy interesante la iniciativa de la Macarena de crear un tramo de menores de 15 años para potenciar su seguridad. Ya era hora de que alguien pensara en los más vulnerables en el período de mayor crisis de la Madrugada desde los tiempos de la Segunda República. Y es muy importante que la Macarena sea la primera en hacerlo. Crea escuela.

Orfebrería Delgado
Menudo pelotazo han dado los miembros del mejor taller de orfebrería que hay ahora mismo en Sevilla: Ángel, Pepe y Francisco Javier Delgado. Han recibido el encargo de la nueva corona de la Virgen del Rocío, patrona de Almonte, que estrenará con motivo del centenario de la coronación canónica que se celebrará en 2019. ¡Qué felices estaban los hermanos Delgado! Aquellos hermanos que pusieron tanto cariño en la orfebrería del paso de palio de la Virgen de la Aurora hace más de 25 años –la obra con la que entraron en Sevilla– han conseguido un encargo de la máxima altura.

El pertiguero
Primer golpe. Imparable. En el Trivial Pursuit van a incluir cualquier día una pregunta sobre el número de carteles que lleva pintados la gran Nuria Barrera. Segundo golpe. ¿Han visto el cartel de la Semana Santa de Cuenca? ¿Un garabato, una apuesta por el menos es más, una nueva versión del minimalismo pictórico, o simplemente es la visión abstracta de lo que queda en una calle tras una avalancha de madrugada? Tercer golpe. “Que sí, que sí, que no es exactamente lo mismo una coronación canónica que una pontificia. La pontificia pasa por Roma”. Y ciriales arriba. Agenda. El cardenal tiene una cuaresma la mar de ajetreada. No dejará de viajar por toda España e incluso por el extranjero.

El lagarto de la Catedral

“Querido e inquieto Fiscal, esta semana ha sido muy dura por la pérdida de don José Gutiérrez Mora, muy querido por todos. La verdad es que resultó emocionante ver al cardenal y al arzobispo juntos en el funeral por el alma de quien fue nada menos que provicario general”

Adiós al cura de la Magdalena

El Fiscal | 24 de enero de 2018 a las 19:36

Fernández Estevez

NUNCA fue un cura al uso. Más de curia, de trabajo en el despacho, que de parroquia, de pastorear con las ovejas. Sin embargo, llegó a canónigo y nada menos que a párroco de la Magdalena. Más de chaqueta y corbata, de trajes muy cuidados, que de sotana y alzacuellos. Y sin embargo, otra vez, llegó a prelado de honor de Su Santidad con derecho a título de monseñor. No era capillita y, sin embargo (por tercera vez) llegó a director espiritual de la Quinta Angustia, el Calvario, el Amparo… Incluso a capellán del Rocío de Triana. Muy querido por quienes le querían. Se le podía ver en misa en Matalascañas sentado entre los fieles. Quizás porque era un cura que no era especialmente clerical. Amó la parroquia de la Magdalena, le costó trabajo salir de ella. Monseñor Asenjo, con buen tino y mano izquierda, lo nombró canónigo en 2013. Así dulcificó sus días de alguna manera. Nadie puede dudar de que Fernández Estévez sirvió a la Iglesia, pagando el precio de decir lo que pensaba en cada momento a riesgo de sembrar la polémica. No pasaba desapercibido nunca: ni por sus declaraciones (¿recuerdan aquella polémica de los sayones de Jesús Despojado en los años 90?), ni por su acidez (que vivimos en directo en los despachos de Palacio), ni por su vestimenta de laico.

Hoy vemos a Fernández Estévez por la calle San Eloy junto al inolvidable Daniel Puch, camino de la calle Bailén para preparar algún culto del Amparo. Van charlando sobre Domínguez Valverde. Recuerdan sus años de vicario general, su sotana, su carácter apacible, su inquebratable fidelidad al cardenal. Perdemos a los dos de vista y con ellos se nos van un perfil de cofrade y de cura cada vez menos habitual, se nos van personajes de la Sevilla del centro, que formaban parte del paisaje urbano de una ciudad que, ay, se esfuma lentamente. Fernández Estévez, sobre todo, deja el ejemplo de una enfermedad larga y duradera llevada con tremenda dignidad. Fue un buen sucesor de don Antonio al frente de una parroquia señera. Suceder a Domínguez Valverde era una tarea muy difícil. Se ha muerto el cura de la Magdalena, un personaje que no era de fácil acceso pero que, quienes lo trataron, aseguran que era de un nivel alto, tan alto como aquellos grandes sacerdotes de la quinta del Cardenal que fueron avanzados en lo pastoral y en lo teológico. Domínguez Valverde, Garrido, Navarro, García Vázquez, Fernández Estévez… Todos ellos son un capítulo de la historia de la Iglesia de Sevilla.

Estudiantes

La belleza de un cartel arriesgado para el pregón universitario

Jesús Zurita Villa ha pintado un cartel anunciador del pregón universitario en el que se la ha jugado, lo cual es de agradecer. Pero se la ha jugado con cabeza, no con provocaciones para generar polémicas efímeras y salir en los telediarios. El cartel en cuestión evoca los grabados de Durero. Conecta con la simbología del dibujo manierista italiano, juega con la mezcla de lo religioso con lo pagano. Aparece hasta la muerte, cómo no, junto al Cristo de la Buena Muerte. Hay a quien le ha repelido la obra, pero a la mayoría le ha generado un impacto muy agradable. Aire fresco. Solamente nos queda una duda: ¿ha sido trabajado este cartel en el ordenador previamente? No sería nada malo. Las nuevas tecnologías están hoy ya en casi todo.

Otras dos pérdidas

El viernes nos dejó Pepe Garduño. Su nombre evoca largas noches macarenas de bajada de la Virgen, alfileres, oraciones, esperas marcadas por la emoción, blondas mimosamente colocadas. Lean, si no lo han hecho ya, el obituario que Diego J. Geniz firmó ayer en estas páginas. No le falta un detalle. Y su título lo dice todo: El rupturista que se convirtió en un clásico. Y este fin de semana nos ha dejado a los 90 años toda una institución de la Sed: Manuel Rojas, hermano mayor que fue de la cofradía a principios de los 90, cuando en su junta de gobierno se integraba un jovencísimo diputado de cultos que hoy es sacerdote: José Miguel Verdugo. Rojas es historia pura de la corporación. Promovió la primera casa de hermandad, la talla y dorado del paso de Cristo y las caídas del palio. Muchos recordarán su negocio en la calle Mariano Benlliure: Bodega Rojas.

El pertiguero
Primer golpe. El retorno. Elperiodista Carlos García Lara vuelve a la dirección de Fiestas Mayores. El comandante Bazaga pasa a labores en la Alcaldía. Segundo golpe. Ya se ven nazarenos y hasta un monaguillo en la planta baja de El Corte Inglés. Tercer golpe. Oído: “Tienes que ver la grabación que el teniente Cabrera lleva en el móvil que demuestra lo bien que funciona el sistema de luces antipánico”. Y ciriales arriba. La obra de Pepillo ha gustado. Tiene belleza sin haber supuesto un gran riesgo. Es un cartel total. Y eso ya es un logro.

Coronación
Los Negritos tiene ante sí el reto de demostrar el sentido que hoy tiene una coronación pontificia. La Virgen de los Ángeles lo merece todo. Bien lo sabemos quienes acudimos a verla cada 2 de agosto.

El lagarto de la Catedral

“Querido e inquieto Fiscal, ¿por qué don Luis Rueda goza cada día de más popularidad entre los feligreses del Sagrario, especialmente los cofrades? Pregunta, pregunta, que últimamente estás despistado… Hay vicarios parroquiales de alta categoría”

 

El tramo de Irlanda

El Fiscal | 14 de enero de 2018 a las 5:00

EL TRAMO DE IRLANDA1

HACE tiempo que las túnicas dejaron de ser sacadas fuera de calendario con la exclusividad de servir de mortajas. Hoy se bajan de los altillos en enero, con la bandeja de polvorones de limón aún presente, para sacarles el dobladillo de forma prematura a esos niños que se vuelven a seguir estudiando en Irlanda en cuanto acaba la Navidad. Es uno de los efectos de la apuesta por el bilingüismo, que nuestros niños se van todo el curso y sólo se pueden aprovechar los días de las pascuas para efectuar las mediciones y los ajustes. Antaño se bajaba una túnica y un antifaz un día de Navidad y era la Canina la que estaba esperando en la puerta. Era la cofradía apócrifa del Cristo de las Mieles la que recibía a un nuevo integrante. Se oía una voz gélida de camposanto: “Bienvenido hermano, hace un poco de frío, pero enseguida le enciendo el cirio. Se me coloca usted de primera pareja, que para eso acaba de llegar. No se preocupe que en breve va a coger antigüedad”. Hay quien dice que en ese cortejo se ven todas las túnicas, todas, y un sinfín de diputados de tramo. Hoy se saca la túnica un día de pascuas, de turrón y zambomba, y el que espera es el avión para llevarse a su hijo a Dublín, de donde no volverá hasta el Viernes de Dolores, cuando la cola para los arreglos en Alcaicería, Matahacas o el Altozano es la de cualquier parada de Tussam del Duque en hora punta. No hay nadie como un cofrade a la hora de la anticipación, siempre pensando en la cuaresma en cuanto Lipasam limpia el último caramelo, siempre tratando de recordar en enero dónde dejo las hebillas que cortó alegremente de los mocasines negros, maldiciendo la hora en la que tiró el capirote de rejilla al contenedor, o pensando si finalmente recogió la túnica del despacho del amigo donde se vistió de nazareno. Las cofradías de hoy tienen el tramo de Irlanda, el tramo de los Erasmus, como en tiempos las había que tenían el tramo de los agnósticos. Nuevos tiempos, nuevas realidades, nuevos hábitos.

Nada de la sociedad actual es ajeno a las cofradías. Y las cofradías no son nunca ajenas a la sociedad de hoy. De Irlanda nos vienen los nazarenos más jóvenes, como del Perú nos venía aquel inolvidable nazareno de la Amargura que no faltaba a su cita en San Juan de la Palma por mucho que todos los partes auguraran lluvias desde varios días antes. El Viernes de Dolores aterriza un avión en San Pablo con jóvenes a los que espera una túnica de capa con el dobladillo más corto, una de cola con un nuevo cinturón de esparto, un capirote de rejilla más liviano; unas sandalias relucientes… Cuando vean una túnica salir del altillo fuera de calendario, no crean que es porque están colocando nuevos cardos en el monte de la Canina, nuestra querida y nunca bien ponderada Canina, sino porque tal vez alguien se ha preocupado de que su hijo, o su hija, se vaya con los deberes hechos. Lo primero es cumplir con la hermandad. Y después con los idiomas. Y desmontadme el árbol y no dejadme los polvorones de limón tanto tiempo fuera de la caja, que conozco uno que se quitó la túnica una Madrugada y se puso a trabajar la despensa… de Palacio. Los polvorones de limón y coco, siempre injustamente orillados, hay que tenerlos bien tapaditos, que luego llega Semana Santa y huelen más rancios que esta página. ¿O no? A Irlanda volando y la túnica ajustando. Que venga cualquier progre hispalense y mejore la combinación: nazarenas bilingüistas. Para que luego digan que en Sevilla no casan bien la tradición y la modernidad. Aquí cabe todo, cabemos todos. Hasta tenemos integrada a la Canina, a la que nunca hay que sacarle el dobladillo. Nunca. No molesta, no se queja y siempre está dispuesta a su paseíto del sábado…

El tramo de Irlanda (II)

 

 

Los detalles de Baltasar

medalla
Rafael González Serna se vistió de rey mago de forma muy original. Los colores oscuros escogidos combinaban llamativamente con el blanco. Había más detalles en el traje, de los que difícilmente son apreciables por el gran público, pues estaban colocados con suma discreción: una medalla de la Virgen del Rocío al cuello (que aparece en la imagen), el escudo de Santa Cruz en la espalda y hasta la pluma de un armao de la Macarena. Este tipo de detalles ocultos son muy habituales, por ejemplo, en el atril de pregonero de la Semana Santa. Debajo de ese atril hay estampas de todo tipo, desde una de Juan Pablo II hasta las más variadas devociones de los que han ido anunciado la llegada de la fiesta más hermosa de la ciudad. Por cierto, el elegante Gran Visir, el abogado soleano Fernando Rodríguez Galisteo, llevaba en el interior del turbante una estampa de la Virgen de la Soledad. Estos detalles son muy del gusto del Ateneo, que insiste siempre en el carácter religioso de la cabalgata. Como dice su director, Manuel Sainz: “No es un carnaval”.

Los primeros anuncios
Este mes hay igualás de costaleros ya convocadas en varias hermandades. Yhan llegado los primeros anuarios, boletines y hojas informativas. Se pueden leer ya esos títulos del gozo:“Normas para la estación de penitencia 2018”. Y, por encima de todo, siempre llama la atención la doble página que la Amargura dedica a los nuevos hermanos y a los hermanos fallecidos. Por fortuna, los primeros cuadruplican a los segundos. Esa doble página es la vida de la hermandad contada a través de sus apellidos. Sin duda, lo mejor de la publicación.

Boletines en caída
La Redención ya se ha abonado a las nuevas tecnologías para informar a sus hermanos al instante. Adiós al papel. Recuerden que otras hermandades ya eligieron la solución del anuario: uno al año y punto. Se ahorran gastos. Los boletines están como los cobradores: en vías de extinción.

El lagarto de la Catedral

“Mi querido y siempre inquieto Fiscal, somos muchos los que nos preguntamos cuándo veremos a don Juan José por las redes sociales, con un perfil propio, al igual que otros prelados españoles e incluso varios cardenales. ¿Te suena que esté barajando la posibilidad?”

Una Semana Santa fatigada

El Fiscal | 31 de diciembre de 2017 a las 5:00

19-4-2003 JOSE LUIS MONTERO MACARENA

EL nazareno de negro se aleja veloz como corresponde a su condición. Todos los nazarenos de ruan caminan con rapidez, como si llegaran tarde a su destino, sobre todo cuando retornan a casa. Y se abren paso con un gesto leve con la mano para molestar lo mínimo. Se marcha el año con las prisas de un nazareno descalzo de capirote alto, que se desliza por la calle con la ligereza divina del que camina sobre la mar. Fugaz a pesar del cansancio, esbelta su figura pese a la fatiga que se le supone, todavía hierático por efecto del cinturón de esparto. Así es la Semana Santa. La queremos por hermosa pese a lo afeada que está, le exigimos como al hijo que bien se le quiere, la criticamos por el dolor que produce contemplar a un ser querido maltratado. El año se nos va dejándonos una Semana Santa fatigada, víctima de la crisis del concepto de autoridad y de unas nuevas generaciones a las que tal vez no se ha enseñado a querer la fiesta más hermosa de la ciudad. Prefieren consumir Semana Santa antes que vivirla, ser aficionados más que devotos. Y quizás no sean culpables, sino víctimas que ni siquiera son conscientes de que hay una Semana Santa interior, imposible de captar con un teléfono inteligente, que no viene en las guías de papel ni es hallada por los buscadores de google. Una Semana Santa auténtica que se esconde en la mirada de un nazareno, o en la cara de asombro del niño que descubre la Madrugada, que no tiene que ver con avalanchas, cambios de capataces, elecciones reñidas o polémicas de baja estofa por modificaciones de itinerarios.

Todo por hacer
Hace ocho meses que acabó la Semana Santa, la quinta desde 2000 con sucesos muy desagradables en la Madrugada, y en la que, además, se pudo apreciar una decadencia notable en otras jornadas, caso del Domingo de Ramos. Ocho meses en los que el Ayuntamiento (quién lo diría)ha mantenido una actitud mucho más proactiva que las cofradías a la hora de emprender reformas y exigir cambios que salvaguarden la fiesta más hermosa de la ciudad, cambios que permitan, al menos, que los niños de hoy puedan disfrutar mañana de una Semana Santa en la que la única amenaza sea la lluvia.

Martes santo
La gran reforma de la Semana Santa de 2018 será… el Martes Santo. Las cofradías de esta jornada comenzarán la carrera oficial por la Catedral y la terminarán en la Campana. Cuando menos es extraño. El gran cambio de la Madrugada, que hubiera consistido en apostar por su comienzo dos o tres horas más tarde que hasta ahora, no será posible pese a que el Ayuntamiento y el Arzobispado veían con buenos ojos la medida. El comienzo de la Madrugada se seguirá solapando con el final del Jueves y las seis cofradías se seguirán concentrado en el centro en la franja horaria de máximo riesgo. Así lo han querido las cofradías al margen del Ayuntamiento, la Junta y la Subdelegación del Gobierno.

Cambios mínimos

El inmovilismo de la clase dirigente cofradiera sigue lastrando cualquier reforma. La Madrugada ha acordado algunos cambios en los recorridos ya conocidos. Son pocos y no ofrecen blindaje alguno. Más bien crean nuevas situaciones de riesgo. Mientras las cofradías han provocado polémicas hasta para aprobar esos mínimos cambios (recuérdese la protesta pública del hermano mayor del Calvario), el Ayuntamiento prepara un fuerte dispositivo avanzado por este periódico a base de cámaras de alta definición, dispositivo de luces anti-pánico, vallas de material liviano, etcétera. Se ha probado ya en grandes concentraciones y en la salida extraordinaria de San Gonzalo. Se trata de medidas de vigilancia muy similares a las que se utilizan en los sanfermines. Poco más por parte de las cofradías, salvo la reducción de 227 sillas de Sierpes que anuncia el Consejo para dejar expeditas determinadas vías de evacuación como Santa María de Gracia, Rivero o Rioja. Hará falta quitar más sillas del gran avispero de la carrera oficial aun cuando la de 2018 sea una Semana Santa tranquila como todos deseamos. Si algo enseñan los últimos veinte años es que los tumultos se producen sin continuidad: 2000, 2005, 2009, 2015 y 2017.

Sin margen

Acaba 2018 y estamos peor que en los años anteriores en los que hubo incidentes. Cinco Madrugadas con tumultos no han sido suficientes para que las cofradías tomen conciencia de que hace falta una barrera horaria que separe el Jueves Santo de la Madrugada para que se despeje el centro de público, de tiempo a limpiar las calles y a cerrar los bares que incumplan los horarios, se disperse hacia otras zonas el público al que no interesa nada las cofradías y, sobre todo, se reste horario nocturno a una jornada que necesita más luz y menos gamberro, más educación y menos bochincheros, más sensación de seguridad y menos de pánico.

Hartazgo

El público más cofradiero prefiere no salir en la Madrugada, vivirla desde casa, sin riesgos, delante del televisor. Los bares son cada vez más propensos al cierre. Esta Madrugada ha terminado por fatigar la Semana Santa. Y la Semana Santa estirada todo el año ha provocado un hartazgo general, una muerte por éxito. Es lo que tiene el exceso de consumo. Para salir corriendo. O veloces, como un elegante nazareno de ruan.