La pérdida de dos modelos de saber estar

El Fiscal | 2 de diciembre de 2018 a las 5:00

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LA guadaña de noviembre se ha cebado este año. Agosto parece tan aliado de la Canina como noviembre. Diríase que en estos dos meses se van los mejores, los que quieren pasar desapercibidos en el mes oficioso de las ausencias y en el mes oficial de los muertos, en el silencio de chicharra estival y en la bulla de las esquelas de los días que saben a chaquetía extremeña y al mazapán de los huesos de santo. Se nos ha ido Mauricio Domínguez y Domínguez-Adame, jefe de protocolo del Ayuntamiento que ejerció de teniente de hermano mayor del Gran Poder. No sé si tuvo más apuros al organizar las recepciones de Fidel Castro o de los Príncipes de Gales en las Casas Consistoriales, o en la lidia con el cofraderío de turno. Cuánto tuvo que ver Mauricio en la concesión de la Medalla de la Ciudad al Señor. Llegó a ser alguna Madrugada el nazareno más antiguo de la nómina. Cómo no recordar el año en que salió en la Macarena vestido de nazareno del Gran Poder con motivo del centenario de la concordia y, acostumbrado al orden de la cofradía de ruan, no paraba de requerir la presencia de los agentes de seguridad. Ocómo asesoró en silencio a tantas hermandades en sus relaciones con instituciones como la Casa Real, como hizo en 2002 al ayudar a gestionar que Don Juan Carlos aceptara ser hermano mayor honorario del Baratillo. Nunca olvidaremos a Domínguez-Adame en Roma en el año 2003, cuando acompañó a monseñor Amigo en todas las ceremonias de su investidura como cardenal. Aquella charla en el Palacio de España con Jaime Raynaud de testigo… ¿Ylos consejos que daba a los concejales de tantas y tantas corporaciones junto al inolvidable Antonio Sánchez Lecaroz?“Hijo, en protocolo quien importa no protesta y quien protesta no importa”. Domínguez-Adame y Lecaroz, el Gran Poder y el Silencio, dos nazarenos de ruan poniendo orden durante tantos en la política municipal, aguantando mindundis y administrandos egos.

Este noviembre también hemos despedido al onubense José Luis García-Palacios, presidente de la Fundación Caja Rural, que será recordado siempre por la lección de señorío que dio al cofraderío oficial hispalense en 2013 con ocasión de la presentación del cartel de Nuria Barrera en el salón de actos de la entidad. Hacía poco tiempo de la dimisión de Adolfo Arenas, otro gran señor, como presidente del Consejo. Ningún interviente se acordó del presidente que había elegido a la pintora meses antes. Nadie. Silencios de Sevilla. Yfue este señor de Huelva quien, como anfitrión del acto, recordó a la persona con la que había trabajado codo con codo durante años en beneficio de las hermandades. A algunos se les debió poner la cara como lo que untan en las tostadas cada mañaña: colorá.
Descansen en paz dos señores que la ciudad tuvo el honor de tener entre sus benefactores.

Hipocresía
La que han liado algunos por la celebración de una jura de hermanos en la intimidad de la capilla de una cofradía. Es curioso la doble vara de medir de los mediocres. ¿Cuántas veces se echa en falta la asistencia de hermanos a los cultos en muchas hermandades? ¿Cuántas veces caben en un taxi los que acuden a la misa de los domingos? ¿Cuántas veces hay que recurrir a gente que no es de la hermandad para bajar al Señor y subirlo en el paso, que eso lo hemos visto nosotros mismos en algún templo? Ahora bien, se recibe a tres personas de relevancia de la sociedad local y ya están piando todos los mediocres de turno. Tequiyá. ¡A poner sellos en las participaciones de lotería, venga!
Martes Santo
¿Ha acabado ya el presidente Vélez con la mamarrachada del Martes Santo? Estamos esperando sentados en una silla… de Quidiello. Es que a algunos nos da mareo eso de ir en sentido contrario. Tenemos un defecto incorregible: nos gustan las torrijas en temporada y las cofradías de la Campana en dirección a la Catedral, pasando por la exquisita Ochoa, naturalmente. Qué ricos los pestiños de Ochoa y los lazos de hojadre.
Verídico
Viernes. 07:30 horas. Semáforo cerrado en la Glorieta Cayetena de Alba. La niebla es espesa y genera una imagen idílica de la ciudad. La motorista Charo Padilla espera a que el disco se ponga en verde. El motorista que se acaba de detener a su lado se dirige a ella: “Suerte, pregonera. ¿Estás nerviosa?” Está claro que en Sevilla no hay nieblas ni cascos que impidan pasar desapercibidos a ciertos personajes.

El pertiguero
Primer golpe. Qué bien trata el duque de Segorbe a los hermanos del Cristo de la Corona. Otra vez los ha recibido en la Casa de Pilatos. Segundo golpe. Buen detalle el de la Trinidad al dar el pésame a los familiares de la marquesa de Saltillo, viuda del que fue su hermano mayor. Tercer golpe. Hay que leer esta Navidad el libro Historias de la Semana Santa que nunca te contaron, de Manuel J. Roldán (Editorial El Paseo). Y ciriales arriba. El historiador Roldán es un intelectual comprometido con su ciudad.

El Lagarto de la Catedral: <<Mi querido Fiscal, deberías saber que todo el que cuenta los días para el final del pontificado de monseñorAsenjo se equivoca, porque no hay sustituto, ni esta vez habrá prisas en en el relevo, sino la prórroga de respeto que debe haber. Y que habrá por muchos motivos>>

La noche de los 1.676 WhatsApp

El Fiscal | 25 de noviembre de 2018 a las 5:00

PACO VELEZ

EL éxito se mide en mensajes de telefonía móvil. El mensaje de WhastsApp es multiusos: lo mismo sirve para dar un pésame que para preguntar por el precio del alquiler de una plaza de garaje, lo mismo para felicitar un cumpleaños que para interesarnos por una oferta de trabajo. La posición se medía en otros tiempos por el número de cestas de Navidad recibidas en el despacho de turno, o por los ramos de flores llegados a la habitación de una parturienta. Ya lo dijo el político que tuvo dos hijos: uno en el gobierno y otro en la oposición. La estancia quedó convertida en un jardín botánico con el primero. Con el segundo llegaron sólo tres ramos de flores. A Paco Vélez le llegaron 1.676 mensajes de WhatsApp en la noche de las elecciones al Consejo de Cofradías, muchos mensajes más que a ciertos candidatos de la política pura y dura cuando acaban sus intervenciones en los debates televisados. Vélez tiene más mensajes de felicitación y adhesión que nazarenos muchas cofradías. Muchísimos más.

A Vélez le han cedido hasta el Alcázar para la copa posterior (35 euros per capita) a la misa en la que los señores de la junta superior juraron los cargos. Solo dos, por cierto, leyeron con fluidez el texto del juramento. Los demás debían estar embargados por la emocion, o por la jindama de soltar 70 euros al asistir con cónyuge a la cuchipanda. La gran novedad es que don Juan José no sólo presidió la misa, sino que asistió al ágape posterior, un hecho que no se recuerda en anteriores ocasiones. El arzobispo tuvo la oportunidad de departir un buen rato con la pregonera, Charo Padilla. Anteriores presidentes le comentaron a la periodista la oposición interna con la que se toparon al plantear la posibilidad de nombrar a una mujer como pregonera. Eran otros tiempos. Y no crean que tan lejanos en algún caso. Algún ejemplo era reciente.

También acudió a las dos celebraciones el alcalde, Juan Espadas. Vélez es un colaborador habitual del Ayuntamiento en materia de seguridad desde que se fundó el Cecop en el año 2000. La interlocución del nuevo presidente con el actual equipo de gobierno es muy fluida. Por lo demás, se vio a la pintora Nuria Barrera, gran amiga de Paco Vélez. Por supuesto, al incombustible hermano mayor de las Pastora, Andrés Martín, ministro sin cartera de la nueva junta superior. Antonio Piñero estuvo en la misa, como era debido por su condición de presidente saliente. Al término de la ceremonia religiosa se reunió con su equipo de allegados en la planta alta del restaurante Donald. En definitiva, muchas pieles, mucho traje oscuro, mucha mirada a las estancias del Alcázar (quizás alguno no entraba desde la excursión al colegio) y mucho mensaje de WhatsApp, pero nadie, nadie, recibió tantos como Vélez aquella noche.

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Una jura muy especial de nuevos baratilleros

El Baratillo tiene nuevos hermanos, que juraron las reglas la noche del pasado jueves. Se trata de un caballero maestrante, José María Pacheco Guardiola, presidente ejecutivo de Konecta y que es del Arenal de toda la vida; el matador de toros Miguel Báez Litri, el auditor José Pérez Benítez (Ernst&Young) y Ricky Trujillo, nieto del antiguo presidente de República Dominicana. Los nuevos baratilleros aparecen en la imagen con el abogado Joaquín Moeckel. Tras la ceremonia de jura se vivió un rato la mar de agradable en la casa de hermandad del Baratillo, donde el éxito estaba asegurado al estar pendiente de todo el gran Rogelio Gómez Trifón, que sigue haciendo honor a su condición de poseedor de la Medalla de Oro al Trabajo, sobre todo si se trata de su cofradía del alma. Alguno de los nuevos baratilleros pudo comprobar el ambiente de afecto que es capaz de generar una hermandad cualquier día del año. Toreros y maestrantes refuerzan la vinculación de la hermandad con la institución nobiliaria y con la plaza de toros. Recuérdese que los tramos de la cofradía se forman en el coso, que a la capilla de la Piedad acuden toreros a rezar como Morante de la Puebla antes de hacer el paseíllo y que hasta muchos recordamos cuando los dos pasos se quedaban montados durante el ciclo continuado de festejos.

Las manos de Vélez

El Fiscal | 18 de noviembre de 2018 a las 5:00

VELEZ, CONSEJO DE COFRADIAS.

LA de gente que conoce en Sevilla a Francisco Vélez de repente. Oiga, cuantísimos sevillanos le decían Paco y yo sin saberlo. Lo tratan desde hace la tira de años. Casi se diría que el día que Vélez juró como abogado estaba la sala de bote en bote. Y qué decir de los que te paran por la calle y no es para pedirte una firma contra el calor, ni contra las bases militares de Rota, ni siquiera para interrumpirte para la enésima oferta de telefonía móvil, sino que te preguntan por tu análisis de la victoria de Paquitovélez, dicho así todo junto y en tono de confianza, como el camarero que te pone la mano en el hombro mientras te recomienda una tapa.

Vélez es el nuevo presidente del Consejo de Cofradías. Ha pasado por varios cargos de la institución y por fin ha cumplido uno de sus sueños. El otro ya lo logró cuando logró tener una casa en Comillas. La de gente que se le presentará a partir de este verano en Comillas… donde hay restaurantes estupendos, mucho más que los de Sevilla. Y, sobre todo, hay muy pocos sevillanos. Cuentan de Vélez y no paran todo tipo de maravillas sobre su experiencia en la gestión, su locuacidad y su nervio para el trabajo. Pero nadie recuerda que Paco Vélez sufrió y mucho en la cuaresma de 1999. No por las fatigas de su responsabilidad como delegado del Miércoles Santo, sino por el incendio que se declaró en una estufa de gas de su casa la tarde del 12 de febrero.

Aquello sí que fue una escena de pánico y no las avalanchas de la Madrugada de 2000. El hoy presidente y su mujer requirieron de ingreso en el hospital por las quemaduras sufridas en las manos y en los pies, unos días que, al final, resultaron inolvidables por la cantidad de visitas que recibió el matrimonio, tantas que las enfermeras les tuvieron que llamar la atención no sin cierto cariño. Se presentó hasta el arzobispo Amigo. Y Manuel Román les llevaba el desayuno a diario. Lo mejor de todo, cuando conocimos de verdad al hoy presidente, fue cuando ya en casa, junto a una imagen de la Virgen del Rosario, le confesó a Miguel Ángel Moreno: “El Domingo de Ramos estreno las manos”.

Y Vélez y su mujer vivieron el mejor estreno de su vida, del que nadie se acuerda hoy, pero el que marca su existencia desde hace dos décadas. No sé si desde entonces, pero Vélez convirtió su casa en un centro de peregrinación al que acude el cofraderío en las citas especiales. Qué cofrade es eso de recibir en casa. Tanto que Vélez refirió su morada en la carta que escribió a los hermanos mayores en la reciente campaña. Este presidente es muy de su casa como se puede decir que es… de la casa. Lleva en San Gregorio los mismos años que con manos nuevas. Ha estado en la unidad de quemados y eso, como los sacramentos, imprime carácter. Ahora hay que confiar en que use poco la gabardina en Semana Santa, porque la gabardina de Vélez es casi como algunos chaqués. Le falta poco para estar en el Museo de Artes y Costumbres Populares. Todo un símbolo. Como su casa.

elecciones al Consejo de Cofrad’as .

Un presidente señor

Antonio Piñero pudo seguir siendo presidente tras la dimisión de Joaquín Sainz de la Maza con la legitimidad que le otroagaban los estatutos y la bendición de la autoridad eclesiástica. Quiso ser consecuente con su opinión, manifestada públicamente en su momento, y someterse al escrutinio de las urnas para sentirse respaldado directamente. Las 55 hermandades que le han apoyado no han sido un respaldo suficiente. Se presentó por ética, por convencimiento personal, porque personalidades importantes así se lo pidieron. Ha sido un presidente señor. Nunca se sintió a gusto con la idea de seguir por designación estaturia.

‘Gregorioscopia’
El verdadero reto de las empresas especializadas en sondeos electorales es probarse con unos comicios en San Gregorio con más de una candidatura. ¡Cómo se las gastan los gachós! Ni el CIS que dirige el amiguete de Pedro Sánchez, ni las israelitas que tanto le encantan a Javier Arenas. Aquí no tenía nadie ni pajolera idea del resultado. El que más se aproximó al escrutinio final fue Andrés Martín, correoso ministro sin cartera del equipo de Paco Vélez, que vaticinó por escrito que la diferencia del ganador sería de entre diez y doce votos. Finalmente fueron nueve.

¡Todos a La Isla!
El candidato ganador se reunió con su gente en el restaurante situado junto al Arco del Postigo. Como la canción de Sabina, a los de Vélez le dieron la una, la dos y casi las tres… El presidente electo no siguió al siguiente lugar de peregrinaje: la milla de oro del gin tonic de la calle Arfe. Ni al tercero: el Museíto. Los últimos del equipo vencedor llegaron a casa en torno a las 5:00. Casi tiene que activarse el Cecop…

Cuchipanda pese a todo
¡No se quejará Antonio Piñero de la cantidad de gente que acudió a su ágape tras el escrutinio! Llenazo en el bar de la calle Juan Sebastián Elcano donde corrieron el jamón y otros manjares.

Gran Poder, año 2020
¿Por qué itinerario irá el Señor a las barriadas en su particular peregrinación por los 400 años de su hechura? ¿Se repetirán las imágenes por el recorrido de Santa María la Blanca y por delante del hospital de San Juan de Dios? No sería mala idea.

¿Impertinencia?
¿Qué hermano mayor del Martes Santo pronunció una frase ácida en la Plaza de la Contratación cuando se conoció la victoria de Vélez, candidato contrario a seguir con la mamarrachada de hacer la carrera oficial al revés? “Que se prepare para la guerra”, cuentan que dijo el hermano mayor con tono impertinente. ¿Dónde hay que apuntarse para que el Martes al revés lo pongan al revés? Es decir, al derecho de una puñetera vez.

Oído en San Gregorio
“¿Que las dos grandes han votado en blanco? No lo sé… Y esa hermandad que se considera especial, pero muy especial en la sección de glorias, es posible. Ya sabes que su hermano mayor siempre dice que hay hermandades de penitencia, de gloria, sacramentales… y la suya. ¿Quién se marchó del Jueves sin votar?”.

El Lagarto de la Catedral: <<Qué feliz está el cura Marcelino, la sonrisa amable de la curia hispalense. Desde el primer minuto se le notó la afinidad con Paco Vélez. ¡Cómo lo caló monseñor Asenjo el día que lo nombró para el cargo! “Marcelino, no te mimetices”. Y él respondió: “Si yo soy cofrade antes que cura”. Los dos acertaron>>

La bulla que no vota el 15-N

El Fiscal | 11 de noviembre de 2018 a las 5:00

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LA noche del jueves tendremos nuevo presidente del Consejo de Cofradías. Tienen derecho al voto 124 señores, la gran mayoría de ellos unos absolutos desconocidos para la ciudad. Un censo tan selecto de votantes elegirá a Antonio Piñero o a Francisco Vélez. La cosa quedará entre un letrado de la Administración de Justicia o un abogado. Ya se sabe que la Justicia es una tierra fecunda para el cofraderío. En principio no están previstos grandes cambios en el modelo de Semana Santa en función de si sale elegido uno u otro candidato. Ambos equipos han escondido bien sus cartas. O, mejor dicho, se han abonado a decirle a todo el mundo lo que cada cual quiere oír. Ninguno ha asumido riesgos. Por eso apreciamos una falta de tensión evidente en estas elecciones. No hay propuestas sorpresas, como tampoco se han vivido episodios especialmente tensos durante la campaña en comparación con la anterior. Mejor así.

El Consejo es una institución que necesita estabilidad y tiempo por delante para llevar a cabo un proyecto. La Semana Santa de hoy requiere que la institución esté concentrada en los problemas de seguridad y, por lo tanto, en continua interlocución con el Ayuntamiento. Hemos perdido un tiempo precioso de cara a la Semana Santa de 2019 porque las circunstancias han obligado a la convocatoria de unas elecciones inesperadas. Urge que el nuevo equipo se ponga a trabajar cuanto antes con el Cecop. La salida extraordinaria de la Esperanza de Triana nos ha reencontrado, pese a la saturación de procesiones extemporáneas, con el mejor público. Todo transcurrió con normalidad y con un reconocido cumplimiento de los horarios. Las vallas en la calle Pureza funcionaron, el público se comportó. No hubo incidentes.

Ya ocurrió con el traslado masivo del Gran Poder. Cuando las cosas se hacen bien, de forma acorde a los tiempos que nos ha tocado vivir, el público reacciona con respeto. Pero la Madrugada es punto y aparte. La noche siempre genera sus riesgos propios y bien conocidos. No se puede consentir una bajada de guardia en los tiempos que corren. Hay que mantener lo que ha funcionado bien y potenciar hasta un punto razonable las medidas que han supuesto una garantía. El Consejo tiene que exigirle al Ayuntamiento las mayores cautelas. Y el Ayuntamiento, sin complejos, habrá de exigir el cumplimiento de horarios y todas las condiciones necesarias, por traumáticas que puedan resultar, para que la carrera oficial sea cada año un poco menos ratonera. El 15-N ha supuesto un parón en los trabajos por parte del Consejo.

La Semana Santa de 2019 es previa a unas elecciones municipales. Esperemos que el alcalde Juan Espadas recuerde la factura que pagó Zoido por la pérdida de vigilancia en 2015, cuando la Madrugada se rompió al ser arrollada la totalidad del cortejo del Silencio y parte del de Los Gitanos. La gran bulla que no vota el 15-N merece las máximas garantías en materia de seguridad. Esa bulla que no conoce a los hermanos mayores, que no entiende la razón de tantos retrasos, ni por qué unas cofradías hacen la carrera oficial en sentido contrario. La bulla que sigue ilusionándose con la espera, con tener un día una silla en la carrera oficial, la bulla que busca las cofradías a pie, que disfruta con la Semana Santa nocturna, que vive con pasión el acto del Pregón para el que nunca tendrá una entrada, la bulla que cada Domingo de Ramos se reencuentra con su infancia, la bulla que aspira al hermoso ejercicio de seguir reconociéndose en la Semana Santa que recibió como legado.

Esa bulla no tiene ni pajolera idea de quiénes manejan los resortes de la fiesta más hermosa de la ciudad. Ni interés por tenerla. Y en parte, este asunto se despacha el jueves por la noche entre 124 señores que, en muchos casos, le han prometido el voto tanto a Antonio como a Paco, tanto a Paco como a Antonio. No pocas veces los dirigentes de las cofradías se entretienen en fatuidades, en asuntos de escasa enjundia, en una sobrecarga de representaciones que obligan a tomar mucho almax por la ingesta excesiva de pavías. Los problemas de la Semana Santa actual y las exigencias de la vida pública de hoy en día, sea el cargo que sea, no hacen tan amable el ser presidente de una institución con un peso notable en la ciudad.

En cierta ocasión le oí un comentario a un familiar de un presidente tras unos días de fuerte polémica: “A él es que no le gustan los problemas”. Y le replicaron: “Pues no haberse presentado a presidente. Los cargos son para tener problemas”. Los dos candidatos saben a lo que se enfrentan. Los anteriores presidentes tuvieron que vallar la Avenida, modernizar la carrera oficial, preparar un congreso internacional, mediar en pleitos jurídicos entre algunas hermandades y el Arzobispado, o asumir la redacción de unos nuevos estatutos.

El próximo presidente ha de tener claro que el reto es salvaguardar la Semana Santa, protegerla de las avalanchas de la Madrugada y del exceso de procesioes extraordinarias, que son otra suerte de avalanchas que conducen a la proyección de una imagen frívola. Nadie de la oficialidad anuncia un tope para tanto exceso durante todo el año. Nadie denuncia que el carácter extraordinario ha quedado enterrado. Nadie dice que lo del Martes Santo al revés es una mamarrachada que eleva a categoría principal las cuestiones logísticas y, por lo tamto, orillan lo fundamental y revelan la incapacidad de un acuerdo. El Consejo tiene que recuperar la autoridad, no limitarse a la gestión de sillas y palcos y a la designación del pregonero y otras pedreas. Resulta sonrojante que las cuentas no sean públicas.

La Catedral es más transparente que el Consejo. El Arzobispado también lo es. Llama la atención que nadie haya negociado un patrocinio para el cartel…¡de la Semana Santa de Sevilla! O en su defecto que se detraiga una partida de los ingresos de la carrera oficial. Hay que trabajar más y dejar de perder el tiempo en reformas de la carrera oficial por el Paseo de Colón y otros inventos propios del Pequeño Nicolás (o Nicolasa). No pierdan un minuto más de este otoño en lo que está muy bien para ser debatido solamente en la orilla de la playa. A partir del jueves no habrá más excusas. El trabajo por la seguridad y la reducción de los excesos (la grasa provocada por tanta salida extaordinaria) deben ser las prioridades. Quien salga elegido no tendrá un camino de flores. Si no le gustan los problemas, ya sabe dónde está la parada del tranvía. Está a tiempo.

Los que miran a la Esperanza

El Fiscal | 4 de noviembre de 2018 a las 5:00

PROCESION 600 AÑOS DE LA ESPERANZA DE TRIANA

Foto: Juan Carlos Muñoz

SIEMPRE dedico tiempo en fijarme en quiénes ven las cofradías antes que buscar las caras de las imágenes sagradas que ya me sé de memoria. Al Señor o a la Virgen se les ve en sus casas, en los altares y hornacinas donde recogen oraciones. En la calle me gusta ver cómo miran los demás a la Esperanza, ese micromundo que se forma en los alrededores de un paso, esas lágrimas de emoción, esos rostros de cansancio, esa fatiga de las bullas, esos balcones desde donde se lanzan plegarias. Ver cómo los demás miran a la Esperanza es también una forma de ver a la Esperanza. Recordar a quiénes un día la miraron es otra forma también, sobre todo en este noviembre especial, antesala de ensayos de villancicos donde seguiremos celebrando las pascuas con las letras de Garrido (“El barco de tu cintura lleva un lindo pasajero”). Ay, Manolo, que no hemos visto el otro día el vuelo de tu capa señorial junto al paso, mirándola como sólo tú la mirabas: con en ese silencio sereno, con la emoción interior disparada, despidiéndola camino del Altozano para seguir recogiendo Salves mientras tú seguías hilando versos, engarzando rimas para regalarle otro rosario de tu mejor poesía.

En el balcón de los Murillo estaban abuelos y nietos. En la Esperanza viven los muertos y la Esperanza es refugio de los vivos, de quienes mejor le cantaron, de los inocentes con toda la vida por delante, de la hija que perdió a su padre y del joven que perdió a su hermano. Todos fueron a su encuentro en diferentes lugares del recorrido. Dicen que 250.000 personas acompañaron a la Virgen en el traslado a la Catedral. No lo sé. Eso dice el Ayuntamiento. Esa cifra seguro que es interpretada como un éxito. Pero el éxito real está en que muchos sintieran por un momento, por un instante fugaz, que la Esperanza les ofrecía el salvavidas desde la cubierta de sus ojos hermosos.

No sé qué flores llevaba la Esperanza, no sé cuántas marchas le tocaron, si se cumplieron los horarios, ni cuántas vallas se colocaron. No sé a quiénes se dedicaron la levantás, ni los altos mandos que tocaron su llamador. Sólo sé que la verdad de todo estaba en quienes la miraban, en quienes pedían por sus vivos y en quienes lloraban por sus muertos, en quienes acariciaban a sus nietos ante Ella y en quienes la esperaban en la bulla de este noviembre de difuntos, mar de luto que se abre ante la Esperanza, un noviembre de humo de castañas, guirnaldas, pancartas, Triana con su Esperanza, Dios te salve, Madre de Dios

“¿No vas a bajar a ver la cara de la Virgen?” No, ya la veo en su casa. Ahora me basta con mirar a quienes la miran. Por que en esas miradas radica tal vez la única justificación de tantas procesiones, porque en esas miradas no hay impostura, ni afanes de notoriedad, ni interés por hacer ruido. En esas miradas está la verdad de un calendario sobredimensionado. Esas miradas sostienen la Semana Santa que nos ha tocado vivir con todos sus añadidos, con todas sus extensiones a lo largo del año. Esa caricia del abuelo ante la Virgen, ese llanto de desgarro de la hija, ese sollozo del hermano en la intimidad de la Plaza Nueva, esa ausencia de Garrido y de tantos otros que la miraron… Sin esas miradas todo se cae, sería fatuo, impostado y hasta forzado. Esas miradas convierten en verdad lo que otros ven como un mero espectáculo. Mientras haya quienes la miran como la miran, siempre tendremos Esperanza. En esas miradas está la mejor versión de la Semana Santa, el tesoro, el salvavidas.

PROCESION 600 AÑOS DE LA ESPERANZA DE TRIANA

Foto: Juan Carlos Muñoz

Una prueba de la próxima Madrugada

Triana ha sido el banco de pruebas de la próxima Madrugada para el Centro de Coordinación Operativa (Cecop). El año pasado se usó la salida extraordinaria de San Gonzalo para probar las cámaras, el sistema de luces, la megafonía y las medidas de aforamiento que después se usaron (o estaban previstas por si acaso) en Semana santa. Este puente, con motivo del traslado a la Catedral y de la procesión triunfal de regreso, se ha probado un nuevo plan de seguridad específico en la calle Pureza. Se aplicó la prohibición  de beber, comer, emplear cachimbas y el uso de mantas en el suelo para impedir la concentración de público desde por la mañana, como ha ocurrido los últimos Jueves Santos. Esta medida resultó un éxito y la calle Pureza estaba limpia y decente a la hora del comienzo del traslado a la Catedral. Se puso en práctica un nuevo despliegue en la calle Adriano y en el Altozano, con medidas específicas para impedir a los cangrejeros. Y, por supuesto, la exigencia del cumplimiento de los horarios para no afectar vías principales de la ciudad fuera de los horarios establecidos.

DIA DE TODOS LOS SANTOS EN OMNIUM SANCTORUM

Foto: José Ángel García

La mejor ayuda para el arzobispo

Monseñor Asenjo no falla cada primero de noviembre en Omnium Sanctorum, donde preside la celebración eucarística de la festividad. Es costumbre que el prelado cuente en muchas celebraciones con la asistencia de gente joven, que ejerce las funciones de acolitaje, de ayuda a misa. Así ocurrió el jueves. Dos jóvenes de la parroquia –los dos de nombre Francisco– asistieron al arzobispo en todo momento. A uno lo recordamos todavía como un jovial y pequeño monaguillo de Los Javieres, en aquel período donde sufrimos tres Martes Santos seguidos marcados por la lluvia. Al final, siempre sale el sol. Y hasta se asciende de monaguillo a nada menos que acólito y asistente del arzobispo Asenjo.

 

De fragancias brutales

El Fiscal | 28 de octubre de 2018 a las 5:30

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CUANDO se anuncia que perfumistas de Sevilla y París trabajan en la elaboración de una fragancia especial para una Dolorosa, tienen razón quienes nos acusan de tener un concepto amuñecado de las vírgenes. De jugar con ellas. De frivolizar con las imágenes que se tienen por sagradas. No se humanizan, no, al crear una colonia, mejunje o aroma con el nombre de la advocación. Se trivializan. La Esperanza de Triana, por ejemplo, sí se humanizaba cuando Fernando Morillo, su vestidor, hablaba de Ella con toda naturalidad cuando regresaba de vestirla y mientras abría su taller de joyería de Pureza, el de la puerta que se cerraba mediante una tranca de madera. “Hoy estaba disgustada, sí, muy disgustada”, susurraba Fernando.

Y todos sabían a quién se refería. Algo habría pasado en la cofradía, algún conflicto entre hermanos para que Fernando se expresara así. No hacían falta más comentarios. Las imágenes se humanizan cuando reciben las oraciones de los vivos y son depositarias de las plegarias por los muertos. Someter las imágenes al merchandising es una banalización muy propia del tiempo que nos ha tocado vivir. Dice un experto en la materia de perfumes: “Las vírgenes no te dicen lo que les gusta ni están sujetas a modas, tienen una veneración brutal y por tanto no es fácil humanizar con un perfume a una imagen que representa a la Virgen María”. Mire usted, que diría Felipe González, no hay necesidad ninguna de humanizar aquello que ya sentimos de forma natural entre nosotros, que vive con nosotros y que legamos a los nuestros: la devoción a las imágenes.

No hay que frivolizar con perfumes, ni mucho menos referirse a una “veneración brutal”, adjetivo propio de las encendidas tertulias de radio. Hoy todo es brutal, oiga. Hasta la veneración a una virgen. Estamos a un minuto de hablar de la necesidad de “poner en valor” la Semana Santa, de la “implementación” de medidas de seguridad con “criterios transversales” y de impulsar un “plan estratégico” para diseñar la Semana Santa de los próximos 30 años, un modelo “sostenible y con criterios de género”, por supuesto. Nos ha dado definitivamente un aire.

Que pasen los perfumistas, pero que pasen todos ya y tomen las posiciones. A ver si diseñan el olor a sacristía con trazas de cajoneras de roble, el olor a cúpula de capilla media hora después de que se hayan apagado los carboncillos, que es cuando huele bien; el olor a armario con los trajes de los servidores, con reminiscencias de terciopelo y galones de oro; el olor a las cajoneras de los cirios, el olor a altar de quinario de 96 candeleros recién apagado, que podría llamarse Eau de Cañaveral; el olor a calentería de la Macarena, a Mercado de la Encarnación en la mañana del Viernes Santo, a café de la Campana con trazas de leche (sin lactosa); el olor a vitrina cuando se han sacado las insignias para montar el altar, ¡ese inconfundible olor a moqueta!; el olor de la calle Sierpes cuando ha pasado la última cofradía y llegan los primeros barrenderos (esta modalidad sólo en agua de colonia); el olor a la Catedral de Madrugada con incienso de Palomino rico en vainilla (modelo esencia); el olor a mezcla de pipas y almendritas que se comercializará con el nombre La espera, en honor de quienes aguardan en sus sillas plegables; el olor a petalada de grupo joven, una fragancia de entusiasmo para ellos y ellas, modalidad unisex…

Y así podríamos seguir hasta rematar una lista verdaderamente brutal, porque esta Semana Santa es eso: brutal y, por supuesto, espectacular. ¡A ver si llueve y se van los olores! Con lo bien que huele la tierra mojada.

MANOLO CUERVO PINTARA EL NUEVO CARTEL DE LA MACARENA

 

La Macarena, Cuervo y Pablo VI

Manuel Cuervo visitó la Basílica de la Macarena esta semana a la búsqueda de inspiración para pintar el cartel oficial que edita la hermandad. Cuervo estuvo acompañado por el hermano mayor, José Antonio Fernández Cabrero; el asesor de la cofradía en esta materia, Ricardo Suárez, y varios oficiales de la junta de gobierno. En la imagen, la comitiva se detiene ante la sotana de Pablo VI que se exhibe en el museo macareno. Se trata del Papa de la Coronación Canónica de la Virgen de la Esperanza, por lo que tiene un valor muy especial. Y ahora, además, es un santo.

Los Negritos
Acusamos recibo del malestar de algunos hermanos por las modificaciones en el proyecto de paso de palio. Que si el azul de los faldones será distinto, que si la corona será llevada a Córdoba para algunos cambios, que si…

¿El tercer candidato?
Le ha pasado a más de un cofrade y de dos. Es lógico encontrarse estos días con los dos candidatos al Consejo de Cofradías, pero curiosamente suele estar también en los actos el candidato a la Alcaldía por el PP, Beltrán Pérez. ¿Es Pérez el tercer candidato a San Gregorio?

El pertiguero

Primer golpe. “El cura Marcelino es el más cofrade de todos. ¿Que por qué digo esto? A todos los candidatos les dice que va a ganar. ¡Viva Marcelino!”. Segundo golpe. Los empleados del Consejo son escrupulosos en cada proceso electoral. No hay duda. Pero algunos colaboradores de los candidatos deberían ser escrupulosos con los trabajadores, respetarlos y dejarlos al margen. Estilo se llama. Tercer golpe. Ojo a la misa de hermanamiento de la Redención y la Matriz de Almonte. Se espera una gran asistencia. Y ciriales arriba. Pasión celebra el 7 de noviembre en la Catedral un concierto benéfico para la Fundación Asistencial con piezas sacras y profanas de extraordinaria calidad, de Turina, Buenaventura Íñiguez, Manuel Noriega… Sonarán coplas de la Hermandad que llevan algunas más 150 años sin sonar.

El Lagarto de la Catedral: <<Mi querido Fiscal, te refiero el enésimo capítulo de trato con desdén. En San Julián deberían atender con mayor diligencia a quienes acuden por una simple partida de bautismo. A veces se despide a los fieles, no se les recibe con amabilidad, no se les explica cómo gestionar trámites con eficacia>>

El encanto perdido

El Fiscal | 21 de octubre de 2018 a las 6:00

NAZARENO AMARGURA

LA Semana Santa es una. Y hay que educar a saber esperarla. En la Semana Santa actual se ha sustituido el gozo de las vísperas, vivida en las charlas improvisadas de tertulias en los comercios o en los preparativos domésticos, por la angustia anticipativa, síndrome que se trata en los despachos de los psiquiatras. La excepcionalidad, lo extraordinario, eso que se daba en llamar histórico, no existe ya. No tiene lugar hoy. Está muerto.

De tanto sacar pasos nos toman a risa, nos tratan con una frivolidad no pocas veces justificada. De tanto repetir los mismos esquemas parecemos fotocopiadoras estropeadas a las que el tóner de la imaginación se les va gastando y escupen folios de tinta desparramada. Estamos confeccionando una Semana Santa para las redes sociales, consumista de vivencias, pasto de cultivo del neo-frikismo o del frikismo en versión 3.0, heredero de los años en que los costaleros tenían la supremacía exclusiva. Muchos no se identifican ya con tantas salidas extraordinarias, aunque sean de los pasos de palio más bellos con las Dolorosas de mejor hechura. Prefieren seguir esperando la Semana Santa que se celebra… en Semana Santa.

La Semana Santa auténtica se vive cuando la Amargura retorna por una calle Cuna vacía y un celador susurra algo al oído de un sufrido penitente. Tal vez un mensaje de ánimo, quizás una muestra de interés por el estado de salud, o cualquier confidencia que siempre quedará en el misterio de esos instantes en que la cornetería del Señor Despreciado se evade ya por los cielos de la Plaza de la Encarnación.

Muchos están hartos de pregones, salutaciones, carteles y otras gaitas que estarán concebidas con la mejor voluntad, con el mayor cariño, pero que echan otra paletada de tierra en la sepultura de la excepcionalidad.

Tal vez haya una mayoría silenciosa en el mundo de las cofradías que por puro respeto no se expresa en estos términos. Urge que miembros de esa mayoría vayan accediendo a cargos de responsabilidad para que se ponga freno a tanto exceso. Los dos retos que tiene la Semana Santa actual son volver a durar una semana y el blindaje de su seguridad. No podemos estar todo el día con las trompetas y el tambor por la calle. El testimonio público de fe no puede quedar devaluado, las coronaciones no se pueden multiplicar como hongos porque se corre el riesgo de ser vistas como la coartada para el enésimo tachiro.

El menú de la actual Semana Santa incluye el postre especial diario, cuando sólo debía ser para los domingos. Por eso sufrimos un sobrepeso preocupante, por eso estamos al borde de una Semana Santa mórbida que tiene perdida la capacidad de sorprender, de hacer algo extraordinario. Esta Semana Santa está sobrada de grasa. Seamos francos (y sigamos por Placentines). Sólo el traslado de Santa Ángela a la Catedral, el besamanos de la Macarena en la Parroquia del Sagrario y los traslados del Gran Poder por el Año de la Misericordia han sido acontecimientos que han generado un verdadero movimiento de masas en los últimos quince años.

Urge una gran reflexión, porque más pronto que tarde nos vamos a topar con un muro. Y aquí parece que nadie tiene la generosidad de adoptar una perspectiva global de la cuestión, más allá de lograr sus particulares días de gloria efímera.

Prefiero pensar que la Semana Santa dura una semana. Que las torrijas se comen en cuaresma. Que pregón sólo hay uno. Y que la belleza y la autenticidad están en esos ritos particulares que componen el mejor cartel anunciador. El encanto perdido de la espera.

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Foto: Daniel Salvador

La importancia de las redes

Decía el cardenal Amigo que las cofradías inventaron las redes sociales hace muchos años, con sus tertulias, sus conciliábulos y sus dimes y diretes. Es cierto. Las hermandades fueron vanguardia en esta materia, como fueron democráticas y mantuvieron las urnas en los períodos de la historia en que, precisamente, no se utilizaban. Ahora quiere usted saber por dónde va una procesión extraordinaria, o por qué calle discurre una advocación de gloria, y lo consulta en las redes sociales. Y en ellas, cofrades como José María Carmona (en la imagen, captando a su Virgen de la Victoria), le informan de todo con puntualidad. Son los denominados community manager. Tienen su papeleta de sitio. Y hacen su estación o prestan su colaboración de esta fructífera manera.

Una simple curiosidad
El Cabildo Catedral repartió determinadas credenciales para la asistencia a la ceremonia de coronación canónico de la Virgen de la Victoria. Hasta ahí todo normal. Ocurrió que alguien, al escribir el nombre de la hermandad, anotó La Cigarrera. Pruebas hay de ello. Si el nombre en plural nos resulta hermoso (Las Cigarreras), en singular lo es mucho más. Si fue un error o descuido, ¡bendito error!

Oído
“No hay que fiarse de ningún hermano mayor cuando hablan sobre el sentido de su voto en las elecciones del Consejo. Los hay que prometen su voto a todos los candidatos. La ojana mayor es la que del dice que votará lo que le diga su cabildo de oficiales. En esos casos me entra la risa. Pero el mejor fue el que me dijo a mi, sí a mi, que en su día votó a Adolfo Arenas porque le había llevado dos veces a cenar a Becerrita. ¡Y el tío se me encogía de hombros para justificarse y decuirme que había que entenderlo! ¡Se quedaba tan pancho!”.
Calentadores
No es que haya entrado todavía un frío excesivo. Pero los calentadores ya funcionan. Son esos personajillos que le calientan el oído al candidato sobre hermanos mayores dudosos o periodistas supuestamente adversos. Los hay en todas las listas. Aquí nos conocemos todos. Les va la vida en la causa. Sus respectivas se quedarían sin ocasiones para lucir el astracán.

El Lagarto de la Catedral: <<Mi querido y siempre inquieto Fiscal, estaría feo que hubiera que llamarle la atención a un ministro de la Iglesia por hace campaña en favor de una candidatura, ¿verdad? Esas cosas son para cofrades, no para curas, por muy buenos capillitas que sean algunos curas. Esperemos que no pase>

 

 

El vestidor sin prisas

El Fiscal | 14 de octubre de 2018 a las 5:30

PALOMINO (2)

Manuel Palomino ciñe la corona en las sienes de la Virgen del Valle. Foto: Javier Mejía

SE ha ido en silencio de la Anunciación tras vestir por última vez a la Virgen del Valle, la de los ojos verdes con la corona que luce los esmaltes de Limoges tallados por un monje de Silos. Manuel Palomino (Sevilla, 1951) pasea estos días por Tetuán con su estilo de sevillano elegante, con una vasta cultura en liturgia y con un barniz de malaje que sirve para ahuyentar a los plastas. “Ya no visto más a la Virgen del Valle. Espero seguir vistiendo a la Concepción, porque si no lo hago, me puede ir llamando el Señor”. Palomino no ha querido homenajes en la Anunciación. No se le ha oído una mala palabra, siempre ha sido disciplinado con las disposiciones de las juntas de gobierno de sus varias cofradías. Se ha ido metafóricamente por la puerta de atrás, la que da a la calle Compañía y conduce al azulejo de Saimaza. Entró de vestidor de la Virgen y prioste de la cofradía en 1995. Fue un revulsivo que conocimos en directo. La Virgen siempre era vestida por las hermanas hasta que Palomino se hizo cargo de la tarea. Volvió a vestir a la Virgen de hebrea, con ese estilo que siempre ha cultivado con libertad. Palomino siempre se siente libre en el oficio y paga gustoso la factura de ser libre. Gruñón y cordial al mismo tiempo con las camareras, ajeno a las nuevas modas en las formas de vestir a las Dolorosas, clásico en los conceptos y enemigo de las estridencias. Su estilo –digámoslo así– no es el de quienes acuden a los cultos únicamente para escrutar cómo está vestida la Virgen y se refieren a la Dolorosa exclusivamente por su nombre.

–¿Se me entiende?
–Clarinete, Fiscal, siga,siga…

La Virgen del Valle vestida por Palomino siempre ha sido de muchas medallas y recuerdos, de reconocimientos y regalos realizados por devotos. Para él era innegociable la Medalla de la Ciudad o la Medalla del Curso de Temas Sevillanos, de la que la Virgen es patrona, ¿verdad Antonio Bustos?
Nunca ha tenido prisas para vestir a la Virgen del Valle. El reloj se paraba en esos afanes, como el lento vuelo de una verónica de manos bajas, la Verónica a la que también le colocaba el paño con cadencia parsimoniosa de tarde de abril, albero y clarines. Sí, porque lo de Palomino ha sido y es una combinación perfecta de fe y arte. ¿Cuántas veces, Manolo, has acabado de vestir a la Virgen de madrugada?

Nunca ha faltado a la cita con su Virgen del Valle, ni siquiera al sufrir achaques de salud. Jamás ha dejado de subirse al paso el Sábado de Pasión para cumplir con su tarea. La pena, ay Manolo, es que no has elegido discípulo, porque siempre que te reprochamos por qué no transmites tu magisterio a algún prioste o a alguna camarera, se te oye dar un Máster en Malajismo: “Para aprender… a Salamanca”. Y todos los que te queremos, que somos legión, te aceptamos tal como eres y te esperamos en San Antonio Abad.

Imagen papeleta

Virtuosismo técnico para una papeleta

La Esperanza de Triana ya tiene papeleta de sitio para las salidas extraordinarias de los días 1 y 3 de noviembre. Se trata de unos preciosos dibujos de Pepillo Gutiérrez Aragón, que una vez más ha dado muestras de su virtuosisimo técnico con el lápiz. Pepillo nos ha regalado un dibujo a grafito con mucho realismo, un estilo que siempre lleva garantizado el éxito entre el público cofradiero. El problema de estas papeletas de tanta belleza es que a ver quién se atreve a doblarlas para que quepan en el bolsillo de la chaqueta. Estas papeletas son para enmarcarlas como recuerdo del VI centenario fundacional de la hermandad. ¿o no?

Ni pajolera idea
Leo en las redes los chismes sobre los cambios de bandas de música, los nuevos contratos, el tío que toca la trompeta y quiere ser hermano mayor, el que presiona para colocar su formación musical… ¡Esto parece el mercado de otoño, pero no de fútbol, sino de las corcheas! El del tachiro es un submundo del mundillo de las cofradías que da para varias cátedras. Y yo, humilde Fiscal, he de reconocer lo que casi nadie dice en esta España donde todo el mundo sabe de todo: no tengo ni pajolera idea. Ni Dios lo “premita”, que diría la gran Lola Flores.

Profesionalizar
Es el reto que tendrá que asumir el próximo presidente del Consejo: profesionalizar la gestión de la información. Pero con contrato y sueldo digno. No es de recibo que se siga supliendo con voluntarismo una tarea que bien merece contar con un profesional. El Consejo tiene recursos más que suficientes. Ytrabajo en este campo hay de sobra.

El Lagarto de la Catedral: <<Mi querido Fiscal, siempre inquieto y algo desconfiado, estoy igual de sorprendido que tú por la cantidad de medallas Pro Ecclesia et Pontifice que se han concedido de una tacada. Sí, sí, sé que se trata de una condecoración papal creada por León XIII en 1888. Y conste que me alegro por todos, sobre todo por don Antonio Ríos, que hace años que la merece>>

 

El feliz reencuentro

El Fiscal | 7 de octubre de 2018 a las 5:00

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LAS cofradías tienen su historia. Unas la cuentan por siglos, otras por años y hasta las hay que se ponen más edad de la cuenta, porque ya se sabe que la vejez cotiza y mucho en el mundillo de las cofradías. Usted se queja ante el apoderado del banco de lo malamente que le han tratado: “Llevo más de veinte años con la cuenta domiciliada aquí”. Y el tío del banco, con las gafas elevadas sobre la frente, le replica antes de irse al desayuno de 25 minutos de duración: “La antigüedad solo genera derechos en una cofradía, aquí mandan los números, ¿sabe usted?”. Pues eso. Las cofradías tienen sus historias, su patrimonio y sus cuitas. Pero algunos, por fortuna, entendemos lo justo de todas estas materias. Bastantes eruditos hay ya sobre tan sesudas disciplinas. Tenemos muy claro que las cofradías son las personas. Y cuando acudimos a su encuentro por las calles, a acompañarlas en sus regresos nocturnos –dicho sea con permiso de las sillitas de los chinos– buscamos siempre ese nazareno, ese acólito o ese capataz con el que identificamos la cofradía. Por supuesto, qué decir de los muertos. El mejor homenaje a un difunto es contemplar una cofradía y acordarse del sitio en el que salía cada año: “Ahí, justo ahí salía siempre. De fiscal de cruz con su palermo bien apretado, parece que lo estoy viendo”.

Cuando veo la cofradía de la Vera-Cruz por la calle Cuna, aparte de pegar la cabezada de respeto al cura Marcelino, sotana, fajín y vara, antes de que se fuera a acompañar a la de las Penas, siempre me acuerdo del naveta de la Virgen de las Tristezas, que lo fue hasta que dejó el puesto en 2015. Y me acuerdo, sobre todo, de los padres del naveta. Antonio Caravaca Silva se llama. Antonio portó más de 30 años el incienso con el que se perfuma el camino de la Virgen de las Tristezas, dalmáticas, iris blanco, sobrio palio de cajón. Antonio comenzó a salir de naveta el Lunes Santo de 1986, cuando los hermanos acólitos se contaban con los dedos de una mano… y sobraban. Siempre fiel a su estación de penitencia, serio y con la mirada al frente. Antonio era un acólito con alma de nazareno de ruan. Porque Antonio es un nazareno de ruan. La Vera-Cruz es Antonio. Antonio quiere a su hermandad. Y su hermandad lo mima. El otro día acudió el cardenal Amigo a la capilla para presidir la misa de apertura del VI Congreso Internacional de Hermandades de la Vera Cruz. Y ambos se reencontraron.

Antonio se ha llevado de naveta de la Virgen de las Tristezas casi lo que ha durado el pontificado de monseñor Amigo en Sevilla, que ha durado más que el recorrido del Polígono de vuelta. Quién mejor que Antonio para ayudarle en una misa tan solemne, con su roquete y su sotana, con la seriedad de siempre en el altar, y con esa sonrisa posterior en la sacristía. Una sonrisa de felicidad. El cardenal se acuerda de los padres de Antonio, como nos acordamos nosotros cada vez que vemos al hijo. Los dos están ya para siempre en la capilla de la Vera-Cruz, prolongación de la casa familiar. Ver a Antonio es recordar cómo su padre velaba por la estación de penitencia del hijo con toda discreción, con fino tacto, sin hacerse notar.

Cuando vean a Antonio entre el público que espera a la Vera-Cruz, sitúense cerca porque así verán a la Virgen más cerca que nadie. El capataz siempre para el paso a la vera de Antonio. Y así, este naveta emérito de la Virgen de las Tristezas se reencuentra cada año con sus particulares recuerdos. La Vera-Cruz es grande por cuidar de hermanos como Antonio, la flor más blanca que nunca le falta a la Virgen de las Tristezas.

Cartel Triana

La preciosidad de un tondo

Cristina Ybarra es una pintora con personalidad y con un estilo muy definido. Hay que agradecer que haya sido fiel a su obra en el cartel que ha pintado para anunciar la salida extraordinaria de la Virgen por los 600 años de fundación de la Hermandad de la Esperanza de Triana. Es muy evocador el formato circular escogido, un tondo precioso que para algunos evoca los ojos de buey de los barcos que atracaban en el puerto y por cuyo interior se oteaban estampas antiguas de la Virgen. Un círculo que, además, recuerda a un motivo tan marinero como el salvavidas. El empleo del pan de oro es, como decíamos, una muestra de fidelidad a su trayectoria. No busquen fotos cuando se trata de un cartel. Busquen originalidad. Sólo con la originalidad se engrandece un patrimonio pictórico. De pestiños y fotocopias andamos hartos.

Oído en la calle Pureza

“Nos ha sentado muy mal, para qué te voy a andar con paños calientes. Cualquier hermano tiene derecho a presentarse, pero no estamos en unas fechas para eso, estamos viviendo días muy bonitos. De aquí a diciembre tenemos que estar concentrados en lo que tenemos que estar. Y después hay tiempo de sobra hasta el cabildo para hablar de elecciones. ¿No te parece? Es cuestión de estilo, lisa y llanamente de estilo. Y de saber respestar los tiempos. Nada más. Ha sido una pena…”.

Madrugada 2019

Si todo sale como debe salir, los bares de las zonas sensibles del centro volverán a estar cerrados la próxima Madrugada. Se considera que la experiencia fue un éxito, por lo que todo aconseja que se repita la medida, acompañada por supuesto de labores intensas de inspección en las tiendas que surten de bebidas para ser consumidas al aire libre.

Un gesto precioso
Acertó la Esperanza de Triana al homenajear a Garrido en la gala del Lope de Vega. Qué mejor que entonar la Salve que escribió. Por cierto, una delicia oir de nuevo a José María Rubio con su inolvidable pregón. Un pedazo de pregón.

El Lagarto de la Catedral: <<El cura necesitaba unos 70.000 euros para mejoras en el templo. Le dijeron que acudiera a un banco. Si la entidad no le ofrecía algo bueno, se lo podría dar ellos, pero tendría que pagar un 11% de interés, porque ellos tenían que coger el dinero de un plazo fijo que tienen puesto a nada menos que.. ¡un 7%!>>

 

El Zaqueo sevillano

El Fiscal | 30 de septiembre de 2018 a las 5:00

Gran Poder

Foto: Marta F. Esquivias

EN los niños habita la verdad más desnuda. Ellos poseen el blindaje de la inocencia. Sólo a ellos les está permitido jugar con lo más sagrado, recrear pasos con una silla de la cocina o danzar tocados ante el Santísimo, privilegios de la infancia. Los niños señalan lo importante y destierran lo secundario en un santiamén, no ven dificultades, creen que todo es posible, porque nadie como ellos encarna la Esperanza. No hay cimas difíciles de coronar, no hay horarios inabarcables, son más libres porque carecen del corsé de la medida del tiempo. Los niños nazarenos nunca quieren dejar la fila, como nunca quieren dar por terminado el partido, el baño o los juegos. Es la fuerza de la ilusión, de la inocencia, es la ausencia de la memoria. Los niños son libres en su imaginación. No hay distancias ni misiones imposibles para el crío que quiere besar el talón del Señor, pequeño Zaqueo aupado en el pedestal, con los ojos clavados en las alturas, divina espalda que soporta el peso de la cruz, túnica de la guardilla, oro bordado, siete vueltas al cíngulo y basílica imponente, arquitectura sobria como el panteón de Agripa.

Los niños no tienen miedo a caer, lección suprema para muchos adultos. No tienen miedo a no llegar, no tienen miedo a despeñarse, no tienen miedo al fracaso. Al Dios de San Lorenzo se llega encaramado en una fe maciza de mármol. Los niños se acercan a Dios, alzan sus ojos para intuir su rostro manso, mirada inocente, limpia como la túnica blanca con la que fue vestido para esas estampas que, cuarteadas, han llegado hasta nosotros. Dios de los niños que a todos nos convierte en Zaqueos, Dios de los niños que estrellan la pelota contra los muros de las basílicas en tardes de juego, sudores y vasos de agua suplicados, Dios de los niños de ojos absortos que se asoman por primera vez al misterio de la Madrugada, Dios de los niños que aprenderán que el racheo de su cuadrilla es la banda sonora del Señor, Dios de los niños que siempre aguarda en la hornacina de su altar, como aguarda a sus padres, aguarda a sus abuelos y aguardó en San Lorenzo a los padres de sus abuelos, Dios bueno que quiere que los niños se acerquen a Él, Dios que es descubierto por los rostros tiernos que miran entre dos barrotes en la noche alta de un Viernes Santo, Dios del que oye hablar en casa, al que se encomiendan sus mayores en las desgracias, que preside las principales estancias, Dios que siempre está alumbrado por un farolito en un comercio, adornado por un lazo en un taxi, o que se nos aparece en la esquina de un marco. Todos somos niños ante el Gran Poder, todos nos volvemos Zaqueo por un instante. A sus pies dejamos nuestra infancia, aquellos días azules que hoy están bordados con el oro fino de nuestros recuerdos. El Gran Poder es el Dios de los niños, porque todos somos niños ante la ternura de su mirada.

22/09/2018: Elección de la pregonera y del cartelista de la Semana S

La emoción de la pregonera

No se recuerda en la historia reciente de la institución una designación tan rápida, sobre todo porque muchas veces se han producido varias votaciones, polémicas y rechazos. El presidente Antonio Piñero llevó todo bien atado a la sesión. El domingo previo se reunió con Charo Padilla para pedirle que esta vez dijera que sí al ofrecimiento de dar el Pregón. No hubo problema alguno. Don Juan José Asenjo también estaba animado a Charo desde hacía meses. El arzobispo ha sido fundamental. Hasta cuando ella hacía penitencia como nazarena de la Redención el pasado Lunes Santo, el prelado le dijo en la Catedral: “Charo, el Pregón, el Pregón…”. Esta vez no tuvo dudas. Escribir columnas de opinión en las páginas de cuaresma de este periódico le sirvió para darse cuenta del inmenso caudal de vivencias acumuladas en más de 30 años de oficio. Yel ánimo que recibió de José Ignacio del Rey Tirado la noche entrañable de la entrega del premio Homo Cofrade también resultó determinante. La tarde de la designación recibió llamadas muy especiales. La presidenta de la Junta de Andalucía, Susana Díaz; el cardenal Amigo, muy cariñoso con ella; los anteriores pregoneros José Luis Garrido Bustamante (“¡Qué bien se llevan los pasos andando sobre los pies!), Joaquín Caro Romero (“La vida es una semana”) y José Ignacio del Rey Tirado (“De qué color son los ojos del Cristo de la Buena Muerte”). El alcalde, Juan Espadas, telefoneó a la pregonera desde Roma, donde estaba de visita guiado, precisamente, por Carlos López Bravo. La pregonera se vio subida desde ese momento a una montaña rusa de emociones, de recuerdos, de peticiones de entrevistas para toda España. El presidente Piñero, ya con más calma, le insistió esta semana en lo que muchos piensan. Sólo se espera que Charo sea la de la radio, la de los reportajes, la de las retransmisiones. Nada más. Como los anteriores pregoneros, la Padilla tiene ya su ayudante: su compañera Esther Menacho. Hay quienes se han referido hasta 2018 a la figura del asistente personal como mozo de espadas, apoderado o manager. A la Menacho habrá que buscarle denominación. El sábado no paró de sonar el teléfono. El domingo, tampoco. Y esta semana la requieren ya de hermandades y colegios. La Padilla quiere ser cuanto antes la reportera de siempre, pero durante unos meses deberá prestar atención a aquella reflexión que le hicieron al cardenal Amigo cuando llegó por primera vez a Sevilla vestido de purpurado y se sintió abrumado: “Eminencia, la gente tiene derecho a verle feliz”. Tiempo habrá para enclaustrarse y acumular vivencias. Ahora toca recoger afectos. Lo decía Carlos Herrera en las vísperas de su Pregón: “Hay que vivir y quiero vivir cada uno de los ritos”. Que suene la música, de Marvizón, y que no se acaben las croquetas. La emoción se irá ahormando y se convertirá poco a poco en Pregón.