Tres décadas de los Lacave

El Fiscal | 10 de marzo de 2010 a las 9:17

lacave

A Rafael Duque del Castillo (que tanto supo y nos enseñó sobre el célebre recurso del Gran Poder contra la normativa diocesana de hermandades) se debe su creación cuando expiraba la década de los setenta, tan delicada para las cofradías. Tiempos difíciles de punkies de la calle Arfe esparciendo cristales para herir a los nazarenos descalzos, de los últimos penitentes con grilletes, del laterío ensordecedor por las calles, de las primeras máquinas de Gofres Belinda al regreso de la del Tiro de Línea por Teatinos, de la guerra de los chaqués entre aquellos bisoños concejales de la democracia, de la negociación con las cofradías para la cesión de la explotación de la carrera oficial, de algunos pasos que no eran arriados en la Plaza por desaire a un gobierno local que incluía concejales del PCE, de Bueno Monreal contemplando las cofradías desde el balcón de Placentines del Palacio Arzobispal y de grandes cofrades vinculados al incipiente consejo (Sánchez Dubé, Moya García, Delgado Alba, etcétera). El entonces hermano mayor recibió una serie de avisos serios que aconsejaban tomar medidas. Tres hermanos Lacave se dirigían un día de abril a la visita de rigor al Señor cuando Duque del Castillo les interrogó en el Casinillo: “¿Os importaría salir delante de la cruz de guía abriendo paso? Ha habido amenazas sobre que este año la cruz entrará en la plaza del Duque, pero no llegará a la Campana”. Aquellos tres hermanos sumaban una altura de 5,64 metros y un peso de 300 kilos. Estos carráncanos de la Madrugada, precedentes elegantes con ruán de los agentes del Cecop del Dustin y el pinganillo en la oreja, se convirtieron a partir de entonces en un clásico en la cofradía del Gran Poder, de tal forma que, en clara muestra del triunfo del lenguaje, no se sale con cirio apagao delante de la cruz de guía de una cofradía, sino que se sale de Lacave. Verbigracia: “Fulanito sale de Lacave en Los Estudiantes”. A usted le echa una mirada un guardia civil por aparcar encima de una acera y siente lo mismo que el niñato que hace el cafre delante de la cruz de guía del Gran Poder y es mirado por un Lacave. El cirineo de Pasión, que es el autorretrato de Sebastián Santos, tiene también mirada de Lacave, fina, enigmática y penetrante. Como tenía mirada de Lacave cierto camarero del Laredo, pero el auténtico, el que no tenía lámparas estilo remordimiento, cuando entraba un pedigüeño desaliñado, o cierto ilustre tabernero aún en ejercicio y de sota, caballo y rey en la carta de bebidas cuando le piden una copa de Marie Brizard: “Chucherías, al quiosco de la Alfalfa”. Lo dicho, hay miradas en Sevilla que matan, infuden respeto y lo dicen todo. Tres décadas ya de los Lacave. La ciudad ha cambiado. Pero hay miradas con semiótica propia que perduran. No hay cosa más seria que abrirle paso al Señor.

  • Alejandro

    No se como no le escriben más porque artículos como este merecen todos los elogios que hagan falta. Sin ojana y de frente le digo: genial.


Comentar


Nombre (Obligatorio)

Correo electrónico (Obligatorio)

Página web (Opcional)

El autor, en este espacio, se limita a recoger la opinión y contenidos de los lectores, por lo que no se hace responsable de los mismos. Si encuentra algún texto ofensivo, erróneo o alguna opinión que no sea respetuosa, le rogamos que nos lo haga saber