Sevilla, ciudad púrpura

El Fiscal | 7 de septiembre de 2014 a las 5:00

CARDENALES
El Papa ha movido ficha en el tablero del episcopado español. El salmantino Carlos Osoro en sustitución del polémico Rouco Varela. Y Cañizares, hermano de Los Estudiantes, que estaba en la curia romana, retorna a España para ocupar la sede de su tierra valenciana. A Cañizares, por cierto, le han sacado ahora una foto de 2007 en la que aparece revestido con la capa magna que antaño usaban los cardenales, un hábito absolutamente en desuso que le hace aparecer fuera de la órbita de un Papa que sólo usa una sencilla cruz pectoral de plata y que sigue viviendo en la residencia de Santa Marta en lugar de en los aposentos reservados para el pontífice. La foto de Cañizares, un hombre afable, culto y de puertas abiertas, es demoledora para la imagen de quien fue primado de España.
¿Cómo queda Sevilla en esta nueva composición? ¿Tiene monseñor Asenjo posibilidades de ser cardenal en breve? Lo primero es que quienes ingenuamente veían a monseñor Asenjo en Madrid ya se han caído del caballo. Ni él contemplaba tal posibilidad, ni existían factores que indujeran a pensarla. Don Juan José sabe mejor que nadie que Sevilla es parada y fin de trayecto en condiciones normales, como son las suyas, por mucho que oscile entre el enojo y la actitud taciturna por las cuitas que sufre como gobernante de la diócesis. Lo segundo es que su gran mentor, monseñor Rouco, lleva amortizado desde la lluviosa noche en que un argentino salió de blanco al balcón principal de San Pedro. Asenjo, aun no contando ya con la fuerza de Rouco, goza de una consideración importante en el episcopado español. Desde marzo forma parte del comité ejecutivo de la Conferencia Episcopal, de la que en tiempos fue secretario general con una eficaz gestión de la visita del Papa Juan Pablo II a Madrid en mayo de 2003. Una eficacia basada fundamentalmente en que aquel viaje le salió prácticamente gratis a la Conferencia Episcopal por el éxito en la obtención de los necesarios apoyos económicos. El Gobierno de Aznar condecoró al Nuncio Monteiro, al cardenal Rouco y al obispo Asenjo con la Gran Cruz de Isabel la Católica por la organización del viaje.
Osoro tendrá que ser cardenal. Se da por hecho que todo arzobispo de Madrid lo es. Las megápolis han ganado en peso pastoral a las sedes históricas. Ocurre que a Rouco, nacido en 1936, le quedan aún dos años como elector, una circunstancia que podría ralentizar el purpurado de Osoro. No se olvide nunca que al Papa le queda aún un segundo movimiento clave: la elección del arzobispo de Barcelona. En esta ocasión entran en juego factores relacionados con la geopolítica pastoral. No cualquiera puede ser el prelado de Barcelona, y menos aún con el ambiente caldeado por la convocatoria de un referéndum con clara vocación separatista fijado para el 9 de noviembre. Con Martínez Sistach, de la quinta del 37, ocurre como con Rouco. Tiene aún cuerda (tres años) como cardenal elector. El sucesor de Sistach también tendrá que ser necesariamente nombrado cardenal (en caso de que no lo fuera ya).
Ahora mismo hay cuatro cardenales españoles electores (Santos Abril, Rouco, Cañizares y Martínez Sistach). Si el Papa nombra cardenales a los nuevos arzobispos de Madrid y Barcelona antes de que Rouco y Sistach cumplan los 80, España puede contar hasta con seis electores, por lo que es previsible que haya que esperar a las jubilaciones como electores de ambos, o al menos de Rouco.
Toledo es otra diócesis con fuerte tradición cardenalicia. De hecho tiene un cardenal emérito, monseñor Álvarez, nacido en 1925. Aunque en Roma ya no cotiza tanto lo de ser la archidiócesis primada de España, el actual prelado, Braulio Rodríguez Plaza, deberá acceder también al cardenalato más pronto que tarde al igual que sus antecesores, caso de Cañizares, el propio Álvarez, Marcelo González y no digamos el célebre cardenal de la Transición, Vicente Enrique Tarancón.
En el caso de Sevilla aún pesa la figura del cardenal Amigo, al que en toda España se asocia indisolublemente con la capital andaluza. La identificación es plena, en buena parte por sus habituales comparecencias en los medios de comunicación. No es elector en un cónclave desde que el pasado 23 de agosto cumplió los 80 años, lo que beneficia las posibilidades de monseñor Asenjo de ser cardenal, pero Don Carlos mantiene una agenda intensa de viajes y apariciones públicas que no permiten intuir ningún interés por enclaustrarse en ningún convento franciscano. Su figura se percibe todavía muy viva, pese a la reciente intervención quirúrgica. Y Sevilla, al menos por ahora, no es una diócesis a la que Roma vaya a conceder el privilegio de tener dos cardenales, por mucho que uno no tenga ya acceso a la Capilla Sixtina. Sevilla no es Madrid ni Barcelona. Y estamos en la misma tesitura que Toledo, con dos cardenales eméritos y dos arzobispos en activo a la espera de serlo, por lo que el Papa podría meditar entre conceder ese privilegio a una diócesis sí y no a la otra.
7ª CONGRAGACION DE CARDENALES EN EL VATICANO
La arquitectura del peso de la diócesis sevillana sólo descansa sobre el pilar de la historia y, si cabe, por el peculiar estilo de gobierno que imprima el ordinario del lugar. Roma hizo esperar a Don Carlos nada menos que 21 años desde que fue nombrado arzobispo de Sevilla en 1982, una designación en la que fue determinante Don Juan de Borbón. El padre del Rey Juan Carlos fue clave para que la Nunciatura se fijara en aquel joven obispo de Tánger y le concediera un salto inusitado en una carrera eclesiástica. Y casi treinta años después tuvo que soportar que su renuncia fuera aceptada de inmediato al cumplir los 75 años, lo que no ha ocurrido ni con el polémico Rouco ni con el hábil Martínez Sistach, a los que aún se les permite una prórroga en señal de respeto y reconocimiento. Incluso todo apunta a que con Rouco se va a tener el detalle de esperar a que cumpla los veinte años como arzobispo de Madrid. Está visto que el lenguaje más claro de la Iglesia es la medición de los tiempos. Se ve con claridad en las prórrogas, cicateras o generosas, como se ve en la demora para nombrar prelado para la diócesis catalana.
A monseñor Asenjo le quedan seis años como arzobispo de Sevilla antes de presentar su renuncia obligada al Papa. De los 124 arzobispos que ha tenido Sevilla, 35 han sido cardenales antes, durante o después de presidir la diócesis hispalense. Incluso uno, Rodrigo de Borja, llegó a Papa y gobernó la Iglesia universal como Alejandro VI. Desde que en el siglo XIII los Papas designan cardenales de fuera de Roma, el 47,29 % de los arzobispos de Sevilla han recibido el capelo. Y desde el siglo XIX todos los arzobispos de Sevilla han llegado a ser cardenales, aunque no todos desde el comienzo de su pontificado. Alguno solo en el último año del desempeño del cargo.
Es cierto que las ciudades como tales no tienen derechos cardenalicios. El cardenalato es un peculiar título y oficio eclesial que el Papa concede a personas, no a una urbe o diócesis en particular. También lo es que los Papas van modificando la configuración del Colegio cardenalicio en función de criterios cambiantes con los tiempos. Incluso se nombran cardenales mayores de ochenta años, como ha ocurrido, entre otros, con el arzobispo emérito de Pamplona, Fernando Sebastián, que vive su retiro en la residencia sacerdotal de Málaga y con el que el Papa Francisco ha querido tener ese detalle.
No cabe duda, además, de que quien llega a cardenal es porque ha tenido cantores de sus hazañas, padrinos, mentores y apoyos hasta de los gobiernos, tejidos éstos últimos en la influyente embajada de España ante la Santa Sede. Basta recordar las memorias confesables del recientemente fallecido Carlos Abella y Ramallo, gentilhombre de Su Santidad y hasta 2004 embajador en el Palacio de España en Roma, en las que detalla los movimientos previos para colocar nuevos cardenales españoles, entre ellos los ocurridos con motivo del consistorio de octubre de 2003 del que salieron elegidos cardenales monseñor Amigo y el cordobés Herranz, también jubilado. Que haya hueco y que haya apoyos con fuerza serán claves para que Don Juan José renueve una tradición ligada a la ciudad desde hace doscientos años. Don Carlos esperó más de dos décadas por falta de padrinos y así pagó el precio de su independencia y de su cierto desdén para con el aparato de poder que representa la Conferencia Episcopal. Por dos veces durmió Juan Pablo II en el Palacio Arzobispal de Sevilla (1982 y 1993) y ni por esas se alivió la espera.
Ahora no hay que olvidar que Rouco ya no está en la pomada. Y otro español con fuerza, Don Juan del Río, está como arzobispo castrense con línea directa con la Casa Real, es también miembro de la comisión ejecutiva de la Conferencia Episcopal y goza de indudable sintonía con los nuevos tiempos de la Iglesia. Sin olvidar que Santiago de Compostela también ha tenido cardenales en alguna ocasión. Las opciones de monseñor Asenjo para ser cardenal no tienen muchos años de margen. Y Toledo puede cruzarse en el camino.

  • Baeticus

    Puede que esté equivocado, pero para mí que si monseñor Amigo no fue antes cardenal fue porque no era del gusto de Rouco y además era franciscano. Del gusto de Rouco es Asenjo y por lo mismo fue por lo que a monseñor Amigo se le aceptó la dimisión sobre la marcha. Rouco, que por entonces mandaba, no lo quería en Sevilla, que en Sevilla quería a Asenjo, como al parecer luego quería a Asenjo en Madrid, que a su vez es la razón por la que, con los tiempos que corren y los vientos que soplan desde Roma, Asenjo no podía ir a Madrid, eso estaba cantado. Y en otro orden de cosas, la historia pesa lo suyo, pero también la realidad. Toledo es la sede primada, pero la realidad es que la población de la archidiócesis de Toledo, por muy sede primada que sea (esa es la historia) no llega a los setecientos cincuenta mil habitantes (esa es la realidad) y los de la de Sevilla superan el millón novecientos mil, siendo la cuarta de España por número de habitantes, esa es la realidad, aparte de la historia.

  • carpanta

    Lo primero seria mudarse a un sitio mas sencillo y abrir el palacio al circuito turístico. Por cierto tampoco estaría mal que lo emularan otras instituciones como la Junta en San telmo, que podría ser un excelente museo de la Semana Santa.

  • estodesevilla

    Para cuando la calle al Carlos Amigos Vallejo que el anterior gobierno municipal propuso y el actual por ciertos intereses con el actual Arzobispo no ve oportuno aprobar la rotulación.

  • patero

    Una gran ausencia, no sé si intencionada o no. Don Ricardo Blazquez.
    Lo logico es que fuera cardenal después de las misiones encomendadas por los papas y siendo presidente de la Conferencia Episcopal.

  • SILENCIO

    Olvida usted una cosa; las enormes remesas que la muy rica Iglesia sevillana sigue enviando a Roma. Esa es una de las grandes claves. Esta diocesis es riquisima en propiedades y negocios que rentan muchos millones de euros al año. Si, si, la misma Iglesia que rehuye reparar su patrimonio es muy, muy rica. Y el gran problema es la pleitesía que a una sola carta se ha jugado a ser el lacayo de Rouco. Por ahí puede venir la congelación.
    La otra clave es quien gobierna en la embajada romana y por ende en la Obra Pía, que depende de Exteriores y es propietaria de los mejores pisos del centro de Roma, en muchos de los cuales viven alquilados muchos de los cardenales de la curia. (de 300 a 600 metros)
    De esa coctelera, saldrá el resultado

  • Antonio-J. Femenías

    ¿”Ciudad púrpura” por una chorrada así? ¿De verdad se creen que a los sevillanos nos enorgullecería que una organización de tan dudosa reputación como la Iglesia Católica nombrara de nuevo al capo de Sevilla cardenal? Debe ser una broma de mal gusto, como la “noticia” propagandística de Susanita, que tiene de “político influyente” lo que yo de fan de ella, pobre desgraciada ventajista sin exoeriencia laboral alguna.

  • Manolo

    No por favor Asenjo NO. Ya no nos queremos acordar de su paso por Caja Sur. ASENJO NO, se puede decir mas fuerte pero no mas claro. Mas vale que el den la prorroga al Cardenal Amigo Vallejo, que un posible ascenso a su nefasto sucesor.

  • antonio

    Para qué sirve un cardenal? Los sevillanos, gran parte de ellos, estáís en el siglo XI.

  • Javier

    Para Antonio. Pues siguiendo tu “razonamiento” los madrileños, los Barceloneses, los milaneses o los neoyorquinos deben de estar también en el siglo XI.

  • gonzalo

    Estoy con Antonio, no se para que sirve un cardenal si no es para lucirse en SSanta o con algún comentario mas o menos desafortunado. Me preocupan más los 90.000 parados de Sevilla.

  • antonio

    Para Javier: Naturalmente. Lo que afirmas es cierto. Eso es puro talibanismo.

  • @Olorapescadero

    Cuánto dinero cuesta mantener la humildad de Bergoglio? NO me trago tanto cuento de cara a la galería, Otro sí lo hacen. Allá elos. Pero en la Iglesia Católico ha habido verdaderos santos y verdadera humildad y sin darse alharacas mucho antes que llegase ese vendedor de humo que sólo trae confusión y error a la Iglesia. El cisma está a la vuelta de la esquina.


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