A una semana

El Fiscal | 2 de abril de 2017 a las 5:29

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El oro de las emociones hay que salir a buscarlo con fe, sin que ningún pelmazo fastidie con una charleta el encanto de disfrutar de un cortejo de la cruz al palio


 

SÓLO siete días para el reencuentro con esos nazarenos del gozo que compendian con su silencio la mejor y más auténtica Semana Santa: la de la estrechez de Cuna, de escaso público a deshoras, de balcones cegados y fatiga alegre. Sólo siete para disfrutar de esa selección de momentos en la que se ha convertido la Semana Santa. Según se ganan años, la Semana Santa va menguando, se achica, se resume, se convierte en un perfume caro que se administra en pequeñas dosis. Hay muchísimas cosas que se dejan de ver y hay algunas a las que no se renuncia de ningún modo. Siete días para contemplar esos nazarenos albos camino de San Juan de la Palma. ¿Quién ha dicho que no sale la Amargura en los años de lluvia? Sólo ver a sus nazarenos cruzando la Encarnación, llegando por la calle Feria o bajando por Regina es una forma ya de ver a la Amargura aunque el sol de su corona se quedara sin nacer en la noche del domingo.

A siete días de dejarnos llevar, de no distraernos con la logística, las polémicas o los relatos forzados de una Semana Santa de diseño. Bajarán las túnicas de los altillos, se desenrollarán los espartos, cogerán la horma los capirotes revestidos por los antifaces, se desabrocharán las sandalias, se alisarán las arrugas del almidón de las capas, se alzarán las palmas a los balcones y nacerá una nueva Semana Santa en el enjambre de capirotes blancos de esos nazarenos blancos que son en sí mismos el mejor pregón.

No dejen que las vallas le coman el terreno de la emoción. La logística es el mal necesario, el instrumento, la herramienta. No dejen que el obstáculo de la carrera oficial, los tíos que hacen de porteros, las sillas de los chinos o los roedores de pipas le priven de contemplar esas estampas que son la mejor Semana Santa: la atmósfera que se recrea en la parada de un paso de palio, el nazareno que lleva un monaguillo de la mano camino de un templo, el primer nazareno de ruan que se dirige al Salvador, el penitente que retorna a casa en las primeras horas del Lunes Santo, la mirada que recibe una Virgen desde un balcón, el nazarenito con varita que se siente un rey por unas horas, la floritura de plata de esa orfebrería del paso que se ha quedado justo delante de usted por unos minutos, las lágrimas de alguien que no se ha podido resistir al orar ante ese lirio tronchado que es la cabeza de la Buena Muerte, el tío de la caña que levanta el cable del tendido eléctrico para que pase el mástil del madero de un crucificado, las madres del Tiro de Línea que caminan tras el Cautivo, la melena en cascada de ese mismo Cautivo, la belleza de Claudia Prócula, la Virgen morena de la saya rosa que sale a recrear su hermosura en la noche del Martes Santo, la escolta de Artillería de San Bernardo, altos los candelabros del Cristo de la Salud, la maravilla vanguardista del manto de la Virgen de los Negritos….

A siete días para vivir todo lo que de verdad importa. El Silencio Blanco de Dios, oro blanco, mirada aviesa de Herodes, destellos de los anillos, joyería en el pecho. Azul y plata en San Julián, el palio blanco de Maireles recortado en el Parque, y Gracia y Esperanza buscando la sombra de Santa Catalina a los sones de una marcha macarena.

Dicen que este año pintarán las zonas aforadas del centro. Dicen que habrá más de 3.000 agentes de Policía. Dicen que habrá una vigilancia especial contra la venta ambulante. Dicen que… Pero nadie dice que la verdad de la Semana Santa es la emoción que generan las imágenes, el momento de intimidad que se produce cuando un paso de palio se aleja, el sorbo de cerveza rehabilitador entre cofradía y cofradía, el atajo de una calle que conduce a una cruz de guía, la bulla que se hace y se deshace como en los mejores tiempos, los codales iluminados de un balcón a la espera de un saetero, el cristal de un comercio donde se refleja la silueta elegante de un nazareno de negro o el vacío de una capilla cuando solo queda por salir el cortejo del preste, niños con dalmática, cirios en vertical y el tío del carro preparado para echar la llave del templo.

Salgan a la calle dispuestos a dejarse sorprender por cualquier cofradía. Elijan una de las buenas, admiren su cortejo al completo, disfruten de los detalles, de las miradas de los penitentes, de las manos de los nazarenos, de las cuentas del rosario, de la cera, de los bordados, de las insignias… Disfruten en silencio, no dejen que ningún pelmazo les distraiga con una charleta, porque esa cofradía que pasa, ese nazareno que de pronto le retiene la mirada, esa caída de palio que se mece con gracia justo por donde está usted, no pasará por segunda vez. A siete días de que todo empiece. Déjese llevar una vez más. El oro de la emoción hay que salir a buscarlo con fe.


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