El pregonero inteligente

El Fiscal | 3 de abril de 2017 a las 5:00

LA buena educación abre todas las puertas. Y escribir bien da acceso a todos los postigos, incluido el del aceite. Torear a favor de querencia, en los dominios de uno, es propio de inteligentes. Qué original resultó combinar la Tauromaquia con la Piedad del Baratillo, el pasaje más bello del Pregón con mucha diferencia; qué innovadora para algunos la introducción de la guitarra, lástima que a cierto pregonero no le permitieran en su día la Centuria Romana, y qué bello del tramo final el pasaje dedicado a la Macarena (se impuso de nuevo la letanía buzoniana). El cofraderío podrá largar, que larga, pero no se podrá quejar, aunque se queje. Alberto García Reyes fue el pregonero inteligente, porque pisó los terrenos propios, se llevó a sus dominios la encomienda de anunciar la Semana Santa. Hasta en dos ocasiones nos reímos por la narración de anécdotas, como en el pregón de Javierre en 1993. Reclamó libertad, libertad, libertad, como hizo Herrera cuando proclamó la necesidad de paz, paz y paz. Hizo un extenso prólogo al estilo de Burgos. Un homenaje a las madres, como su admirado Berjano. Y una despedida, muy hermosa, dedicada a la ciudad, que otros pregoneros prefirieron hacer al principio.

Jipíos, guitarras, gitanos. Juncales, morenos, soleares. Flamencos, toros, saeteros con gracia. Lo mejor, lo más novedoso y tal vez lo mas enriquecedor para muchos, es que en algunos instantes, ¡por fortuna!, parecíamos estar en un sitio muy distinto al habitual tostón del pregón de Semana Santa. Así que no se quejen. Porque hubo momentos preciosos. Y hubo hasta un ministro en el escenario. Ministro de Dentro. Perdón, ministro del Interior. O del Interió. Juan Ignacio (Zoido) lució el chaqué, mandó al arenista Sanz a la primera fila del patio y después se fue a almorzar a un restaurante italiano. No al Alcázar (donde ya hay menos fotógrafos) sino a un italiano. La melva pierde terreno.


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