Una Semana Santa al borde de la troika

El Fiscal | 23 de abril de 2017 a las 5:00

INCIDENTES EN LA MAGRUGç

Una Semana Santa en crisis, como una nación en crisis, requiere de grandes reformas. Cuanto más tardó Zapatero en negar la crisis económica, más tardó España en comenzar a ver la luz del túnel de la recuperación macroeconómica. La otra, la microeconómica, ni mucho menos está lograda, como denuncia monseñor Asenjo en sus recientes intervenciones públicas: “No olvidéis a los pobres”. Las denuncias sobre los excesos y despropósitos que marcan esta Semana Santa de comienzos del siglo XXI han sido tildadas no pocas veces de estar formuladas por puristas, defensores de esencias perdidas o directamente por carcas. Esta Semana Santa que nos ha tocado vivir, heredera del boom de los años 90, exige mucho cariño y ninguna reticencia a determinados cambios. Exige decir no, exclamar un basta ya ante muchas prácticas con las que las propias cofradías han contribuido a viciar el ambiente, a generar un tufo de decadencia que ha tenido efectos perversos. Esta Semana Santa está a un paso de quedar intervenida por una troika (Ayuntamiento-Cecop-Delegación del Gobierno) ante la incapacidad de las propias cofradías para resolver sus problemas.

La desaparición del cofrade ejemplar. Luis Rodríguez-Caso reivindicó el concepto de capillita en su Pregón de Semana Santa de 1988. ¿Sería posible hacer lo mismo hoy? El capillita como tal es una minoría. Su tipo ha sido orillado, sustituido, reemplazadlo. Su figura, culta, inquieta y habitualmente de indumentaria pulcra hasta en los meses de calor, ha sido desplazada por la del friki, el aficionado, el obsesionado por grabarlo todo con el teléfono inteligente. Ya no está Luis para defender al capillita, ni Sánchez Dubé para denunciar el fenómeno del bandismo, que pone en evidencia la excesiva notoriedad de los músicos. Ya no están cofrades modélicos como Juan Carrero, Manuel Toro, José María O´Kean, Ramón Martín Cartaya o Vicente Acosta, ni sacerdotes como Eugenio Hernández Bastos, Juan Garrido o Manuel Benigno García Vázquez. ¿Dónde están esos modelos de conducta ejemplar? ¿Ustedes se imaginan ahora un señor como don Antonio Colón en la salida del Silencio? A las doce de la noche, una hora antes de que la Santa Cruz se pusiera en la calle, el público de los alrededores de San Antonio Abad era más propio del que hace espera para un concierto de heavy metal en la Cartuja. A veces pareciera que la gente culta y formada huye de las cofradías como de la política. Y, claro, los nichos vacíos son ocupados por aficionados, o por gente de buena voluntad pero ineficaz para asumir los grandes retos que hoy se precisan.

Las prácticas a deshoras. Admitir que un paso de palio como el de la Virgen del Dulce Nombre entra puntual cuando lo hace a las 3:55 horas es un horror. Las cuatro de la madrugada no son horas para que una cofradía transite por la calle una jornada laborable. Lo mismo cabe decir de San Gonzalo y, muchos años, de la Candelaria o los Panaderos. Hay que reducir tantas horas de exposición al riesgo. Aún están recientes los episodios de reyertas en los alrededores de la calle Orfila en las primeras horas del Jueves Santo. Tanto se ha permitido el crecimiento de la nómina de la Semana Santa sin criterio alguno que se han colmatado franjas horarias que ahora serían necesarias para ciertas reformas. Se han asfixiado las jornadas. Se ha agotado el crédito por aplicar un buenismo por el que cualquier cofradía valía siempre que las que ya estaban no perdieran su orden de paso o sus sacrosantos minutos de tránsito, como si éstos fueran los vellocinos de oro particulares. De los lodos de la falta de miras de estos últimos años son muchos barros de hoy. La Semana Santa se ha ido construyendo su propio callejón sin salida.

La decadencia total. Cofradías decadentes, perfiles bajos en casi todos los mandatarios y, en paralelo o en consecuencia, un público degradado. Nada es casualidad. Todo coincide. La sensiblería ha sustituido a la emoción tanto como la afición a la Fe. Hasta en múltiples pregones, exaltaciones y meditaciones se ha podido comprobar en los últimos años. La Semana Santa, las vísperas, la cuaresma, los pregones… Todo está pasado de rosca. Las sillas de playa han aparecido como champiñones en entradas y salidas y, por consiguiente, los utensilios con comida traída de casa, al estilo dominguero, y juegos de mesa para aliviar la espera. ¿Cuándo se había visto antes el uso de colchones y esterillas para acomodarse mientras llega una cofradía? Sillitas de chino, butacas plegables de playa, roedores de pipas, calles traseras convertidas en urinarios… En definitiva, una cochambre apreciable desde el mismo Domingo de Ramos, la jornada de público más chusco. La gente sale a la calle a sentarse o a tumbarse y, lo que es peor, en una actitud agresiva, crispada, virulenta. De los cangrejeros de los años noventa que no dejaban ni dejan avanzar al paso (incluidos algunos pregoneros de supuesto prestigio y hasta algunos clérigos) al público de barriada que se monta su propia carrera oficial como alternativa a la ocupada por los supuestos señores. La evolución ha ido a peor. A mucho peor. Hay locales comerciales de la carrera oficial que funcionan en Semana Santa como palcos de las carreras de caballo de Sanlúcar de Barrameda. ¡A beber y a yantar que la Semana Santa se va a acabar!.

La barbaridad de 32.805 sillas. La documentación oficial aprobada por la Gerencia de Urbanismo establece con toda claridad cuántos asientos hubo en la carrera oficial la pasada Semana Santa. Y fueron demasiados. Hay más localidades que en doce de los veinte estadios de fútbol de primera división. La distribución de los asientos revela unas cifras que –no nos engañemos– son temerarias. Y todo para ingresar más dinero y que las cofradías puedan tener subvenciones mayores. Hay que reducir el número de sillas, sobre todo en Sierpes. Si las subvenciones se recortan, los cofrades tendrán que rascarse el bolsillo, como dice el ex fiscal jefe, Alfredo Flores, pregonero que fue de la Semana Santa. En la Campana hubo 6.921 sillas. En Sierpes nada menos que 4.719. Sierpes es un túnel del terror hasta cuando no hay incidentes. Allí no están cómodos ni los que están sentados (arrullados en muchos casos), ni los nazarenos que pasan como pueden, ni las personas que tratan de desplazarse. Nadie. Imagínense cómo tuvieron que pasarlo nazarenos y público con ocasión de las avalanchas.

Todo está sujeto a debate. El propio Consejo de Cofradías admitió en su día que la Semana Santa era un espectáculo cultural con tal de beneficiarse de un tipo de IVA rebajado en la carrera oficial. Puestos a considerarla un espectáculo, aplíquense las leyes que regulan la seguridad de las grandes concentraciones de masas. Tal vez convenga retrasar el inicio de la Madrugada, dos o tres horas; tal vez convenga modificar órdenes de paso por la carrera oficial, tal vez cambiar cofradías de día o tal vez ampliar la carrera oficial o modificarla sustancialmente. Hay que decir no a las posiciones intransigentes. Es la hora de las medidas innovadoras. Nadie se puede negar a ningún debate. Ante un paciente en estado grave y sin un diagnóstico claro, conviene estudiar todas las posibles causas de los males e ir preparando los tratamientos. No estamos en meses de tertulias, ni para ir preparando los proyectos delirantes en la orilla de la playa, sino en una crisis muy grave de la fiesta más hermosa de la ciudad. La pasada Madrugada pudo haber diez o más muertos en el sector de Arfe, según el testimonio de un experto en seguridad y gran conocedor de la Semana Santa. La zona cero de la tragedia se localizó en el corazón del Arenal. Por muy mal que lo pasaran en otras zonas, nada fue comparable a lo de la calle Arfe.

El efecto dominó. No hace falta una estructura organizada para reventar una Madrugada. La zona sensible del centro no es tan extensa a determinadas horas en las que las seis cofradías coinciden en un radio muy limitado y, además, fácilmente comunicado. En el Ayuntamiento mantienen que estaríamos ante el mejor supuesto: los sucesos no responden a una trama, por lo que con ciertas medidas drásticas se puede controlar la situación. El cierre de los bares es una medida que ya tomaron muchísimos establecimientos hace años, cuando la cochambre se adueñó de la noche más hermosa (peligrosa) del año. A los propios bares no les compensa tener que soportar una clientela pasada de copas y que se toma la Madrugada como una Nochevieja con pasos. La troika optará por decretar los cierres de bares, acotar las zonas más sensibles y emplear detectores de metales con quienes pretendan ingresar en algunos de esos sensores considerados de especial protección. Hay mucho dinero en juego, la denominada marca de la ciudad, el prestigio de una urbe que hace 25 años, precisamente, vivía su período más brillante de toda la era contemporánea, como para dejarlo todo en manos de las propias cofradías o al arbitrio de una autoridad rehén de los opinadores de las redes sociales. La Semana Santa ha de ser intervenida, puesto que las hermandades, que en su día llegaron a hacerse con ella, no tienen capacidad para resolver el gran fracaso de la Madrugada.

El reto. La ciudad que sabía moverse en la bulla deberá demostrar ahora que tiene capacidad también para autorregularse en una avalancha. Casi acabó por demostrarlo la pasada Madrugada cuando en pocos minutos pasaba de correr atropelladamente a aplaudir a unos nazarenos asustados. La gente echaba a correr cuando oía un ruido, no cuando veía a alguna persona en actitud amenazante. Si no se supera pronto este trauma colectivo, renunciaremos a vivir en paz la Madrugada que otros nos legaron con toda su belleza, y, aún peor, condenaremos a las nuevas generaciones a tenerle miedo a la noche sevillana del año por excelencia. La autoridad debe ejercer como tal y establecer las máximas garantías. Una mayor seguridad pasa necesariamente por un control más intenso y, por consiguiente, por una renuncia a cierto grado de libertad. Esta Madrugada que nos ha tocado vivir está al borde de ser declarada en estado de excepción, de suspensión de ciertas garantías, porque la ciudad no puede correr el riesgo de que haya una nueva zona cero, ni por supuesto una sola víctima mortal. El Rey inauguró el miércoles el Foro Mundial sobre Violencias Urbanas y Educación para la Convivencia y la Paz. Eso es lo que ha faltado en la Madrugada: saber convivir. Unos han agredido los hábitos pacíficos de otros en un contexto de psicosis colectiva. Y falta desde que en 2000 quedara en evidencia la fragilidad de una fiesta que funcionaba sola, pero que ahora está al borde de ser intervenida. Es la hora de los cambios, de decir no a ciertas prácticas, de sacar a la luz pública nuevos modelos de cofrades ejemplares, de enseñar, en definitiva, una Semana Santa vivida desde la autenticidad de la Fe.

fiscal23 (II)

  • Paco

    No se puede acabar con la Fiesta Grande de Sevilla , la que aglutina las devociones y las ilusiones de todo un año de miles y miles de personas y con lo que mas ingresos aporta a la Ciudad , hoteleros , hosteleria , todo tipo de tiendas y negocios , la mayor generadora durante todo el año de puestos de trabajo ( bordadores, tallistas , floristas , cerería , orfebreria , tiendas de telas, etc..etc…) en una ciudad que apenas tiene muy poco de tejido empresarial ..porque 50 o 60 borrachos que todos los fines de semana del año los tenemos en las calles haciendo barbaridades …se empeñen en ACABAR CON LA MAS IMPORTANTE DE NUESTRAS TRADICIONES …
    Se hacen necesarias medidas fuertes , duras , contra ésta gentuza que desgraciadamente está perdida , en cualquier país europeo ya se habría reaccionado desde el año 2.000 , fecha fatídica en la HISTORIA DE SEVILLA y desde la cuál se han producido en 4 años avalanchas sin haber hecho absolutamente nada …nada más que mirar para otro lado …….

  • Bastos

    Vaya hartura de escuchar esa idealización de la Semana Santa incluido personas/ personajes que según parece son necesarios para dar lustre.
    Estoy de acuerdo en bastantes cosas, pero dejé ese rancio clasista a un lado porque he visto alguno de esos personajes cangrejeando, en mangas de camisa y comiendo pipas aunque discretamente (¿no diría que eso es comer pipas de sevillanas maneras,no? Y he visto personas humildes, sin apenas estudios, forjarse como cofrades y gestionar con ahínco una hermandad hasta tal punto de reflotarla o incluso levantarla desde la nada. Aquí no hay cofrades de distinta categoría, hay degeneración por parte de todos cada cual en diferentes facetas. Todos tenemos que reflexionar incluidos ustedes, los medios, que pocos primeros planos de Cristo o María veo en televisión

  • Miguel

    Sr. Fiscal, creo que Vd. conoce muy mal los palcos de las Carreras de Caballos de Sanlucar. ¿A que viene introducir en este debate esta fiesta de verano? ¿No se da cuenta de que puede estar induciendo a algún gracioso a hacer algo parecido a lo que lleva pasando en la Madrugada hace muchos años? Porque carreritas las habrá habido este año, en 2000, en 2015 y cuatro o cinco veces más, pero gamberros, borrachos, sillitas, niñatos tirados por el suelo, carteristas y actuaciones inadecuadas de algunas Hermandades las hay desde hace muchos, muchos años. Si no ha ocurrido nada antes ha sido por pura casualidad, no porque no se dieran condiciones objetivas para ello.

  • Manuel Hidalgo

    No le quito una coma al texto, sr…fiscal, pero como dijo el del chiste ¿hay alguien más? El paisaje y paisanaje descrito es fiel a la realidad, pero yo, que salgo solo esa noche, sin mi mujer ni mi hijo de 8 años, faltaría más, necesito más argumentos para dar respuesta a las estampidas. Año tras año solo aspiro a ver El Silencio en Francos, la Macarena en la Resolana y al Señor de vuelta a su casa, por la plaza del Triunfo. En algunos de estos lugares el ambiente es maravilloso, solo estamos personas que queremos disfrutar de la verdadera fiesta sin molestar a nadie y sería una pena que esto se convirtiera en un estado de sitio. No obstante pienso que, las 6 hermandades no se deberían sentar hasta no obtener respuestas realistas.

  • eres_mi_cruz

    nos quejamos de los veladores, de las aceras intransitables y vendemos una celebración religiosa como un paquete turístico más… plantear la Semana Santa como una fuente de ingresos para la ciudad es un error de base… una parte del personal estará para hacer su agosto, las juntas de gobierno de agosteros y la bulla en general pues como en agosto… es de cajón…

    por éso el Rayo está arraigando entre el capilleo exquisito…

  • Sevillano cofrade

    La Semana Santa es un excelente observatorio de la sociedad sevillana. Las patologías de que adolece, puestas de manifiesto, entre otros medios, en esta entrada de El Fiscal, son expresión de rasgos más profundos de nuestros convecinos. Son rasgos que varían con los años, de forma más rápida o más lenta, según los casos, pero no son nada fáciles de revertir de manera deliberada. Por esa razón son difíciles de atajar a menos que estemos dispuestos a renunciar a parte de la frescura y espontaneidad que han caracterizado tradicionalmente a nuestra Semana Mayor. Controles de acceso a determinados lugares sensibles, reordenación de la carrera oficial en Sierpes eliminando sillas, mucha mayor presencia policial o del ejército -además de manera completamente visible- en lugares estratégicos, reordenación de los tiempos de paso de las cofradías, etc.,…pienso que se trata de remedios completamente superficiales cuya adopción acabará imponiendo la realidad de las cosas a quienes tienen que velar por la seguridad de todos. Y un apunte más. Cada vez sale más gente en determinadas hermandades, cuyas juntas de gobierno por tradición o estética se resisten a formar una parte la cofradía en la calle o en todo caso fuera de la Iglesia. Creo que la seguridad debe prevalecer también en este ámbito y que por tanto hay que pensar en cómo ordenar algunas salidas, cuyos momentos previos son de agobio y enorme masificación en el interior de los templos.


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