Los predilectos de José Ignacio

El Fiscal | 16 de septiembre de 2017 a las 13:03

pregonero

DICEN los señores del Consejo que José Ignacio del Rey Tirado ha dado no sé cuantos pregones y exaltaciones en Sevilla y hasta en Madrid. Que tiene currículum, que se conoce el paño desde pequeño, que todo lo que va a contar lo ha vivido en primera persona y no se cuántas flores más. A mi que José Ignacio del Rey pronuncie el pregón me parece muy bien. Estupendo, oiga. El problema es que yo ya he estado en el mejor pregón posible que nunca haya podido pronunciar José Ignacio. Y he estado varias veces. A veces un pie de foto es mejor que todo un artículo, y una frase mucho más impactante que todo un pregón. Ocurrió durante varios años en la Semana de Pasión, cuando ya tenemos olvidado el pregón oficial (algunos es una obra de caridad dejarlos caer en el olvido). José Ignacio era el diputado mayor de gobierno de Los Estudiantes con Antonio Piñero de hermano mayor, hoy vicepresidente de la institución que elige al pregonero.

–Oiga, este Piñero siempre se sale con la suya, ¿no?

–Como los alemanes en el fútbol. Cállese y no interrumpa.

José Ignacio tenía el valor de convocar en la Capilla de la Universidad a todos los monaguillos de la cofradía, con sus padres y hasta abuelos, para una reunión preparatoria con olor a merienda escolar, estética de uniformes colegiales y rezos apresurados de Padrenuestros. Lo mejor de estas reuniones era la definición que José Ignacio, junto al Sagrario y a los pies del Cristo de la Buena Muerte, hacía de los monaguillos para que todos los adultos se quedaran tranquilos ante cualquier incidencia: “Los monaguillos son nuestros hermanos predilectos. En caso de lluvia, la prioridad es llevarlos a un sitio seguro, antes incluso que a las sagradas imágenes. Los monaguillos son los primeros, no tengan dudas en ningún momento”.

Yal oír a José Ignacio, muchos padres se emocionaban. Año tras año, José Ignacio daba la cifra de monaguillos. 114 el Cristo, 128 la Virgen. 120 en el Cristo y 118 en la Virgen… Siempre fueron los llamados “hermanos predilectos” con un cariño y una rotundidad ejemplares. Los monaguillos no molestan, son la cantera, el futuro seguro en tiempos de zozobra, la reserva de autenticidad en una Semana Santa sofisticada y amenazada. La reunión de monaguillos no era una sesión de trámite, una reunión exclusivamente para tratar temas de logística. Era el momento en que la Hermandad de Los Estudiantes decía alto y claro que por encima de las imágenes sólo estaban los niños. Por responsabilidad,  por convicción. Y José Ignacio nos dejaba ese cuarto y mitad de pregón que a muchos nos bastaba para seguir creyendo en la capacidad de las hermandades para generar afecto, dar cobijo y hacer que pequeños y mayores se sientan integrados.

Por eso yo ya he estado en el mejor pregón de José Ignacio. Como estuve en casa de su  hermano Eduardo, hoy hermano mayor del Silencio, cuando fue elegido pregonero. Veo hoy a la madre de José Ignacio sonreír con discreción  porque, otra vez, un hijo suyo será el pregonero de la Semana Santa, como la vi feliz aquella noche del otoño de 1998 en una acogedora casa de la calle Otumba donde los consejeros formaban una cálida bulla en el salón.

No me cuenten cómo será el pregón de  José Ignacio del Rey. Yo he asistido al mejor de sus pregones, lirios regalados como anticipos del Martes Santo. Bendita la rama que al tronco sale.


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