Confesiones de otoño

El Fiscal | 1 de octubre de 2017 a las 9:49

boquilla

A los árbitros de fútbol les molesta que sus partidos sean comentados en los medios de comunicación por antiguos compañeros de profesión. Los que han sido pregoneros suelen cuidarse de criticar en público al orador de cada año. Cuestión de elegancia. Siempre hay excepciones, claro. Al presidente del Consejo no le hace gracia que antiguos mandatarios opinen sobre los asuntos de actualidad que hoy afectan (sí, afectan) a la institución. Tampoco lleva bien que todo el mundo opine a la mínima oportunidad: políticos, cargos intermedios del organismo, miembros de la jerarquía eclesiástica… La dureza de gobernar se percibe como nunca cuando los temas son de interés general, larga trayectoria y compleja resolución. En esos momento, ay esos momentos, lo mejor es encender un pitillo con boquilla en el vano intento de restar nicotina a los cigarros más amargos. Honda calada. Joaquín Sainz de la Maza vivió una primera Semana Santa brillante, como la vivió el alcalde, como la disfrutó toda la ciudad. Su única incidencia destacable en el primer año fue la de no sacar adelante la elección de la primera mujer pregonera, un hecho que, curiosamente, muchos aceptan ahora después de haberlo negado insistentemente. Pero salvo eso, que tampoco fue nada grave, todo iba de dulce hasta que la Madrugada se rompió. Ahí empezó un calvario al que se ha unido la abuela que fuma: los revolucionarios del Martes Santo. Todo presidente ha tenido sus cuitas. Luis Rodríguez-Caso apechugó con la reforma de la Avenida, a la que metió vallas que indignaron a muchos abonados y que hoy nadie discute. Antonio Ríos tuvo que lidiar con el toro de Hacienda, que quería cobrarse el IVA de sillas y palcos, y con las protestas airadas de los abonados de la Campana. Manuel Román soportó no pocas polémicas en las designaciones de pregoneros y tuvo que gestionar el encierro de trabajadores en la Catedral un Viernes de Dolores y otras cuitas que sacaban de los nervios a cualquiera. Adolfo Arenas cogió el abrigo y se marchó a su casa tras varias crisis con la autoridad eclesiástica. Y Bourrellier pasó fatigas para acabar el mandato y sacar adelante las reformas de los estatutos.

Sainz de la Maza vive sus particulares días de fuerte marejada, días de boquilla y chaqueta sobre los hombros. Días de carga pesada, de confesiones de otoño, de teléfono móvil. Días de no soportar más algunas actitudes, de desconfianza, de desayunos atragantados. Lo mejor que hace, aunque se lo critiquen, es pasar de asistir a tantas funciones y actos donde sólo se pierde el tiempo, se ganan kilos y se da vuelta a la misma perdiz. No entiende algunas opiniones, le gustaría que sus consejeros estuvieran dedicados al cien por cien a sus funciones. Le gustarían tantas cosas… Pero eso le ocurre al alcalde y al presidente de la comunidad de vecinos, al hermano mayor y al capataz de la cuadrilla que coloca las sillas de la carrera oficial. Toda pasa, la boquilla permanece. Quien fabricó café sabe lo que cuesta moler los granos. Cada presidente tiene su afán. Después del martes viene el miércoles.Hasta llegar a la Madrugada. Y cuando todo está encauzado llega el de siempre y pregunta: “¿Queda algún palco libre?”

El cardenal Amigo no tiene calle y a Segura se la han quitado

A don Pedro Segura le han quitado su calle en San Juan de Aznalfarache. En España no somos capaces de homenajear a alguien sin tener que pisar a otro. Parece que las cosas hay que hacerlas siempre por exclusión. Para honrar a nueve mujeres asesinadas en 1936, loable objetivo donde los haya, hay que tirar por la borda la figura de un cardenal, expulsarlo del nomenclátor. Segura desaparece del callejero del municipio donde está enterrado, donde construyó el célebre Cerro de los Sagrados Corazones, donde dirigió tantos ejercicios espirituales, donde se refugiaba para no rendir honores a Franco cuando el jefe del Estado visitaba Sevilla. En la capital, por cierto, no se le dedicó calle a Segura ni por los alcaldes del franquismo ni por los de la democracia. Dice el gobierno de San Juan de Aznalfarache, que preside el socialista Fernando Zamora, que a Segura no le quitan la calle por memoria histórica. ¡Claro que no, don Fernando! Eso se merece un rotundo e inequívoco tururú. Pues eso: tururú. Muchos se preguntan hoy:  ¿Y para cuándo la calle al cardenal Amigo, que ha sido arzobispo de Sevilla durante 28 años? En su día se habló de sustituir la calle Afán de Ribera, del Cerro del Águila, por la calle Cardenal Carlos Amigo Vallejo. La iniciativa no prosperó. También se ha contemplado la posibilidad de dedicarle una vía en el Tiro de Línea, dado su amor por los barrios. Yhasta una próxima al Palacio de San Telmo, que parece la solución más idónea por muchas connotaciones.

A la memoria de un economista baratillero

Esta semana se nos ha ido Francisco Ruiz Ortiz. Fue costalero de la cuarta trabajadera de la Virgen de la Piedad, la cofradía del Baratillo a la que ayudó, por amor al arte, a la implantación de criterios profesionales en su contabilidad. Siempre tuvo claro que una hermandad no es una empresa, nunca debe serlo, pero sí se puede ayudar a su fines con los criterios técnicos que se aplican en parcelas ajenas a las cofradías. Estaba considerado por muchos profesionales como un astro de los números. De buen humor y excelente profesional. Una vez confesó que gracias a las hermandades había probado el gusto de trabajar gratis. Nunca se arrepintió de hacerlo, por ejemplo, para su hermandad del Baratillo. Descanse en paz este economista en el regazo de su Virgen de la Piedad.

  • Paco Montes

    Por cierto Carlos Navarro Antolin magnifico tu artículo de hoy mismo …no le falta un peregil ….Enhorabuena .


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