Los nuevos riesgos (y II)

El Fiscal | 18 de diciembre de 2017 a las 20:17

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LOS informes oficiosos de los expertos en seguridad y que, además, tienen competencias en la Madrugada, dibujan un panorama de los últimos diez años que demostraría que ningún equipo del Consejo de Cofradías se ha “remangado” a la hora de afrontar la sanación de la jornada más herida de la Semana Santa. Desde el conocido coloquialmente como Plan Nieto, por el entonces secretario del Consejo de Hermandades, hasta el fragilísimo pacto para 2018, se aprecia que no hay intención alguna de apostar por una reforma a fondo. Hay si acaso buena voluntad, pero poco más. Se suceden debates, parcheos, análisis, opiniones de barra, polémicas y demoras, sobre todo muchas demoras. Nadie quiere modificar nada en la Madrugada por parte de las cofradías más allá de leves retoques que se ventean como grandes sacrificios.

También está claro en los infornmes consultados que resulta fundamental el cumplimiento estricto de los horarios. Suele ocurrir que la noche acontece como una seda cuando hay un empeño personal en cuidar los tiempos. En definitiva, todo va mucho mejor si las cofradías no se fastidian unas a otras. Así ocurrió en 2016, en la primera Semana Santa del actual gobierno, la que pasará a la historia por la instalación de las vallas. En 2017 quedó demostrado que la Madrugada sigue cogida con hilos. Lleva así desde 2000. Cualquier imprevisto desestabiliza la noche. ¿La razón? Su vulnerabilidad. ¿Dónde radica esa debilidad? En que no ha evolucionado en un siglo desde el punto de vista de la organización, según quienes ven la Semana Santa como meros observadores desde la posición de especialistas en seguridad y logística. La Madrugada carece de eso que hoy se llama concepto de ciudad. Los hermanos mayores se organizan, debaten y deciden al margen de la ciudad. Dan por hecho en demasiadas ocasiones que la ciudad se tiene que adaptar a cuantos ellos deciden a puerta cerrada. Y ocurre que los hermanos mayores pasan, los cargos generales del Consejo de Cofradías pasan, los alcaldes pasan, los concejales pasan… Pero la Semana Santa se queda, pasa de generación a generación y, esta vez, vamos a dejarle a las generaciones posteriores una Semana Santa peor que la que recibismos, con una Madrugada de cochambre. Ypara esta última aseveración no hay que ser un experto en seguridad ni tener acceso a ningún informe oficioso.

Las grandes reformas
A la vista del pacto para 2018, el de la debilidad, cabe pensar que la Madrugada ha tocado fondo. Nadie tiene la ambición de afrontar reformas estructurales. ¿En qué consistirían, según los especialistas en la materia, los mismos que vienen siguiendo los sucesos que ponen en jaque la Madrugada desde hace 17 años? Falta consenso en los recorridos. Es el particular tormento de todos los años. Urge tener claro que los itinerarios no se pueden alargar. En la situación actual no se puede apostar por el sitio recóndito, la calle estrecha, el rincón que hace 30, 40 o 50 años era de suma belleza, pero que hoy es una ratonera.
Hay que buscar soluciones globales y lógicas, salir de planteamientos inmovilistas, lo que supone tener claro que hay que dejar de lado, por ejemplo, los criterios de antigüedad. Sí, a algunos puede parecer revolucionario, pero nadie debe olvidar las cinco Madrugadas de pánico que se han vivido. Los recorridos deben gozar de un “colchón de tiempo” que permita su alargamiento o reducción, según se desarrolle la jornada, una especie de margen de seguridad que no casa con planteamientos rígidos. Los recorridos deben ser “lógicos” y no “tradicionales”, lo cual choca frontalmente con los planteamientos inmovilistas propios de la Clase dirigente cofradiera. El orden del día asumido desde hace años y la antigüedad general no deberían ser los únicos criterios a tener en cuenta para la organización de la jornada. Se precisa un criterio de ciudad que debería ser defendido por el Consejo de Cofradías, según entienden los especialistas. Es la institución cofradiera la que tiene la interlocución con el Ayuntamiento, la Junta y la Delegación del Gobierno. Los informes oficiosos ponen un ejemplo muy concreto:¿no se podría alterar el orden para conseguir la alternancia en la salida de la Catedral, de tal manera que una cofradía salga hacia la izquierda y la siguiente hacia la derecha? El objetivo sería “no estrangular determinadas vías de evacuación” y aliviar calles muy concretas en horas difíciles. ¿Tan difícil sería que todos pusieran encima de la mesa el interés general? La pregunta tiene una fácil respuesta.

Cambian los equipos de gobierno en las diferentes instancias, pero todo sigue igual. Más allá del vallado de la Avenida a principios de los años 90, la fundación del Cecop en 2001, la informatización y la planimetría de la carrera oficial, y el aforamiento de calles muy concretas en los últimos años, no ha habido ninguna gran reforma que sirva para blindar la Madrugada. ¿Por qué?Probablemente porque los intereses particulares son los que mantienen vigentes unas estructuras arcaicas y poco prácticas.

Los nazarenos
Los mismos especialistas destacan que se debe plantear sin rubor alguno el debate del número de nazarenos. Aseguran con seriedad que las cifras actuales y en las condiciones de estos años son “inasumibles”, como también ocurre, por cierto, con el modelo de la carrera oficial. Sería necesario que las hermandades presentaran un proyecto viable para reordenar sus cortejos. Justo estos días ha salido a la luz pública una propuesta que conecta con el análisis de los expertos: la idea del abogado Moeckel de exigir tres años de hermano para poder hacer la estación de penitencia. Es un criterio, una idea, una forma de generar un debate que apunta directamente a esa necesidad de poner un tope, un límite. Yen este caso, en general, los especialistas dan una fecha: cinco años. Todas las cofradías deberían tener regulados sus cortejos en cinco años, de tal manera que pudieran cumplir el objetivo mediante fases. Y a lo largo de esos cinco años de deben ir aplicando todas las medidas de seguridad que ya han sido adelantadas por este periódico.

La carrera oficial
El actual modelo de carrera oficial no se sostiene. No es seguro, sobre todo en tramos como Sierpes. Todo el mundo lo sabe y todo el mundo hace la vista gorda. En las Madrugadas de pánico se ha comprobado que el hacinamiento de los abonados multiplica los efectos perniciosos. La carrera oficial no sólo no puede ser ampliada, sino que su aforo debe ser reducido. El actual modelo resulta “imposible” para cualquier planteamiento moderno y funcional de seguridad. Aquí también se echa en falta una visión de ciudad. Lo peor de 2017 ha sido, según los expertos, que se ha demostrado que el efecto multiplicador se desata a la mínima causa en esa franja horaria en la que todas las hermandades “se tocan”. El llamado efecto dominó –que otros preferimos vincular directamente a la vulnerabilidad de la Madrugada- mantiene una noche en jaque desde 2000. El pánico, la sensación de miedo y las carreras se extienden de una hermandad a otra a velocidad de vértigo. Hay quienes prefieren pensar que todo obedece a una trama organizada. Salvo en 2000, en las siguientes Madrugadas marcadas por los tumultos ha quedado claro que no hay ningún plan de ataque contra la Semana Santa. Por eso es muy importante dejar un margen de seguridad entre cada una de las hermandades para paliar cualquier incidente.

Por ejemplo, la avalancha en el Postigo de 2017 no solo contagió al Gran Poder en Arfe, sino a la fila de nazarenos en ambos sentidos “a la velocidad de la luz”. La propia cofradía y el propio público de la zona tuvieron el efecto de correa transmisora que contagió a la Macarena con rapidez y que alcanzó al palio del Silencio en la Plaza del Salvador y se extendió por Cuna.

Los expertos consideran que habría que buscar fórmulas para que los inicios y finales de los cortejos no estuvieran “tocándose” en los espacios, momentos y franjas horarias entendidas como críticas. Otra de las medidas para paliar este fenómeno es seguir apostando por los aforamientos. Se considera que las medidas tomadas hasta ahora han dado buenos resultados, pese a alguna críticas en Santa Ángela de la Cruz al paso de la Amargura, o la excesiva distancia que se aplicó en 2016 en Villegas.
También habría que crear “zonas seguras” con la complicidad de las hermandad y el CECOP. Si se tienen tasadas todas las zonas donde se han registrado incidentes, es ahí donde hay que reforzar la seguridad en la organización.

Se contemplan otras medidas claves para la seguridad: la iluminación (la oscuridad no puede generar “nidos” de conflicto), las cámaras de grabación y su efecto disuasorio, la comunicación (las hermandades tendrían que disponer de un sistema de comunicación directo con las autoridades para recibir indicaciones), la retirada del máximo mobiliario urbano en los puntos sensibles (hay que huir de los elementos metálicos que provocan ruido), la megafonía asociada a los puntos de grabación para dar información eficaz al ciudadano en momento de crisis, la reducción de pases en la carrera oficial para un público que termina por colapsar los pasillos. Pero, sobre todo, la reforma principal sería la de los horarios, donde se aprecia el inmovilismo más preocupante en las hermandades. Habría que retrasar en bloque las horas de salida. Este cambio restaría horas de noche y generaría más seguridad. Este desplazamiento horario haría que las cofradías accedieran a las zonas “críticas” en horas próximas a la amanecida. No podemos obviar que los últimos incidentes han estado marcados por el consumo de alcohol uno de los desencadenantes más importantes. La luz que ya hay a las seis de la madrugada nada tiene que ver con la oscuridad total de las tres o las cuatro de la Madrugada. Cuanto más tarde se salga, más establecimientos nocturnos han cerrado, los servicios municipales han podido intervenir más (limpiezas e inspecciones) y, por lo tanto, las calles están más dignas para el paso de una cofradía.


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