Una Semana Santa fatigada

El Fiscal | 31 de diciembre de 2017 a las 5:00

19-4-2003 JOSE LUIS MONTERO MACARENA

EL nazareno de negro se aleja veloz como corresponde a su condición. Todos los nazarenos de ruan caminan con rapidez, como si llegaran tarde a su destino, sobre todo cuando retornan a casa. Y se abren paso con un gesto leve con la mano para molestar lo mínimo. Se marcha el año con las prisas de un nazareno descalzo de capirote alto, que se desliza por la calle con la ligereza divina del que camina sobre la mar. Fugaz a pesar del cansancio, esbelta su figura pese a la fatiga que se le supone, todavía hierático por efecto del cinturón de esparto. Así es la Semana Santa. La queremos por hermosa pese a lo afeada que está, le exigimos como al hijo que bien se le quiere, la criticamos por el dolor que produce contemplar a un ser querido maltratado. El año se nos va dejándonos una Semana Santa fatigada, víctima de la crisis del concepto de autoridad y de unas nuevas generaciones a las que tal vez no se ha enseñado a querer la fiesta más hermosa de la ciudad. Prefieren consumir Semana Santa antes que vivirla, ser aficionados más que devotos. Y quizás no sean culpables, sino víctimas que ni siquiera son conscientes de que hay una Semana Santa interior, imposible de captar con un teléfono inteligente, que no viene en las guías de papel ni es hallada por los buscadores de google. Una Semana Santa auténtica que se esconde en la mirada de un nazareno, o en la cara de asombro del niño que descubre la Madrugada, que no tiene que ver con avalanchas, cambios de capataces, elecciones reñidas o polémicas de baja estofa por modificaciones de itinerarios.

Todo por hacer
Hace ocho meses que acabó la Semana Santa, la quinta desde 2000 con sucesos muy desagradables en la Madrugada, y en la que, además, se pudo apreciar una decadencia notable en otras jornadas, caso del Domingo de Ramos. Ocho meses en los que el Ayuntamiento (quién lo diría)ha mantenido una actitud mucho más proactiva que las cofradías a la hora de emprender reformas y exigir cambios que salvaguarden la fiesta más hermosa de la ciudad, cambios que permitan, al menos, que los niños de hoy puedan disfrutar mañana de una Semana Santa en la que la única amenaza sea la lluvia.

Martes santo
La gran reforma de la Semana Santa de 2018 será… el Martes Santo. Las cofradías de esta jornada comenzarán la carrera oficial por la Catedral y la terminarán en la Campana. Cuando menos es extraño. El gran cambio de la Madrugada, que hubiera consistido en apostar por su comienzo dos o tres horas más tarde que hasta ahora, no será posible pese a que el Ayuntamiento y el Arzobispado veían con buenos ojos la medida. El comienzo de la Madrugada se seguirá solapando con el final del Jueves y las seis cofradías se seguirán concentrado en el centro en la franja horaria de máximo riesgo. Así lo han querido las cofradías al margen del Ayuntamiento, la Junta y la Subdelegación del Gobierno.

Cambios mínimos

El inmovilismo de la clase dirigente cofradiera sigue lastrando cualquier reforma. La Madrugada ha acordado algunos cambios en los recorridos ya conocidos. Son pocos y no ofrecen blindaje alguno. Más bien crean nuevas situaciones de riesgo. Mientras las cofradías han provocado polémicas hasta para aprobar esos mínimos cambios (recuérdese la protesta pública del hermano mayor del Calvario), el Ayuntamiento prepara un fuerte dispositivo avanzado por este periódico a base de cámaras de alta definición, dispositivo de luces anti-pánico, vallas de material liviano, etcétera. Se ha probado ya en grandes concentraciones y en la salida extraordinaria de San Gonzalo. Se trata de medidas de vigilancia muy similares a las que se utilizan en los sanfermines. Poco más por parte de las cofradías, salvo la reducción de 227 sillas de Sierpes que anuncia el Consejo para dejar expeditas determinadas vías de evacuación como Santa María de Gracia, Rivero o Rioja. Hará falta quitar más sillas del gran avispero de la carrera oficial aun cuando la de 2018 sea una Semana Santa tranquila como todos deseamos. Si algo enseñan los últimos veinte años es que los tumultos se producen sin continuidad: 2000, 2005, 2009, 2015 y 2017.

Sin margen

Acaba 2018 y estamos peor que en los años anteriores en los que hubo incidentes. Cinco Madrugadas con tumultos no han sido suficientes para que las cofradías tomen conciencia de que hace falta una barrera horaria que separe el Jueves Santo de la Madrugada para que se despeje el centro de público, de tiempo a limpiar las calles y a cerrar los bares que incumplan los horarios, se disperse hacia otras zonas el público al que no interesa nada las cofradías y, sobre todo, se reste horario nocturno a una jornada que necesita más luz y menos gamberro, más educación y menos bochincheros, más sensación de seguridad y menos de pánico.

Hartazgo

El público más cofradiero prefiere no salir en la Madrugada, vivirla desde casa, sin riesgos, delante del televisor. Los bares son cada vez más propensos al cierre. Esta Madrugada ha terminado por fatigar la Semana Santa. Y la Semana Santa estirada todo el año ha provocado un hartazgo general, una muerte por éxito. Es lo que tiene el exceso de consumo. Para salir corriendo. O veloces, como un elegante nazareno de ruan.


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