La intimidad de los ritos

El Fiscal | 11 de marzo de 2018 a las 5:00

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ME están contando el número de cámaras que nos vigilarán hasta cuando nos echemos la mano al bolsillo para pagar un café, las luces antipánico que iluminarán el Postigo en caso de emergencia como si fuera el Sánchez-Pizjuán en una semifinal europea, el diseño de unas vallas silenciosas, el dispositivo policial que recuerda al Desembarco de Normandía, pero en Domingo de Ramos por la mañana y en versión en alta definición. Me cuentan tantas cosas de la Semana Santa que está a punto de abrirse de capa en el atril de José Ignacio del Rey que no me reconozco en ella, o no quiero reconocerme. Nadie habla de la Semana Santa de verdad, la que se vive en el interior no ya de los templos, sino del corazón, la Semana Santa de los ritos íntimos, de la vida cotidiana, de las ausencias que reciben su pequeño homenaje de amor, del sentimiento labrado de generación en generación, de los detalles hondos, de pellizco, de costumbres particulares que perderían su sentido fuera de contexto, de las familias, de las horas matinales que muchas veces son igual de importantes que las gloriosas horas vespertinas con una cofradía en la calle. Yo espero la Semana Santa de las palmas rizadas, los carráncanos desfilando con la melodía del campanario de la Giralda, el aperitivo junto a un templo jubiloso que apura las horas de apertura al público, los nazarenos de la Amargura acercándose a San Juan de la Palma como niños perdidos a la búsqueda del templo, los pasillos de la Universidad con las pilas de cruces, la Buena Muerte con el fondo del Alcázar, el Cristo de la Salud todavía más muerto a la sombra de Madre de Dios, el mensaje de un Ybarra que me anuncia la llegada de los cubos de azahar a San Antonio Abad, el teletipo que me detalla las flores de la Virgen de la Esperanza de Triana, el bendito cansancio de la mañana del Viernes Santo, la factura que se paga sin intereses y por la que se obtienen beneficios todo un año. Yo espero ver a los pajecillos de San Isidoro, a esos nazarenos de la Soledad de San Lorenzo que cada año rinden tributo de amor al Señor caído de San Vicente, espero ver esos cinco nazarenos que se sitúan detrás de la Virgen sola, la que lleva a sus pies las ofrendas de amor de sus hijos, los cinco nazarenos que cierran mi Semana Santa, con el obsequio añadido del rostro limpio de la Aurora en la orfebrería soberbia de los Hermanos Delgado. Espero ver el azahar en los canastos que reparten los pajes del Silencio en la mañana del Domingo de Resurrección. Ese día ya no es azahar, son lágrimas de alegría que la inocencia de los niños reparten a los adultos, ofrendas de gratitud por cuanto se ha vivido, pétalos para depositar, otro años más, en el altar de nuestras particulares existencias. No me cuenten del pánico. Yo prefiero esperar las emociones más íntimas.

El nuevo trabajo del gran Paco Lola

Pasarela es la firma discográfica sevillana que está en el imaginario colectivo de varias generaciones. ¿Quién no ha crecido oyendo los discos de marchas de esta compañía? Ahora podrán hacerse con el último trabajo discográfico de Paco Lola (Sevilla, 1952), disfrutar de algunas de sus composiciones de siempre, las que le han abierto de par en par el mundo de las cofradías, y varios trabajos nuevos. La Banda Municipal de Coria del Río, dirigida por Camilo Iriso, estrena la grabación de Tú eres mi Estrella, Mi madre Dolores, La Paz por el Parque, Dolor y Soledad y hasta música de capilla en honor al Cristo Yacente. Este disco, como le gusta llamarlo a su autor, es mucho más que la celebérrima Caridad del Guadalquivir, Callejuela de la O, Gitano de Sevilla y La Macarena. Defiende Paco Lola que de música no hay que entender, basta con saber emocionarse, tener la capacidad de vibrar, dejarse llevar por la creación de alguien que ha plasmado en un pentagrama sus recuerdos de una cofradía en una calle. No se pierdan este cd del autor de Caridad del Guadalquivir, la balada llevada a marcha de Semana Santa con un éxito incontestable, la composicion que sirve hasta para dormir a un niño por su hermoso arranque de nana. Dicen que es de Paco Lola con la colaboración de Juan José Puntas. Dicen que César, el de los Morancos, le dio la idea a Paco de convertir aquella maravilosa canción en una perfecta melodía de cierre del Miércoles Santo a la vera del Postigo. Dicen tantas cosas… Pero la única verdad, la mejor verdad, es que Caridad del Guadalquivir hace tiempo que el pueblo la hiza suya y se la quitó a este Paco Lola, hombre sencillo, alegre, feliz con un par de amigos y un catavino con dos deditos de cerveza, buen tertuliano y escrutador de emociones, experiencias y fuentes de inspiración: la Virgen del Rocío, la mar de Huelva, la luz, las personas limpias de corazón… Pasarela, la Pasarela de nuestra niñez, les pone un torrente de emociones a su disposición. Incluida Caridad del Guadalquivir, la marcha que el corazón del pueblo le expropió un día a este niño nacido en la calle Castilla.

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