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Las vísperas exigen el 7% de los ingresos

El Fiscal | 18 de junio de 2017 a las 5:00

Carta fiscal

UN año de mandato cumple mi dilecto presidente al frente de la institución. Un año donde se ha tragado las avalanchas de la Madrugada, no ha tenido enfrentamientos con la autoridad eclesiástica y ha hecho lo que tiene que hacer un presidente: mandar. Pero estos días le ha llegado una carta con la heráldica de las diez hermandades de vísperas en las que piden dinero, más dinero. ¿Recuerdan que el domingo pasado les avanzamos el asunto? Pues junto a estas líneas tienen la misiva en la que exigen “el 7% sobre el monto”. Por si hay dudas, dejan claro que hay que asegurar siempre unas subvenciones mínimas de 15.000 euros para las hermandades que sacan dos pasos y de 11.000 para las que sólo sacan uno. ¡El toro está en la plaza, don Joaquín! Los firmantes aseguran que su reivindicación es una promesa del hoy presidente. “Hasta la fecha no se ha hecho nada, ya que carecemos de información y se nos ha dado la callada por respuesta”. Basan su exigencia en el artículo séptimo de los vigentes estatutos: “Todas las hermandades y cofradías integradas en el Consejo tienen los mismos derechos y obligaciones”. La historia no es la misma, la historia se repite, podrán concluir algunos veteranos lectores. Todos quieren meter la cuchara en el perol de la carrera oficial, principal fuente de ingresos de la institución. Y hay quienes defienden que quienes no pasan por la Catedral (meta volante) no tienen derecho a estos ingresos (avituallamiento).

Las cofradías de vísperas expresan su “más profunda decepción y preocupación” por no tener información sobre el qué hay de lo mío. Expresarse en esos términos parece un pelín exagerado. Pedir entrar en el sistema de subvenciones resulta de lo más lógico. Don Joaquín tendrá que gestionar, que de eso sabe. Este verano ya tiene tareas: arreglar la Madrugada y las subvenciones a las hermandades de vísperas, que quieren cobrarse su apoyo electoral. Ay, qué disgustos le dan al tesorero, con lo feliz que estaba por los resultados de la explotación directa de la carrera oficial (¡menudo cabreo tienen los antiguos silleros!) y ahora llega esta carta que pretende cortar la tarta de los ingresos en más… diócesis.

Ni la sobreabundancia en el Corpus ni las avalanchas, aquí los profundos malestares son por la pasta. ¿Están verdaderamente de acuerdo las diez en lo que han firmado? ¿O habrá pronto algún abandono? Huuum.

 

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¡Qué bien se mudan los pasos en junio!

Qué bien se mueven los pasos andando sobre los pies. Fue la frase memorable del pregón de Garrido Bustamante. Algunos la recordaron la otra noche, cuando el traslado del paso del Cristo de San Bernardo tras haber sido utilizado en la procesión del Cristo de Montañés del Santo Ángel. Qué bien se mudan los pasos en el calor de julio. Los candelabros son tan altos que parecen imágenes secundarias protegidas por sábanas. Un instante agradable.

 

No son formas
La denuncia de los excesos en las representaciones de la procesión del Corpus están muy bien, muy oportunas y muy razonadas. Conviene también abrir el debate de la calidad. ¿Sabe el personal a qué se va cuando se integra en el cortejo? Se ven comportamientos inadecuados tanto en el cofraderío como en las autoridades. El alcalde iba sencillamente de paseo, parándose en los altares, comentando la estética y las novedades, como el que va en la noche de vísperas. Se paraba el alcalde y también lo hacían el delegado de Fiestas Mayores y el líder de la oposición. Y, mientras, el cortejo avanzaba.

Otros alcaldes
Quienes mejor han vestido el cargo en las procesión solemnes han sido Alejandro Rojas-Marcos y Soledad Becerril. Lo de Zoido fue un festolín en 2011 tras la victoria electoral aplastante que ya, aunque se fue rebajando bastante, no paró en los años siguientes. Y Espadas este año ha ido excesivamente suelto. Cuando se acompaña al Santísimo –o se representa a la ciudad en una procesión presidida por el Santísimo– conviene guardar una compostura mínima. Ni el hieratismo, ni el pasotismo. Los saludos, abrazos efusivos, charletas y otros cumplimenteos están fuera de lugar. Todo lo más, una leve cabezada.

El pertiguero
Primer golpe. Elegancia. La Hermandad del Baratillo ha agradecido por escrito a Joaquín Moeckel su mediación para que la Real Maestranza haya ayudado en la restauración del retablo mayor. Segundo golpe. Una mijita raros los floreros de cerámica del paso de Santa Justa y Rufina. Tercer golpe. Algunos (y algunas) que portaban un cirio iba más propios para la botellona. Y ciriales arriba. Las chanclas están al caer en el cortejo del Jueves de Corpus.

El lagarto de la Catedral

“¿Qué canónigo accedió el Jueves de Corpus, con prisas y formas bruscas, al ‘locum’ de la Parroquia del Sagrario, situado en la remozada planta sótano, dejando claro que él estaba por delante en la cola de espera? Los testigos se quedaron literalmente pasmados”

 

La guardia del Señor

El Fiscal | 11 de junio de 2017 a las 5:00

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LA Madrugada vivió años difíciles en la Transición, cuando algunos confundieron ciertos valores y la convivencia urbana se tensionó. No hubo algaradas, es cierto, pero la calle Arfe, por ejemplo, era un punto conflictivo por la presencia de los entonces conocidos como punkies. Las crónicas describen los cristales rotos que se esparcían por algunos energúmenos al paso de los nazarenos del Gran Poder en el recorrido de regreso. Y el griterío habitual en los callejones. El Arenal era un lugar que muchos cofrades evitaban para ver al Señor. En el Ayuntamiento de entonces se lió a cuenta del uso de los chaqués en los palcos oficiales. Unos querían, otros no. Estaba todo marcado por los nervios propios del cambio de régimen político. En la Semana Santa aún se veían penitentes con grilletes y, por supuesto, muchos puestos de venta ambulante donde se despachaban salchichas olorosas y latas de refresco a las que luego se daban innumerables patadas para meter ruido a la noche más hermosa de la ciudad.

Rafael Duque del Castillo, entonces oficial de la junta de gobierno del Gran Poder, tuvo la idea de proteger la cabeza del cortejo, blindarla de alguna manera, consciente de que los primeros tramos son los que sufren mayor riesgo al asumir la función de abrir paso. Reclutó entonces a los hermanos Lacave, caracterizados, entre otras virtudes, por ser fuertes y corpulentos. Se dijo entonces que entre los primeros Lacave sumaban 300 kilos de peso y una altura de 5,64 metros. Entre sus primeras funciones estaba la de facilitar la llegada de la cruz de guía a la Campana, pues el gamberrismo amenazaba el paso de la cofradía por la Plaza del Duque. Si se fijan, los puntos negros de hace varias décadas siguen siendo hoy los mismos. Aquella hermandad se inventó su propia guardia suiza, que tenía un efecto eminentemente disuasorio, como no podía ser de otra manera. Y así sigue siendo hasta hoy. El apellido lleva treinta años dando nombre a los escoltas de la cruz de guía del Gran Poder y de algunas otras cofradías que lo han hecho suyo: se sale de Lacave cuando se escolta la cruz de guía. Ellos son la primera guardia del Señor. Ellos lo fueron cuando los policías nacionales no vestían de azul ni existía el Cecop.

Cuando hemos leído que faltaron policías en la cabeza de cortejo del Gran Poder, nos hemos acordado rápidamente de los Lacave, los primeros guardias del Señor. La gigantesca silueta de un Lacave con el palo en la mano bastaba entonces para que algunos se dejaran de bromas. Tenía el efecto de quien conduce a más de 120 kilómetros, otea un tricornio y levanta el pie del acelerador de inmediato.

A aquellos problemas se le dieron nuevas soluciones con los hermanos Lacave. Después, con el paso de los años, vino el polémico paso por la Plaza de la Gavidia, por la que el Gran Poder quiso seguir pasando a pesar de que otras hermandades evitaron una plaza marcada por la movida nocturna de principios de los años noventa. Y a partir de 2000 comenzó la amenaza de los tumultos. Los tiempos recientes demuestran que las amenazas siempre han existido. No hay Madrugada sin puntos negros, no hay historia sin conflictos. Hubo un comisario de Policía Nacional, Antonio Bertomeu, que hasta planteó la creación de un cuerpo de voluntarios para su actuación especial en la Madrugada, una iniciativa que no prosperó.

Quede claro que el Señor tiene su guardia propia en la cabeza del cortejo. Yo ponía a los Lacave todo el año a patrullar por la ciudad. A esta ciudad le hacen falta muchos Lacave con sus cirios apagaos de color tiniebla. Que se llaman palos. De palermo.

 

Dinero, dinero
El viejo cofrade recordó hace unos días que la oposición de algunos hermanos mayores al ingreso de la Resurrección en la nómina de Semana Santa no era por razones litúrgicas: “Era simplemente por dinero, porque había que repartir la tarta de las subvenciones entre una más. Cabíamos entonces a menos. A nadie le molestaban los horarios ni los itinerarios de esta cofradía, que ya se sabía que saldría el domingo, sin alterar en nada a las del sábado. Lo que algunos hicieron entonces fue lo que hoy llamaríamos postureo”.

El momento actual
Con cuatro cofradías en la cola, a la espera de negociar sus incorporaciones, muchos ya han levantado la ceja como entonces. Si la Corona, la Milagrosa, la Misión y Pino Montano entran en la Catedral, son cuatro más para el reparto de la tarta económica, amén de las estrecheces horarias y los cruces de camino que habrán de estudiar los ingenieros, que hay ingenieros expertos en la materia que se han preparado a fondo en Harvard. Las cuatro cofradías citadas quieren cobrar como las que pasan por la carrera oficial, una visión que reduce la Catedral a meta volante con derecho a avituallamiento (económico). Tan es así que quieren cobrar ya como las demás, que es lo que dicen les prometió el equipo actual de gobierno en el Consejo, donde piden tiempo para hacer las cosas a la velocidad adecuada.

El pertiguero
Primer golpe. Oído esta semana: “Yo creo que alguna novedad nos vamos a encontrar aún en la investigación, te aseguro que estamos trabajando a fondo en el asunto. Ypara el próximo año deberían hacer un presupuesto de gasto en cámaras de seguridad. Eso seguro”. Segundo golpe. Atrioscopia. La cosa se va animando (o calentando) junto al Arco. Los nombres de las incorporaciones a las candidaturas de Santiago Álvarez y José Antonio Fernández Cabrero se van filtrando poco a poco. Hay quien apuntaba en la aldea del Rocío a la posibilidad de que, al final, sólo concurriera una lista, pero parece una opción con muy poca fuerza. Tercer golpe. Glorias. ¿Una magna procesión por los 90 años de aquel congreso mariano hispanoamericano? Y ciriales arriba. Aquello se llamó “cabalgata”. Eran otros tiempos.

El lagarto de la Catedral

“Hemos vivido una semana de luto en la Iglesia de Sevilla por el fallecimiento del sacerdote Cristóbal Jiménez Sánchez. En la curia muchos ni lo saben, pero este reverendo fue fundador de la Hermandad de la Sed, donde era tenido como una figura respetable, un faro y guía de la cofradía”

La fuerza de la inocencia

El Fiscal | 4 de junio de 2017 a las 5:00

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LA verdad está en los niños, en sus rostros indisimulados, carentes de hipocresías, exentos de cinismos de laboratorio. Los niños dicen la verdad desnuda, que es la mejor verdad. Hay niños del Silencio que salen a cara descubierta, que es lo más difícil. No hay antifaz que cubra el rostro de sueño, ni que permita la relajación de un bostezo por Francos, ni un movimiento para aliviar el cuello por Cuna, ni por supuesto un esparto ceñido que ayude a mantener la verticalidad cuando el sueño busca las tablas por la Plaza del Duque. Son niños expuestos a las miradas, al juicio de los que acuden al encuentro del Dulce Nazareno y de los ojos almendrados de la Concepción. Estos niños del Silencio están más obligados que nadie a mantener la compostura. Están sencillamente expuestos. No se pueden quejar de la cera caliente que se derrama por sus manos, tienen que llevar los cirios erguidos, sin caer en la tentación de usarlos como báculos ni de portarlos con la fea inclinación de una caña de pescar. He visto ya hasta tres veces cómo son arrollados estos niños del Silencio que forman tras el paso de palio acompañando al preste:en los años 2000, 2015 y 2017. Son los niños del cortejo litúrgico del Silencio, algunos tienen sólo diez años y asumen libre y voluntariamente pasar la noche en vela detrás de la Virgen de la Concepción, soportando en ocasiones la mala educación de quienes no viven la Madrugada sino vivaquean la noche, aguantando en silencio preguntas o comentarios impertinentes y recibiendo también el cariño discreto, casi imperceptible, de algunos familiares: una fotografía desde un palco, algún guiño al pasar por el Aero de la Avenida, sonrisas cómplices para aliviar los metros finales de la estación de penitencia. Los niños del Silencio, estos niños del cortejo litúrgico, estaban adiestrados en caso de avalancha, pero tuvieron la mala suerte de que la primera les sorprendió en la Plaza del Salvador, sin pared en la que cobijarse.

Hace unos días que han aparecido los dibujos realizados por uno de estos niños que sufrió los tumultos. Se titulan Cómic de la Madrugada de Semana Santa. El pequeño autor describe su salida en condiciones de “normalidad”, precisa que fueron dos las avalanchas sufridas, cuenta que había una “montón de cosas rotas” por el suelo y sobre todo y por encima de todo, deja un mensaje que es toda una proclama de esperanza en futuras Semana Santa sin incidentes: “Al final todo acabó bien”.
Estos niños del Silencio, los últimos de la cofradía, los que cierran la comitiva más fugaz de la Semana Santa, rápida en su caminar y lenta al pasar las páginas de la Historia, merecen todos los esfuerzos posibles para que nunca vuelva a ocurrir lo que sucedió la pasada Madrugada. Por ellos –porque a ellos hay que legarles la Madrugada sin sobresaltos que a nosotros nos fue transmitida– hay que hacer lo imposible para que las cofradías no sean expuestas al riesgo. Los niños del Silencio, los monaguillos del Gran Poder, los pajes del Calvario, los innumerables nazarenos jóvenes de la Macarena, la Esperanza de Triana y Los Gitanos. La Semana Santa no puede prescindir de ninguno. Sería una derrota. Pudieron romperse cirios y cruces. Pudieron volar los canastos y quedar algún antifaz prendido de una reja a la espera de dueño, pero nunca podrá quedar la rota la ilusión infantil por la noche más hermosa de la ciudad.

Lo dijo alto y claro Jaime Rodríguez Sacristán, catedrático de Psiquiatría: los niños no pueden cogerle miedo a la Madrugada. Frente al miedo hay que contraponer la devoción, la historia y la tradición. Nada como hablar, escribir o dibujar para expulsar el demonio del pánico. Nadie puede derribar más de siete siglos de historia con una algarada. Porque al final –siempre– todo acaba bien. Lo dice uno de los niños del Silencio, uno de los que mira al frente en clara expresión de futuro, uno de los que aprende a ser nazareno sin túnica: el reto más difícil, el objetivo más hermoso.

 

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El proceso está en marcha

Las conversaciones para ampliar la nómina de la Semana Santa han comenzado. Las cuatro hermandades interesadas ya se han reunido en el Consejo con la cúpula de la institución. La Misión, la Corona, la Milagrosa y Pino Montano son las cuatro hermandades que tienen solicitado su ingreso desde los tiempos de Adolfo Arenas en la presidencia del Consejo. Sainz de la Maza se ha comprometido a tramitar las solicitudes. Prosperarán o no, pero lo que no quiere es que se pasen más años metidas en un cajón. El primer acuerdo que se ha tomado es que los delegados de penitencia trabajen, tomen el pulso a sus días, evalúen las opciones de horarios e itinerarios y, después, ya se verá. Los estatutos son claros en esta materia: se precisan dos terceras partes de las hermandades de cada jornada para permitir el ingreso de una nueva. En el Consejo aseguran que mantendrán una especie de neutralidad activa. Sin más.

Madrugada 2018, Catedral abierta

El Fiscal | 28 de mayo de 2017 a las 5:00

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CUALQUIER reforma en la carrera oficial que incluya la supresión de asientos para ganar en seguridad es un reto especialmente complejo, porque necesita de la aprobación del Pleno de hermanos mayores de penitencia. Y, por desgracia, una Semana Santa mercantilizada también ha hecho mella entre los hermanos mayores, que en muchas ocasiones sólo atienden a si la subvención anual se resiente, se queda igual o aumenta. Hay una carencia grave de altura de miras mientras Sierpes, por ejemplo, sigue siendo un avispero. La Madrugada no es un problema de seis hermandades como Cataluña –valga el ejemplo– no es una cuestión sólo de los catalanes. Interesa a toda la Semana Santa, interesa a toda España. La Madrugada es un problema de toda la ciudad. Antes de meterle mano a la carrera oficial y de evidenciar el bajo nivel de los dirigentes cofradieros, existen otras soluciones racionales que ya se están barajando por parte de los responsables en la materia. Además de aumentar las cámaras de seguridad tanto en número como en calidad y opciones de grabación, y de estudiar los aforamientos y acotamientos, existe una opción a tener muy en cuenta, como es la de retrasar tres horas el inicio de la madrugada en la carrera oficial. Esto es, se trata de que haya un tramo horario amplio libre de cofradías en el centro entre Pasión y el Silencio, entre la última del Jueves Santo y la primera de la Madrugada. Con los bares cerrados a las doce y la salida del Silencio fijada a las tres o cuatro de la madrugada, la Plaza del Duque y Alfonso XII, por ejemplo, ya no serían un campamento propenso para borrachuzos y vivaqueadores a los que poco importa la celebración religiosa.

Retrasar la Madrugada tres horas no supone –ojo– que las seis hermandades salgan tres horas más tarde. Habría que estudiar cada caso y, siempre, habría que seguir teniendo en cuenta los peligrosos cruces entre cofradías que son de sobra conocidos.
Una de las grandes novedades es que la autoridad eclesiástica no pondrá reparos en ningún caso para que las cofradías sigan pasando por la Catedral a partir de las 09:30 horas, la hora de rezo del oficio de laudes por los canónigos en el coro de la Catedral. Hasta ahora se obligaba a Los Gitanos a dejar libre el templo a las 09:20. Fuentes del Arzobispado han dejado claro que si la Madrugada se debe retrasar por motivos de seguridad, el Cabildo no pondrá obstáculos a tener abierto el templo la mañana del Viernes Santo. Es perfectamente compatible el rezo de laudes con la Macarena pasando, por ejemplo. Es más, tiene que resultar de especial belleza. La autoridad eclesiástica ha sido, pues, la primera en dar un paso al frente, en tomar conciencia de que todas las partes han de ceder por el bien de la noche más hermosa.

En las cofradías hay quien opina que retrasar el inicio de la Madrugada es una suerte de derrota. Pero también hay quien estima –creemos que con razón– que lo inteligente es tomar decisiones en función de las circunstancias que nos han tocado vivir. Somos hijos de nuestro tiempo. Hoy hay unos peligros que hace veinte años no existían. Hoy la noche está encanallada como hace tres décadas no lo estaba. A los sevillanos de los años 30 del pasado siglo les tocó vivir dos años sin cofradías en la calle. A nosotros nos ha correspondido salvar una noche que es la “culminación y síntesis” de la Semana Santa. Si se tiene bien estudiada cuál es la franja horaria donde se concentran los riesgos (la hora y media que abarca desde las 04:00 a las 05:30), habrá que tomar medidas encaminadas a no concentrar las seis cofradías en el corazón del centro histórico en ese período de tiempo. Yhabrá que tener –insistimos– ese espacio de respeto, de seguridad, entre el final del Jueves Santo y el comienzo de la Madrugada. Hay que evitar el fenómeno de la sesión continua que tanto perjuicio provoca porque retiene a cierto público bebedor en las calles que a partir de las cuatro de la Madrugada no está precisamente interesado en las últimas novedades de la Casa del Libro, sino en hacer literalmente el ganso.

Si la autoridad eclesiástica ha dado el primer paso (y así nos consta), el Consejo de Cofradías tiene muy claro que ha de ir de la mano del Ayuntamiento en todo este asunto. Juntos. Sin fisuras. Ylas hermandades tendrán que dejar de interpretar ciertas decisiones en clave de pérdida de poder o de merma de influencia. Ya se ofreció un espectáculo sonrojante con motivo de la discusión de horarios e itinerarios previa a la Semana Santa de 2016.

El retraso en el inicio de la Madrugada no debe provocar una colisión con el inicio de la jornada de la tarde del Viernes Santo. Se trata de salir más tarde y terminar a la misma hora, para lo cual habrá que hacer un esfuerzo que es perfectamente asumible y, por supuesto, algunas hermandades tendrán que tomar medidas concretas. Ceder. Ser generosas. Si la Madrugada tiende a terminar a las dos de la tarde, debe seguir terminando a esa hora.

Se acabó el corsé de las 09:20 horas. No habrá problemas para acceder a la Catedral durante toda la mañana del Viernes Santo. Los laudes no son los oficios, ni la vigilia de Resurrección. Son un oficio precioso perfectamente compatible con el paso en silencio de una cofradía. No se trata de una derrota, sino de una modificación de hábitos. La derrota sería no salir, dejar de sacar la cofradía a la calle. Es la hora de mover las piezas con inteligencia. Una cofradía no debe ser expuesta a riesgos. Ninguna.

Olivencia, año 1960

El Fiscal | 21 de mayo de 2017 a las 5:00

Personaje

ESE año se estrenan las jarras delanteras del paso de palio de la Virgen de la Angustia según el proyecto de Joaquín Castilla. La hermandad radica en la Anunciación, donde está la Universidad. En 1960 es hermano mayor Salvador Diánez Leal, que acabó nombrando capataz de la cofradía a Rafael Franco, que debió comenzar como tal el Martes de 1963, pero la lluvia frustró la estación de penitencia. En 1963 se produjo una hermosa unión. El Silencio se trasladó a la Anunciación hasta el 6 de marzo de 1964 con motivo de obras en su templo de San Antonio Abad. En el horizonte más próximo están entonces el célebre traslado del Cristo de la Buena Muerte a la caseta del Real Círculo de Labradores del Prado de San Sebastián por las Santas Misiones de 1965, y la última Semana Santa vivida en la Anunciación, de donde la hermandad se fue en noviembre de 1966. Por supuesto, aún no había hermanos costaleros, ni se soñaba con el manto bordado de la Virgen. Los monaguillos se podían contar con los dedos de una mano, entre ellos uno llamado José Moya Sanabria, que por el patio de la vieja universidad andaba de la mano de su padre, Juan Moya García, maestro de abogados. Aún quedaban unos años para la búsqueda en Ceuta de marfiles de colmillo de elefante para el techo de palio, un periplo en el que algún hermano de la cofradía aprovechó para ver un partido del Betis. En las cajas donde se transportaron los marfiles se guardaron después los juguetes de unos niños muy queridos en la cofradía. El paso de Cristo aún no salía con lirios, no existía el pregón universitario, ni tampoco el aula Cultura y Fe.

En octubre de 1960, el año en el que hoy fijamos la atención, se inscribió en la cofradía Manuel Olivencia Ruiz, natural de Ronda, vecino de la calle San Vicente, de 31 años. Se comprometió a pagar la cuota anual de cien pesetas. El 6 de diciembre fue admitido como hermano por el cabildo de oficiales y el 18 del mismo mes prestó el juramento de las reglas. Fue presentado por el hermano mayor, Salvador Diánez. Ingresó en la cofradía en el final de una etapa histórica: la de la Anunciación, de la que queda el hermoso azulejo de la plaza acosado hoy por las terrazas de veladores. La hermandad, con buen criterio, se marchó seis años después a la capilla de la calle San Fernando, porque el Cristo de Los Estudiantes debe estar donde esté la Universidad. Siempre.

Olivencia recibió la noche del pasado miércoles el VI Premio Manuel Clavero que concede Diario de Sevilla, un acto que se celebró con toda solemnidad en el Patio de la Montería del Real Alcázar. Se produjo una bonita coincidencia cofradiera, pues son hermanos de Los Estudiantes don Manuel Clavero, que da nombre al prestigioso galardón; Olivencia, que lo recibió, y José Moya Sanabria y Concha Yoldi, patrocinadores del premio desde su creación. Todo, de alguna forma, quedaba en la lonja con la memoria puesta siempre en la calle Laraña.

Iglesia del Salvador. Reportaje con Fernando Mendoza y Joaquín

La memoria de Moeckel

Ocurrió hace quince años. El abogado Joaquín Moeckel lideraba una polémica contra el Arzobispado por el intervencionismo episcopal en las reglas de algunas hermandades. La autoridad impuso por las buenas cuestiones referentes a las nazarenas, la edad mínima para ser hermano mayor y la designación de los directores espirituales. Moeckel recurrió como hermano mayor del Baratillo. En el asunto de las nazarenas logró que la imposición se convirtiera en un exhorto pastoral. Y en las otras dos cuestiones, el entonces secretario general y canciller, Francisco Navarro, le envió una carta informándole previamente de la nueva redacción de los preceptos. Es decir, la jerarquía eclesiástica le dio una suerte de derecho de audiencia antes de dictaminar. Moeckel mostró la carta de Navarro el otro día en la Universidad de Sevilla con ocasión de un curso sobre Derecho y Cofradías de los que promueve el profesor Martín Serrano, una iniciativa de altura que es digna de elogio. El letrado del Arenal reivindicó una especie de memoria histórica. Aquello fue un debate de altura, donde el cardenal vio un interlocutor con el que se podía discutir. Y el interlocutor supo defender su posición sin convertir jamás al cardenal en una figura vulnerable. La prueba es que, al final, Don Carlos le concedió por motivos varios la medalla Pro Ecclesia et Pontífice. Conviene recordar estos hechos. Conviene defender el derecho de audiencia. Conviene saberse la historia reciente.

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El éxito de un cartel

El miércoles se presentó el cartel del junio eucarístico que edita el Consejo, obra de los hermanos Rubiño. Han empleado técnicas de representación arquitectónicas para conseguir un efecto tridimensional, de maqueta. El cartel combina con armonía la tradición con la modernidad. Tiene mucho de infografía, de horas de ordenador bien trabajadas. Hay que felicitar al Consejo que preside Joaquín Sainz de la Maza por esta apuesta. No le ha faltado ni la prueba del algodón del éxito, que es el cuarto y mitad de guasa de ciertos conspicuos cofrades que dicen que parece el cartel de un congreso de numismática. Como cuando dijeron del apaisadísimo cartel de las glorias  de 2016 que servía para anunciar el vía crucis de Itálica por lo oscura que estaba la escena. Lo peor de un cartel, de un pregón, de cualquier actividad pública que se ejerza en Sevilla, es que no genere ni cien gramos de guasa.  Este cartel de los Rubiño es muy bueno. Por eso se remata como las cofradías perfectas: con el cortejo del preste de la guasa hispalense.

 

 

 

 

Vargas Llosa y la pluma de oro de Joselito

El Fiscal | 14 de mayo de 2017 a las 5:00

Imagen macarena vargas llosa

OCURRIÓ el Domingo de Resurrección, pasada la hora del Ángelus, runrún en el atrio con la llegada de una visita ilustre. Hace años que las visitas de relumbrón se producen en Semana Santa y no en Feria. La Feria, mejor organizada y sin incidencias, hace tiempo que dejó de ser atractiva para los ilustres, casi el mismo que la duquesa de Alba dejó de recibir en la Casa de las Dueñas en los días de farolillos. Pero la Semana Santa sigue atrayendo algunos rostros conocidos de Despeñaperros (guau) hacia arriba que hacen eso de “bajar al Sur”, pronunciado sea con voz engolada. Estaba el teniente de hermano mayor de la Macarena, Santiago Álvarez, en el atrio cuando llegó nada menos que Mario Vargas Llosa a la búsqueda de la Esperanza, la que había visto salir una Madrugada desde el balcón de las autoridades unos años antes, pero esta vez quería verla en la intimidad de la basílica. Llegó sin la Preysler y estuvo cerca de una hora contemplando los dos pasos y, especialmente, el altar de la Hispanidad. Se paró largo rato ante el paso de palio, comentó que esa tarde iría a los toros y, justo en ese momento, fue cuando el teniente Santiago le contó la historia de la pluma de oro de Joselito, que la Virgen aún lucía en el fajín, porque ese día aún llevaba todas las joyas de la Madrugada a excepción de la corona de oro. Al premio Nobel le encantó la historia del canónigo Muñoz y Pabón, que defendió públicamente que el funeral de Joselito El Gallo se oficiara en la Catedral en contra del criterio de quienes mantenían que en el templo metropolitano sólo podían celebrarse las exequias de aristócratas. Los partidarios de José quedaron tan agradecidos a aquel canónigo que le regalaron una pluma de oro por la brillantez y eficacia de su discurso, que el sacerdote rechazó en primera instancia. Al final aceptó el obsequio con condiciones: que la pluma llevara un alfiler para poder regalársela a la Virgen de la Esperanza. Y así fue. En la pluma están grabados un gallo y un corona en recuerdo de Joselito, rey del toreo. Por ser monarca indiscutible del toreo se celebró su funeral en la Catedral. Vargas Llosa se fue con la promesa de volver. Y con él se llevó una hermosa historia que une el toreo y la escritura.

El Dulce Nombre en el Salón Colón

Imagen Salón Colón

Se casaban dos jóvenes en el Salón Colón. Cofrades y de estirpes conocidas. Se casaban en el Ayuntamiento con todo boato, en una ceremonia presidida por un concejal cofradiero, ante el retrato del Rey y en presencia del Pendón de San Fernando. Se casaba ella de blanco y él de chaqué. Había mantillas blancas, ternos oscuros y, como en la sevillana del Pali, muchos barbos en adobo, mucho vino y alegría, que de todo hubo después en el sevillanísimo convite en el convento de Santa Rosalía. Se casaban en el Salón Colón con la mente puesta en la Plaza de San Lorenzo, que para eso la novia se ha criado a la sombra de los plátanos de indias, donde los pájaros se posan cada amanecida a verle la cara al Señor cuando se despide del pueblo y el personal tiene el cuerpo tan cortado como el alma reconfortada. Se casaban dos jóvenes en el Salón Colón cuando alguien –todo un detallazo– estuvo raudo al colocar una preciosa fotografía de la Virgen del Dulce Nombre sobre un caballete en un lugar preferente de la estancia. Una sorpresa para la contrayente. La foto de la Virgen, morena como la novia, era una bellísima instantánea de los años setenta, cera baja y siempre de tertulia con San Juan, de cuando aún no tenía saya rosa pero ya era la gracia de Sevilla bajo palio. La novia al final se casó ante Ella. Eso se llama un quite providencial al Derecho Canónico. La Virgen está donde están sus devotas más fieles.

La cordura

Félix Ríos Villega

Cada vez que hablemos del bajo, bajísimo nivel de los dirigentes cofradieros, excluyan al hermano mayor del Gran Poder. Félix Ríos no sólo tiene una sólida formación religiosa y espiritual, que la tiene incliso muy por encima de la de muchos cofrades de prestigio, sino ciertas ideas muy claras sobre asuntos de actualidad. Esta semana ha impactado con una carta enviada a sus hermanos en la que opina lo que opinó este Fiscal el pasado Domingo de Resurrección. No hay tramas en la Madrugada, no hay nada organizado. Hay mucha mala educación y mucha falta de valores. Hacen falta medidas incluso “impopulares” y, por supuesto, se necesita que los cofrades no abandonen la calle. Sublime. Un ejemplo de cordura.

¿Cuándo hablarán los ministros de la Madrugada?

El Fiscal | 30 de abril de 2017 a las 5:00

papeles madrugada 2000

AL humo de las candelerías apagadas con el beso del clavel (El Clavel, qué buen licor cazallero) nos tenemos que preguntar si algunos ministros del Reino de España se han apuntado al silencio con minúscula, si es que no estuvieron en Sevilla los que estuvieron, porque estuvieron nada más y nada menos que tres, como tres tristes tigres, o si es que toman Sevilla como pasarela de vanidades y de mangazos y ahí se quedan ustedes con sus cuitas, sus veladores, sus polémicas y en el puesto número 46 de inversiones del Estado. Aquí vino Zoido, ministro del Interior, pero muy de interior, a calentar el sillón en el pregón y en el palquillo de la Campana. Aquí vino Rafael Catalá, ministro de Justicia, a dar el mangazo de balcón macareno en la salida de la cofradía. Y aquí vino María Dolores de Cospedal, ministra de Defensa, a calentar el palco VIP de primera fila de la Plaza de San Francisco. Todos se hicieron sus fotos con nazarenos, costaleros y hasta con bomberos. Los vimos sonreír y hasta tocar los martillos de los pasos. Pero ni mú de los incidentes de la Madrugada. El ministro del Interior descargó el marrón –por lo visto– en el subdelegado del Gobierno, que es uno que puso él mismo con el único objetivo de defenestrar por motivos internos de partido a la que funcionaba, Felisa Panadero. Zoido ha dicho poco, casi nada, de lo ocurrido aquella Madrugada. Como tampoco dijo nada cuando ocurrió lo que ocurrió en 2015 y entonces era alcalde. ¿Dónde estaban, por cierto, los responsables municipales en 2015 cuando la cofradía del Silencio fue derribada? Alguno estaba en la playa, alguno iba de nazareno y alguno estaba ya a esas horas de la noche con los asuntos de Morfeo, que te veo, Tadeo. El socialista Juan Carlos Cabrera, el solito, ha reaccionado mejor en 2017 que todo el gobierno de los veinte concejales en 2015.

Cuando los sucesos del año 2000, el gobierno de España se tuvo que pronunciar por escrito. Tardó, pero lo hizo el 25 de mayo. Aquí han venido tres ministros al jajajá y el jijijí. Y poco más hasta ahora. Han dejado a peones de brega para dar la cara. Junto a estas líneas tienen reproducida la contestación del Ejecutivo a preguntas del diputado Felipe Alcaraz (IU). “Efecto dominó”, ya dijeron entonces. Aquel año se rompió el encanto de la noche, aquel año se derrumbó el castillo de arena de la Madrugada, aquel año supimos que éramos vulnerables. Sólo un informe interno apuntó a una causa distinta a la oficial: la exhibición de las armas reglamentarias de algunos agentes pudo disparar la alarma. Pero poco más. El Gobierno de España de 2000 –entonces estaba Mayor Oreja al frente de Interior– se tuvo que pronunciar oficialmente, salir del burladero del silencio gracias a un comunista.

Después de repasar las escenas de pánico, resulta poco edificante que a las pocas horas de los sucesos estuvieran los ministros de paseo y sin decir media palabra sobre lo sucedido. Algunos dicen que era la mejor forma de emitir un mensaje de normalidad. Esta ciudad es más que un palquillo, un balcón, el escenario del pregón o un palco de vanidades. Es más que la ciudad a la que “se baja” en AVE un par de veces al año para disfrutar “del Sur”. Cedemos varas, balcones y palquillos a cambio de nada. Nos sentimos pagados con la sonrisa condescendiente, satisfechos con la foto en el tuit . Nos bastan los peones de brega. Servimos con gusto el café y limpiamos en silencio las manchas que los invitados nos han dejado en el mantel. Y encima nos comemos alegres las pastas de cortesía que ni siquiera han probado. Tenemos nuevo eslogan. Sevilla, destino de ministros. Sevilla, agradaores sin fronteras.

Una Semana Santa al borde de la troika

El Fiscal | 23 de abril de 2017 a las 5:00

INCIDENTES EN LA MAGRUGç

Una Semana Santa en crisis, como una nación en crisis, requiere de grandes reformas. Cuanto más tardó Zapatero en negar la crisis económica, más tardó España en comenzar a ver la luz del túnel de la recuperación macroeconómica. La otra, la microeconómica, ni mucho menos está lograda, como denuncia monseñor Asenjo en sus recientes intervenciones públicas: “No olvidéis a los pobres”. Las denuncias sobre los excesos y despropósitos que marcan esta Semana Santa de comienzos del siglo XXI han sido tildadas no pocas veces de estar formuladas por puristas, defensores de esencias perdidas o directamente por carcas. Esta Semana Santa que nos ha tocado vivir, heredera del boom de los años 90, exige mucho cariño y ninguna reticencia a determinados cambios. Exige decir no, exclamar un basta ya ante muchas prácticas con las que las propias cofradías han contribuido a viciar el ambiente, a generar un tufo de decadencia que ha tenido efectos perversos. Esta Semana Santa está a un paso de quedar intervenida por una troika (Ayuntamiento-Cecop-Delegación del Gobierno) ante la incapacidad de las propias cofradías para resolver sus problemas.

La desaparición del cofrade ejemplar. Luis Rodríguez-Caso reivindicó el concepto de capillita en su Pregón de Semana Santa de 1988. ¿Sería posible hacer lo mismo hoy? El capillita como tal es una minoría. Su tipo ha sido orillado, sustituido, reemplazadlo. Su figura, culta, inquieta y habitualmente de indumentaria pulcra hasta en los meses de calor, ha sido desplazada por la del friki, el aficionado, el obsesionado por grabarlo todo con el teléfono inteligente. Ya no está Luis para defender al capillita, ni Sánchez Dubé para denunciar el fenómeno del bandismo, que pone en evidencia la excesiva notoriedad de los músicos. Ya no están cofrades modélicos como Juan Carrero, Manuel Toro, José María O´Kean, Ramón Martín Cartaya o Vicente Acosta, ni sacerdotes como Eugenio Hernández Bastos, Juan Garrido o Manuel Benigno García Vázquez. ¿Dónde están esos modelos de conducta ejemplar? ¿Ustedes se imaginan ahora un señor como don Antonio Colón en la salida del Silencio? A las doce de la noche, una hora antes de que la Santa Cruz se pusiera en la calle, el público de los alrededores de San Antonio Abad era más propio del que hace espera para un concierto de heavy metal en la Cartuja. A veces pareciera que la gente culta y formada huye de las cofradías como de la política. Y, claro, los nichos vacíos son ocupados por aficionados, o por gente de buena voluntad pero ineficaz para asumir los grandes retos que hoy se precisan.

Las prácticas a deshoras. Admitir que un paso de palio como el de la Virgen del Dulce Nombre entra puntual cuando lo hace a las 3:55 horas es un horror. Las cuatro de la madrugada no son horas para que una cofradía transite por la calle una jornada laborable. Lo mismo cabe decir de San Gonzalo y, muchos años, de la Candelaria o los Panaderos. Hay que reducir tantas horas de exposición al riesgo. Aún están recientes los episodios de reyertas en los alrededores de la calle Orfila en las primeras horas del Jueves Santo. Tanto se ha permitido el crecimiento de la nómina de la Semana Santa sin criterio alguno que se han colmatado franjas horarias que ahora serían necesarias para ciertas reformas. Se han asfixiado las jornadas. Se ha agotado el crédito por aplicar un buenismo por el que cualquier cofradía valía siempre que las que ya estaban no perdieran su orden de paso o sus sacrosantos minutos de tránsito, como si éstos fueran los vellocinos de oro particulares. De los lodos de la falta de miras de estos últimos años son muchos barros de hoy. La Semana Santa se ha ido construyendo su propio callejón sin salida.

La decadencia total. Cofradías decadentes, perfiles bajos en casi todos los mandatarios y, en paralelo o en consecuencia, un público degradado. Nada es casualidad. Todo coincide. La sensiblería ha sustituido a la emoción tanto como la afición a la Fe. Hasta en múltiples pregones, exaltaciones y meditaciones se ha podido comprobar en los últimos años. La Semana Santa, las vísperas, la cuaresma, los pregones… Todo está pasado de rosca. Las sillas de playa han aparecido como champiñones en entradas y salidas y, por consiguiente, los utensilios con comida traída de casa, al estilo dominguero, y juegos de mesa para aliviar la espera. ¿Cuándo se había visto antes el uso de colchones y esterillas para acomodarse mientras llega una cofradía? Sillitas de chino, butacas plegables de playa, roedores de pipas, calles traseras convertidas en urinarios… En definitiva, una cochambre apreciable desde el mismo Domingo de Ramos, la jornada de público más chusco. La gente sale a la calle a sentarse o a tumbarse y, lo que es peor, en una actitud agresiva, crispada, virulenta. De los cangrejeros de los años noventa que no dejaban ni dejan avanzar al paso (incluidos algunos pregoneros de supuesto prestigio y hasta algunos clérigos) al público de barriada que se monta su propia carrera oficial como alternativa a la ocupada por los supuestos señores. La evolución ha ido a peor. A mucho peor. Hay locales comerciales de la carrera oficial que funcionan en Semana Santa como palcos de las carreras de caballo de Sanlúcar de Barrameda. ¡A beber y a yantar que la Semana Santa se va a acabar!.

La barbaridad de 32.805 sillas. La documentación oficial aprobada por la Gerencia de Urbanismo establece con toda claridad cuántos asientos hubo en la carrera oficial la pasada Semana Santa. Y fueron demasiados. Hay más localidades que en doce de los veinte estadios de fútbol de primera división. La distribución de los asientos revela unas cifras que –no nos engañemos– son temerarias. Y todo para ingresar más dinero y que las cofradías puedan tener subvenciones mayores. Hay que reducir el número de sillas, sobre todo en Sierpes. Si las subvenciones se recortan, los cofrades tendrán que rascarse el bolsillo, como dice el ex fiscal jefe, Alfredo Flores, pregonero que fue de la Semana Santa. En la Campana hubo 6.921 sillas. En Sierpes nada menos que 4.719. Sierpes es un túnel del terror hasta cuando no hay incidentes. Allí no están cómodos ni los que están sentados (arrullados en muchos casos), ni los nazarenos que pasan como pueden, ni las personas que tratan de desplazarse. Nadie. Imagínense cómo tuvieron que pasarlo nazarenos y público con ocasión de las avalanchas.

Todo está sujeto a debate. El propio Consejo de Cofradías admitió en su día que la Semana Santa era un espectáculo cultural con tal de beneficiarse de un tipo de IVA rebajado en la carrera oficial. Puestos a considerarla un espectáculo, aplíquense las leyes que regulan la seguridad de las grandes concentraciones de masas. Tal vez convenga retrasar el inicio de la Madrugada, dos o tres horas; tal vez convenga modificar órdenes de paso por la carrera oficial, tal vez cambiar cofradías de día o tal vez ampliar la carrera oficial o modificarla sustancialmente. Hay que decir no a las posiciones intransigentes. Es la hora de las medidas innovadoras. Nadie se puede negar a ningún debate. Ante un paciente en estado grave y sin un diagnóstico claro, conviene estudiar todas las posibles causas de los males e ir preparando los tratamientos. No estamos en meses de tertulias, ni para ir preparando los proyectos delirantes en la orilla de la playa, sino en una crisis muy grave de la fiesta más hermosa de la ciudad. La pasada Madrugada pudo haber diez o más muertos en el sector de Arfe, según el testimonio de un experto en seguridad y gran conocedor de la Semana Santa. La zona cero de la tragedia se localizó en el corazón del Arenal. Por muy mal que lo pasaran en otras zonas, nada fue comparable a lo de la calle Arfe.

El efecto dominó. No hace falta una estructura organizada para reventar una Madrugada. La zona sensible del centro no es tan extensa a determinadas horas en las que las seis cofradías coinciden en un radio muy limitado y, además, fácilmente comunicado. En el Ayuntamiento mantienen que estaríamos ante el mejor supuesto: los sucesos no responden a una trama, por lo que con ciertas medidas drásticas se puede controlar la situación. El cierre de los bares es una medida que ya tomaron muchísimos establecimientos hace años, cuando la cochambre se adueñó de la noche más hermosa (peligrosa) del año. A los propios bares no les compensa tener que soportar una clientela pasada de copas y que se toma la Madrugada como una Nochevieja con pasos. La troika optará por decretar los cierres de bares, acotar las zonas más sensibles y emplear detectores de metales con quienes pretendan ingresar en algunos de esos sensores considerados de especial protección. Hay mucho dinero en juego, la denominada marca de la ciudad, el prestigio de una urbe que hace 25 años, precisamente, vivía su período más brillante de toda la era contemporánea, como para dejarlo todo en manos de las propias cofradías o al arbitrio de una autoridad rehén de los opinadores de las redes sociales. La Semana Santa ha de ser intervenida, puesto que las hermandades, que en su día llegaron a hacerse con ella, no tienen capacidad para resolver el gran fracaso de la Madrugada.

El reto. La ciudad que sabía moverse en la bulla deberá demostrar ahora que tiene capacidad también para autorregularse en una avalancha. Casi acabó por demostrarlo la pasada Madrugada cuando en pocos minutos pasaba de correr atropelladamente a aplaudir a unos nazarenos asustados. La gente echaba a correr cuando oía un ruido, no cuando veía a alguna persona en actitud amenazante. Si no se supera pronto este trauma colectivo, renunciaremos a vivir en paz la Madrugada que otros nos legaron con toda su belleza, y, aún peor, condenaremos a las nuevas generaciones a tenerle miedo a la noche sevillana del año por excelencia. La autoridad debe ejercer como tal y establecer las máximas garantías. Una mayor seguridad pasa necesariamente por un control más intenso y, por consiguiente, por una renuncia a cierto grado de libertad. Esta Madrugada que nos ha tocado vivir está al borde de ser declarada en estado de excepción, de suspensión de ciertas garantías, porque la ciudad no puede correr el riesgo de que haya una nueva zona cero, ni por supuesto una sola víctima mortal. El Rey inauguró el miércoles el Foro Mundial sobre Violencias Urbanas y Educación para la Convivencia y la Paz. Eso es lo que ha faltado en la Madrugada: saber convivir. Unos han agredido los hábitos pacíficos de otros en un contexto de psicosis colectiva. Y falta desde que en 2000 quedara en evidencia la fragilidad de una fiesta que funcionaba sola, pero que ahora está al borde de ser intervenida. Es la hora de los cambios, de decir no a ciertas prácticas, de sacar a la luz pública nuevos modelos de cofrades ejemplares, de enseñar, en definitiva, una Semana Santa vivida desde la autenticidad de la Fe.

fiscal23 (II)

El ministro en el palquillo

El Fiscal | 15 de abril de 2017 a las 5:00

palquillofiscal

¿No estuvo el Rey de España en el palquillo un Lunes Santo? ¿Por qué no iba a estar don Zoido en el mismo sitio que el momarca, pero en jornada de prime time? Ahí lo tienen, estaba tardando en sentarse en el lugar más cotizado para la oficialidad cofradiera. Más Zoido que nunca, más ministro de Dentro que nunca. Perdón, del Interior. Ya estuvo el miércoles viendo la salida del Baratillo desde el mismo balcón que los entonces Príncipes de España.

 

El poder de los símbolos de la Pasión

SEMANA SANTA 2017. SALIDA DE LA EXALTACIÓN.

No hay quien vea la cruz de guía de La Exaltación (vulgo Los Caballos) y no se detenga en los símbolos de la Pasión que luce, como ocurre con la del Gran Poder. Tenazas, esponja con vinagre, escalera, lanza, martillo… Cruces de guía que generan tertulias, preguntas, dudas, curiosidades. Cruces con poder de atracción.

Un aviso inútil
Alguien debería apagar la megafonía del tranvía en las horas en que pasan cofradías por alguna de sus paradas. Es un absurdo que por los altavoces se den explicaciones en español y en inglés sobre la interrupción del servicio –¡algo obvio!– cuando precisamente está cruzando un cortejo de silencio y el estruendo rompe el ambiente. No tiene sentido alguno. Igual que se cuidan mil y un detalles, se debería tener en cuenta también que el exceso de información, nunca mejor dicho, genera ruido. Es un horror.

La razón

El portero que no dejó acceder al obispo auxiliar, monseñor Gómez Sierra, a la parcela del palquillo del Consejo llegó a justificar su exceso de celo con una razón de peso. No lo conocía por un motivo claro: “No llevaba el gorro”. Eso explicó a los señores de la institución cofradiera.

La calle Cuna
Es curioso. Qué distinto es el público que espera a la Amargura en la calle Cuna la noche del Domingo de Ramos –primeras horas del Lunes Santo– del que aguarda a Los Panaderos en su regreso nocturno del Miércoles Santo. El domingo no se ven, por ejemplo, sillas de chino. Ninguna. Yel miércoles, como dijo aquel, estaba la “alta nobleza” tomando posiciones cuando aún faltaba una hora para la llegada de la cruz de guía. ¿La causa? Probablemente que el jueves es festivo. Y esta circunstancia es fundamental para explicar las diferencias sustanciales entre uno y otro público.

El cura Ignacio
Fue pregonero de relumbrón y es un habitual de las presidencias de los pasos desde hace muchos años. Al sacerdote Ignacio Jiménez Sánchez-Dalp le gusta tela ver cofradías, ejerce de capillita todos los años. Ayer, por ejemplo, se le vio confesando nazarenos de su cofradía de la Quinta Angustia por la calle Rioja, sacramento de la penitencia impartido con la fórmula de la absolución larga. Como Dios manda.

Vicepresidente y cirineo
Dicen que Antonio Piñero es casi más un cirineo que un vicepresidente. O, mejor dicho,mucho más que un vicepresidente. Joaquín Sainz de la Maza lleva un ritmo frenético estos días. Tanto que a veces tiene que salir Piñero a darle un respiro con tanta visita, tanto cumplimenteo y tantos compromisos institucionales.

Dos horas antes
¿Por qué había público sentado en los jardines de Murillo dos horas antes de la llegada de la Candelaria? Se trataba de personas de todas las edades. ¿De verdad que es por ver a la cofradía por ese sitio? ¿O es que no se sabe buscar los pasos por otras calles?

El cimbreo
Menos mal que el Señor del Descendimiento se cimbreaba ayer como casi todos los años. Hubo quien recordó ayer el Jueves Santo –no hace tantos años– en que la sagrada imagen fue especialmente fija al madero de la cruz. La Quinta Angustia no se concibe sin el cimbreo del Señor.

Muestras de pesar
Las que recibió ayer Miguel Bazaga, el querido director de la Delegación de Fiestas Mayores, que ha perdido a su padre esta Semana Santa. Desde el alcalde, Juan Espadas, hasta muchísimos cofrades de a pie le han dado especiales muestras de afecto.

Fotazo
El que hizo el pintor Ricardo Suárez del Cristo de la Salud, de San Bernardo, en la calle San José. El crucificado aparece enmarcado en un farol. Una estampa preciosa, digna de premio, que se puede admirar en sus perfiles de las redes sociales.

Morante vive las vísperas de la fiesta

El Fiscal | 13 de abril de 2017 a las 18:41

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Ahí tienen a Morante de la Puebla a escasos días de hacer el paseíllo en la plaza de toros de la Real Maestranza. El Martes Santo lo vivió en la finca de Lora del Río donde pastan los miuras, en Zahariche, ta como se ve junto a estas líneas. Estuvo tentando junto al macareno Eduardo Dávila Miura y Pepe Luis Vázquez, hermano de San Bernardo. Y ayer se vistió junto a Joaquín Moeckel de nazareno baratillero de la Piedad.

Detalle en la Macarena
Fíjense en la saya de la Macarena. Hoy luce la réplica en oro de la medalla Pro Ecclesia et Pontifice que recibieron en su día Otto y Joaquín Moeckel por decisión del papa Benedicto XVI a petición del cardenal Amigo. La Virgen de la Esperanza la lucirá esta Madrugada, en sus mejores horas. Pocos sevillanos, muy pocos, tienen la más alta distinción que un Papa puede conceder a un laico por sus servicios a la Iglesia. Y a su romano pontífice.
Policía Local
Los guardias de gala tienen un trato exquisito con los nazarenos cuando han de pedirles que aguarden un minuto mientras hacen el relevo en la presidencia de la ciudad. Los nazarenos, los de todas las cofradías, esperan pacientes a que hagan sus maniobras, bastante vistosas por cierto. “Muchas gracias, hermanos, por esperarnos”, musita el agente de turno a los nazarenos a los que ha tocado esperar. Muy distinto, por desgracia, es el comportamiento de uno de los agentes que el Martes Santo estaba en el cruce de Alemanes, que cortaba los cortejos cuando estaban avanzando, sin esperar a que se detuvieran. A su antojo, sin criterio. Y lo peor es que hablaba (gritaba) de “tíos” cuando se refería a la cantidad de gente que estaba esperando para cruzar. “¡Hay tres mil tíos esperando, vamos a colaborar!”, chillaba el agente de la autoridad (hay que llamarlo así) a un nazareno que le pidió que esperara a que la cofradía se detuviera para pegar el corte. No decía “ciudadanos”, ni “personas”, ni siquiera “sevillanos”, ni “peatones”. Tíos, las personas eran tíos. Y por supuesto el nazareno no era un “hermano”, ni nada por el estilo. Y así pretende ser respetado el tío. Para tío, mejor Tío Pepe, llena ahí, no el tío de la gorra del cruce de Alemanes que era policía. O eso dice. Los demás agentes de ese control, exquisitos, por cierto. Y los de gala, lo dicho: de chapeau. Unos señores de la autoridad. No como el otro. El tío.
Vómito
El que cayó en la parcela del palquillo en la Plaza de la Campana. Una señora indispuesta vomitó, hubo que atenderla y llamar a los servicios sanitarios y, por suuesto, de limpieza. Los empleados del Consejo, siempre eficaces y pacientes, gestionaban la solución a este problema mientras controlaban que Santa Cruz no se encontrara ningún obstáculo en la Plaza de la Virgen de los Reyes en dirección hacia Alemanes. Todo a la misma vez, que diría don Manuel, al que, por cierto, se le está viendo menos en su balcón de Sierpes.
Cabrera en acción
Las noches de Semana Santa son para el delegado de Fiestas Mayores muy especiales. Se dedica a ir a ciertos bares para controlar in situ la venta de alcohol. Hay veces que ha de soportar algunas reacciones airadas de jóvenes pasados de copas. Cabrera recuerda a Manolo García, ex delegado de Seguridad Ciudadana y hoy hermano mayor de la Macarena, cuando se montaba en el patrullero y se plantaba en las plazas y calles de la movida para pegar el persianazo a los establecimientos sin permisos o que cometían abusos. Cuando Cabrera llega a un bar estas noches de Semana Santa, dicen que suena el Last Order! de los bares ingleses cuando advierten a la clientela para que pidan la última consumición.
Preguntas
¿Por qué no paró el paso de palio de San Esteban en la presidencia de la ciudad en la Plaza de San Francisco? ¿Es verdad que los escoltas de propio alcalde van recriminando a los que beben en la calle aunque sea en vasos de plástico? ¿Es cierto que Ricardo Suárez ha hecho una foto del Cristo de la Salud, de San Bernardo, que es todo un cartel? ¿Cuánto disfruta esta noche el presidente del Ateneo con la visita de los armaos?