Otro episodio de política cofradiera

El Fiscal | 24 de junio de 2009 a las 11:51

Andaba uno perdido entre la bulla de la manifestación bética del otro día, por donde daba gloria moverse sin sillitas plegables, cuando recibe en mano una propaganda electoral con eslogan incluido: La candidatura del compromiso. Tremendo. ¿No habían pasado ya las europeas y faltan aún dos años para las municipales? No, no, la cosa va por Triana. ¿Por las 14 horas de tachiro por la calle? “Sin guasa, pérfido Fiscal, que te van a correr a gorrazos por el Altozano”. Qué quieren que les diga, pero eso de la candidatura del compromiso suena a Este partido se juega en Europa. O a aquel más lejano de Por el cambio. Luego dirán que es culpa también de la prensa la politización de ciertos hábitos en los períodos preelectorales cofradieros. ¿Y qué me dicen del diseño de la propaganda con ese círculo que hace juego con el dignísimo apellido del candidato que, por cierto, ya perdió una vez y que vuelve a presentarse, como Rajoy? Yo me sé de una lista electoral de otro barrio que bien podría haber utilizado un eslogan de impacto: La candidatura de la copa de balón. Llena ahí, Pepe, y repárteme por el bar este taco de propaganda.

El pertiguero

El Fiscal | 23 de junio de 2009 a las 18:44

Primer golpe. ¿Un ERE por Bustos Tavera? Se dice que el muñidor de la Mortaja ya ha expresado su intención de dejar el puesto. Resta por ver si todo quedará en familia a la hora de la sucesión.

Segundo golpe. Los hermanos mayores del Domingo de Ramos se han quejado por escrito al Consejo por la publicación en el boletín oficial del Informe Draco, el que contaba compulsivamente los nazarenos. La respuesta en San Gregorio no ha tenido desperdicio: “Sólo son ocho, ¡eso no es nada!”.

Tercer golpe. El restaurante Papasá donde robó un individuo vestido de nazareno del Baratillo ha echado el cerrojo para siempre.

Y ciriales arriba. El Cecop que dirige Rafael Pérez prepara un informe donde se recomendará la prohibición expresa de instalar sillitas plegables en las consideradas como vías de evacuación durante la Semana Santa, que son las calificadas como de Nivel 1 en el lenguaje técnico.

A Julio Moreno (padre e hijo)

El Fiscal | 23 de junio de 2009 a las 18:43

Cómo olvidar aquellas noches de cuaresma de finales de los noventa, justo después de la retransmisión del partido del sábado. La vida bullía en la casa de hermandad cuando tocaba ensayo o había que ir a recoger las parihuelas a las antiguas caballerizas de la Casa de Pilatos. Allí aprendimos la historia particular de aquel personaje que servía la cerveza en el ambigú o la de ese lirio que amanecía en la ventana del Señor, conocimos el oficio de igualar los cuellos, el respeto que imprime la voz del capataz y, por supuesto, el sentido de familia de la cuadrilla, mucho más hondo que la leyenda anual de sortear una ojiva. El padre mandaba, el hijo obedecía y los amigos acompañábamos como apócrifos contraguías. Una familia de sangre dentro de otra de costales. Ahora sí que toca de verdad afinar la voz y meter riñones. Para eso sigue estando la cuadrilla. Y sus dos contraguías.

El lagarto de la catedral

El Fiscal | 23 de junio de 2009 a las 18:43

<<Uno de los curas de Morón, don Amador, está causando sensación. Está moviendo la cuestión cofradiera. Sacó a San Leandro en el Corpus, hizo el camino al Rocío y ya consiguió que la Virgen de la cofradía más antigua saliera en procesión extradordinaria tras encontrar un donante de 9.000 euros>>

La categoría y las buenas maneras de un ‘aguaor’ de la Magdalena

El Fiscal | 23 de junio de 2009 a las 18:43

Aquel tío de la cubana que portaba el primer guión del Corpus, el tío de la escalera con gafas de cristales gordos detrás del palio, el tío que empuja el carro de los cirios por la Cuesta del Bacalao con aspecto de tullido y jurando en arameo porque le meten los ramos de flores y otros enseres, el tío asalariado que asiste trajeado y con guantes blancos a la procesión eucarística para portar el simpecado sacramental que nadie quiere llevar porque te deja como una alcayata… Figuras y personajes que se van perdiendo en una evolución que, al menos, depara nuevas siluetas, como la del aguaor del paso del Dulce Nombre de Jesús, que poco tiene que ver con los de aquellas cuadrillas profesionales que retrató Martín Cartaya. Este aguaor lleva calzado castellano, americana de Sobrino (El Museo, dos pasos) con doble punta de pañuelo albo a la vista, corbata nacional y peinado con fijador. Eso sí, el cántaro es de Lebrija. Y el jarrillo, de lata. Hombre, por Dios…

Los del 10%

El Fiscal | 23 de junio de 2009 a las 18:43

Así se conoce ya a un grupito de hermanos mayores contrarios a que el Consejo de Cofradías se reserve un 10% de su presupuesto (que se nutre de los ingresos de las carrera oficial) para su mantenimiento ordinario. Vamos, para pagar los pescaítos de Las Lapas, el cartucho de la impresora o los taxis del tío del boletín. Lo más curioso de todo no es el dinero en cuestión, sino el modus operandi de este grupito con pretensiones leguleyas. Unos son los que piensan y otros los que dan la cara. Por supuesto, todos votaron a la candidatura que menos sufragios cosechó de las tres que se presentaron hace un año. “Marchando una de encíclica y cerveza sin alcohol…”

Silencio en la Macarena

El Fiscal | 23 de junio de 2009 a las 18:43

No, no se trata de ningún comentario sobre la concordia chica entre Juan Ruiz Cárdenas y Antonio Rodríguez Cordero. Es la orden que ha dictado el hermano mayor sobre todo lo relativo al recurso ganado al Estado a cuenta de la subvención de 1,1 millones concedida por el PP y negada posteriormente por el PSOE. La asesoría jurídica de la hermandad ha recomendado las justas celebraciones, la mínima algarabía y la cautela máxima hasta que expire el plazo de recurso que tiene aún la Abogacía del Estado.

Oído en el Calvario

El Fiscal | 23 de junio de 2009 a las 18:41

No veas lo mal que sentó a algunos que reprodujeras hace dos domingos determinados párrafos del último boletín oficial sobre la situación interna por la que atraviesa la hermandad. Te puedo comentar que por el momento suena el apellido Alvarado como candidato a hermano mayor”.

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Jaleo de la Carretería

El Fiscal | 23 de junio de 2009 a las 18:04

¿Qué está ocurriendo por la antigua calle de Varflora? Recientemente dimitieron los dos priostes, uno de los cuales dicen que se fue a Palacio con un cabreo supino denunciando supuestas injurias. Esta semana han dimitido las camareras. Alarma roja cuando las que dimiten son las camareras. Se dice que las señoras se han despedido hasta por burofax. Les habrá faltado decir que ya sus abogados irán a recoger sus pertenencias.

A finales de esta semana se seguía hablando de nuevos cargos tomando las de villadiego…

Por cierto, ¿leyeron el puyazo premonitorio que le ha propinado al poder establecido de la hermandad en la web artesacro.org el muy respetado y veterano Antonio Bustos, número seis de la cofradía, que lleva casi tantos años en la casa como la maroma del misterio?

Ojú… Malos vientos soplan por la calle Real de la Carretería, donde alguno dice ya con guasa que va a dimitir próximamente el tío del ambigú y el mal ladrón, y que con tanto cambio en el nomenclátor le van poner Jaleo en la Carretería, esquina Techada.

14 horas para un debate

El Fiscal | 17 de junio de 2009 a las 12:02

Domingo, 7 de junio. Son las 12:32. El móvil da dos golpes de muñidor. Bip, bip. “La Esperanza entró en su capilla a las 11:30. ¡Glorioso!” El paso de palio asomó por la Puerta de los Palos de la Catedral a las 21:30, por lo que la Virgen estuvo la friolera de 14 horas en la calle. En el gobierno de la ciudad y en muchos sectores cofradieros se plantea una pregunta: ¿Justifica el gozo del XXV aniversario de una coronación canónica tener en la calle un paso de palio durante semejante número de horas?

Determinada clase dirigente cofradiera parece acostumbrada en la última década a tomar la calle, a hacerla suya con ademanes pretenciosos y a exigir determinados privilegios sabiendo que la autoridad municipal no se enfrentará, al menos públicamente, con nada que huela a las cofradías (Al poder local ya le basta con aplicar la anestesia del urbanismo morado en forma de subvenciones).

Escojamos varios botones de muestra de la desmesura de lo ocurrido el sábado. En los despachos de la Plaza Nueva aseguran que la Esperanza de Triana decidió realizar el recorrido hasta el Ayuntamiento por la Avenida en lugar de por la calle Hernando Colón, lo que obligó a cortar el tráfico del tranvía, así como que la hermandad hizo caso omiso a los ruegos para que metiera el paso en su capilla antes de las 5:30, pues se le anunció que al celebrarse el domingo las elecciones al Parlamento Europeo todos los retenes policiales estaban preparándose para la custodia de los diferentes colegios electorales. ¡Ni por esas! No sólo no se recogió el paso antes de las 5:30, sino que lo hizo seis horas después. Por otro lado, una señal inequívoca de que se buscaba premeditadamente finalizar la procesión a deshoras fue la ausencia absoluta del siempre habitual cortejo de cirios e insignias delante del paso. Allí no había ni cruz de guía, ni faroles, ni hermanos de luz. ¿Para qué?

¿Qué criatura hubiera aguantado la compostura exigible en una procesión durante 14 horas? Nadie. Así pues, el paso pelao y venga de frente. Comentario aparte merece la velocidad a la que avanzó la comitiva. Es cierto que hubo bullas en muchos momentos, sobre todo en la primera parte del recorrido. Nadie lo duda. Ahí están las fotos y las cifras oficiales de la Policía Local. Pero no es de recibo que de la calle Bilbao al Puente de Triana se emplearan ¡más de tres horas y media! A esas alturas de la noche se corren demasiados riesgos, se exponen a las imágenes sagradas a estampas poco idóneas, como las peleas que se produjeron en la calle San Jacinto protagonizadas por víctimas del gin tonic en el entorno de la procesión. Pero en muchas partes del recorrido matinal sólo hubo aglomeración de público justo alrededor del paso, ninguna cantidad que impidiera andar con mayor desahogo y evitar un periplo de catorce horas. En la junta de gobierno se arguye con toda legitimidad que el paso no podía andar con soltura, que en ningún caso iba a ser utilizado como “arma arrojadiza contra el público”, que la presencia policial fue “deficiente” desde el primer momento, que sólo las personas que formaban delante del paso saben con rigor la dificultad que existía para avanzar, que no estaba premeditada la entrada a las 11:30 y que lo verdaderamente trascendente fue el mensaje de esperanza que dejó la Virgen durante los días de triduo en la Catedral (con un meritorio aforo de mil personas al día) y a lo largo de la procesión.

“¿Alguien tiene la solución para que un paso avance en un recorrido con cien mil personas por delante?” La hermandad también le resta importancia a las molestias que se causó al funcionamiento cotidiano de la ciudad: “Los cofrades tenemos que salir de una vez del armario y perder los complejos. También cortan el tráfico el maratón y las manifestaciones y nadie dice nada. La Esperanza de Triana no salía en procesión extraordinaria desde 1984”.

Aquella procesión de regreso también concluyó por la mañana, duró 12 horas y tampoco contó con un cortejo de hermanos con cirios. Pero hace 25 años el contexto era bien distinto. El mundo de las cofradías no parecía tan pasado de rosca ni tan decadente, no había estallado aún el boom de las procesiones extraordinarias, se conservaba casi impoluto todavía un sentido de lo extraordinario que hoy resulta perdido por completo.

He aquí la clave de por qué el pasado sábado muchos cofrades experimentaron la contradicción de disfrutar y recibir un mensaje de esperanza al mismo tiempo que se toparon con una nueva muestra de desmesura que obliga a replantear muchas celebraciones externas en el momento actual.

Nadie duda de la belleza del paso de palio en las estrecheces de Triana, ni de la sinceridad de la devoción de quienes la acompañaron incansablemente durante horas, ni del boato de los cultos catedralicios. Las manifestaciones públicas de religiosidad popular son recomendables, pero en su justa medida. Zanjar el debate apelando a las leyes físicas para justificar que un paso no avanza es simplificar interesadamete los planteamientos. Para el análisis que se necesita no resulta válida al completo ni la opinión de quien se pasó las horas delante del paso, sumido en la gloria de las nubes de incienso, ni la del ciudadano encolerizado porque su taxi no pudo cruzar por Triana a una determinada hora y sus opiniones revelan prejuicios de otros siglos.