El Fiscal | 23 de enero de 2015 a las 17:00

Escultura restaurada expuesta en la sala de exposiciones del Silencio
La restauración de San Antonio Abad, imagen que se integra en el retablo mayor de la sede canónica de la Hermandad del Silencio, nos ha revelado cómo sería el Cachorro de viejo. Obra de Ruiz Gijón, el público ha tenido la oportunidad de admirar de cerca una escultura sobrecogedora. Y a sus pies, el cochino que acompaña al santo, protector de los animales. El cochino merece ser incluido en la lista de los animales predilectos en las hermandades. Tenemos un gallo, un perro, una loba, un caracol y hasta una mantis religiosa. Pero carecíamos del guarro. Yeste guarro sale de la mejor gubia. Ytiene más categoría que… Pararse ahí.

Pregunten, pregunten

El Fiscal | 22 de enero de 2015 a las 12:15

Fiscal pregunten
OIGA, la verdad es que, bien mirado el asunto, a alguno no nos importaría que nos preguntaran en las urnas por algunas cuestiones relativas a la Semana Santa. Declaraciones de carril aparte, respuestas de catálogo al margen y estulticias previsibles de lado, la verdad es que hace tiempo que en la Semana Santa se impone la mayoría. Claro que sí. La mayoría que arrolla cualquier medida, proporción o buen gusto. La mayoría que convierte la carrera oficial en un estercolero, la mayoría que consume Semana Santa en vez de vivirla, la mayoría que gobierna las hermandades sin criterio o siguiendo lanarmente el critero de la superioridad, la mayoría que enaltece a los costaleros como los nuevos gladiadores de Roma en el circo máximo de la Campana, la mayoría que usa las redes sociales como muros de retretes, la mayoría que deja las calles como una cerdera al paso de una cofradía, desplegada la alfrombra de pipas con el tufo a bocadillos de puesto ambulante, la mayoría que hace tiempo que dejó de cuidar su propia estética en una jornada como el Domingo de Ramos, la mayoría indolente que abandona las cofradías en sus regresos nocturnos dejando algunas entradas convertidas en el Charco de la Pava de la Semana Santa…
¡Claro que algunos querríamos que nos se preguntara por la Semana Santa! ¿Se imaginan someter a referéndum la incorporación de nuevas cofradías? Huy, huy, huy… Podríamos votar en contra de los ninot, de los escorzos de algunos romanos entrenados en gimnasios de barrio.
Y podríamos recuperar esas bolas negras que hubieran impedido la propagación de ese buenismo que lo admite todo porque sí, porque el espíritu crítico se ha quedado para contar nazarenos, porque hay que tragarse imágenes como airgamboys, que una yema de San Leandro tiene más unción sagrada que algunas tallas de la Semana Santa. Sí, lo he dicho. ¿Pasa algo?
–Nada, nada, siga usted liberando tensiones, que eso es bueno para la piel.
Qué bien hubiera estado someter a votación la ocurrencia del vía crucis del Año de la Fe para evitar ciertos espectáculos promovidos por la autoridad, eclesiástica por supuesto.
Podemos, claro que podemos, someter a votación el papafritismo de los chaqués del Sábado Santo. ¿Por qué no? Y fijar una hora límite de entrada de las cofradías para evitar las botellonas en las entradas. Y someter los uniformes de los músicos a un control previo para evitar que algunas bandas parezcan escapadas de la cabalgata de Isla Mágica. Y claro que hay un problema serio de formación en las cofradías, por supuesto que sí:nadie enseña a vivir la Semana Santa, a saber caminar por las calles, a buscar los pasos sin molestar al sufrido nazareno. Podemos someter a votación las sillitas plegables, que son el colesterol de la actual Semana Santa. Podemos consultar la duración máxima de un solo de corneta para no soportar más egos. Podemos preguntar por la propia existencia del Consejo de Cofradías, postrado de hinojos ante la autoridad eclesiástica, convencido además de que las rodillas nunca se desgastan.
Pregunte, pregunten. A lo mejor hasta nos libramos de la barrila del Fiscal de los domingos. Ysalen muchos ganando. Sobre todo uno que yo me sé…

Iniciativa loable en la Magdalena

El Fiscal | 13 de enero de 2015 a las 17:00

La del párroco de la Magdalena, Francisco Román, al abrir una cuenta de la parroquia en la red social Twitter y un canal de televisión en internet (Magdalena TV), todo hecho con esmerado criterio. Digno de destacar es el reportaje sobre la exposición que aborda la trayectoria del cada vez más recordado vicario general de la Archidiócesis, don Antonio Domínguez Valverde, un vicario de los pies a la cabeza, con talla intelectual y eclesial, hombre bueno donde los hubiera, con capacidad de diálogo con todo el mundo y del que nadie podrá jamás decir una palabra mala. Siempre daba la cara ante la prensa, incluso con los temas espinosos, aunque en alguna ocasión fuera con una respuesta que ahora se rememora entrañable: “Yo no sé nada, hijo; no sé nada”. Honra a don Francisco Román rendir merecido tributo al vicario general, que para muchos sigue siendo don Antonio, el cura de la sotana que llevaba la comunión a los enfermos a primera hora de Año Nuevo y que siempre elegía con buen gusto las capas pluviales;al igual que muchos sevillanos siguen llamando alcaldesa a Soledad, y defensor del pueblo al cura Chamizo.

La anuaritis galopante

El Fiscal | 12 de enero de 2015 a las 18:10

Valdés
Dicen que la amenaza de la próxima Semana Santa será la invasión de los palitos que sirven para alzar los teléfonos móviles, los nuevos tíos de la caña en versión digital y sin encender o apagar candeleros al modo del gran Santizo. Habrá tontos del palo en plan ciriales digitales como seguirá habiendo tontos de las sillitas plegables, que dicen que el tesorero Tomás Vega, que huele las perras como todo buen tesorero, está a punto de firmar un protocolo con el movimiento chino hispalense para quedarse con un porcentaje de cada silla vendida, lo que ya se conoce como el Tasazo del Dragón Morado. Vega es un sabueso de los hurdeles y siempre se está quejando de tiesura, también como todo buen mayordomo. ¡Si le tenía caducada la tarjeta al presidente del Consejo para que no gastara! Y el bueno de Carlos Bourrellier fue hace poco a pagar los billetes de un AVE a Córdoba para un encuentro de presidentes de consejos de hermandades y la máquina de la sucursal de Renfe de la calle Zaragoza escupió el plástico:tarjeta no válida… por tieso. Horror. Y venga Bourrellier a reunir billetes y monedas para pagar en efectivo. Qué momento, qué sopitipando.
Pero ni palitos, ni sillitas. La nueva amenaza ya consolidada en este nuevo año son los anuarios de las hermandades. El repaso a las actividades de todo un año es la gatera por la que se cuela la nueva vanidad de los hermanos mayores (vanidad de cartón piedra) y su correspondiente cuadrilla de delfines. Qué entretenido es trincar un anuario y contar las veces que sale retratado el hermano mayor de turno. Los hay con armario bien surtido a los que se ve en traje azul con el director espiritual, en traje gris algo apretado por los kilos con las señoras de la caridad, en traje de raya diplomática en el almuerzo de cuaresma de hace siete meses, en tiradora de canapé de verano con el prelado de Roma que vino a visitar la iglesia en verano, en camisa remangada en el partido de fútbol sala con el grupo joven, en tiradora gorda de algodón en la jura de nuevos hermanos… Y los hay de armario escuálido que sólo sacan el traje gris o el clásico compuesto por chaqueta azul y pantalón gris.
La anuaritis galopante de algunos hermanos mayores ha dejado muy atrás La Toga, la revista del Colegio de Abogados de Sevilla en la que el muy simpático y soleano José Joaquín Gallardo tenía hasta hace poco la ratio más alta de retratos por número de páginas. Lo peor de los anuarios es que al final te dejan un sentimiento de hondo pesar, de pena fruncida al alma, de desasosiego interior. ¿Qué será de estas criaturas, almas de cántaro, cuando dejen de apretar el oro de las varas? ¿Qué anuario cantará sus hazañas? ¿Qué fotográfo sacará el brillo de sus trajes o el monocolor de sus tiradoras? Algunos, finis gloriae mundi, se preguntan ante el espejo: ¿En qué Anuario estaré, Dios mío, la próxima primavera?

La voz rasgada de la Madrugada

El Fiscal | 21 de diciembre de 2014 a las 5:00

Gregorio Serrano entrega a Cáritas la recaudación del I encuentro de capataces y costaleros de la Madrugada.
La voz rota, sin adornos ni florituras. El rostro del color de la Madrugada. El traje impoluto, como un lord del martillo. Ha muerto el capataz del Silencio, cuya voz formaba parte del patrimonio inmaterial de noches de luna llena, como los pitos, como los chasquidos de los celadores apremiando ante el Monumento, como las toses de los devotos, como las nubes de humo de incienso con el sabor inconfundible de la vainilla, como el agua cayendo en el jarrillo en cada arriá. Tras el golpe de martillo, el golpe de pértiga, los cuatro ciriales arriba y el ¡venga de frente! rotundo, seco, rasgado y sin concesiones a la galería.
Se ha muerto Antonio, el yerno de don Eduardo Ybarra, el vecino de Mateos Gago, el socio del Aero. Está de luto un estilo de capataz de la casa, una defensa de los hombres de abajo frente a cualquier atisbo de crítica a su cuadrilla, una concepción de hermandad como familia y de familia en la hermandad.
Se ha muerto Antonio, pero yo lo sigo viendo con la mirada al frente y las manos entrelazadas delante del paso de Jesús Nazareno a la espera de una nueva levantá. El paso está arriado en el atrio de la Puerta de los Palos tras la tensión de la salida de la Catedral, cuando la cruz del Señor se torna en un mástil interminable y la luz del último tramo se defiende a duras penas de las embestidas bravuconas del aire de la plaza. Está Antonio de capataz, está su padre de maniguetero y está su hijo Antonio de paje, tres generaciones a la vera del Señor de ojos grandes y cuello altivo.
Lo veo en las últimas calles del recorrido, desencajada la cara con la tez de Madrugada, perfecto el peinado y el pañuelo en la chaqueta; o dentro ya del templo, cuando hay que colocar los zancos y los chasquidos metálicos son la melodía del final de la estación.
También lo veo de tertulia en la calle Mateos Gago, con las piernas cruzadas a la vera de la parroquia en el mediodía de cualquier domingo de primavera. Lo veo recordando ayeres de pocos nazarenos en el atrio de San Antonio Abad, evocando fervorines de claretianos con voces de picú y madrugadas de pajes soñolientos y escurridizos. Lo veo en las tardes de café y vaso gordo en la cafetería La Reja tras el almuerzo de hermandad el domingo de la función a su Nazareno. Sufriendo, Jesús mío, y a fuerza de dolor, diste la Gloria Eterna al pobre pecador…
El bastón del invierno de su vida le hacía aún más señor. Adiós al capataz de ruán que cada Domingo de Ramos se volvía un niño ante el martillo de la Sagrada Entrada en Jerusalén.
el silencio foto manuel gomez 29/3/2002

La reina arrodillada

El Fiscal | 15 de diciembre de 2014 a las 18:28

Fabiola
CON la muerte de la Reina Fabiola, no pocos hermanos del Silencio han recordado aquella tarde del Domingo de Resurrección en la que los reyes de los belgas acudieron a conocer el templo de San Antonio Abad tras la experiencia vivida en la Madrugada durante la salida de la cofradía. Guiados por el marqués de la Motilla, los reyes pidieron estar dentro del templo, lo que está reservado exclusivamente a los hermanos que participan en la estación de penitencia. La regla no fue óbice para que la hermandad se preocupara en gestionar un lugar desde el que los monarcas pudieran presenciar la salida con mejor perspectiva y comodidad. Así lo hicieron desde la casa de un militar de alta graduación cuyo balcón está justo enfrente de la puerta de salida.
Fue el propietario de la casa quien contó después que la experiencia junto a los reyes fue insólita. Cuando se abrieron las puertas y apareció la Santa Cruz con los niños pajes, Balduino y Fabiola se pusieron de rodillas y comenzaron a rezar. Y así estuvieron hasta que salió el paso de la Virgen de la Concepción.
Esa visita posterior al templo estuvo precisamente motivada por la impresión que causó en ambos el recogimiento de la cofradía y el respeto del público asistente. También supieron que el Santísimo Sacramento se expone al culto cada tarde en San Antonio Abad, por lo que antes de acceder a la casa de hermandad y subir a la sala capitular (donde se tomó la fotografía que ilustra estas líneas), estuvieron cerca de media hora rezando de rodillas ante la custodia, colocada delante del paso de la Virgen que a esas horas aún huele a cera quemada y guarda las reminiscencias de azahar.
Nadie mejor que los inolvidables Eduardo Ybarra y Luis Rodríguez-Caso, y el entonces secretario de la cofradía, Manuel Palomino, para guiar aquella tarde a los monarcas por la morada de los primitivos nazarenos de Sevilla que, ese día, el de mayor gozo del orbe católico, celebran la Resurrección del Señor con la misa en la que se reparte el azahar.

Una caja de impacto

El Fiscal | 7 de diciembre de 2014 a las 5:00

caja1
EN cuestiones de Semana Santa es muy difícil innovar. La oferta hace tiempo que salió de la estacionalidad para perpetuarse todo el año. Es variada, reiterativa y no pocas veces forzada para atender una demanda hipertrofiada que ha pasado de la bulla a la decadencia. La innovación es inusual. Salirse de los moldes es difícil. Yhacerlo con originalidad, una tarea muy complicada y, por descontado, expuesta a las críticas aceradas que revelan que Sevilla está tan poblada de catedráticos de Arte como España de seleccionadores de fútbol. Estos días se organiza un espectáculo audiovisual que bien puede convertirse en el atractivo de la próxima cuaresma. Se trata de La Caja de la Semana Santa, del productor Antonio Casado y el periodista Diego J. Geniz. La iniciativa cuenta ya con el aval de la Delegación de Fiestas Mayores del Ayuntamiento, que incluso tiene intención de exhibir el producto en la próxima edición de Fitur.
El espectáculo se disfruta de pie. Son veinte minutos en los que el asistente se ve envuelto en las escenas hasta el punto de verse participando en una de ellas, como si se tratara de un acólito más que hace la doble genuflexión ante el Santísimo en la tarde del Jueves Santo. Se aprecia con nitidez la espiritualidad de una religiosidad popular con Dios y no al margen de Dios. Ustedes conocerán sobradamente los montajes de Antonio Casado en TeleSevilla o las crónicas de Diego J. Geniz en este periódico. Aman la Semana Santa, les duele la Semana Santa y saben mirar con criterio profesional la Semana Santa, alejados tanto del beaterío y el frikismo como de perspectivas almibaradas. No es de extrañar que incluso ya hayan recibido la bendición de Marcelino Manzano, delegado diocesano de hermandades y cofradías.
La Caja de la Semana Santa puede ser toda una innovación como lo fue el reciente pregón de la Virgen de la Encarnación, donde Casado y Geniz combinaron la imagen y la palabra en la Parroquia de San Benito, donde usaron hasta el techo para las proyecciones. Bienvenida y apoyada sea esta iniciativa innovadora que será un éxito si consigue fraguarse finalmente.
Tratar la Semana Santa con los medios de hoy no equivale a reducir, cosificar y frivolizar la fiesta más hermosa e importante de la ciudad, que ya de por sí es reducida, cosificada y frivolizada en no pocas ocasiones por intereses espurios por quienes estarían llamados precisamente a defenderla, protegerla y mimarla desde sus cargos. El avance del proyecto es prometedor. Los autores son el mejor aval. Y ya hay otras ciudades interesadas en hacerse con la idea si Sevilla falla.
caja2

Morón y la Esperanza

El Fiscal | 30 de noviembre de 2014 a las 18:14

Morón1
Morón2
EN esto de los relevos en las parroquias ocurre como en la vida política. Llega un alcalde y cambia la ordenanza de ruidos, el sentido de la circulación de una calle y el pavimento de una plaza. Cuando llega otro de un partido distinto vuelve a dejar las cosas como cuatro años antes. Ylos vecinos se vuelven locos. En las parroquias, tres cuartos de lo mismo bien despachados. La misa de las once se atrasa a las doce, las tres misas del domingo se quedan en dos y la jefa de los catequistas la cambio porque era muy del anterior párroco y seguro que ejerce de Radio Macuto. Yo por eso le tengo puesta una cláusula de rescisión bien alta al Lagarto de la Catedral que reside aquí arriba, vamos que lo tengo blindado al bicho por si un día me mandan a la Guardia Suiza, me quitan y que, por lo menos, al pobre reptil me lo unten bien en caso de que lo bajen.
En Morón de la Frontera, adonde el tren no llega, hubo cambio de párroco en su momento, dictado por la autoridad competente, eclesiástica por supuesto. Se fue un macareno de pro: don Amador. Yllegó otro cura estupendo:don Pedro. Decimos que es estupendo porque es de los que responde las llamadas, las devuelve si es necesario y habla con normalidad, no como los que se esconden o manda cartas vergonzosas, sonrojantes y reveladoras amenazando con querellitas de Ikea basadas en preceptos de la Constitución…
–Oiga, Moeckel, ¿usted nos haría una rebaja si los querellados somos dos: el Lagarto y un servidor?
Volvemos a Morón, que nos hemos salido de la A-92 por donde no debíamos. El caso es que don Pedro ha quitado la preciosísima foto de la Virgen de la Esperanza que la Hermandad de la Macarena (dos pasos)regaló al templo en 2011 para que presidiera un altar de esa catedral de la Sierra Sur (óle) que es la parroquia de San Miguel según Hernández Díaz. Allá que se fue hace casi cuatro años don Manuel García a la bendición de la foto, que es de Haretón y que, todo sea dicho, costó un pico gordo. La clave es que la Virgen ostenta el título de Alcaldesa Perpetua de Morón de la Frontera tras el acuerdo plenario aprobado el 21 de junio de 1964, en el que se acordó “por unanimidad absoluta nombrar a María Santísima de la Esperanza Macarena, Alcaldesa Perpetua de Morón de la Frontera y de todos los moronenses, de nosotros y de nuestros hijos, y de los que hayan de venir de nuestros hijos, de los presentes y de los ausentes, y para siempre jamás, declarándonos como devotísimos hijos suyos bajo su tutela y divina protección que hoy invocamos”. Parece claro que en aquel Pleno en sepia no había ningún edil de Izquierda Unida ni de la corriente Izquierda Progresista con los que hubiera que alcanzar acuerdos.
Pues don Pedro ha restituido el lienzo del crucificado del XVIII que antes presidía el altar. Que sí, que el lienzo es precioso, pero que algunos nos hemos quedado como esos emoticonos tristes. La foto de la Virgen de la Esperanza ya no está en la iglesia, sino en la denominada Aula Magna de la Parroquia de San Miguel. A don Pedro hay que pedirle que, por lo menos, el aula pase a llamarse Aula de la Esperanza. Porque lo de magno suena a lío gordo de Santo Entierro.
Y cuando a la Virgen de la Esperanza no se le da su sitio, ya se sabe lo que pasa… Que hubo uno que llegó, no cogió la estampita y aún se duele… Ya no digo más que después la culpa siempre es mía.

Al margen del cofraderío

El Fiscal | 23 de noviembre de 2014 a las 5:00

E:userscnavarroEscritoriodu20001.JPG
EL teléfono sonó en el interior del autobús de Tussam. Era un número de Madrid, atisbado difusamente en la pantalla del móvil entre la bulla de brazos de la hora punta y los latigazos de cada frenazo. “Buenas tardes. Le llamo del Palacio de Liria. La señora duquesa asistirá al almuerzo de ustedes con mucho gusto. Sólo quería realizarle algunos avisos. El menú de la señora duquesa debe ser de alimentos suaves, ¿hay algún problema en que así sea?” Era la cuaresma de 2006 y doña Cayetana había aceptado la distinción Homo Cofrade Solemnis, que siempre tiene unas gotas de limón que sólo se dan a conocer en el transcurso del almuerzo privado, y que sirven para poner a prueba el sentido del humor del premiado. Acudió al restaurante Becerrita acompañada por su inseparable Carmen Tello. Al llegar saludó con todo afecto. Y la Tello espetó:“¿Aquí no hay ninguna mujer?” “Ustedes son las primeras”, respondieron los anfitriones.

La duquesa era entonces consiliaria en la junta de gobierno de Los Gitanos que presidía su gran amigo Juan Miguel Ortega Ezpeleta. Cuando el maitre Antonio le ofreció a ella sola comer a la carta le recitó platos suaves a base de pescados a la plancha y ensaladas. Había que seguir las indicaciones telefónicas recibidas, pero la duquesa se saltó la suavidad impuesta por aquel señor tan serio de Liria y pidió cola de toro, regada con cerveza de barril. Doble ración de pan (“¿Me puedes pedir otra pieza”), postre y un chupito.

El escritor Antonio Burgos envió un precioso artículo hecho ad hoc que fue leído a los postres. Terminaba así: “Con un tintineo de rosarios del palio de la Virgen de la calle Feria que se llama como tú y que amadrinaste, recibe, desde la bulla del Señor de la Salud ante tu Casa de las Dueñas, la felicitación de quien siempre te admiró por tu sevillanía militante”. La duquesa comentó al oído de un comensal: “Muy bonito, muy bonito lo de Antonio… Pero después se mete conmigo cuando escribe sobre cómo visto”.

Alguien comentó que la semana de trabajo había sido muy dura y que se retiraría pronto. La duquesa replicó que ella no estaba cansada, que acababa de llegar de Madrid, se había bajado del AVE en Santa Justa y, sin pasar por casa, llegó directamente para el almuerzo. Del restaurante se iba a un desfile benéfico de la Hermandad del Rocío de Triana y después a la pedida de mano de una sobrina. Entonces tenía ya 80 años y seguía incombustible. Sin siesta ni otras pausas. El pintor Ricardo Suárez tuvo un detalle a la memoria de Jesús Aguirre, su segundo marido, que ella agradeció emocionada. Y cuando la tertulia sacó su mijita de colmillito y le refirió las cantidades de dinero donadas a su cofradía del alma, que se traducían en una influencia implacable en la hermandad, ella entró en corto y por derecho, mirando al tendido del espíritu libre y huérfano de complejos. Por eso mismo quedó claro en ese momento que la duquesa no era como el cofraderío al uso. Dijo que sí, que ella daba el dinero libremente y que lo dejaría de dar cuando le saliera de… la Casa de las Dueñas. ¿Pasa algo?

El abogado Moeckel se identificó en su discurso con ese espíritu libre, sin ataduras y alejado de las formas política y aburridamente correctas. Congeniaron. Manuel García la invitó a la bajada de la Virgen de la Esperanza y a visitar la basílica la mañana del Jueves Santo. También se emocionó al oír cómo el periodista Francisco Correal salía en su defensa ante las salvajadas de algunos jornaleros. Y cuando oyó a dos comensales hablar de la frecuencia con la que uno de ellos viajaba a Salamanca, la duquesa terció: “Yo tenga casa allí”. No precisó que se trataba nada menos que del plateresco Palacio de Monterrey… Habló sin tapujos de sus amistades en el mundo de la política. Estaba muy agradecida a Felipe González.

Llegó sin hacer preguntas previas e hizo lo que le dio la ducal gana. Libre. A su manera.

Somos muchos

El Fiscal | 16 de noviembre de 2014 a las 5:00

4.4.04.SEMANA SANTA. LA CENA FOTO:JOSE ANGEL GARCIA
LOS que buscamos su espalda malherida en el oasis de silencio que es su paso en el bullicio del domingo. Somos muchos los cofrades de ruán maravillados siempre ante este Cristo sedente, casi avergonzado y tímido que se tapa el rostro con la mano que pareciera un pobre olvidado en la calle Sierpes cualquier día del año. Somos muchos los que buscamos a su paso el gozo del silencio de esa Semana Santa recogida que pasa veloz, con velocidad de cofradía antigua, sin más adornos que un escogido exorno de flores, sin más música que las notas perdidas de la capilla y algunas voces refinadas. Somos muchos los que no entendemos un Domingo de Ramos sin el Señor de la Humildad y Paciencia por Doña María Coronel, patrón de los mendigos urbanos de cada día que va suplicando oraciones en lugar de limosnas. Hay pasos de la Semana Santa que son paréntesis, momentos para el reencuentro con uno mismo, para paladares escogidos dispuestos a vivir (no a consumir) la Semana Santa dejándose llevar, que es como mejor se contempla; dejándose sorprender, captar y atraer.
Ahora que el Consejo de Cofradías ha decidido que este Señor paciente presida el vía crucis del primer lunes de cuaresma, seguro que muchos seremos los que, por fin, hagamos pública una devoción eclipsada tanto por la potente luz del Domingo de Ramos con toda su grandiosa y robusta arquitectura cofradiera, como por el barco eucarístico y el exquisito paso de palio del Subterráneo. Todo le juega en contra a este Señor y para muchos siempre destaca por encima de todo. Sale a la hora en que ya hay cofradías con tirón por la calle y entra cuando el Domingo de Ramos es más Domingo de Ramos de nazarenos blancos de la Amargura y gran corona de oro.
El Señor de la Humildad y Paciencia no es que sea uno de los grandes desconocidos de la Semana Santa. Es conocidísimo. Su tramo de devotos serpentea junto a él sin hacer ruido. Son devotos de miradas, de silencio, de minorías pobladas. A los que se conoce menos son a sus pariente mas próximos. Uno está en un altar del Salvador, huérfano, sediento y necesitado de oraciones. Otro en un altar de la Capilla de los Marineros, ensombrecido por los brillos de ancla. No tienen cofradía, ni cultos, ni pasos de madera y plata, ni la luz de codales sacramentales. Ni a nadie se le ocurre ponerles calas ni alfombras de lirios salpicados. Carecen de mimos frente al humilde Señor de los Terceros.
Somos muchos los que buscamos siempre ese otro Domingo de Ramos antes de que se ponga de moda, fieles como muchos de sus nazarenos que piden ir viendo su torso desnudo, su mirada cabizbaja y su tez humillada. Seguro que ese primer lunes de cuaresma florecerán nuevos devotos, porque este Señor tiene poder y la liturgia del vía crucis parece hecha a su medida.
El Señor de la Humildad y Paciencia es un trozo del mejor Domingo de Ramos. No lo parece, nunca se proclama, pero somos muchos los que no concebimos comenzar la Semana Santa sin acompañar alguna chicotá de este Cristo desahuciado, en soledad encima del monte y sin expectativa de futuro en el día más alegre de la Semana Santa. ¿Se puede ir más a la contra?
Repiten que es el gran desconocido. Qué va. No puede ser. Los desconocidos serán los del Salvador y Triana. Porque el de los Terceros tiene una legión de devotos, alegres por la decisión del Consejo al tener la oportunidad de disfrutar de nuevos perfiles y perspectivas. A la Semana Santa de Sevilla cada vez le hace más falta todo lo que simboliza este Señor y su coqueto paso. Esta imagen está hecha para rezar como otras están hechas para vibrar.