Títeres

El Fiscal | 25 de marzo de 2014 a las 10:09

No había que ser una mente preclara, ni un rastreador de archivos ocultos, ni un adalid de la investigación para saber que en el Consejo han trabajado y trabajan familiares de altos cargos de forma directa o indirecta. Eso era y es de dominio público. Como lo es que hace pocos meses mandaron a la calle a colaboradores muy respetados y respetables de toda la vida. El Arzobispado pide transparencia en la gestión al Consejo. Hace muy bien, le asiste toda la razón. Pero comience el Arzobispado por aplicarse su propio criterio. ¿O hay que referir la de sobrinos que hay colocados en ciertas instituciones de la Iglesia? ¿Empezamos la lista? Pegarle el tirón de orejas al cofraderío de San Gregorio es facilísimo. Estamos ante la junta superior más blandita de la historia. E interesa que así sea. Los titiriteros no quieren personajes. Quieren títeres. Como también los quieren en la prensa.

Basura

El Fiscal | 24 de marzo de 2014 a las 18:00

basura
HAY hermanos del Amor que no dan crédito a lo que ha ocurrido con ese establecimiento hotelero a cuya vera guardan la parihuela de ensayo. Tras el último ensayo recogieron, como siempre, los restos de las bebidas y bocadillos. Pero alguien del hotel, según aseguran testimonios de toda confianza, se molestó en llevarlos hasta la puerta del almacén de la cofradía y en colocar un cartel donde se recriminaba a los costaleros haber echado restos en una cuba del hotel. Aún siendo verdad que eso hubiera ocurrido, ya hay que tener lo que dijimos para transportar la basura y dejarla en la misma puerta, de todo lo cual hay testimonio gráfico. El cartel lo firma, por cierto, el servicio de mantenimiento del hotel. Todo un ejemplo de basura itinerante. Será, tal vez, que desde que los catalanes son los dueños del hotel, los criterios de trabajo han cambiado. Debe ser eso. Seguro.

La penitencia del penitente

El Fiscal | 24 de marzo de 2014 a las 15:00

Imagen penitente
Hay un pobre penitente al que no han tenido el buen gusto de quitarle el escudo de su cofradía. Hay un pobre penitente covertido en hombre-anuncio, sin la gracia de aquel nazareno legendario que se asomaba al balcón del Álvarez Quintero del comercio del Siglo Sevillano como el reclamo publicitario de mayor gusto que se haya logrado. Hay un pobre penitente que da pena mirarlo, soportando la bulla de chucherías, piñatas y otras baratijas. Este pobre penitente no encuentra el camino de vuelta, está como gallina en corral ajeno, lo han vestido a destiempo y está desubicado. Lo han sacado de la fila, han bajado su túnica del altillo antes de fecha y está triste y desamparado. Fíjense en su mirada. Está apenado. La túnica con la que un día alguien hizo penitencia, se usa para captar clientes de golosinas.

La mejor cuaresma

El Fiscal | 23 de marzo de 2014 a las 20:38

Imagen macarena2
NI la luz, ni el olor. Lo mejor de la cuaresma es cuando ella misma te sorprende con una estampa que no necesita pie, con una fotografía con la que huelgan las explicaciones, con una instantánea que podría ser de ayer, de hace un lustro o de hace veinte años. Esos niños son todos los niños. Esa plata es toda la plata. Esos cepillos son todos los cepillos. Esa camisa grande, ese mandil, ese afán, esa concentración en la tarea, ese bendito desorden del almacén, esos cepillos dentales reutilizados para llegar a todas las concavidades… Todo es lo mismo y todo es nuevo. ¿Qué es la cuaresma? La cuaresma es esta fotografía que nunca envejece, porque es el espejo donde se miran todas las generaciones que aman y han sido enseñadas a amar la Semana Santa, el rito que supone para muchos niños esa otra rampla de entrada al mundo de las hermandades. La mejor cuaresma está en esa imagen, el mejor escaparate que no entiende de diseñadores ni de presupuestos públicos para captar turistas, la escena que nunca verán los visitantes porque no hay guía oficial que diga cuándo se limpia la plata, ni operador profesional que explique toda su carga simbólica . No hay guía que describa la emoción del niño que espera vestirse por primera vez de monaguillo, de paje o de nazareno. Tendrían los turistas que entrar en las casas, en las familias donde están las entrañas que hacen posible la mejor Semana Santa, tendrían las guías que explicar los patios de las casas donde diez, quince o veinte nazarenos de todas las edades rezan juntos antes de salir al templo, tendrían las guías que desvelar mil y un ritos particulares que hacen posible la arquitectura interior –invisible por inmaterial– en la que se sostiene toda una fiesta por muchos empellones de mal gusto y catetería que recibe hasta de las instancias oficiales.
Los niños que limpian la plata son los académicos que le dan esplendor a la Semana Santa, que la fijan en su verdadera razón de ser. En ellos está mucho más que el futuro: están los cimientos. Una vez que se sacude la Semana Santa de todos los adefesios que le han sido incorporados en los últimos años, una vez que se la despoja de la galería de los horrores que se hace pasar por ella y una vez que se la libera del buenismo huérfano de criterio que ha admitido lo inadmisible, queda siempre el reencuentro con la mejor cuaresma, que no necesita de escaparates ni de marcas.

Ñam, ñam

El Fiscal | 19 de marzo de 2014 a las 5:00

Alguno en el Consejo debería comer más torrijas y pelearse menos por los pestiños. Se empiezan a oír términos más propios de comisiones de investigación que de una institución de la Iglesia. ¿Es de la Iglesia, verdad? Al menos eso se dice en el arranque de los estatutos. En el Palacio Arzobispal comienzan –con razón– a estar hartos de los tirones de sotana, de los llamamientos para que se ponga orden donde no debería haber habido el más mínimo revuelo. Al Cura Soria le van a tener que pagar un suplemento. A todo esto, no sé por qué, de mañana no pasa que le pregunte al presidente del Consejo qué firma hostelera servirá este año el almuerzo del Pregon. Es que me ha entrado algo de hambre… Ñam, ñam. Ycon las cosas del comer no se juega. ¿Verdad que no se debe jugar? Las cosas del comer… O del yantar. Dependen del sentido, todo depende. Ñam, ñam.

Conferencia Episcopal

El Fiscal | 18 de marzo de 2014 a las 5:00

Algunos se creían de verdad que monseñor Asenjo tenía opciones de presidir la Conferencia Episcopal. Y esperaban realmente su elección. Don Juan José no es precisamente un ejemplo de prelado en la línea absoluta del Papa, como sí lo es el inteligente Blázquez y como no lo es el rocoso Rouco. Pero justo es reconocer también que el actual arzobispo de Sevilla no es crítico ni mucho menos con el Santo Padre, sino persona profundamente eclesial, con gran capacidad de adaptación y de perfil amoldable. Pero de ahí a presidir la Conferencia Episcopal… ¡Ingenuos! Por cierto, sacó sólo cinco votos. En la Conferencia Episcopal se publican con precisión las votaciones, no como las del pregonero, que hay que enterarse en los pasillos. ¿Y Arzobispo de Madrid? Si por él fuera… Pero Sevilla, hasta ahora, nunca ha sido destino de paso, sino de término. A Don Juan José le quedan siete años en activo a los que habría que sumar la prórroga de la que pueda gozar.

El pertiguero
Primer golpe. Oído esta semana:“Aquí recibiríamos con los brazos abiertos a don Juan del Río, ¡claro que sí! Pero no sé si en su contra juega que ya ha ejercido su ministerio sacerdotal en Sevilla. Y en Madrid tiene un cartelón y una relación muy cordial con la Casa Real, lo veo más allí” Segundo golpe. Más. “Si a Cañizares lo destinan a Madrid, el Papa se ahorra crear un nuevo cardenal en España. Todo depende de los nombramientos de Madrid y Barcelona, absolutamente todo. ¿Un arzobispo en Sevilla ni siquiera durante seis años? Sería muy raro. A no ser que él haya pedido marcharse”. Tercer golpe. Don Carlos ya tiene comprometidas predicaciones en Sevilla en 2015. Yciriales arriba. Qué bien informa don Carlos al Papa, ¿verdad?

Bajuneo

El Fiscal | 18 de marzo de 2014 a las 5:00

EN las instituciones no deben estar colocados ni directa ni indirectamente los hijos de los cargos. Desde el Derecho Romano hasta la legislación que se anuncia para colegios profesionales regulan estas circunstancias. Los hijos no deben estar relacionados con nada: ni en las negociaciones de los almuerzos oficiales, ni en los encargos de las obras de arte, ni en la organización del principal negocio suministrador de dinero. No está bonito, está feo. De ahí se derivan tensiones bajunas. La institución se resiente con polémicas de baja estofa. Nada de la sociedad actual es ajeno a las cofradías. Ylas cofradías forman parte de la sociedad actual. Será eso. No será la cosa como para hablar de corrupción, acaso de simples mangazos de bajo calibre, rifirrafes por un pestiño, peleas de barrio por una torrija empapochá. Tal vez muy empapochá.

Una saga con solera

El Fiscal | 17 de marzo de 2014 a las 9:51

Imagen Martín Cartaya
Decíamos el otro día que las cofradías son las personas. Y las imágenes sagradas, claro. Ocurre que las imágenes son también las personas. Ve usted la salida de la Virgen del Valle con sus ramos cónicos y bicónicos, con esa fachada de la Anunciación que es el mejor retablo para ese palio de cajón, entre nubes de incienso y toses del personal, y se pone a buscar el alto e inconfundible capirote del prioste Palomino, como le vienen acto seguido los recuerdos de aquel gran hermano mayor que fue José María O´Kean. Ver una cofradía es revivir, es acordarse de una persona tal es el grado de identificación entre familias y hermandades. Eso tiene muy poco que ver con la Semana Santa de los frikis. Ni con la de los salvadores de la Semana Santa, tan peligrosos o más que los frikis. Esto tiene que ver con la autenticidad. ¿Ono es auténtico ver llegar la cruz de guía de la Soledad de San Lorenzo y seguir viendo la silueta de aquel inolvidable fiscal de cruz de guía que se llamaba Diego Lencina? ¿Y no es auténtico recibir al Cristo de los toreros en la bajada del puente y buscar cada año entre el público a un señor muy trajeado que tiene el buen gusto de ver las cofradías en silencio y que se llama José Ignacio Jiménez Esquivias? Una leve bajada de cabeza basta para saludarse sin romper el mágico momento. Cuando uno va a ver cofradías debería colgarse del cuello una suerte de aviso como en los coches de Tussam. Ese No distraigan al conductor, pero en versión morada: No moleste con charletas, estoy viendo cofradías.
Ypodríamos seguir, buscando la mirada cómplice de ese capataz de Virgen del Domingo de Ramos presto a dedicar a una levantá por los hermanos que aún están en el vientre de su madre, de ese maniguetero del Nazareno de la Divina Misericordia, de ese pavero de Los Estudiantes de ojos claros, de ese fiscal del Señor de Pasión de capirote puntiagudo, de ese niño del cortejo litúrgico que ya no está porque la edad le ha dado la alternativa de la túnica y el cinturón de esparto, de ese tío del carro que también es auténtico en su función, de ese vacío de Julio Díaz delante del Nazareno de las Tres Caídas…
Y esa Semana Santa auténtica se ve, por supuesto, en la fidelidad de las sagas con una cofradía. Pronunciar los apellidos Martín Cartaya es decir la O, los cielos tinieblas del Viernes Santo, la mejor cornetería tras Jesús Nazareno, el monte con el que los lirios se despiden de la Semana Santa, el recuerdo del Padre Leonardo, los adoquines tantas veces bañados por la lluvia, la espartería familiar de la calle Reyes Católicos donde tan legendarios cofrades improvisaban tertulias (Cayetano González, Tejera, Marmolejo, Armenta…), los costaleros en sepia, la cámara de fotografía, la levantá a pulso de la Macarena que Ariza le dedicó al cabeza de familia en la esquina de Chapineros con Álvarez Quintero, las sillas en Sierpes junto a la Joyería Ruiz o el teniente Hita al que no le hacía falta el Cecop.
Decir Martín Cartaya es referirse a una saga ejemplar, fiel a los cielos del Viernes Santo.

El Cura Soria

El Fiscal | 14 de marzo de 2014 a las 5:00

Encuentro digital con Manuel Soria, delegado diocesano de hermandades.
Hay que reconocerle al Cura Soria muchas virtudes, al igual que se le han criticado con dureza algunas gestiones en momentos muy delicados (dimisión de Arenas o Vía Crucis de la Fe). Entre esas virtudes figuran su escrupuloso respeto al trabajo de los periodistas. Pero un respeto de los de verdad, no de ojana; un respeto sin rencores, sin quejas por la espalda, sin levantamiento de teléfonos para llorarle a las alturas, sin soberbias de rostros gélidos, sin excluir a los críticos. En la mirada del Cura Soria, que fue cofrade antes que canónigo, nunca se intuye rencor. En otoño estuvo hábil para sacar al pregonero que quiso llevándose de calle a los señores del Consejo que ni siquiera habían puesto el nombre del Gran Berjano sobre la mesa. Al fin y al cabo el pastor debe conducir a las ovejas. Y hay que reconocer que en ocasiones le toca conducir unos rebaños… Ojú, qué rebaños.

Juan Moya

El Fiscal | 13 de marzo de 2014 a las 5:00

juan moya
Ayer. Fue un día como el de ayer en el Lope de Vega. Domingo de Pasión de 1989. En el atril, un cofrade inolvidable, Juan Moya Sanabria, de luces largas, amigo de sus amigos y con una capacidad de interlocución con el poder eclesiástico de la que hoy están tan necesitadas las hermandades. Ayer se cumplieron 25 años de aquel Pregón, una efeméride celebrada con un silencio de plata que hoy rompemos con estas breves líneas. De Juan nos queda su ejemplo y su señorío, sus cariñosos diminutivos, su vocación de servicio, su compromiso con la sociedad y, por supuesto, su familia. A su hermano José, el monaguillo en blanco y negro de la calle Laraña que hoy es empresario de éxito, agradeceré siempre una reciente confesión: “Juan te tenía adoración”. Y a su hijo Juan, que mantenga la defensa de la alianza entre la fe y la cultura en las páginas cuaresmales de este periódico.