La voz rasgada de la Madrugada

El Fiscal | 21 de diciembre de 2014 a las 5:00

Gregorio Serrano entrega a Cáritas la recaudación del I encuentro de capataces y costaleros de la Madrugada.
La voz rota, sin adornos ni florituras. El rostro del color de la Madrugada. El traje impoluto, como un lord del martillo. Ha muerto el capataz del Silencio, cuya voz formaba parte del patrimonio inmaterial de noches de luna llena, como los pitos, como los chasquidos de los celadores apremiando ante el Monumento, como las toses de los devotos, como las nubes de humo de incienso con el sabor inconfundible de la vainilla, como el agua cayendo en el jarrillo en cada arriá. Tras el golpe de martillo, el golpe de pértiga, los cuatro ciriales arriba y el ¡venga de frente! rotundo, seco, rasgado y sin concesiones a la galería.
Se ha muerto Antonio, el yerno de don Eduardo Ybarra, el vecino de Mateos Gago, el socio del Aero. Está de luto un estilo de capataz de la casa, una defensa de los hombres de abajo frente a cualquier atisbo de crítica a su cuadrilla, una concepción de hermandad como familia y de familia en la hermandad.
Se ha muerto Antonio, pero yo lo sigo viendo con la mirada al frente y las manos entrelazadas delante del paso de Jesús Nazareno a la espera de una nueva levantá. El paso está arriado en el atrio de la Puerta de los Palos tras la tensión de la salida de la Catedral, cuando la cruz del Señor se torna en un mástil interminable y la luz del último tramo se defiende a duras penas de las embestidas bravuconas del aire de la plaza. Está Antonio de capataz, está su padre de maniguetero y está su hijo Antonio de paje, tres generaciones a la vera del Señor de ojos grandes y cuello altivo.
Lo veo en las últimas calles del recorrido, desencajada la cara con la tez de Madrugada, perfecto el peinado y el pañuelo en la chaqueta; o dentro ya del templo, cuando hay que colocar los zancos y los chasquidos metálicos son la melodía del final de la estación.
También lo veo de tertulia en la calle Mateos Gago, con las piernas cruzadas a la vera de la parroquia en el mediodía de cualquier domingo de primavera. Lo veo recordando ayeres de pocos nazarenos en el atrio de San Antonio Abad, evocando fervorines de claretianos con voces de picú y madrugadas de pajes soñolientos y escurridizos. Lo veo en las tardes de café y vaso gordo en la cafetería La Reja tras el almuerzo de hermandad el domingo de la función a su Nazareno. Sufriendo, Jesús mío, y a fuerza de dolor, diste la Gloria Eterna al pobre pecador…
El bastón del invierno de su vida le hacía aún más señor. Adiós al capataz de ruán que cada Domingo de Ramos se volvía un niño ante el martillo de la Sagrada Entrada en Jerusalén.
el silencio foto manuel gomez 29/3/2002

La reina arrodillada

El Fiscal | 15 de diciembre de 2014 a las 18:28

Fabiola
CON la muerte de la Reina Fabiola, no pocos hermanos del Silencio han recordado aquella tarde del Domingo de Resurrección en la que los reyes de los belgas acudieron a conocer el templo de San Antonio Abad tras la experiencia vivida en la Madrugada durante la salida de la cofradía. Guiados por el marqués de la Motilla, los reyes pidieron estar dentro del templo, lo que está reservado exclusivamente a los hermanos que participan en la estación de penitencia. La regla no fue óbice para que la hermandad se preocupara en gestionar un lugar desde el que los monarcas pudieran presenciar la salida con mejor perspectiva y comodidad. Así lo hicieron desde la casa de un militar de alta graduación cuyo balcón está justo enfrente de la puerta de salida.
Fue el propietario de la casa quien contó después que la experiencia junto a los reyes fue insólita. Cuando se abrieron las puertas y apareció la Santa Cruz con los niños pajes, Balduino y Fabiola se pusieron de rodillas y comenzaron a rezar. Y así estuvieron hasta que salió el paso de la Virgen de la Concepción.
Esa visita posterior al templo estuvo precisamente motivada por la impresión que causó en ambos el recogimiento de la cofradía y el respeto del público asistente. También supieron que el Santísimo Sacramento se expone al culto cada tarde en San Antonio Abad, por lo que antes de acceder a la casa de hermandad y subir a la sala capitular (donde se tomó la fotografía que ilustra estas líneas), estuvieron cerca de media hora rezando de rodillas ante la custodia, colocada delante del paso de la Virgen que a esas horas aún huele a cera quemada y guarda las reminiscencias de azahar.
Nadie mejor que los inolvidables Eduardo Ybarra y Luis Rodríguez-Caso, y el entonces secretario de la cofradía, Manuel Palomino, para guiar aquella tarde a los monarcas por la morada de los primitivos nazarenos de Sevilla que, ese día, el de mayor gozo del orbe católico, celebran la Resurrección del Señor con la misa en la que se reparte el azahar.

Una caja de impacto

El Fiscal | 7 de diciembre de 2014 a las 5:00

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EN cuestiones de Semana Santa es muy difícil innovar. La oferta hace tiempo que salió de la estacionalidad para perpetuarse todo el año. Es variada, reiterativa y no pocas veces forzada para atender una demanda hipertrofiada que ha pasado de la bulla a la decadencia. La innovación es inusual. Salirse de los moldes es difícil. Yhacerlo con originalidad, una tarea muy complicada y, por descontado, expuesta a las críticas aceradas que revelan que Sevilla está tan poblada de catedráticos de Arte como España de seleccionadores de fútbol. Estos días se organiza un espectáculo audiovisual que bien puede convertirse en el atractivo de la próxima cuaresma. Se trata de La Caja de la Semana Santa, del productor Antonio Casado y el periodista Diego J. Geniz. La iniciativa cuenta ya con el aval de la Delegación de Fiestas Mayores del Ayuntamiento, que incluso tiene intención de exhibir el producto en la próxima edición de Fitur.
El espectáculo se disfruta de pie. Son veinte minutos en los que el asistente se ve envuelto en las escenas hasta el punto de verse participando en una de ellas, como si se tratara de un acólito más que hace la doble genuflexión ante el Santísimo en la tarde del Jueves Santo. Se aprecia con nitidez la espiritualidad de una religiosidad popular con Dios y no al margen de Dios. Ustedes conocerán sobradamente los montajes de Antonio Casado en TeleSevilla o las crónicas de Diego J. Geniz en este periódico. Aman la Semana Santa, les duele la Semana Santa y saben mirar con criterio profesional la Semana Santa, alejados tanto del beaterío y el frikismo como de perspectivas almibaradas. No es de extrañar que incluso ya hayan recibido la bendición de Marcelino Manzano, delegado diocesano de hermandades y cofradías.
La Caja de la Semana Santa puede ser toda una innovación como lo fue el reciente pregón de la Virgen de la Encarnación, donde Casado y Geniz combinaron la imagen y la palabra en la Parroquia de San Benito, donde usaron hasta el techo para las proyecciones. Bienvenida y apoyada sea esta iniciativa innovadora que será un éxito si consigue fraguarse finalmente.
Tratar la Semana Santa con los medios de hoy no equivale a reducir, cosificar y frivolizar la fiesta más hermosa e importante de la ciudad, que ya de por sí es reducida, cosificada y frivolizada en no pocas ocasiones por intereses espurios por quienes estarían llamados precisamente a defenderla, protegerla y mimarla desde sus cargos. El avance del proyecto es prometedor. Los autores son el mejor aval. Y ya hay otras ciudades interesadas en hacerse con la idea si Sevilla falla.
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Morón y la Esperanza

El Fiscal | 30 de noviembre de 2014 a las 18:14

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EN esto de los relevos en las parroquias ocurre como en la vida política. Llega un alcalde y cambia la ordenanza de ruidos, el sentido de la circulación de una calle y el pavimento de una plaza. Cuando llega otro de un partido distinto vuelve a dejar las cosas como cuatro años antes. Ylos vecinos se vuelven locos. En las parroquias, tres cuartos de lo mismo bien despachados. La misa de las once se atrasa a las doce, las tres misas del domingo se quedan en dos y la jefa de los catequistas la cambio porque era muy del anterior párroco y seguro que ejerce de Radio Macuto. Yo por eso le tengo puesta una cláusula de rescisión bien alta al Lagarto de la Catedral que reside aquí arriba, vamos que lo tengo blindado al bicho por si un día me mandan a la Guardia Suiza, me quitan y que, por lo menos, al pobre reptil me lo unten bien en caso de que lo bajen.
En Morón de la Frontera, adonde el tren no llega, hubo cambio de párroco en su momento, dictado por la autoridad competente, eclesiástica por supuesto. Se fue un macareno de pro: don Amador. Yllegó otro cura estupendo:don Pedro. Decimos que es estupendo porque es de los que responde las llamadas, las devuelve si es necesario y habla con normalidad, no como los que se esconden o manda cartas vergonzosas, sonrojantes y reveladoras amenazando con querellitas de Ikea basadas en preceptos de la Constitución…
–Oiga, Moeckel, ¿usted nos haría una rebaja si los querellados somos dos: el Lagarto y un servidor?
Volvemos a Morón, que nos hemos salido de la A-92 por donde no debíamos. El caso es que don Pedro ha quitado la preciosísima foto de la Virgen de la Esperanza que la Hermandad de la Macarena (dos pasos)regaló al templo en 2011 para que presidiera un altar de esa catedral de la Sierra Sur (óle) que es la parroquia de San Miguel según Hernández Díaz. Allá que se fue hace casi cuatro años don Manuel García a la bendición de la foto, que es de Haretón y que, todo sea dicho, costó un pico gordo. La clave es que la Virgen ostenta el título de Alcaldesa Perpetua de Morón de la Frontera tras el acuerdo plenario aprobado el 21 de junio de 1964, en el que se acordó “por unanimidad absoluta nombrar a María Santísima de la Esperanza Macarena, Alcaldesa Perpetua de Morón de la Frontera y de todos los moronenses, de nosotros y de nuestros hijos, y de los que hayan de venir de nuestros hijos, de los presentes y de los ausentes, y para siempre jamás, declarándonos como devotísimos hijos suyos bajo su tutela y divina protección que hoy invocamos”. Parece claro que en aquel Pleno en sepia no había ningún edil de Izquierda Unida ni de la corriente Izquierda Progresista con los que hubiera que alcanzar acuerdos.
Pues don Pedro ha restituido el lienzo del crucificado del XVIII que antes presidía el altar. Que sí, que el lienzo es precioso, pero que algunos nos hemos quedado como esos emoticonos tristes. La foto de la Virgen de la Esperanza ya no está en la iglesia, sino en la denominada Aula Magna de la Parroquia de San Miguel. A don Pedro hay que pedirle que, por lo menos, el aula pase a llamarse Aula de la Esperanza. Porque lo de magno suena a lío gordo de Santo Entierro.
Y cuando a la Virgen de la Esperanza no se le da su sitio, ya se sabe lo que pasa… Que hubo uno que llegó, no cogió la estampita y aún se duele… Ya no digo más que después la culpa siempre es mía.

Al margen del cofraderío

El Fiscal | 23 de noviembre de 2014 a las 5:00

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EL teléfono sonó en el interior del autobús de Tussam. Era un número de Madrid, atisbado difusamente en la pantalla del móvil entre la bulla de brazos de la hora punta y los latigazos de cada frenazo. “Buenas tardes. Le llamo del Palacio de Liria. La señora duquesa asistirá al almuerzo de ustedes con mucho gusto. Sólo quería realizarle algunos avisos. El menú de la señora duquesa debe ser de alimentos suaves, ¿hay algún problema en que así sea?” Era la cuaresma de 2006 y doña Cayetana había aceptado la distinción Homo Cofrade Solemnis, que siempre tiene unas gotas de limón que sólo se dan a conocer en el transcurso del almuerzo privado, y que sirven para poner a prueba el sentido del humor del premiado. Acudió al restaurante Becerrita acompañada por su inseparable Carmen Tello. Al llegar saludó con todo afecto. Y la Tello espetó:“¿Aquí no hay ninguna mujer?” “Ustedes son las primeras”, respondieron los anfitriones.

La duquesa era entonces consiliaria en la junta de gobierno de Los Gitanos que presidía su gran amigo Juan Miguel Ortega Ezpeleta. Cuando el maitre Antonio le ofreció a ella sola comer a la carta le recitó platos suaves a base de pescados a la plancha y ensaladas. Había que seguir las indicaciones telefónicas recibidas, pero la duquesa se saltó la suavidad impuesta por aquel señor tan serio de Liria y pidió cola de toro, regada con cerveza de barril. Doble ración de pan (“¿Me puedes pedir otra pieza”), postre y un chupito.

El escritor Antonio Burgos envió un precioso artículo hecho ad hoc que fue leído a los postres. Terminaba así: “Con un tintineo de rosarios del palio de la Virgen de la calle Feria que se llama como tú y que amadrinaste, recibe, desde la bulla del Señor de la Salud ante tu Casa de las Dueñas, la felicitación de quien siempre te admiró por tu sevillanía militante”. La duquesa comentó al oído de un comensal: “Muy bonito, muy bonito lo de Antonio… Pero después se mete conmigo cuando escribe sobre cómo visto”.

Alguien comentó que la semana de trabajo había sido muy dura y que se retiraría pronto. La duquesa replicó que ella no estaba cansada, que acababa de llegar de Madrid, se había bajado del AVE en Santa Justa y, sin pasar por casa, llegó directamente para el almuerzo. Del restaurante se iba a un desfile benéfico de la Hermandad del Rocío de Triana y después a la pedida de mano de una sobrina. Entonces tenía ya 80 años y seguía incombustible. Sin siesta ni otras pausas. El pintor Ricardo Suárez tuvo un detalle a la memoria de Jesús Aguirre, su segundo marido, que ella agradeció emocionada. Y cuando la tertulia sacó su mijita de colmillito y le refirió las cantidades de dinero donadas a su cofradía del alma, que se traducían en una influencia implacable en la hermandad, ella entró en corto y por derecho, mirando al tendido del espíritu libre y huérfano de complejos. Por eso mismo quedó claro en ese momento que la duquesa no era como el cofraderío al uso. Dijo que sí, que ella daba el dinero libremente y que lo dejaría de dar cuando le saliera de… la Casa de las Dueñas. ¿Pasa algo?

El abogado Moeckel se identificó en su discurso con ese espíritu libre, sin ataduras y alejado de las formas política y aburridamente correctas. Congeniaron. Manuel García la invitó a la bajada de la Virgen de la Esperanza y a visitar la basílica la mañana del Jueves Santo. También se emocionó al oír cómo el periodista Francisco Correal salía en su defensa ante las salvajadas de algunos jornaleros. Y cuando oyó a dos comensales hablar de la frecuencia con la que uno de ellos viajaba a Salamanca, la duquesa terció: “Yo tenga casa allí”. No precisó que se trataba nada menos que del plateresco Palacio de Monterrey… Habló sin tapujos de sus amistades en el mundo de la política. Estaba muy agradecida a Felipe González.

Llegó sin hacer preguntas previas e hizo lo que le dio la ducal gana. Libre. A su manera.

Somos muchos

El Fiscal | 16 de noviembre de 2014 a las 5:00

4.4.04.SEMANA SANTA. LA CENA FOTO:JOSE ANGEL GARCIA
LOS que buscamos su espalda malherida en el oasis de silencio que es su paso en el bullicio del domingo. Somos muchos los cofrades de ruán maravillados siempre ante este Cristo sedente, casi avergonzado y tímido que se tapa el rostro con la mano que pareciera un pobre olvidado en la calle Sierpes cualquier día del año. Somos muchos los que buscamos a su paso el gozo del silencio de esa Semana Santa recogida que pasa veloz, con velocidad de cofradía antigua, sin más adornos que un escogido exorno de flores, sin más música que las notas perdidas de la capilla y algunas voces refinadas. Somos muchos los que no entendemos un Domingo de Ramos sin el Señor de la Humildad y Paciencia por Doña María Coronel, patrón de los mendigos urbanos de cada día que va suplicando oraciones en lugar de limosnas. Hay pasos de la Semana Santa que son paréntesis, momentos para el reencuentro con uno mismo, para paladares escogidos dispuestos a vivir (no a consumir) la Semana Santa dejándose llevar, que es como mejor se contempla; dejándose sorprender, captar y atraer.
Ahora que el Consejo de Cofradías ha decidido que este Señor paciente presida el vía crucis del primer lunes de cuaresma, seguro que muchos seremos los que, por fin, hagamos pública una devoción eclipsada tanto por la potente luz del Domingo de Ramos con toda su grandiosa y robusta arquitectura cofradiera, como por el barco eucarístico y el exquisito paso de palio del Subterráneo. Todo le juega en contra a este Señor y para muchos siempre destaca por encima de todo. Sale a la hora en que ya hay cofradías con tirón por la calle y entra cuando el Domingo de Ramos es más Domingo de Ramos de nazarenos blancos de la Amargura y gran corona de oro.
El Señor de la Humildad y Paciencia no es que sea uno de los grandes desconocidos de la Semana Santa. Es conocidísimo. Su tramo de devotos serpentea junto a él sin hacer ruido. Son devotos de miradas, de silencio, de minorías pobladas. A los que se conoce menos son a sus pariente mas próximos. Uno está en un altar del Salvador, huérfano, sediento y necesitado de oraciones. Otro en un altar de la Capilla de los Marineros, ensombrecido por los brillos de ancla. No tienen cofradía, ni cultos, ni pasos de madera y plata, ni la luz de codales sacramentales. Ni a nadie se le ocurre ponerles calas ni alfombras de lirios salpicados. Carecen de mimos frente al humilde Señor de los Terceros.
Somos muchos los que buscamos siempre ese otro Domingo de Ramos antes de que se ponga de moda, fieles como muchos de sus nazarenos que piden ir viendo su torso desnudo, su mirada cabizbaja y su tez humillada. Seguro que ese primer lunes de cuaresma florecerán nuevos devotos, porque este Señor tiene poder y la liturgia del vía crucis parece hecha a su medida.
El Señor de la Humildad y Paciencia es un trozo del mejor Domingo de Ramos. No lo parece, nunca se proclama, pero somos muchos los que no concebimos comenzar la Semana Santa sin acompañar alguna chicotá de este Cristo desahuciado, en soledad encima del monte y sin expectativa de futuro en el día más alegre de la Semana Santa. ¿Se puede ir más a la contra?
Repiten que es el gran desconocido. Qué va. No puede ser. Los desconocidos serán los del Salvador y Triana. Porque el de los Terceros tiene una legión de devotos, alegres por la decisión del Consejo al tener la oportunidad de disfrutar de nuevos perfiles y perspectivas. A la Semana Santa de Sevilla cada vez le hace más falta todo lo que simboliza este Señor y su coqueto paso. Esta imagen está hecha para rezar como otras están hechas para vibrar.

San Lorenzo: ¿Una puerta a la buena fe?

El Fiscal | 9 de noviembre de 2014 a las 5:00

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Cuando uno es propietario de una casa, lo normal es que tenga la llave que da acceso a ella. Y que para alcanzar ese acceso no tenga que pedir permiso a nadie, ni molestar a nadie, ni depender de nadie. Uno entra en su propiedad cuando lo estima oportuno. Así de simple. O no, que diría Rajoy. La Hermandad de la Quinta Angustia goza de una preciosa puerta que comunica directamente su capilla con la calle San Pablo. No suele hacer uso de ella, pero la puerta está como un signo de dominio. La hermandad, si quiere, no depende del párroco de la Magdalena. La Hermandad de Pasión tiene acceso propio a la capilla sacramental desde el Patio de los Naranjos. No depende del rector del Salvador. Hasta los capellanes reales tienen acceso directo a la Capilla Real por el atrio de la Puerta de las Campanillas. No dependen del deán del Cabildo Catedral. Curiosamente, mire usted por donde, esta puerta ya existía históricamente, pero fue cegada y se reabrió en el año 2000 con la bendición de la Comisión Provincial de Patrimonio de la Junta de Andalucía, que es el organismo que tutela la conservación del conjunto histórico declarado de la ciudad, en especial de los inmuebles catalogados como Bien de Interés Cultural (2010).
Las puertas tienen llaves. Y las llaves son el símbolo de la propiedad. Esta reflexión viene a cuenta del mangazo que sufrió la Hermandad del Gran Poder en el año 2009, cuando alguien muy ladino acudió al Registro de la Propiedad e inmatriculó la Parroquia de San Lorenzo al 100% en favor del Arzobispado de Sevilla, produciéndose un atropello palmario de los muy acreditados derechos de propiedad de la hermandad sobre la capilla donde recibió culto el Señor durante casi tres siglos.
La junta de gobierno negocia ahora una solución con la autoridad eclesiástica, al menos eso ha reconocido en las páginas de este periódico. La solución verdadera, la fetén, la de oro, la auténtica, no es otra que aquella que recoja que la Hermandad del Gran Poder es propietaria del coeficiente correspondiente del templo, expresado en el debido porcentaje. Y para eso la corporación cuenta siempre con suficientes vías de carácter reivindicatorio. La Quinta Angustia ya sufrió un atropello similar, su cabildo general autorizó a poner un pleito si era necesario, pero el Arzobispado accedió a inscribir una nota aclaratoria a la propiedad por la que se reconoce el uso perpetuo de la capilla en favor de la cofradía, aunque –ojo– no reconoce la propiedad en los mismos términos que sí lo hace, en cambio, a la hora de fijar quién es el verdadero propietario del templo parroquial: la Diócesis. En el caso de Pasión, como ya avanzamos en esta página, las cosas sí se han hecho de acuerdo con la fórmula idónea.
Mucho nos tememos que el Gran Poder lo tiene difícil para que la autoridad acceda a dar marcha atrás y establecer las propiedades en porcentajes de Bollullos: a cada uno lo suyo. El mangazo se ha consumado. Lleva cinco años efectuado sin que nadie se enterara hasta que lo publicó este periódico. Sigamos con el criterio de Bollullos y digamos que la junta de gobierno de entonces fue, cuando menos, negligente, al igual que alguien en el Arzobispado fue, cuando menos, deliberadamente taimado…
Por eso, tal vez sea bueno que si verdaderamente hay un buen clima de entendimiento entre las partes actuales, se aproveche para que, al menos, la hermandad cuente con un acceso directo a la capilla por la calle Eslava. Eso sí que sería un gesto de buena voluntad por parte de la autoridad eclesiástica, que sabe perfectamente que esa capilla es del Gran Poder, pues de hecho la hermandad la tiene arrendada por un precio simbólico a la Hermandad del Dulce Nombre. La otra solución es la de ir al pleito, como efectivamente amagó la Quinta Angustia en su momento con todo tino. Pero en el Gran Poder no debe haber mucho ánimo de enfrentarse jurídicamente de nuevo al Arzobispado como ya ocurrió a cuenta de otro atropello, cuando las últimas normas diocesanas decretaron que las hermandades son asociaciones públicas de fieles de la Iglesia, con la consiguiente pérdida de autonomía. Eminentes juristas siguen defendiendo hoy que la gran mayoría de las hermandades son privadas, erigidas por los propios fieles y no a iniciativa de la jerarquía eclesiástica. Aquel pleito perdido parece que puede pesar aún mucho en el ambiente, al margen de otras consideraciones. Ni que decir tiene que otras posibles soluciones como el condominio o servidumbres de cualquier tipo serían sucedáneos, placebos, que pueden hasta generar más problemas que beneficios. O se es propietario o no se es. O puerta grande o enfermería.
Alguien tendrá que explicar en algún momento por qué se perdió una capilla que es todo un símbolo y de qué manera se perdió. Alguien tendrá que explicar llegado el caso por qué, una vez trascendido el mangazo por vez primera en las páginas de este periódico, no se lucha con toda legitimidad y libertad para que se reconozca a su verdadero propietario. Alguien tendrá que explicar su negligencia y alguien tendrá que explicar su voracidad acaparadora. Si al menos se abriera esa puerta… Podría ser el inicio de una futura reconquista. Sería una puerta que se abre, en todos los sentidos. Y sería una prueba de buena fe por parte del Arzobispado.
Esquina de la Calle Eslava con el Gran Poder

Besos de ruán

El Fiscal | 2 de noviembre de 2014 a las 5:00

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UN día de la primavera, el Martes Santo. Un antifaz sobre el hombro, que no hay mejor percha para un antifaz que el hombro del penitente. Una hora, las primeras de la tarde, con el sol cebándose en el castigo, sin el eco aún del tam-tam sacro del Cerro anunciando granates. Un terreno empedrado, la lonja. Un testigo altivo y orgulloso, el ángel de la Fama. Muy pocos monaguillos. Una cofradía sin crucificado por aquel traslado de cuaresma accidentado. Cuatro cirios apagados marcaban el lugar de las cuatro maniguetas. Aquella tarde de 1983 aprendimos que el vacío era la expresión de Dios. Los sevillanos se fabricaron su propio dogma sobre la marcha. Vieron a Dios donde sencillamente no estaba. Pero estaba, porque todos lo vieron. La Buena Muerte salió sin la Buena Muerte pero todo el mundo la sintió. La imaginó entre sus hachones, fieles quizás al espíritu del poema: no me mueve mi Dios para quererte el ir los Martes Santos contigo.

Lutgardo García Fuentes (1941-2010) lo vivió desde dentro, como tantos profesores y alumnos. Antes de partir al Rectorado tuvo que calmar a un pequeño de cinco años llamado Lutgardo García Díaz, pregonero de la Semana Santa de 2015. Estos días recuerda más que nunca aquellos besos de ruán, la inocencia de quien no sentía aún ningún vacío, ni era consciente del paso del tiempo, ni del valor de aquel consuelo infinito. No había más lonja entonces que la de los brazos de su padre alzándolo antes de irse a la Universidad por el camino más corto. En la fotografía de ese abrazo está una de las grandes verdades de la Semana Santa, tan difícil de comprender para tantos, tan imposible para otros. El padre del pregonero era hermano de la Buena Muerte. Salía en la Buena Muerte hasta cuando no estaba la Buena Muerte. Y siempre se refería a su cofradía como la Buena Muerte. La parte era el todo, hermosa sinécdoque al sevillano modo. Cuántas veces no acudió su padre a rezar ante el Cristo antes o después de visitar a su maestro en la planta alta de la Facultad de Geografía e Historia, en esos días de tiempo ordinario en que la capilla siempre te regala unas gotas del caro perfume de Martes Santo.

Dice el pregonero que no tiene que consultar la wikipedia para saber de Semana Santa. Que nadie lo tome como una muestra de autosuficiencia, ni como un desplante de vanidad. Es la pura verdad. La aprendió en su familia, alzado en los brazos de su padre, intentando con una congoja de última hora que aquella tarde no se fuera, que aquel nazareno de negro se quedara con él para siempre. Y su padre se fue.

¿Qué pregón superará esta foto, niño descalzo del Martes Santo metido en una tarde de llantos? No hay metáfora que mejore esta imagen, de esparto perfecto, cuello blanco abierto y muñecas desnudas. ¿Qué nos va a contar el pregonero que ya no sepamos, que sea aún más profundo que esta foto a la que el reloj ha redondeado las esquinas, que esconde la cara de un niño con lágrimas enjugadas que se agarraría hasta a la medalla?

Esta foto es el pregón más auténtico de la mejor Semana Santa. El padre le dio su nombre, su fe y su abrazo. Y le dijo que se iba con la Buena Muerte, aquella tarde en que la Buena Muerte no estaba. Pero todos la vimos. Había un vacío. Y en el vacío estaba.

El WhatsApp de las lamentaciones

El Fiscal | 26 de octubre de 2014 a las 5:00

ALUSIONES a infieles, a manzanas podridas, al honor empeñado y a juras ante Dios. Ironías, denuncias, acusaciones veladas… El grupo de chat que muchos de los señores del consejo comparten en el servicio de mensajería de pescuezo WhatsApp echó humo en la tarde del lunes. De forma incomprensible, el presidente del Consejo, Carlos Bourrellier, denunció la filtración de la votación, publicada con todo detalle el pasado domingo en esta misma sección dominical, a la que se refiere de forma directa. Bourrellier no acusa a nadie en particular, pero dice que hay nada menos que un “infiel” de muy “buena memoria”, alguien que no debe sentarse en una mesa “de señores”. El presidente asegura que la “situación se había reconducido”, en alusión a las diferentes fracturas internas que se han ido sucedido en la institución en los dos últimos años. Pero estas filtraciones “no ayudan”. El presidente –he aquí la gran clave– se queja de que aparezcan los nombres de personas que han sido votadas para dar el pregón y que no habrían autorizado el uso de sus identidades.
Bourrellier no recordaba al teclear ese mensaje que él mismo desveló varios de esos nombres a la salida de la rueda de prensa de presentación oficial del pregonero. A un profesional de Diario de Sevilla le dijo textualmente en una charla:“¡Pues Rafa Serna ha recibido muchos votos, ha quedado muy bien!” “También ha recibido votos el periodista Jota Jota [José Joaquín León] y Juan Manuel [sic] Vega”. Ni infieles, ni manzanas podridas: los nombres salieron del propio presidente esa misma noche, ¿a que es verdad don Carlos?
La tarde del domingo, el secretario del Consejo de Cofradías, Carlos López Bravo, reivindica ante otro profesional de este periódico que su voto fue para Lutgardo García Díaz, el candidato de la mayoría de los delegados de penitencias frente al candidato del presidente, Rafael González Serna. Es decir, un cargo general (elegido a dedo por el presidente) tumbó al preferido del presi e inclinó la balanza a favor de Lutgardo. Ni infieles, ni manzanas podridas. Otra vez son los propios consejeros los que comentan las circustancias con la mayor naturalidad.
¿Y qué me dicen del presidente dando otra vez todos los nombres de los votados en una entrevista televisiva grabada el sábado y emitida el miércoles en TeleSevilla, pese a que calificó de “pena” la publicación de los nominados en sus mensajes en el chat?
Dice Manuel Nieto, número dos del actual Consejo, que estas filtraciones pasan desde 2008. ¿Olvida que en 2006 estalló el escándalo del dossier elaborado contra la nominación del escritor Antonio Burgos, del que se tomaron la molestia de recopilar artículos críticos con las cofradías para presentarlo como inhabilitado para dar el Pregón? Un año después, en las votaciones del otoño 2007, se hizo justicia y Burgos fue elegido para dar el Pregón de 2008.
¿Ponemos otro ejemplo? ¿Recuerdan las votaciones celebradas el otoño de 2005? Fue elegido Ignacio Jiménez Sánchez-Dalp con 12 votos. Y también publicamos los nombres de los nominados: Manuel Ramírez Fernández Córdoba, Carlos García Campuzano, Enrique Esquivias (que quedó segundo el año que se designó a Rafael de Gabriel, otro ejemplo de votación filtrada antes de 2008), Carlos Peinado, Ignacio Pérez y Maruja Vilches. Ni manzanas podridas, ni infieles. Siempre salen todos los nombres. ¡Si hasta el Papa Francisco ha publicado las votaciones del Sínodo de la Familia!
¿Y qué me dicen de la ironía de Francisco J. Vázquez Perea, del que dicen que es responsable de la redacción del futuro código ético del Consejo de Cofradías? Asevera en el chat que al “infiel” (Bourrellier, dixit) le habremos prometido un chalet en primera línea de playa o un crucero alrededor del mundo. Pero Paquito, hijo, con la de humedades que tienen las casas de primera línea de playa (devaluadas con la crisis) y con la cola que hay que hacer para comer macarrones en esos cruceros más masificados que el palquillo un día de Semana Santa… Prefiero quedarme con esa “jura ante Dios” que convierte a Vázquez Perea en un lehendakari morado: “Ante Dios humillado, bajo el árbol del Guernica”.
Y eso que éstas son las manzanas sanas… Yo digo como Romanones (sin ripio de pregón): “Joder, qué tropa”.

 

¿Estamos acomplejados?

El Fiscal | 21 de octubre de 2014 a las 5:00

ESTA semana hemos conocido que las hermandades dedican más de 4,5 millones de euros al año a obras asistenciales, atendieron a más de 28.000 personas y movilizaron a un cuerpo de 1.240 voluntarios. La información se debe a un minucioso estudio de Ignacio Valduérteles. No es la primera vez que se tasa el impacto de la labor de caridad de las cofradías. Julio Cuesta coordinó en 2004 el libro blanco de la acción social de las hermandades. Fue una primera aproximación por la que se supo que las hermandades ya hace diez años dedicaban un millón de euros al año a fines sociales gracias a la labor de 490 personas. En diez años hemos crecido muchísimo en atención social. A mayor crisis, mayor implicación de las cofradías. En Cáritas ocurre: las donaciones de los sevillanos se disparan en los peores momentos. El pueblo responde y confía en una de las grandes marcas de prestigio de la Iglesia (Cáritas Diocesana), sabedor de que el euro entregado para fines sociales se dedicará con toda seguridad y con toda garantía a una causa realmente necesaria.

Este nuevo estudio del impacto de la labor social de las cofradías se suma al del impacto económico de la Semana Santa. ¿Recuerdan las cifras de negocio que nos han dado en millones de euros? Los puestos de trabajo creados, el flujo turístico potenciado, la economía directa, indirecta y sumergida; los gremios que se mantienen gracias a esta fiesta religiosa, etcétera.

¿Estamos quizás algo obsesionados por justificar la Semana Santa y las cofradías en función de dígitos que no están directamente relacionados con el motivo de su celebración y existencia? Es inevitable recordar el caso de algunos taurinos, acomplejados por la evidente e innegable crueldad de la fiesta, que tratan de justificar el arte del toreo por la vía económica y no por la cultural, ritual, antropológica u otras. ¿Estamos los cofrades acomplejados en cierta forma que tenemos que tasar, cosificar y medir la Semana Santa por nuevos parámetros cuando antes se justificaba sólo y exclusivamente por razones de fe, espirituales y litúrgicas? ¿Estamos acentuando en exceso el perfil de oenegés de las hermandades para pedir perdón por su existencia, para disculparnos por la borrachera de procesiones extraordinarias, para compensar las molestias por los cortes de tráfico o porque, al fin, ya no nos atrevemos a manifestar que la primera razón de ser de una cofradía es el culto público?

¿Hay algo de complejo en esa necesidad de tratar de convencer de los beneficios de la existencia de casi 130 hermandades estrictamente por su labor social, orillando otros posibles beneficios directamente conectados con los fines fundacionales? ¿Estamos acomplejados como muchos de los aficionados a los toros?

La importancia de la Semana Santa no está en su impacto económico. El impacto económico es un efecto importante. La importancia de las hermandades no está en la publicidad de sus obras sociales. Ésa es una de sus obligaciones. Cuando hay que airear con la mano derecha lo que hace la izquierda es porque se reconoce una carencia. Quien llama al tasador es porque no tiene claro el valor de las cosas. La clave está en descubrir el origen de la duda.