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Olivencia, año 1960

El Fiscal | 21 de mayo de 2017 a las 5:00

Personaje

ESE año se estrenan las jarras delanteras del paso de palio de la Virgen de la Angustia según el proyecto de Joaquín Castilla. La hermandad radica en la Anunciación, donde está la Universidad. En 1960 es hermano mayor Salvador Diánez Leal, que acabó nombrando capataz de la cofradía a Rafael Franco, que debió comenzar como tal el Martes de 1963, pero la lluvia frustró la estación de penitencia. En 1963 se produjo una hermosa unión. El Silencio se trasladó a la Anunciación hasta el 6 de marzo de 1964 con motivo de obras en su templo de San Antonio Abad. En el horizonte más próximo están entonces el célebre traslado del Cristo de la Buena Muerte a la caseta del Real Círculo de Labradores del Prado de San Sebastián por las Santas Misiones de 1965, y la última Semana Santa vivida en la Anunciación, de donde la hermandad se fue en noviembre de 1966. Por supuesto, aún no había hermanos costaleros, ni se soñaba con el manto bordado de la Virgen. Los monaguillos se podían contar con los dedos de una mano, entre ellos uno llamado José Moya Sanabria, que por el patio de la vieja universidad andaba de la mano de su padre, Juan Moya García, maestro de abogados. Aún quedaban unos años para la búsqueda en Ceuta de marfiles de colmillo de elefante para el techo de palio, un periplo en el que algún hermano de la cofradía aprovechó para ver un partido del Betis. En las cajas donde se transportaron los marfiles se guardaron después los juguetes de unos niños muy queridos en la cofradía. El paso de Cristo aún no salía con lirios, no existía el pregón universitario, ni tampoco el aula Cultura y Fe.

En octubre de 1960, el año en el que hoy fijamos la atención, se inscribió en la cofradía Manuel Olivencia Ruiz, natural de Ronda, vecino de la calle San Vicente, de 31 años. Se comprometió a pagar la cuota anual de cien pesetas. El 6 de diciembre fue admitido como hermano por el cabildo de oficiales y el 18 del mismo mes prestó el juramento de las reglas. Fue presentado por el hermano mayor, Salvador Diánez. Ingresó en la cofradía en el final de una etapa histórica: la de la Anunciación, de la que queda el hermoso azulejo de la plaza acosado hoy por las terrazas de veladores. La hermandad, con buen criterio, se marchó seis años después a la capilla de la calle San Fernando, porque el Cristo de Los Estudiantes debe estar donde esté la Universidad. Siempre.

Olivencia recibió la noche del pasado miércoles el VI Premio Manuel Clavero que concede Diario de Sevilla, un acto que se celebró con toda solemnidad en el Patio de la Montería del Real Alcázar. Se produjo una bonita coincidencia cofradiera, pues son hermanos de Los Estudiantes don Manuel Clavero, que da nombre al prestigioso galardón; Olivencia, que lo recibió, y José Moya Sanabria y Concha Yoldi, patrocinadores del premio desde su creación. Todo, de alguna forma, quedaba en la lonja con la memoria puesta siempre en la calle Laraña.

Iglesia del Salvador. Reportaje con Fernando Mendoza y Joaquín

La memoria de Moeckel

Ocurrió hace quince años. El abogado Joaquín Moeckel lideraba una polémica contra el Arzobispado por el intervencionismo episcopal en las reglas de algunas hermandades. La autoridad impuso por las buenas cuestiones referentes a las nazarenas, la edad mínima para ser hermano mayor y la designación de los directores espirituales. Moeckel recurrió como hermano mayor del Baratillo. En el asunto de las nazarenas logró que la imposición se convirtiera en un exhorto pastoral. Y en las otras dos cuestiones, el entonces secretario general y canciller, Francisco Navarro, le envió una carta informándole previamente de la nueva redacción de los preceptos. Es decir, la jerarquía eclesiástica le dio una suerte de derecho de audiencia antes de dictaminar. Moeckel mostró la carta de Navarro el otro día en la Universidad de Sevilla con ocasión de un curso sobre Derecho y Cofradías de los que promueve el profesor Martín Serrano, una iniciativa de altura que es digna de elogio. El letrado del Arenal reivindicó una especie de memoria histórica. Aquello fue un debate de altura, donde el cardenal vio un interlocutor con el que se podía discutir. Y el interlocutor supo defender su posición sin convertir jamás al cardenal en una figura vulnerable. La prueba es que, al final, Don Carlos le concedió por motivos varios la medalla Pro Ecclesia et Pontífice. Conviene recordar estos hechos. Conviene defender el derecho de audiencia. Conviene saberse la historia reciente.

cartel junio

El éxito de un cartel

El miércoles se presentó el cartel del junio eucarístico que edita el Consejo, obra de los hermanos Rubiño. Han empleado técnicas de representación arquitectónicas para conseguir un efecto tridimensional, de maqueta. El cartel combina con armonía la tradición con la modernidad. Tiene mucho de infografía, de horas de ordenador bien trabajadas. Hay que felicitar al Consejo que preside Joaquín Sainz de la Maza por esta apuesta. No le ha faltado ni la prueba del algodón del éxito, que es el cuarto y mitad de guasa de ciertos conspicuos cofrades que dicen que parece el cartel de un congreso de numismática. Como cuando dijeron del apaisadísimo cartel de las glorias  de 2016 que servía para anunciar el vía crucis de Itálica por lo oscura que estaba la escena. Lo peor de un cartel, de un pregón, de cualquier actividad pública que se ejerza en Sevilla, es que no genere ni cien gramos de guasa.  Este cartel de los Rubiño es muy bueno. Por eso se remata como las cofradías perfectas: con el cortejo del preste de la guasa hispalense.

 

 

 

 

Morón y la Esperanza

El Fiscal | 30 de noviembre de 2014 a las 18:14

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EN esto de los relevos en las parroquias ocurre como en la vida política. Llega un alcalde y cambia la ordenanza de ruidos, el sentido de la circulación de una calle y el pavimento de una plaza. Cuando llega otro de un partido distinto vuelve a dejar las cosas como cuatro años antes. Ylos vecinos se vuelven locos. En las parroquias, tres cuartos de lo mismo bien despachados. La misa de las once se atrasa a las doce, las tres misas del domingo se quedan en dos y la jefa de los catequistas la cambio porque era muy del anterior párroco y seguro que ejerce de Radio Macuto. Yo por eso le tengo puesta una cláusula de rescisión bien alta al Lagarto de la Catedral que reside aquí arriba, vamos que lo tengo blindado al bicho por si un día me mandan a la Guardia Suiza, me quitan y que, por lo menos, al pobre reptil me lo unten bien en caso de que lo bajen.
En Morón de la Frontera, adonde el tren no llega, hubo cambio de párroco en su momento, dictado por la autoridad competente, eclesiástica por supuesto. Se fue un macareno de pro: don Amador. Yllegó otro cura estupendo:don Pedro. Decimos que es estupendo porque es de los que responde las llamadas, las devuelve si es necesario y habla con normalidad, no como los que se esconden o manda cartas vergonzosas, sonrojantes y reveladoras amenazando con querellitas de Ikea basadas en preceptos de la Constitución…
–Oiga, Moeckel, ¿usted nos haría una rebaja si los querellados somos dos: el Lagarto y un servidor?
Volvemos a Morón, que nos hemos salido de la A-92 por donde no debíamos. El caso es que don Pedro ha quitado la preciosísima foto de la Virgen de la Esperanza que la Hermandad de la Macarena (dos pasos)regaló al templo en 2011 para que presidiera un altar de esa catedral de la Sierra Sur (óle) que es la parroquia de San Miguel según Hernández Díaz. Allá que se fue hace casi cuatro años don Manuel García a la bendición de la foto, que es de Haretón y que, todo sea dicho, costó un pico gordo. La clave es que la Virgen ostenta el título de Alcaldesa Perpetua de Morón de la Frontera tras el acuerdo plenario aprobado el 21 de junio de 1964, en el que se acordó “por unanimidad absoluta nombrar a María Santísima de la Esperanza Macarena, Alcaldesa Perpetua de Morón de la Frontera y de todos los moronenses, de nosotros y de nuestros hijos, y de los que hayan de venir de nuestros hijos, de los presentes y de los ausentes, y para siempre jamás, declarándonos como devotísimos hijos suyos bajo su tutela y divina protección que hoy invocamos”. Parece claro que en aquel Pleno en sepia no había ningún edil de Izquierda Unida ni de la corriente Izquierda Progresista con los que hubiera que alcanzar acuerdos.
Pues don Pedro ha restituido el lienzo del crucificado del XVIII que antes presidía el altar. Que sí, que el lienzo es precioso, pero que algunos nos hemos quedado como esos emoticonos tristes. La foto de la Virgen de la Esperanza ya no está en la iglesia, sino en la denominada Aula Magna de la Parroquia de San Miguel. A don Pedro hay que pedirle que, por lo menos, el aula pase a llamarse Aula de la Esperanza. Porque lo de magno suena a lío gordo de Santo Entierro.
Y cuando a la Virgen de la Esperanza no se le da su sitio, ya se sabe lo que pasa… Que hubo uno que llegó, no cogió la estampita y aún se duele… Ya no digo más que después la culpa siempre es mía.

San Lorenzo: ¿Una puerta a la buena fe?

El Fiscal | 9 de noviembre de 2014 a las 5:00

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Cuando uno es propietario de una casa, lo normal es que tenga la llave que da acceso a ella. Y que para alcanzar ese acceso no tenga que pedir permiso a nadie, ni molestar a nadie, ni depender de nadie. Uno entra en su propiedad cuando lo estima oportuno. Así de simple. O no, que diría Rajoy. La Hermandad de la Quinta Angustia goza de una preciosa puerta que comunica directamente su capilla con la calle San Pablo. No suele hacer uso de ella, pero la puerta está como un signo de dominio. La hermandad, si quiere, no depende del párroco de la Magdalena. La Hermandad de Pasión tiene acceso propio a la capilla sacramental desde el Patio de los Naranjos. No depende del rector del Salvador. Hasta los capellanes reales tienen acceso directo a la Capilla Real por el atrio de la Puerta de las Campanillas. No dependen del deán del Cabildo Catedral. Curiosamente, mire usted por donde, esta puerta ya existía históricamente, pero fue cegada y se reabrió en el año 2000 con la bendición de la Comisión Provincial de Patrimonio de la Junta de Andalucía, que es el organismo que tutela la conservación del conjunto histórico declarado de la ciudad, en especial de los inmuebles catalogados como Bien de Interés Cultural (2010).
Las puertas tienen llaves. Y las llaves son el símbolo de la propiedad. Esta reflexión viene a cuenta del mangazo que sufrió la Hermandad del Gran Poder en el año 2009, cuando alguien muy ladino acudió al Registro de la Propiedad e inmatriculó la Parroquia de San Lorenzo al 100% en favor del Arzobispado de Sevilla, produciéndose un atropello palmario de los muy acreditados derechos de propiedad de la hermandad sobre la capilla donde recibió culto el Señor durante casi tres siglos.
La junta de gobierno negocia ahora una solución con la autoridad eclesiástica, al menos eso ha reconocido en las páginas de este periódico. La solución verdadera, la fetén, la de oro, la auténtica, no es otra que aquella que recoja que la Hermandad del Gran Poder es propietaria del coeficiente correspondiente del templo, expresado en el debido porcentaje. Y para eso la corporación cuenta siempre con suficientes vías de carácter reivindicatorio. La Quinta Angustia ya sufrió un atropello similar, su cabildo general autorizó a poner un pleito si era necesario, pero el Arzobispado accedió a inscribir una nota aclaratoria a la propiedad por la que se reconoce el uso perpetuo de la capilla en favor de la cofradía, aunque –ojo– no reconoce la propiedad en los mismos términos que sí lo hace, en cambio, a la hora de fijar quién es el verdadero propietario del templo parroquial: la Diócesis. En el caso de Pasión, como ya avanzamos en esta página, las cosas sí se han hecho de acuerdo con la fórmula idónea.
Mucho nos tememos que el Gran Poder lo tiene difícil para que la autoridad acceda a dar marcha atrás y establecer las propiedades en porcentajes de Bollullos: a cada uno lo suyo. El mangazo se ha consumado. Lleva cinco años efectuado sin que nadie se enterara hasta que lo publicó este periódico. Sigamos con el criterio de Bollullos y digamos que la junta de gobierno de entonces fue, cuando menos, negligente, al igual que alguien en el Arzobispado fue, cuando menos, deliberadamente taimado…
Por eso, tal vez sea bueno que si verdaderamente hay un buen clima de entendimiento entre las partes actuales, se aproveche para que, al menos, la hermandad cuente con un acceso directo a la capilla por la calle Eslava. Eso sí que sería un gesto de buena voluntad por parte de la autoridad eclesiástica, que sabe perfectamente que esa capilla es del Gran Poder, pues de hecho la hermandad la tiene arrendada por un precio simbólico a la Hermandad del Dulce Nombre. La otra solución es la de ir al pleito, como efectivamente amagó la Quinta Angustia en su momento con todo tino. Pero en el Gran Poder no debe haber mucho ánimo de enfrentarse jurídicamente de nuevo al Arzobispado como ya ocurrió a cuenta de otro atropello, cuando las últimas normas diocesanas decretaron que las hermandades son asociaciones públicas de fieles de la Iglesia, con la consiguiente pérdida de autonomía. Eminentes juristas siguen defendiendo hoy que la gran mayoría de las hermandades son privadas, erigidas por los propios fieles y no a iniciativa de la jerarquía eclesiástica. Aquel pleito perdido parece que puede pesar aún mucho en el ambiente, al margen de otras consideraciones. Ni que decir tiene que otras posibles soluciones como el condominio o servidumbres de cualquier tipo serían sucedáneos, placebos, que pueden hasta generar más problemas que beneficios. O se es propietario o no se es. O puerta grande o enfermería.
Alguien tendrá que explicar en algún momento por qué se perdió una capilla que es todo un símbolo y de qué manera se perdió. Alguien tendrá que explicar llegado el caso por qué, una vez trascendido el mangazo por vez primera en las páginas de este periódico, no se lucha con toda legitimidad y libertad para que se reconozca a su verdadero propietario. Alguien tendrá que explicar su negligencia y alguien tendrá que explicar su voracidad acaparadora. Si al menos se abriera esa puerta… Podría ser el inicio de una futura reconquista. Sería una puerta que se abre, en todos los sentidos. Y sería una prueba de buena fe por parte del Arzobispado.
Esquina de la Calle Eslava con el Gran Poder

El detalle del Cura Paco

El Fiscal | 30 de septiembre de 2014 a las 14:20

dulce nombre
ACABÓ el bautizo y el cura cogió a la niña, entró en la capilla del Dulce Nombre, la que ya no es del Gran Poder según el Registro de la Propiedad, y la presentó a la Virgen de la saya rosa que cierra los Martes Santos cuando se mustian los primeros lirios de la Buena Muerte y se oye el eco de los últimos quejíos en el Cerro. A sus pies quedan los ramos de novia, ante su cara morena son presentados los niños y en la bulla de su paso de palio se conocen los novios, ¿verdad, Luismi? El cura podía haber hecho caso omiso, no darse por aludido de que la Virgen estaba expuesta al culto más íntimo, dejar el acto ceñido a la celebración de un sacramento en el templo parroquial donde manda el párroco y se recluyen en sus capillas las hermandades. Pero como este cura no es un cura cualquiera, pues allá que se fue el Cura Paco para ponerle el broche sevillano al bautizo. Cada día nos gusta más este sacerdote que gobierna San Lorenzo con tacto de prioste. Fue el cura que dijo que no al pregón el pasado año, que los pestiños están para jamarlos, no para hacerlos. ¡Viva el Cura Paco mandando a paseo el atril de las vanidades!
Ya lo dijo el cardenal en la intimidad de una reunión: “Quiero que Sevilla me recuerde como arzobispo, no como pregonero”. Pues el Cura Paco quiere que le vean como párroco, en el ejercicio diario de su ministerio a la vera del Señor, y no ejerciendo el vocerío desde un atril. Yqué mejor pregón que el esmero en esos pequeños grandes detalles que dan alma a una celebración. Hay que fundar la asociación de amigos del Cura Paco, que huele a oveja y no a despacho de curia, que responde al teléfono y no contesta por fríos correos electrónicos a través de intermediarios, que mira de frente y siempre quiere agradar, no demostrar que está un peldaño por arriba. En este tipo de curas está puesta la esperanza de la diócesis hispalense por tener cada día más presbíteros alegres, como los quiere el papa Francisco, y menos burócratas palaciegos que disfrutan poniendo reparos como interventores de la administración pública. Hay que reconocer el acierto de don Juan José poniendo a Marcelino Manzano al frente de las hermandades, más aún al tratarse de un cura no sólo simpático, que lo es, sino con experiencia en los medios de comunicación, pues la notoriedad de la Iglesia de Sevilla, guste o no, está muy condicionada (saturada) por la actualidad de las cofradías. Y don Marcelino domina las dos áreas, sin miedo al qué dirán. Se fía tanto de las hermandades de San Vicente que les ha dado la llave.
Yo hoy me quedo con el Cura Paco dando el mejor pregón de su vida, con el alba puesta y los brazos alzando a Rocío, símbolo de la vida y de la esperanza en un futuro mejor. Un bautizo al sevillano modo. Imaginamos al Cura Paco hace un año diciéndole al Consejo:“Yo no soy hombre de esas cosas”. Ahora lo entendemos. Su pregón se escribe cada día a la sombra de los plataneros de la plaza, con la música del griterío infantil de las tardes y con la privilegiada compañía de un buen trozo de la mejor Semana Santa.

La concordia permanente

El Fiscal | 30 de junio de 2014 a las 13:27

Marcelino Manzano
Huele a oveja desde mucho antes de que así lo dispusiera el Papa que vino del fin del mundo, que para eso tiene un amigo en La Puebla de los Infantes que le sigue invitando a pasar días de campo con los balidos como banda sonora. Marcelino Manzano Vílches (Sevilla, 1972) será el nuevo delegado diocesano de hermandades a partir de septiembre, un delegado renovado para nuevos tiempos en los que el cuento de la buena pipa del contador de los nazarenos deja orillada la espiritualidad sobre la que debe cimentarse la principal fiesta religiosa de la ciudad. Oronda figura de riguroso clerygman, carácter llano de cura de pueblo, hombre alegre y servicial, ejemplo de concordia permanente, sin ínfulas de nada y de extrema sencillez de trato, cuando fue destinado a San Vicente le cedió las llaves del templo y del despacho parroquial a las hermandades sin limitación de número con una única condición: el último en salir que cierre.
En Lora del Río tuvo la dehesa de Zahariche dentro del término de su feligresía. Pocos sacerdotes pueden presumir de haber tenido entre sus dominios a tan temidos toros agalgados de interminable tranco. De allí conserva amistad con un médico que le regaló una botella de whisky Chivas, un escocés que no liba, pero que ofrece a amistades y visitantes.
Es el pequeño de tres hermanos. La familia vivía en la calle Guadalupe y después se mudó a Kansas City. De la primera residencia nació una vinculación perenne con la parroquia y con la hermandad de San Roque, a la que Rafael Durán apuntó a todos los niños del barrio. De la segunda, el niño Marcelino se hizo hermano de San Benito en tiempos del párroco José Salgado. Allí forjó su vocación como sacerdote mientras hacía el antiguo BUPen el Instituto Luca de Tena.
Hijo de salmantino que vino a Sevilla a forjarse en el negocio de la alimentación y de sevillana criada entre la autenticidad de la Pañoleta y la gracia del Cerro del Águila, una madre que le dejó como legado la virtud de sonreír al prójimo. A los dos comunicó un día que quería ser cura y los dos le preguntaron si se lo había pensado bien. “YDios me inscribió en el Seminario en 1995. Porque fue Dios el que me ha concedido el ministerio sacerdotal, del que no soy digno y que es lo más grande que tengo en mi vida”.
Tras una etapa en la Facultad de Informática en Reina Mercedes, estudió en el viejo San Telmo, en aquellos años en que acaba de rubricarse la venta del palacio a la Junta de Andalucía, aquella operación bautizada como Pacto de Cesión Institucional que no dejaba de ser una venta, aquella enajenación que provocó un cisma en la Iglesia de Sevilla, aquellos años de un edificio de aulas desvencijadas, corriente eléctrica de 125 voltios y letrinas antiguas, donde por un tiempo convivieron los albañiles, las oficinas de la Presidencia de la Junta y los últimos seminaristas sin mayores problemas. El joven Marcelino participó en la simbólica última cena de San Telmo, invitado por el presidente Manuel Chaves, que en su discurso elogió la buena convivencia entre los funcionarios y asesores con aquellos seminaristas que seguían aparcando dentro del palacio y saludando cada día cordialmente a los policías y escoltas.
Trabajador de la viña como manda el Papa emérito, en cuestiones de latines se maneja con los mínimos que manda la liturgia. En melodías de teléfono, consume agrupaciones musicales más que tríos de capilla. Y en cofradías es como un Churchill con sotana que ve al enemigo dentro y al adversario fuera: “Pero a las cofradías no se les puede reñir, son un tesoro que hay que aprovechar y potenciar. Si hay algo que corregir, hay que hacerlo con amor y misericordia. Y nosotros, los curas, somos los primeros en dar ejemplo y testimonio”.
Su teléfono móvil suena como sólo hemos visto sonar el de Juan Garrido, aquel gigante de la diócesis. En su despacho están las fotografías del Papa Francisco y monseñor Asenjo. Yen otra pared, la del cardenal Amigo. Hay una Buena Muerte universitaria y varios cuadros de hermandades agradecidas. Alguien le pregunta por su nuevo cargo y por si va a hacer un látigo con cuerdas como Jesucristo en la parábola de la expulsión de los mercaderes del templo: “¡No, no, no! El Señor cogió un látigo porque había animales que no entendían sus palabras. Nosotros, los curas, tenemos la palabra. Y a la Semana Santa tenemos que cuidarla mucho. Hay que velar por su sentido espiritual, penitencial y estético”.
En una taberna de serrín y vidrio mostoso se masculla:
–¿Que te parece el nuevo cura para las cofradías?
–Un trozo de pan. Me gusta porque tiene nombre de cura. Yme tranquiliza saber que ya ha tenido de feligreses a los miuras.

La seguridad jurídica

El Fiscal | 7 de mayo de 2014 a las 21:42

Tiene toda la razón del mundo el Arzobispado cuando alude a la necesidad de obtener la máxima seguridad jurídica como causa principal de la inscripción de los templos en el Registro de la Propiedad. La Iglesia católica tiene derecho a proveerse de las ventajas y garantías que se derivan de la publicidad registral. Y no sólo tiene el derecho, sino que además disfruta del privilegio de poder inmatricular bienes por un procedimiento exprés, con la sola presentación de un certificado elaborado en la Curia, al contrario que el resto de los mortales, para los que la primera inscripción registral de un bien supone un procedimiento mucho más complejo.
Resulta curioso que el Arzobispado aluda a que el proceso de inmatriculación comenzó en 2008, en el tramo final del pontificado del cardenal Amigo. ¿Y qué? Nada malo hay en registrar los bienes. La alusión al gobierno anterior suena a réplica de partido político, evoca el Y tú más y, por supuesto, revela muchísimas cosas.
El problema no es que se inmatriculen bienes, el problema son las chapuzas. Una chapuza de Pepe Gotera y Otilio es acudir al Registro de la Propiedad en pleno agosto para inscribir la Parroquia de la Magdalena saltándose más de 400 años de propiedad de la Quinta Angustia sobre su capilla. Yuna chapuza es orillar los 300 años de propiedad del Gran Poder sobre su capilla en San Lorenzo. La chapuza de la Magdalena dio bastantes dolores de cabeza en el Palacio Arzobispal. Se acabó apostando por una solución de difícil calificación jurídica. En una jerga coloquial sería muy fácil calificar aquello, pero el buen gusto aconseja evitar ciertos adjetivos.
En el caso del Gran Poder, cuesta trabajo, mucho trabajo, creer que nadie de los servicios jurídicos del Arzobispado se preocupara de preguntar por posibles derechos de propiedad a favor de terceros con respecto a algunas capillas. Si no hubo mala fe, al menos hubo una falta de la diligencia debida. Y se ve que la junta de gobierno de entonces no olió la maniobra en ningún momento. Habrá que estar atentos a la solución que se busca para reconocer los derechos de propiedad de esta hermandad. No es imposible, tampoco fácil.
La apelación a la seguridad jurídica no puede jamás suponer la conculcación de derechos. Fíjense qué cuidadoso ha sido el Arzobispado para reconocer al Cabildo la propiedad de la Catedral. Ahí no se ha inscrito el templo a nombre de la Archidiócesis. Ahí no.

¿Abuso o negligencia?

El Fiscal | 27 de abril de 2014 a las 5:00

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No había trascendido. Se ha hecho con una discreción muy calculada. Y en algún caso con agosticidad. El Arzobispado acudió al Registro de la Propiedad en 2009 y se apropió del 100% del pleno dominio de San Lorenzo, sin tener en cuenta los derechos de propiedad del Gran Poder sobre su antigua capilla. Y acudió en agosto de 2011 y se atribuyó la Magdalena entera. La Quinta Angustia reaccionó de tal forma que la junta de gobierno llegó a estar facultada para emprender las acciones necesarias para defender sus derechos de casi 430 años. ¿Nadie hizo nada en el Gran Poder en 2009? ¿Nadie va a hacerlo ahora? ¿Acaso no tiene la Hermandad del Gran Poder sobrada documentación que demuestra sus derechos de propiedad? ¿Se renuncia a los derechos sobre una capilla cargada de simbolismo para la hermandad? ¿Se está enterando hoy la hermandad del atropello a sus derechos de propiedad? ¿Ha abusado el Arzobispado de Sevilla, ha habido quizás algo de negligencia en la cofradía o han ocurrido ambas cosas?

El Salvador
En breve será inmatriculado el Salvador, cuya propiedad no está blindada aún en el Registro aunque parezca extraño, ¿verdad? Se sabe ya que serán escrupulosamente respetados los derechos de propiedad de Pasión sobre la capilla sacramental, las dependencias de la casa de hermandad y la cripta.

Obsesiones

El Fiscal | 27 de marzo de 2014 a las 5:00

He visto a arzobispos publicar sus sueldos, he visto a arzobispos invertir mil millones de pesetas en un fondo de inversión de alta volatilidad y, cuando se lo han desayunado en la prensa, no sólo no lo han negado, sino que han respondido con la parábola de los talentos; he visto muy de cerca, con folios y bolígrafo por delante, a cardenales en Madrid, Roma, Toledo y Sevilla; he visto entrar en el Palacio Arzobispal a líderes comunistas que pedían un mensaje de apoyo preocupados por la elevada siniestralidad laboral, he visto arzobispos enfurecidos que a los diez minutos ya no tenían memoria y volvían a tender puentes de cordialidad y he visto, por supuesto, a colectivos de presos y a líderes de colectivos de gays y lesbianas en la planta alta de una sede episcopal. Y he visto a un Papa pedir que los curas sean alegres, receptivos, huelan a oveja y dejen ya ciertas obsesiones.

Títeres

El Fiscal | 25 de marzo de 2014 a las 10:09

No había que ser una mente preclara, ni un rastreador de archivos ocultos, ni un adalid de la investigación para saber que en el Consejo han trabajado y trabajan familiares de altos cargos de forma directa o indirecta. Eso era y es de dominio público. Como lo es que hace pocos meses mandaron a la calle a colaboradores muy respetados y respetables de toda la vida. El Arzobispado pide transparencia en la gestión al Consejo. Hace muy bien, le asiste toda la razón. Pero comience el Arzobispado por aplicarse su propio criterio. ¿O hay que referir la de sobrinos que hay colocados en ciertas instituciones de la Iglesia? ¿Empezamos la lista? Pegarle el tirón de orejas al cofraderío de San Gregorio es facilísimo. Estamos ante la junta superior más blandita de la historia. E interesa que así sea. Los titiriteros no quieren personajes. Quieren títeres. Como también los quieren en la prensa.

Pasados de rosca

El Fiscal | 3 de febrero de 2014 a las 13:10

Imagen costaleros
Suena el teléfono y una voz se presenta directamente como jefe de prensa de un candidato a hermano mayor. Cáspita. Se impone la larga cambiada con la mayor cortesía posible, pero el interlocutor se hace el sueco e insiste en que ofrece un encuentro, una entrevista o declaraciones del candidato. Cuantas más largas cambiadas recibe, más se hace el tío el sueco. Hasta que tira de manual y asegura que tiene que saber cuándo veremos al candidato para que no haya “problemas de agenda”.
–¿Pero usted llama de Vox, del Partido Popular, de Ciudadanos o de parte del candidato de la hermandad que dice llamar?
Al día siguiente nos desayunamos, merendamos y hasta cenamos con los detalles de una manifestación de costaleros contra el cambio de un capataz, pancarta en mano y concentrados delante de la casa. El hermano mayor ha prescindido del capataz que, por cierto, fue el hermano mayor anterior. Antes un candidato a hermano mayor no tenía jefes de prensa y un capataz ni siquiera concebía presentarse a hermano mayor. Todo lo de antes no es que sea bueno o ejemplar por ser pretérito, pero no deja de testimoniar un criterio. Hoy no hay criterio. Y no es que no haya medida, que ya estamos de la teoría de la pérdida de la medida tan hastiados como de la de la falta de nivel; lo que hoy no hay es directamente vergüenza. Y la falta de vergüenza es hija directísima de la carencia de educación. Formación, que dirían los místicos.
En una red social se difunden todo tipo de maldades sobre un nuevo capitán y un nuevo teniente. Se vomita directamente en el atrio del honor, convertido por momentos en el plató de Sálvame Deluxe. Se sacan del archivo declaraciones periodísticas que descartaban cambios en esos puestos, como cuando en los partidos políticos se tira de hemeroteca para desacreditar al rival y dejarlo en evidencia. Desde el sofá de su casa puede usted contribuir sin mayor esfuerzo –con un mero click en el teléfono– a ensuciar de forma impune la reputación personal de alguien que simplemente ha recibido un hermoso encargo en su hermandad. No hay límites. Ancha es Castilla y mucho más ancha la calle Feria…
Pasan los días y los costaleros han logrado ya objetivos. Los nuevos capataces rechazan el nombramiento. Desisten. Antié iba El Penitente a dar un paso atrás, o a un hermano mayor de los de entonces le iban a montar la que montan hoy muchos costaleros como grupos de presión. Tan sólo se recuerda, como la excepción que confirma la regla, el caso de la célebre huelga costaleril del Viernes Santo que, fíjense si fue un hito, que hasta ha sido llevada al cómic infantil con fines didácticos.
Estos días hemos asistido también al comunicado conjunto de dos candidatos a hermano mayor que querían dar un testimonio de armonía de cara a la contienda electoral. Dios Santo, cómo será la cosa que en una hermandad hacen falta comunicados para asegurar la convivencia pacífica. Los aspirantes a trincar una vara dorada y los toreros se han hecho muy aficionados a los comunicados.
Los polvos de la sofisticación siguen generando lodos. Los hermanos mayores han ganado en notoriedad todo lo que han perdido en autoridad, en peso específico. Enseguía iban a necesitar jefes de prensa y comunicados verdaderos personajes de la Semana Santa como Eduardo Ybarra, Juan Fernández, José Luis de Pablo-Romero, Luis Rodríguez-Caso o José María O´Kean, por citar solo algunos de los ya desaparecidos. Todo guarda conexión. El perfil de la propia jerarquía eclesiástica ha bajado de forma notable, con jubilaciones anticipadas (digámoslo sin acritud) y fallecimientos prematuros.
La realidad se impone. El Consejo no manda, baila al son de los hilos que marca la tecnocracia de hisopo y acetre. Los hermanos mayores son cuestionados por los costaleros. Los capataces dan el paso atrás. Pero el jefe de prensa sigue ofreciendo entrevistas. Este mundillo no está ya ni siquiera decadente. Está pasado de rosca. Cualquier día tenemos a Bourrellier en el plasma. Y sin admitir preguntas.