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En defensa de un estilo

El Fiscal | 5 de marzo de 2017 a las 5:00

1979

Ya no hay ordenanzas de librea con guantes blancos en el escenario del Pregón. Ni casi se ven esas pobladas barbas. Ya no hay esa batería de micrófonos. Ni el Pregón es en el Lope de Vega. Siguen estando los chaqués, la policía local de gala, los tapices, las autoridades y, por supuesto, el querido Martín Cartaya. Con el fallecimiento de Manuel Toro se ha pasado página a una época, un estilo, unas formas y una concepción de las cofradías que comenzó a decir adiós con el repentino fallecimiento de Luis Rodríguez-Caso. Se ha ido en poco más de una década un repertorio de cofrades de primera fila como José Sánchez Dubé, Juan Fernández Rodríguez García del Busto, Juan Foronda, Juan Castro, Rafael Duque del Castillo, José María O´Kean, Adolfo Cuéllar, Diego Lencina, Francisco Yoldi Delgado, Ramón Ybarra, Ramón Pineda, Eduardo Ybarra, etcétera. Incluso hay que citar sacerdotes muy, pero que muy cofrades, como don Eugenio Hernández Bastos, en la Redención; don Antonio González Abato, en el Tiro de Línea, o don Manuel del Trigo, el cura del Salvador. Con sus matices, distintos en algunos aspectos, ¡cómo no!, pero unidos por el compromiso con las hermandades, por considerar las cofradías idóneas para vivir la fe cristiana. Clásicos, serios en el mejor sentido, comprometidos. Toro era el Museo. Era verlo con su traje impecable, pico de pañuelo blanco asomando por el bolsillo superior de la chaqueta, y pensar de inmediato en su cofradía. Esa identificación plena de la persona con una hermandad se logra en pocas ocasiones. ¿Cuánta gente no da por hecho que Toro fue hermano mayor del Museo? En realidad nunca lo fue. ¿Cuántos no siguen creyendo que don Juan Moya García o don José Sánchez Dubé lo fueron de Los Estudiantes y La Estrella, respectivamente? Pues nunca lo fueron. Ni falta que les hizo a ninguno. Con tal intensidad se dedicaron a sus hermandades, imprimieron tal pasión, que lograron sin pretenderlo ser plenamente asociados con ellas. El imaginario colectivo los recuerda con la vara dorada. Aprovechen las nuevas generaciones interesadas en las cofradías para conocer los testimonios de los cofrades mayores que hoy, por fortuna, siguen entre nosotros. Oigan el relato de los recuerdos impagables de las familias (algunas tan injustamente denostadas hoy) que fueron fundamentales para mantener viva la llama de muchas hermandades en los peores años. Atiendan a la descripción de una Semana Santa probablemente más pobre, pero quizás más auténtica por menos sofisticada y, por lo tanto, con más emoción interior y menos afición impostada. Una Semana Santa que generó amor puro en quienes vinieron de fuera a conocerla y en ella se integraron, o la valoraron mejor que muchos sevillanos, como el salmantino Alfredo Flores, el peruano Jorge Bernales o el canario Francisco Morales Padrón. Con la muerte de Manuel Toro se pierde un estilo. “Que se me quiera y sepa oír”, tituló la primera parte de su pregón de 1979. Hoy recuerdo la grabación del glorioso arranque dedicado a la Virgen de la Esperanza, cuando recreó cómo la lluvia truncó los planes de la coronación de 1964 y unos versos escritos en la pared osaron reñir a la Macarena a su regreso por la calle Parras: “Te fuiste por cuatro días/ y tardas siete en volver/Madre mía Macarena/¡no nos lo vuelvas a hacer!”. Ahí tuvo que aplaudir hasta el ordenanza de librea después de tirar los guantes. Claro que se le supo oír. Claro que se le quiso oír.

50 años de fidelidad baratillera

Moeckel

Qué lejos queda aquel recuerdo que a modo de fogonazo deslumbra la memoria. Aquel Miércoles Santo de 1971, con sólo cinco añitos. Era un nazarenito, hijo de un hermano mayor de los que mandaba. Mandaba tela. Aquel niño era estudiante del Colegio San Isidoro, tardes de juegos en los derribos del barrio de Santa Cruz. Un niño tan listo y espabilado como algo enclenque. Años de huchas amarillas con  tapas verdes que así eran las huchas del Domund. Años de limpiar plata en silencio y aprender de las tertulias de los mayores. “Hoy hay junta de gobierno”, se oía. Yera una suerte de Extra omnes  vaticano. Todos los jóvenes debían abandonar las dependencias. Años de trabajar en la hermandad hasta los domingos por la tarde si la autoridad paterna lo dictaba. Todos entregados a una causa llamada Baratillo. Después vendrían los oropeles del cargo de hermano mayor, el reconocimiento del Papa Benedicto y otros pleitos y alegrías. Pero hoy es día para rendir tributo a la memoria junto a amigos como Ángel Gallardo. Hoy es día de reabrir el antiguo Bar Atillo, recordar el concepto familiar de hermandad, aquellos primeros callejeos de Semana Santa con Jesús Eguino y las noches de Lunes Santo ordenando los cirios por números, marcando con cinta aislante los de los últimos tramos: azul para los blancos y roja para los azules. Joaquín Moeckel celebra hoy sus 50 años de hermano del Baratillo. En la capilla de la Piedad aprendió a ayudar a misa. En ella se hizo persona. 50 años de fidelidad. Y orgullo.

Oído en una tertulia
“¿Tú sabes qué consejero de la anterior junta superior fue sorprendido revendiendo unas sillas y sacando una generosa plusvalía de la operación? Al comprador se le ofreció la posibilidad de denunciar el caso formalmente, por lo que al consejero se le habrían quitado sus derechos como titular, pero la cosa no fue a mayores porque se prefirió una solución sin traumas… ¡Ahora nos hemos enterado de aquel bacalao!”.
Macareno en Madrid
Carlos López Bravo, el activísimo secretario del Consejo de Cofradías, pronuncia hoy el pregón de la Hermandad del Gran Poder y la Macarena de Madrid. ¿Estará allí Santiago Álvarez, favorito de López Bravo como futuro hermano mayor de la Macarena?
El ejemplo del Kichi
¿Han visto durante el concurso de agrupaciones en el Falla los anuncios del Ayuntamiento de Cádiz proclamando que “el carnaval no es el botellón”? Hay quien dice que Juan Espadas podría encargar para Sevilla unos anuncios similares. “La Semana Santa no es permanecer en una sillita de chino comiendo pipas”. Ya se sabe. La defensa de lo obvio conduce a la frustración.
El pertiguero
Primer golpe. Vayamos a lo sustancial. ¿Tendremos o no tendremos a la Virgen del Dulce Nombre con la saya rosa el próximo Martes Santo? Segundo golpe. ¿Qué alto cargo del Consejo y qué conocido político han logrado su particular pellizco del número de la lotería premiado en la Hermandad de Montserrat? Tercer golpe. Una cuidada edición. Precioso el especial sobre el Señor de la Oración en el Huerto que ha editado Páginas del Sur bajo la coordinación del experto José Fernando Gabardón de la Banda. Y ciriales arriba. Oído en otra tertulia:“¿Qué dices que se está preparando por los cuatrocientos años de ambas imágenes? Anda, anda. Eso está todavía muy verde. Sí, si eso fuera así, hay que empezar ya. Pero aún tiene que llover mucho”.

El Lagarto de la Catedral:  “Don Carlos sigue incombustible, querido y siempre inquieto Fiscal. El viernes estuvo en el Gran Poder, donde presidió el culto a la Virgen, y hoy está en Torreblanca, el barrio donde tanto se le quiere. Siempre pone a la hermandad de Torreblanca como ejemplo en todos los sentidos”

Tiempo de afectos

El Fiscal | 11 de diciembre de 2016 a las 5:00

Foto FISCAL
arte sacro
cardenal trifón
Estaba Rogelio Gómez Trifón en el Aula Pablo VI del Vaticano, ese colosal espacio cuyo graderío sin guardias suizos parece el de una cancha de squash más que el de un auditorio al que el Papa se dirige los miércoles. Estaba allí el ilustre tabernero la tarde en que los nuevos cardenales recibían esas muestras de felicitación y cariño tras su nombramiento, un rito conocido como el ad calorem. El baratillero, mitad cántabro, mitad sevillano, quiso acompañar en un día tan especial a Carlos Osoro, arzobispo de Madrid y nuevo príncipe de la Iglesia como todo el mundo sabe. Estaba allí Rogelio arropando al cántabro Osoro cuando oyó:“¡Rogelio, Rogelio! ¿Qué haces en Roma? Ah, claro, has venido por Osoro. ¡Cómo sois los cántabros!”. Sí, era don Carlos Amigo, que participó en el Consistorio de creación de nuevos cardenales. El arzobispo emérito de Sevilla se fundió en un abrazo con el tabernero. Lloraron de la emoción. Muy cerca andaba el ministro de Justicia en representación del Gobierno de España y el inconfundible Antonio Pelayo. El cardenal y el tabernero recordaron Sevilla. Cuando don Carlos se encuentra con un sevillano fuera de Sevilla, evoca 28 años de pontificado. Se dice pronto. Y cuando acude a un Consistorio en Roma se acuerda de aquel octubre de 2003, cuando fue él quien recibió aquellas muestras de afecto y apoyo por su nueva condición de cardenal. Y Pelayo ayudó entonces a un periodista de Sevilla en la azotea del Vaticano a traducir los discursos de Juan Pablo II.

Días después de los fastos romanos, Martín Cartaya recibía el merecido homenaje de la tertulia Cruz de carey, que para el gran Jesús fue como jugar en casa, como estar en familia, como ser uno más de entre todos. El cofrade la O se ha venido arriba. Ha cerrado el Foto Supra de la calle Sierpes y ya ha encontrado otro comercio que le saque las fotos en papel, que hasta que no están en papel, las fotos, fotos no son. Ycuando están en papel nadie se acuerda de quién son, salvo que las haya tirado Martín Cartaya, que les pone el hierro de su firma a bolígrafo apretado.

¿Y qué me dicen del encuentro prenavideño de los componentes de la web artesacro.org? Después de casi dos décadas ha sido la primera vez que han logrado reunirse absolutamente todos los miembros de un portal que es timbre de gloria del internet cofradiero, desde la antigua La Pasión digital hasta la web actual. Testigos directos de la evolución de una Semana Santa que no ha dejado de evolucionar a gran velocidad, quizás a demasiada en muchos momentos.

Roma, Triana, Sevilla… Otoño de emociones. Lágrimas, reencuentros. Sonrisas, recuerdos. Tiempo de afectos que conducirán al tiempo auténtico de la cuaresma.

Luto en San Pablo
Murió Miguel Ángel Campos. Es todo un mazazo para la Hermandad del Polígono de San Pablo. En el recuerdo quedan las peticiones de la Hermandad de la Sed cuando trasladó a a su Virgen a la Parroquia del Plantinar una mañana de domingo. Todos los rezos fueron por él. Se ha muerto el hermano mayor de una cofradía especialmente querida. Y especialmente valorada por la Sevilla cofradiera pese a su corta existencia.

Cita en el Baratillo
Será la tarde del próximo viernes. Joaquín Moeckel pronunciará el pregón de la Navidad de su cofradía. No será un pregón al uso. ¿Se imaginan que el espíritu de la Navidad conversara con un niño del Baratillo acerca de las Pascuas? Pues eso: habrá dos voces. La de Moeckel y la de un periodista, Francisco José López de Paz, que encarnará ese espíritu navideño y que será el encargado de hacer las preguntas más hermosas para que el pregonero vaya descubriendo un pregón que no estará escrito. El interés está asegurado. Habrá que ir pronto a coger una de esas sillas de enea tan características de la capilla de la Piedad.

El pertiguero
Primer golpe. Hay que preguntarle a Julio Domínguez Arjona qué le ha parecido la nueva imagen de la Hermandad de las Cigarreras. Segundo golpe. Otra tarea. Preguntarle a Antonio Casado por el altar de besamanos de la Virgen de la Encarnación. Algunos recordamos cuando ese besamanos era en el mes de marzo. Pero esos recuerdos son de hace más de veinte años. Casi treinta. Tercer golpe. ¿Quién le ha confirmado a Ricardo Suárez que estará en Madrid para la presentación de su cartel del Cautivo de Medinaceli? Yciriales arriba. A ver cuántas misas del gallo hay este año a las doce de la noche… Huuuum.

La fe baratillera mueve montañas

El Fiscal | 2 de mayo de 2016 a las 17:35

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LLEVA más de quince años de hermano del Baratillo. Sí, más de tres lustros. Se apuntó en 2000 y desde entonces paga religiosamente sus cuotas, que hay mucho famoso en las listas de las hermandades que se cree canónigo y no apoquina. José Antonio Morante, Morante de la Puebla, es también hermano del Gran Poder, donde ha salido varios años de nazareno. Pero esta Semana Santa cambió el ruan por la sarga. Al Baratillo llegó de la mano de Joaquín Moeckel, cuando el abogado era hermano mayor y marcaba la actualidad jurídica del mundo de las cofradías con unos enriquecedores pleitos con la curia de don Carlos Amigo. Morante regresó este 2016 a los carteles de la Feria de Sevilla tras un período de divorcio con la empresa. Por lo tanto, este año era especial. Ytocaba hacer cosas especiales, como salir en la cofradía azul y acudir a la Capilla de la Piedad a rezar antes de la corrida, como hacían los toreros en otros tiempos, pues el templo cuenta con conexión directa con el coso por medio de unas dependencias que desembocan directamente en la calle Gracia Fernández Palacios. Tan medido hizo todo Morante a la hora de recuperar el rito que se propuso hacerlo a pie. Del hotel de la calle Castelar a la capilla como un aficionado más. Y de la capilla a la plaza, pisando simbólicamente el callejón de Iris, que nunca puede faltar. En la capilla se quedaron cada tarde las oraciones del diestro al San José del XVIII que donó el matador Pepe Hillo.

Fue sonado que el balance de la primera tarde de Feria fue terrible, con tres avisos que devolvieron el toro a los corrales. ¡Nada menos que un Domingo de Resurrección! La segunda y la tercera tarde, malas de solemnidad. Todo andaba tan mal que un representante de la guasa sevillana –la que no pocas veces se presenta trufada con cierta envidia– le dijo al abogado baratillero: “Moeckel, sería conveniente cambiar de santos, ¿no?” El dedo del sevillanito de a pie ya había encontrado culpable de los fracasos en un mundo –el taurino– tan dado a las supercherías y a los miedos repentinos. Y la guasa fue respondida a pie de barrera: “Los santos y las vírgenes están para proteger de los percances, para evitar las desgracias, no para proporcionar éxitos”.

La cuarta y última tarde, Morante siguió al paso todos los ritos. No cambió nada. Ypor fin llegó el triunfo de las dos orejas, lo que le valió los premios oficiales al mejor toreo de capa y a la mejor faena de la Feria.

Y no concluyeron las pruebas de fe baratillera del matador. Esta semana ha estado en Aguascalientes (México), acompañado por su cicerone baratillero igualmente. El propietario de la plaza, el empresario Alberto Bailleres (segunda fortuna de México tras Carlos Slim según la revista Forbes), recibió al abogado sevillano en el tendido:“Traerán ustedes el buen bajío de Sevilla, ¿no?”.

Los dos toros que le tocaron en suerte al de la Puebla del Río resultaron infumables. Todo estaba perdido, pero el torero, vestido de negro y oro, no se resignó. Levantó el índice de la mano derecha y pidió al presidente un toro con cargo a su cuenta. Saltó el séptimo al ruedo, de nombre Rechi, un apellido que evoca al de los antiguos capataces de la cofradía. Moeckel echó mano de dos estampas de la Virgen de la Piedad, de las de pequeño formato que regalan los nazarenos. Se quedó con una y le dio la otra a una conocida ganadera:“Apriétela fuerte”. Rechi no fue un toro precisamente boyante, pero el diestro echó raza y logró una faena que los críticos podrán discutir, pero que fue largamente ovacionada por el público. Cortó una oreja que pudieron ser dos a no ser por un pinchazo. El Juli, de paisano, contempló el éxito desde el callejón.

La fe baratillera volvió a mover montañas. El torero se montó en el coche-cuadrilla camino del Hotel Alameda. Sonó su pasodoble por el camino y después una sevillana del Pali. Cuando se oía el segundo palo, llegó el coche al hotel, pero el torero pidió que no se abrieran las puertas del vehículo. Todos dentro. Quiso oír completa la letra. ¿De quién es esa cuadrilla que pasea El Baratillo? Es del viejo de los Ariza, sus hijos y sus nietecillos… Y así se han ido sumando en menos de un mes una serie de intensas vivencias baratilleras en la vida de este torero sevillano.

Morante no cambió los santos, no se dejó guiar por los runruneos de los mediocres. En Aguascalientes había dado un “sainete” en años anteriores. Pero esta vez llevaba a la Piedad del Baratillo, ante la que se postró las cuatro tardes de su reencuentro con la afición de Sevilla. Tanto va el torero a la capilla que al final acaba triunfando. El buen bajío, don Alberto. De Sevilla traía el buen bajío.

El Rey y las cofradías

El Fiscal | 11 de junio de 2014 a las 5:00

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La cofradía del Rey de España es Pasión. En su cripta están enterrados sus abuelos maternos. Yal Señor de Pasión acudió periódicamente Doña María de las Mercedes como lo hizo la Infanta Elena recién casada en 1995. Si hay una cofradía ligada a la realeza es Pasión. Después, las Cigarreras, cuyo paso de palio presidió Alfonso XIII. El Santo Entierro, que lo tiene como hermano mayor. Y el Baratillo, que logró en 2002 que Don Juan Carlos aceptara el título de hermano mayor honorario, unas gestiones iniciadas nada menos que en 1969. No se olvide que los entonces Príncipes de España contemplaron la entrada de la cofradía desde un balcón de la calle Adriano en la Semana Santa de 1963. O la Quinta Angustia, que también lo tiene con altos honores. Ytantas y tantas más…
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La última visita de los Reyes en Semana Santa fue en 1984 con intensas vivencias en la Madrugada, saeta incluida del Peregil en el despacho del hermano mayor de la Macarena. En 1992 no se consiguió el sueño de que el Rey presidiera el Santo Entierro, pero sí que visitara el Salvador con motivo de la exposición Los esplendores de Sevilla. Como fue a la Magna Hispalensis de la Catedral, en la que estuvieron expuestos los pasos del Cristo de las Misericordias (Santa Cruz)y de la Virgen de la Candelaria. Quien acompañó a los Reyes en muchas de esas visitas fue Luis Manuel Halcón de la Lastra, conde de Peñaflor, hermano de la Quinta Angustia y teniente de hermano mayor de la Real Maestranza en el mítico 1992. Halcón trata con Don Juan Carlos desde que ambos eran muy jovencitos, tan es así que cuando alguna vez no ha cumplimentado al monarca por no interferir en alguna conversación, el propio Rey le ha requerido cariñosamente con una palmada en la espalda: “¿Hoy no me vas a saludar?” Juntos han asistido a momentos tan restringidos como el encajonamiento nocturno de los toros en los chiqueros de la Maestranza en las vísperas de un festejo. Otro día se tuvo que levantar repentinamente de un almuerzo en el pabellón de Castilla-León de la Expo al ser avisado de que el Rey asistiría a los toros en la Real Maestranza.
Javier Criado ha acompañado varias veces al Rey en el Salvador y aún más veces a la condesa de Barcelona, con posterior aperitivo en la genuina Alicantina. Joaquín Moeckel le explicó al rey en el mismo ruedo de la plaza de toros de la Real Maestranza, tras un acto de entrega de premios taurinos y universitarios, las claves de la restauración del Salvador, con el teniente soleano Alfonso Guajardo-Fajardo de testigo de la escena.
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Desde 1984 no han venido los Reyes a Sevilla en Semana Santa. El lluvioso Jueves Santo de 2003 vino la Infanta Elena con su marido. Sólo pudieron ver la Quinta Angustia y el Valle. Pasión se quedó en el Salvador. En el atrio macareno, Marichalar se quitó una medalla de oro con su nombre, el de la Infanta y el de sus hijos y se la regaló a la Virgen de la Esperanza.
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Los felices años del psiquiatra Rojas-Marcos en el Baratillo

El Fiscal | 25 de febrero de 2014 a las 5:00

martín rubio
En la gran noche de la entrega del Premio Manuel Clavero que organiza Diario de Sevilla y que este año ha alcanzado su tercera edición, algunos no quisieron dejar de interesarse por el perfil cofradiero del homenajeado: el psiquiatra Luis Rojas-Marcos. Esa veta entronca directamente con la infancia, con los años felices y genera por eso los sentimientos más hondos y puros. Hace una década que Rojas-Marcos confesó lo siguiente en las páginas de este periódico: “Me hice del Baratillo siendo un niño; allí me aceptaban, nadie me recriminaba por sacar malas notas, hice amigos que todavía están ahí. Luego, años más tarde, dejé de creer en Dios y empecé a creer en las personas. Pero, de niño, recuerdo haberle pedido a Dios que me ayudase a sacar buenas notas.Todo eso forma parte de mí, sería aberrante extirparlo”. Luis Miguel Martín Rubio le preguntó en la intimidad si saldría otra vez de nazareno: “Me gustaría, lo hice de niño”.

Las cinco horas clave en el Aero

El Fiscal | 15 de octubre de 2009 a las 14:12

FINALES DE AGOSTO.
Bajo de Guía. En un velador toman café el delegado de Urbanismo, Alfonso Rodríguez Gómez de Celis, y el ex delegado del Gobierno de la Junta en Sevilla, Demetrio Pérez. En un momento concreto se incorpora a la reunión el abogado Joaquín Moeckel. Sabido es que nadie se puede mover por Sanlúcar de Barrameda ni por el barrio del Arenal sin que el intrépido letrado se entere, pues son las dos áreas geográficas que componen sus dominios. Los tres departen hasta la caída de la tarde, cuando Gómez de Celis decide regresar a Sevilla para seguir con sus ruedas de prensa agosteñas para mantener firme el pulso político del gobierno. De aquella charla salió un compromiso para abordar en firme el asunto tan complejo y delicado de la seguridad en la carrera oficial, sobre todo tras el dictamen demoledor del secretario municipal, Luis Enrique Flores, que advierte de las irregularidades y riesgos del recorrido. El informe ata de manos a Gómez de Celis, que ya no podrá otorgar la licencia de ocupación de la vía pública para la Semana Santa de 2010 si no se le presentan los planos visados y un rosario de medidas para potenciar la seguridad de unas parcelas que acogen a casi 30.000 almas durante una semana.

FINALES DE SEPTIEMBRE.
Avenida de la Constitución. Salón de la pecera del Aeroclub, la entidad donde dicen que se elegían los alcaldes de la Sevilla en blanco y negro. Algunos minutos antes de las 14:30. Joaquín Moeckel y el presidente del Consejo, Adolfo Arenas, acceden a las selectas dependencias. Hay una mesa reservada para cuatro comensales. Uno de los camareros advierte a Arenas de la necesidad de lucir corbata. Le exhibe un muestrario y el veterano abogado elige una. A los pocos minutos comparecen Alfonso Rodríguez Gómez de Celis y el gerente de Urbanismo, Miguel Ángel Millán, que presume de su condición de nuevo hermano del Baratillo, cofradía en la que ha ingresado con la firma del propio Moeckel como aval.

COMIENZA LA COMIDA.
Capotes al viento en la charla de inicio antes de que salga el morlaco de la carrera oficial. Los contertulios rompen el hielo abordando el recurrente tema de si los políticos tienen que asumir el cien por cien la posición de sus partidos sobre los temas de actualidad. Arenas se muestra como un hombre viajado, un liberal próximo a los postulados de la democracia cristiana y un buen conocedor de la cultura británica por sus cinco años de residencia en Londres. Por los ventanales opacos de la Avenida entra la luz. Los comensales pueden ver a los viandantes sin ser vistos. He ahí el gran atractivo de la pecera del Aero. Ni son vistos por el público, ni lo son por los propios socios del club. Moeckel escucha atentamente los primeros lances. Difícilmente aceptaría él la disciplina férrea de partido. Celis se revela como un animal político, sacando más información de la que aporta. Y Millán hace de perfecto gerente que cuenta ya con la suficiente confianza tanto con Moeckel como con Arenas. El camarero toma la comanda: gazpacho de primero para todos, con taquitos de jamón y pan frito optativos. De segundo, huevos fritos con patatas y jamón para Celis y Moeckel. Arenas y Millán prefieren tortilla. Rioja Viña Ardanza para regar la comida. Y agua mineral, pero sin gas, que suficientes burbujas pone ya Torrijos…

CELIS ROMPE.
“Esto hay que arreglarlo”. En diciembre se ultima el proceso de renovación de abonos de palcos y asientos y el Ayuntamiento quiere tener ya semejante patata caliente sacada del horno. El delegado de Urbanismo se presenta en todo momento como el miembro del gobierno que tiene encomendada la gestión de un asunto muy feo y del que los socios de IU han hecho bandera política de forma tan legítima como oportunista. Arenas da cuenta de la tortilla mientras deja clara la “barbaridad” que supone aplicar el Reglamento de Policía de Espectáculos Públicos y Actividades de 1982 a la carrera oficial de Semana Santa, la normativa autonómica en la que se basa el informe del secretario municipal. “Entiendo que ese reglamento no nos afecta, Alfonso. Aplicarlo a la carrera oficial es algo que en el Consejo repugna”. Gómez de Celis hace una lectura general, trata de limar las aristas del asunto, reduce la gravedad del tema y explica que si el gobierno municipal fuera cómodo o pusilánime apostaría por posiciones estáticas para evitar polémicas. Exige que el Consejo de Cofradías entregue los planos de la carrera oficial debidamente visados y que se ofrezcan soluciones para cumplir con las directrices de seguridad. Moeckel y Arenas desarrollan la teoría de los cuatro tramos, la que se presume como la solución final al problema. Consiste en no tratar de forma unitaria la carrera oficial (los 1.250 metros que hay entre la Campana y la Plaza de la Virgen de los Reyes) sino dividida en cuatro tramos (Campana, Sierpes, Avenida y Plaza) a afectos de la planificación de la seguridad. La cifra de espectadores cambia así sustancialmente. No es lo mismo abordar la tramitación de una licencia de ocupación de la vía pública para 28.000 espectadores que para 7.000. Los comensales abordan detalles como la necesidad de no romper núcleos familiares en un posible plan de reubicación de abonados. El Consejo no quiere perder ni un asiento. Celis solicita que la teoría de los cuatro tramos se plasme en un informe oficial. Dirige la mirada a Moeckel. Arenas comenta que el catedrático de Derecho Administrativo, Alfonso Pérez Moreno, ya prepara un dictamen al respecto. La normativa aplicable a la carrera oficial sería otra muy distinta por “analogía” con otros acontecimientos públicos. Curiosamente, Pérez Moreno es el maestro de Luis Enrique Flores, el secretario municipal que ha puesto contra las cuerdas el modelo de carrera oficial. Pérez Moreno es también el abogado que ha logrado la victoria judicial de la Macarena frente a la decisión del Gobierno de ZP de retirar la millonaria subvención para las obras de ampliación del museo concedida por el entonces vicepresidente del Gobierno, Javier Arenas. Ninguna de las partes quiere mentar la palabra pleito. A ninguno le interesa. Pero cada parte ha asomado la punta de los cañones.

DE POSTRE, HELADO.
Celis y Millán se relajan. Los comensales ven la luz al final del túnel tras un agosto duro de declaraciones, amenazas y dimes y diretes. Arenas se compromete a que el Consejo de Cofradías visará los planos en el Colegio de Arquitectos. También adjuntará a la petición de licencia de ocupación de la vía pública para 2010 un informe propio sobre la seguridad de la carrera oficial. Se trata de un documento que está elaborando un estudio de ingenieros especializado en riesgos en grandes acontecimientos. El Consejo quiere que las inquietudes de seguridad no se limiten a la carrera oficial, sino también a los alrededores. El presidente recuerda que desde 1874 no se ha producido ningún altercado grave en la carrera oficial, y que lo realmente importante es que los pasillos de evacuación “cumplan su finalidad” y no estén ocupados por carritos, sillas mal colocadas o público de pie. Los comensales quedan en hacer los deberes, una vez que la hoja de ruta ha quedado marcada.

LARGA SOBREMESA.
La reunión se prolonga hasta pasadas las ocho de la tarde con el tañido del tranvía de fondo cada pocos minutos. Millán cuenta que las subvenciones del urbanismo morado se gestionarán a partir de ahora entre la Gerencia de Urbanismo y el Consejo de Cofradías de forma directa y en virtud de un convenio de próxima firma. Las hermandades tendrán que llamar necesariamente a las puertas del Consejo para sacar tajada de las arcas de la Isla de la Cartuja, lo que refuerza la posición del presidente Arenas. Tras cinco horas en el Aero, las partes abandonan el salón de la pecera con la convicción de que la solución a la carrera oficial de 2010 no será drástica. Sobre la mesa queda la jarra de agua y varios vasos. No hubo copas de balón. También queda la sensación de que la mediación de Moeckel, recogiendo el espíritu de Bajo de Guía, ha sido clave. El hombre que fue vetado para delegado de la Madrugada se ha mostrado mucho más decisivo como ministro sin cartera. Y eso que hubo quien lo cuestionó por carecer del perfil necesario. Dios le conserve a alguno, por lo menos, el oído.

DETALLE DE CABALLERO.
Arenas se marcha aliviado y satisfecho. Devuelve la corbata al amable camarero. Cae en la cuenta de lo difícil que es sorprenderle a él un día laborable sin media etiqueta, pero el fuerte calor de San Miguel y la repentina convocatoria
le pillaron con el cuello aliviado. Echa mano del teléfono mientras retorna a su despacho en la Campana e informa de los acuerdos oficiosos a la delegada de Fiestas Mayores, Rosamar Prieto-Castro. Al entrar en su despacho y saludar a la secretaria se topa con una inscripción latina en el muro: Verba volant scriptamanent…

El compadreo emergente

El Fiscal | 7 de octubre de 2009 a las 16:35

Lo peor de dos hermanos mayores que se convierten en amiguetes es cuando se proponen llevar su relación personal al terreno institucional como demostración de poder, forzando las relaciones institucionales entre dos corporaciones que poco tienen que ver. Cuando se empeñan, se ponen erre que erre a organizar cumbres y convivencias y se ponen más pesados que esas mayordomos consortes cuando le riñen al marido por estar haciendo de cobradores cuando los demás andan ya a la caza del canapé. Una demostración del compadreo emergente ocurrió el otro día en el Baratillo con motivo del descubrimiento de una placa conmemorativa del enfoscado de las dependencias que dan a la calle Gracia Fernández Palacios, la de los adoquines junto a la plaza de toros, que para que ustedes me entiendan era el sitio donde se ponía el portal de belén. Por allí desembarcaron de pronto varios oficiales de junta del Gran Poder, ante lo cual un egregio baratillero formuló ante testigos de la escena el siguiente rosario de preguntas y respuestas: “Esto no lo entiendo. ¿Somos de la misma parroquia? No. ¿Somos del mismo día? No. ¿Pasamos en Semana Santa por delante de la puerta de ellos, o ellos por delante de la nuestra? No. ¿Entonces que hacen estos tíos aquí otra vez?”.

El pertiguero

El Fiscal | 7 de octubre de 2009 a las 16:32

Primer golpe. La película sobre los traslados del Gran Poder ha marcado las horas de asueto de muchos cofrades y de otros tantos que no lo son durante el pasado verano: “La cera alzada de los nazarenos por la Plaza del Museo a los sones de Romanza, de Bacarisse, queda como una combinación exquisita”.
Segundo golpe. “Fiscal, muy recomendable el besamanos de la Virgen de Regla en los Panaderos, con la imagen del Señor colocada en un plano superior”.
Tercer golpe. El nombre de Juan Luis Aguado salió en las votaciones para elegir al cartelista de la Semana Santa.
Y ciriales arriba. Un acierto. La junta de gobierno del Baratillo promovió ayer en un céntrico hotel un multitudinario acto de reconocimiento público al capataz Rafael Díaz Palacios, que ha estado más de treinta años al frente de la cuadrilla de la Virgen de la Caridad. Ex hermanos mayores y caras conocidas del Arenal participaron en el homenaje.
Coda
La cigüeña de septiembre ha traído dos nuevos sevillanos al mundo que seguro que vivirán sus primeras Semanas Santas muy intensamente. A Fernando Hidalgo Suárez, sobrino del conocido pintor de la Puerta Real, ya le preparan las solicitudes en San Gonzalo y El Silencio. Se busca traje de paje. Y a María Trujillo Salido, que vio la luz el día de San Miguel Arcángel, ya le tramitan la inscripción en el Dulce Nombre, que para eso su padre tiene antigüedad de último tramo en la cofradía de San Lorenzo.

Baratillo entre áticos

El Fiscal | 30 de julio de 2009 a las 19:49

La muy recomendable recopilación de artículos de Romero Murube que editó su hermandad soleana recoge el que incluye una crítica contundente sobre una casa de hermandad de nueva construcción que irrumpió en su día en los cielos de San Lorenzo. Por aquel entonces no cualquier hermandad tenía inmueble propio. Por no decir que ninguna. Así que concluyan ustedes mismos la cofradía de la que se trataba, pues el autor no aludió a ella.

Hoy no son las casas de hermandad precisamente las que rompen el ‘sky line’ morado. Más bien al contrario. Los áticos que ganamos son los que eclipsan ciertas capillas. A la del Baratillo la están ahogando a base de áticos pretenciosos y remontes espantosos. Y no es culpa de la arboleda de la calle Adriano, que el otoño desnuda cada año para descubrírnosla en el esplendor que la concibió Delgado Roig (don Antonio), cuyo plano original de fachada guardamos celosamente en un cajón como el mejor obsequio que nos hizo el arquitecto, doblado por él mismo con la habilidad y precisión propias de su oficio.

A la capilla la atosiga visualmente y la empuja más que en una bulla esa dichosa especulación que levanta nuevas plantas sobre los pilares apócrifos de los hechos consumados, que ya vendrá Urbanismo parando las obras y ya le haremos esperar con un buen recurso contencioso administrativo. ¿Usted sabe cuánto tardan esos recursos en resolverse? Más que ver pasar de dos en dos los nazarenos del Gran Poder. Mientras, el tío del ático dispone de 60, 80 ó 90 metros cuadrados de balde en pleno casco antiguo, que por mucho que no se puedan escriturar, ahí están, con su climatización y sus vistas a la Sevilla Eterna.

Y, mientras también, uno queda de dulce dejándole la llave a sus amistades para ver tanto la salida del Baratillo como esos interminables saluditos de las cofradías delante de la capilla con serruchos incluidos. Por cierto, aquí mucho apuntarnos a los colectivos de la ciudad abierta, pero al personal de todo pelaje le encanta luego ver una cofradía desde una atalaya tan privilegiada como de muy discutible legalidad, copa de balón en mano con catetería de catering incluida, valga la cacofonía.

¿Dónde ha quedado la defensa del denominado entorno inmediato de un edificio altamente catalogado? ¿Dónde la contaminación paisajística? En la calle Adriano se levantan los áticos como el prioste Traverso alzaba en tiempos los palios en los besamanos de la Caridad. ¡Venga para arriba ese palio! Que no se vea dónde se sostiene, que parezca que vuela, que ahí está el misterio. Vengan para arriba esos áticos, pero retranquee usted una mijita la fachada, que nos quede una buena terraza para las amistades en Semana Santa, para oler ese aroma azul que asciende por la cúpula. Ya tiene Paco Lola tema para escribirle otra vez al Baratillo: Entre áticos por Adriano. Seguro que hay un soltador que la paga. Uno que yo me sé…

“Te cuelgo que estoy llevando la cruz de guía”

El Fiscal | 7 de junio de 2009 a las 13:31

Lo del traslado a la Catedral de la Esperanza de Triana fue antológico. Con el sol en lo alto desde el viernes invitando a la evasión playera, con la aldea del Rocío de bote en bote y con el Real Betis jugándose el futuro, todo estaba razonablemente planteado para dudar de una presencia masiva de público en las calles. Recuérdese, sin ir más lejos, que la ida matinal a Santa Rosalía del Gran Poder dejó preocupantes claros de público en muchos tramos del recorrido, lo que por fortuna no se produjo en el regreso nocturno. La Esperanza pudo con todo, atrayendo público por Adriano y Arfe desde dos horas antes de su llegada.

La Policía cifró en casi 8.000 las personas congregadas en el Puente para despedirla. Todo un éxito de convocatoria del que se pueden sacar muchas conclusiones positivas. El paso avanzó como pudo en muchos momentos, se recreó en el Baratillo con el exceso esperado y llegó a la Catedral a las 23.35 horas. Tan glorioso traslado dejó estampas también para el comentario jocoso, como la del portador de la cruz de guía atendiendo una llamada de su telefóno móvil en plena procesión. Podría haber usado un auricular bluetooth. Como Marichalar.