El Fiscal | 21 de mayo de 2012 a las 18:21
Triana es azul, que lo dice el cartel de la pintora. Es un paño de pureza del que nace a su vez la pureza de una mano y un pañuelo. Y es un puente añil en dos interpretaciones. Hay que tenerlo muy claro para pintar al Cachorro sobre azules, como aquel que pintó a la Buena Muerte sobre fondo amarillo, o el que pintó Sevilla en el ojo de la Virgen de la Esperanza. Triana es un azulejo en la suprema regla por la que menos es más. No es el minimalismo de moda, es cuestión de criterio. Y un azulejo es un cartel. Y todo cabe en ese azulejo, símbolo del arrabal. ¿Acaso no podría ser un cartel de la Semana Santa la vitrina de estampas que las donaciones de cofrades han ido haciendo al Rinconcillo? Y hablando de tabernas, qué buen cartel para una promoción de la hostelería sevillana sería una fotografía del inolvidable Fernando Salas con la tiza en la oreja, instantánea perfecta del noble oficio de servir, una imagen que resumiría una serie de valores que están en el imaginario colectivo. Pues Triana bien se resume en el tono añil y en la composición en azulejos. Las fechas, los lugares, los momentos, los ritos, todo tiene un color como todo tiene un olor o como todo tiene unos rostros. El caso es elegirlos e interpretarlos. El Rinconcillo es la tiza de Fernando como el verano son las velas en las calles, el Corpus tiene la música de los vencejos, el final de Semana Santa el ruido del cierre de las sillas de Quidiello o las pisadas como tañidos de luto de la compañía militar de honores tras la Urna. Lo difícil es llevar al lienzo esa semiótica particular o general. Yasumir el riesgo de hacerlo con valentía. Triana es un azulejo, un Cachorro sobre fondo azul que parece nacer de la mar del Guadalquivir, los ojos del que está viendo ya otro mundo y un puente que lleva al cielo. La tiza es la mejor taberna. La vida es la mejor semana. La infancia es la patria del hombre. El vencejo es el muñidor de Jesús Sacramentado. Y Triana es un azulejo, que lo dice el cartel de la pintora.
El Fiscal | 7 de junio de 2009 a las 13:29
Monseñor Asenjo ha debutado por fin en el atrio macareno guiado por su amigo José María Gil Tamayo, director del Secretariado de la Comisión Episcopal de Medios de Comunicación Social quien predicó este año la función de la coronación. El domingo por la noche, con la Esperanza de Triana en la calle, se improvisó la primera visita privada del coadjutor a la basílica. Pocos días antes, precisamente, de que le predicara a la Esperanza de Triana en la Catedral, cuya capilla en obras también visitó recientemente.
Tras el polémico relato pregoneril de la estampita rechazada, monseñor Asenjo despejó con su presencia cualquier suspicacia en la Macarena. El coadjutor sigue en su proceso paulatino de integración en la ciudad. Ha prometido que irá más rápido cuando quede liberado de sus obligaciones pastorales en Córdoba. El hermano mayor, Juan Ruiz, ya le ha invitado a asistir a la bajada de la Virgen el próximo diciembre.
El Fiscal | 7 de junio de 2009 a las 13:26
“Fiscal, con lo que has contado de las medallas me has hecho recordar lo mal que se gestionó aquel asunto en mi hermandad del Gran Poder. La fuerte contestación interna a sacar al Señor provocó que el entonces hermano mayor viera en aquellas cuatro gotas matinales su tabla de salvación. Para colmo, muchos hermanos nos quedamos sin contemplar la ceremonia interna en la basílica, cuando veíamos entrar a ciertos famosetes que ni siquiera eran hermanos. Mejor que no siga porque me pongo malo…”