El Fiscal | 26 de junio de 2012 a las 20:45
Retablo donde se recogen las oraciones a deshoras, resiste los humos y asiste en silencio a los horrores que desde hace poco le acompañan. Esta Buena Muerte de la Encarnación es el último recuerdo de aquellas Semanas Santas de nazarenos de ruán en sepia por la calle Laraña. Los buenos hermanos del Valle tuvieron el otro día el detalle de colocarle flores con ocasión de la fiesta de exaltación de la cruz. Claveles rojos de mayo para el Señor de los lirios de cuaresma, para ese Cristo que un día presidió la Anunciación, el mismo que se fue cuando de allí se marchó la Universidad, porque siempre debe ir donde ella vaya. Y se quedó el retablo al que muchos hermanos de Los Estudiantes han rezado mientras esperaban el autobús, ante el que aún se persignan los viandantes y que es el mejor trozo de una plaza que ha cambiado tanto que poco queda ella, salvo la fuente y este viejo retablo, de su antigua estética. Un político de hoy diría que la devoción a la Buena Muerte es transversal, pues es profesada por cofrades de otras hermandades que se apuntaron a la hermandad en su paso por las aulas. De aquellos años estas flores para el Cristo de los Estudiantes.
El Fiscal | 11 de noviembre de 2010 a las 17:50

Un día contemplarás la fotografía decolorida en la que tu abuelo te presentó ante el mejor cahíz de tierra del Tardón, acariciarás la manigueta trasera derecha del paso de palio que él lleva con orgullo, recordarás tus juegos infantiles con el sol bañando los adoquines en San Jacinto la tarde de Lunes Santo, esa calle que parece tan larga como Castelar pero al trianero modo, y te darás cuenta de la inmensa fortuna de haber sido legatario del amor a un barrio, de unas raíces a las que agarrarte en tiempos de pesadumbre y de una forma de entender la más auténtica fiesta de la ciudad. Si la Semana Santa se compendia a la perfección en el regreso de la Amargura por Cuna, se huele toda ella la noche del Lunes Santo en las últimas calles del Tardón, naranjos florecidos como premio a quienes saben que ese día acaba con las primeras claras del Martes. Tienes nombre de rey santo, como tu padre, que te forja la debida cuota de devoción que has de reservar al Señor que es Dios de tus abuelos y de los abuelos de tus abuelos. Tal vez nada de esto te importe el día de mañana. O tan sólo te quede el recuerdo de esta foto con tu abuelo, de esta carta periodística en un papel viejo y arrugado o de la faz amorosa de la Buena Muerte que tu tío clava con sublime perfección en los óleos. Pero, al menos, tendrás claro dónde y cuándo tienes cada Lunes Santo una cita con un trozo de tu memoria. Y eso ya es un privilegio. Pero ahora esto no importa. Sigue jugando con los adoquines, nieto del Tardón, que el Dios de San Lorenzo de tu padre te habrá de vestir de ruán andando las chicotás del tiempo.
El Fiscal | 13 de agosto de 2009 a las 20:44
La calle tiene nombre de ripio de pregón trasnochado. Abogados de Sevilla. La barrera y los tricornios restringen el tráfico inexistente de agosto. La música la pone el tantantán de la campanita del tranvía. Treinta y cuatro grados en el caballo, que no es de Santa Catalina. Un detenido pasa de una acera a otra escoltado y con los brazos amarrados por detrás, cautivo en su particular Tiro de Línea. El estanquillo de la esquina está empotrado en el mismo edificio. La dependienta se afana en explicar las otras demandas de los letrados. “No tengo puros, pero si usted va a venir por aquí más a menudo se los traigo. Es que los abogados lo único que quieren es rubio o negro”. La máquina de entrada silba cuando alguien entra con cadencia de nazareno del Silencio. A cada pitido le sigue la exhibición de llaves, monederos, teléfonos móviles… Hay ventanas abiertas y montañitas de papeles, expedientes tal vez de causas perdidas. Hay caras de agosto renegado, ambiente de oficina en horas bajas, sudores de trabajadera por carencia de refrigeración. Hay gitanas en la puerta. Sus caras angustiadas a la espera de noticias son las que a cierto magistrado le evocaban el rostro de su Virgen de las Aguas. Las gitanas lloran, los gitanos discuten. Así matan la espera. Todo tiene el aspecto de una gaseosa disipada, ambiente de velocidad baja, de pulso aliviao. Todo, absolutamente todo, menos su figura que se alza entre la monotonía, que desafía las calores que aplatanan y que se convierte en la primera esperanza de los desgraciados que cruzan la puerta: Juzgado de Guardia. Se le ve entre los barrotes de la ventana, que hacen las veces de verja del Rectorado. Está entre los ordenadores, como el Dios de los pucheros. La cabeza caída, tronchada como una rosa del verso de Pemán. El perfil de Dios de agosto humanizado, esperando quizás que los pinceles de Ricardo Suárez le renueven la divinidad de Martes Santo. Y los lirios, ay, los lirios, siempre alfombrando su muerte. Dios está de guardia entre el aire quieto del verano, como está en San Onofre perpetuamente para el que quiera oírlo en silencio y hablarle a deshoras. Está de guardia sin monaguillos, sin guiones, sin cruces, sin la Lonja, sin el Postigo, sin incienso y sin la muralla del Alcázar. Tan sólo con sus lirios para consuelo de los cautivos de agosto.
El Fiscal | 22 de julio de 2009 a las 12:36
La cofradía de Los Estudiantes no ha querido que José Mazuelos llegara a su nuevo destino en Jerez sin un recuerdo especial de su etapa sevillana. El obispo tenía ilusión hace tiempo por tener un cuadro del Cristo de la Buena Muerte de Ricardo Suárez, autor de los marfiles del manto de la Virgen de la Angustia. Antonio Piñero se lo encargó al pintorde la Puerta Real como obsequio oficial de la corporación para quien ha sido su director espiritual. Mazuelos ha prometido colocarlo en su nuevo despacho. Estamos seguros de que así no echará tanto de menos sus años sevillanos. Otra cosa serán los cigarritos en la Lonja entre misa y misa…