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Al humo de las candelerías

El Fiscal | 16 de abril de 2012 a las 12:50

Con la perspectiva de una semana, al humo de los candeleros y codales; con la nostalgia ya encauzada, el trompeterío callado y los resúmenes de televisión digeridos. Ahora que está cerrado el portón de las vivencias y abierto el del almacén. Ahora que la túnica vuelve al altillo…

¿Perdón en la Catedral?

Fíjense si tenemos interiorizada la Campana y muy orillada la Catedral que un capataz elige el palquillo para pedir perdón por una bronca que le pegó a la cuadrilla a la salida con alguna frase desafortunada (“¡Que no somos el Polígono!”) de las que se dicen habitualmente en las tertulias privadas y no pasa nada. El debate, por lo visto, ha derivado en si hizo bien o no en hacerlo en la Campana, aprovechando por supuesto las alcachofas de las emisoras de radio. Ytambién se ha deliberado sesudamente sobre la conveniencia incluso de haberlo hecho, pues la riña a sus hombres se produjo sin eco mediático. Pero nadie, absolutamente nadie, ha planteado por qué no pidió disculpas en la Catedral o el templo tras la recogida de la cofradía. ¿Qué mejor sitio que una iglesia, no? Está claro que la Campana la seguimos llevando muy dentro, un signo más de la decadencia.

La burbuja morada

El frikismo está también muy dentro de la hermandades. Dicen que son los taurinos los que están acabando con la fiesta nacional, que le hacen más daño que los ecologistas. Pues algo por el estilo puede ocurrir y ocurre con la Semana Santa. Los frikis cogen ya las varas doradas con sus correspondientes consecuencias. Los frikis están consentidos y promovidos en algunos casos por la autoridad eclesiástica. Y los frikis encuentran voceros a su medida que les otorgan tanta notoriedad como legitimidad a sus frikadas. Hay frikis que hasta aparecen con un halo de misticismo muy peligroso. Pero estar, están muy dentro. El día que estalle la burbuja morada, nos acordaremos todos de cuando estalló la inmobiliaria.

¿Y quién toma las riendas?

El Consejo ha perdido fuerza. Queda relegado a la administración del negocio redondo de la carrera oficial (100% de los ingresos asegurados ocurra lo que ocurra) y a la designación del pregonero. Un diez en lo primero, donde se ha mejorado incuestionablemente en los últimos tiempos, y un cero patatero en lo segundo, donde no levantamos cabeza salvo algunas excepciones. Pero este organismo se muestra incapaz de acabar con el espectáculo de prórrogas y aplazamientos de las salidas. ¿O acaso le gustan? El Consejo traga con lo que le digan las hermandades por teléfono como un padre incapaz de meter en vereda al hijo. Los horarios firmados por el vicario y el concejal de Fiestas Mayores son papel mojado. Y el cabildo de toma horas, un teatro. Lo de las cofradías con el Consejo se parece cada día más a la España de las autonomías. Cada cual va a lo suyo. Baste un ejemplo: en la Anunciación no se recibió ni una sola llamada para comunicar que la Redención iba hacia el templo buscando refugio. Entre las dos hermandades se entendieron sin necesidad de mediadores.

Estampas dañinas

¿Y dónde está la autoridad eclesiástica para, por ejemplo, impedir el espectáculo de la Hiniesta? Una cofradía que sale a la calle bajo la lluvia en una interpretación sanjulianera del Singin in the rain. Hay que tener más respeto por el cuerpo de nazarenos y por la trayectoria e historia de una grandísima cofradía. Y, al menos, un hermano mayor no puede estar hablando por la radio –bien pertrechado bajo el techo de la iglesia– mientras ha enviado a la lluvia a buena parte de sus hermanos. ¿Y qué decimos de la madrugona de los Panaderos? Con un palio en la calle a la hora de los gallos, entre botellas, vómitos, desperdicios; con la Policía Nacional practicando detenciones y decomisando cuchillos en José Gestoso; con un hermano mayor que se quita la túnica antes de tiempo, que se viste de paisano y comienza un repertorio de discursos y abrazos. Por cierto, ¿a quiénes hemos encumbrado y con qué consecuencias? No es creíble en ningún caso que los pasos no pueden andar por la bulla. El cofrade tiende a magnificar y a creer que los agentes de seguridad están a su servicio porque la ciudad es suya. Y, casualidades de la vida, el arzobispo juró por la mañana como hermano de la cofradía en agradecimiento a los servicios prestados en la Jornada Mundial de la Juventud, donde la hermandad vivió su particular Bienvenido Mr. Marshall cuando el Papa pasó de largo sin ni siquiera dirigir la mirada al paso. ¿A quién pretendemos engañar? A quien se deje. Ni una cofradía se puede exponer a los riesgos de estar en la calle a deshoras, ni un arzobispo comprometerse en cierto grado porque después ocurre lo que ocurre. Y se nos ve la mitra… En cuestión de cofradías, Excelencia, conviene hacer como al volante: cierta distancia aporta seguridad. Estamos seguros de que monseñor Asenjo está entrando en la ciudad. Y en sus cofradías. Sólo es cuestión de tiempo. Por el momento, el prelado ha acertado en cortar el rosario de procesiones extraordinarias y las coronaciones de saldo. No es poco.

Velocidad a la carta

Los aplazamientos horarios y las amenazas de lluvia han demostrado que las cofradías pueden ir más veloces. Es cuestión de querer. Y también se puede y se deben hacer recorridos más cortos. Seguro que los nazarenos de la Esperanza de Triana han agradecido tirar directamente hacia la calle Pureza tras recorrer el puente. Seguro que a los nazarenos del misterio de la Sentencia les ha encantado entrar algunas horas antes en la basílica. Segurísimo. Hay casos en que la lluvia es una bendición. Lo decía Juan Pablo II. (“Fiscal, que pareces un pregonero encíclico, cuidado…”)

Realidad ignorada

La Madrugada sigue perdiendo público. El frío, la amenaza de lluvia, la televisión y la noche porque es noche, son factores que confluyen para que las calles se despueblen. No hay peor ciego que el que no quiere ver. La bulla sólo se encuentra en lugares muy localizados. Pero no confundamos una bulla específica con calles cargadas de gentío como en los años ochenta y noventa. En cambio, las setas de la Encarnación se están convirtiendo en el lugar idóneo para ese público estático que consume cofradías y que jamás sale a patearse las calles ni a emprender la hermosa búsqueda de las cofradías.

El ojo que todo lo ve

Como ahora vemos lo que nunca veíamos y también aquello que sólo estábamos acostumbrados a oír en Canal Sur Radio, tenemos acceso a los discursitos de los hermanos mayores previos a la salida o a la suspensión de la estación. Algunos revelan un ego desmesurado cuando aprovechan el momento para despedirse del cargo, circunstancia que interesa muy poco a la legión de dignísimos capiroteros que componen los cortejos. Parecen entonar el último discurso a la nación. ¡Qué barbaridad! Y otros cultivan el género de la tragedia para comunicar que no pondrán la cruz en la calle. La ilusión quebrada merece todo el respeto, pero con la que está cayendo en el mundo, no se debe confundir un contratiempo con una desgracia. Las tragedias son otras, como bien ha explicado Enrique Esquivias en una entrevista periodística.

Aquellos tonos pastel

¿Recuerdan cuando ellas vestían tonos pasteles el Domingo de Ramos? Hubo un tiempo en que la primavera se asomaba en febrero en los escaparates de los grandes almacenes y las pequeñas tiendas. Los rosas, los azules, los cremas… Pero, ¿qué fue de la primavera en los atuendos? Hay hábitos que han quedado cercenados poco a poco. Podrá ser una observación frívola, pero no se olvide que la estética es uno de los pilares de la fiesta. Yla ciudad, y con ella sus ciudadanos, han contribuido a ella. Baste ver también las colgaduras y palmas en las casas particulares.

Y esto se acaba

“Fiscal, ¿pero te ha gustado algo de la Semana Santa? Te veo avinagrado. Tanto ruán y tanta lluvia te confunden”. En pocos días hemos vuelto a la realidad de los estatutos y las elecciones. Pero hemos puesto, sí, un ladrillo más en la arquitectura de esa Semana Santa interior que va creciendo con los años. El encanto de la Borriquita a deshoras, la Amargura por Cuna y Alcázares, la Virgen de las Aguas en su capilla (oración por Ramón Pérez de los Santos), los monaguillos de Los Estudiantes, San Bernardo serpenteando por el puente y Santa María la Blanca hasta la Alfalfa; la Piedad del Baratillo en cualquier sitio, Pasión en la grandeza del Salvador, Montserrat por Zaragoza o San Isidoro donde sea como la cofradía que cierra el negro ruán de la Semana Santa. El vinagre, para las ensaladas. Y a mí, déjenme con lo mío.

El pertiguero

El Fiscal | 17 de enero de 2011 a las 21:33

Primer golpe. ¿Qué fue de aquel empresario? Pagó el bordado de un manto, salió de rey mago, hizo una carrera vertiginosa de notoriedad local. Pues sigue tan enjuto. Se le vio camuflado por las calles del centro esta semana.
Segundo golpe. La delegada del Gobierno de la Junta en Sevilla, Carmen Tovar, irá a la recepción del pregonero a las autoridades. Tiene amistad con Fernando Cano.
Tercer golpe. Al hilo. “¿Pero llevará el traje rosa chicle como en aquella procesión de la Virgen de los Reyes?”
Y ciriales arriba. Juan Luis Álvarez Madroñal vuelve a tocar el martillo. Será en Castilleja de la Cuesta. Al loro.

De un capataz

El Fiscal | 6 de enero de 2011 a las 17:54

La destitución de un histórico del martillo al frente del palio de Guadalupe ha provocado heridas en quienes bien quieren a Salvador Perales. Consideran que una llamada fría no puede acabar con un estilo y una forma de entender el oficio. Algún día habrá que contar la labor impagable de este capataz con los llamados profesionales.