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La emoción recuperada

El Fiscal | 15 de octubre de 2017 a las 5:00

Entrevista con Joaquín Sainz de la Maza, nuevo presidente del Consejo de Cofradías

DESDE hace ya bastante años sabemos de antemano quién será el pregonero de la Semana Santa con un elevado porcentaje de acierto. La clave de la última década ha sido saber quién ha quedado segundo en las votaciones, quién ha dicho que no al ofrecimiento, quién ha sido el cajonazo o incluso a qué señor muerto ha votado un consejero, que ocurrir ha ocurrido. Este año, por ejemplo, se han enterado algunos de que Charo Padilla dijo no al pregón. Bienaventurados sean. Con el vía crucis de las cofradías ha ocurrido más o menos lo mismo. Se sabía que tocaba una del Domingo de Ramos porque hacía cuatro o cinco años que no elegían a ninguna de esta jornada, como se sabe que los Juegos Olímpicos no pueden ser en el mismo continente en dos ediciones seguidas.

El otro día se eligió a la imagen que presidirá el acto piadoso del primer Lunes de Cuaresma de 2018. Y por la mañana nos decían que serían agraciadas la Sed o las Siete Palabras. Una del Miércoles Santo “con toda seguridad”.

Estábamos en Huelva esa noche, departiendo de cofradías con José Luis García Palacios, Joaquín Moeckel y Pepe Miralles, cuando llegó la noticia –¡menuda noticia!– de la designación del Cautivo de Torreblanca para el vía crucis general. Acto seguido, sonó un mensaje en el teléfono móvil: “A este Consejo hay que aplicarle el 155 urgentemente”. Pues yo creo que no, nada del 155 ni de otras medidas. Este presidente se merece una ovación por habernos devuelto la emoción. Lo de Torreblanca ha sido una buena nueva, una sorpresa, una elección inesperada. Y eso se agradece. Además es una apuesta valiente, novedosa y con su cuarto y mitad de riesgo por la especial logística que requiere y los recelos que despierta en algunos sectores poco dados a barrios tan alejados de la calle Mateos Gago (llena de veladores).

Fue oír la designación de Torreblanca y recordar a Moeckel y al tinerfeño Luis Miranda yendo en moto a la parroquia de San Antonio de Padua para asumir el coste del romano del paso de misterio. Fue oír Torreblanca y recordar al cardenal Amigo impulsando la cofradía, destacando que era una de las que más contribuía al sostenimiento de la Iglesia y que jamás presionaba para ir al centro en Semana Santa. Fue oír Torreblanca y recordar el semblante feliz de Manolo Santizo, que cada Domingo de Ramos por la mañana, con la cara fatigada, se acerca en la procesión de palmas y nos dice la hora precisa de recogida de su cofradía con la coletilla de su escaso tiempo de sueño: “…y he dormido dos horas. Estoy destrozao, pero feliz, muy feliz”. Fue oír Torreblanca y recordar aquel Sábado de Pasión de 1999, cuando Manolo García –hoy hermano mayor de la Macarena– era el concejal que aguantaba hasta que la cofradía llegaba a la Plaza del Platanero cuando el resto de la comitiva municipal ya se había ido tras hacerse la foto en la salida: “Quédate hasta el Platanero y podrás decir de verdad que has visto esta cofradía”.

Querido presidente, nadie esperaba esa designación. Nadie. Ha sido una sorpresa como las de los años ochenta y noventa. Y, además, es una apuesta valiente. Tanto hablar de los dineros, de los recorridos al revés, de la poesía o la prosa, del Cecop, de las avalanchas y del pollo a la carloteña y, por fin, hemos recuperado esa emoción por esas cosas pequeñas que, sumadas y a la hora de la verdad, constituyen el fundamento de la ilusión. Ahora que vengan los señores de la logística a organizar el vía crucis desde un templo u otro, que sigan las bromas sobre si el cortejo viene en un Tussam y otras gaitas sobre si lo acompañarán jóvenes del barrio en moto. Que vengan con su estilo, no queremos sellos impostados como no deseamos el toreo a contraestilo. Para ver Torreblanca hay que llegar a la Plaza del Platanero, cuando el cielo del Sábado de Pasión se va tornando en noche gozosa de vísperas. Los que lo hemos vivido lo sabemos, ¿verdad don Manuel? La emoción se ha recuperado, presidente. Muchas gracias.

Cruz de Guía
Mañana regresa a las ondas todo un clásico: el programa de cofradías de Radio Sevilla (Cadena SER), que alcanza su temporada número 61. La cita es todos los lunes de 21:00 a 22:00. Podrán disfrutar del trabajo del incombustible Paco García y de todo su equipo de colaboradores. Ya se oye Virgen de las Aguas

¿Será verdad?
Dicen que se presentó el manto de camarín que le han regalado los costaleros para celebrar el acontecimiento. El ex mandatario de la corporación lo pisó y alguien le llamó la atención. Cuentan que la respuesta que se oyó llevaba algunos cristales en el vientre: “Que lo limpie el prioste que para eso está”.

Frialdad
La que hay entre un cargo general del Consejo que entiende mucho de hojas de excel y un delegado de penitencia que ha estado muy en liza estos días. Y lo que le queda… Las relaciones no son buenas. Y eso se nota en la vida cotidiana.
Andrés Martín

El ex turbo consejero de Gloria se ha hecho una fotografía donde proclama su apoyo a la candidatura de Santiago Álvarez. Martín, como de costumbre, va a tumba abierta. Es su estilo.

Efeméride
Don Juan José lo tiene claro. La Iglesia de Sevilla debe celebrar de forma adecuada los 25 años de la segunda visita de Juan Pablo II a Sevilla. Será en 2019. El Santo Padre acudió con ocasión de la clausura del Congreso Eucarístico Internacional. ¿Recuerdan el rezo del Ángelus en el primer balcón de la Giralda? ¿Y la salida sin música de la Virgen de los Reyes el mismo día de la llegada del Papa?Parece que los actos del próximo año se van a ceñir a la parroquia que lleva el nombre del pontífice polaco.

Procesiones muy largas
La ida de la Virgen de la Salud a la Catedral, que concluyó con dos horas de retraso respecto al horario previsto, reabrió esta semana el debate sobre lo larguísimas que resultan las procesiones extraordinarias. No están los tiempos para encerrarse en las sacristías, en eso estamos de acuerdo casi todos, pero tampoco para ciertas desmesuras que llevamos observando ya muchos años. Ha hecho bien don Marcelino Manzano en llamar a la moderación. Y el padre Marcelino de cofradías sabe. Ylatín, también.

El caso de Huelva
Tremendo lo de la capital hermana. Un día anuncia el Consejo una procesión magna y al siguiente tumba la propuesta el prelado. Cuando las barbas del vecino…

El lagarto de la Catedral

“Querido Fiscal, hay que reconocer que el párroco de la Magdalena, Francisco Román, se preocupa por darle al templo el nivel que se merece. No sólo me refiero a las últimas restauraciones. Ahora ha editado una guía de bolsillo con todos los detalles de esta joya arquitectónica. Y lo ha hecho con el patrocinio de la Fundación Avenzoar”

En defensa de un estilo

El Fiscal | 5 de marzo de 2017 a las 5:00

1979

Ya no hay ordenanzas de librea con guantes blancos en el escenario del Pregón. Ni casi se ven esas pobladas barbas. Ya no hay esa batería de micrófonos. Ni el Pregón es en el Lope de Vega. Siguen estando los chaqués, la policía local de gala, los tapices, las autoridades y, por supuesto, el querido Martín Cartaya. Con el fallecimiento de Manuel Toro se ha pasado página a una época, un estilo, unas formas y una concepción de las cofradías que comenzó a decir adiós con el repentino fallecimiento de Luis Rodríguez-Caso. Se ha ido en poco más de una década un repertorio de cofrades de primera fila como José Sánchez Dubé, Juan Fernández Rodríguez García del Busto, Juan Foronda, Juan Castro, Rafael Duque del Castillo, José María O´Kean, Adolfo Cuéllar, Diego Lencina, Francisco Yoldi Delgado, Ramón Ybarra, Ramón Pineda, Eduardo Ybarra, etcétera. Incluso hay que citar sacerdotes muy, pero que muy cofrades, como don Eugenio Hernández Bastos, en la Redención; don Antonio González Abato, en el Tiro de Línea, o don Manuel del Trigo, el cura del Salvador. Con sus matices, distintos en algunos aspectos, ¡cómo no!, pero unidos por el compromiso con las hermandades, por considerar las cofradías idóneas para vivir la fe cristiana. Clásicos, serios en el mejor sentido, comprometidos. Toro era el Museo. Era verlo con su traje impecable, pico de pañuelo blanco asomando por el bolsillo superior de la chaqueta, y pensar de inmediato en su cofradía. Esa identificación plena de la persona con una hermandad se logra en pocas ocasiones. ¿Cuánta gente no da por hecho que Toro fue hermano mayor del Museo? En realidad nunca lo fue. ¿Cuántos no siguen creyendo que don Juan Moya García o don José Sánchez Dubé lo fueron de Los Estudiantes y La Estrella, respectivamente? Pues nunca lo fueron. Ni falta que les hizo a ninguno. Con tal intensidad se dedicaron a sus hermandades, imprimieron tal pasión, que lograron sin pretenderlo ser plenamente asociados con ellas. El imaginario colectivo los recuerda con la vara dorada. Aprovechen las nuevas generaciones interesadas en las cofradías para conocer los testimonios de los cofrades mayores que hoy, por fortuna, siguen entre nosotros. Oigan el relato de los recuerdos impagables de las familias (algunas tan injustamente denostadas hoy) que fueron fundamentales para mantener viva la llama de muchas hermandades en los peores años. Atiendan a la descripción de una Semana Santa probablemente más pobre, pero quizás más auténtica por menos sofisticada y, por lo tanto, con más emoción interior y menos afición impostada. Una Semana Santa que generó amor puro en quienes vinieron de fuera a conocerla y en ella se integraron, o la valoraron mejor que muchos sevillanos, como el salmantino Alfredo Flores, el peruano Jorge Bernales o el canario Francisco Morales Padrón. Con la muerte de Manuel Toro se pierde un estilo. “Que se me quiera y sepa oír”, tituló la primera parte de su pregón de 1979. Hoy recuerdo la grabación del glorioso arranque dedicado a la Virgen de la Esperanza, cuando recreó cómo la lluvia truncó los planes de la coronación de 1964 y unos versos escritos en la pared osaron reñir a la Macarena a su regreso por la calle Parras: “Te fuiste por cuatro días/ y tardas siete en volver/Madre mía Macarena/¡no nos lo vuelvas a hacer!”. Ahí tuvo que aplaudir hasta el ordenanza de librea después de tirar los guantes. Claro que se le supo oír. Claro que se le quiso oír.

50 años de fidelidad baratillera

Moeckel

Qué lejos queda aquel recuerdo que a modo de fogonazo deslumbra la memoria. Aquel Miércoles Santo de 1971, con sólo cinco añitos. Era un nazarenito, hijo de un hermano mayor de los que mandaba. Mandaba tela. Aquel niño era estudiante del Colegio San Isidoro, tardes de juegos en los derribos del barrio de Santa Cruz. Un niño tan listo y espabilado como algo enclenque. Años de huchas amarillas con  tapas verdes que así eran las huchas del Domund. Años de limpiar plata en silencio y aprender de las tertulias de los mayores. “Hoy hay junta de gobierno”, se oía. Yera una suerte de Extra omnes  vaticano. Todos los jóvenes debían abandonar las dependencias. Años de trabajar en la hermandad hasta los domingos por la tarde si la autoridad paterna lo dictaba. Todos entregados a una causa llamada Baratillo. Después vendrían los oropeles del cargo de hermano mayor, el reconocimiento del Papa Benedicto y otros pleitos y alegrías. Pero hoy es día para rendir tributo a la memoria junto a amigos como Ángel Gallardo. Hoy es día de reabrir el antiguo Bar Atillo, recordar el concepto familiar de hermandad, aquellos primeros callejeos de Semana Santa con Jesús Eguino y las noches de Lunes Santo ordenando los cirios por números, marcando con cinta aislante los de los últimos tramos: azul para los blancos y roja para los azules. Joaquín Moeckel celebra hoy sus 50 años de hermano del Baratillo. En la capilla de la Piedad aprendió a ayudar a misa. En ella se hizo persona. 50 años de fidelidad. Y orgullo.

Oído en una tertulia
“¿Tú sabes qué consejero de la anterior junta superior fue sorprendido revendiendo unas sillas y sacando una generosa plusvalía de la operación? Al comprador se le ofreció la posibilidad de denunciar el caso formalmente, por lo que al consejero se le habrían quitado sus derechos como titular, pero la cosa no fue a mayores porque se prefirió una solución sin traumas… ¡Ahora nos hemos enterado de aquel bacalao!”.
Macareno en Madrid
Carlos López Bravo, el activísimo secretario del Consejo de Cofradías, pronuncia hoy el pregón de la Hermandad del Gran Poder y la Macarena de Madrid. ¿Estará allí Santiago Álvarez, favorito de López Bravo como futuro hermano mayor de la Macarena?
El ejemplo del Kichi
¿Han visto durante el concurso de agrupaciones en el Falla los anuncios del Ayuntamiento de Cádiz proclamando que “el carnaval no es el botellón”? Hay quien dice que Juan Espadas podría encargar para Sevilla unos anuncios similares. “La Semana Santa no es permanecer en una sillita de chino comiendo pipas”. Ya se sabe. La defensa de lo obvio conduce a la frustración.
El pertiguero
Primer golpe. Vayamos a lo sustancial. ¿Tendremos o no tendremos a la Virgen del Dulce Nombre con la saya rosa el próximo Martes Santo? Segundo golpe. ¿Qué alto cargo del Consejo y qué conocido político han logrado su particular pellizco del número de la lotería premiado en la Hermandad de Montserrat? Tercer golpe. Una cuidada edición. Precioso el especial sobre el Señor de la Oración en el Huerto que ha editado Páginas del Sur bajo la coordinación del experto José Fernando Gabardón de la Banda. Y ciriales arriba. Oído en otra tertulia:“¿Qué dices que se está preparando por los cuatrocientos años de ambas imágenes? Anda, anda. Eso está todavía muy verde. Sí, si eso fuera así, hay que empezar ya. Pero aún tiene que llover mucho”.

El Lagarto de la Catedral:  “Don Carlos sigue incombustible, querido y siempre inquieto Fiscal. El viernes estuvo en el Gran Poder, donde presidió el culto a la Virgen, y hoy está en Torreblanca, el barrio donde tanto se le quiere. Siempre pone a la hermandad de Torreblanca como ejemplo en todos los sentidos”

Tiempo de afectos

El Fiscal | 11 de diciembre de 2016 a las 5:00

Foto FISCAL
arte sacro
cardenal trifón
Estaba Rogelio Gómez Trifón en el Aula Pablo VI del Vaticano, ese colosal espacio cuyo graderío sin guardias suizos parece el de una cancha de squash más que el de un auditorio al que el Papa se dirige los miércoles. Estaba allí el ilustre tabernero la tarde en que los nuevos cardenales recibían esas muestras de felicitación y cariño tras su nombramiento, un rito conocido como el ad calorem. El baratillero, mitad cántabro, mitad sevillano, quiso acompañar en un día tan especial a Carlos Osoro, arzobispo de Madrid y nuevo príncipe de la Iglesia como todo el mundo sabe. Estaba allí Rogelio arropando al cántabro Osoro cuando oyó:“¡Rogelio, Rogelio! ¿Qué haces en Roma? Ah, claro, has venido por Osoro. ¡Cómo sois los cántabros!”. Sí, era don Carlos Amigo, que participó en el Consistorio de creación de nuevos cardenales. El arzobispo emérito de Sevilla se fundió en un abrazo con el tabernero. Lloraron de la emoción. Muy cerca andaba el ministro de Justicia en representación del Gobierno de España y el inconfundible Antonio Pelayo. El cardenal y el tabernero recordaron Sevilla. Cuando don Carlos se encuentra con un sevillano fuera de Sevilla, evoca 28 años de pontificado. Se dice pronto. Y cuando acude a un Consistorio en Roma se acuerda de aquel octubre de 2003, cuando fue él quien recibió aquellas muestras de afecto y apoyo por su nueva condición de cardenal. Y Pelayo ayudó entonces a un periodista de Sevilla en la azotea del Vaticano a traducir los discursos de Juan Pablo II.

Días después de los fastos romanos, Martín Cartaya recibía el merecido homenaje de la tertulia Cruz de carey, que para el gran Jesús fue como jugar en casa, como estar en familia, como ser uno más de entre todos. El cofrade la O se ha venido arriba. Ha cerrado el Foto Supra de la calle Sierpes y ya ha encontrado otro comercio que le saque las fotos en papel, que hasta que no están en papel, las fotos, fotos no son. Ycuando están en papel nadie se acuerda de quién son, salvo que las haya tirado Martín Cartaya, que les pone el hierro de su firma a bolígrafo apretado.

¿Y qué me dicen del encuentro prenavideño de los componentes de la web artesacro.org? Después de casi dos décadas ha sido la primera vez que han logrado reunirse absolutamente todos los miembros de un portal que es timbre de gloria del internet cofradiero, desde la antigua La Pasión digital hasta la web actual. Testigos directos de la evolución de una Semana Santa que no ha dejado de evolucionar a gran velocidad, quizás a demasiada en muchos momentos.

Roma, Triana, Sevilla… Otoño de emociones. Lágrimas, reencuentros. Sonrisas, recuerdos. Tiempo de afectos que conducirán al tiempo auténtico de la cuaresma.

Luto en San Pablo
Murió Miguel Ángel Campos. Es todo un mazazo para la Hermandad del Polígono de San Pablo. En el recuerdo quedan las peticiones de la Hermandad de la Sed cuando trasladó a a su Virgen a la Parroquia del Plantinar una mañana de domingo. Todos los rezos fueron por él. Se ha muerto el hermano mayor de una cofradía especialmente querida. Y especialmente valorada por la Sevilla cofradiera pese a su corta existencia.

Cita en el Baratillo
Será la tarde del próximo viernes. Joaquín Moeckel pronunciará el pregón de la Navidad de su cofradía. No será un pregón al uso. ¿Se imaginan que el espíritu de la Navidad conversara con un niño del Baratillo acerca de las Pascuas? Pues eso: habrá dos voces. La de Moeckel y la de un periodista, Francisco José López de Paz, que encarnará ese espíritu navideño y que será el encargado de hacer las preguntas más hermosas para que el pregonero vaya descubriendo un pregón que no estará escrito. El interés está asegurado. Habrá que ir pronto a coger una de esas sillas de enea tan características de la capilla de la Piedad.

El pertiguero
Primer golpe. Hay que preguntarle a Julio Domínguez Arjona qué le ha parecido la nueva imagen de la Hermandad de las Cigarreras. Segundo golpe. Otra tarea. Preguntarle a Antonio Casado por el altar de besamanos de la Virgen de la Encarnación. Algunos recordamos cuando ese besamanos era en el mes de marzo. Pero esos recuerdos son de hace más de veinte años. Casi treinta. Tercer golpe. ¿Quién le ha confirmado a Ricardo Suárez que estará en Madrid para la presentación de su cartel del Cautivo de Medinaceli? Yciriales arriba. A ver cuántas misas del gallo hay este año a las doce de la noche… Huuuum.

La hora y media de Piñero con el cardenal Amigo

El Fiscal | 5 de abril de 2016 a las 5:00

fotofiscal
Ocurrió el jueves. La congregación de los Padres Blancos invitó al cardenal Amigo a presidir el acto de bendición de las nuevas obras del colegio del barrio de Los Remedios. Tras la misa y los saludos de rigor, el cardenal se quedó un buen rato de tertulia con muy escogidos personajes, entre ellos el hermano mayor de Los Estudiantes, Antonio Piñero, antiguo alumno de los Padres Blancos y cuyo hermano, Francisco de Paula Piñero, es el primer discípulo del centro que ha sido ordenado como sacerdote. En el encuentro, de cerca de hora y media, el cardenal se mostró con gran vitalidad y se le vio tan hiperactivo como siempre, con una agenda de viajes y compromisos que nos pondría a temblar a más de uno. Hubo ocasión de repasar muchos asuntos de la actualidad y, sobre todo, de recordar el cónclave del que salió elegido Papa el cardenal Bergoglio. Don Carlos recordó la cena que compartió con el cardenal argentino en las vísperas del “extra omnes” en la Capilla Sixtina. En aquella cena de sólo tres cardenales, se dedicaron a analizar los retos que debería afrontar el nuevo Pontífice. Cuando Bergoglio, ya revestido con la sotana blanca, saludó por primera vez al cardenal Amigo, le dijo:“Fíjate Carlos, ayer tú y yo estábamos diciendo lo que debía hacer el nuevo Papa”.

La seguridad jurídica

El Fiscal | 7 de mayo de 2014 a las 21:42

Tiene toda la razón del mundo el Arzobispado cuando alude a la necesidad de obtener la máxima seguridad jurídica como causa principal de la inscripción de los templos en el Registro de la Propiedad. La Iglesia católica tiene derecho a proveerse de las ventajas y garantías que se derivan de la publicidad registral. Y no sólo tiene el derecho, sino que además disfruta del privilegio de poder inmatricular bienes por un procedimiento exprés, con la sola presentación de un certificado elaborado en la Curia, al contrario que el resto de los mortales, para los que la primera inscripción registral de un bien supone un procedimiento mucho más complejo.
Resulta curioso que el Arzobispado aluda a que el proceso de inmatriculación comenzó en 2008, en el tramo final del pontificado del cardenal Amigo. ¿Y qué? Nada malo hay en registrar los bienes. La alusión al gobierno anterior suena a réplica de partido político, evoca el Y tú más y, por supuesto, revela muchísimas cosas.
El problema no es que se inmatriculen bienes, el problema son las chapuzas. Una chapuza de Pepe Gotera y Otilio es acudir al Registro de la Propiedad en pleno agosto para inscribir la Parroquia de la Magdalena saltándose más de 400 años de propiedad de la Quinta Angustia sobre su capilla. Yuna chapuza es orillar los 300 años de propiedad del Gran Poder sobre su capilla en San Lorenzo. La chapuza de la Magdalena dio bastantes dolores de cabeza en el Palacio Arzobispal. Se acabó apostando por una solución de difícil calificación jurídica. En una jerga coloquial sería muy fácil calificar aquello, pero el buen gusto aconseja evitar ciertos adjetivos.
En el caso del Gran Poder, cuesta trabajo, mucho trabajo, creer que nadie de los servicios jurídicos del Arzobispado se preocupara de preguntar por posibles derechos de propiedad a favor de terceros con respecto a algunas capillas. Si no hubo mala fe, al menos hubo una falta de la diligencia debida. Y se ve que la junta de gobierno de entonces no olió la maniobra en ningún momento. Habrá que estar atentos a la solución que se busca para reconocer los derechos de propiedad de esta hermandad. No es imposible, tampoco fácil.
La apelación a la seguridad jurídica no puede jamás suponer la conculcación de derechos. Fíjense qué cuidadoso ha sido el Arzobispado para reconocer al Cabildo la propiedad de la Catedral. Ahí no se ha inscrito el templo a nombre de la Archidiócesis. Ahí no.

El cardenal de la bulla

El Fiscal | 16 de febrero de 2014 a las 5:00

El cardenal Amigo Vallejo, arzobispo emérito de Sevilla, pronuncia una conferencia sobre el Papa Francisco y la religiosidad popular.
Será por los recovecos del carácter de esta ciudad o por lo que fuere, el caso es que parece que al cardenal Amigo se le quiere en Sevilla mucho más en tiempos de emeritud que cuando era el titular efectivo de la diócesis. El jueves abarrotó el salón de actos del Labradores con motivo de la conferencia que pronunció por invitación de la Hermandad de la Paz, que celebra de forma brillante sus 75 años bajo la dirección de Santiago Arenado como hermano mayor. Había varias filas de público de pie al final del salón y muchas personas en los pasillos laterales y en las puertas. Fue la primera bulla del año después de las de la Zoidonavidad. El cardenal hizo muy amena la charla, jugando con los tonos, improvisando, tirando de ironías, haciendo guiños a algunos presentes y mostrándose, por encima de todo, muy alegre. Será porque el tema elegido era el Papa Francisclo y la religiosidad popular por lo que estaba especialmente contento y sonriente, o porque había congregado al canciller Isacio Siguero y a un buen ramillete de la clase dirigente cofradiera actual y pretérita. Estaba el actual presidente del Consejo y dos de los anteriores (Antonio Ríos y Adolfo Arenas).
Monseñor Amigo, largo de altura y de vistas, fue muy cariñoso con Arenas en dos momentos: cuando lo nombró recordando las “batallitas” que habían tenido y cuando terminó su intervención y se fue directo hacia él para abrazarle. Aquello fue el mejor y más auténtico homenaje que ha recibido el único presidente del Consejo que ha dimitido por el momento. También hubo hermanos mayores como Antonio Piñero (Estudiantes), ex hermanos mayores como José León-Castro (Gran Poder), Juan Ruiz Cárdenas (Macarena) y Felipe Rubio (La Paz), consejeros como Francisco Vélez y personalidades del Ejército, del Ayuntamiento y de la ciudad. Entre ellas, el caballero maestrante Alfonso Guajardo-Fajardo, que actuó como original presentador, calificando de “gordo de la lotería de Navidad” el nombramiento de monseñor Amigo como arzobispo de Sevilla en 1982 y ensalzando grandes gestiones como la venta de San Telmo o grandes hitos como las visitas del Papa Juan Pablo II. El presidente del club anfitrión, José López de Sagredo Camacho, marqués de Castellón, cerró el acto con una proclamación entusiasta: “¡Cómo se nota que hemos oído a todo un Príncipe de la Iglesia, cómo se nota!”
El cardenal estuvo hasta en pregonero cuando recreó lo que diría el Papa de cada cofradía del Domingo de Ramos. Arenado, que sabe de estas lides, comentó al final: “¡Qué pregón nos hemos perdido!”
Se llevó muchísimo afecto. Casi 30 años de arzobispo no se olvidan. Hubo tensiones en tanto tiempo, ¡claro que las hubo! Tuvo que aprender a comprender a la ciudad y a encajar la labor no siempre amable de la prensa, a la que nunca dividió en amigos ni enemigos. La clave es que siempre habló con todos. Y mirándolos a la cara.
El cardenal Amigo Vallejo, arzobispo emérito de Sevilla, pronuncia una conferencia sobre el Papa Francisco y la religiosidad popular.

Calendario de Esperanza

El Fiscal | 2 de enero de 2014 a las 5:00

calendarios
En Sevilla hay un canciller de la Esperanza que allí donde fuere tiene que colocar la pica del mejor rostro de la Madre de Dios que nunca se haya esculpido. En Sevilla aún queda gente que te obsequia con una charla entrañable sobre el Señor, caso de Antonio Ríos con el Gran Poder. Se encuentra uno a Antonio en su vida cotidiana a la búsqueda de un taxi, en la parada de Tussam de Felipe II o por Tetuán con andar veloz hacia San Lorenzo, y siempre tiene una sonrisa, un repaso sobre el estado de salud de las amistades comunes y un hermoso comentario de remate sobre el Señor. “¿Lo has visto con la túnica persa?” Te encuentras con José Jorge García y siempre te habla de la Esperanza de Triana, por supuestísimo a favor de querencia del arrabal. “¿No te has enterado de la declaración de amor a Triana que hizo el Cardenal Amigo el día 18? Pues recordó su llegada a Sevilla y su primera Madrugada. Dijo que en su DNI pone que vive en Madrid, pero que donde de verdad vive y siente es en Sevilla… Y en Triana”. Te encuentras a Juan José Morillas y te mete en el bolsillo esos gramos de Esperanza que son sus calendarios anuales, que ya es raro que alguien te meta la mano en el bolsillo en Sevilla para dejarte algo y no para trincarte la cartera. Ocurre como los sobrecitos marrones que va repartiendo Martín Cartaya por negocios y casas del centro con las fotografías de los personajes que ha ido tomando en misas y todo tipos de actos, sobrecitos que llevan el testimonio de la amistad cultivada. Hace ya dos décadas que alguien le consultó a Antonio Silva: “Oye Antonio, este hombre tan amable que me presentaste la otra noche me ha mandado la foto que nos hizo. ¿Cuánto se le debe?” Y como obra de misericordia es ayudar al que no sabe, Silva proporcionó la orientacion exacta “Nada. Ni se te ocurra. Jesús es así, lo hace con mucho gusto. Es todo un señor”. Por Antonio Ríos sabemos del Señor, por José Jorge de Triana, por Martín Cartaya llevamos la memoria de la ciudad al día y por Morillas sabemos que el año se va acabando, pero que por mucho que arríe los zancos del tiempo, siempre empieza otro que trae consigo un nuevo mensaje de Esperanza. Y tal vez el canciller no sepa que muchos somos los que vamos guardando esos calendarios que deposita cada diciembre en los bolsillos de sus amistades, como queriendo que la mano izquierda no sepa lo que hace la derecha, como verdaderas ofrendas de amistad, como lamparillas que habrán de iluminar la mesa de trabajo, la cocina o el coche. Yde tanto guardar los calendarios de Morillas con sus latines renovados, nos sale todo un cartel de Semana Santa que no lo mejora ni la vitrina de estampas del Rinconcillo.

La última punta del tridente rojo

El Fiscal | 28 de julio de 2013 a las 17:50

Siempre siente un fuerte estruendo interior en el momento en que la caja entra en el nicho. Justo en ese instante es cuando el cardenal sufre el desgarro que provoca la guadaña al arrebatarle a otro ser querido. Lo ha confesado en varias ocasiones: hasta que el ataúd no desaparece de la vista es como si la muerte no fuera muerte, sino una circunstancia más de la vida. Pero cuando ya desaparece hasta la última referencia física hay que tomarse en serio que esto, señor cardenal, esto es la cara más cruel de la realidad. El martes se dio sepultura al último gran colaborador de quien gobernó la Iglesia de Sevilla durante 28 años. Monseñor Amigo formó un trío de lujo que tuvo como gran vínculo la amistad fraternal entre sus componentes y como características comunes la condición de doctores en Derecho Canónico, la proximidad a las filas del PSOE y unas vidas cortas pero intensas en obras. Eran –fueron– las tres patas del trípode de un dilatado pontificado. Alguna lengua acerada calificó a Manuel Benigno García Vázquez (1935-2005), Juan Garrido Mesa (1931-2007) y Francisco Navarro Ruiz (1968-2013) como el tridente rojo del cardenal Amigo más que como el trípode. A ellos les divertía la ironía, nunca se molestaron. Jamás se abonaron al escándalo mojigato.
Sería injusto no aludir a otros sacerdotes muy significativos durante todos esos años. Antonio Domínguez Valverde fue el servidor más fiel del cardenal; Francisco Ortiz se ganó la confianza de Amigo y llegó a rector del Seminario y vicario general; Ángel Gómez Guillén ha sido y es casi el único amigo personal de monseñor, pues un príncipe no tiene amigos en sentido estricto, como confesó en las entrevistas para su perfil biográfico en 2003. A Gómez Guillén lo invitaba en Palacio al almuerzo privado de cada festividad de San Carlos Borromeo. Antonio Granados fue su primer secretario y Antonio Hiraldo coordinó en 1982 la primera visita del Papa, aunque después se alejó de monseñor Amigo. Y otros curas muy próximos fueron, cómo no, Fernando Isorna, José Salgado, José Gutiérrez Mora y José Luis Peinado, quien sacó adelante nada menos que la restauración de San Isidoro.
No hay que olvidar a quienes fueron en un momento dado la conciencia crítica de monseñor Amigo cuando anunció la venta de San Telmo, como el desaparecido Gil Delgado y su inolvidable voto particular en contra de la operación, una joya jurídica a juicio de expertos canonistas en la que denuncia la modificación de la voluntad expresada en su testamento por la infanta María de las Mercedes de Orleans; o Pedro Ybarra Hildalgo, que entendía de buena fe que la Iglesia no debía desprenderse del edificio. Jesús Pérez Saturnino, uno de los seglares con mayor influencia en el Arzobispado en tiempos del cardenal, ha recordado estos días la carta escrita en latín que Gil Delgado remitió el 17 de junio de 2002 a Francisco Navarro con motivo de su cese en la Cancillería: “Te escribo en latín ésta mi lacrimosa y al mismo tiempo divertida carta no sólo por ser la lengua de Cancillería, sino también porque creo que expresar mis sentimientos de esta manera es más conforme con asunto de tanta importancia y valor; y porque todavía a ti y a mí nos es lícito comunicarnos de manera tan distinguida. Que lo entiendan otros, si pueden; que lloren, si no pueden”.


Nadie podrá discutir nunca que los tres canónigos de este trípode (o tridente) han mandado y mucho durante las casi tres décadas en las que la Iglesia de Sevilla tuvo que ponerse al día y tender puentes con el partido político que gozaba de una hegemonía en la comunidad autónoma a prueba de escándalos. El propio monseñor Amigo se llegó a defender de las críticas por su fluidez de entendimiento con los sucesivos gobiernos socialistas en Andalucía: “Es que no gobierna otro partido, ¿con quién me voy a entender?”.
Tan importante era saber latín como negociar la venta de San Telmo, gestionar las partidas de dinero público para la restauración de un buen ramillete de templos o implantar en la Catedral un modelo de gestión que asegurara su autofinanciación, que hiciera del primer monumento de la ciudad un negocio rentable cuyas cuentas se llevaran en una hoja de cálculo y no en una libreta de anillas. Esta última empresa la llevó a cabo con éxito el canónigo Francisco Navarro, la última punta del tridente rojo de monseñor Amigo. Navarro dirigía las finanzas de la Catedral con mano de ejecutivo como García Vázquez entraba una y otra vez en la Moncloa para asesorar a Felipe González –al que había casado– en las cuestiones de la Iglesia y el Estado (¡Cuánto hubiera necesitado Zapatero un García Vázquez a su lado!) o Garrido Mesa, desde su experiencia como secretario general técnico de la Consejería de Obras Públicas, llamaba a las puertas de los bancos, fundaciones, empresas y particulares para restaurar el Salvador con el impulso de Joaquín Moeckel, a quien supo sacarle sin complejos el máximo partido. Tres puntas de tridente que tenían claro que la misa no sale bien de tanto decir amén, a los que era difícil ver con el clergyman y que se sentaban en la mesa con el Diablo si se trataba de sacar beneficio para una Iglesia a la que sirvieron más en labores privadas que públicas pese a gozar de cargos con destacada notoriedad.
Los tres sabían latín (el de Cicerón y el otro, el de la calle) y los tres hacían gala de la típica socarronería de los curas de antes. En una tarde de toros en la Maestranza, Jaime Montaner, entonces consejero de la Junta de Andalucía, insitió a García Vázquez para que sentara junto a él en el palco de convite asignado al gobierno autonómico. El cura de grandes hechuras y nariz inconfundible, que ocupaba localidad en el palco asignado al Cabildo, le respondió en voz alta con cuarto y mitad de guasa sevillana.
–¡Que no, Jaime, que no! Que mi palco es vitalicio y el tuyo es por cuatro años.
Los tres, junto con Juan Guillén, formaban parte del denominado Grupo de Los Remedios, quienes junto al vicario Domínguez Valverde fueron clave muchos años en la profesionalización de la gestión de la Catedral. El pontificado de monseñor Amigo no se entiende sin este tridente, presente en las grandes operaciones que han supuesto verdaderos hitos en la Iglesia de Sevilla contemporánea. Navarro fue pieza clave en la Magna Hispalensis, que dio lugar al modelo de Catedral que ha llegado a nuestros días, pero también de otras operaciones menos conocidas como la cesión de la explotación del Hotel Los Seises o la venta de la antigua Escuela Francesa. Tuvo que soportar un aluvión de críticas cuando metía el pie en el área chica al abrir una cafetería en el Patio de los Naranjos durante la Magna Hispalensis, construir una entreplanta en el pabellón de recepción de los turistas o sembrar la Catedral de vallas y cintas separadoras a cargo de azafatas con la vehemencia, en ocasiones, de gorilas de discoteca. Pero Navarro hacía lo que debía. A punto estuvo de inaugurar un salón de actos permanente (¿O cafetería?) en la azotea de la cilla. Dejó una Catedral con un presupuesto que hoy supera los 10 millones de euros. Gracias a su revolución, el Cabildo no tiene que mendigar para la conservación del templo. El dúo formado por Navarro en la mayordomía y el arquitecto Alfonso Jiménez como maestro mayor ha afrontado todos estos años enormes obras de conservación de la Catedral, bien sufragadas directamente, bien con patronicios públicos o privados, pero con el criterio de que el Cabildo debía, como mínimo, sufragar siempre la mitad del presupuesto. Entre esas obras destacan la reparación de los pilares agrietados del trascoro, la limpieza de la gran fachada que da hacia la Avenida, ennegrecida por el tráfico rodado; la apertura de la visita aérea al templo, los planes de seguridad para las grandes concentraciones, etcétera.
Ninguno de estos tres personajes era ajeno al fenómeno de la religiosidad popular. García Vázquez era de la Amargura, Garrido Mesa de la Macarena y Navarro Ruiz del Silencio. Veían y valoraban el potencial de las cofradías, sin prejuicios y con más bondad de corazón que muchos sacerdotes considerados oficialmente capillitas. Impagable fue la labor de García Vázquez para desbloquear la incómoda situación que se produjo cuando algún lumbrera del Arzobispado trató de imponer la igualdad de derechos y obligaciones en varias hermandades en pleno verano (con agosticidad) y por medio de una carta sin ninguna negociación previa, cuando en la normativa diocesana se dejó libertad para que cada cofradía fuera asumiendo las directrices de los nuevos tiempos. Garrido fue clave a la hora que se admitiera a la mujer nazarena en la Macarena, una noticia que apareció en los telediarios. Y Navarro reivindicaba como suya la iniciativa de apagar todas las luces de la Catedral al llegar su primitiva hermandad.
Llama la atención que ninguno de los tres fuera a Roma en octubre de 2003 para asistir a la creación de monseñor Amigo como cardenal. Nunca fueron pelotas al uso, tal vez porque brillaban con luz propia. “Niño, ¿pero tú sabes cómo se edificó el Vaticano?”. Y Juan Garrido se echaba las manos a la cabeza en aquella reducísima cena con la que celebró sus 50 años como sacerdote. Amaba y servía a la Iglesia tanto como sufría con la cerrazón de algunos de sus miembros o disposiciones anacrónicas. Garrido se ofreció a oficiar el funeral de un sevillano muy conocido que se suicidó una mañana, porque el párroco de turno se negó a hacerlo. Largo como una cofradía de barrio, Garrido ha sido el cura que mejor respondía al perfil de padre y que más se quejaba cuando se le hablaba de usted o se le llamaba de don. García Vázquez lo arreglaba todo hablando, hasta en la habitación de la clínica de Santa Isabel tenía ganas de charlar por el móvil y estar al día de la actualidad en sus últimos meses. Y hablando vendió San Telmo a los socialistas, pilotando unas reuniones con el Ejecutivo socialista de José Rodríguez de la Borbolla que dieron lugar a la “mayor operación de enajenación del patrimonio eclesiástico en Europa” que ha dado hasta para un tesis doctoral, la del fallecido profesor Ribelot. Hoy se ve con toda naturalidad que la Iglesia se relacione con gobernantes de todo signo político, pero a cierta Sevilla de los años 80 le costó digerir que los curas se sentaran con socialistas (¡La Iglesia con el rojerío!) a hablar de dinero, de mucho dinero. Tanto dinero que buena parte del importe recibido en metálico (mil millones de las antiguas pesetas) acabó en un fondo de inversión del BBVA Privanza (Open Found) de alta volatilidad que incluía un porcentaje en un paraíso fiscal, una particular interpretación de la parabola de los talentos que también generó polémica.


Navarro era aparentemente el más distante, pero formaba parte de esa minoría de sevillanos que, lejos del estilo del compadreo, cuando ofrecían su casa lo hacían de verdad. Nunca se calló en asuntos delicados para la Iglesia, su Iglesia, de lo que podría dar fe el propio monseñor Asenjo, que recibió alguna carta de este veterano sacerdote en desacuerdo por algún alto nombramiento. Y no le gustaba que en la crónicas periodísticas se le refiriera como el “todopoderoso Navarro”, lo que me reprochó en su último día como canciller. Al mismo tiempo que recogía sus pertenencias del despacho me lanzó a la mesa –¡por fin!– el documento con todos los detalles de la venta de San Telmo.
–Ea, ya lo tienes. Tú sabes ya que dejo este despacho, ¿no?
La carrera de Navarro, con diferentes destinos en el mundo por su etapa como diplomático del Vaticano (y alguna polémica por su valentía de planteamientos), incluyó como anécdota una labor de interlocución con la reina para los preparativos de la Boda de la Infanta de 1995. Hubo que convencer a Doña Sofía de que las columnas de flores que pretendía quedarían engullidas por esa montaña hueca que es la Catedral por mucho que fueran de gran tamaño. Navarro y Jiménez, por cierto, fueron invitados al banquete en el Alcázar. Ninguno lució el chaqué protocolario.
A los tres les fui preguntando si eran los capellanes del PSOE. Y los tres respondieron igual.
–Je, je, je.
Fueron curas de su tiempo que ayudaron a su Iglesia a tener un papel activo en la sociedad que les tocó vivir, nunca arrinconados en la sacristía ni escondidos entre las humaredas del incienso. Qué curioso, ahora tenemos un Papa que parece marcar el camino señalado por estos tres curas: “Prefiero mil veces una Iglesia accidentada, que haya tenido un accidente, que una Iglesia enferma por encerrarse. Salid fuera, ¡salid!”. Dejan un hueco que alguien, por la propia teoría de la ocupación de los vacíos, deberá cubrir necesariamente, pues la Iglesia necesita un equilibrio de fuerzas y de mentalidades para poder seguir poniendo el intermitente a la derecha y girar a la izquierda cuando interesa, que es la especialidad de la casa.

El pertiguero

El Fiscal | 25 de enero de 2011 a las 9:41

Primer golpe. Encuentro en León. El cardenal Amigo y Joaquín Moeckel coincidirán en un congreso que organiza la hermandad de Jesús Nazareno.
Segundo golpe. A Moeckel le sucede este año en el atril del pregón de Los Estudiantes de Madrid el catedrático Andrés Ollero.
Tercer golpe. La comisión pro monumento a Juan Pablo II no quiere ni oír hablar de Molviedro como posible ubicación.
Y ciriales arriba. La moda de que todo (bares, loterías, diccionario, guasa, etcétera) sea “cofrade” en lugar de “cofradiero” se extiende. Morillas debería explicar la diferencia entre el sustantivo y el adjetivo.

Una figura desconocida

El Fiscal | 22 de diciembre de 2010 a las 11:02

Las nuevas generaciones no conocen un obispo auxiliar en Sevilla. Monseñor Amigo ha gobernado casi 30 años sin necesidad de ellos, apoyándose en un sistema de vicarías territoriales que no le fue mal. Siempre se opuso a proponer a Roma el nombramiento de un auxiliar. Se le preguntó en las entrevistas periodísticas por esa posibilidad, sobre todo en los últimos años de pontificado, y siempre dio nones. Dicen las malas lenguas que para evitar que le colaran uno que no fuera de su agrado. Está claro que la personalidad del cardenal casa bastante poco con eso de tener un número dos. Cuestión de perfiles. Auxiliares de gran peso ha habido en la diócesis de Sevilla, como fue el caso de José María Cirarda, que ejerció como tal con Bueno Monreal y que fue hasta pregonero. A Cirarda se debe una declaración con doble filo en una entrevista en 1999 con motivo de uno de sus regresos a la ciudad: “La Iglesia de Sevilla no sabe el tesoro que tiene con las hermandades”. El cardenal Amigo le respondió: “Y las hermandades no saben el tesoro que tienen con la Iglesia de Sevilla”.