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Olivencia, año 1960

El Fiscal | 21 de mayo de 2017 a las 5:00

Personaje

ESE año se estrenan las jarras delanteras del paso de palio de la Virgen de la Angustia según el proyecto de Joaquín Castilla. La hermandad radica en la Anunciación, donde está la Universidad. En 1960 es hermano mayor Salvador Diánez Leal, que acabó nombrando capataz de la cofradía a Rafael Franco, que debió comenzar como tal el Martes de 1963, pero la lluvia frustró la estación de penitencia. En 1963 se produjo una hermosa unión. El Silencio se trasladó a la Anunciación hasta el 6 de marzo de 1964 con motivo de obras en su templo de San Antonio Abad. En el horizonte más próximo están entonces el célebre traslado del Cristo de la Buena Muerte a la caseta del Real Círculo de Labradores del Prado de San Sebastián por las Santas Misiones de 1965, y la última Semana Santa vivida en la Anunciación, de donde la hermandad se fue en noviembre de 1966. Por supuesto, aún no había hermanos costaleros, ni se soñaba con el manto bordado de la Virgen. Los monaguillos se podían contar con los dedos de una mano, entre ellos uno llamado José Moya Sanabria, que por el patio de la vieja universidad andaba de la mano de su padre, Juan Moya García, maestro de abogados. Aún quedaban unos años para la búsqueda en Ceuta de marfiles de colmillo de elefante para el techo de palio, un periplo en el que algún hermano de la cofradía aprovechó para ver un partido del Betis. En las cajas donde se transportaron los marfiles se guardaron después los juguetes de unos niños muy queridos en la cofradía. El paso de Cristo aún no salía con lirios, no existía el pregón universitario, ni tampoco el aula Cultura y Fe.

En octubre de 1960, el año en el que hoy fijamos la atención, se inscribió en la cofradía Manuel Olivencia Ruiz, natural de Ronda, vecino de la calle San Vicente, de 31 años. Se comprometió a pagar la cuota anual de cien pesetas. El 6 de diciembre fue admitido como hermano por el cabildo de oficiales y el 18 del mismo mes prestó el juramento de las reglas. Fue presentado por el hermano mayor, Salvador Diánez. Ingresó en la cofradía en el final de una etapa histórica: la de la Anunciación, de la que queda el hermoso azulejo de la plaza acosado hoy por las terrazas de veladores. La hermandad, con buen criterio, se marchó seis años después a la capilla de la calle San Fernando, porque el Cristo de Los Estudiantes debe estar donde esté la Universidad. Siempre.

Olivencia recibió la noche del pasado miércoles el VI Premio Manuel Clavero que concede Diario de Sevilla, un acto que se celebró con toda solemnidad en el Patio de la Montería del Real Alcázar. Se produjo una bonita coincidencia cofradiera, pues son hermanos de Los Estudiantes don Manuel Clavero, que da nombre al prestigioso galardón; Olivencia, que lo recibió, y José Moya Sanabria y Concha Yoldi, patrocinadores del premio desde su creación. Todo, de alguna forma, quedaba en la lonja con la memoria puesta siempre en la calle Laraña.

Iglesia del Salvador. Reportaje con Fernando Mendoza y Joaquín

La memoria de Moeckel

Ocurrió hace quince años. El abogado Joaquín Moeckel lideraba una polémica contra el Arzobispado por el intervencionismo episcopal en las reglas de algunas hermandades. La autoridad impuso por las buenas cuestiones referentes a las nazarenas, la edad mínima para ser hermano mayor y la designación de los directores espirituales. Moeckel recurrió como hermano mayor del Baratillo. En el asunto de las nazarenas logró que la imposición se convirtiera en un exhorto pastoral. Y en las otras dos cuestiones, el entonces secretario general y canciller, Francisco Navarro, le envió una carta informándole previamente de la nueva redacción de los preceptos. Es decir, la jerarquía eclesiástica le dio una suerte de derecho de audiencia antes de dictaminar. Moeckel mostró la carta de Navarro el otro día en la Universidad de Sevilla con ocasión de un curso sobre Derecho y Cofradías de los que promueve el profesor Martín Serrano, una iniciativa de altura que es digna de elogio. El letrado del Arenal reivindicó una especie de memoria histórica. Aquello fue un debate de altura, donde el cardenal vio un interlocutor con el que se podía discutir. Y el interlocutor supo defender su posición sin convertir jamás al cardenal en una figura vulnerable. La prueba es que, al final, Don Carlos le concedió por motivos varios la medalla Pro Ecclesia et Pontífice. Conviene recordar estos hechos. Conviene defender el derecho de audiencia. Conviene saberse la historia reciente.

cartel junio

El éxito de un cartel

El miércoles se presentó el cartel del junio eucarístico que edita el Consejo, obra de los hermanos Rubiño. Han empleado técnicas de representación arquitectónicas para conseguir un efecto tridimensional, de maqueta. El cartel combina con armonía la tradición con la modernidad. Tiene mucho de infografía, de horas de ordenador bien trabajadas. Hay que felicitar al Consejo que preside Joaquín Sainz de la Maza por esta apuesta. No le ha faltado ni la prueba del algodón del éxito, que es el cuarto y mitad de guasa de ciertos conspicuos cofrades que dicen que parece el cartel de un congreso de numismática. Como cuando dijeron del apaisadísimo cartel de las glorias  de 2016 que servía para anunciar el vía crucis de Itálica por lo oscura que estaba la escena. Lo peor de un cartel, de un pregón, de cualquier actividad pública que se ejerza en Sevilla, es que no genere ni cien gramos de guasa.  Este cartel de los Rubiño es muy bueno. Por eso se remata como las cofradías perfectas: con el cortejo del preste de la guasa hispalense.

 

 

 

 

Un cartel dentro de otro cartel

El Fiscal | 26 de marzo de 2017 a las 5:00

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Hay carteles que lo son por partida doble. Hay paredes que son un cartel en sí mismas, como la pared del Rinconcillo donde se exhiben los cien mil carteles de la cuaresma como cien mil hijos de estos días del gozo. Está el cartel a secas, que es el del Consejo. Están los carteles de las hermandades, donde la Macarena se lleva la palma, Macarena estilizada de José Luis Mauri. Y están los carteles de las tertulias, ingenioso el de ‘La Soga de Judas’, y el del dos por uno de la tertulia ‘El Pabilo’, donde se encuentra usted con la preciosa estampa de la Virgen de las Aguas en la noche del Martes Santo (sí, he dicho del martes) y, si se fija, con las caras de dos sevillanos, los únicos de toda la bulla que están disfrutando de la maravilla que supone contemplar cómo se aleja un paso de palio. ¿Acaso no protagonizan un cartel esas dos criaturas haciendo algo que cada vez la gente hace menos? Decía Fernando Baquero en la sección La voz de la experiencia, que firma Juan Parejo cada miércoles en estas páginas, que no le gusta el comportamiento de muchos jóvenes de hoy, que ignoran el significado de las cosas, que viven la Semana Santa sin fervor alguno. Pues tiene toda la razón don Fernando, como de costumbre, pero hay que añadir que muchos adultos son, en este caso, como niñatos que salen a la calle porque sí, porque hay que salir para secundar la teoría de Vicente, que ya se sabe que iba donde iba la gente. Está el pelmazo maleducado que te pega la brasa con una charleta mientras pasa una cofradía, está el incontinente verbal que en cuanto pasa la Virgen se pone a pegar la hebra, como si no fuera bonito contemplar un paso de misterio por detrás con su cornetería y todos sus avíos, o un crucificado en silencio a la luz de cuatro hachones. ¿Han visto los brazos caídos de la Buena Muerte por detrás? Pues siempre hay alguien que perturba ese instante, inténtenlo y ya verán como acude algún cuñado a fastidiar el momento. Yestá el que acaba de terminar de pasar el paso de palio, saca el programa y ya está explicándote dónde hay que ver la siguiente, como el aspirante a ganar las metas volantes de un verdadero tour cofradiero. Y a lo mejor el tío te está privando de contemplar en silencio cómo se aleja la Virgen de las Aguas a los sones de Amarguras en la noche del Martes Santo (sí, he vuelto a decir martes), o te ha robado ese momento en que miras la partitura del músico, o aprecias el esfuerzo del tío del carro empujando las varas y cirios de repuesto, o te fijas en los cántaros de agua de la cuadrilla, en los chorreones de cera del contraguía, o en las miniaturas marianas de los últimos varales. Hay que denunciar a los pelmazos, ponerles por delante el carro de la nieve, obsequiarles durante un segundo con la peor cara, como si fuéramos picaportes de habitación de hotel donde se cuelga el letrero en rojo: “No molesten”. El cartel de ‘El Pabilo’ encierra toda una demostración: aún queda público al que no se le van las mejores. El cartel está exento hasta de los destellos del camión de Lipasam que suele ir detrás de cada cortejo, con esas barredoras que se llevan la porquería que los sevillanos, tan amantes de su fiesta más hermosa (tururú) dejan alfombrado el suelo al paso de cualquier cofradía. Hay calles por las que pasa la cabalgata del Ateneo que quedan más limpias que algunas tras el paso de una cofradía. El único sonido estridente que está permitido tras un cortejo es el del cierre de las sillas de Quidiello cuando han pasado los cinco nazarenos con cirios apagados que cierran la Semana Santa tras la Soledad de San Lorenzo, diadema, calas, rostro de nácar. Ya lo escribimos una vez:no le pongan música a la Soledad (que me perdone el maestro Marvizón) porque ya la tiene. Su música es el silencio de los sevillanos que depositan a sus pies las limosnas de las oraciones (Si no puedes nada, nada. Si puedes poco, poco. Si puedes mucho, mucho) y el cierre de los asientos de la carrera oficial, banda sonora del final de la Semana Santa que a la mañana siguiente nos obsequia ese bocado exquisito de orfebrería cara que es el paso de palio de la Virgen de la Aurora. Tomen nota niñatos y adultos, hay que saber paladear un paso de palio que se aleja. Hay que quedarse quietos, como los dos sevillanos de la fotografía, como el torero que entierra las manoletinas en el albero, como cuando acaba la misa y nadie se mueve hasta que el oficiante se ha metido en la sacristía. Quietos y en silencio. Un paso de palio yéndose es la misma vida que pasa.

Una parada en el ensayo

parihuela

Ocurrió en una noche reciente de fin de semana. En la calle Mateos Gago. Una parihuela apareció perfectamente aparcada junto a la casa de las conchas, ahora en rehabilitación, justo en el sitio que permitía el paso del tráfico rodado y el uso de las aceras, que ya es difícil conseguir eso en esa calle. Sobre la parihuela unos niños jugaban mientras la cuadrilla se refrescaba en una taberna próxima de la que salía un agradable aroma a incienso. Runruneo de tertulia, ropas de arpillera, pantalones ajustados, costales ceñidos y otros bajo el brazo. Una estampa de la cuaresma nocturna que recordaba a los tiempos del muelle. Acabado el refrigerio, retorno al almacén, venga de frente, luces rojas en la trasera como está mandado por imperativos de la seguridad vial y el aparato de música preparado.  Asombrosa la naturalidad con la que se pueden hacer las cosas cuando se saben hacer. El paso estaba allí, como formando parte del paisaje urbano. Parecía hecho a medida de ese hueco de la calle.

Problema gratuito
No haber dejado entrar a los profesionales de la información en el cabildo de toma de horas hubiera sido un error, una torpeza gratuita. Yhemos dicho bien: profesionales de la información. Ojo a la legión de aficionados… Por fortuna, todo quedó en nada. Falsa alarma. El acceso será libre con el requisito de cumplir las normas habituales de comportamiento en un lugar sagrado y de regulación de los movimientos de los reporteros gráficos. Dejemos las cosas como están.

Detalle para exquisitos
Ojo al besamanos de la Virgen del Valle en la Anunciación, que hoy continúa. Preciosos los claveles chinos de color rosa, similares a los geranios, tal como advirtió Diego Geniz en su crónica del pasado viernes de cuaresma.

Esto se acerca
Este mediodía es la mudá de la Amargura, la cita con los fantasmas que cada año congrega a más público. La Estrella está de besamanos. Y el Cristo de la Salud, en San Bernardo, se nos ofrece en besapiés. Ya hay muchas papeletas recogidas, muchas de ellas reservadas vía digital. El domingo tendremos cita importante en el Maestranza: el Pregón de Alberto García Reyes, que estos días no deja de recibir peticiones de entradas. Los ritos se van consumiendo. Las palmas aguardan a ser rizadas, los balcones esperan el abrigo de las colgaduras y los tubos de los palcos, el revestimiento de las maderas.

Feliz
Así estaba Guillermo Mira, presidente de la Archicofradía Sacramental del Sagrario, tras el ejercicio del vía crucis por el Patio de los Naranjos con el Cristo del Perdón. Este año hasta participaron los niños carráncanos con su pertiguero y todo. El acto es intimista, cuenta con la música de un trío de capilla y el ambiente evoca a aquellas salidas en andas del Cristo de la Corona antes de que se convirtiera en cofradía y saliera con paso y nazarenos. Hizo frío, pero fue una gran noche a los pies de la Giralda.

El cartel de ‘La Soga de Judas’

El Fiscal | 17 de marzo de 2017 a las 5:00

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AYER presentó su cartel la original tertulia La Soga de Judas, la misma que el año pasado editó un cartelazo con la Canina, ay la Canina, arriada en la Campana bajo el rótulo de los seguros Ocaso y los policías locales en posición de saludo. Había que estar allí para captar ese preciso instante con sublime perfección. Este año han escogido para su cartel el gesto de la mano de Judas tras la espalda del Señor de la Redención, esa mano que simboliza a mucho sevillano que te da la palmadita de falso, falsete, al mismo tiempo que está maquinando la enésima jugarreta. Cuántas manos de esas conocemos, manos que acarician estas noches cuaresmales del gozo y hasta el año que viene. Tararí. Siga la tertulia por este camino del ingenio respetuoso, el colmillito moderado y los cien gramos de guasa bien despachados. Se agradece el soplo de aire fresco.

Mauri, el reto macareno

El Fiscal | 24 de diciembre de 2016 a las 5:00

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Lleva más de cincuenta años en el oficio. Tiene bien ganado el cirio verde en la cofradía del gremio. Es conocido por sus paisajes, retratos y bodegones. Por el empleo de tonos apagados, pardos y marrones. Su nombre, su trayectoria, su devenir profesional, va ligado a los de Carmen Laffón, Teresa Duclós, Joaquín Sáenz, Joaquín Meana, Jaime Burguillos o Diego Ruiz Cortés. José Luis Mauri recibió esta semana un encargo muy especial, quizás el más hermoso de su dilatada trayectoria, tal vez el más especial: pintar el cartel de la Semana Santa de la Hermandad de la Macarena. Pintar, en definitiva, a la Virgen de la Esperanza. Se trata de un cartel que vuela muy alto en los últimos años por el oficio que pone en la tarea el asesor artístico de la hermandad, el pintor Ricardo Suárez. Suárez se fue al barrio de Los Remedios a entrevistarse con Mauri, a pedirle permiso para proponer su nombre a la junta de gobierno que preside Manuel García García como hermano mayor. Fueron momentos emocionantes. Tal vez muchos no sepan nada de la trayectoria de este caballero del Arte, porque Sevilla no suele paladear ciertas exquisiteces, más que nada porque la ciudad suele ser tan ignorante ante la calidad, como osada en el enaltecimiento de la banalidad. Mauri dijo que sí: “Yo lo único que quiero es quedar bien con la ciudad y con la hermandad de la Macarena”, acertó a decir este grande de la figuración sevillana. Y telefoneó a Carmen Laffón, que pintó este cartel en 2013 dejándonos una obra soberbia de suaves verdes y un rostro inconfundible en esos tonos pastel que son a su pintura lo que el merino a la capa de un nazareno de Juan Manuel. Laffón no lo dudó al animarle a asumir la empresa: “Estamos todos contigo, José Luis”.

Mauri pintará a la Macarena, su nombre entrará en una selecta galería que se cotiza al nivel de la de la Real Maestranza con el cartel taurino. Sus grandes aficiones son estar largas horas en su estudio de Sevilla y dejar pasar el tiempo en Conil de la Frontera soñando paisajes. En su obra religiosa figura un retrato de Madre María de la Purísima. Nada extraño. En su casa está expuesta la firma de Santa Ángela de la Cruz. Quién le iba a decir a Mauri que acabaría pintado a la Virgen de la Esperanza, la que presidió la ceremonia de canonización de Madre María de la Purísima, ante la que se postran cada Madrugada las hermanas de la Cruz cuando la cera viene baja y las mariquillas danzan entre las luces del día.

Carmen Laffón le dijo lo que muchos pensamos: “Estamos todos contigo, José Luis”. Se lo dijo precisamente la pintora que se ha prodigado poco, lo justo, en la obra cofradiera. ¿Para qué más, doña Carmen, si le pidieron a usted un cartel y nos regaló todo un azulejo?

Mauri es un señor. Como el hermano mayor, Manuel García. Estoy viendo a Manolo hacerle el encargo formal en presencia de Suárez en los próximos días: “Dice Ricardo que usted pinta como los ángeles. Y lo que diga Ricardo va a misa. Quiero que sepa que tiene usted total libertad. Sólo se le pide que aparezca la Virgen de la Esperanza”. Estoy viendo a Pérez Aguilera disfrutando en la intimidad del estudio de Mauri de la Macarena recién pintada, como recién posados los cuatro zancos en la mañana del Viernes Santo, antifaces al hombro, sol alto y chiquillería apeándose de la reja. Estoy viendo a Mauri emocionado en la basílica la noche de la presentación, recordando tal vez sus duros inicios en el Madrid de los años 50, evocando quizás a Félix de Cárdenas –la muerte nunca puede ser en soledad cuando se acaba de pintar a la Macarena– o pensando cómo no se le habría ocurrido pintarla antes. “Estamos todos contigo”, le dijo Laffón, sabedora del reto que supone para un pintor la interpretación del rostro de la ciudad, la cara donde están las oraciones de quienes no viven ya entre nosotros pero algún día la miraron mientras musitaban una plegaria. Estoy viendo a Carlos Colón esa noche en la basílica, paladeando como pocos cuánto de vivido y trabajado hay detrás de ese cartel que ya existirá en la mente de su autor. Decía Daniel Puch que sólo hay un oficio más hermoso que el de pintar, que es el de dedicarse única y exclusivamente a pintar.

Qué regalo más hermoso ha dejado la Navidad a los pies del caballete y los pinceles de este vecino de la ciudad que ahora tiene el honor, el reto y la valentía de pensar en clave macarena. La pintura, acto supremo de libertad como es la literatura, se convierte en un testimonio de fe cuando se pinta a la Macarena por encargo de su hermandad. Y eso es otra dimensión.

La Esperanza de los azulejos antiguos

El Fiscal | 4 de octubre de 2016 a las 5:00

presentación del cartel del 50 aniversario de la basílica de la MACARTENA
El jueves se presentó el cartel anunciador de los 50 años de la dedicación y declaración como basílica menor del templo la Macarena. Se trata de una obra de Reyes de la Lastra, que ha realizado una preciosa, colorista y alegre pintura al óleo sobre lienzo. La autora, especialista en retratos, decidió volcarse en la Virgen de la Esperanza antes que en el edificio, pues no hay mejor arquitectura que su rostro. Sin Ella no habría basílica ni decreto de Pablo VI, ¿o no? En el pecherín sí aparece recreada la espadaña del templo en el lugar habitual de la Medalla de Sevilla. La Esperanza de Reyes de la Lastra recuerda la de los azulejos antiguos, evoca los carteles de Semana Santa de los años cincuenta y sesenta. Otro éxito más de esta pintora, que fue presentada por Ricardo Suárez, asesor artístico de la hermandad.

Un gesto de otro tiempo

El Fiscal | 2 de octubre de 2016 a las 5:00

Entrevista con Joaquín Sainz de la Maza, nuevo presidente del Consejo de Cofradías
EN aquella hermandad sólo tuvieron conocimiento de los hechos poco más de cinco hermanos de los que formaban parte del núcleo de la vida cotidiana de la institución. Una mano larga, siempre una mano larga, menoscabó las arcas. Una sorpresa, un jarrillo (de lata) de agua fría, un ambiente enrarecido, unas relaciones personales viciadas. ¿Cómo salir de aquello? Con discreción, con sigilo, sin denuncias. Ycon un hermano mayor de los que se podía decir que lo eran de los pies a la cabeza. Calculado el mangazo, el hermano mayor puso de su bolsillo la cantidad hurtada. Se acordó con el caco su alejamiento de la corporación. Y nunca más se supo. Hubo paz (coronada) y después gloria. Aquel gesto de generosidad del hermano mayor evitó el escándalo. Nadie echó en falta nada. Se hizo el silencio. Eran, bien es verdad, unos tiempos en los que la mayoría de los hermanos mayores eran muy distintos a muchos de los de ahora. Llegar al cargo con la vida resuelta y encarrilada permitía ciertas ventajas, un margen de maniobra personal del que se beneficiaba la institución. Un sillero de los antiguos decía con cierta gracia que los hermanos mayores y consejeros se dividían en dos:“Los que llegan al puesto con el reloj de oro ya comprado y los que llegan con el Casio. Y eso después se nota en todo, sabe usted”.
En otra ocasión, hubo un candidato a hermano mayor que resultó victorioso, improvisó un pescao frito sólo para su gente y pidió que se cerrara la casa para quedarse arropado por su exclusivo círculo de confort. El hermano mayor saliente, que aún lo era, abortó los planes, exigió puertas abiertas y triplicó el pedido de pescado con una advertencia en voz baja al todavía mayordomo:“Lo pago yo. No se le carga nada a la hermandad bajo ningún concepto”.

Cuando la junta superior del Consejo de Cofradías abordó recientemente la oportunidad de pagar el cartel de la Semana Santa, hubo un gesto de otro tiempo, una muestra de generosidad de las que ya escasean. El presidente, Joaquín Sainz de la Maza, partidario de algo tan básico como pagar los trabajos que se encargan, se ofreció a abonar de su bolsillo los honorarios del artista. Lo dijo a puerta cerrada, conste en acta, que seguro que hay alguno que ya está pensando mal. El presidente estaba dispuesto a asumir el coste si no había intención de cargar el gasto a la cuenta corriente de la entidad, ni tampoco voluntad o tiempo para negociar un patrocinio privado. Aunque no lo reconocerá, así fue. Ni lo dejaron seguir adelante con el ofrecimiento, ni tampoco él quiso forzar la situación. No pocos evocaron aquellos tiempos en los que, como decía el pícaro sillero, había señores que llegaban a ciertos sillones cuando estaban ya de vuelta y con los deberes hechos. O cuando se cumplía el burdo teorema:“Con el reloj de oro ya comprado”. Yesto tiene su importancia porque así no se producen micromangazos. Nadie pasa a la institución la factura de un taxi (¡Qué vergüenza!), los gastos de un viaje a cierta ciudad eterna o el ticket de un whisky en el avión. A las cofradías se viene a dar tiempo y esfuerzo, no a quemar tarjetas. Mucho menos a llevárselo. No se engañe nadie si algún ingenuo queda. Para ciertos cargos (no todos) se requiere tener las mañanas libres y algo más que estar libre de hipoteca.

El día que un hermano se levantó en un cabildo general para protestar de forma airada por la reiterada asignación de una manigueta a un “señor de Madrid”, el hermano mayor de turno, de los del estilo antiguo, se levantó para zanjar la cuestión, empezando por afearle la forma en la que se dirigía al maniguetero:“El hermano de Madrid, porque es un hermano igual que todos los que estamos aquí, hace posible año a año que el Señor lleve esas flores que usted siempre exige y que usted tanto pondera. Unas flores especialmente gravosas para la mayordomía de esta hermandad en las circunstancias que vivimos y que, gracias a la petición de ayuda que siempre le hacemos, podemos seguir disfrutando. Qué menos que tener un gesto con este hermano”. Eran otros tiempos. Y otras flores.

¿Retorno a una fotografía como cartel?

El Fiscal | 18 de agosto de 2016 a las 5:00

Foto 1990

Foto982

Foto1983
Hay debate. El nuevo equipo de gobierno del Consejo de Cofradías, con Joaquín Sainz de la Maza al frente (café para todos), no descarta ni mucho menos apostar de nuevo por un fotógrafo en lugar de por un pintor para el cartel anunciador de la Semana Santa. La última vez que se eligió una foto fue con motivo de la Semana Santa de 1991. A partir del 92 todos han sido obras de pintores. El primero fue el de Joaquín Sáenz, designado por la junta superior que presidía Luis Rodríguez-Caso y Dosal. Hasta entonces disfrutamos de fotos de enorme calidad de Ángel Bajuelo, Fernando Salazar, Antonio Pérez, José María Gutiérrez, José Antonio Zamora, RamónLeón, Velasco, etcétera. Y no olvidemos aquellos carteles tan peculiares de los años del franquismo, de colores estridentes y de gran originalidad en muchos casos. Hay quien considera llegada la hora de retornar a la fotografía, que ha experimentando una evolución muy notable en los últimos veinticinco años. Ahora se hacen más y mejores fotos. El cartel ha ido decayendo. Muchos autores de prestigio no se arriesgan a someter su prestigio a una crítica feroz de forma gratuita. El Consejo nunca ha querido remunerar el encargo, jamás ha buscado un convenio para patrocinar nada menos que el cartel anunciador de una fiesta que se supone universal. Los nombres se reducen cada año. Los grandes nombres se alejan o, en varios casos, los ha sabido captar la Macarena para su cartel particular. Por todos estos motivos, en San Gregorio hay quien opina que o se busca el dinero para pagar a grandes pintores o se apuesta por el concurso fotográfico. Está por ver si Sainz de la Maza se hace con los servicios de un Monchi que sea el asesor eficaz a la hora de proponer nombres tanto para el cartel como para el pregón. Los pintores han tenido 25 años de oportunidades. El resultado ha sido muy dispar. Desde bellezas indiscutibles como la de Maireles con el ojo de la Macarena o Santiago del Campo con el verde de la Esperanza de Triana, hasta apuestas claramente defensivas de grandes nombres como Arcenegui, del que se esperaba muchísimo más. También ha tenido polémicas como el de Antonio Agudo por su minimalismo, y hasta ausencias como la de Carmen Laffón, a la que Manuel Román no pudo convencer en privado. Incluso rechazos formales al encargo como el de Ricardo Suárez, que reivindica que al pintor se le debe pagar su trabajo. Nueva etapa en San Gregorio, ¿nuevos tiempos para el cartel? Mañana debuta el presidente en la procesión de la Patrona con un chaqué de alquiler. Los fotógrafos, como los sastres, piden su oportunidad.

La soga

El Fiscal | 25 de febrero de 2016 a las 5:00

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AIRE fresco en una cartelería fotográfica varada en el postalismo. El cartel de la tertulia La Soga de Judas tiene el sonido del martillo en la zambrana, la marcialidad del saludo de los agentes de la Policía Local, cuarto y mitad de guasa en el rótulo de la compañía Ocaso y esa pedazo de Canina entrando triunfal en la Campana. ¡Óle! Le cantó Javierre a la Canina en el Pregón de 1993. Y le cantaron con versos en la presentación de un cartel que puede usted admirar en el selecto tabernerío del centro. Cuánto me alegro de que la Canina tenga su cartel, que crezca cada día el número de seguidores. Célebres cofrades le dan la espalda, la orillan, la evitan como al polvorón de limón en el surtido navideño. Ella, que siempre se conforma con yedras, cardos y un dragón cortito de trapío a sus pies, por fin tiene nuevos honores. Esta soga no aprieta. Da alegrías.

Félix de Cárdenas en el estudio de Suárez

El Fiscal | 16 de febrero de 2016 a las 12:00

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Este año sí. El pintor Félix de Cardenas acudió esta semana al estudio de Ricardo Suárez, asesor artístico del hermano mayor de la Macarena, para entregarle el cartel de la Semana Santa que ha pintado por encargo de la junta de gobierno que preside Manuel García. La obra será de impacto. El artista, que debió pintarlo para la pasada Semana Santa, tuvo que posponer su realización al someterse a una intervención quirúrgica. Cárdenas está la mar de bien. Y el cartel, dicen que también.

Cartel

El Fiscal | 10 de febrero de 2016 a las 5:00

SEVILLA,08/02/2016.
CUANTÍSIMO catedrático de Arte hay en Sevilla. Más que seleccionadores de fútbol en España. ¿Para cuándo un estudio de la Junta sobre la ratio de expertos en pintura y escultura que pululan por la urbe? En Sevilla siempre se toma como referencia de medida el número de botellines de la Cruzcampo para decir la de ma… Maestros que hay sobre alguna materia. Pues eso: en Sevilla hay más catedráticos de Arte que botellines fresquitos de la Cruzcampo, ¿verdad Jorge Paradela? Ha sido descubrirse el cartel de las Fiestas Mayores en el Salón Colón y se ha disparado la ratio (que suena a rata), han salido aullando los gatos de la barriga de tres en tres (para no dejar retraso en la carrera oficial de las envidias) y se han multiplicado las fobias de los resentidos de guardia. ¡Qué espectáculo! Ábrete un botellín, Ricardo Suárez, que empieza la cuaresma.