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¿Cuándo hablarán los ministros de la Madrugada?

El Fiscal | 30 de abril de 2017 a las 5:00

papeles madrugada 2000

AL humo de las candelerías apagadas con el beso del clavel (El Clavel, qué buen licor cazallero) nos tenemos que preguntar si algunos ministros del Reino de España se han apuntado al silencio con minúscula, si es que no estuvieron en Sevilla los que estuvieron, porque estuvieron nada más y nada menos que tres, como tres tristes tigres, o si es que toman Sevilla como pasarela de vanidades y de mangazos y ahí se quedan ustedes con sus cuitas, sus veladores, sus polémicas y en el puesto número 46 de inversiones del Estado. Aquí vino Zoido, ministro del Interior, pero muy de interior, a calentar el sillón en el pregón y en el palquillo de la Campana. Aquí vino Rafael Catalá, ministro de Justicia, a dar el mangazo de balcón macareno en la salida de la cofradía. Y aquí vino María Dolores de Cospedal, ministra de Defensa, a calentar el palco VIP de primera fila de la Plaza de San Francisco. Todos se hicieron sus fotos con nazarenos, costaleros y hasta con bomberos. Los vimos sonreír y hasta tocar los martillos de los pasos. Pero ni mú de los incidentes de la Madrugada. El ministro del Interior descargó el marrón –por lo visto– en el subdelegado del Gobierno, que es uno que puso él mismo con el único objetivo de defenestrar por motivos internos de partido a la que funcionaba, Felisa Panadero. Zoido ha dicho poco, casi nada, de lo ocurrido aquella Madrugada. Como tampoco dijo nada cuando ocurrió lo que ocurrió en 2015 y entonces era alcalde. ¿Dónde estaban, por cierto, los responsables municipales en 2015 cuando la cofradía del Silencio fue derribada? Alguno estaba en la playa, alguno iba de nazareno y alguno estaba ya a esas horas de la noche con los asuntos de Morfeo, que te veo, Tadeo. El socialista Juan Carlos Cabrera, el solito, ha reaccionado mejor en 2017 que todo el gobierno de los veinte concejales en 2015.

Cuando los sucesos del año 2000, el gobierno de España se tuvo que pronunciar por escrito. Tardó, pero lo hizo el 25 de mayo. Aquí han venido tres ministros al jajajá y el jijijí. Y poco más hasta ahora. Han dejado a peones de brega para dar la cara. Junto a estas líneas tienen reproducida la contestación del Ejecutivo a preguntas del diputado Felipe Alcaraz (IU). “Efecto dominó”, ya dijeron entonces. Aquel año se rompió el encanto de la noche, aquel año se derrumbó el castillo de arena de la Madrugada, aquel año supimos que éramos vulnerables. Sólo un informe interno apuntó a una causa distinta a la oficial: la exhibición de las armas reglamentarias de algunos agentes pudo disparar la alarma. Pero poco más. El Gobierno de España de 2000 –entonces estaba Mayor Oreja al frente de Interior– se tuvo que pronunciar oficialmente, salir del burladero del silencio gracias a un comunista.

Después de repasar las escenas de pánico, resulta poco edificante que a las pocas horas de los sucesos estuvieran los ministros de paseo y sin decir media palabra sobre lo sucedido. Algunos dicen que era la mejor forma de emitir un mensaje de normalidad. Esta ciudad es más que un palquillo, un balcón, el escenario del pregón o un palco de vanidades. Es más que la ciudad a la que “se baja” en AVE un par de veces al año para disfrutar “del Sur”. Cedemos varas, balcones y palquillos a cambio de nada. Nos sentimos pagados con la sonrisa condescendiente, satisfechos con la foto en el tuit . Nos bastan los peones de brega. Servimos con gusto el café y limpiamos en silencio las manchas que los invitados nos han dejado en el mantel. Y encima nos comemos alegres las pastas de cortesía que ni siquiera han probado. Tenemos nuevo eslogan. Sevilla, destino de ministros. Sevilla, agradaores sin fronteras.