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La gran verdad

El Fiscal | 7 de noviembre de 2016 a las 20:01

FUTBOL 16/17
EL viernes pudo haber mucha más gente que el jueves. Y el sábado por la noche, mucha más que en la mañana de hoy domingo. Es muy probable que así fuera. Pero la gran clave no es la cantidad, de la que la Semana Santa anda sobrada, sino la calidad, de la que la Semana Santa anda tan necesitada. Hubo vallas, pero no eran para ordenar las parcelas de público, limitar su presencia o alejarlo de la comitiva, sino simplemente se habían empleado para despejar de coches algunas calles, pues el adelanto de la salida en un día obligó a tomar soluciones exprés.

Un único paso en la calle y 130.000 personas, según los cálculos de los expertos en seguridad. Se trata de datos que podrían justificar la calificación del acontecimiento como de alto riesgo. ¡Tanta gente concentrada en torno a un solo paso! Pues no ocurrió ningún incidente destacado. Tan sólo un majareta que profirió algunas voces nada cariñosas al paso del Señor por la calle Delgado. Nada más. Lo más hermoso fue que se hacía el silencio cuando aparecían los ciriales. ¿Se han dado cuenta de la cantidad de gente que estos días está comentado cómo se acallaba el gentío al sentir la llegada del Señor? Sevilla misma se enorgullece de haber recuperado uno de sus sellos de identidad, hasta ahora sólo reservado fuera de Semana Santa para las mañanas del 15 de agosto. A falta del regreso matinal de hoy domingo, tal vez esta salida del Señor sirva para que la ciudad recupere la confianza perdida en sí misma desde el año 2000, cuando el saber estar en las aglomeraciones quedó tambaleado. En el Ayuntamiento elogian el orden del público en todas las calles del recorrido de ida, sobre todo en las bocacalles, cuando en algunas no se oteaba el final después de contar más de una veintena de filas. Destacan también la muchedumbre del Salvador, “nunca vista en Semana Santa”. En la Plaza de San Francisco sí se pudo estar con mayor comodidad. ¿Habremos recuperado parte de esa confianza en nosotros mismos, necesaria para no ver ciertas aglomeraciones como una amenaza? Si la seguridad es una percepción subjetiva, según explica siempre la Policía, parece que hemos recuperado parte de esa sensación.

El arzobispo, por fin, ha vivido con felicidad un acontecimiento cofradiero promovido por él mismo. Lo del Señor del Año de la Misericordia ha tenido poco que ver con aquel vía crucis frustrado del Año de la Fe. La hostelería, por hacer el análisis completo, no ha sacado toda la rentabilidad que hubiera deseado de este gran acontecimiento. Los días y horarios finalmente escogidos no han sido los mejores para sus intereses. La salida de hoy, prevista para las once de la mañana, concentra la oferta en San Lorenzo y deja sin muchas opciones al resto de establecimientos del centro.

Las generaciones del futuro verán las fotos nocturnas del Señor en su camino a la Catedral un jueves de noviembre y, con toda seguridad, se harán una idea muy positiva de los sevillanos de hoy que, como siempre, hemos sabido acompañar al Gran Poder en perfecta armonía, orden y sin sobresaltos, pese a lo que les habrán contado sobre sucesos en la Madrugada y debates sobre la seguridad. Al igual que hoy vemos, por ejemplo, las imágenes en sepia del traslado en andas de 1965 por una Plaza de la Alfalfa donde, por cierto, la farmacia sigue donde estaba. Y contemplamos con envidia las caras de quienes fueron testigos de aquella visita del Señor a un barrio tan alejado del Centro con motivo de las Misiones. Esas generaciones futuras nos envidiarán por haber vivido cuanto estamos presenciando estos días. Y estarán orgullosos de la compostura y el silencio que hoy seguimos guardando cuando pasa Aquel que lleva en su rostro las miradas de los que no están ya con nosotros. Recibirán el mismo legado que en su día recibimos nosotros: el Señor y el silencio.

Alejandro Mateos y el sueño del Viernes Santo

El Fiscal | 14 de junio de 2016 a las 5:00

Foto Corona
Ya hay fumata blanca en el Sagrario. Alejandro Mateos renovará al frente de la Hermandad de la Corona, la de los nazarenos de ruan morado la tarde del Viernes de Dolores. Nadie duda de que en este primer mandato ha dejado bien posicionada a una de las más bellas cofradías de vísperas para alcanzar cotas mayores. ¿Por qué no soñar con la integración en la jornada en la que mejor encajaría el cortejo de esta cofradía? Sí, el Viernes Santo. Este joven hermano mayor reforzará la junta de gobierno para estos decisivos próximos cuatro años. Antonio Dubé Herdugo continuará la labor relacionada con el patrimonio de nueva creación de la hermandad. A este respecto hay que destacar la conclusión del paso renacentista del Señor será el objetivo, que lucirá majestuoso en su color terminado. El estilo sereno y sobrio será el objetivo del imaginero a la hora de desarrollar el estilo artístico de toda la cofradía. Por otro lado, nombres de estirpe cofrade como Serafín Pineda o Sandra Ruiz se incorporarán a la junta de gobierno. Rafael Belmonte volverá igualmente a su casa cofradiera como factótum de la cofradía, hombre para todas las misiones de peso con tentáculos en las más variadas ventanillas. El Viernes Santo será el principal reto. Nadie puede dudar del acierto de esta cofradía, pese a nacer en pleno centro, en la mismísima Catedral. El impulso de un grupo de jóvenes sabiamente guiados por la alta jerarquía eclesiástica cristalizó en una corporación pujante, equilibrada y ejemplo de buen gusto. Y conste, como siempre, que algunos seguimos echando de menos el vía crucis de tiempos pretéritos por el Patio de los Naranjos.

Inhóspita Catedral

El Fiscal | 4 de mayo de 2015 a las 12:27

simpecado1
Cambian los obispos, cambian los deanes, cambian los alcaldes. Pero la Catedral permanece con el Patio de los Naranjos clausurado como plaza pública, con el enjambre de vallas en su interior que conducen a nuestros señores los turistas como el ganado obediente vigilado por perros pastores con radiotransmisores. El turista paga. Tiene derecho a ir como quiera. Que quiere ir en camisa de tirantas asomando el bosque de las axilas, que lo haga. Para eso paga. Que quiere ir con el pantalón pirata, botines y camiseta fluorescente. Que lo haga. Para eso paga. Que quiere ir directamente en pantalón corto, cortísimo. Que lo haga. Para eso paga. La Catedral es una de las grandes cajas recaudadoras de la diócesis desde los tiempos de la Exposición Universal. No se puede poner en riesgo. Hace muchos años que a la hora de la verdad prima el turismo sobre los actos religiosos. Para maquillar la cosa se acordó denominar la visita turística como visita cultural. Suena más suave, ¿verdad?
Yo creo que cada mil turistas, el dean manda voltear las campanas de la Giralda. Ypasa que la gente no se orienta.

–Niño, suenan las campanas. Eso es que ya han hecho cardenal a don Juan José.
–Que no, mamá. Que son otros mil, otros mil que han entrado dejando cargadas las alcancías.

Y por cada cien mil euros de recaudación, hay un golpe de badajo de la campana de San Cristóbal. Tiene guasa (tela) que quienes reglamentan sobre el uso extralitúrgico de los templos, sean los mismos que no se atrevan a exigir al turista el decoro mínimo que se exige para visitar lo que se supone que es un lugar sagrado.

La otra noche, cuando llegó el Simpecado de la Hermandad del Rocío de Sevilla para presidir el pregón de las Glorias, se armó la marimorena. Los tíos de la seguridad de la puerta pegaron el cerrojazo en cuantito el Simpecado entró por el atrio de la Puerta de los Palos. La gran cantidad de fieles y hermanos que caminaban tras el Simpecado recibieron un cancelazo en las narices. Así, de pronto. ¡Zas! ¿La razón? Órdenes superiores. ¿La verdad? Estas criaturas no pasan por taquilla. No interesan. Cuanto más público entra, más se tarda luego en desalojar el local. Perdón, la Catedral.

A los fieles, cerrojazo. A los turistas, una pedazo de alfombra roja. En la Catedral hay tantas chanclas a cualquier hora del día que la Nave del Lagarto parece la Avenida de Castilla de la Antilla. Menos mal que la web Diario de Pasión captó el cerrojazo indigno ordenado por la superioridad. Ycómo disfrutan algunos dejando a la gente en la calle . Qué inhóspita la Catedral para los sevillanos, qué complaciente y permisiva para los turistas. Qué papelón (con veladores) el del Cabildo, duro con las espigas y suave con las espuelas.
simpecado2

Lo peor no es la mudanza

El Fiscal | 14 de marzo de 2015 a las 13:15

La fe no se pierde por cambiar de imagen titular, ni de día de salida de la cofradía, ni de túnica, ni de templo. En cuestiones de cofradías, las manos a la cabeza hay que echárselas las veces precisas. La tendencia al escándalo y a la exageración es directamente proporcional a las horas libres del personal. Lo peor de todo es que cada vez son más los que conocen un estilo de gobierno basado en el reglamentismo y el puntillosismo. Escrito está que el vicario general, aficionado con amagar con querellas pese a trabajar para la industria del perdón, no para de romperle puentes al pontífice (creador de puentes, según la Etimología). Lo peor no es que el Cabildo de Toma de Horas se deje de celebrar en la Capilla Real, lo peor es que se trata de una decisión mamarracha para justificar unas absurdas normas sobre el uso de los templos. El buen gobernante evita el problema, el mal gobernante los crea para justificar su función. El ex párroco del Palmar de Troya y sus aldeas adyacentes está como la Junta:¡Imparable! Directo hacia el ridículo con tal de hacerse notar.

El niño de la Esperanza

El Fiscal | 1 de junio de 2014 a las 5:00

nazareno
El antifaz levantado y el capirote hacia atrás, como sólo a los niños les está permitido llevarlo, como magos de la ilusión, como seises de penitencia, tres vueltas al cíngulo marcando el vientre de niño montañesino y toda la gracia que embadurna sobre el pequeño cuerpo una túnica de merino de 1935. Niño de la Esperanza aún sin basílica, de la Anunciación con los costaleros del muelle, los de las caras rotas e intenso olor en aquellos años de San Gil agrietado, de los cirios y las varas en el reposo del café, el trago de coñac o el latigazo de aguardiente en el tabernerío del alba, de los camiones con ladrillos y cemento de beneficiencia para levantar el templo, de la recogida de oro para labrar la corona, de aquel hermano mayor, el general Bohórquez, desayunando en Las Escobas en esa mañana del año en la que el cansancio es alegre y la fatiga es aliada del entusiasmo, que es la mañana del Viernes Santo; de las cañas de manzanilla y la fuente de tapas al pasar la cofradía por el polvero de Gabriel Rojas, de los nazarenos en un hermoso rebujo creando un tramo único a la vuelta por Parras.
Niño de la Esperanza que conoció a Queipo de paisano en la presidencia de la cofradía y que vio llegar los tapices del Ministerio de Turismo de Manuel Fraga para adornar aquel altar inédito y pasado por agua de la Plaza de España de 1964. Hijo de Esperanza, chiquillo del barrio, hijo de la vida cotidiana de la hermandad en tiempos de apreturas, discípulo del San Francisco de Paula, hijo del mercado de la Encarnación, entre aquellos puestos convertidos en altares cotidianos en honor a la Virgen, que los pucheros teresianos de la Esperanza son la fruta, la carne, el pescado y el pan nuestro de cada día, que si Dios está en algún mercado de Sevilla es en el mercado de la Encarnación. Niño encorsetado en las tardes de la Campana con el ayayayayay de las saetas de Manolo Caracol.
Niño que recibió por la vía materna el legado de amor a la Virgen, gracias al cual siempre ha contado con un firme asidero en los vaivenes de la vida, que cuando aprieta el viento hay que tener bien fijados los varales maestros. Niño con un dobladillo en la túnica casi tan largo como la propia túnica, que la esperanza de vida de los nazarenos se mide por esos dobladillos que marcan cuántas Semanas Santas quedan por vivir. Si las manos de los nazarenos revelan la edad, los dobladillos pregonan el jubiloso porvenir.
Niño que aprendió del Padre Cué que la Virgen de la Esperanza es de sus nazarenos hasta la Catedral, pero que el pueblo la hace suya desde que sale por la Puerta de los Palos, niño que conoció el antes y el después de la centuria romana, que es el antes y el después de Ángel Franco como capitán. Niño que se quedó fuera de la Catedral en la coronación al cerrar los canónigos las puertas por exceso de público, que muchos creemos que Bueno Monreal le dijo en la Puerta de la Asunción: “Márchese usted, que es mejor que no vea nada ahora, porque dentro de cincuenta años usted la va a liar de tal forma que lo tomarán por loco” . Y cincuenta años después, el niño de la Esperanza, aquel regordete de la mirada sepia y la faz redonda, no se ha quedado fuera de la Catedral. El niño de la Esperanza sigue en la vida cotidiana de la hermandad, que para eso las cofradías tiene el don de no excluir a los niños ni de apartar a los viejos. La única diferencia, como proclama el mejor pregonero, es que el niño la llama Macarena y el viejo prefiere decirle mi Virgen de la Esperanza, porque va cambiando la forma de llamarla como se va acortando el dobladillo de la vida. Si lo primero que desarrollan los niños es el sentido de la propiedad remarcado por el uso de los posesivos, los niños macarenos se reservan un posesivo muy especial para cuando van cumpliendo años. Yasí se aseguran seguir siendo niños.
El niño de la Esperanza de hoy sigue llevando la vara, viejo macareno en horas y también en obras, sede de la sabiduría en el atrio y ejemplo de la fortaleza física que concede la fe. El niño de la Esperanza tiene hoy la misma cara de personaje que en 1935, cuando aún faltaban casi treinta años para aquella coronación y él ya llevaba casi treinta revistiéndose con la gracia de aquella túnica. Al niño de la Esperanza lo han tomado por loco, como intuyó Bueno Monreal. Bendita locura macarena, benditas colas, benditas las oraciones de los mudos y las miradas de los ciegos en el Sagrario, benditas las saetas que eran guirnaldas, bendita la sal que sus costaleros pisaron y bendita las voces que su Salve entonaron, bendita estampa de la Esperanza junto al Dios de los monaguillos que está en la Lonja y benditas las once horas que a la Catedral la llevaron.

El niño de la Esperanza

El Fiscal | 1 de mayo de 2014 a las 5:00

nazareno
El antifaz levantado y el capirote hacia atrás, como sólo a los niños les está permitido llevarlo, como magos de la ilusión, como seises de penitencia, tres vueltas al cíngulo marcando el vientre de niño montañesino y toda la gracia que embadurna sobre el pequeño cuerpo una túnica de merino de 1935. Niño de la Esperanza aún sin basílica, de la Anunciación con los costaleros del muelle, los de las caras rotas e intenso olor en aquellos años de San Gil agrietado, de los cirios y las varas en el reposo del café, el trago de coñac o el latigazo de aguardiente en el tabernerío del alba, de los camiones con ladrillos y cemento de beneficiencia para levantar el templo, de la recogida de oro para labrar la corona, de aquel hermano mayor, el general Bohórquez, desayunando en Las Escobas en esa mañana del año en la que el cansancio es alegre y la fatiga es aliada del entusiasmo, que es la mañana del Viernes Santo; de las cañas de manzanilla y la fuente de tapas al pasar la cofradía por el polvero de Gabriel Rojas, de los nazarenos en un hermoso rebujo creando un tramo único a la vuelta por Parras.
Niño de la Esperanza que conoció a Queipo de paisano en la presidencia de la cofradía y que vio llegar los tapices del Ministerio de Turismo de Manuel Fraga para adornar aquel altar inédito y pasado por agua de la Plaza de España de 1964. Hijo de Esperanza, chiquillo del barrio, hijo de la vida cotidiana de la hermandad en tiempos de apreturas, discípulo del San Francisco de Paula, hijo del mercado de la Encarnación, entre aquellos puestos convertidos en altares cotidianos en honor a la Virgen, que los pucheros teresianos de la Esperanza son la fruta, la carne, el pescado y el pan nuestro de cada día, que si Dios está en algún mercado de Sevilla es en el mercado de la Encarnación. Niño encorsetado en las tardes de la Campana con el ayayayayay de las saetas de Manolo Caracol.
Niño que recibió por la vía materna el legado de amor a la Virgen, gracias al cual siempre ha contado con un firme asidero en los vaivenes de la vida, que cuando aprieta el viento hay que tener bien fijados los varales maestros. Niño con un dobladillo en la túnica casi tan largo como la propia túnica, que la esperanza de vida de los nazarenos se mide por esos dobladillos que marcan cuántas Semanas Santas quedan por vivir. Si las manos de los nazarenos revelan la edad, los dobladillos pregonan el jubiloso porvenir.
Niño que aprendió del Padre Cué que la Virgen de la Esperanza es de sus nazarenos hasta la Catedral, pero que el pueblo la hace suya desde que sale por la Puerta de los Palos, niño que conoció el antes y el después de la centuria romana, que es el antes y el después de Ángel Franco como capitán. Niño que se quedó fuera de la Catedral en la coronación al cerrar los canónigos las puertas por exceso de público, que muchos creemos que Bueno Monreal le dijo en la Puerta de la Asunción: “Márchese usted, que es mejor que no vea nada ahora, porque dentro de cincuenta años usted la va a liar de tal forma que lo tomarán por loco” . Ycincuenta años después, el niño de la Esperanza, aquel regordete de la mirada sepia y la faz redonda, no se ha quedado fuera de la Catedral. El niño de la Esperanza sigue en la vida cotidiana de la hermandad, que para eso las cofradías tiene el don de no excluir a los niños ni de apartar a los viejos. La única diferencia, como proclama el mejor pregonero, es que el niño la llama Macarena y el viejo prefiere decirle mi Virgen de la Esperanza, porque va cambiando la forma de llamarla como se va acortando el dobladillo de la vida. Si lo primero que desarrollan los niños es el sentido de la propiedad remarcado por el uso de los posesivos, los niños macarenos se reservan un posesivo muy especial para cuando van cumpliendo años. Yasí se aseguran seguir siendo niños.
El niño de la Esperanza de hoy sigue llevando la vara, viejo macareno en horas y también en obras, sede de la sabiduría en el atrio y ejemplo de la fortaleza física que concede la fe. El niño de la Esperanza tiene hoy la misma cara de personaje que en 1935, cuando aún faltaban casi treinta años para aquella coronación y él ya llevaba casi treinta revistiéndose con la gracia de aquella túnica. Al niño de la Esperanza lo han tomado por loco, como intuyó Bueno Monreal. Bendita locura macarena, benditas colas, benditas las oraciones de los mudos y las miradas de los ciegos en el Sagrario, benditas las saetas que eran guirnaldas, bendita la sal que sus costaleros pisaron y bendita las voces que su Salve entonaron, bendita estampa de la Esperanza junto al Dios de los monaguillos que está en la Lonja y benditas las once horas que a la Catedral la llevaron.

El tuteador

El Fiscal | 1 de abril de 2014 a las 5:00

Cabildo de Toma de Horas.
Ojo a la intervención del vicario general en el Cabildo de Toma de Horas, en la solemnidad de la Capilla Real, con grandes sillones y folios sobre el damasco rojo. Teodoro León se dirige a los hermanos mayores con un tuteo revelador: “Como sabéis”, “Os invito”, “Cuando llamáis”, “Cuando queráis”, “Os tenéis que acostumbrar”. Cualquiera diría que aquello era la Seguridad Social, donde hay sanitarios que llaman “abuelo” a los pacientes de edad y, por supuesto, los tratan de tú. Dicen que los curas de hoy no saben latín. Lo que no saben es guardar ciertos modales. ¡Pero qué bien lucen el clergyman! Por cierto, cuando el ex párroco del Palmar alertó de los falsos prestes, aludió al falso cura de Alcalá que fue condenado: “Hasta nosotros hemos tenido a uno que luego hemos sabido que no es sacerdote”. ¿Nosotros como diferencia de vosotros? ¿No se trata de la misma Iglesia? Ay…

Señora presidenta

El Fiscal | 3 de marzo de 2014 a las 9:57

Iglesia del Salvador. Patio de los Naranjos.. Allí estará Diego J. Geniz, que ha quedado con el director de la Fundación Jesús de Pasión para hacer un reportaje sobre la labor social que se realiza en estos tiempos de crisis. Nos interesa sacar fotos de l
Dice la muy capillita presidenta de la Junta de Andalucía, la misma que se reúne siete horas con Asenjo en la céntrica vivienda de un antiguo presidente de caja de ahorros, que “la titularidad pública de la Mezquita de Córdoba es compatible con la gestión por la Iglesia”. Yse queda más a gusto que un arbusto. Toma, claro. Desde que Susana (no hace falta el apellido, Susana no hay más que una) es presidenta de la Junta, hay mucho socialista que ahora califica la otrora retrógrada religiosidad popular como un “valor añadido”. ¿Qué es la Semana Santa para un neosocialista andaluz? Un valor añadido. Pues eso. Y afloran los tontos del valor añadido como se multiplican los tontos que contamos veladores por las calles del centro. En el partido dicen que hasta la Rubiales ve ahora en las cofradías un valor añadido. Cosas veredes, Sancho (y Sancha).
Las entidades católicas de toda España aportan una labor social tasada en 30.000 millones de euros, según los datos oficiales de los señores de la Conferencia Episcopal, que tienen un gerente que lleva estupendamente las cuentas, como don Juan José tiene su ecónomo en Sevilla. Ybien que le cuesta el ecónomo.
–¿Cómo se llama el ecónomo?
–Don Alberto.
–Noooo… ¿Que cómo se llama de parné? ¿Que cuánto cobra?
–Cobra a precio de mercado, que es lo que no se nos dijo en el consejo de asuntos económicos.
Al grano. El Estado se ahorra 30.000 millones de euros en unas labores que asume una institución como la Iglesia Católica, que se nutre de la aportación voluntaria de los fieles en la declaración del IRPF, según el acuerdo económico Iglesia-Estado que rubricaron en su día el cardenal Rouco Varela y la vicepresidenta socialista Fernández de la Vega, en aquellos tiempos en que ZP se tomaba la taza de caldito en la Nunciatura, ¿recuerdan? Porque ZP era un diablo con tridente y cuernos, pero bien que compartió mesa y mental muchas veces con los obispos. Hasta don Juan José ha almorzado con ZP, ¿verdad? Que aquí después pasa por rojo siempre el mismo. Rojísimo.
Esperando estamos que Doña Susana también nos regale una perla de esas que sueltan los políticos en los desayunos para la prensa, esos encuentros en los que, por cierto, nadie se come la poca saludable bollería que se ofrece en las mesas. Hay que hacer un estudio sobre la fosilización de los bollitos en los desayunos de las agencias de noticias en los grandes hoteles de Madrid y Sevilla. ¿Alguien ha visto a algún baranda hincarle el diente a esas micronapolitanas de chocolate? Todo lo más, el café bebío. Pues la capillita Díaz ya podría decir que la Junta puede asumir también la gestión de los comedores sociales que las religiosas y las hermandades regentan en la ciudad, desde el de Triana hasta el de Bellavista, pasando por el del Pumarejo, San Juan de Dios o el de San Juan de Acre. Ypuede asumir también la gestión de los economatos económicos, como el que con éxito promueven las hermandades del casco antiguo. Y también podría la Junta asumir los 150.000 euros en metálico que la Hermandad de la Macarena dedica al año a fines sociales (cuenten aparte los kilos y kilos de alimentos que reparte, desde un camión de mantecados hasta cientos de pollos), o echarle un vistazo al anuario del Gran Poder donde con todo lujo de detalles (ejemplo de transparencia sin necesidad de leyes) se ofrecen las cifras de una bolsa de caridad que desde 1953 es estandarte y timbre de gloria de la acción social de las hermandades. “La naturaleza de las atenciones resulta del todo inimaginable, desde sufragar una intervención quirúrgica hasta el pago de unas gafas; de la repatriación de un emigrante a una beca de estudios, de una canastilla de recién nacido a cubrir los gastos de una exequias, o la ayuda a drogodependientes”. Y también podría la Junta alabar que nunca jamás se pregunta en San Lorenzo por el credo religioso de quien pide auxilio. ¿A cuántos musulmanes se ayuda en nombre del Gran Poder? A los que haga falta. No se hacen preguntas, como en la Legión.
Podría la Junta asumir también la gestión de Cáritas Diocesana, que mueve 5 millones de euros a través de una engrasada red parroquial en la capital y en la provincia, con su cuerpo de voluntarios que dedican su tiempo de forma altruista a diagnosticar las verdaderas necesidades y ponerles solución. Podría también la presidenta visitar el Patio de los Naranjos del Salvador, recuerdo de la antigua mezquita, la tarde en que se reparten alimentos y productos de limpieza con cargo a la Fundación Jesús de la Pasión. La sola contemplación de la cola, formada por madres de todas las edades con sus carritos vacíos, estremece el alma más gélida. Es solo una muestra de las 45 millones de horas que dedicaron las parroquias españolas en un año a la atención de las demandas de todo el que llama a sus puertas.
Tenga por seguro, señora presidenta, que la Iglesia no asume esas funciones más que por cumplir con su finalidad, no para recoger ninguna medalla: ni de la Junta ni del Ayuntamiento. Por no hablarle de las Hermanas de la Cruz, ni de la Orden de Malta, ni de los franciscanos, ni de las religiosas del Pozo Santo, ni de las órdenes de clausura, ni del libro blanco de la acción social de las hermandades que tasa en 1,5 millones de euros la acción social de las cofradías, ni de esas hermandades desconocidas, al borde de la extinción y de presupuestos escuálidos, que reparten un alimento tan básico como el pan a las monjas de clausura más necesitadas, a las que compran electrodomésticos para hacer más fácil la vida a quienes ya de por sí se dedican a hacérsela más llevadera a los demás.
Dar pábulo a iniciativas como la gestión pública de la Catedral de Córdoba no sólo es una insostenible majadería, sino supone promover el más rancio, casposo y trasnochado anticlericalismo, que es lo que se esconde debajo del tapete. Aquí nos conocemos todos. Mi querida presidenta: o Dios o el mazo.

Un pregonero inteligente

El Fiscal | 28 de enero de 2014 a las 5:00

Francisco Berjano no hace más que demostrar inteligencia desde que fue elegido pregonero. No sólo no se amilana por ser la segunda opción del Consejo o, mejor dicho, la persona a la que la autoridad eclesiástica buscó de forma repentina cuando el Cura Paco dijo que no, sino que presume de ello con todo desparpajo, sentido del humor y estilo fresco. Justo lo que hace falta en estos asuntos. Cualquier otro, que los ha habido, sentiría complejillo o daría muestras de escozor. El otro día confesó en el ad calorem que le tributó la Hermandad de Los Estudiantes que al poco de ser elegido no le hubiera importado devolverle el título de pregonero al Cura Paco si éste se hubiera arrepentido y se hubiera echado finalmente para adelante. Pero según van pasando los días, Berjano tiene ya claro que quiere dar el pregón y ya no le cedería el puesto a nadie. Está disfrutando. Y sin complejos. Distinto será el estilo de su pregón: si gusta o no, o si es lo que se espera de un pregón o no. Pero en eso también está echándole buen humor. Dice alto y claro que ni es poeta ni lo va a ser. Se agradece. Mayor sinceridad y pecho al descubierto no caben. Si hay reclamaciones, que vayan al Palacio Arzobispal. Porque el Consejo ha pintado bien poco en su elección, salvo el papel de colaborador necesario. Y Don Francisco sabe perfectamente en qué consiste un colaborador necesario. Para ser pregonero y para sacar una cofradía sin pasos, ¿verdad?
El reglamento
El presidente del Consejo está empeñado en promover el reglamento de régimen interno que desarrolle los nuevos estatutos. Tiene prisa en este objetivo. Pero ya hay varios consejeros que tratan de convencerle de que no vaya tan rápido, que sería conveniente dejar pasar un año completo con los nuevos estatutos. ¿Esconderá el interés por el nuevo reglamento un intento por aumentar los ingresos de las hermandades de vísperas? Huuuuum.
Exposición de Borrero
Tremendo éxito el que está cosechando la exposición sobre la obra del orfebre Juan Borrero, que lleva por título Trazos de plata, una vida dedicada a la orfebrería y que está abierta hasta el 24 de febrero en el Castillo de San Jorge. Hasta el pasado viernes incluyó las tres coronas de Dolorosas trianeras coronadas canónicamente. Si la muestra es de elevado interés, el catálogo es digno de ser guardado en toda colección de cofrade que se precie. Está editado en alta calidad por Páginas del Sur (Grupo Joly).
Sin acuerdo
A pesar de la intensidad diplomática desarrollada, a pesar de las horas de trabajo y sacrificio personal, a pesar del desgaste del Consejo, a pesar de las innumerables reuniones, a pesar de todos los pesares… ¡No hay acuerdo para la reforma del Martes Santo! Ay, qué pena, Virgen Santa. Y eso que el día no se celebra desde hace cuatro años. Y ya en enero se posponen las reuniones para después de Semana Santa. A seguir esperando la buena nueva. Si será por esperar… Llena ahí y pon otra de ensaladilla.
Un sobre de ida… y vuelta
El hermano mayor de Los Estudiantes presentó el cartel del pregón universitario. Acto seguido, Antonio Piñero entregó el sobre con la asignación económica que la hermandad concede cada año al pintor invitado. Ricardo Suárez pidió otra vez la palabra y dijo que con una mano recibía el sobre y con la otra lo devolvía, al estilo de aquel capellán real que fue Sebastián y Bandarán.
El pertiguero
Primer golpe. Tam-tam de regulación de empleo en el Consejo. Dicen que se prescinde de la vieja guardia. Salen cuatro y sólo se quedan tres. Segundo golpe. ¿Quién ha fomentado el temor a una posible inspección? Uuuuuuf. Tercer golpe. Presencia inédita. ¿Saben ustedes que el mismísimo alcalde asistió a la toma de posesión del nuevo hermano mayor del Santo Entierro? Ya dicen que Zoido es un alcalde BBTP: bodas, bautizos y tomas de posesiones. Y ciriales arriba. Sólo el muy querido don Publio representó a la autoridad eclesiástica en el acto celebrado en la Catedral por el 115 aniversario del traslado de los restos de Colón a Sevilla. Ni el obispo auxiliar ni el deán pudieron estar presentes, pese a que por el Ayuntamiento acudieron el alcalde Zoido y el concejal Gregorio Serrano.

La última punta del tridente rojo

El Fiscal | 28 de julio de 2013 a las 17:50

Siempre siente un fuerte estruendo interior en el momento en que la caja entra en el nicho. Justo en ese instante es cuando el cardenal sufre el desgarro que provoca la guadaña al arrebatarle a otro ser querido. Lo ha confesado en varias ocasiones: hasta que el ataúd no desaparece de la vista es como si la muerte no fuera muerte, sino una circunstancia más de la vida. Pero cuando ya desaparece hasta la última referencia física hay que tomarse en serio que esto, señor cardenal, esto es la cara más cruel de la realidad. El martes se dio sepultura al último gran colaborador de quien gobernó la Iglesia de Sevilla durante 28 años. Monseñor Amigo formó un trío de lujo que tuvo como gran vínculo la amistad fraternal entre sus componentes y como características comunes la condición de doctores en Derecho Canónico, la proximidad a las filas del PSOE y unas vidas cortas pero intensas en obras. Eran –fueron– las tres patas del trípode de un dilatado pontificado. Alguna lengua acerada calificó a Manuel Benigno García Vázquez (1935-2005), Juan Garrido Mesa (1931-2007) y Francisco Navarro Ruiz (1968-2013) como el tridente rojo del cardenal Amigo más que como el trípode. A ellos les divertía la ironía, nunca se molestaron. Jamás se abonaron al escándalo mojigato.
Sería injusto no aludir a otros sacerdotes muy significativos durante todos esos años. Antonio Domínguez Valverde fue el servidor más fiel del cardenal; Francisco Ortiz se ganó la confianza de Amigo y llegó a rector del Seminario y vicario general; Ángel Gómez Guillén ha sido y es casi el único amigo personal de monseñor, pues un príncipe no tiene amigos en sentido estricto, como confesó en las entrevistas para su perfil biográfico en 2003. A Gómez Guillén lo invitaba en Palacio al almuerzo privado de cada festividad de San Carlos Borromeo. Antonio Granados fue su primer secretario y Antonio Hiraldo coordinó en 1982 la primera visita del Papa, aunque después se alejó de monseñor Amigo. Y otros curas muy próximos fueron, cómo no, Fernando Isorna, José Salgado, José Gutiérrez Mora y José Luis Peinado, quien sacó adelante nada menos que la restauración de San Isidoro.
No hay que olvidar a quienes fueron en un momento dado la conciencia crítica de monseñor Amigo cuando anunció la venta de San Telmo, como el desaparecido Gil Delgado y su inolvidable voto particular en contra de la operación, una joya jurídica a juicio de expertos canonistas en la que denuncia la modificación de la voluntad expresada en su testamento por la infanta María de las Mercedes de Orleans; o Pedro Ybarra Hildalgo, que entendía de buena fe que la Iglesia no debía desprenderse del edificio. Jesús Pérez Saturnino, uno de los seglares con mayor influencia en el Arzobispado en tiempos del cardenal, ha recordado estos días la carta escrita en latín que Gil Delgado remitió el 17 de junio de 2002 a Francisco Navarro con motivo de su cese en la Cancillería: “Te escribo en latín ésta mi lacrimosa y al mismo tiempo divertida carta no sólo por ser la lengua de Cancillería, sino también porque creo que expresar mis sentimientos de esta manera es más conforme con asunto de tanta importancia y valor; y porque todavía a ti y a mí nos es lícito comunicarnos de manera tan distinguida. Que lo entiendan otros, si pueden; que lloren, si no pueden”.


Nadie podrá discutir nunca que los tres canónigos de este trípode (o tridente) han mandado y mucho durante las casi tres décadas en las que la Iglesia de Sevilla tuvo que ponerse al día y tender puentes con el partido político que gozaba de una hegemonía en la comunidad autónoma a prueba de escándalos. El propio monseñor Amigo se llegó a defender de las críticas por su fluidez de entendimiento con los sucesivos gobiernos socialistas en Andalucía: “Es que no gobierna otro partido, ¿con quién me voy a entender?”.
Tan importante era saber latín como negociar la venta de San Telmo, gestionar las partidas de dinero público para la restauración de un buen ramillete de templos o implantar en la Catedral un modelo de gestión que asegurara su autofinanciación, que hiciera del primer monumento de la ciudad un negocio rentable cuyas cuentas se llevaran en una hoja de cálculo y no en una libreta de anillas. Esta última empresa la llevó a cabo con éxito el canónigo Francisco Navarro, la última punta del tridente rojo de monseñor Amigo. Navarro dirigía las finanzas de la Catedral con mano de ejecutivo como García Vázquez entraba una y otra vez en la Moncloa para asesorar a Felipe González –al que había casado– en las cuestiones de la Iglesia y el Estado (¡Cuánto hubiera necesitado Zapatero un García Vázquez a su lado!) o Garrido Mesa, desde su experiencia como secretario general técnico de la Consejería de Obras Públicas, llamaba a las puertas de los bancos, fundaciones, empresas y particulares para restaurar el Salvador con el impulso de Joaquín Moeckel, a quien supo sacarle sin complejos el máximo partido. Tres puntas de tridente que tenían claro que la misa no sale bien de tanto decir amén, a los que era difícil ver con el clergyman y que se sentaban en la mesa con el Diablo si se trataba de sacar beneficio para una Iglesia a la que sirvieron más en labores privadas que públicas pese a gozar de cargos con destacada notoriedad.
Los tres sabían latín (el de Cicerón y el otro, el de la calle) y los tres hacían gala de la típica socarronería de los curas de antes. En una tarde de toros en la Maestranza, Jaime Montaner, entonces consejero de la Junta de Andalucía, insitió a García Vázquez para que sentara junto a él en el palco de convite asignado al gobierno autonómico. El cura de grandes hechuras y nariz inconfundible, que ocupaba localidad en el palco asignado al Cabildo, le respondió en voz alta con cuarto y mitad de guasa sevillana.
–¡Que no, Jaime, que no! Que mi palco es vitalicio y el tuyo es por cuatro años.
Los tres, junto con Juan Guillén, formaban parte del denominado Grupo de Los Remedios, quienes junto al vicario Domínguez Valverde fueron clave muchos años en la profesionalización de la gestión de la Catedral. El pontificado de monseñor Amigo no se entiende sin este tridente, presente en las grandes operaciones que han supuesto verdaderos hitos en la Iglesia de Sevilla contemporánea. Navarro fue pieza clave en la Magna Hispalensis, que dio lugar al modelo de Catedral que ha llegado a nuestros días, pero también de otras operaciones menos conocidas como la cesión de la explotación del Hotel Los Seises o la venta de la antigua Escuela Francesa. Tuvo que soportar un aluvión de críticas cuando metía el pie en el área chica al abrir una cafetería en el Patio de los Naranjos durante la Magna Hispalensis, construir una entreplanta en el pabellón de recepción de los turistas o sembrar la Catedral de vallas y cintas separadoras a cargo de azafatas con la vehemencia, en ocasiones, de gorilas de discoteca. Pero Navarro hacía lo que debía. A punto estuvo de inaugurar un salón de actos permanente (¿O cafetería?) en la azotea de la cilla. Dejó una Catedral con un presupuesto que hoy supera los 10 millones de euros. Gracias a su revolución, el Cabildo no tiene que mendigar para la conservación del templo. El dúo formado por Navarro en la mayordomía y el arquitecto Alfonso Jiménez como maestro mayor ha afrontado todos estos años enormes obras de conservación de la Catedral, bien sufragadas directamente, bien con patronicios públicos o privados, pero con el criterio de que el Cabildo debía, como mínimo, sufragar siempre la mitad del presupuesto. Entre esas obras destacan la reparación de los pilares agrietados del trascoro, la limpieza de la gran fachada que da hacia la Avenida, ennegrecida por el tráfico rodado; la apertura de la visita aérea al templo, los planes de seguridad para las grandes concentraciones, etcétera.
Ninguno de estos tres personajes era ajeno al fenómeno de la religiosidad popular. García Vázquez era de la Amargura, Garrido Mesa de la Macarena y Navarro Ruiz del Silencio. Veían y valoraban el potencial de las cofradías, sin prejuicios y con más bondad de corazón que muchos sacerdotes considerados oficialmente capillitas. Impagable fue la labor de García Vázquez para desbloquear la incómoda situación que se produjo cuando algún lumbrera del Arzobispado trató de imponer la igualdad de derechos y obligaciones en varias hermandades en pleno verano (con agosticidad) y por medio de una carta sin ninguna negociación previa, cuando en la normativa diocesana se dejó libertad para que cada cofradía fuera asumiendo las directrices de los nuevos tiempos. Garrido fue clave a la hora que se admitiera a la mujer nazarena en la Macarena, una noticia que apareció en los telediarios. Y Navarro reivindicaba como suya la iniciativa de apagar todas las luces de la Catedral al llegar su primitiva hermandad.
Llama la atención que ninguno de los tres fuera a Roma en octubre de 2003 para asistir a la creación de monseñor Amigo como cardenal. Nunca fueron pelotas al uso, tal vez porque brillaban con luz propia. “Niño, ¿pero tú sabes cómo se edificó el Vaticano?”. Y Juan Garrido se echaba las manos a la cabeza en aquella reducísima cena con la que celebró sus 50 años como sacerdote. Amaba y servía a la Iglesia tanto como sufría con la cerrazón de algunos de sus miembros o disposiciones anacrónicas. Garrido se ofreció a oficiar el funeral de un sevillano muy conocido que se suicidó una mañana, porque el párroco de turno se negó a hacerlo. Largo como una cofradía de barrio, Garrido ha sido el cura que mejor respondía al perfil de padre y que más se quejaba cuando se le hablaba de usted o se le llamaba de don. García Vázquez lo arreglaba todo hablando, hasta en la habitación de la clínica de Santa Isabel tenía ganas de charlar por el móvil y estar al día de la actualidad en sus últimos meses. Y hablando vendió San Telmo a los socialistas, pilotando unas reuniones con el Ejecutivo socialista de José Rodríguez de la Borbolla que dieron lugar a la “mayor operación de enajenación del patrimonio eclesiástico en Europa” que ha dado hasta para un tesis doctoral, la del fallecido profesor Ribelot. Hoy se ve con toda naturalidad que la Iglesia se relacione con gobernantes de todo signo político, pero a cierta Sevilla de los años 80 le costó digerir que los curas se sentaran con socialistas (¡La Iglesia con el rojerío!) a hablar de dinero, de mucho dinero. Tanto dinero que buena parte del importe recibido en metálico (mil millones de las antiguas pesetas) acabó en un fondo de inversión del BBVA Privanza (Open Found) de alta volatilidad que incluía un porcentaje en un paraíso fiscal, una particular interpretación de la parabola de los talentos que también generó polémica.


Navarro era aparentemente el más distante, pero formaba parte de esa minoría de sevillanos que, lejos del estilo del compadreo, cuando ofrecían su casa lo hacían de verdad. Nunca se calló en asuntos delicados para la Iglesia, su Iglesia, de lo que podría dar fe el propio monseñor Asenjo, que recibió alguna carta de este veterano sacerdote en desacuerdo por algún alto nombramiento. Y no le gustaba que en la crónicas periodísticas se le refiriera como el “todopoderoso Navarro”, lo que me reprochó en su último día como canciller. Al mismo tiempo que recogía sus pertenencias del despacho me lanzó a la mesa –¡por fin!– el documento con todos los detalles de la venta de San Telmo.
–Ea, ya lo tienes. Tú sabes ya que dejo este despacho, ¿no?
La carrera de Navarro, con diferentes destinos en el mundo por su etapa como diplomático del Vaticano (y alguna polémica por su valentía de planteamientos), incluyó como anécdota una labor de interlocución con la reina para los preparativos de la Boda de la Infanta de 1995. Hubo que convencer a Doña Sofía de que las columnas de flores que pretendía quedarían engullidas por esa montaña hueca que es la Catedral por mucho que fueran de gran tamaño. Navarro y Jiménez, por cierto, fueron invitados al banquete en el Alcázar. Ninguno lució el chaqué protocolario.
A los tres les fui preguntando si eran los capellanes del PSOE. Y los tres respondieron igual.
–Je, je, je.
Fueron curas de su tiempo que ayudaron a su Iglesia a tener un papel activo en la sociedad que les tocó vivir, nunca arrinconados en la sacristía ni escondidos entre las humaredas del incienso. Qué curioso, ahora tenemos un Papa que parece marcar el camino señalado por estos tres curas: “Prefiero mil veces una Iglesia accidentada, que haya tenido un accidente, que una Iglesia enferma por encerrarse. Salid fuera, ¡salid!”. Dejan un hueco que alguien, por la propia teoría de la ocupación de los vacíos, deberá cubrir necesariamente, pues la Iglesia necesita un equilibrio de fuerzas y de mentalidades para poder seguir poniendo el intermitente a la derecha y girar a la izquierda cuando interesa, que es la especialidad de la casa.