Archivos para el tag ‘CATEDRAL’

Ayarra

El Fiscal | 20 de marzo de 2018 a las 5:00

FOTO RUESGA BONO

MUY poquitos vecinos de la ciudad tenían un perfil tan internacional, un verdadero prestigio en lugares muy diversos del mundo. Nunca perdió el acento de su tierra de Jaca. Dejaba la mirada clavada en la bóveda cuando más disfrutaba: al tocar el órgano de la Catedral, al que cuidaba como a un hijo. Tenía más composiciones dedicadas en su honor que muchas vírgenes, pues grande era la admiración que generaba. Lo mismo estaba tomando café en un bar de la Avenida que dando clases en la Universidad de Hiroshima o perdido por los Estados Unidos. En la Plaza de San Pedro de Roma tocó Coronación de la Macarena cuando don Carlos Amigo fue creado cardenal. Tuvo una prórroga en la vida gracias al riñón que recibió de su difunto hermano. Al final, tuvimos la oportunidad de decirle: “El órgano es la clave”. Ysonrió agradecido. Pierde la Catedral, pierde la ciudad. Gana el cielo.

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Así nació la Corona

El Fiscal | 11 de febrero de 2018 a las 5:00

Corona

AHORA que está a punto de arrancar la cuaresma que nos conducirá a una Semana Santa marcada por la seguridad. Ahora que estamos a punto de estrenar esas tardes en que nos fijaremos en el precio de la torrija, en la pancarta que anuncia capirotes en San Esteban y en la agenda de actos y cultos. Ahora que la sofisticación ahoga la naturalidad y la pantalla del teléfono inteligente sustituye la tertulia. Ahora, justo ahora, es cuando quizás conviene recordar cómo nació una hermandad en aquellos años noventa en que ni había internet ni correo electrónico. En la Parroquia del Sagrario se afanaban un cura comoDios manda, el recientemente fallecido José Gutiérrez Mora, y un grupo de jóvenes animosos. El fax era de papel térmico y la máquina de escribir era la única muestra de máxima tecnología que Juan, el oficinista de la parroquia, utilizaba para la expedición de certificados de matrimonio y volantes de bautismo. Don José estaba en su plenitud vital y pastoral como número tres (pro-vicario general) del arzobispo Amigo. Todavía quedaban muchos años para que fuera cardenal.  Gutiérrez Mora quería que el Sagrario fuera de verdad una parroquia y no un templo anexo o auxiliar de la Catedral, del que salieron bancos para la boda de la Infanta Elena. El bar  Gonzalo era el santuario  de los desayunos antes de ser tomado por los turistas. El Patio de los Naranjos no tenía  máquinas de agua mineral que ocultaran muros del templo catedralicio. En la cripta había huesos de cardenales antiguos. Y don Juan Castro Nocera  deambulaba feliz por su Archicofradía Sacramental en permanente organización y perfeccionamiento del Corpus. Paco Navarro organizaba la Catedral. Fernando Ysorna pastoreaba las hermandades. Antonio Ríos presidía el Consejo. Alberto Jiménez Becerril era el concejal de Hacienda… Y un grupo de jóvenes de Arenal frecuentaban la parroquia para recibir la catequesis de confirmación. Para afianzar su presencia, el párroco les ofreció dar culto a la imagen de un Cristo olvidado en una de las Capillas laterales. Estaba en mal estado pero tenía un halo de nobleza quizás venida menos… Desde su presencia en la Magna Hispalensis de 1992 había despertado interés. Los  jóvenes empezaron a reunirse tras las misa  de doce de los domingos. Llamaron a sus amigos. Fueron sumando apoyos. Como suele pasar en la cadencia de la vida, hubo hasta primeros amores.  Se consiguieron unas andas y surgió el diamante en bruto de un vía crucis por el Patio de los Naranjos en plena Cuaresma. La  fotografía que ilustra este artículo  corresponde al término de un culto dominical. Poco a poco parecía que los niños de  la Corona se hacían un hueco en el mundillo cofradiero en aquella mitad de los años noventa , sin pretensiones y generando cierta simpatía.… Don José les dejaba hacer y el arzobispo, ya se sabe, tenía las puertas abiertas a nuevas iniciativas. Fueron haciendo camino al andar. Juan Garrido Mesa ayudó a redactar las primeras reglas. Así nació la Corona. Sirvan estas líneas de homenaje al párroco que animó a aquellos jóvenes. Bien haría la cofradía en honrar la memoria de Gutiérrez Mora con algún memorial anual, una beca en el seminario o una iniciativa similar.

Otto

Casi 300 años de fidelidad baratillera

La Semana Santa es la familia. Las hermandades son apellidos, sagas, personas en el sentido más romántico y hermoso. El Baratillo es don Otto Moeckel, que el otro día cumplió 89 años. Número 3 de la cofradía de su vida, en la que fue inscrito a los ocho años. En la imagen aparece con sus hijos Enrique, Emilio, Otto y Joaquín, todos ellos con 50 o más años de antigüedad en la hermandad. Enrique, por cierto, celebrará sus bodas de oro baratilleras el próximo domingo. Sumen los años de fidelidad a una corporación que hay en la fotografía: casi 300.

Capilla del Baratillo Meditación de Alberto García Reyes ante el Cristo  Va del día en el Fiscal

La ofrenda de la palabra

La Capilla de la Piedad tiene las dimensiones perfectas para la meditación, para ese ambiente de recogimiento que se remata con ese olor a Baratillo que asciende hasta la cúpula y embriaga el gozo. Anoche olió a Baratillo, a perfume caro,  en estos días previos a la liturgia de la ceniza. Alberto García Reyes dejó a los pies del Cristo de la Misericordia la ofrenda de su sentimiento, la belleza de su oratoria. Cera azul, Virgen niña, la noche de febrero marceaba ya en el corazón del Arenal mientras el periodista rezaba en público con las oraciones cultivadas en la huerta de su palabra.

 

La gran verdad

El Fiscal | 7 de noviembre de 2016 a las 20:01

FUTBOL 16/17
EL viernes pudo haber mucha más gente que el jueves. Y el sábado por la noche, mucha más que en la mañana de hoy domingo. Es muy probable que así fuera. Pero la gran clave no es la cantidad, de la que la Semana Santa anda sobrada, sino la calidad, de la que la Semana Santa anda tan necesitada. Hubo vallas, pero no eran para ordenar las parcelas de público, limitar su presencia o alejarlo de la comitiva, sino simplemente se habían empleado para despejar de coches algunas calles, pues el adelanto de la salida en un día obligó a tomar soluciones exprés.

Un único paso en la calle y 130.000 personas, según los cálculos de los expertos en seguridad. Se trata de datos que podrían justificar la calificación del acontecimiento como de alto riesgo. ¡Tanta gente concentrada en torno a un solo paso! Pues no ocurrió ningún incidente destacado. Tan sólo un majareta que profirió algunas voces nada cariñosas al paso del Señor por la calle Delgado. Nada más. Lo más hermoso fue que se hacía el silencio cuando aparecían los ciriales. ¿Se han dado cuenta de la cantidad de gente que estos días está comentado cómo se acallaba el gentío al sentir la llegada del Señor? Sevilla misma se enorgullece de haber recuperado uno de sus sellos de identidad, hasta ahora sólo reservado fuera de Semana Santa para las mañanas del 15 de agosto. A falta del regreso matinal de hoy domingo, tal vez esta salida del Señor sirva para que la ciudad recupere la confianza perdida en sí misma desde el año 2000, cuando el saber estar en las aglomeraciones quedó tambaleado. En el Ayuntamiento elogian el orden del público en todas las calles del recorrido de ida, sobre todo en las bocacalles, cuando en algunas no se oteaba el final después de contar más de una veintena de filas. Destacan también la muchedumbre del Salvador, “nunca vista en Semana Santa”. En la Plaza de San Francisco sí se pudo estar con mayor comodidad. ¿Habremos recuperado parte de esa confianza en nosotros mismos, necesaria para no ver ciertas aglomeraciones como una amenaza? Si la seguridad es una percepción subjetiva, según explica siempre la Policía, parece que hemos recuperado parte de esa sensación.

El arzobispo, por fin, ha vivido con felicidad un acontecimiento cofradiero promovido por él mismo. Lo del Señor del Año de la Misericordia ha tenido poco que ver con aquel vía crucis frustrado del Año de la Fe. La hostelería, por hacer el análisis completo, no ha sacado toda la rentabilidad que hubiera deseado de este gran acontecimiento. Los días y horarios finalmente escogidos no han sido los mejores para sus intereses. La salida de hoy, prevista para las once de la mañana, concentra la oferta en San Lorenzo y deja sin muchas opciones al resto de establecimientos del centro.

Las generaciones del futuro verán las fotos nocturnas del Señor en su camino a la Catedral un jueves de noviembre y, con toda seguridad, se harán una idea muy positiva de los sevillanos de hoy que, como siempre, hemos sabido acompañar al Gran Poder en perfecta armonía, orden y sin sobresaltos, pese a lo que les habrán contado sobre sucesos en la Madrugada y debates sobre la seguridad. Al igual que hoy vemos, por ejemplo, las imágenes en sepia del traslado en andas de 1965 por una Plaza de la Alfalfa donde, por cierto, la farmacia sigue donde estaba. Y contemplamos con envidia las caras de quienes fueron testigos de aquella visita del Señor a un barrio tan alejado del Centro con motivo de las Misiones. Esas generaciones futuras nos envidiarán por haber vivido cuanto estamos presenciando estos días. Y estarán orgullosos de la compostura y el silencio que hoy seguimos guardando cuando pasa Aquel que lleva en su rostro las miradas de los que no están ya con nosotros. Recibirán el mismo legado que en su día recibimos nosotros: el Señor y el silencio.

Alejandro Mateos y el sueño del Viernes Santo

El Fiscal | 14 de junio de 2016 a las 5:00

Foto Corona
Ya hay fumata blanca en el Sagrario. Alejandro Mateos renovará al frente de la Hermandad de la Corona, la de los nazarenos de ruan morado la tarde del Viernes de Dolores. Nadie duda de que en este primer mandato ha dejado bien posicionada a una de las más bellas cofradías de vísperas para alcanzar cotas mayores. ¿Por qué no soñar con la integración en la jornada en la que mejor encajaría el cortejo de esta cofradía? Sí, el Viernes Santo. Este joven hermano mayor reforzará la junta de gobierno para estos decisivos próximos cuatro años. Antonio Dubé Herdugo continuará la labor relacionada con el patrimonio de nueva creación de la hermandad. A este respecto hay que destacar la conclusión del paso renacentista del Señor será el objetivo, que lucirá majestuoso en su color terminado. El estilo sereno y sobrio será el objetivo del imaginero a la hora de desarrollar el estilo artístico de toda la cofradía. Por otro lado, nombres de estirpe cofrade como Serafín Pineda o Sandra Ruiz se incorporarán a la junta de gobierno. Rafael Belmonte volverá igualmente a su casa cofradiera como factótum de la cofradía, hombre para todas las misiones de peso con tentáculos en las más variadas ventanillas. El Viernes Santo será el principal reto. Nadie puede dudar del acierto de esta cofradía, pese a nacer en pleno centro, en la mismísima Catedral. El impulso de un grupo de jóvenes sabiamente guiados por la alta jerarquía eclesiástica cristalizó en una corporación pujante, equilibrada y ejemplo de buen gusto. Y conste, como siempre, que algunos seguimos echando de menos el vía crucis de tiempos pretéritos por el Patio de los Naranjos.

Inhóspita Catedral

El Fiscal | 4 de mayo de 2015 a las 12:27

simpecado1
Cambian los obispos, cambian los deanes, cambian los alcaldes. Pero la Catedral permanece con el Patio de los Naranjos clausurado como plaza pública, con el enjambre de vallas en su interior que conducen a nuestros señores los turistas como el ganado obediente vigilado por perros pastores con radiotransmisores. El turista paga. Tiene derecho a ir como quiera. Que quiere ir en camisa de tirantas asomando el bosque de las axilas, que lo haga. Para eso paga. Que quiere ir con el pantalón pirata, botines y camiseta fluorescente. Que lo haga. Para eso paga. Que quiere ir directamente en pantalón corto, cortísimo. Que lo haga. Para eso paga. La Catedral es una de las grandes cajas recaudadoras de la diócesis desde los tiempos de la Exposición Universal. No se puede poner en riesgo. Hace muchos años que a la hora de la verdad prima el turismo sobre los actos religiosos. Para maquillar la cosa se acordó denominar la visita turística como visita cultural. Suena más suave, ¿verdad?
Yo creo que cada mil turistas, el dean manda voltear las campanas de la Giralda. Ypasa que la gente no se orienta.

–Niño, suenan las campanas. Eso es que ya han hecho cardenal a don Juan José.
–Que no, mamá. Que son otros mil, otros mil que han entrado dejando cargadas las alcancías.

Y por cada cien mil euros de recaudación, hay un golpe de badajo de la campana de San Cristóbal. Tiene guasa (tela) que quienes reglamentan sobre el uso extralitúrgico de los templos, sean los mismos que no se atrevan a exigir al turista el decoro mínimo que se exige para visitar lo que se supone que es un lugar sagrado.

La otra noche, cuando llegó el Simpecado de la Hermandad del Rocío de Sevilla para presidir el pregón de las Glorias, se armó la marimorena. Los tíos de la seguridad de la puerta pegaron el cerrojazo en cuantito el Simpecado entró por el atrio de la Puerta de los Palos. La gran cantidad de fieles y hermanos que caminaban tras el Simpecado recibieron un cancelazo en las narices. Así, de pronto. ¡Zas! ¿La razón? Órdenes superiores. ¿La verdad? Estas criaturas no pasan por taquilla. No interesan. Cuanto más público entra, más se tarda luego en desalojar el local. Perdón, la Catedral.

A los fieles, cerrojazo. A los turistas, una pedazo de alfombra roja. En la Catedral hay tantas chanclas a cualquier hora del día que la Nave del Lagarto parece la Avenida de Castilla de la Antilla. Menos mal que la web Diario de Pasión captó el cerrojazo indigno ordenado por la superioridad. Ycómo disfrutan algunos dejando a la gente en la calle . Qué inhóspita la Catedral para los sevillanos, qué complaciente y permisiva para los turistas. Qué papelón (con veladores) el del Cabildo, duro con las espigas y suave con las espuelas.
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Lo peor no es la mudanza

El Fiscal | 14 de marzo de 2015 a las 13:15

La fe no se pierde por cambiar de imagen titular, ni de día de salida de la cofradía, ni de túnica, ni de templo. En cuestiones de cofradías, las manos a la cabeza hay que echárselas las veces precisas. La tendencia al escándalo y a la exageración es directamente proporcional a las horas libres del personal. Lo peor de todo es que cada vez son más los que conocen un estilo de gobierno basado en el reglamentismo y el puntillosismo. Escrito está que el vicario general, aficionado con amagar con querellas pese a trabajar para la industria del perdón, no para de romperle puentes al pontífice (creador de puentes, según la Etimología). Lo peor no es que el Cabildo de Toma de Horas se deje de celebrar en la Capilla Real, lo peor es que se trata de una decisión mamarracha para justificar unas absurdas normas sobre el uso de los templos. El buen gobernante evita el problema, el mal gobernante los crea para justificar su función. El ex párroco del Palmar de Troya y sus aldeas adyacentes está como la Junta:¡Imparable! Directo hacia el ridículo con tal de hacerse notar.

El niño de la Esperanza

El Fiscal | 1 de junio de 2014 a las 5:00

nazareno
El antifaz levantado y el capirote hacia atrás, como sólo a los niños les está permitido llevarlo, como magos de la ilusión, como seises de penitencia, tres vueltas al cíngulo marcando el vientre de niño montañesino y toda la gracia que embadurna sobre el pequeño cuerpo una túnica de merino de 1935. Niño de la Esperanza aún sin basílica, de la Anunciación con los costaleros del muelle, los de las caras rotas e intenso olor en aquellos años de San Gil agrietado, de los cirios y las varas en el reposo del café, el trago de coñac o el latigazo de aguardiente en el tabernerío del alba, de los camiones con ladrillos y cemento de beneficiencia para levantar el templo, de la recogida de oro para labrar la corona, de aquel hermano mayor, el general Bohórquez, desayunando en Las Escobas en esa mañana del año en la que el cansancio es alegre y la fatiga es aliada del entusiasmo, que es la mañana del Viernes Santo; de las cañas de manzanilla y la fuente de tapas al pasar la cofradía por el polvero de Gabriel Rojas, de los nazarenos en un hermoso rebujo creando un tramo único a la vuelta por Parras.
Niño de la Esperanza que conoció a Queipo de paisano en la presidencia de la cofradía y que vio llegar los tapices del Ministerio de Turismo de Manuel Fraga para adornar aquel altar inédito y pasado por agua de la Plaza de España de 1964. Hijo de Esperanza, chiquillo del barrio, hijo de la vida cotidiana de la hermandad en tiempos de apreturas, discípulo del San Francisco de Paula, hijo del mercado de la Encarnación, entre aquellos puestos convertidos en altares cotidianos en honor a la Virgen, que los pucheros teresianos de la Esperanza son la fruta, la carne, el pescado y el pan nuestro de cada día, que si Dios está en algún mercado de Sevilla es en el mercado de la Encarnación. Niño encorsetado en las tardes de la Campana con el ayayayayay de las saetas de Manolo Caracol.
Niño que recibió por la vía materna el legado de amor a la Virgen, gracias al cual siempre ha contado con un firme asidero en los vaivenes de la vida, que cuando aprieta el viento hay que tener bien fijados los varales maestros. Niño con un dobladillo en la túnica casi tan largo como la propia túnica, que la esperanza de vida de los nazarenos se mide por esos dobladillos que marcan cuántas Semanas Santas quedan por vivir. Si las manos de los nazarenos revelan la edad, los dobladillos pregonan el jubiloso porvenir.
Niño que aprendió del Padre Cué que la Virgen de la Esperanza es de sus nazarenos hasta la Catedral, pero que el pueblo la hace suya desde que sale por la Puerta de los Palos, niño que conoció el antes y el después de la centuria romana, que es el antes y el después de Ángel Franco como capitán. Niño que se quedó fuera de la Catedral en la coronación al cerrar los canónigos las puertas por exceso de público, que muchos creemos que Bueno Monreal le dijo en la Puerta de la Asunción: “Márchese usted, que es mejor que no vea nada ahora, porque dentro de cincuenta años usted la va a liar de tal forma que lo tomarán por loco” . Y cincuenta años después, el niño de la Esperanza, aquel regordete de la mirada sepia y la faz redonda, no se ha quedado fuera de la Catedral. El niño de la Esperanza sigue en la vida cotidiana de la hermandad, que para eso las cofradías tiene el don de no excluir a los niños ni de apartar a los viejos. La única diferencia, como proclama el mejor pregonero, es que el niño la llama Macarena y el viejo prefiere decirle mi Virgen de la Esperanza, porque va cambiando la forma de llamarla como se va acortando el dobladillo de la vida. Si lo primero que desarrollan los niños es el sentido de la propiedad remarcado por el uso de los posesivos, los niños macarenos se reservan un posesivo muy especial para cuando van cumpliendo años. Yasí se aseguran seguir siendo niños.
El niño de la Esperanza de hoy sigue llevando la vara, viejo macareno en horas y también en obras, sede de la sabiduría en el atrio y ejemplo de la fortaleza física que concede la fe. El niño de la Esperanza tiene hoy la misma cara de personaje que en 1935, cuando aún faltaban casi treinta años para aquella coronación y él ya llevaba casi treinta revistiéndose con la gracia de aquella túnica. Al niño de la Esperanza lo han tomado por loco, como intuyó Bueno Monreal. Bendita locura macarena, benditas colas, benditas las oraciones de los mudos y las miradas de los ciegos en el Sagrario, benditas las saetas que eran guirnaldas, bendita la sal que sus costaleros pisaron y bendita las voces que su Salve entonaron, bendita estampa de la Esperanza junto al Dios de los monaguillos que está en la Lonja y benditas las once horas que a la Catedral la llevaron.

El niño de la Esperanza

El Fiscal | 1 de mayo de 2014 a las 5:00

nazareno
El antifaz levantado y el capirote hacia atrás, como sólo a los niños les está permitido llevarlo, como magos de la ilusión, como seises de penitencia, tres vueltas al cíngulo marcando el vientre de niño montañesino y toda la gracia que embadurna sobre el pequeño cuerpo una túnica de merino de 1935. Niño de la Esperanza aún sin basílica, de la Anunciación con los costaleros del muelle, los de las caras rotas e intenso olor en aquellos años de San Gil agrietado, de los cirios y las varas en el reposo del café, el trago de coñac o el latigazo de aguardiente en el tabernerío del alba, de los camiones con ladrillos y cemento de beneficiencia para levantar el templo, de la recogida de oro para labrar la corona, de aquel hermano mayor, el general Bohórquez, desayunando en Las Escobas en esa mañana del año en la que el cansancio es alegre y la fatiga es aliada del entusiasmo, que es la mañana del Viernes Santo; de las cañas de manzanilla y la fuente de tapas al pasar la cofradía por el polvero de Gabriel Rojas, de los nazarenos en un hermoso rebujo creando un tramo único a la vuelta por Parras.
Niño de la Esperanza que conoció a Queipo de paisano en la presidencia de la cofradía y que vio llegar los tapices del Ministerio de Turismo de Manuel Fraga para adornar aquel altar inédito y pasado por agua de la Plaza de España de 1964. Hijo de Esperanza, chiquillo del barrio, hijo de la vida cotidiana de la hermandad en tiempos de apreturas, discípulo del San Francisco de Paula, hijo del mercado de la Encarnación, entre aquellos puestos convertidos en altares cotidianos en honor a la Virgen, que los pucheros teresianos de la Esperanza son la fruta, la carne, el pescado y el pan nuestro de cada día, que si Dios está en algún mercado de Sevilla es en el mercado de la Encarnación. Niño encorsetado en las tardes de la Campana con el ayayayayay de las saetas de Manolo Caracol.
Niño que recibió por la vía materna el legado de amor a la Virgen, gracias al cual siempre ha contado con un firme asidero en los vaivenes de la vida, que cuando aprieta el viento hay que tener bien fijados los varales maestros. Niño con un dobladillo en la túnica casi tan largo como la propia túnica, que la esperanza de vida de los nazarenos se mide por esos dobladillos que marcan cuántas Semanas Santas quedan por vivir. Si las manos de los nazarenos revelan la edad, los dobladillos pregonan el jubiloso porvenir.
Niño que aprendió del Padre Cué que la Virgen de la Esperanza es de sus nazarenos hasta la Catedral, pero que el pueblo la hace suya desde que sale por la Puerta de los Palos, niño que conoció el antes y el después de la centuria romana, que es el antes y el después de Ángel Franco como capitán. Niño que se quedó fuera de la Catedral en la coronación al cerrar los canónigos las puertas por exceso de público, que muchos creemos que Bueno Monreal le dijo en la Puerta de la Asunción: “Márchese usted, que es mejor que no vea nada ahora, porque dentro de cincuenta años usted la va a liar de tal forma que lo tomarán por loco” . Ycincuenta años después, el niño de la Esperanza, aquel regordete de la mirada sepia y la faz redonda, no se ha quedado fuera de la Catedral. El niño de la Esperanza sigue en la vida cotidiana de la hermandad, que para eso las cofradías tiene el don de no excluir a los niños ni de apartar a los viejos. La única diferencia, como proclama el mejor pregonero, es que el niño la llama Macarena y el viejo prefiere decirle mi Virgen de la Esperanza, porque va cambiando la forma de llamarla como se va acortando el dobladillo de la vida. Si lo primero que desarrollan los niños es el sentido de la propiedad remarcado por el uso de los posesivos, los niños macarenos se reservan un posesivo muy especial para cuando van cumpliendo años. Yasí se aseguran seguir siendo niños.
El niño de la Esperanza de hoy sigue llevando la vara, viejo macareno en horas y también en obras, sede de la sabiduría en el atrio y ejemplo de la fortaleza física que concede la fe. El niño de la Esperanza tiene hoy la misma cara de personaje que en 1935, cuando aún faltaban casi treinta años para aquella coronación y él ya llevaba casi treinta revistiéndose con la gracia de aquella túnica. Al niño de la Esperanza lo han tomado por loco, como intuyó Bueno Monreal. Bendita locura macarena, benditas colas, benditas las oraciones de los mudos y las miradas de los ciegos en el Sagrario, benditas las saetas que eran guirnaldas, bendita la sal que sus costaleros pisaron y bendita las voces que su Salve entonaron, bendita estampa de la Esperanza junto al Dios de los monaguillos que está en la Lonja y benditas las once horas que a la Catedral la llevaron.

El tuteador

El Fiscal | 1 de abril de 2014 a las 5:00

Cabildo de Toma de Horas.
Ojo a la intervención del vicario general en el Cabildo de Toma de Horas, en la solemnidad de la Capilla Real, con grandes sillones y folios sobre el damasco rojo. Teodoro León se dirige a los hermanos mayores con un tuteo revelador: “Como sabéis”, “Os invito”, “Cuando llamáis”, “Cuando queráis”, “Os tenéis que acostumbrar”. Cualquiera diría que aquello era la Seguridad Social, donde hay sanitarios que llaman “abuelo” a los pacientes de edad y, por supuesto, los tratan de tú. Dicen que los curas de hoy no saben latín. Lo que no saben es guardar ciertos modales. ¡Pero qué bien lucen el clergyman! Por cierto, cuando el ex párroco del Palmar alertó de los falsos prestes, aludió al falso cura de Alcalá que fue condenado: “Hasta nosotros hemos tenido a uno que luego hemos sabido que no es sacerdote”. ¿Nosotros como diferencia de vosotros? ¿No se trata de la misma Iglesia? Ay…

Señora presidenta

El Fiscal | 3 de marzo de 2014 a las 9:57

Iglesia del Salvador. Patio de los Naranjos.. Allí estará Diego J. Geniz, que ha quedado con el director de la Fundación Jesús de Pasión para hacer un reportaje sobre la labor social que se realiza en estos tiempos de crisis. Nos interesa sacar fotos de l
Dice la muy capillita presidenta de la Junta de Andalucía, la misma que se reúne siete horas con Asenjo en la céntrica vivienda de un antiguo presidente de caja de ahorros, que “la titularidad pública de la Mezquita de Córdoba es compatible con la gestión por la Iglesia”. Yse queda más a gusto que un arbusto. Toma, claro. Desde que Susana (no hace falta el apellido, Susana no hay más que una) es presidenta de la Junta, hay mucho socialista que ahora califica la otrora retrógrada religiosidad popular como un “valor añadido”. ¿Qué es la Semana Santa para un neosocialista andaluz? Un valor añadido. Pues eso. Y afloran los tontos del valor añadido como se multiplican los tontos que contamos veladores por las calles del centro. En el partido dicen que hasta la Rubiales ve ahora en las cofradías un valor añadido. Cosas veredes, Sancho (y Sancha).
Las entidades católicas de toda España aportan una labor social tasada en 30.000 millones de euros, según los datos oficiales de los señores de la Conferencia Episcopal, que tienen un gerente que lleva estupendamente las cuentas, como don Juan José tiene su ecónomo en Sevilla. Ybien que le cuesta el ecónomo.
–¿Cómo se llama el ecónomo?
–Don Alberto.
–Noooo… ¿Que cómo se llama de parné? ¿Que cuánto cobra?
–Cobra a precio de mercado, que es lo que no se nos dijo en el consejo de asuntos económicos.
Al grano. El Estado se ahorra 30.000 millones de euros en unas labores que asume una institución como la Iglesia Católica, que se nutre de la aportación voluntaria de los fieles en la declaración del IRPF, según el acuerdo económico Iglesia-Estado que rubricaron en su día el cardenal Rouco Varela y la vicepresidenta socialista Fernández de la Vega, en aquellos tiempos en que ZP se tomaba la taza de caldito en la Nunciatura, ¿recuerdan? Porque ZP era un diablo con tridente y cuernos, pero bien que compartió mesa y mental muchas veces con los obispos. Hasta don Juan José ha almorzado con ZP, ¿verdad? Que aquí después pasa por rojo siempre el mismo. Rojísimo.
Esperando estamos que Doña Susana también nos regale una perla de esas que sueltan los políticos en los desayunos para la prensa, esos encuentros en los que, por cierto, nadie se come la poca saludable bollería que se ofrece en las mesas. Hay que hacer un estudio sobre la fosilización de los bollitos en los desayunos de las agencias de noticias en los grandes hoteles de Madrid y Sevilla. ¿Alguien ha visto a algún baranda hincarle el diente a esas micronapolitanas de chocolate? Todo lo más, el café bebío. Pues la capillita Díaz ya podría decir que la Junta puede asumir también la gestión de los comedores sociales que las religiosas y las hermandades regentan en la ciudad, desde el de Triana hasta el de Bellavista, pasando por el del Pumarejo, San Juan de Dios o el de San Juan de Acre. Ypuede asumir también la gestión de los economatos económicos, como el que con éxito promueven las hermandades del casco antiguo. Y también podría la Junta asumir los 150.000 euros en metálico que la Hermandad de la Macarena dedica al año a fines sociales (cuenten aparte los kilos y kilos de alimentos que reparte, desde un camión de mantecados hasta cientos de pollos), o echarle un vistazo al anuario del Gran Poder donde con todo lujo de detalles (ejemplo de transparencia sin necesidad de leyes) se ofrecen las cifras de una bolsa de caridad que desde 1953 es estandarte y timbre de gloria de la acción social de las hermandades. “La naturaleza de las atenciones resulta del todo inimaginable, desde sufragar una intervención quirúrgica hasta el pago de unas gafas; de la repatriación de un emigrante a una beca de estudios, de una canastilla de recién nacido a cubrir los gastos de una exequias, o la ayuda a drogodependientes”. Y también podría la Junta alabar que nunca jamás se pregunta en San Lorenzo por el credo religioso de quien pide auxilio. ¿A cuántos musulmanes se ayuda en nombre del Gran Poder? A los que haga falta. No se hacen preguntas, como en la Legión.
Podría la Junta asumir también la gestión de Cáritas Diocesana, que mueve 5 millones de euros a través de una engrasada red parroquial en la capital y en la provincia, con su cuerpo de voluntarios que dedican su tiempo de forma altruista a diagnosticar las verdaderas necesidades y ponerles solución. Podría también la presidenta visitar el Patio de los Naranjos del Salvador, recuerdo de la antigua mezquita, la tarde en que se reparten alimentos y productos de limpieza con cargo a la Fundación Jesús de la Pasión. La sola contemplación de la cola, formada por madres de todas las edades con sus carritos vacíos, estremece el alma más gélida. Es solo una muestra de las 45 millones de horas que dedicaron las parroquias españolas en un año a la atención de las demandas de todo el que llama a sus puertas.
Tenga por seguro, señora presidenta, que la Iglesia no asume esas funciones más que por cumplir con su finalidad, no para recoger ninguna medalla: ni de la Junta ni del Ayuntamiento. Por no hablarle de las Hermanas de la Cruz, ni de la Orden de Malta, ni de los franciscanos, ni de las religiosas del Pozo Santo, ni de las órdenes de clausura, ni del libro blanco de la acción social de las hermandades que tasa en 1,5 millones de euros la acción social de las cofradías, ni de esas hermandades desconocidas, al borde de la extinción y de presupuestos escuálidos, que reparten un alimento tan básico como el pan a las monjas de clausura más necesitadas, a las que compran electrodomésticos para hacer más fácil la vida a quienes ya de por sí se dedican a hacérsela más llevadera a los demás.
Dar pábulo a iniciativas como la gestión pública de la Catedral de Córdoba no sólo es una insostenible majadería, sino supone promover el más rancio, casposo y trasnochado anticlericalismo, que es lo que se esconde debajo del tapete. Aquí nos conocemos todos. Mi querida presidenta: o Dios o el mazo.