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El primo de zumosol es Antonio Santiago

El Fiscal | 1 de marzo de 2016 a las 5:28


santiago

El primo de Zumosol se llama Antonio Santiago. Por fin hemos descubierto uno de los secretos de la infancia, más allá de la receta de la Nocilla. Ve uno el cuadrante del capataz más técnico y perfecto de la Semana Santa y se pone a pensar irremediablemente en el Red Bull, en la taurina y en otros estimulantes. La criatura manda en tantas cofradías que, ya lo ven, entre ensayos, igualás, más ensayos, los retranqueos, la Semana Santa y las desarmás, la cosa comienza el 8 de enero, con los mazapanes aún en la despensa, y acaba casi en las vísperas del alumbrao. ¿Cómo aguanta el cuerpo? Ah, misterio. Antes los había brutos, brutísimos y de Tudela. Pues ahora hay que decir que los hay brutos, brutísimos y auxiliares de Antonio Santiago. ¿Y el mismo Antonio Santiago de qué categoría es? Como el Alpe d’Huez: categoría especial. La gente cree que Santiago empieza en la Misión el Viernes de Dolores y no para hasta el Domingo de Resurrección en Santa Marina. No, no, no. Santiago empieza de verdad casi cuando Manolo Sainz está haciendo inventario de la Cabalgata para ver cuántas indemnizaciones hay que pagar por las gafas que se han roto de los caramelazos, que para eso está el seguro del Excelentísimo Ateneo. Vean el cuadrante de Antonio Santiago: arranca el 8 de enero con la Mortaja. Y ese mes tiene ocho citas más con algunas de las hermandades en las que manda. En febrero tiene 21 citas ya cogidas. Y en marzo hasta 29 días ya comprometidos. Y el 1 de abril tres desarmás. Es decir, el que consiga cenar con Antonio Santiago una noche de marzo tiene derecho, por lo menos, a un premio Demófilo de la Fundación Machado en su categoría al arte efímero. Cenar con Antonio Santiago antes de Semana Santa es casi más difícil que pillar número en la consulta de Yebra Sotillo. Ojo al dato que el único día libre, según el cuadrante, es el 11 de marzo, porque en varias jornadas tienen doblete. Hay capataces que se arrastran el día después de sacar una cofradía, pero Antonio Santiago es el Ave Fénix cotidiano del martillo en Semana Santa. Dicen que tiene un perchero con una camisa blanca nueva y reluciente para cada cofradía.

Los miembros de la Diputación Permanente de la adulación al hispalense modo cuentan que es un capataz técnicamente perfecto, de estilo pulcro y que lleva los pasos como hay que llevarlos: siempre de frente. Pero no dicen nada de cómo acaba este hombre el Domingo de Resurrección después no sólo del esfuerzo titánico de la Semana Santa , sino de la paliza de un enero y de un febrero en los que también trabaja como todo español que se levanta cuando sale el sol (por el Plantinar) para ganarse el martillo de cada día.

Si alguien representa la dureza de los costaleros del muelle en estos años es Antonio Santiago. Que no nos envuelvan en técnicas y otras gaitas, el gran mérito de Santiago es sacar la Misión, San José Obrero, la Paz, las Penas, los Estudiantes, el Cristo de Burgos, los Negritos, la Madre de Dios, la Mortaja y la Resurrección. Y trufen los huecos con alguna de pueblo. ¡Que técnica ni qué técnica! Eso en lenguaje de la calle se llama de otra forma, ¿o no, Antonio? Yo después de sacar la Misión estaría tres días… acostao.

cuadrante

Prohibiciones reveladoras

El Fiscal | 30 de noviembre de 2015 a las 5:00

CAPATAZ MANDANDO EL PASO DEL BESOS DE JUDAS. FOTO RUESGA BONO
Las prohibiciones de cada momento son una buena forma de tomarle el pulso a la sociedad. Las prohibiciones hablan por sí solas, ofrecen una valiosa información sobre los hábitos de un grupo o el grado de intervencionismo de un gobierno. Casi no se ven ya esos carteles que prohíben escupir en los bares donde antaño se usaba el serrín. El cante no se prohíbe en las tabernas, donde es raro ver un cantaor espontáneo. Si acaso, alguna pareja aislada que aprovecha las terrazas de veladores para sacar algunas perras con guitarra y caja en actuaciones que siempre acaba con dos golpes y un broche: “¡Ua, ua! ¡Gracias por su paciencia!”. Prohibido hablar con el conductor, prohibido armar escándalo a la salida del salón de celebraciones, prohibido fumar, prohibido el paso a toda persona ajena a esta obra…

La Hermandad del Valle ha hecho pública esta semana una prohibición tan singular como reveladora. Los capataces no podrán dedicar levantás durante el recorrido. Sólo habrá dos posibilidades de hacerlo. Justo a la salida y a la entrada de la cofradía, siempre en el interior del templo. “Estas dos dedicatorias deberán ser conocidas por el fiscal del paso y deberán hacerse de manera discreta y siempre siguiendo el sello y la solemnidad que marca nuestra cofradía”. La misma cofradía dicta también unas normas de comportamiento de las cuadrillas de los tres pasos. Quedan obligados a guardar decoro, a no ir acompañados por la calle, a seguir las indicaciones de los diputados de tramo, etcétera. Sólo cabe decirle al hermano mayor, Lucas Maireles, y a toda su junta de gobierno:“¡Óle!”.

¿Por qué cada vez son más las juntas de gobierno que promulgan reglamentos para las cuadrillas de hermanos costaleros? Porque cada vez es mayor y más notorio tanto el descontrol como la fuerza (indebida) que han cogido los capataces y costaleros. El capataz no es nadie para arrogarse el derecho a dedicar levantás, muchas veces retransmitidas por radio y televisión, que pueden comprometer a la cofradía. Casos ha habido irrisorios. Hace bien el Valle en dar el papel que corresponde a los fiscales de paso, que son los que jamás debieron perder la autoridad. Distinto es que haya habido y hay capataces que, con el debido oficio, un indudable tacto y una indiscutible habilidad, han sabido tener un recuerdo para el padre fallecido del patero, la hermana embarazada que está viendo la salida desde la primera fila, o el acólito cuya muerte prematura marcó a toda la hermandad. Pero de ahí se ha pasado poco a poco al exceso y a la pérdida de la brújula que debe marcar el criterio. En las retransmisiones de televisión –que ahora se siguen todo el año sin las voces de comentaristas– se aprecian dedicatorias que bien podrían encajar en pregones de los que se llaman comprometidos, políticamente correctos o de fuerte contenido social.

Recuerdo el Jueves Santo de 2002, cuando sólo salieron la Quinta Angustia y el Valle por la decisión de dos hermanos mayores, Luis Rodríguez-Caso y José María O’Kean, cuyo estilo de gobierno jamás debería perderse en una Semana Santa acosada por el frikismo, el mal gusto y la chabacanería. Aquel día fue terrible, metido en cielos negros e incertidumbre. Abrió algo a media tarde. Qué casualidad que estas dos cofradías salieron y no se mojaron. ¿Saben cómo obró Luis? Se olvidó de los porcentajes, salió a mirar el cielo a la hora fijada y aplicó el viejo criterio: si no llueve a la hora dispuesta, la cruz a la calle. Si llueve, no se sale. Si lo hace por el camino, se busca refugio.

Cuando el Valle discurría por la Avenida, los duques de Lugo estaban a la altura del Aero, acompañados por el alto mando de la Real Maestranza. El conde de Luna le pidió a Alfonso Guajardo-Fajardo que se adelantara para pedirle al hermano mayor que la Infanta de España tocara el martillo del paso de palio. El soleano Guajardo-Fajardo se acercó al nazareno O’Kean y elevó la petición del teniente de hermano mayor de la institución nobiliaria. Yoyó una respuesta muy clara: “No es costumbre, pero haremos una excepción”.

El estilo hay que cuidarlo. El estilo es el sello. Los símbolos hay que cuidarlos. Los símbolos son el sello. Si los capataces son speakers que se crecen en la mediática Campana, si los costaleros deambulan por el cortejo o por las calles sin ser conscientes de que ellos son parte de la imagen de la cofradía, si las hermandades ceden sus enseres para escaparates comerciales, si los fiscales son floreros baratos de tiendas de chino, si los músicos deciden por encima de los diputados de banda… No queda más remedio que acudir al reglamento. Ysi llega el día en que se precisan muchos reglamentos, la cosa deriva en reglamentismo. Y entonces, es señal de que el circo ha hecho metástasis. Se nos rompió el martillo de tanto tocarlo.

¡Cómo hemos cambiado!

El Fiscal | 23 de noviembre de 2015 a las 13:28

costalero
LOS PANADEROS FOTO: JUAN CARLOS MUÑOZ 1.04.07
LAS fotografías en blanco y negro demuestran que la Semana Santa, lejos de ser algo inmóvil y resistente a los cambios, no deja de evolucionar, enriquecerse y hasta de empeorar, según los casos. Tampoco es necesario ir a los tiempos de las cámaras con fogonazo. Hasta se aprecian diferencias sustanciales en sólo veinticinco años. ¿O no ocurre cuando se ve a San Benito por el puente a finales de los años 70 en una película de Súper8? Hace poco traíamos a esta página las reflexiones de un viejo (y sabio) costalero que tuvieron gran repercusión en las redes sociales. Aquellas meditaciones, que desaprobaban las actitudes de algunos de los costaleros de hoy en contraposición al espíritu de sacrificio de los hombres del muelle, tiene su reflejo en las fotografías que sirven para comparar unos tiempos con otros.

La estética de los hombres del muelle era de una rudeza notoria, como se puede apreciar en la fotografía de mayor impacto. El costal no se aproxima lo más mínimo al entrecejo, al contrario que la moda actual, tildada por muchos de absurda, o simplemente encuadrada en eso que se ha dado en llamar como postureo hispalense. La cofradía aún no ha salido y la camisa revela arrugas antiguas. El rostro está fatigado y los pantalones exhiben las horas de trabajo en el puerto.

Los costaleros de hoy son mucho más atléticos, de pasarela, forjados en gimnasios, casi fieles al canon de las siete cabezas como Praxíteles de la trabajadera, asistidos por nutricionistas, atendidos por fisioterapeutas con cargo a las arcas municipales y disfrutando de relevos masivos para paliar la fatiga. ¡Cómo hemos cambiado! Estas circunstancias han derivado en un protagonismo que los hombres del ayer no tenían, salvo algún caso de huelga absolutamente aislada, tan aislada que se recoge en los libros de la historia reciente de la Semana Santa.

Antes olían a vino y sudor acumulado, hoy hablan por teléfono móvil. Hoy se establece la edad de jubilación, incluso se regula que no saquen otra cofradía en la víspera. Antes sacaban una cada día para cobrar más y conseguir un sufrido sobresueldo. Ya falta de teléfonos, pegaban voces y hasta soltaban alguna irreverencia, que de todo había.

De los hombres del muelle a los licenciados universitarios. Del sudor al desodorante. De la garrafa de tinto al centro de atención al costalero. El viejo costalero que nos hacía partícipe de sus confidencias podía tener nostalgia, pero también tenía mucha razón. El cambio ha sido importante. Algunos no lo ven porque llevan el costal demasiado ceñido a los ojos.

Pasados de rosca

El Fiscal | 3 de febrero de 2014 a las 13:10

Imagen costaleros
Suena el teléfono y una voz se presenta directamente como jefe de prensa de un candidato a hermano mayor. Cáspita. Se impone la larga cambiada con la mayor cortesía posible, pero el interlocutor se hace el sueco e insiste en que ofrece un encuentro, una entrevista o declaraciones del candidato. Cuantas más largas cambiadas recibe, más se hace el tío el sueco. Hasta que tira de manual y asegura que tiene que saber cuándo veremos al candidato para que no haya “problemas de agenda”.
–¿Pero usted llama de Vox, del Partido Popular, de Ciudadanos o de parte del candidato de la hermandad que dice llamar?
Al día siguiente nos desayunamos, merendamos y hasta cenamos con los detalles de una manifestación de costaleros contra el cambio de un capataz, pancarta en mano y concentrados delante de la casa. El hermano mayor ha prescindido del capataz que, por cierto, fue el hermano mayor anterior. Antes un candidato a hermano mayor no tenía jefes de prensa y un capataz ni siquiera concebía presentarse a hermano mayor. Todo lo de antes no es que sea bueno o ejemplar por ser pretérito, pero no deja de testimoniar un criterio. Hoy no hay criterio. Y no es que no haya medida, que ya estamos de la teoría de la pérdida de la medida tan hastiados como de la de la falta de nivel; lo que hoy no hay es directamente vergüenza. Y la falta de vergüenza es hija directísima de la carencia de educación. Formación, que dirían los místicos.
En una red social se difunden todo tipo de maldades sobre un nuevo capitán y un nuevo teniente. Se vomita directamente en el atrio del honor, convertido por momentos en el plató de Sálvame Deluxe. Se sacan del archivo declaraciones periodísticas que descartaban cambios en esos puestos, como cuando en los partidos políticos se tira de hemeroteca para desacreditar al rival y dejarlo en evidencia. Desde el sofá de su casa puede usted contribuir sin mayor esfuerzo –con un mero click en el teléfono– a ensuciar de forma impune la reputación personal de alguien que simplemente ha recibido un hermoso encargo en su hermandad. No hay límites. Ancha es Castilla y mucho más ancha la calle Feria…
Pasan los días y los costaleros han logrado ya objetivos. Los nuevos capataces rechazan el nombramiento. Desisten. Antié iba El Penitente a dar un paso atrás, o a un hermano mayor de los de entonces le iban a montar la que montan hoy muchos costaleros como grupos de presión. Tan sólo se recuerda, como la excepción que confirma la regla, el caso de la célebre huelga costaleril del Viernes Santo que, fíjense si fue un hito, que hasta ha sido llevada al cómic infantil con fines didácticos.
Estos días hemos asistido también al comunicado conjunto de dos candidatos a hermano mayor que querían dar un testimonio de armonía de cara a la contienda electoral. Dios Santo, cómo será la cosa que en una hermandad hacen falta comunicados para asegurar la convivencia pacífica. Los aspirantes a trincar una vara dorada y los toreros se han hecho muy aficionados a los comunicados.
Los polvos de la sofisticación siguen generando lodos. Los hermanos mayores han ganado en notoriedad todo lo que han perdido en autoridad, en peso específico. Enseguía iban a necesitar jefes de prensa y comunicados verdaderos personajes de la Semana Santa como Eduardo Ybarra, Juan Fernández, José Luis de Pablo-Romero, Luis Rodríguez-Caso o José María O´Kean, por citar solo algunos de los ya desaparecidos. Todo guarda conexión. El perfil de la propia jerarquía eclesiástica ha bajado de forma notable, con jubilaciones anticipadas (digámoslo sin acritud) y fallecimientos prematuros.
La realidad se impone. El Consejo no manda, baila al son de los hilos que marca la tecnocracia de hisopo y acetre. Los hermanos mayores son cuestionados por los costaleros. Los capataces dan el paso atrás. Pero el jefe de prensa sigue ofreciendo entrevistas. Este mundillo no está ya ni siquiera decadente. Está pasado de rosca. Cualquier día tenemos a Bourrellier en el plasma. Y sin admitir preguntas.

Déficit de legitimidad

El Fiscal | 14 de enero de 2013 a las 14:10

CUALQUIER costalero sabe que es más importante gozar de la consideración y del respeto del compañero de palo que del propio capataz. La ley nunca escrita que rige las relaciones entre la gente del costal sirve muchas veces para resolver problemas que nunca toman el camino ascendente que conduce al capataz. Mucho menos que lleva a la junta de gobierno. Entre la gente de abajo se sabe quién se alivia al coger kilos, quién falla en la levantá y pone en peligro las cervicales del compañero y quién se comporta como verdadero hermano en todos los momentos. Por eso es mucho más vital contar con la bendición del compañero de palo que con la del capataz, quien al fin y al cabo no está ni debajo del paso ni detrás del faldón, sino fuera, en el exterior.
Podrá Carlos Bourrelier argüir que goza de la legitimidad de la autoridad eclesiástica para perpetuarse en un cargo que sólo debería asumir de forma interina, habida cuenta de que no fue elegido directamente para el puesto. Hace mal en colocarse a la defensiva cuando un hermano mayor le pregunta donde hay que preguntárselo (una asamblea) si tiene pensado convocar elecciones. “¿Tiene usted algo contra mí?”, respondió Bourrelier. No se trata de tener algo contra nadie. Se trata de que los hermanos mayores eligieron a Adolfo Arenas como los andaluces eligieron un día a Manuel Chaves. Los primeros se encontraron a los cinco meses con Bourrelier y los segundos tan sólo un año después con Griñán.
–Oiga, Fiscal, ese ejemplo es de política pura y dura. Y aquí estamos hablando de la presidencia de un organismo supeditado a la jerarquía eclesiástica.
–¿Sí? Pues cuando a usted le quitan un palco o una silla no se dirige al Arzobispado, sino a la Justicia ordinaria. ¿O no?
Lo más sensato sería permanecer en el cargo el tiempo justo para salir airosos del tinglado del vía crucis y, por supuesto, de la Semana Santa. Cumplidos estos dos objetivos, sería bueno buscar la legitimidad directa que sólo se obtiene por el voto de los hermanos mayores. Ni el actual presidente ha sido elegido para presidente, ni el actual vicepresidente para vicepresidente, ni el secretario para secretario. Sólo un cargo general, el tesorero, fue votado como tal.
Podrá el costalero presumir de contar con el favor del capataz. Pero corrido el faldón, llegada la hora de estar puestos y de atender el martillo, todos se conocen en el mundo de abajo. Convoque elecciones tras Semana Santa, preséntese si lo desea y gánese en las urnas la legitimidad que ahora sólo le concede la autoridad eclesiástica. Seguro que así se llevan mejor los kilos.

Defensa del tío del carro

El Fiscal | 18 de marzo de 2012 a las 19:16

¡Ahí va, que el Consejo nos ha salido políticamente correcto con la bendición del vicario! Y yo con estos pelos. Resulta que en las normas para la Semana Santa de 2012 se alude hasta en seis ocasiones a los “nazarenos y nazarenas”, pero curiosamente no se sigue la misma disciplina de género al hacer referencia a otros colectivos como los músicos (para los que se utiliza la expresión componentes de las bandas) o los acólitos (donde parece que se admite que el masculino incluye el femenino). Ni siquiera en los siete folios que recogen estos preceptos se alude a los delegados y las delegadas de día como agentes de la autoridad del vicario, cuando haberlas haylas y de gran categoría, como nuestra dilecta Esther Ortego, que sabe rizar palmas, lo que equivale casi a saber latín en materia cofradiera. Mal, muy mal por parte de este vicario al que cualquier día me lo echan sin piedad a los leones del Instituto de la Mujer. Los señores del Consejo tienen tan interiorizada la cuestión de la incorporación de la mujer a las cofradías, que alguno ha asumido el lenguaje mitinero en sus escritos. Y se la han colado al vicario general (está el sello y la firma). Pero no se vayan todavía, amigos, que aún hay más. El primer precepto, apartado g, regula que las hermandades “cuidarán del correcto comportamiento de los nazarenos, nazarenas, acólitos, costaleros y componentes de las bandas fuera de la carrera oficial y, muy especialmente de los costaleros, antes, durante y a la finalización de la estación de penitencia”. Esto recuerda a lo de la sevillana, pero cambiando una palabra: Padre, no me riñas más por salir de costalero. No se explica en ningún momento el significado y justificación de esa especialísima advertencia. ¿Por qué se insta a la autoridad –cofradiera, por supuesto– a tener un especial celo con los costaleros? Tal vez al vicario le molesta la exhibición de tatuajes, los costales fashion o el avituallamiento regado con botellín de algunos en ciertas calles traseras. O quizás simplemente se trata de una cuestión de estética y bienestar por aquello de los sudores de la gente de abajo. Y ojo al precepto segundo, apartado e, que dice lo siguiente sin caridad alguna: “Los portacirios no podrán transcurrir por la carrera oficial”. ¿Pero quién la tiene tomada con el popularmente conocido como el tío del carro? Urge una defensa del tío del carro, como del tío de la escalera y del tío que lleva la horquilla para alzar los tendidos eléctricos y otros cables. Mucho más sevillano es el tío del carro, con su chaqueta de hechura vencida y su identificación de la hermandad prendida malamente en el bolsillo superior con un imperdible XXL, que algunos de los personajes que pueblan la carrera oficial de los horrores y vanidades de baja estofa. ¿A santo de qué no puede pasar el tío del carro por la Campana o los palcos y sí lo hacen músicos vestidos de domadores de fieras o papafritas de paisano con vara en una presidencia con tratamiento capilar en Spejos? El tío del carro cumple una función: lleva los cirios de repuesto, los que se han roto, las varas de sustitución, los ramos de flores que recibe la hermandad en su itinerario y hasta botellas de agua. El tío del carro soporta bullas como pocos y tiene que bregar muchas veces con vehículos de ruedas mal engrasadas, que da pena ver cómo el hombre empuja para la derecha más que una encuesta de intención de voto para corregir el desequilibrio del eje hacia la izquierda. Y cuando llega la carrera oficial, con sus vallas y su camino expedito de codazos, me lo echan. “Hala, váyase usted y vuelva al salir de la Catedral”. El año que viene podría el señor vicario firmar unas normas mucho más útiles y prácticas en las que se recogieran los siguientes preceptos: los señores del Consejo no estorbarán en las presidencias de los pasos, puesto que la Semana Santa es perfectamente posible sin ellos desde los tiempos del Cardenal Niño de Guevara (ojú, el del foro), ni aprovecharán su acreditación para ronear donde no sólo no sirven para nada, sino que estorban; el vicario verá todas las cofradías en la calle, nada de estar en su casa ante la televisión ni eso de delegar la autoridad en los señores del Consejo; el tío del carro pasará por todo el recorrido, pues tiene la dignidad de un oficio que sí ayuda realmente a hacer posible la Semana Santa; las hermandades no cederán más soberanía que la imprescindible, sobre todo al Cecop, un organismo que se inventó hace doce años cuando la primera cofradía que hizo estación los cuenta por siglos y, por último, un buen número de normas irá encaminado al fomento de programas de reeducación y convivencia de los abonados y señores titulares de los palcos, a los que hipócritamente se evita la contemplación del tío del carro, cuando muchísimos de ellos parecen niñatos de una botellona por cómo dejan las parcelas de la basura más variopinta, que cualquier día nos encontramos con un el hueso de jamón. A estas normas de 2012 con rúbrica eclesiástica se le podría aplicar eso de menos rollo y más manteca al bollo. Ea, a seguir empujando el carro.

Papafritismo en la UPO

El Fiscal | 10 de febrero de 2012 a las 15:22

El foro de sabiduría y excelencia, el lugar donde la información se transforma en conocimiento, la institución llamada a forjar los espíritus críticos… La Universidad Pablo de Olavide organiza el denominado III Congreso Nacional Sobre Capataces y Costaleros, no sabemos si un motivo simplemente para lucir el traje gris, hacerse una foto o practicar la mangancia de la subvención, pero donde algunas de las ponencias invitan a sesudísimos debates, a que la institución académica ejerza esa labor de aldabonazo de la sociedad civil sobre los problemas de hoy. Un ejemplo de papafritismo, con el pretexto una vez más de la Semana Sanmta, que servirá para enriquecer el currículum de alguien para aspirar a alguna habilitación de cátedra.

No se lo pierdan…

Una de las ponencias lleva el siguiente título: Pasarela Sierpes: todo sobre la moda costalera. ¿La pronuncia Rosamar Prieto-Castro, que un año quiso dejar los palcos puestos una semana para que fueran utilizados para un pase de modelos y a la que le gusta un tinglao de alta costura y glamour más que a un cofrade una tarde libre? No, no, no. Corre a cargo de Manuel Gómez Valencia, al que se supone que le dan una hora para que parle sobre las telas de saco, los costales hasta las cejas y los antebrazos que asoman tatuaje. El doctor Rafael Moreno Domínguez tratará La motivación del costalero, una cuestión que pirrará a Su Excelencia Reverendísima. ¿Pues no es la fe la motivación del costalero? ¿Ah no?

Aún hay más…

Hay un tema que lleva por título Factores que influyen en la labor del costalero, que desarrollará Moisés Ríos. Este Fiscal ya ha llamado al Consejo de Cofradías, donde se celebra el congreso, para reservar sitio en la primer fila. Y no se pierdan la siguiente ponencia, tachín, tachín, que lleva por título El costalero onubense: composición corporal y adecuación al trabajo. ¿Pero los costaleros de Huelva tienen quizás el RH negativo, unas características morfológicas distintas o es que descienden de un simio del norte de África de los que salen en la portada de la revista Muy Interesante? Y otra de las perlas del programa es la siguiente conferencia: Relación entre el cansancio final y la aparición de éste durante el recorrido procesional. Estudio en Portadores de Trono de Málaga, a cargo de Juan Antonio Poblete Flor, al que habría que encargar un estudio para 2013 titulado El efecto del olor a adobo al paso de la cuadrilla de los Estudiantes por la calle Velázquez. Ea, señor Poblete, no se debe ná por la idea, ahí la lleva, que hoy estamos que tiramos la casa por la ventana.

Una ausencia

Pero más que un congreso, la cosa tiene pinta de congresillo, ahora que ha estado tan de moda el término a cuenta del revuelo socialista, puesto que echamos en falta al doctor Escribano con su obsesión por enterrar el botellín y el bocadillo de la dieta del costalero. Este Escribano era el precedente de Dukan para los hombres de abajo. Cuantísima sofisticación y cuantísimo papanatismo. Gaudeamus igitur. Pon otra de adobo…

El pertiguero

El Fiscal | 30 de marzo de 2011 a las 13:16

Primer golpe. Está feo dar de baja por impago a una hermana que vive en Venezuela y que mandó una carta pidiendo tiempo, pues no puede hacer la transferencia bancaria por las cortapisas legales.
Segundo golpe. Hasta la bandera. La de gente que se quedó fuera del salón donde se presentó la Historia de la Semana Santa de Sevilla (Jirones de Azul), de Álvaro Pastor Torres, Francisco Robles y Manuel Jesús Roldán.
Tercer golpe. Más de libros. El Ayuntamiento publicará Sevilla en blanco y negro, con fotografías selectas del archivo de Jesús Martín Cartaya.
Y ciriales arriba. Conductores cabreados. 16 minutos duró la vuelta que dio el paso de misterio de Jesús Despojado justo enfrente del Hotel Inglaterra la noche del viernes.

Como unas oposiciones

El Fiscal | 15 de marzo de 2011 a las 18:20

El otro día se celebró la igualá de costaleros en las Penas de San Vicente. Sólo había este año dos plazas libres en la cuadrilla de 130 costaleros de esta cofradía. ¿Saben ustedes cuántos aspirantes se presentaron para hacerse con alguna de esas dos plazas? Un total de 126. Casi como para duplicar el plantel. Dirán que el boom de la Semana Santa se ha reducido o redimensionado, lo que prefieran los sesudos analistas, pero lo del otro día fue peor que unas oposiciones y demuestra que el mundillo del costal, por lo que fuera, mantiene intacto su apogeo.

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Los sms del Fiscal

El Fiscal | 8 de febrero de 2011 a las 22:19

Recibido el martes pasado a las 11:46 horas: “Lo que escribiste el pasado domingo de la cuadrilla de Guadalupe no es exactamente así. Convocaron a los costaleros hermanos, que sólo son doce, de los que acudieron nueve. El resto de la cuadrilla es de gente de fuera”.

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