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El tramo de Irlanda

El Fiscal | 14 de enero de 2018 a las 5:00

EL TRAMO DE IRLANDA1

HACE tiempo que las túnicas dejaron de ser sacadas fuera de calendario con la exclusividad de servir de mortajas. Hoy se bajan de los altillos en enero, con la bandeja de polvorones de limón aún presente, para sacarles el dobladillo de forma prematura a esos niños que se vuelven a seguir estudiando en Irlanda en cuanto acaba la Navidad. Es uno de los efectos de la apuesta por el bilingüismo, que nuestros niños se van todo el curso y sólo se pueden aprovechar los días de las pascuas para efectuar las mediciones y los ajustes. Antaño se bajaba una túnica y un antifaz un día de Navidad y era la Canina la que estaba esperando en la puerta. Era la cofradía apócrifa del Cristo de las Mieles la que recibía a un nuevo integrante. Se oía una voz gélida de camposanto: “Bienvenido hermano, hace un poco de frío, pero enseguida le enciendo el cirio. Se me coloca usted de primera pareja, que para eso acaba de llegar. No se preocupe que en breve va a coger antigüedad”. Hay quien dice que en ese cortejo se ven todas las túnicas, todas, y un sinfín de diputados de tramo. Hoy se saca la túnica un día de pascuas, de turrón y zambomba, y el que espera es el avión para llevarse a su hijo a Dublín, de donde no volverá hasta el Viernes de Dolores, cuando la cola para los arreglos en Alcaicería, Matahacas o el Altozano es la de cualquier parada de Tussam del Duque en hora punta. No hay nadie como un cofrade a la hora de la anticipación, siempre pensando en la cuaresma en cuanto Lipasam limpia el último caramelo, siempre tratando de recordar en enero dónde dejo las hebillas que cortó alegremente de los mocasines negros, maldiciendo la hora en la que tiró el capirote de rejilla al contenedor, o pensando si finalmente recogió la túnica del despacho del amigo donde se vistió de nazareno. Las cofradías de hoy tienen el tramo de Irlanda, el tramo de los Erasmus, como en tiempos las había que tenían el tramo de los agnósticos. Nuevos tiempos, nuevas realidades, nuevos hábitos.

Nada de la sociedad actual es ajeno a las cofradías. Y las cofradías no son nunca ajenas a la sociedad de hoy. De Irlanda nos vienen los nazarenos más jóvenes, como del Perú nos venía aquel inolvidable nazareno de la Amargura que no faltaba a su cita en San Juan de la Palma por mucho que todos los partes auguraran lluvias desde varios días antes. El Viernes de Dolores aterriza un avión en San Pablo con jóvenes a los que espera una túnica de capa con el dobladillo más corto, una de cola con un nuevo cinturón de esparto, un capirote de rejilla más liviano; unas sandalias relucientes… Cuando vean una túnica salir del altillo fuera de calendario, no crean que es porque están colocando nuevos cardos en el monte de la Canina, nuestra querida y nunca bien ponderada Canina, sino porque tal vez alguien se ha preocupado de que su hijo, o su hija, se vaya con los deberes hechos. Lo primero es cumplir con la hermandad. Y después con los idiomas. Y desmontadme el árbol y no dejadme los polvorones de limón tanto tiempo fuera de la caja, que conozco uno que se quitó la túnica una Madrugada y se puso a trabajar la despensa… de Palacio. Los polvorones de limón y coco, siempre injustamente orillados, hay que tenerlos bien tapaditos, que luego llega Semana Santa y huelen más rancios que esta página. ¿O no? A Irlanda volando y la túnica ajustando. Que venga cualquier progre hispalense y mejore la combinación: nazarenas bilingüistas. Para que luego digan que en Sevilla no casan bien la tradición y la modernidad. Aquí cabe todo, cabemos todos. Hasta tenemos integrada a la Canina, a la que nunca hay que sacarle el dobladillo. Nunca. No molesta, no se queja y siempre está dispuesta a su paseíto del sábado…

El tramo de Irlanda (II)

 

 

Los detalles de Baltasar

medalla
Rafael González Serna se vistió de rey mago de forma muy original. Los colores oscuros escogidos combinaban llamativamente con el blanco. Había más detalles en el traje, de los que difícilmente son apreciables por el gran público, pues estaban colocados con suma discreción: una medalla de la Virgen del Rocío al cuello (que aparece en la imagen), el escudo de Santa Cruz en la espalda y hasta la pluma de un armao de la Macarena. Este tipo de detalles ocultos son muy habituales, por ejemplo, en el atril de pregonero de la Semana Santa. Debajo de ese atril hay estampas de todo tipo, desde una de Juan Pablo II hasta las más variadas devociones de los que han ido anunciado la llegada de la fiesta más hermosa de la ciudad. Por cierto, el elegante Gran Visir, el abogado soleano Fernando Rodríguez Galisteo, llevaba en el interior del turbante una estampa de la Virgen de la Soledad. Estos detalles son muy del gusto del Ateneo, que insiste siempre en el carácter religioso de la cabalgata. Como dice su director, Manuel Sainz: “No es un carnaval”.

Los primeros anuncios
Este mes hay igualás de costaleros ya convocadas en varias hermandades. Yhan llegado los primeros anuarios, boletines y hojas informativas. Se pueden leer ya esos títulos del gozo:“Normas para la estación de penitencia 2018”. Y, por encima de todo, siempre llama la atención la doble página que la Amargura dedica a los nuevos hermanos y a los hermanos fallecidos. Por fortuna, los primeros cuadruplican a los segundos. Esa doble página es la vida de la hermandad contada a través de sus apellidos. Sin duda, lo mejor de la publicación.

Boletines en caída
La Redención ya se ha abonado a las nuevas tecnologías para informar a sus hermanos al instante. Adiós al papel. Recuerden que otras hermandades ya eligieron la solución del anuario: uno al año y punto. Se ahorran gastos. Los boletines están como los cobradores: en vías de extinción.

El lagarto de la Catedral

“Mi querido y siempre inquieto Fiscal, somos muchos los que nos preguntamos cuándo veremos a don Juan José por las redes sociales, con un perfil propio, al igual que otros prelados españoles e incluso varios cardenales. ¿Te suena que esté barajando la posibilidad?”

El pleito de la escalera

El Fiscal | 15 de septiembre de 2015 a las 19:11

Foto escalera
LAS cofradías vertebran la ciudad, dicen de vez en cuando los analistas de plantilla. Y tanto. Las cofradías son redes, pulpos con tremendos tentáculos que alcanzan donde uno menos se imagina. Va usted a una gestión al mostrador de Hacienda y le atiende un tío de cofradías. Va usted a encargar un porte a Seur y le toma nota un capataz. Llama al cerrajero y acude a su casa un músico que toca tras los pasos de palio. Y va uno a los juzgados y asiste al hat-trick de las togas, como ocurre estos días en la Audiencia, donde está interpuesto un recurso (1735/15) contra la sentencia del pleito de la escalera. Qué de casualidades y coincidencias hay en el conocido como pleito de la escalera. Unas coincidencias que sólo se dan en Sevilla y que se entiende que no colisionan con el artículo 216 de la Ley Orgánica del Poder Judicial sobre las causas de abstención y recusación de un juez. Como diría Lopera, fijarze bien. En el estrado de primera instancia, el magistrado Francisco Berjano, que ha sido pregonero y hermano mayor de la Vera-Cruz. En la acusación, el abogado Fernando Rodríguez Galisteo, muy conocido de la Soledad de San Lorenzo. En la defensa, el consejero delegado del Domingo de Ramos, Francisco Vélez, hermano de la Vera-Cruz y de la junta superior que, por cierto, nombró a Berjano pregonero. La denunciada, la Hermandad de la Sed. Y el denunciante, Manuel Roldán, hermano de La Sed que hacía las funciones de prioste y que se cayó de la escalera cuando cargaba cruces para ser prestadas a la hermandad del Polígono de San Pablo. Con tanto conocido de las cofradías, el pleito huele a incienso que espanta.

–Oiga, ¿tiene a mano un caramelo para la tos?

El afectado solicitaba nada menos que 114.951 euros por las lesiones sufridas cuando se cayó en el almacén de la calle Valeriano Bécquer. Asegura que resbaló por efecto de la cera acumulada y porque la escalera carecía de cantoneras de goma en sus puntos de apoyo.

Vaya por delante que Su Señoría absolvió a la hermandad, de ahí que el denunciante haya recurrido ante la Audiencia, donde se barrunta que el fallo estará para Navidad. La sentencia de Don Berjano refiere que el afectado desempeñaba esos días funciones de prioste por la dimisión de los oficiales de junta. ¡Si es que a esta historia no le falta un perejil!

El magistrado dice literalmente que es “de cajón” que cuando uno coge una escalera se debe preocupar de que alguien la sostenga, “una medida prudente, fácil y habitual”. ¡Olé, don Francisco, eso es de cajón! Incluso refiere que el afectado “pudo negarse a hacer” la tarea de bajar las cruces, “pues nadie lo obligaba”. Incluso pone muy en duda que la supuesta cera acumulada causara un resbalón, pues “tan sólo cuando se encuentra en estado líquido o semilíquido es cuando puede provocar, por la grasa que contiene, el deslizamiento, como ocurre con la cera que se encuentra en la calzada, producto de la fundición de la misma por el calentamiento del asfalto”. ¡Olé otra vez, ese magistrado que se conoce bien el mundillo!

Berjano sentencia que la Hermandad de la Sed no ha actuado con negligencia. Ydeja claro que el afectado asumió las funciones de prioste “motu propio” (dicho sea con el debido respeto a Su Señoría, se escribe motu proprio). El pobre Roldán no sólo no gana, sino que le caen encima las costas: 10.000 euros del ala.

Ya saben, queridos cofrades. ¡Cuidado con las escaleras! Porque suban o bajen, siempre hay cofrades en todos los peldaños. Este pleito se podía haber resuelto en la barra del Rinconcillo, ¿verdad Enrique Henares? Qué cierto es eso de tengas pleitos y los ganes. ¿Lo mejor de todo? Los dos hermanos de San Pablo que fueron a recoger las cruces, que fueron citados como testigos y dijeron que no habían visto nada, que sólo oyeron el estruendo de la caída. Son como yo: que no veo nada. Porque el día que me da por mirar papeles… Ay, Señor, Señor. Que me da un pasmo, como le va a dar a la aseguradora de la hermandad si a la Audiencia le da por darle un vuelco al caso. Cantar del pueblo andaluz, que todas las primaveras anda pidiendo escaleras para subir… al almacén.