El Fiscal | 26 de junio de 2012 a las 20:45
Retablo donde se recogen las oraciones a deshoras, resiste los humos y asiste en silencio a los horrores que desde hace poco le acompañan. Esta Buena Muerte de la Encarnación es el último recuerdo de aquellas Semanas Santas de nazarenos de ruán en sepia por la calle Laraña. Los buenos hermanos del Valle tuvieron el otro día el detalle de colocarle flores con ocasión de la fiesta de exaltación de la cruz. Claveles rojos de mayo para el Señor de los lirios de cuaresma, para ese Cristo que un día presidió la Anunciación, el mismo que se fue cuando de allí se marchó la Universidad, porque siempre debe ir donde ella vaya. Y se quedó el retablo al que muchos hermanos de Los Estudiantes han rezado mientras esperaban el autobús, ante el que aún se persignan los viandantes y que es el mejor trozo de una plaza que ha cambiado tanto que poco queda ella, salvo la fuente y este viejo retablo, de su antigua estética. Un político de hoy diría que la devoción a la Buena Muerte es transversal, pues es profesada por cofrades de otras hermandades que se apuntaron a la hermandad en su paso por las aulas. De aquellos años estas flores para el Cristo de los Estudiantes.
El Fiscal | 30 de marzo de 2011 a las 11:04
A guasa del calendario tiene entre sus efectos el de amenazar los montes de lirios para la próxima Semana Santa. Tal vez para la mayoría carezca de importancia que el exorno floral de un paso de Cristo sea de lirios, claveles u otras especies, muchas de ellas exóticas por obra y gracia de la fusión de floristas originales y priostes atrevidos. Pero los símbolos son símbolos por algo, están para algo, tienen su significado. Y si a la Semana Santa y, sobre todo, a algunas cofradías, se le suprimen ciertos símbolos, se corre el serio peligro de dejarlo todo hueco. Cuesta imaginar, por ejemplo, un Cristo de la Buena Muerte sin lirios morados a sus pies, símbolos de la alianza entre la cultura y la fe. Y no decimos unos cuantos lirios a modo de friso. Ni siquiera de lirios salpicaditos sobre una alfombra de claveles rojos de esos que llaman tonalidad sangre de toro. Nos referimos a un monte exclusivo de lirios morados. Que no falten el Martes Santo. Ni con la guasa del calendario.