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La aportación macarena

El Fiscal | 19 de noviembre de 2017 a las 5:00

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LAS barbaridades que hemos vivido en las elecciones con pluralidad de candidaturas tanto en el Consejo como en las hermandades en los últimos años han sido de tal calibre que ha supuesto todo un rayo de esperanza –nunca mejor dicho– la fotografía captada el domingo pasado en una taberna próxima a la Macarena. El hermano mayor, Manuel García, se llevó a tomar el aperitivo a los dos candidatos. Y lo hizo en horario de máxima afluencia de votantes. Tinto, cerveza y piscolabis. Por fin se distinguió entre la hermandad y la empresa, por fin se ofreció una imagen de fraternidad entre dos candidatos, por fin se dejaron atrás los posibles recelos y, al menos, se generó una imagen de concordia. En las elecciones cofradieras a veces nos ocurre como al niño del anuncio de los donuts, que se nos olvida que no son los comicios generales, autonómicos o municipales, ni tampoco las elecciones a representantes del comité de empresa: “¡Ahí va, que era una hermandad!”. En los últimos años, decíamos, hemos sido testigos de ataques soterrados de una candidatura contra otra: que si Fulano no va a misa, que si Mengano fue suspendido en un curso de formación y aquí tienes los papeles que lo demuestran, que si Zutano es empresario y tiene deudas publicadas en boletines oficiales, que si la guerra de los censos, y, por supuesto, las acusaciones de cintura para abajo de todos los órdenes, ¡no faltaba más! Tanto han mimetizado las cofradías a la política que han conseguido sacar sobresaliente cum laude en el empeño: campañas, lemas, logos, actos en lugares ajenos a la hermandad, reuniones por colectivos específicos (costaleros, músicos, diputados), páginas web, cuentas en redes sociales, etcétera. Y las consecuencias en muchos casos han sido las previsibles: enfrentamientos que alcanzan lo personal, exilios al denominado Estoril cofradiero, represalias con los derrotados que son despojados de los sitios preferentes de la cofradía y, al fin, alejamiento absoluto de la vida cotidiana de hermandad de los que pierden o, aún peor, la formación de una oposición que utiliza los cabildos generales para poner en jaque una y otra vez a la junta de gobierno. Por eso la fotografía del pasado domingo es tan importante, porque estaba el saliente y los dos posibles entrantes, porque los tres quisieron dejar ese testimonio a los más de 14.000 hermanos de la cofradía, a esa inmensa mayoría que ni sale de nazareno ni acude a la hermandad, pero que sabe de ella por los medios de comunicación o por el brillante Anuario. A ellos, precisamente a ellos, les debían los tres esa fotografía que es todo un símbolo. Es necesario que cunda el ejemplo, que se instale como propio ese protocolo que obliga a los candidatos a comparecer juntos como ejemplo de unidad por encima de la rivalidad en las urnas. Se lo deben a las cofradías, a la gente buena que hay en ellas, a quienes no conocen ni a Santiago Álvarez ni a José Antonio Fernández Cabrero, a los que tan sólo se apuntaron un día por amor a unas imágenes que, al mirarlas en una estampa en el coche o en casa, les ayuda a sobrellevar su existencia. Ellos se merecen esa instantánea de respeto. Llamémosla así. Es un buen inicio de nueva etapa promovido por quien deja el cargo, lo cual concede un gran valor añadido.

Generando debate
Es el poder que tienen algunas personas:la capacidad de exponer temas que generan debate, la de plantear reformas para solucionar problemas de hoy, la de intuir por dónde pueden ir los caminos del futuro. Ha ocurrido con la idea de Moeckel de pedir tres años de antigüedad a los que pretendan salir de nazarenos. El presidente del Consejo también ha visto con buenos ojos una propuesta que ya dijimos que gustaba al subdelegado del Gobierno y al teniente de alcalde delegado de Seguridad, Movilidad y Fiestas Mayores. A Moeckel le ocurre como al cardenal, que en su día confesó cuando le preguntaron por la polémicas que podían generar sus declaraciones: “Lo peor sería que lo que dijera el arzobispo importara un comino”. Por lo que se ve, a todos les ha importado bastante la propuesta. Ymayoritariamente ven bien que se apliquen criterios que evite a los noveleros y otras especies. Por alguna vía habrá que pegar el corte. Es cuestión de criterio, como siempre.

Madrugada 2018
Las hermandades no quieren retrasar su salida. Se niegan al retranqueo horario de la jornada. En general, las cofradías nunca quieren cambios, salvo los que se restringen a sus cuitas de minutos y calles. Estaba claro desde el principio que si se optaba por comenzar la noche más tarde, se trataría de una decisión impuesta desde las alturas. Las autoridades civiles tampoco van a presionar mucho, prefieren explorar otras vías con el único objetivo de que el mínimo escándalo no desencadene el pánico. Lo que debe quedar claro esta vez es que el Cabildo Catedral no ha puesto ninguna pega a que hagan uso del templo hasta bien entrada la mañana del Viernes Santo.

Oído en la Costanilla
“En apenas cuatro meses han fallecido tres hermanos mayores de San Isidoro. Miguel Ángel Arcenegui, Pepe Salas y, recientemente, Pedro Peinado. Tres hermanos antiguos y buenas personas. Desaparece una generación sin, por el momento, una continuidad que pueda estar a la altura. ¡Qué sensación de pérdida!”.

El pertiguero
Primer golpe. Oído en la Plaza Nueva. “El que más colabora de los seis en las negociaciones es el del Gran Poder, te lo aseguro”. Segundo golpe. Oído en la Plaza de la Virgen de los Reyes. “A principios de mes hubo una reunión del ecónomo con casi cincuenta directores espirituales para tratar el tema de las aportaciones económicas al fondo común diocesano. Presidió Asenjo, que intervino al inicio unos cinco minutos. Después, el ecónomo, don Alberto, dio una charla sobre la necesidad de que apretemos a las hermandades para que efectúen aportaciones y para que se den de alta como asociaciones religiosas. Yo no vi mal los planteamientos, pero algunos compañeros salieron viéndose como recaudadores de impuestos”. Tercer golpe. La labor templada del arzobispo en las elecciones de la Macarena ha sido fundamental para que todo haya discurrido con una paz ejemplar. Y ciriales arriba. “¿Quién dices que está animado a colaborar con Torreblanca de cara al vía crucis general? Ya lo hizo con el romano en su día. ¿No te acuerdas?”

Más de la Macarena
Dicen que José Antonio Fernández Cabrero está muy bien asesorado en asuntos de prensa. Yque el nuevo hermano mayor anda replicando a cada felicitación y enhorabuena que de nada valdrán si no cumple lo prometido. Se pone el listón alto a sí mismo. Cabrero sabe perfectamente que sus problemas, de haberlos, no estarán fuera del atrio.

Cartelería
Viendo el cartel de la cabalgata que ha pintado Jesús Vega, no extrañaría nada que en pocos años le encargaran el de Semana Santa. Hay calidad de sobra para tal empresa.

Besamanos
Merece la pena acercarse hoy a la Capilla de la Universidad para contemplar a la Virgen de la Angustia en un besamanos extraordinario convocado por el LXXV aniversario de la llegada de la Dolorosa a la hermandad. Está abierto de 13:00 a 20:00 horas. Es realmente exquisito, una delicia para los amantes del arte efímero de la priostía. A la altura del nivel de la exposición en el Labradores. Pero mejor aún: está la imagen de la Virgen.

¿Retorno a una fotografía como cartel?

El Fiscal | 18 de agosto de 2016 a las 5:00

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Hay debate. El nuevo equipo de gobierno del Consejo de Cofradías, con Joaquín Sainz de la Maza al frente (café para todos), no descarta ni mucho menos apostar de nuevo por un fotógrafo en lugar de por un pintor para el cartel anunciador de la Semana Santa. La última vez que se eligió una foto fue con motivo de la Semana Santa de 1991. A partir del 92 todos han sido obras de pintores. El primero fue el de Joaquín Sáenz, designado por la junta superior que presidía Luis Rodríguez-Caso y Dosal. Hasta entonces disfrutamos de fotos de enorme calidad de Ángel Bajuelo, Fernando Salazar, Antonio Pérez, José María Gutiérrez, José Antonio Zamora, RamónLeón, Velasco, etcétera. Y no olvidemos aquellos carteles tan peculiares de los años del franquismo, de colores estridentes y de gran originalidad en muchos casos. Hay quien considera llegada la hora de retornar a la fotografía, que ha experimentando una evolución muy notable en los últimos veinticinco años. Ahora se hacen más y mejores fotos. El cartel ha ido decayendo. Muchos autores de prestigio no se arriesgan a someter su prestigio a una crítica feroz de forma gratuita. El Consejo nunca ha querido remunerar el encargo, jamás ha buscado un convenio para patrocinar nada menos que el cartel anunciador de una fiesta que se supone universal. Los nombres se reducen cada año. Los grandes nombres se alejan o, en varios casos, los ha sabido captar la Macarena para su cartel particular. Por todos estos motivos, en San Gregorio hay quien opina que o se busca el dinero para pagar a grandes pintores o se apuesta por el concurso fotográfico. Está por ver si Sainz de la Maza se hace con los servicios de un Monchi que sea el asesor eficaz a la hora de proponer nombres tanto para el cartel como para el pregón. Los pintores han tenido 25 años de oportunidades. El resultado ha sido muy dispar. Desde bellezas indiscutibles como la de Maireles con el ojo de la Macarena o Santiago del Campo con el verde de la Esperanza de Triana, hasta apuestas claramente defensivas de grandes nombres como Arcenegui, del que se esperaba muchísimo más. También ha tenido polémicas como el de Antonio Agudo por su minimalismo, y hasta ausencias como la de Carmen Laffón, a la que Manuel Román no pudo convencer en privado. Incluso rechazos formales al encargo como el de Ricardo Suárez, que reivindica que al pintor se le debe pagar su trabajo. Nueva etapa en San Gregorio, ¿nuevos tiempos para el cartel? Mañana debuta el presidente en la procesión de la Patrona con un chaqué de alquiler. Los fotógrafos, como los sastres, piden su oportunidad.

Una saga con solera

El Fiscal | 17 de marzo de 2014 a las 9:51

Imagen Martín Cartaya
Decíamos el otro día que las cofradías son las personas. Y las imágenes sagradas, claro. Ocurre que las imágenes son también las personas. Ve usted la salida de la Virgen del Valle con sus ramos cónicos y bicónicos, con esa fachada de la Anunciación que es el mejor retablo para ese palio de cajón, entre nubes de incienso y toses del personal, y se pone a buscar el alto e inconfundible capirote del prioste Palomino, como le vienen acto seguido los recuerdos de aquel gran hermano mayor que fue José María O´Kean. Ver una cofradía es revivir, es acordarse de una persona tal es el grado de identificación entre familias y hermandades. Eso tiene muy poco que ver con la Semana Santa de los frikis. Ni con la de los salvadores de la Semana Santa, tan peligrosos o más que los frikis. Esto tiene que ver con la autenticidad. ¿Ono es auténtico ver llegar la cruz de guía de la Soledad de San Lorenzo y seguir viendo la silueta de aquel inolvidable fiscal de cruz de guía que se llamaba Diego Lencina? ¿Y no es auténtico recibir al Cristo de los toreros en la bajada del puente y buscar cada año entre el público a un señor muy trajeado que tiene el buen gusto de ver las cofradías en silencio y que se llama José Ignacio Jiménez Esquivias? Una leve bajada de cabeza basta para saludarse sin romper el mágico momento. Cuando uno va a ver cofradías debería colgarse del cuello una suerte de aviso como en los coches de Tussam. Ese No distraigan al conductor, pero en versión morada: No moleste con charletas, estoy viendo cofradías.
Ypodríamos seguir, buscando la mirada cómplice de ese capataz de Virgen del Domingo de Ramos presto a dedicar a una levantá por los hermanos que aún están en el vientre de su madre, de ese maniguetero del Nazareno de la Divina Misericordia, de ese pavero de Los Estudiantes de ojos claros, de ese fiscal del Señor de Pasión de capirote puntiagudo, de ese niño del cortejo litúrgico que ya no está porque la edad le ha dado la alternativa de la túnica y el cinturón de esparto, de ese tío del carro que también es auténtico en su función, de ese vacío de Julio Díaz delante del Nazareno de las Tres Caídas…
Y esa Semana Santa auténtica se ve, por supuesto, en la fidelidad de las sagas con una cofradía. Pronunciar los apellidos Martín Cartaya es decir la O, los cielos tinieblas del Viernes Santo, la mejor cornetería tras Jesús Nazareno, el monte con el que los lirios se despiden de la Semana Santa, el recuerdo del Padre Leonardo, los adoquines tantas veces bañados por la lluvia, la espartería familiar de la calle Reyes Católicos donde tan legendarios cofrades improvisaban tertulias (Cayetano González, Tejera, Marmolejo, Armenta…), los costaleros en sepia, la cámara de fotografía, la levantá a pulso de la Macarena que Ariza le dedicó al cabeza de familia en la esquina de Chapineros con Álvarez Quintero, las sillas en Sierpes junto a la Joyería Ruiz o el teniente Hita al que no le hacía falta el Cecop.
Decir Martín Cartaya es referirse a una saga ejemplar, fiel a los cielos del Viernes Santo.