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La gran verdad

El Fiscal | 7 de noviembre de 2016 a las 20:01

FUTBOL 16/17
EL viernes pudo haber mucha más gente que el jueves. Y el sábado por la noche, mucha más que en la mañana de hoy domingo. Es muy probable que así fuera. Pero la gran clave no es la cantidad, de la que la Semana Santa anda sobrada, sino la calidad, de la que la Semana Santa anda tan necesitada. Hubo vallas, pero no eran para ordenar las parcelas de público, limitar su presencia o alejarlo de la comitiva, sino simplemente se habían empleado para despejar de coches algunas calles, pues el adelanto de la salida en un día obligó a tomar soluciones exprés.

Un único paso en la calle y 130.000 personas, según los cálculos de los expertos en seguridad. Se trata de datos que podrían justificar la calificación del acontecimiento como de alto riesgo. ¡Tanta gente concentrada en torno a un solo paso! Pues no ocurrió ningún incidente destacado. Tan sólo un majareta que profirió algunas voces nada cariñosas al paso del Señor por la calle Delgado. Nada más. Lo más hermoso fue que se hacía el silencio cuando aparecían los ciriales. ¿Se han dado cuenta de la cantidad de gente que estos días está comentado cómo se acallaba el gentío al sentir la llegada del Señor? Sevilla misma se enorgullece de haber recuperado uno de sus sellos de identidad, hasta ahora sólo reservado fuera de Semana Santa para las mañanas del 15 de agosto. A falta del regreso matinal de hoy domingo, tal vez esta salida del Señor sirva para que la ciudad recupere la confianza perdida en sí misma desde el año 2000, cuando el saber estar en las aglomeraciones quedó tambaleado. En el Ayuntamiento elogian el orden del público en todas las calles del recorrido de ida, sobre todo en las bocacalles, cuando en algunas no se oteaba el final después de contar más de una veintena de filas. Destacan también la muchedumbre del Salvador, “nunca vista en Semana Santa”. En la Plaza de San Francisco sí se pudo estar con mayor comodidad. ¿Habremos recuperado parte de esa confianza en nosotros mismos, necesaria para no ver ciertas aglomeraciones como una amenaza? Si la seguridad es una percepción subjetiva, según explica siempre la Policía, parece que hemos recuperado parte de esa sensación.

El arzobispo, por fin, ha vivido con felicidad un acontecimiento cofradiero promovido por él mismo. Lo del Señor del Año de la Misericordia ha tenido poco que ver con aquel vía crucis frustrado del Año de la Fe. La hostelería, por hacer el análisis completo, no ha sacado toda la rentabilidad que hubiera deseado de este gran acontecimiento. Los días y horarios finalmente escogidos no han sido los mejores para sus intereses. La salida de hoy, prevista para las once de la mañana, concentra la oferta en San Lorenzo y deja sin muchas opciones al resto de establecimientos del centro.

Las generaciones del futuro verán las fotos nocturnas del Señor en su camino a la Catedral un jueves de noviembre y, con toda seguridad, se harán una idea muy positiva de los sevillanos de hoy que, como siempre, hemos sabido acompañar al Gran Poder en perfecta armonía, orden y sin sobresaltos, pese a lo que les habrán contado sobre sucesos en la Madrugada y debates sobre la seguridad. Al igual que hoy vemos, por ejemplo, las imágenes en sepia del traslado en andas de 1965 por una Plaza de la Alfalfa donde, por cierto, la farmacia sigue donde estaba. Y contemplamos con envidia las caras de quienes fueron testigos de aquella visita del Señor a un barrio tan alejado del Centro con motivo de las Misiones. Esas generaciones futuras nos envidiarán por haber vivido cuanto estamos presenciando estos días. Y estarán orgullosos de la compostura y el silencio que hoy seguimos guardando cuando pasa Aquel que lleva en su rostro las miradas de los que no están ya con nosotros. Recibirán el mismo legado que en su día recibimos nosotros: el Señor y el silencio.

La crisis de autoridad

El Fiscal | 26 de octubre de 2015 a las 10:56

MADRUGÁ  EL GRAN PODER
EL lío de Madrugada está descubriendo incapacidades y prepotencias, inutilidades y caracteres pusilánimes, chulerías y ánimos serenos. Algunos han exhibido su verdadera talla, a otros se les ha visto la piel de lobo (¡Auuuu!) bajo el disfraz de aparente cordero y, en general, se ha confirmado casi todo lo que ya se intuía sobre los perfiles de cada uno de los protagonistas de esta trama.

–¡Vaya trama!
–No lo sabe usted bien.

Recuerdo una tarde de llamadas telefónicas a varios hermanos mayores para actualizar la información del programa de mano de Semana Santa. Cuando se preguntaban los datos de las flores, la saya de la Virgen, el número de nazarenos aproximado y otras observaciones, la mayoría de las respuestas eran reveladoras. “Las flores y la saya son decisiones del prioste”. “Tengo que consutarlo con el prioste, no quiero condicionar su decisión”. “El número de nazarenos hay que esperar a lo que diga el mayordomo”. “La túnica del Señor se decide en la junta de gobierno”. “No le puedo decir ningún dato en firme, llame al mayordomo”. Era raro, diríamos que un caso insólito, el hermano mayor que demostraba un conocimiento exhaustivo de su cofradía o que gozaba de autoridad para obtener con un golpe de teléfono los datos precisos.

La crisis de autoridad que padece la sociedad actual, donde se confunde autoridad con autoritarismo, no es ajena a las cofradías. La autoridad y la negociación son conceptos sustituidos por tabúes como el diálogo y la búsqueda del consenso, marcas blancas que la mayoría de las veces son escondrijos para tapar los perfiles débiles, incapaces o acomplejados. ¿Qué es eso de que unos hermanos mayores provocan que el Consejo haga el ridículo y no atienda a los medios de comunicación después de haberlos convocado? ¿Qué clase de desconocimiento del mundo actual revelan quienes imponen el apagón informativo sobre una reunión y sobre un dossier cuyos folios acabaron publicados en estas páginas en menos de 24 horas? ¿Qué es eso de recurrir a la “necesaria y obligada” consulta a la junta de gobierno para aplazar cualquier pronunciamiento? ¿Qué clase de dirigentes aceptan con resignación hacer el ridículo de comparecer ante los medios para decir que no pueden decir nada? El Consejo, sin saberlo, inventó ese día la rueda de prensa sobre la nada con el aval de la autoridad eclesiástica. Habíamos visto el ridículo del plasma de Rajoy o las convocatorias de los grandes partidos políticos que leen un comunicado y no admiten preguntas. Pero nunca la citación a la prensa para el esperpento nunca visto, la vuelta de tuerca al género absurdo, el no se vayan todavía que aún hay más, el ejemplo más nítido de que lo mejor está por llegar:

–Buenas noches. Les hemos convocado para decirles que no podemos decirles nada.

Aquí nadie dice nada. Nadie decide nada. Todo el mundo tiene que consultar, delegar, consensuar y mover el tio-vivo para que los caballitos queden en la misma posición. La perdiz mareada. Las cofradías sufren una crisis de autoridad. El nuevo poder son los priostes, los capataces, los sacristanes, los costaleros. Y en esta tesitura, el más bravuconcete de la clase se lleva el gato al agua. Aunque tenga que consultar con la junta de gobierno, por supuesto. Menuda liturgia boba. Qué tropa.

Las caras del Señor

El Fiscal | 1 de junio de 2015 a las 14:05

EXPOSICION DEL GRAN PODER
EL cardenal Amigo comentó en una reunión informal hace varios años que las hermandades estaban abusando de los mismos programas conmemorativos cuando tocaba celebrar una coronación o cualquier efeméride, ya fuera fundacional, de las hechuras de las imágenes o del aniversario de aprobación de la primera reglas.Siempre igual: un cartel, un pregón, una procesión a la Catedral, cultos y regreso triunfal. Durante mucho tiempo, el guión fue más o menos parecido en todos los casos. Don Carlos echaba en falta fórmulas más originales. O, tal vez, que dentro de ese patrón de actos se hiciera algo que no mimetizara lo ya hecho. Estos días se puede disfrutar de una exposición de gran belleza en el precioso patio del Real Círculo de Labradores. Conmemora los 50 años de la construcción de la Basílica del Gran Poder, siendo hermano mayor don Miguel Lasso de la Vega, vizconde de Dos Fuentes, sin cuya aportación no se puede escribir la historia contemporánea de la cofradía. La belleza de la muestra se aprecia en varios motivos: el lugar, que ya de por sí es un bien de interés cultural poco conocido por los sevillanos, donde el Señor del Gran Poder recibió culto cuando el edificio era el convento de San Acasio; el motivo central, el Señor del Gran Poder, una historia de los siglos de devoción rematada con la construcción de la basílica, y el contenido, que incluye una gran pieza que por sí sola justificaría la muestra, una foto mosaico del rostro del Señor conseguida a través de fotografías de los hermanos que figuran en la base de la corporación. Una idea similar vimos en la película de Carlos Colón sobre la Macarena, cuando sobre el ojo de la Esperanza se proyectan las fotografías de hermanos difuntos que siguen vivos a través de la Virgen.

La aportación de nuevas ideas en el mundo de las cofradías es cada vez un reto más difícil. La creatividad semanasantera no pasa por buenos momentos. Ya veces convendría que algunos cesaran en su intento, sobre todo cuando se trata de innovar con la música. La galería de los horrores está cada vez más poblada. Y algunas innovaciones oídas la pasada cuaresma es mejor pasarlas por alto.

Vean esta exposición y disfruten, además de con la gran foto mosaico, con la serie de fotografías en blanco y negro de la cofradía en la calle, con nazarenos del ayer con la cola sobre el antebrazo sobre adoquines sepias, sevillanos con sombrero y mujeres protegidas del frío de la Madrugada con abrigos gordos cruzados. Y no dejen de contemplar las fotos de la Plaza de San Lorenzo en las que se aprecia la casa que existía en la finca donde hoy se erige la basílica, una casa, por cierto, nada fea.
Lástima que esta exposición no se haya celebrado en cuaresma, en un período con mucho más poder de convocatoria. Hubiera servido para mejorar un tiempo demasiado enfangado con la logística de horarios e itinerarios. Los 50 años de la basílica del Señor son, efectivamente, una buena oportunidad para rememorar la historia de su devoción, los lugares donde fue fecundando en miles de sevillanos y el papel fundamental de quienes contribuyeron a propagarla. Esta exposición es una de esas muestras de buen gusto que reconcilian con lo mejor de la Semana Santa y de sus hermandades.

Hay que felicitar a la Hermandad del Gran Poder por una muestra tan sencilla como bien concebida, que aporta una forma de hacer las cosas con originalidad y belleza. Los 50 años de la casa del Señor bien merecen una iniciativa de estas características. No hay mejores huellas del Gran Poder que las caras de quienes hacen de su vida una rendición de culto cotidiano a quien tiene en su mano la potestad y el imperio.

El abrazo de la ciudad

El Fiscal | 17 de mayo de 2015 a las 5:00

PRESENTACION CARTEL CORPUS
Rezaba con los pinceles. Oraba con las acuarelas. Siempre esperaba al Señor en la esquina de su casa, cuando la Madrugada tiene ese cielo roto que quiebra los cuerpos y la espadaña del Museo recibe las primeras luces del Aljarafe. Allí estaba siempre Daniel Puch Rodríguez-Caso, en la encrucijada mágica de Bailén con Miguel de Carvajal, donde las hileras de naranjos van perfumando el camino del Señor hasta dejarlo a los pies de Murillo para que los angelotes curen sus heridas. Los pintores son seres especiales que sólo rinden cuentas a la inspiración. Daniel no derrochaba palabras, ni exhibía muchos sentimientos. Cuando mejor se comunicaba era a través de su obra. Y con algún comentario rotundo, a modo de sentencia, sobre algún asunto cotidiano, como si de una pincelada fugaz y espesa se tratara. Por sus lienzos y acuarelas lo conoceréis. Y por su mirada. Reservado como un sevillano frío, discreto como un nazareno de ruan, de corazón abierto en la intimidad de una amistad forjada con los años, que sólo el paso del tiempo puede certificar la existencia de una verdadera amistad; directo en su juicio como un censor que no regala elogios si algo no le ha convencido.

Los pintores tienen la eternidad garantizada a través de sus cuadros. A un pintor le suceden sus hijos tanto como sus cuadros. Siguen respirando en cada pincelada. Sus lienzos son el sobrero que tienen preparado cuando el festejo de la vida se acaba. Daniel dejó mucha obra inédita en su estudio, en esa planta baja en la que compartía luz con el Museo. El Gran Poder pintado por Daniel es como un retablo para recibir oraciones cuando la basílica está cerrada. Tenía cogida la medida del Señor. Por eso dicen que el Señor se lo llevó para siempre, para que ya no lo pintara más en su estudio de Bailén, sino cara a cara, con ese dibujo hecho filigrana, con esa precisión en el cíngulo, ese poderío al reflejar el patetismo de su rostro. Se fue a pintar al Señor despacio, creando azules de Murillo, morados de cuaresma y blancos de novicia. Veo a Daniel absorto en la faena, de pie, con el compás abierto, ajeno al coro de ángeles que contemplan la escena, mezclando óleos en la paleta que tiene cogida como si fuera un cirio tiniebla al cuadril, con el rostro algo contrariado porque no termina de afinar una espina de la corona, satisfecho en su interior por la precisión con la que ha reflejado cada vuelta de cuerda del cíngulo, y por el hiperrealismo del triángulo perfecto de su zancada. Veo a Daniel feliz porque ahora tiene toda la luz y todo el tiempo del mundo para pintar al Señor y enseñarle la ciudad a través de su obra.

Subió al cielo con el caballete y los pinceles, dispuesto a explicarle a Dios en varios trazos la ternura de los niños seises en sus danzas puntiagudas, la divinidad de Sor Ángela y Madre María de la Purísima, el imponente cartel de la Semana Santa, o los retratos de tantos sevillanos a los que captaba la expresión cuando miraba en silencio, torcía levemente la cabeza y dejaba hacer al pincel con la concentración con la que un pianista siente la música en cada golpe de tecla.

Se fue Daniel con el Señor y dejó sin saberlo un cartelazo para el Corpus de este año, con esos trazos finos, esa luz que baña la escena, ese detalle mariano al fondo, ese romero esparcido. Era el pintor del Señor. Era el pintor de los seises. Era el pintor del Santísimo Sacramento. Era el sevillano que cada año esperaba el paso de Dios por su casa, que yo creo que ha sido él quien ha mediado desde las alturas para que el GranPoder siga retornando por el Postigo, largo itinerario que permite que Sara siga contemplando cada Viernes Santo el mejor lienzo de Daniel.
PRESENTACION CARTEL CORPUS

Vodevil

El Fiscal | 20 de marzo de 2015 a las 5:00

La noche los confunde. La Madrugada, ay aquella culminación y síntesis en el pregón de los pregones, ha tenido el efecto de dejarnos ver el pelo de la dehesa de la actual Semana Santa. Ha sido como el debate de los tres candidatos en las autónimicas que emitió TVE, que sirvió para que el personal viera lo que nunca había visto de La Que Manda en el PSOE. La supuesta reforma de la Madrugada, con un objetivo inicial lógico (el retorno del Gran Poder por Cuna) ha derivado en un vodevil cuyo último capítulo es que quien parte el bacalao es el Cecop (Ayuntamiento), porque la Semana Santa está secuestrada por la seguridad desde los sucesos de 2000 tanto como por los porcentajes de lluvia desde que existe internet y miles de druidas de las isobaras. ¿Yla clase dirigente cofradiera? Una tropa…

El nazareno descalzo

El Fiscal | 2 de febrero de 2015 a las 5:00

Nazarenodescalzo
Se fue racheando el paso por las calles San José y Santa María la Blanca, parada cotidiana para avituallar en La Candelaria o El Cordobés. Venía cargando la mochila de una enfermedad que enlentecía sus reflejos, poblaba la barba canosa y cansaba la vista. Fue un gran nazareno en sus días de vigor, un nazareno siempre descalzo. Tanto que se hizo cargo muchísimos años de la cofradía que quizás es más difícil de organizar: la del Gran Poder. Sacar a la calle dos mil nazarenos con disciplina de ruán y un recorrido de vuelta que ahuyenta al más devoto no es una empresa fácil. En sus últimos años dejó el patetismo del Gran Poder, del que fue costalero de la primera cuadrilla de hermanos, por la dulce altivez de Jesús Nazareno, se reencontró con otra de sus devociones. Cambió la heráldica de los angelotes (In mau ejus potestas et imperium) por las cinco cruces, Señor, que al lado del corazón llevamos tus nazarenos. Tal vez quiso dedicar sus últimas Madrugadas a su otra devoción, de calzado sin adornos y cola recogida por el antebrazo. Encerrada la cofradía y mudos los chasquidos de los canastillas, José León Rajo jamás dejó de acudir a ver la cofradía del Gran Poder, que le gustaba apurar desde los Lacave hasta los palos que cierran el tramo de penitentes del Mayor Dolor y Traspaso. Estar a su lado en esos momentos era toda una experiencia. Nunca usó artilugios para localizar la cruz de guía ni los dos pasos. Tenía sus propias coordenadas de geolocalización. “Cuando la cruz de guía está en la farmacia de la calle Zaragoza es cuando el paso de Virgen ha salido de la Catedral”. Y no fallaba.
Cuantísimos nazarenos no le daban una leve cabezá de saludo a Pepe León, cansino ya el cortejo por Virgen de los Buenos Libros y San Juan de Ávila. “Detrás de la insignia que ahora viene debe estar uno que siempre va con el cinturón de esparto caído… Míralo, míralo. Siempre decía que al año siguiente se lo arreglaba y ya lo ves”. Y tras el Señor, los privilegiados nazarenos de los palos. “Ese que me ha saludado pidió un año un palo por una enfermedad. Y ahí sigue…”

Veo hoy a Pepe León soltando sus perlas de hombre sin complejos, estilo directo, provocador y carcajada profunda. Está en la tertulia de casa de José Yebra, en los viernes del Señor o en el cabildo de disciplina del Silencio dando cuenta de las incidencias ante el Monumento. Lo veo yéndose lentamente hacia la Puerta de la Carne, palillo en la comisura de los labios, a la velocidad de un paso de palio que sabe que va camino de la última recogida, que ya no habrá más genuflexiones ni habrá que ordenar los cirios arriba. Lo veo en un velador junto al quiosco de prensa desde el que me pregunta por las cofradías y vuelve a declinar mi ofrecimiento para un reportaje sobre su historia personal de tantas noches de logística en San Lorenzo.
Se fue el nazareno que sacó el Gran Poder sin más ayuda que su experiencia de años, sin necesidad de GPS ni equipos transmisores; el nazareno que se hacía el recorrido en los días previos para estudiar todos los posibles obstáculos. Su Semana Santa era otra desde hacía mucho tiempo. Sólo quería ya sentarse en la sala capitular del Silencio a oír el acta del cabildo anterior, a recrearse en la intendencia de una cofradía de tiralíneas y a sentir el inigualable calor de una tertulia improvisada en el atrio. Se fue el nazareno bajito, enérgico y puntiagudo del Gran Poder que no quiso dejar de llevar prendidas las cinco cruces de amor. Sabía Pepe León que todo nazareno del Silencio juega con la hermosa ventaja de poder encontrarse con el Gran Poder al alba, quizás en sus horas más bellas para el público y más sufridas para sus hermanos.

Oigo hoy el chasquido de sus dedos, se levanta la cera morada y se marchan juntos todos esos nazarenos a los que no hace falta la túnica para verles hechuras de Madrugada.

San Lorenzo: ¿Una puerta a la buena fe?

El Fiscal | 9 de noviembre de 2014 a las 5:00

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Cuando uno es propietario de una casa, lo normal es que tenga la llave que da acceso a ella. Y que para alcanzar ese acceso no tenga que pedir permiso a nadie, ni molestar a nadie, ni depender de nadie. Uno entra en su propiedad cuando lo estima oportuno. Así de simple. O no, que diría Rajoy. La Hermandad de la Quinta Angustia goza de una preciosa puerta que comunica directamente su capilla con la calle San Pablo. No suele hacer uso de ella, pero la puerta está como un signo de dominio. La hermandad, si quiere, no depende del párroco de la Magdalena. La Hermandad de Pasión tiene acceso propio a la capilla sacramental desde el Patio de los Naranjos. No depende del rector del Salvador. Hasta los capellanes reales tienen acceso directo a la Capilla Real por el atrio de la Puerta de las Campanillas. No dependen del deán del Cabildo Catedral. Curiosamente, mire usted por donde, esta puerta ya existía históricamente, pero fue cegada y se reabrió en el año 2000 con la bendición de la Comisión Provincial de Patrimonio de la Junta de Andalucía, que es el organismo que tutela la conservación del conjunto histórico declarado de la ciudad, en especial de los inmuebles catalogados como Bien de Interés Cultural (2010).
Las puertas tienen llaves. Y las llaves son el símbolo de la propiedad. Esta reflexión viene a cuenta del mangazo que sufrió la Hermandad del Gran Poder en el año 2009, cuando alguien muy ladino acudió al Registro de la Propiedad e inmatriculó la Parroquia de San Lorenzo al 100% en favor del Arzobispado de Sevilla, produciéndose un atropello palmario de los muy acreditados derechos de propiedad de la hermandad sobre la capilla donde recibió culto el Señor durante casi tres siglos.
La junta de gobierno negocia ahora una solución con la autoridad eclesiástica, al menos eso ha reconocido en las páginas de este periódico. La solución verdadera, la fetén, la de oro, la auténtica, no es otra que aquella que recoja que la Hermandad del Gran Poder es propietaria del coeficiente correspondiente del templo, expresado en el debido porcentaje. Y para eso la corporación cuenta siempre con suficientes vías de carácter reivindicatorio. La Quinta Angustia ya sufrió un atropello similar, su cabildo general autorizó a poner un pleito si era necesario, pero el Arzobispado accedió a inscribir una nota aclaratoria a la propiedad por la que se reconoce el uso perpetuo de la capilla en favor de la cofradía, aunque –ojo– no reconoce la propiedad en los mismos términos que sí lo hace, en cambio, a la hora de fijar quién es el verdadero propietario del templo parroquial: la Diócesis. En el caso de Pasión, como ya avanzamos en esta página, las cosas sí se han hecho de acuerdo con la fórmula idónea.
Mucho nos tememos que el Gran Poder lo tiene difícil para que la autoridad acceda a dar marcha atrás y establecer las propiedades en porcentajes de Bollullos: a cada uno lo suyo. El mangazo se ha consumado. Lleva cinco años efectuado sin que nadie se enterara hasta que lo publicó este periódico. Sigamos con el criterio de Bollullos y digamos que la junta de gobierno de entonces fue, cuando menos, negligente, al igual que alguien en el Arzobispado fue, cuando menos, deliberadamente taimado…
Por eso, tal vez sea bueno que si verdaderamente hay un buen clima de entendimiento entre las partes actuales, se aproveche para que, al menos, la hermandad cuente con un acceso directo a la capilla por la calle Eslava. Eso sí que sería un gesto de buena voluntad por parte de la autoridad eclesiástica, que sabe perfectamente que esa capilla es del Gran Poder, pues de hecho la hermandad la tiene arrendada por un precio simbólico a la Hermandad del Dulce Nombre. La otra solución es la de ir al pleito, como efectivamente amagó la Quinta Angustia en su momento con todo tino. Pero en el Gran Poder no debe haber mucho ánimo de enfrentarse jurídicamente de nuevo al Arzobispado como ya ocurrió a cuenta de otro atropello, cuando las últimas normas diocesanas decretaron que las hermandades son asociaciones públicas de fieles de la Iglesia, con la consiguiente pérdida de autonomía. Eminentes juristas siguen defendiendo hoy que la gran mayoría de las hermandades son privadas, erigidas por los propios fieles y no a iniciativa de la jerarquía eclesiástica. Aquel pleito perdido parece que puede pesar aún mucho en el ambiente, al margen de otras consideraciones. Ni que decir tiene que otras posibles soluciones como el condominio o servidumbres de cualquier tipo serían sucedáneos, placebos, que pueden hasta generar más problemas que beneficios. O se es propietario o no se es. O puerta grande o enfermería.
Alguien tendrá que explicar en algún momento por qué se perdió una capilla que es todo un símbolo y de qué manera se perdió. Alguien tendrá que explicar llegado el caso por qué, una vez trascendido el mangazo por vez primera en las páginas de este periódico, no se lucha con toda legitimidad y libertad para que se reconozca a su verdadero propietario. Alguien tendrá que explicar su negligencia y alguien tendrá que explicar su voracidad acaparadora. Si al menos se abriera esa puerta… Podría ser el inicio de una futura reconquista. Sería una puerta que se abre, en todos los sentidos. Y sería una prueba de buena fe por parte del Arzobispado.
Esquina de la Calle Eslava con el Gran Poder

El buen ejemplo del Salvador

El Fiscal | 22 de septiembre de 2014 a las 13:17

Foto salvador
JAVIER Criado, hermano mayor de Pasión, sorprendió hace pocos días en una rueda de prensa proclamando al vicario general, Teodoro León, como uno de los hombres más importantes de la historia de la Archicofradía. Tamaña generosidad de Criado, hombre de luces largas y que usa hilo fino en cada puntada, estaba más que justificada. ¿Por qué? Porque el Arzobispado se ha portado con Pasión con una diligencia que no se ha tenido con hermandades como el Gran Poder. No es por comparar, mire usté, pero las cosas son lo que son y no lo que las partes quieren que sea. A la hora de inmatricular la iglesia del Salvador en el Registro de la Propiedad, los servicios jurídicos del Arzobispado se han cuidado muy mucho de hacer constar que la capilla sacramental y las dependencias de la hermandad de Pasión son, efectivamente, de la cofradía. Se han respetado sus derechos históricos, se ha puesto negro sobre blanco lo que todos sabíamos. Nadie discute que el templo es de titularidad eclesiástica. Es lógico que la Iglesia quiera gozar de las garantías jurídicas que concede la publicidad registral, máxime teniendo en cuenta que la ley que permite a la Iglesia la inmatriculacón exprés tiene los días contados y, por lo tanto, dentro de poco tiempo será más complicado inscribir los bienes en el Registro.
El Salvador ha sido incrito sin atropello de ningún derecho, oyendo a las partes y buscando la fórmula más satisfactoria, aunque ya hay quienes desde el punto de vista jurídico discuten la solución empleada. Doctores tiene la Iglesia, como los tiene el Derecho. A manojos, oiga.
Con la Magdalena no se hizo bien. El Arzobispado se apropio del 100% del templo. La Quinta Angustia puso el grito en el cielo, amagó con un pleito (una medida avalada por el cabildo general) y se tuvo que aplicar una suerte de marcha atrás para reconocerle a la cofradía sus derechos sobre la capilla. Cabe también aquí recordar que no han faltado juristas sorprendidos por la fórmula buscada para contentar a la hermandad. Pero también hay que reseñar que al final reinó la paz, se evitaron denuncias que sólo hubieran tensionado el ambiente y todo se hizo con la mayor discreción, hasta que trascendió en las páginas de este periódico. En el caso de la Quinta Angustia hay que reconocer que en la hermandad estuvieron rápidos y espabilados. Y consiguieron lo que parecía imposible.
¿Por qué entonces se le ha quitado al Gran Poder la capilla de San Lorenzo? Cada día se entiende menos que nadie del Arzobispado se preguntara en 2009 –fecha de la inmatriculación– por los posibles de derechos de propiedad de las capillas de la parroquia. Igual que extraña que nadie de la hermandad tuviera conocimiento del proceso puesto en marcha por el Arzobispado. Han pasado cuatro años del mangazo de capilla (repetimos:las cosas son lo que son y no lo que las partes quieren que sean) y la solución se intuye difícil. Dar marcha atrás tanto tiempo después resulta difícil para algunos, muy complicado. Dicen que desde el punto de vista jurídico sería complejo poner un parche (los focos están activados, no como con la Magdalena, donde el secretismo facilitó la enmienda). Y apuntan a que todo puede acabar en un pleito que nadie desea. ¿Cómo se le explica a los hermanos en un cabildo general que te has quedado sin una capilla histórica, en la que el Señor recibió culto nada menos que tres siglos, de la que se tienen papeles y que es todo un símbolo?
Y aún hay más. Está al caer la inmatriculación de la Parroquia de San Bernardo. Y se puede dar por hecho que el Arzobispado respetará las propiedades de la cofradía sin mayores problemas. El caso de San Lorenzo sigue chocando más en función de estos nuevos expedientes que se van conociendo. Sólo está claro que alguién pegó el mangazo de capilla (¿Involuntario o aposta?) y que alguien no estuvo diligente. O en el Arzobispado rectifican (ojú) o las pintan feas. Esa capilla es del Gran Poder, pertenece al Gran Poder y se debe inscribir a nombre del Gran Poder. Algunos tendrán que dar explicaciones más pronto que tarde. Criado lo ha bordado.

La seguridad jurídica

El Fiscal | 7 de mayo de 2014 a las 21:42

Tiene toda la razón del mundo el Arzobispado cuando alude a la necesidad de obtener la máxima seguridad jurídica como causa principal de la inscripción de los templos en el Registro de la Propiedad. La Iglesia católica tiene derecho a proveerse de las ventajas y garantías que se derivan de la publicidad registral. Y no sólo tiene el derecho, sino que además disfruta del privilegio de poder inmatricular bienes por un procedimiento exprés, con la sola presentación de un certificado elaborado en la Curia, al contrario que el resto de los mortales, para los que la primera inscripción registral de un bien supone un procedimiento mucho más complejo.
Resulta curioso que el Arzobispado aluda a que el proceso de inmatriculación comenzó en 2008, en el tramo final del pontificado del cardenal Amigo. ¿Y qué? Nada malo hay en registrar los bienes. La alusión al gobierno anterior suena a réplica de partido político, evoca el Y tú más y, por supuesto, revela muchísimas cosas.
El problema no es que se inmatriculen bienes, el problema son las chapuzas. Una chapuza de Pepe Gotera y Otilio es acudir al Registro de la Propiedad en pleno agosto para inscribir la Parroquia de la Magdalena saltándose más de 400 años de propiedad de la Quinta Angustia sobre su capilla. Yuna chapuza es orillar los 300 años de propiedad del Gran Poder sobre su capilla en San Lorenzo. La chapuza de la Magdalena dio bastantes dolores de cabeza en el Palacio Arzobispal. Se acabó apostando por una solución de difícil calificación jurídica. En una jerga coloquial sería muy fácil calificar aquello, pero el buen gusto aconseja evitar ciertos adjetivos.
En el caso del Gran Poder, cuesta trabajo, mucho trabajo, creer que nadie de los servicios jurídicos del Arzobispado se preocupara de preguntar por posibles derechos de propiedad a favor de terceros con respecto a algunas capillas. Si no hubo mala fe, al menos hubo una falta de la diligencia debida. Y se ve que la junta de gobierno de entonces no olió la maniobra en ningún momento. Habrá que estar atentos a la solución que se busca para reconocer los derechos de propiedad de esta hermandad. No es imposible, tampoco fácil.
La apelación a la seguridad jurídica no puede jamás suponer la conculcación de derechos. Fíjense qué cuidadoso ha sido el Arzobispado para reconocer al Cabildo la propiedad de la Catedral. Ahí no se ha inscrito el templo a nombre de la Archidiócesis. Ahí no.

Señora presidenta

El Fiscal | 3 de marzo de 2014 a las 9:57

Iglesia del Salvador. Patio de los Naranjos.. Allí estará Diego J. Geniz, que ha quedado con el director de la Fundación Jesús de Pasión para hacer un reportaje sobre la labor social que se realiza en estos tiempos de crisis. Nos interesa sacar fotos de l
Dice la muy capillita presidenta de la Junta de Andalucía, la misma que se reúne siete horas con Asenjo en la céntrica vivienda de un antiguo presidente de caja de ahorros, que “la titularidad pública de la Mezquita de Córdoba es compatible con la gestión por la Iglesia”. Yse queda más a gusto que un arbusto. Toma, claro. Desde que Susana (no hace falta el apellido, Susana no hay más que una) es presidenta de la Junta, hay mucho socialista que ahora califica la otrora retrógrada religiosidad popular como un “valor añadido”. ¿Qué es la Semana Santa para un neosocialista andaluz? Un valor añadido. Pues eso. Y afloran los tontos del valor añadido como se multiplican los tontos que contamos veladores por las calles del centro. En el partido dicen que hasta la Rubiales ve ahora en las cofradías un valor añadido. Cosas veredes, Sancho (y Sancha).
Las entidades católicas de toda España aportan una labor social tasada en 30.000 millones de euros, según los datos oficiales de los señores de la Conferencia Episcopal, que tienen un gerente que lleva estupendamente las cuentas, como don Juan José tiene su ecónomo en Sevilla. Ybien que le cuesta el ecónomo.
–¿Cómo se llama el ecónomo?
–Don Alberto.
–Noooo… ¿Que cómo se llama de parné? ¿Que cuánto cobra?
–Cobra a precio de mercado, que es lo que no se nos dijo en el consejo de asuntos económicos.
Al grano. El Estado se ahorra 30.000 millones de euros en unas labores que asume una institución como la Iglesia Católica, que se nutre de la aportación voluntaria de los fieles en la declaración del IRPF, según el acuerdo económico Iglesia-Estado que rubricaron en su día el cardenal Rouco Varela y la vicepresidenta socialista Fernández de la Vega, en aquellos tiempos en que ZP se tomaba la taza de caldito en la Nunciatura, ¿recuerdan? Porque ZP era un diablo con tridente y cuernos, pero bien que compartió mesa y mental muchas veces con los obispos. Hasta don Juan José ha almorzado con ZP, ¿verdad? Que aquí después pasa por rojo siempre el mismo. Rojísimo.
Esperando estamos que Doña Susana también nos regale una perla de esas que sueltan los políticos en los desayunos para la prensa, esos encuentros en los que, por cierto, nadie se come la poca saludable bollería que se ofrece en las mesas. Hay que hacer un estudio sobre la fosilización de los bollitos en los desayunos de las agencias de noticias en los grandes hoteles de Madrid y Sevilla. ¿Alguien ha visto a algún baranda hincarle el diente a esas micronapolitanas de chocolate? Todo lo más, el café bebío. Pues la capillita Díaz ya podría decir que la Junta puede asumir también la gestión de los comedores sociales que las religiosas y las hermandades regentan en la ciudad, desde el de Triana hasta el de Bellavista, pasando por el del Pumarejo, San Juan de Dios o el de San Juan de Acre. Ypuede asumir también la gestión de los economatos económicos, como el que con éxito promueven las hermandades del casco antiguo. Y también podría la Junta asumir los 150.000 euros en metálico que la Hermandad de la Macarena dedica al año a fines sociales (cuenten aparte los kilos y kilos de alimentos que reparte, desde un camión de mantecados hasta cientos de pollos), o echarle un vistazo al anuario del Gran Poder donde con todo lujo de detalles (ejemplo de transparencia sin necesidad de leyes) se ofrecen las cifras de una bolsa de caridad que desde 1953 es estandarte y timbre de gloria de la acción social de las hermandades. “La naturaleza de las atenciones resulta del todo inimaginable, desde sufragar una intervención quirúrgica hasta el pago de unas gafas; de la repatriación de un emigrante a una beca de estudios, de una canastilla de recién nacido a cubrir los gastos de una exequias, o la ayuda a drogodependientes”. Y también podría la Junta alabar que nunca jamás se pregunta en San Lorenzo por el credo religioso de quien pide auxilio. ¿A cuántos musulmanes se ayuda en nombre del Gran Poder? A los que haga falta. No se hacen preguntas, como en la Legión.
Podría la Junta asumir también la gestión de Cáritas Diocesana, que mueve 5 millones de euros a través de una engrasada red parroquial en la capital y en la provincia, con su cuerpo de voluntarios que dedican su tiempo de forma altruista a diagnosticar las verdaderas necesidades y ponerles solución. Podría también la presidenta visitar el Patio de los Naranjos del Salvador, recuerdo de la antigua mezquita, la tarde en que se reparten alimentos y productos de limpieza con cargo a la Fundación Jesús de la Pasión. La sola contemplación de la cola, formada por madres de todas las edades con sus carritos vacíos, estremece el alma más gélida. Es solo una muestra de las 45 millones de horas que dedicaron las parroquias españolas en un año a la atención de las demandas de todo el que llama a sus puertas.
Tenga por seguro, señora presidenta, que la Iglesia no asume esas funciones más que por cumplir con su finalidad, no para recoger ninguna medalla: ni de la Junta ni del Ayuntamiento. Por no hablarle de las Hermanas de la Cruz, ni de la Orden de Malta, ni de los franciscanos, ni de las religiosas del Pozo Santo, ni de las órdenes de clausura, ni del libro blanco de la acción social de las hermandades que tasa en 1,5 millones de euros la acción social de las cofradías, ni de esas hermandades desconocidas, al borde de la extinción y de presupuestos escuálidos, que reparten un alimento tan básico como el pan a las monjas de clausura más necesitadas, a las que compran electrodomésticos para hacer más fácil la vida a quienes ya de por sí se dedican a hacérsela más llevadera a los demás.
Dar pábulo a iniciativas como la gestión pública de la Catedral de Córdoba no sólo es una insostenible majadería, sino supone promover el más rancio, casposo y trasnochado anticlericalismo, que es lo que se esconde debajo del tapete. Aquí nos conocemos todos. Mi querida presidenta: o Dios o el mazo.