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Madrugada, la hora de intervenir

El Fiscal | 3 de diciembre de 2017 a las 5:00

Entrevista con el delegado de Fiestas Mayores, Juan Carlos Cabrera.

EL silencio municipal sobre el frágil pacto de las hermandades de la Madrugada extiende un manto de sospechas sobre las garantías y la validez del acuerdo. Hay veces que las cofradías parecen vivir en los años ochenta, como si todavía imperaran el Plan Trabajadera y la teoría sobre lo bien que nos portamos los sevillanos en la calle (tururú). El Ayuntamiento no ha dicho esta boca es mía en el diseño de la Madrugada de 2018 que han confeccionado los hermanos mayores a puerta cerrada. Lo que interesa a todos ha sido ventilado por unos pocos en una casa de hermandad, sin luz ni taquígrafos, sin presencia de las administraciones competentes, sin informes previos sobre la idoneidad de los cambios, sin que los mandos policiales hayan dicho ni pío sobre si las reformas planteadas aumentan verdaderamente la seguridad. Los familiares del paciente (una Madrugada en la UCI) han decidido el tratamiento sin convocar a los médicos (el Ayuntamiento, la Junta, la Delegación del Gobierno). Los hermanos mayores y la cúpula del Consejo han podido tener buena voluntad, incluso haber puesto el corazón para tratar de ayudar en la resolución de un problema grave, pero han sido transparentes como niños al dejar ver la debilidad del acuerdo desde el primer momento. Lo avisamos en esta página el domingo pasado: qué poquito nos gustó la reiteración de que el acuerdo era válido sólo por un año. En cuarenta y ocho horas, el hermano mayor del Calvario arremetía contra el pacto que él mismo había firmado en su propia casa de hermandad. Nadie entiende nada. O se entiende todo.

La Madrugada que ha llegado a nuestros días, por desgracia, no se puede dejar en manos de las cofradías. Este lagarto no entiende de Ciencia Natural. La Madrugada está desbordada. Necesita una suerte de cortafuegos que impidan las temidas correas de transmisión de las posibles carreras y, al parecer, los expertos en seguridad ya intuyen que con el modelo planteado por las seis cofradías no se consiguen las prevenciones deseadas. El otro día, alguien reputado en la Administración municipal exclamó: “Tal como están las cosas, lo mejor que puede ocurrir es que haya una ola de frío esa noche”. El problema de la Madrugada no lo arreglan las cofradías por su cuenta encerrados en una especie de cónclave hasta altas horas de la noche. Repetimos: por desgracia no lo pueden arreglar. Han de ir de la mano de las Administraciones. Todos juntos. Ha habido ya demasiadas sorpresas desagradables, nadie puede garantizar que la lacra se extienda a otras jornadas de riesgo, caso del Domingo de Ramos, por lo que es la hora de que la autoridad competente intervenga. Aceptar que las cofradías marquen los tiempos en un asunto de ciudad es asumir demasiados riesgos. Que la Madrugada se convierta en un asunto donde los hermanos mayores quieran ganar su batallita particular para quedar bien ante sus cabildos es no tener altura de miras, rebajar un asunto muy delicado al nivel de rifirrafes de una comunidad de vecinos y terminar de liquidar el hermoso legado de la otrora noche más hermosa del año.

Hay tiempo todavía de hacer las cosas bien, de emprender reformas con profundidad, de establecer garantías. Jugárnosla al frío resultaría penoso. No son tiempos para versos. El Plan Trabajadera se acabó. Como Ecovol. Como el cine Fantasio. Estamos en otra Sevilla, que pasa del extremo de correr con pánico a sentarse en una silla de chino. No hay término medio.

JUNTA ORDINARIA DE ACCIONISTAS DEL BETIS

La presidenta cuida su cofradía

Susana Díaz ejerce de trianera como Arenas de macareno. A la presidenta le encanta acudir a su hermandad, presidida por un catedrático que ya impartía clases de Derecho Natural cuando ella era alumna en las caracolas de la facultad en la Sevilla de la pos-Expo. Ay, aquellos tiempos de don José Luis Murga, don Antonio Gordillo Cañas, Mikunda, Polaino, el gran Martín Serrano y algún otro aficionado a los cargos que aspira a rector y que se puede comer una… rueda de calentitos. Triana une hoy de nuevo a la presidenta y al profesor con motivo de la inauguración del nuevo tesoro de la cofradía. Al fondo, la preciosa Esperanza que estos días luce el manto y la saya del taller de Brenes, donde se inspiraron en las caídas del palio y en  el popular manto de los dragones, y el original fajín comprado por unos hermanos en un anticuario. ¡Cómo luce la Esperanza con Javier Hernández! Hay que preguntarle: ¿Qué vas a dejar para el día 18, pedazo de vestidor?

Morante da ejemplo de compromiso en el Baratillo

Moeckel sigue recogiendo apoyos a su plan de exigir tres años de pertenencia a una hermandad antes de salir de nazareno, lo que supone ponerle trabas a los capiroteros noveleros, o a los capiroteros profesionales, como usted prefiera llamarlos. José Antonio Morante, Morante de la Puebla, ha acudido al besamanos de María Santísima de la Caridad en su Soledad. Se acabó eso de acudir sólo el Miércoles Santo a vestirse de nazareno y agarrar la vara. Hay que dar ejemplo y asistir a los cultos. ¿O no? No está mal que las cofradías, con cierto criterio siempre marcado por la mesura, difundan en sus redes sociales ejemplos de participación de personajes conocidos en la vida cotidiana de la cofradía. Puede servir de testimonio útil. Hay que implicarse antes de hacer algo tan serio (y sufrido) como salir de nazareno.

 

Espadas al PP: “Trabajemos juntos”

El Fiscal | 6 de abril de 2017 a las 5:00

alcalde

ESTABAN juntos y en un ambiente de armonía que recordaba a corporaciones municipales del ayer. Estaba el gobierno, con el alcalde, Juan Espadas, y el delegado de Seguridad, Movilidad y Fiestas Mayores, Juan Carlos Cabrera. Estaba el líder de la oposición municipal, Alberto Díaz, y Rafael Belmonte, también concejal del PP. Estaba el presidente del Consejo, Joaquín Sainz de la Maza , y el vicepresidente de la institución, Antonio Piñero. Todos reunidos con ocasión de la tertulia El Homo Cofrade, que entregó su distinción anual al edil Cabrera. A los postres fue cuando el alcalde se refirió a la Semana Santa mirando a los ediles del PP y, por supuesto, a los señores del Consejo:“Trabajemos juntos”. Espadas sabe que él solo no puede hacer nada, que el éxito del año anterior se debió a las orejas altas que pusieron los chicos del PSOE del Ayuntamiento y los del PP de la Delegación del Gobierno tras aquella Madrugada de 2015 nefasta para el recuerdo de los cofrades. “Colaboremos juntos”, reiteró el alcalde en un foro donde también estaban ex ediles y ex presidentes del Consejo. La Semana Santa, su seguridad, es obra de todos. Espadas refirió cómo se rebajó con celeridad la alarma causada por una mujer en el Duque la noche del pasado Lunes Santo, lo que provocó unos instantes de histeria. Esto es cosa de todos. Incurrir en frikismos en las redes sociales o en propagar bulos nos afecta a todos. Bien está que unos y otros sean capaces de entenderse, para empezar, en el muy cofradiero foro de una tertulia.

Expectación con la muestra de Paquili

El Fiscal | 1 de noviembre de 2016 a las 5:00

Ayuntamiento de Sevilla  Presentación de la Exposición de bordados de Paquili
LA exposición de Francisco Carrera Iglesias, Paquili, que tendrá lugar del 3 al 19 de noviembre en el Ayuntamiento, ha comenzado la mar de bien. No se ha inaugurado todavía y ya es un éxito, porque el cartel anunciador, obra de Rafael Laureano, es una preciosidad que anticipa el espíritu de la muestra: la demostración de se pueden hacer cosas nuevas, originales y con un gusto exquisito en un mundo donde demasiadas veces parece imposible cualquier innovación. Paquili es más que un artesano de las cofradías. Muchísimo más. Ha trabajado para Loewe, su trayectoria está marcada por un continuo desafío a ciertas normas establecidas y tiene buen humor para encajar las críticas de los sectores más rancios. No dejen de pasar por esta exposición, porque no será una muestra habitual. Paquili no es desde luego un habitual. Lleva toda su vida dándole al f5 para estar en continua posición de refresco.

La Semana Santa se adapta

El Fiscal | 4 de abril de 2016 a las 5:00

nazarenofiscal
Cambiar los hábitos del personal es una tarea muy compleja y que suele llevar mucho tiempo. Por salirnos de la Semana Santa, ¿cómo se podrían recuperar las mañanas de Feria? ¿Hay alguna fórmula para que el público adelante varias horas la llegada al real de los Remedios? Otro ejemplo:la gente prefiere hace unos años vivir ya en las en las casetas el fin de semana previo a la fiesta, lo que obliga al Ayuntamiento a tener activados los servicios municipales tres días antes del alumbrao. El Ayuntamiento lleva varios años adaptándose a los gustos de la mayoría hasta tal punto que se anuncia una consulta popular para inaugurar la Feria directamente en la noche del viernes al sábado. Tendríamos una Feria de una duración similar a la de Málaga. Si la modificación de los usos y costumbres cuesta un mundo, la reeducación de ciertos sectores de la población es sencillamente imposible. Se demuestra –con cierta perspectiva ya– en el caso de la Semana Santa tras los serios avisos de 2000, 2008 y 2015. La principal conclusión de los tres primeros lustros del siglo XXI es que la Semana Santa de Sevilla está herida. Necesitada de tratamiento. En el actual gobierno de la ciudad hay quien prefiere decir que la Semana Santa ha estado “cogida con alfileres”. Las vallas en una veintena de puntos de la ciudad han sido parte de ese tratamiento, de esas medidas correctoras, para organizar a un público que mayoritariamente ha perdido el don del saber estar, esa capacidad para organizar dos corrientes en una bulla de tal forma que se podía elegir entre quedarse en la bulla o avanzar en una u otra dirección. Sí, también ha habido muchos más agentes de los cuerpos policiales. Lo vivido este año ha parecido más un plan de choque que un plan de seguridad. A la Semana Santa, a efectos de logística, le han aplicado el desfibrilador. Yestá viva. Una Semana Santa segura es posible, aun a costa de las vallas que han incomodado a muchos particulares, pero que han recibido el plácet de todos los estamentos oficiales. La Semana Santa se ha adaptado a los tiempos actuales. Como siempre ha hecho. El concejal socialista Juan Carlos Cabrera, por cierto, ha dicho una gran verdad: “La seguridad contribuye a enaltecer el sentido religioso de la Semana Santa”. Un socialista ha tenido que ser el que, desprovisto de complejos, ha proclamado una de las grandes claves, sino la más importante. Sin seguridad no hay nada. Sin seguridad no hay celebración. Y el sentido original y fundamental de la Semana Santa es el que es por mucho que tenga también impactos y beneficios desde el punto de vista económico y desde otros puntos de vista. No ha faltado quien ha denunciado que ha habido cofradías sin público por algunas calles. El plan deberá ir flexibilizando algunas medidas de cara a 2017, deberá mirar caso por caso para no alejar en exceso a las personas de los cortejos, ni permitir calles directamente desérticas. Los críticos en algunos casos, también hay que anotarlo, se han dejado llevar por las siglas políticas. Se entiende, pues el PP fracasó en la Semana Santa de 2015. Yeso dolió. Yel primer gran triunfo del gobierno socialista ha sido en la Semana Santa de 2016. Las cofradías no son ajenas a nada de lo que ocurra en su tiempo. Yeso incluye la coyuntura política. El resultado ha sido un éxito rotundo que deja un sabor agridulce por cuanto la conclusión es que los sevillanos necesitan las vallas en Semana Santa y muchos policías en las calles para saber hacer sin incidentes lo que siempre hacían. Aforadas algunas calles y reducidas las sillitas plegables, quedaría enseñarle al sevillano cómo debe moverse por las calles, pues eso de permanecer estático (y rumiando pipas) lo hace divinamente. Pero como decíamos al principio, la reeducación es imposible por mucho que seamos una ciudad de Esperanza, que lo somos. Mientras tanto, vallas.

La concordia de la croqueta

El Fiscal | 29 de diciembre de 2013 a las 22:09

Imagen ovidio
En la vida municipal sevillana se alimenta el tópico por el que cualquier tiempo pasado fue mejor. Fuimos más felices con menos presupuesto. Siendo alcalde Manuel del Valle –un político de ruán, más serio que uno que yo me sé al que llamaban El Tiniebla en sus años de estudio– los concejales se enfrentaban en los Plenos jurando en arameo si era necesario, pero después confraternizaban en los bares de los alrededores. Era perfectamente habitual que el abogado Adolfo Cuéllar, histórico del PCE y un sevillano que fue hermano de la Carretería y la Pura y Limpia, se llevara la mar de bien con Manuel García, del PP y de la Macarena de toda la vida, y que ambos compartieran un tinto con Manuel Fernández Floranes, el socialista que siempre tendrá voz de presentación de pregonero y que fue costalero de riñones y ojiva en San Esteban. La acritud se quedaba en los bancos del plenario y en algunos titulares de prensa. Entre El Portón y Trifón, los ediles se repartían en convivencias de forma ordinaria y con una espontaneidad que con el paso de los años sólo mantuvo la socialista Rosamar Prieto-Castro, reserva espiritual del buen ambiente de aquellos años de autobuses de Tussam azules, blancos y con la franja roja. Pero llegaron las vacas gordas, entró el dinero y se nos rompió el amor. La vida política se crispó, se radicalizó en muchos momentos y hasta se judicializó. En Sevilla hay un grupo de concejales que están dispuestos a recuperar ese espíritu de concordia, al menos un par de veces al año. Ahí tienen, en animada velada, a dos concejales del PP, Beltrán Pérez y Rafael Belmonte, y a dos del PSOE, Miguel Bazaga y Juan Carlos Cabrera. No es un conato de gobierno de concentración a lo Merkel… Sobre todo porque Zoido, aunque le guste la Cruzcampo de Cuesta y Paradela, es mucho de melva y poco de salchicha. Tan sólo se trata de una reunión navideña de ediles de diferentes siglas con la excusa de su afición a las cofradías, como en los viejos tiempos de aquellas corporaciones de las que ya sólo quedan los maceros.
La cita fue en Casa Ovidio, donde se forja la concordia de la croqueta. Dicen que, por supuesto, hablaron de cofradías. Bazaga, reconocido amante de la cornetería y de los chistes con picante, es devoto del Sol. Cabrera es macareno y, por cierto, votante de Manolo García. Y si a Belmonte –todo un obispo laico de Bellavista– se le rasca el habitual terno oscuro, seguro que aparece el ruán morado del Cristo de la Corona. Para los íntimos queda que Beltran Pérez guarda un cariño especial por la Hermandad de la O, la pionera en atreverse a cruzar los puentes.
Cuentan que no sólo se departió de cofradías. También bromearon, compartieron penurias de gobierno y oposición, reivindicaron la política en sus mejores valores y soportaron a los típicos pesados haciendo fotos para el recuerdo porque no se creían lo que estaban viendo. Los retrataban como si fueran marcianos recién bajados de una nave. Hay quien comentaba que podrían llegar a formar un buen equipo de gobierno, pero esas cosas solo pasan en Alemania. Donde no hay melva, ni croquetas de Ovidio. Donde se ponga la croqueta de Ovidio que se quiten la luz y los taquígrafos. Sobre todo la luz, que se ha disparado.