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Charo Padilla dijo no al Pregón

El Fiscal | 25 de septiembre de 2016 a las 5:00

LA periodista Charo Padilla declinó el viernes a mediodía el ofrecimiento de ser la primera mujer en dar el Pregón de la Semana Santa. Pasados unos minutos de las 14:00 horas, la locutora de Canal Sur Radio no dio ni la oportunidad de tomar un café en el que tratar los pormenores del encargo. Se negó rotunda, sin rodeos, sin concesiones, sin peticiones de tiempos de espera para reflexionar o consultar a familiares. Charo dijo no y se esfumaron las posibilidades de una apuesta especialmente rompedora que hubiera marcado la primera designación del equipo de Sainz de la Maza, donde por primera vez la junta superior es compacta, son todos hombres elegidos por el presidente y donde, por lo tanto, el riesgo de tener oposición interna en las designaciones es mucho menor.

A Charo no la convenció de que reconsiderara su decisión ni el mismísimo Carlos Herrera, que se lo pidió ya por la noche, consciente de que la potente dicción de la Padilla hubiera quedado de dulce en el teatro, con la narración de testimonios de la Semana Santa a pie de calle, que es la perspectiva que ella lleva décadas trabajando.

La designación del periodista Alberto García Reyes estaba encarrilada y no iba a encontrar ningún obstáculo. Todo el mundo recordará que pudo ya haber sido elegido hace uno o dos años. Nadie tiene dudas de su capacidad ni de su brillantez, ya valoradas en esta Puerta de los Palos cuando dio el la exaltación de la cruz en la Hermandad de la Vera-Cruz en 2014 y el Pregón de la Semana Santa de Utrera en 2015, del que transcribimos algunos de los pasajes en esta misma sección.

Pocos le ganan en riqueza vocabularia y en el empleo de un lenguaje figurado de altísimo nivel. García Reyes escribe como los ángeles, escribe como le da la gana. Nunca hay que olvidar que don Juan José acudirá al Teatro de la Maestranza encantado después de haber asistido al Pregón de la Esperanza que este joven periodista ofreció en la Basílica de la Macarena. Que el prelado acuda cómodo al teatro es muy importante para Sainz de la Maza, que sabe los malos recuerdos que don Juan José tiene de sus primeros Domingos de Pasión.

Atrás quedó el intento por tener una primera mujer pregonera. Sainz de la Maza fue el hermano mayor de la Macarena que implantó la igualdad en la cofradía con el asesoramiento de un canónigo irrepetible:Juan Garrido Mesa. Los telediarios nacionales de aquel domingo conectaron aquella jornada con la basílica. Sainz de la Maza sabe el eco que hubiera tenido la primer mujer pregonera. Es consciente de que ya va siendo hora de una apuesta en tal sentido. También tenía claro que no se podían cometer frivolidades ni soportar pestiños o pseudohomilías por el mero objetivo de elegir una mujer por una mujer. Las opciones no eran muchas. Hasta que dio con la adecuada: Charo Padilla. Pero ella dio nones.

Quedan pues varias reformas pendientes. Ni una mujer será la encargada de pronunciar el Pregón, ni el encargo de pintar el cartel será remunerado. Y eso que Joaquín Sainz de la Maza lo ha intentado todo con la discreción debida. El presidente del Consejo está convencido de las ventajas de pagar al cartelista. Incluso se ofreció a pagar de su bolsillo la cantidad estipulada, un gesto que recuerda al de los grandes hermanos mayores de otros tiempos. Pero la junta superior dijo que no debe pagarse en ningún caso. El tesorero Vélez abanderó el no. Se parte de la premisa de que el mero encargo del cartel genera una promoción para el pintor con la que debe darse por pagado. Esa teoría es muy discutible. Y hasta cutre.

Cerezal, por cierto, es un recomendadode Eduardo Carrera. Y José María Cuadro tendrá que seguir soñando con Carmen Laffón.

Sevilla, ciudad púrpura

El Fiscal | 7 de septiembre de 2014 a las 5:00

CARDENALES
El Papa ha movido ficha en el tablero del episcopado español. El salmantino Carlos Osoro en sustitución del polémico Rouco Varela. Y Cañizares, hermano de Los Estudiantes, que estaba en la curia romana, retorna a España para ocupar la sede de su tierra valenciana. A Cañizares, por cierto, le han sacado ahora una foto de 2007 en la que aparece revestido con la capa magna que antaño usaban los cardenales, un hábito absolutamente en desuso que le hace aparecer fuera de la órbita de un Papa que sólo usa una sencilla cruz pectoral de plata y que sigue viviendo en la residencia de Santa Marta en lugar de en los aposentos reservados para el pontífice. La foto de Cañizares, un hombre afable, culto y de puertas abiertas, es demoledora para la imagen de quien fue primado de España.
¿Cómo queda Sevilla en esta nueva composición? ¿Tiene monseñor Asenjo posibilidades de ser cardenal en breve? Lo primero es que quienes ingenuamente veían a monseñor Asenjo en Madrid ya se han caído del caballo. Ni él contemplaba tal posibilidad, ni existían factores que indujeran a pensarla. Don Juan José sabe mejor que nadie que Sevilla es parada y fin de trayecto en condiciones normales, como son las suyas, por mucho que oscile entre el enojo y la actitud taciturna por las cuitas que sufre como gobernante de la diócesis. Lo segundo es que su gran mentor, monseñor Rouco, lleva amortizado desde la lluviosa noche en que un argentino salió de blanco al balcón principal de San Pedro. Asenjo, aun no contando ya con la fuerza de Rouco, goza de una consideración importante en el episcopado español. Desde marzo forma parte del comité ejecutivo de la Conferencia Episcopal, de la que en tiempos fue secretario general con una eficaz gestión de la visita del Papa Juan Pablo II a Madrid en mayo de 2003. Una eficacia basada fundamentalmente en que aquel viaje le salió prácticamente gratis a la Conferencia Episcopal por el éxito en la obtención de los necesarios apoyos económicos. El Gobierno de Aznar condecoró al Nuncio Monteiro, al cardenal Rouco y al obispo Asenjo con la Gran Cruz de Isabel la Católica por la organización del viaje.
Osoro tendrá que ser cardenal. Se da por hecho que todo arzobispo de Madrid lo es. Las megápolis han ganado en peso pastoral a las sedes históricas. Ocurre que a Rouco, nacido en 1936, le quedan aún dos años como elector, una circunstancia que podría ralentizar el purpurado de Osoro. No se olvide nunca que al Papa le queda aún un segundo movimiento clave: la elección del arzobispo de Barcelona. En esta ocasión entran en juego factores relacionados con la geopolítica pastoral. No cualquiera puede ser el prelado de Barcelona, y menos aún con el ambiente caldeado por la convocatoria de un referéndum con clara vocación separatista fijado para el 9 de noviembre. Con Martínez Sistach, de la quinta del 37, ocurre como con Rouco. Tiene aún cuerda (tres años) como cardenal elector. El sucesor de Sistach también tendrá que ser necesariamente nombrado cardenal (en caso de que no lo fuera ya).
Ahora mismo hay cuatro cardenales españoles electores (Santos Abril, Rouco, Cañizares y Martínez Sistach). Si el Papa nombra cardenales a los nuevos arzobispos de Madrid y Barcelona antes de que Rouco y Sistach cumplan los 80, España puede contar hasta con seis electores, por lo que es previsible que haya que esperar a las jubilaciones como electores de ambos, o al menos de Rouco.
Toledo es otra diócesis con fuerte tradición cardenalicia. De hecho tiene un cardenal emérito, monseñor Álvarez, nacido en 1925. Aunque en Roma ya no cotiza tanto lo de ser la archidiócesis primada de España, el actual prelado, Braulio Rodríguez Plaza, deberá acceder también al cardenalato más pronto que tarde al igual que sus antecesores, caso de Cañizares, el propio Álvarez, Marcelo González y no digamos el célebre cardenal de la Transición, Vicente Enrique Tarancón.
En el caso de Sevilla aún pesa la figura del cardenal Amigo, al que en toda España se asocia indisolublemente con la capital andaluza. La identificación es plena, en buena parte por sus habituales comparecencias en los medios de comunicación. No es elector en un cónclave desde que el pasado 23 de agosto cumplió los 80 años, lo que beneficia las posibilidades de monseñor Asenjo de ser cardenal, pero Don Carlos mantiene una agenda intensa de viajes y apariciones públicas que no permiten intuir ningún interés por enclaustrarse en ningún convento franciscano. Su figura se percibe todavía muy viva, pese a la reciente intervención quirúrgica. Y Sevilla, al menos por ahora, no es una diócesis a la que Roma vaya a conceder el privilegio de tener dos cardenales, por mucho que uno no tenga ya acceso a la Capilla Sixtina. Sevilla no es Madrid ni Barcelona. Y estamos en la misma tesitura que Toledo, con dos cardenales eméritos y dos arzobispos en activo a la espera de serlo, por lo que el Papa podría meditar entre conceder ese privilegio a una diócesis sí y no a la otra.
7ª CONGRAGACION DE CARDENALES EN EL VATICANO
La arquitectura del peso de la diócesis sevillana sólo descansa sobre el pilar de la historia y, si cabe, por el peculiar estilo de gobierno que imprima el ordinario del lugar. Roma hizo esperar a Don Carlos nada menos que 21 años desde que fue nombrado arzobispo de Sevilla en 1982, una designación en la que fue determinante Don Juan de Borbón. El padre del Rey Juan Carlos fue clave para que la Nunciatura se fijara en aquel joven obispo de Tánger y le concediera un salto inusitado en una carrera eclesiástica. Y casi treinta años después tuvo que soportar que su renuncia fuera aceptada de inmediato al cumplir los 75 años, lo que no ha ocurrido ni con el polémico Rouco ni con el hábil Martínez Sistach, a los que aún se les permite una prórroga en señal de respeto y reconocimiento. Incluso todo apunta a que con Rouco se va a tener el detalle de esperar a que cumpla los veinte años como arzobispo de Madrid. Está visto que el lenguaje más claro de la Iglesia es la medición de los tiempos. Se ve con claridad en las prórrogas, cicateras o generosas, como se ve en la demora para nombrar prelado para la diócesis catalana.
A monseñor Asenjo le quedan seis años como arzobispo de Sevilla antes de presentar su renuncia obligada al Papa. De los 124 arzobispos que ha tenido Sevilla, 35 han sido cardenales antes, durante o después de presidir la diócesis hispalense. Incluso uno, Rodrigo de Borja, llegó a Papa y gobernó la Iglesia universal como Alejandro VI. Desde que en el siglo XIII los Papas designan cardenales de fuera de Roma, el 47,29 % de los arzobispos de Sevilla han recibido el capelo. Y desde el siglo XIX todos los arzobispos de Sevilla han llegado a ser cardenales, aunque no todos desde el comienzo de su pontificado. Alguno solo en el último año del desempeño del cargo.
Es cierto que las ciudades como tales no tienen derechos cardenalicios. El cardenalato es un peculiar título y oficio eclesial que el Papa concede a personas, no a una urbe o diócesis en particular. También lo es que los Papas van modificando la configuración del Colegio cardenalicio en función de criterios cambiantes con los tiempos. Incluso se nombran cardenales mayores de ochenta años, como ha ocurrido, entre otros, con el arzobispo emérito de Pamplona, Fernando Sebastián, que vive su retiro en la residencia sacerdotal de Málaga y con el que el Papa Francisco ha querido tener ese detalle.
No cabe duda, además, de que quien llega a cardenal es porque ha tenido cantores de sus hazañas, padrinos, mentores y apoyos hasta de los gobiernos, tejidos éstos últimos en la influyente embajada de España ante la Santa Sede. Basta recordar las memorias confesables del recientemente fallecido Carlos Abella y Ramallo, gentilhombre de Su Santidad y hasta 2004 embajador en el Palacio de España en Roma, en las que detalla los movimientos previos para colocar nuevos cardenales españoles, entre ellos los ocurridos con motivo del consistorio de octubre de 2003 del que salieron elegidos cardenales monseñor Amigo y el cordobés Herranz, también jubilado. Que haya hueco y que haya apoyos con fuerza serán claves para que Don Juan José renueve una tradición ligada a la ciudad desde hace doscientos años. Don Carlos esperó más de dos décadas por falta de padrinos y así pagó el precio de su independencia y de su cierto desdén para con el aparato de poder que representa la Conferencia Episcopal. Por dos veces durmió Juan Pablo II en el Palacio Arzobispal de Sevilla (1982 y 1993) y ni por esas se alivió la espera.
Ahora no hay que olvidar que Rouco ya no está en la pomada. Y otro español con fuerza, Don Juan del Río, está como arzobispo castrense con línea directa con la Casa Real, es también miembro de la comisión ejecutiva de la Conferencia Episcopal y goza de indudable sintonía con los nuevos tiempos de la Iglesia. Sin olvidar que Santiago de Compostela también ha tenido cardenales en alguna ocasión. Las opciones de monseñor Asenjo para ser cardenal no tienen muchos años de margen. Y Toledo puede cruzarse en el camino.

La seguridad jurídica

El Fiscal | 7 de mayo de 2014 a las 21:42

Tiene toda la razón del mundo el Arzobispado cuando alude a la necesidad de obtener la máxima seguridad jurídica como causa principal de la inscripción de los templos en el Registro de la Propiedad. La Iglesia católica tiene derecho a proveerse de las ventajas y garantías que se derivan de la publicidad registral. Y no sólo tiene el derecho, sino que además disfruta del privilegio de poder inmatricular bienes por un procedimiento exprés, con la sola presentación de un certificado elaborado en la Curia, al contrario que el resto de los mortales, para los que la primera inscripción registral de un bien supone un procedimiento mucho más complejo.
Resulta curioso que el Arzobispado aluda a que el proceso de inmatriculación comenzó en 2008, en el tramo final del pontificado del cardenal Amigo. ¿Y qué? Nada malo hay en registrar los bienes. La alusión al gobierno anterior suena a réplica de partido político, evoca el Y tú más y, por supuesto, revela muchísimas cosas.
El problema no es que se inmatriculen bienes, el problema son las chapuzas. Una chapuza de Pepe Gotera y Otilio es acudir al Registro de la Propiedad en pleno agosto para inscribir la Parroquia de la Magdalena saltándose más de 400 años de propiedad de la Quinta Angustia sobre su capilla. Yuna chapuza es orillar los 300 años de propiedad del Gran Poder sobre su capilla en San Lorenzo. La chapuza de la Magdalena dio bastantes dolores de cabeza en el Palacio Arzobispal. Se acabó apostando por una solución de difícil calificación jurídica. En una jerga coloquial sería muy fácil calificar aquello, pero el buen gusto aconseja evitar ciertos adjetivos.
En el caso del Gran Poder, cuesta trabajo, mucho trabajo, creer que nadie de los servicios jurídicos del Arzobispado se preocupara de preguntar por posibles derechos de propiedad a favor de terceros con respecto a algunas capillas. Si no hubo mala fe, al menos hubo una falta de la diligencia debida. Y se ve que la junta de gobierno de entonces no olió la maniobra en ningún momento. Habrá que estar atentos a la solución que se busca para reconocer los derechos de propiedad de esta hermandad. No es imposible, tampoco fácil.
La apelación a la seguridad jurídica no puede jamás suponer la conculcación de derechos. Fíjense qué cuidadoso ha sido el Arzobispado para reconocer al Cabildo la propiedad de la Catedral. Ahí no se ha inscrito el templo a nombre de la Archidiócesis. Ahí no.

Un pregón de telediario

El Fiscal | 24 de febrero de 2014 a las 9:50

Visita de las autoridades religiosas y civiles a casa del pregonero de Semana Santa, Francisco Berjano
Qué semana más feliz, qué dichosos somos y cuánta gracia celestial ha sido derramada sobre nuestras cabezas. Por fin la visita a la casa del pregonero de las autoridades civiles y religiosas (tararííííííí, ¡oído el cornetín de mando!) se ha organizado sin bullas, con mailing de invitados y control de entrada, como si hubieran puesto a Carlos Telmo en la puerta. Esta ciudad sabe hacer las cosas bien cuando se lo propone. Nuevo exitazo del pregonero Berjano, que ha evitado a los cotillas (y las cotillas)que quieren evaluar la decoración de su casa y saber si el cable del aire acondicionado está debidamente oculto. Exitazo porque para que un acto triunfe en Sevilla hay que dejar al relente a un puñado de los que se creen con derecho a entrar. ¡Óle por Berjano! Pero no se vayan todavía porque aún hay más, porque lo mejor está por llegar, como diría aquel al que no le salvan de los barrotes ni la saeta del Pópulo. Berjano nos ha hecho el mejor obsequio a la Sevilla cofradiera (ahí sí me incluyo, pero de la prensa morada que se pone morada de espinacas en Madrid me da usted de baja, don Gregorio). Resulta que el pregonero –que tiene menos curriculum como tal que Moreno Bonilla en la Seguridad Social– ha proclamado la buena nueva: el Domingo de Pasión podremos ver el telediario en directo: “Garantizo que saldremos a las dos”. El pregón será cortito. De duración, se entiende. Una faena de aliño que ya veremos con qué grado de aseo se ejecuta. Pero cortito. ¡Qué hombre más bueno este Berjano! Mira que los enemigos con disfraz de amigos se empeñan en decir que es espiritual, religioso, del humanismo cristiano y esas cosas que se dicen con voz honda y cadenciosa. Decirle a un pregonero que es muy espiritual es como calificar a un pobre hombre simplemente de eso: de buena persona. Lo peor que te pueden decir en Sevilla es que eres buena persona. O que de salud estás regular.
Pero al grano. Berjano los ha dejado a todos en su sitio anunciando un pregón de telediario. ¡Qué alegría se habrá llevado la patronal hostelera después de aquel año en que acabamos cerca de las tres de la tarde, con el trasero como un ladrillo y las reservas de mesa suspendidas! Aún recuerdo al personal encendiendo el teléfono móvil, revolviéndose en la butaca, arrugándose el Dustin y llamando al restaurante con la voz bajita como si estuviera en la salida de la Mortaja o doblando a Epi y Blas en la escena de la cama y las galletas:
–Mire, que no queremos la mesa, que este tío sigue pegando voces y lo que le queda… ¿El arroz? Lo vende usted por tapas.
Hay pregones de telediario célebres, como fue el de Antonio García Barbeito. A Barbeito le metieron la jindama en las previas del pregón con el escándalo (¡Oh, Dios mío!) sobre su supuesta baja frecuencia en la asistencia a la misa dominical, cayó en las garras de la inquisición de pastiche y le dio por un pregón intimista que resultó una preciosa meditación, pero no el esperado pregón de mano baja que echara abajo el teatro.
Mi felicitación a Berjano por permitirnos cumplir con el muy español rito de comer en casa y viendo el telediario. Un Domingo de Pasión sin telediario es como un uno de enero sin saltos de esquí. La familia y la información son lo primero. Y por la tarde, a los besamanos. O a misa, que es precepto, Antonio.

El concordato andaluz

El Fiscal | 27 de octubre de 2013 a las 5:00

asenjo y díaz
Ni dos semanas hace del largo encuentro en ese domicilio privado. La presidenta de la Junta, la trianera y capillita Susana Díaz, ha querido con buen tino que en su ronda inicial de contactos se cuide especialmente a la Iglesia, quizás para potenciar una relación que ha podido estar algo descuidada en una etapa anterior. Lo ha hecho con otros interlocutores sociales y empresariales andaluces, ¿por qué no con el arzobispo de la capital de Andalucía? El primer encuentro se celebró en el domicilio particular de un tercero que hizo de anfitrión para romper el hielo. La presidenta estuvo la mar de a gusto, hasta el punto que el mediodía era un vago recuerdo cuando acabó la reunión. Monseñor Asenjo tiene mucho tacto en el trato con políticos socialistas. Hace años compartió mesa y mantel con el mismísimo José Luis Rodríguez Zapatero. Y en Andalucía no hay más que preguntarle al ex vicesecretario general del PSOE andaluz, el cordobés Rafael Velasco, por lo bien que se llevan, una relación de afecto que ha cristalizado en ceremonias familiares que ha presidido don Juan José en alguna ocasión. O preguntarle al ex alcalde de Palma del Río, el histórico del socialismo cordobés Salvador Blanco, con el que compartió afición por la caza menor. Y con el propio Griñán siempre se ha llevado bien. Con él pactó el ascenso de Gómez Sierra como presidente de Cajasur.

Tras el primer encuentro privado, la presidenta quiso que el contacto con monseñor Asenjo pasara de su agenda particular a la institucional. Por eso recibió al arzobispo en el Palacio de San Telmo, el edificio que un día fue seminario metropolitano y que en algunos tramos parece un hotel minimalista y oscuro. El actual arzobispo de Sevilla no es todavía cardenal, pero es una pieza clave en el organigrama del episcopado andaluz. Una relación fluida entre la Junta y la Iglesia ha dado siempre importantes frutos para la diócesis, no digamos si está basada en relaciones personales de cordialidad contrastada, como ocurrió con el buen entendimiento entre Manuel Chaves y monseñor Amigo, cuando la Administración autonómica restauró una gran cantidad de templos (San Isidoro, San Julián, San Vicente, San Román, etcétera). Aquellos años funcionó incluso una comisión mixta entre la Junta y el Arzobispado de Sevilla de la que mucho sabe don José Luis Peinado, el que para muchos sigue siendo el párroco de San Isidoro pese a su jubilación. Con Peinado ocurre como con Soledad Becerril, a la que catorce años después le siguen diciendo alcaldesa.

Para entender la fluidez de relaciones con la Iglesia por la que apuesta la presidenta, nunca hay que olvidar que Susana Díaz jura sus cargos, al contrario que la gran mayoría de sus compañeros de partido, que prefieren la fórmula de la simple promesa; es cofrade y no ha renegado nunca de su apego a la religiosidad popular. Tan es así que el coro de pelotas del partido que antes se las daba de moderno despotricando de las cofradías y del clero, repiten ahora como vuvuzelas que las hermandades son un “valor añadido”. ¡Todo sea por estar a bien con la presi! Ocurre algo similar con esos curas que lucían el niki y ahora van de clergyman para no contrariar a don Juan José. Humanos son los unos y humanos son los otros. Ya lo dijo Juvenal: Omnia Romae, cum pretio.

Materias hay de interés común para la Junta y la Iglesia, desde la conservación del patrimonio histórico (en el que la Junta tiene la obligación subsidiaria de conservación) a la situación de fundaciones ahogadas por las subvenciones impagadas como es el caso de la de Forja XXI, dedicada a la promoción laboral de jóvenes. Don Juan José está muy preocupado por esta fundación y ya ha pedido ayuda en instancias oficiales, inquieto por la sede de esta fundación en Palmete, en desuso por la carencia de talleres para jóvenes. También le preocupa con razón su obispo auxiliar, el simpático Santiago Gómez Sierra, a quien la Audiencia Nacional confirmó este año la multa de 180.000 euros impuesta por el Banco de España por sus irregularidades en la gestión de CajaSur cuando era presidente de la entidad.

Tender puentes y no perder la interlocución siempre es recomendable. Cuando al cardenal Amigo le reprochaban lo bien que se llevaba con el poder socialista de la Junta, don Carlos se defendía: “Es que no gobierna otro partido”. Hay que hablar con el que está. Siempre.

Ni Asenjo ni Zoido en la Casa de Pilatos

El Fiscal | 27 de agosto de 2013 a las 5:00

medinaceli

Es sabido que morirse en agosto es como hacerlo dos veces, pues hay quienes hasta septiembre no se enteran o no se dan por enterados del óbito. Pero ni por esta explicación tan al uso se entiende que ni el alcalde, ni el arzobispo, ni el teniente de la Maestranza acudieran al funeral de quien impulsó la Casa de Pilatos como gran destino turístico de alto valor histórico y artístico, era once veces grande de España y mantuvo viva la Pía Unión de las Hermandades, origen de la Semana Santa de Sevilla. El alcalde tiene 19 concejales a su cargo, el arzobispo tiene un auxiliar y el teniente de la institución nobiliaria tiene toda una junta de gobierno hasta con diputado de música. No mandaron a nadie. El primado de España sí mandó un representante al posterior entierro en el Hospital de Tavera de Toledo, donde dicen que el duque de Segorbe y el actual arzobispo hispalense habían labrado amistad. Qué duro es morirse en agosto, el mes de las esquelas mudas. Quien no faltó fue Carlos Bourrellier, el presidente del Consejo de Cofradías, que estuvo a la altura de las circunstancias. Los muertos de agosto sí que se quedan solos. Yno los de Bécquer.

La última punta del tridente rojo

El Fiscal | 28 de julio de 2013 a las 17:50

Siempre siente un fuerte estruendo interior en el momento en que la caja entra en el nicho. Justo en ese instante es cuando el cardenal sufre el desgarro que provoca la guadaña al arrebatarle a otro ser querido. Lo ha confesado en varias ocasiones: hasta que el ataúd no desaparece de la vista es como si la muerte no fuera muerte, sino una circunstancia más de la vida. Pero cuando ya desaparece hasta la última referencia física hay que tomarse en serio que esto, señor cardenal, esto es la cara más cruel de la realidad. El martes se dio sepultura al último gran colaborador de quien gobernó la Iglesia de Sevilla durante 28 años. Monseñor Amigo formó un trío de lujo que tuvo como gran vínculo la amistad fraternal entre sus componentes y como características comunes la condición de doctores en Derecho Canónico, la proximidad a las filas del PSOE y unas vidas cortas pero intensas en obras. Eran –fueron– las tres patas del trípode de un dilatado pontificado. Alguna lengua acerada calificó a Manuel Benigno García Vázquez (1935-2005), Juan Garrido Mesa (1931-2007) y Francisco Navarro Ruiz (1968-2013) como el tridente rojo del cardenal Amigo más que como el trípode. A ellos les divertía la ironía, nunca se molestaron. Jamás se abonaron al escándalo mojigato.
Sería injusto no aludir a otros sacerdotes muy significativos durante todos esos años. Antonio Domínguez Valverde fue el servidor más fiel del cardenal; Francisco Ortiz se ganó la confianza de Amigo y llegó a rector del Seminario y vicario general; Ángel Gómez Guillén ha sido y es casi el único amigo personal de monseñor, pues un príncipe no tiene amigos en sentido estricto, como confesó en las entrevistas para su perfil biográfico en 2003. A Gómez Guillén lo invitaba en Palacio al almuerzo privado de cada festividad de San Carlos Borromeo. Antonio Granados fue su primer secretario y Antonio Hiraldo coordinó en 1982 la primera visita del Papa, aunque después se alejó de monseñor Amigo. Y otros curas muy próximos fueron, cómo no, Fernando Isorna, José Salgado, José Gutiérrez Mora y José Luis Peinado, quien sacó adelante nada menos que la restauración de San Isidoro.
No hay que olvidar a quienes fueron en un momento dado la conciencia crítica de monseñor Amigo cuando anunció la venta de San Telmo, como el desaparecido Gil Delgado y su inolvidable voto particular en contra de la operación, una joya jurídica a juicio de expertos canonistas en la que denuncia la modificación de la voluntad expresada en su testamento por la infanta María de las Mercedes de Orleans; o Pedro Ybarra Hildalgo, que entendía de buena fe que la Iglesia no debía desprenderse del edificio. Jesús Pérez Saturnino, uno de los seglares con mayor influencia en el Arzobispado en tiempos del cardenal, ha recordado estos días la carta escrita en latín que Gil Delgado remitió el 17 de junio de 2002 a Francisco Navarro con motivo de su cese en la Cancillería: “Te escribo en latín ésta mi lacrimosa y al mismo tiempo divertida carta no sólo por ser la lengua de Cancillería, sino también porque creo que expresar mis sentimientos de esta manera es más conforme con asunto de tanta importancia y valor; y porque todavía a ti y a mí nos es lícito comunicarnos de manera tan distinguida. Que lo entiendan otros, si pueden; que lloren, si no pueden”.


Nadie podrá discutir nunca que los tres canónigos de este trípode (o tridente) han mandado y mucho durante las casi tres décadas en las que la Iglesia de Sevilla tuvo que ponerse al día y tender puentes con el partido político que gozaba de una hegemonía en la comunidad autónoma a prueba de escándalos. El propio monseñor Amigo se llegó a defender de las críticas por su fluidez de entendimiento con los sucesivos gobiernos socialistas en Andalucía: “Es que no gobierna otro partido, ¿con quién me voy a entender?”.
Tan importante era saber latín como negociar la venta de San Telmo, gestionar las partidas de dinero público para la restauración de un buen ramillete de templos o implantar en la Catedral un modelo de gestión que asegurara su autofinanciación, que hiciera del primer monumento de la ciudad un negocio rentable cuyas cuentas se llevaran en una hoja de cálculo y no en una libreta de anillas. Esta última empresa la llevó a cabo con éxito el canónigo Francisco Navarro, la última punta del tridente rojo de monseñor Amigo. Navarro dirigía las finanzas de la Catedral con mano de ejecutivo como García Vázquez entraba una y otra vez en la Moncloa para asesorar a Felipe González –al que había casado– en las cuestiones de la Iglesia y el Estado (¡Cuánto hubiera necesitado Zapatero un García Vázquez a su lado!) o Garrido Mesa, desde su experiencia como secretario general técnico de la Consejería de Obras Públicas, llamaba a las puertas de los bancos, fundaciones, empresas y particulares para restaurar el Salvador con el impulso de Joaquín Moeckel, a quien supo sacarle sin complejos el máximo partido. Tres puntas de tridente que tenían claro que la misa no sale bien de tanto decir amén, a los que era difícil ver con el clergyman y que se sentaban en la mesa con el Diablo si se trataba de sacar beneficio para una Iglesia a la que sirvieron más en labores privadas que públicas pese a gozar de cargos con destacada notoriedad.
Los tres sabían latín (el de Cicerón y el otro, el de la calle) y los tres hacían gala de la típica socarronería de los curas de antes. En una tarde de toros en la Maestranza, Jaime Montaner, entonces consejero de la Junta de Andalucía, insitió a García Vázquez para que sentara junto a él en el palco de convite asignado al gobierno autonómico. El cura de grandes hechuras y nariz inconfundible, que ocupaba localidad en el palco asignado al Cabildo, le respondió en voz alta con cuarto y mitad de guasa sevillana.
–¡Que no, Jaime, que no! Que mi palco es vitalicio y el tuyo es por cuatro años.
Los tres, junto con Juan Guillén, formaban parte del denominado Grupo de Los Remedios, quienes junto al vicario Domínguez Valverde fueron clave muchos años en la profesionalización de la gestión de la Catedral. El pontificado de monseñor Amigo no se entiende sin este tridente, presente en las grandes operaciones que han supuesto verdaderos hitos en la Iglesia de Sevilla contemporánea. Navarro fue pieza clave en la Magna Hispalensis, que dio lugar al modelo de Catedral que ha llegado a nuestros días, pero también de otras operaciones menos conocidas como la cesión de la explotación del Hotel Los Seises o la venta de la antigua Escuela Francesa. Tuvo que soportar un aluvión de críticas cuando metía el pie en el área chica al abrir una cafetería en el Patio de los Naranjos durante la Magna Hispalensis, construir una entreplanta en el pabellón de recepción de los turistas o sembrar la Catedral de vallas y cintas separadoras a cargo de azafatas con la vehemencia, en ocasiones, de gorilas de discoteca. Pero Navarro hacía lo que debía. A punto estuvo de inaugurar un salón de actos permanente (¿O cafetería?) en la azotea de la cilla. Dejó una Catedral con un presupuesto que hoy supera los 10 millones de euros. Gracias a su revolución, el Cabildo no tiene que mendigar para la conservación del templo. El dúo formado por Navarro en la mayordomía y el arquitecto Alfonso Jiménez como maestro mayor ha afrontado todos estos años enormes obras de conservación de la Catedral, bien sufragadas directamente, bien con patronicios públicos o privados, pero con el criterio de que el Cabildo debía, como mínimo, sufragar siempre la mitad del presupuesto. Entre esas obras destacan la reparación de los pilares agrietados del trascoro, la limpieza de la gran fachada que da hacia la Avenida, ennegrecida por el tráfico rodado; la apertura de la visita aérea al templo, los planes de seguridad para las grandes concentraciones, etcétera.
Ninguno de estos tres personajes era ajeno al fenómeno de la religiosidad popular. García Vázquez era de la Amargura, Garrido Mesa de la Macarena y Navarro Ruiz del Silencio. Veían y valoraban el potencial de las cofradías, sin prejuicios y con más bondad de corazón que muchos sacerdotes considerados oficialmente capillitas. Impagable fue la labor de García Vázquez para desbloquear la incómoda situación que se produjo cuando algún lumbrera del Arzobispado trató de imponer la igualdad de derechos y obligaciones en varias hermandades en pleno verano (con agosticidad) y por medio de una carta sin ninguna negociación previa, cuando en la normativa diocesana se dejó libertad para que cada cofradía fuera asumiendo las directrices de los nuevos tiempos. Garrido fue clave a la hora que se admitiera a la mujer nazarena en la Macarena, una noticia que apareció en los telediarios. Y Navarro reivindicaba como suya la iniciativa de apagar todas las luces de la Catedral al llegar su primitiva hermandad.
Llama la atención que ninguno de los tres fuera a Roma en octubre de 2003 para asistir a la creación de monseñor Amigo como cardenal. Nunca fueron pelotas al uso, tal vez porque brillaban con luz propia. “Niño, ¿pero tú sabes cómo se edificó el Vaticano?”. Y Juan Garrido se echaba las manos a la cabeza en aquella reducísima cena con la que celebró sus 50 años como sacerdote. Amaba y servía a la Iglesia tanto como sufría con la cerrazón de algunos de sus miembros o disposiciones anacrónicas. Garrido se ofreció a oficiar el funeral de un sevillano muy conocido que se suicidó una mañana, porque el párroco de turno se negó a hacerlo. Largo como una cofradía de barrio, Garrido ha sido el cura que mejor respondía al perfil de padre y que más se quejaba cuando se le hablaba de usted o se le llamaba de don. García Vázquez lo arreglaba todo hablando, hasta en la habitación de la clínica de Santa Isabel tenía ganas de charlar por el móvil y estar al día de la actualidad en sus últimos meses. Y hablando vendió San Telmo a los socialistas, pilotando unas reuniones con el Ejecutivo socialista de José Rodríguez de la Borbolla que dieron lugar a la “mayor operación de enajenación del patrimonio eclesiástico en Europa” que ha dado hasta para un tesis doctoral, la del fallecido profesor Ribelot. Hoy se ve con toda naturalidad que la Iglesia se relacione con gobernantes de todo signo político, pero a cierta Sevilla de los años 80 le costó digerir que los curas se sentaran con socialistas (¡La Iglesia con el rojerío!) a hablar de dinero, de mucho dinero. Tanto dinero que buena parte del importe recibido en metálico (mil millones de las antiguas pesetas) acabó en un fondo de inversión del BBVA Privanza (Open Found) de alta volatilidad que incluía un porcentaje en un paraíso fiscal, una particular interpretación de la parabola de los talentos que también generó polémica.


Navarro era aparentemente el más distante, pero formaba parte de esa minoría de sevillanos que, lejos del estilo del compadreo, cuando ofrecían su casa lo hacían de verdad. Nunca se calló en asuntos delicados para la Iglesia, su Iglesia, de lo que podría dar fe el propio monseñor Asenjo, que recibió alguna carta de este veterano sacerdote en desacuerdo por algún alto nombramiento. Y no le gustaba que en la crónicas periodísticas se le refiriera como el “todopoderoso Navarro”, lo que me reprochó en su último día como canciller. Al mismo tiempo que recogía sus pertenencias del despacho me lanzó a la mesa –¡por fin!– el documento con todos los detalles de la venta de San Telmo.
–Ea, ya lo tienes. Tú sabes ya que dejo este despacho, ¿no?
La carrera de Navarro, con diferentes destinos en el mundo por su etapa como diplomático del Vaticano (y alguna polémica por su valentía de planteamientos), incluyó como anécdota una labor de interlocución con la reina para los preparativos de la Boda de la Infanta de 1995. Hubo que convencer a Doña Sofía de que las columnas de flores que pretendía quedarían engullidas por esa montaña hueca que es la Catedral por mucho que fueran de gran tamaño. Navarro y Jiménez, por cierto, fueron invitados al banquete en el Alcázar. Ninguno lució el chaqué protocolario.
A los tres les fui preguntando si eran los capellanes del PSOE. Y los tres respondieron igual.
–Je, je, je.
Fueron curas de su tiempo que ayudaron a su Iglesia a tener un papel activo en la sociedad que les tocó vivir, nunca arrinconados en la sacristía ni escondidos entre las humaredas del incienso. Qué curioso, ahora tenemos un Papa que parece marcar el camino señalado por estos tres curas: “Prefiero mil veces una Iglesia accidentada, que haya tenido un accidente, que una Iglesia enferma por encerrarse. Salid fuera, ¡salid!”. Dejan un hueco que alguien, por la propia teoría de la ocupación de los vacíos, deberá cubrir necesariamente, pues la Iglesia necesita un equilibrio de fuerzas y de mentalidades para poder seguir poniendo el intermitente a la derecha y girar a la izquierda cuando interesa, que es la especialidad de la casa.

En la frontera de la fe

El Fiscal | 18 de febrero de 2013 a las 5:00

Aquella era una Madrugada de verdadera incertidumbre con un cielo nocturno más negro si cabe. Melodía de toses, ritual de espartos apretados y estética de cuellos abiertos. El hermano mayor se estrenaba en el cargo de la vieja cofradía. Subió la escaleras para reunirse con sus oficiales de junta, liturgia obligada de borrasca. Avanzó como pudo entre los hermanos arremolinados en la dependencia mientras musitaba las buenas noches de rigor. De pronto, el viejo maniguetero, de apellido asolerado, antifaz al hombro y gafas resbaladas por la nariz, irrumpió en la escena llamando por un momento la atención de aquel hermano mayor debutante:“No vayas a hacer ninguna tontería, ¿eh?” Aquel comentario sonó como una lección impartida ex catedra, tuvo el valor de la brújula y la oportunidad del quite preventivo. El hermano mayor se encerró con sus oficiales en un encuentro breve tras el cual la estación de penitencia quedó suspendida. En efecto, no hubo lugar a tonterías. Por si acaso, el viejo maniguetero, con la experiencia en una mano y el cartucho de malaje bien despachao en la otra, había dado la voz de alarma para, con la diligencia de un buen padre de familia (expresión literal del Código Civil) evitar que el hermano mayor, mucho más joven y acaso bisoño, pudiera quedar en evidencia y empañar si cabe la imagen de la añeja institución con un espectáculo en la calle nada apropiado.
A la autoridad eclesiástica le ha faltado ese aviso, le falta en asuntos cofradieros hace muchos meses. Alguien debió advertir con buena fe que el horno de las cofradías no estaba para ciertos bollos. O que si se encendía, había que dejar las cosas bien reguladas en evitación de esperpentos. Una muestra muy simple: permitir que catorce cabildos de oficiales decidan si se sale o no es propiciar la escenificación de una división. Yasí fue. No ha habido autoridad única, no ha habido una buena organización, no ha habido buenas ideas. Falló la base al exportar un modelo de Madrid, pero en Domingo de Piñata; elegimos a las imágenes participantes con criterios muy discutibles que generaron discordias y hasta cambiamos a última hora los recorridos y los horarios que ya habían sido difundidos porque la Policía cuestionó su validez. A sólo tres días del Vía Crucis, el presidente del Consejo quería promover tímidamente la suspensión, pero ayer por la mañana hablaba de la conveniencia de tomar “decisiones arriesgadas porque estamos en el Año de la Fe”.
Por cierto, la elección de las imágenes se realizó con el objetivo principal de garantizar el máximo poder de convocatoria a costa de generar descontentos o situaciones difíciles de ser explicadas. Todo fue planificado para congregar a una gran masa de público en el prime time de un domingo huérfano de noticias. ¿A quién interesaba tanta notoriedad y despligue de fuerzas? No se entiende que se forzara la presencia de hasta tres Nazarenos o que, por ejemplo, el pasaje del encuentro de Jesús con las Mujeres no lo representara el misterio del Valle, salvo por el interés evidente en reunir a los principales referentes devocionales de la ciudad a costa de saltarse criterios mucho más lógicos. ¿Por qué un Vía Crucis tan megalómano si meses antes se prohibió uno, precisamente a los hermanos de Torreblanca?
El Vía Crucis ha salido mal. La amenaza de lluvia ha dejado al desnudo la peor cara de las hermandades con una mañana de primer domingo de cuaresma más próxima al show -carrusel morado que al ejercicio piadoso que debía llamarnos a la conversión. Bandazo tras banzado sólo faltaba un acto de rebeldía que evidenciara que lo importante era sacar los pasos a toda costa. Y lo hubo.
La autoridad eclesiástica necesita ayuda en esta materia. La clave es quién le dice al rey que está desnudo, quién le hace ver que las cofradías se mueven muchas veces en la frontera de la fe. Recuerdo ahora el comentario de un dirigente empresarial como Rafael Álvarez Colunga cuando se supo de la llegada de un arzobispo coadjutor a Sevilla. “¿Viene de Córdoba y es manchego? Habrá que ayudarlo”.
Personas tiene la diócesis muy capaces de hacer ver a la autoridad los riesgos que entrañan determinadas empresas. La diócesis no tiene una guardia suiza para hacer cumplir sus disposiciones. La Iglesia carece de aparato coercitivo. Sus poderes van por otros carriles. Por eso es tan importante la suprema habilidad de no exponerse más de lo debido, de no presentarse como vulnerable. Dos cofradías intentaron ayer salir pese a que cualquier salida estaba desautorizada. Y una tercera lo hizo. Por pocos metros, pero lo hizo con cura por delante, representantes del Consejo y cámaras de televisión.
En el haber de un día para el olvido quedan al menos las preciosas instantáneas del Vía Crucis por el interior de la Catedral, con la Santa Cruz portada por un hermano del Silencio con sotana y sobrepelliz, y la bendición final con el Lignum Crucis de la Vera-Cruz. Entre las anécdotas, esa Sevilla pícara que pervive y que hizo negocio con el cartel del Vía Crucis vendiendo ejemplares en las colas del templo.
La autoridad eclesiástica necesita de ese viejo maniguetero, sabio, malaje y que nada le mueve ya más que el amor puro a una institución, que sepa decir las cosas claras, en corto, por derecho y en el momento preciso. El Vía Crucis de la Fe no ha salido precisamente bien porque quizás se apostó por un formato sin la autenticidad suficiente o desde un desconocimiento manifiesto de ciertas claves de ámbito local.
Pide el arzobispo que Sevilla le comprenda, cuando él también debe comprender a Sevilla. Tiempo tiene por delante de tomarle el pulso a la diócesis, de oír de vez en cuando a las voces que cree discordantes, de no dejarse confundir por cierta curia más preocupada por pequeñeces personales que por el beneficio del ordinario del lugar. Al rey hay que hablarle, pero el rey tiene que oír y prescindir de agradaores con y sin sotana.
Y un tercer recuerdo. Una vez un camarero con guasa de la mala le preguntó a un cliente por el que no sentía especial simpatía: “¿Qué le traigo al Señor?” Y el cliente, que había captado la mofa, respondió: “Al Señor lo deja en la basílica… Y a mí me trae una cerveza”.
Me quedo con el Asenjo que ora y confiesa en la intimidad de San Onofre. Ahí veo una autenticidad indudable.

Del déficit de eclesialidad al exceso cofradiero

El Fiscal | 16 de octubre de 2012 a las 5:00


El 12 de junio de 2010, sábado en el calendario, salió la Estrella en procesión extraordinaria por el 450 aniversario fundacional de la cofradía. Monseñor Asenjo no llegó a tiempo de presidir el pontifical porque, según explicó, una huelga encubierta de controladores aéreos retrasó el horario del vuelo que le traía a Sevilla desde la Ciudad Eterna, adonde fue a cumplir con sus obligaciones de obispo. Nada más llegar al arrabal trianero le preguntaron por el rechazo del cabildo de la Esperanza de Triana a ceder el Cristo de las Tres Caídas para el vía crucis madrileño de la JMJ, pues la jornada previa un 77% de los hermanos dio nones a la propuesta. “Ahora mismo no voy a decir nada. Acabo de llegar de Roma y estoy confuso”, acertó a decir el prelado ante una bulla que ansiaba la salida del paso de la Dolorosa trianera. Una vez concluido el período de confusión, monseñor se dolió en público de aquel rechazo. Dibujó un mundillo de cofradías con “déficit de eclesialidad” y “falto de formación”, que toma decisiones “faltas de brillantez” que lo sitúan “lejos de la Iglesia”. Aquel discurso supuso un aldabonazo, el primer encontronazo del prelado con las hermandades. Nada nuevo bajo el sol (del Plantinar o esquina con Matahacas, según se prefiera). El apurado Padre Soria buscó una solución de emergencia en su hermandad de Los Panaderos, donde el déficit era ya de otro tipo, vaya tipo… Pasaron los fastos de Rouco en Madrid y se instauró una calma chicha con algún sobresalto aislado como la desaprobación del vía crucis en Torreblanca, una de las cofradías que, por cierto, más colabora con el Fondo Común Diocesano. Pasaron los meses y monseñor fue conociendo un poco mejor a su grey, haciendo el esfuerzo de alterar sus vacaciones de Navidad para estar en el Gran Poder el Día de la Epifanía, o cambiando el descanso estival de agosto para estar con la Patrona. Ycon acierto fue delegando su presencia en Don Santiago, el simpático obispo auxiliar que lo mismo se lo encuentra uno de paseo que en el BBVA de la calle Granada… Monseñor Asenjo irrumpió el martes en la actualidad de la ciudad con una propuesta de vía crucis en la que Sevilla copia los principios fundamentales del celebrado en Madrid. No habían pasado dos horas del anuncio y monseñor Asenjo tenía a todos los hermanos mayores en actitud complaciente. Si alguna cofradía celebra ese día su función principal de instituto, no hay problema, pues habrá dispensa, que la dispensa es el instrumento por el que los curas pueden poner Digo, Diego o Don Diego (gran cafetería de Triana). Ahora todos son incentivos y dispensas. Donde había déficit, monseñor promueve el exceso. Donde había falta de brillantez, monseñor encontrará el brillo de unas cofradías que no le quepa duda de que lo harán a la perfección. Y donde había lejanía con la Iglesia, monseñor probará el calor de un acto multitudinario, con permiso de la lluvia. El vía crucis es extraordinario, naturalmente. En Torreblanca no hubo. No fue autorizado. Y en otros sitios, tampoco. Está claro que el carácter extraordinario lo decide la autoridad, eclesiástica por supuesto. Debe ser que en Palacio hay peritos que miden cuánto de extraordinario tiene un hito, fecha o conmemoración. Llega usted allí con su programa de actos como cuando se acerca a las oficinas de su seguro, mete el coche dentro para que un tío con bata le eche el vistazo a la avería y le diga si le cubre la póliza el destrozo. Pues en Palacio te miran de reojo y te dice el perito con alzacuellos: usted tiene cara de extraordinario, o no tiene cara de extraordinario. Y usted calla, no responda, ni se le ocurra hablar de lo que habría que hablar, que es de la cara que tiene alguno que no sale ni en el telediario de Mariavisión. No hace falta ser ecónomo para saber la corta distancia que puede haber entre el déficit y el exceso; entre no invitar a las cofradías a la recepción del nuevo arzobispo en una Catedral abarrotada de público a concentrar catorce imágenes de Cristo en la Avenida en plena cuaresma; entre llamarlas fuertemente al orden y basar en ellas el principal acto del Año de la Fe en Sevilla. El discurso ha pasado de un extremo a otro de tal forma que a algunos nos ha dejado como recién bajados del avión: confusos. Pero sin venir de Roma, sino del tranvía de Monteseirín y después de sortear bicicletas. La culpa ya se sabe: es de los controladores aéreos.

Manifestación morada por la Avenida

El Fiscal | 9 de octubre de 2012 a las 12:55


La Avenida tendrá su manifestación sacra en cuaresma, con corte de tranvía incluido y los bares recogiendo los beneficios que el alcalde malagueño nos recuerda cada vez que nos quejamos de los inconvenientes de ser capital. Ahora que se manifiestan hasta los chatarreros por Madrid, tendremos manifestación cofradiera por el Año de la Fe. En el mundo de las cofradías debe haber ya superavit de eclesialidad, porque hace un año que el mismísimo arzobispo denunció que había un déficit cuando una cofradía no cumplió su deseo. Se ve que el jefe de la Iglesia ya tiene otra percepción y se la juega a catorce o nada. Tampoco se trata de llevar un paso a Madrid. Es en Sevilla y se entiende que en andas. La cosa cambia. Lo que está claro es que el acto de mayor notoriedad del Año de la Fe en Sevilla se deja para las hermandades, que son una suerte de Santa Bárbara cuando hay que tirar del carro y dar esplendor. La salida de las catorce imágenes y la de la Virgen de los Reyes recuerda en cierta forma a aquel 1965 en que Bueno Monreal sacó a la calle en dos ocasiones a la Patrona y contó con la adhesión de más de 50 hermandades. Aquello sí que fue un superavit de eclesialidad. Será muy improbable que monseñor Asenjo no encuentre las catorce, pero si ocurriera… Tendría que pedir el rescate.

Coda: El Gran Poder y el Señor de la Sentencia son preferentes para la autoridad eclesiástica. ¿La Virgen de la Estrella para el cierre del ejercicio piadoso?