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La fuerza de la inocencia

El Fiscal | 4 de junio de 2017 a las 5:00

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LA verdad está en los niños, en sus rostros indisimulados, carentes de hipocresías, exentos de cinismos de laboratorio. Los niños dicen la verdad desnuda, que es la mejor verdad. Hay niños del Silencio que salen a cara descubierta, que es lo más difícil. No hay antifaz que cubra el rostro de sueño, ni que permita la relajación de un bostezo por Francos, ni un movimiento para aliviar el cuello por Cuna, ni por supuesto un esparto ceñido que ayude a mantener la verticalidad cuando el sueño busca las tablas por la Plaza del Duque. Son niños expuestos a las miradas, al juicio de los que acuden al encuentro del Dulce Nazareno y de los ojos almendrados de la Concepción. Estos niños del Silencio están más obligados que nadie a mantener la compostura. Están sencillamente expuestos. No se pueden quejar de la cera caliente que se derrama por sus manos, tienen que llevar los cirios erguidos, sin caer en la tentación de usarlos como báculos ni de portarlos con la fea inclinación de una caña de pescar. He visto ya hasta tres veces cómo son arrollados estos niños del Silencio que forman tras el paso de palio acompañando al preste:en los años 2000, 2015 y 2017. Son los niños del cortejo litúrgico del Silencio, algunos tienen sólo diez años y asumen libre y voluntariamente pasar la noche en vela detrás de la Virgen de la Concepción, soportando en ocasiones la mala educación de quienes no viven la Madrugada sino vivaquean la noche, aguantando en silencio preguntas o comentarios impertinentes y recibiendo también el cariño discreto, casi imperceptible, de algunos familiares: una fotografía desde un palco, algún guiño al pasar por el Aero de la Avenida, sonrisas cómplices para aliviar los metros finales de la estación de penitencia. Los niños del Silencio, estos niños del cortejo litúrgico, estaban adiestrados en caso de avalancha, pero tuvieron la mala suerte de que la primera les sorprendió en la Plaza del Salvador, sin pared en la que cobijarse.

Hace unos días que han aparecido los dibujos realizados por uno de estos niños que sufrió los tumultos. Se titulan Cómic de la Madrugada de Semana Santa. El pequeño autor describe su salida en condiciones de “normalidad”, precisa que fueron dos las avalanchas sufridas, cuenta que había una “montón de cosas rotas” por el suelo y sobre todo y por encima de todo, deja un mensaje que es toda una proclama de esperanza en futuras Semana Santa sin incidentes: “Al final todo acabó bien”.
Estos niños del Silencio, los últimos de la cofradía, los que cierran la comitiva más fugaz de la Semana Santa, rápida en su caminar y lenta al pasar las páginas de la Historia, merecen todos los esfuerzos posibles para que nunca vuelva a ocurrir lo que sucedió la pasada Madrugada. Por ellos –porque a ellos hay que legarles la Madrugada sin sobresaltos que a nosotros nos fue transmitida– hay que hacer lo imposible para que las cofradías no sean expuestas al riesgo. Los niños del Silencio, los monaguillos del Gran Poder, los pajes del Calvario, los innumerables nazarenos jóvenes de la Macarena, la Esperanza de Triana y Los Gitanos. La Semana Santa no puede prescindir de ninguno. Sería una derrota. Pudieron romperse cirios y cruces. Pudieron volar los canastos y quedar algún antifaz prendido de una reja a la espera de dueño, pero nunca podrá quedar la rota la ilusión infantil por la noche más hermosa de la ciudad.

Lo dijo alto y claro Jaime Rodríguez Sacristán, catedrático de Psiquiatría: los niños no pueden cogerle miedo a la Madrugada. Frente al miedo hay que contraponer la devoción, la historia y la tradición. Nada como hablar, escribir o dibujar para expulsar el demonio del pánico. Nadie puede derribar más de siete siglos de historia con una algarada. Porque al final –siempre– todo acaba bien. Lo dice uno de los niños del Silencio, uno de los que mira al frente en clara expresión de futuro, uno de los que aprende a ser nazareno sin túnica: el reto más difícil, el objetivo más hermoso.

 

Sev.

 

El proceso está en marcha

Las conversaciones para ampliar la nómina de la Semana Santa han comenzado. Las cuatro hermandades interesadas ya se han reunido en el Consejo con la cúpula de la institución. La Misión, la Corona, la Milagrosa y Pino Montano son las cuatro hermandades que tienen solicitado su ingreso desde los tiempos de Adolfo Arenas en la presidencia del Consejo. Sainz de la Maza se ha comprometido a tramitar las solicitudes. Prosperarán o no, pero lo que no quiere es que se pasen más años metidas en un cajón. El primer acuerdo que se ha tomado es que los delegados de penitencia trabajen, tomen el pulso a sus días, evalúen las opciones de horarios e itinerarios y, después, ya se verá. Los estatutos son claros en esta materia: se precisan dos terceras partes de las hermandades de cada jornada para permitir el ingreso de una nueva. En el Consejo aseguran que mantendrán una especie de neutralidad activa. Sin más.

‘La Misión’ en Triana

El Fiscal | 29 de marzo de 2010 a las 13:34

No, no se trata de ninguna fusión de Heliópolis con el arrabal, que peores cosas hemos visto. La cuestión es que ayer sonó la banda sonora de La Misión en la ceremonia de imposición de la medalla de la ciudad a la Virgen de la Esperanza. Monteseirín subió por una escalerilla, modelo Ikea, y cumplió su objetivo (por no decir misión) de reconciliación con una Triana de uñas últimamente a cuenta de las obras en la calle San Jacinto.

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