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Burgos desde la bulla

El Fiscal | 24 de diciembre de 2017 a las 5:00

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Esa vara fina de madera, tan austera y pobre  en la que usted se fijó cuando la de San Antonio Abad pasaba por Francos. Ese tío desaliñado que empuja el carro. Ese fiscal de cruz que le hizo la reverencia a aquel señor que estaba en la bulla, con ojos escrutadores y barba. Esas niñas de ojos azules que revolotean en el palco del Aero cuando pasa la Quinta Angustia (“La Quinta” para los de toda la vida) porque reconocen entre los nazarenos a sus padres y tíos. Esos contrastes de la Madrugada, el color de la palma del Giraldillo donde siempre brilla el sol del Domingo de Ramos, esa cofradía de nazarenos muertos con túnicas ala de mosca, esos costaleros descritos como si estuviéramos viendo las fotos de Martín Cartaya, ese mundo perdido de capataces y hombres del muelle ajados, fatigados, rotos de llevar cada día una cofradía, con el costal bien puesto y sin los postureos de hoy. Ese mundo auténtico por vivido, no por haberlo robado al oído ajeno. Ese interior de capilla sin cofradía, la expresión de un enorme vacío desgarrador, esa concepción de la Semana Santa como una metáfora de la vida. Esos personajes irrepetibles, agraciados por la inmortalidad de un Recuadro. La ceniza, el padre del nazareno, el Silencio, la Macarena, las familias de siempre, el Arenal, la luz, el tiempo, la fuerza simbólica de una papeleta de sitio, Antoñito Procesiones, retazos de lujo del Pregón (¡qué pedazo de Pregón!), la figura del cobrador, la vigilia perdida que se anunciaba en los carteles de los bares y de las casas de hermandad, las meditaciones ante una vieja foto del Gran Poder, el discurso del Jarrillo de Lata… Mil detalles, cientos de recuerdos, la Semana Santa pura y dura, la de verdad, la que tiene a Dios y la ciudad presentes, están en el libro que ha editado Almuzara y que lleva por título La Semana Santa de Antonio Burgos. Que al igual que a la cabalgata no le hace falta la coletilla “del Ateneo”, este libro se podría titular La Semana Santa a secas. Y punto. Todo está en ese libro. Todo. Burgos, al fin, es el creador de un modelo de Semana Santa vivido, llevado desde la bulla al artículo en prensa, fundamentalmente en las páginas de ABC. Es el creador de un lenguaje, de un diccionario, de una jerga. La Semana Santa de los últimos 50 años no se entiende sin su aportación. Sólo los cicateros y envidiosos pueden  negarlo. Ha pagado caro el precio de su libertad en muchas ocasiones. Ha sufrido, seguro, porque el periodismo da jabón en la vida como los grandes pasos los dan en los cuellos de los costaleros. Pero al final sólo sobreviven los auténticos. Y la autenticidad de la Semana Santa se asienta en la infancia, en el sentimiento y en la memoria, envuelto todo por el celofán de la fe. Burgos escribe de la Semana Santa que usted ve en la bulla, la misma. Yen este libro recopila las partituras más bellas, hondas y románticas de su repertorio. No busquen polémicas en estas páginas. Sólo belleza. La obra de un creador de escuela que Rosa García Perea nos regala en un solo libro. Todo en un libro.

El recorte es de 227
La próxima Semana Santa habrá menos asientos en Sierpes, el avispero de la carrera oficial, la gran ratonera. No serán 600 sillas menos, como se dijo, sino 227. El recorte se aplica en las parcelas que no son exactamente de Sierpes, sino de la calles perpendiculares, como Santa María de Gracia, Rivero o Pedro Caravaca. El objetivo (razonable)es dejar limpias las vías de evacuación. Sierpes tiene unas 4.400 sillas. La reducción no es importante por la cantidad, sino por la ubicación estratégica de unas parcelas en caso de incidentes. Se trata de unos cien abonados afectados que serán incluidos en una base de datos para previsibles reubicaciones en otros puntos de la carrera oficial. No hay nada garantizado, pero el Consejo anuncia su buena voluntad al respecto. ¿Por qué dijo el Consejo en su día que la reducción era de 600? Porque se refería al público en general:los que están sentados más los que pululan por este tramo de la carrera oficial haciendo uso de cualquier modalidad de pase de favor. En los pases habrá restricciones. En 2018 serán nominativos. Se trata de que el titular, de alguna forma, sea responsable del uso que se haga de ellos. Se vigilará el número de pases que se entrega tanto por vivienda como por establecimiento. Ha habido casos de entidades que han pedido hasta 500 pases. Eso se termina, anuncian en San Gregorio. El Consejo tiene estudiado que hay una población itinerante en la carrera oficial que tiene el efecto del colesterol en la sangre. Hay que erradicar esa masa de personas, además de quitar sillas. Con los menores de edad también se preparan medidas con el tacto debido. Todos conocemos los casos de abonados con dos sillas y varios niños sueltos toda la tarde. O los de residentes que se bajan a usar las sillas que siempre suele haber vacías. Por eso el presidente habló de 600 personas menos. ¡Pero no eran sillas, sino personas! Sillas, repetimos, sólo se suprimirán 227.

La hora de las reformas
Lo escribimos el pasado Domingo de Resurrección. Es el momento idóneo para efectuar todos los cambios que necesita esta Semana Santa herida, con exceso de grasa y que va a morir de éxito. Contra la mala educación que degrada la convivencia urbana se puede hacer poco a corto plazo, pero contra el avispero de Sierpes, los horarios intempestivos a los que se recogen las cofradías, el inmovilismo de cierta clase dirigente y otros males, se puede y se debe hacer algo. Ahora o nunca. A Sierpes le sobran todavía más sillas. Yel Consejo lo sabe. Hasta ahora ha jugado a favor de la causa la cultura de la incomodidad que tienen aprendida los abonados de esta calle, una cultura que parece que se transmite de generación en generación. La gente quiere la silla a toda costa, aunque sea para estar horas y horas hacinados. ¡Increíble!

Vigilancia
Los pases no sólo serán nominativos. Tendrán también colores para que sólo se puedan usar (esta vez de verdad) en el tramo correspondiente. Si usted tiene un pase para el tramo de la Papelería Ferrer, por ejemplo, no podrá meterse por Cerrajería e ir recorriendo la calle mientras molesta a los nazarenos y al público de la primera fila. Esto sólo se consigue con una plantilla de vigilantes, prevista en el presupuesto.

El pertiguero
Primer golpe. ¿Qué pujante parroquia ha encargado una escultura en piedra de San Juan Pablo II a un prestigioso profesor universitario? El Papa polaco aparece rezando ante el Sagrario. Dicen que quedará preciosa. Segundo golpe. Andrés Martín contará cosas muy interesantes en el Pregón Íntimo, porque curriculum y vivencias cofradieras tiene para dar varios pregones. El encanto de un pregón está muchas veces en que no lo pronuncie un experto orador, sino alguien que se conoce el paño desde niño. Al tiempo. Autenticidad se llama. Tercer golpe. Oído en Las Lapas:“Sí, tienes razón. El año que viene habrá que quitar filas enteras de Sierpes. Todo menos un cambio de itinerario de la carrera oficial. ¡Eso, ni mijita! Este Consejo ni quiere saber de eso ni esta para eso”. Y ciriales arriba. “Fiscal, ¿no vas a decir nada de lo de los capataces de la Macarena?”.

Capirotes orillados

El Fiscal | 29 de octubre de 2017 a las 5:00

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CINCO capirotes junto a la basura como tres banderilleros sobre el redondel. Cartones, se recogen cartones. No hay sinécdoque más cofradiera que la de llamar cartón al capirote, nunca cucurucho, que eso es de Madrid. Cinco capirotes ondulados por la base, lo que revela tardes de calor, horas de sienes sudadas. Cinco capirotes son muchos capirotes para ser desechados de una vez, una muestra de hartazgo, del hasta aquí hemos llegado en el continuo Año Santo en el que se ha convertido esta Semana Santa que nos ha tocado… en suerte. A la basura con ellos, que ya no sirven, que ya no hay quien se los ponga, que ya ni siquiera evocan los días de gloria. Capirotes de usar y tirar en una Semana Santa más consumida que vivida, más retransmitida que recordada. Capirotes tal vez desechados para ser sustituidos por los modernos de rejilla, obra de ingeniería cuaresmal para alivio de cervicales. Capirotes al contenedor de Lipasam con la delicadeza de ni siquiera ser deformados. Están intactos, apilados como veladores, dejados para la foto, pidiendo la instantánea, están posando como residuos de cuaresmas ya vividas. En otoño mudan las hojas de los árboles, en otoño se tiran los capirotes como trastos viejos, como parientes pobres. A la calle, a la basura, al contenedor del olvido, que no quiero verlos. Quién sabe qué hay detrás de esos cinco capirotes. El más alto con la punta reforzada, lo que demuestra varios usos. Altos capirotes, viejos capirotes. En Sevilla la basura habla, ofrece mucha información útil, nos cuenta hasta la confesión religiosa de quien arroja los restos. El capirote siempre es un estorbo a la hora de ser guardado durante el año, no hay altillo para los capirotes, ni armarios especiales como sí hay fundas para los trajes, cajas esféricas para los sombreros de ala ancha o rectangulares para las mantillas. Pero los capirotes no tienen quien les haya diseñado un envoltorio. Los hay que se guardan detrás de una puerta, en el fondo del armario soportando la presión del chaqué que nunca se usa, o hasta en la residencia de verano. Ninguna empresa ofrece la guarda y custodia del capirote como sí las hay para los abrigos de pieles o las alfombras. Los capirotes tienen quien les escriba, pero no quien se acuerde de ellos en cuanto acaba la Semana Santa. Sufren una marginación secular, peor aún que la del hockey sobre hierba, el waterpolo o el badminton, a los que sólo se atiende de cuatro en cuatro años en los Juegos Olímpicos. Un capirote fuera de temporada pinta menos que un polvorón de limón en Navidad. No se concibe una Semana Santa sin las figuras estilizadas de los nazarenos, pero nadie se acuerda de los cartones durante el invierno. Nadie. Los cartones quedan para el bingo de las señoras de los Remedios con las mañanas libres. Ylos de Semana Santa ahí los tienen, que parecen a la espera de la defensa que un tonto que les escriba, porque hay que ser tonto para escribirle a los capirotes de la basura. ¿O no? Al menos resulta más barato que ir al bingo.

 

Buena Muerte

Bronce para la Buena Muerte

El paso del Cristo de la Buena Muerte, obra de 1926, será embellecido con bronce. La junta de gobierno que preside Jesús Resa como hermano mayor tiene ya un proyecto del que informó al cabildo general el pasado miércoles. Los evangelistas y los hachones serán de bronce. Y el faldón delantero tendrá un fino bordado en hojilla inspirado en la greca del estandarte. Será un proyecto a largo plazo que cubre una necesidad manifestada durante años por muchos hermanos:darle más fuste a un paso. Por fortuna, nadie duda de que las flores seguirán siendo lirios.

 

Bourrellier
El ex presidente del Consejo vuelve a la actualidad. Don Carlos recibirá un homenaje en toda regla al igual que los anteriores mandatarios de San Gregorio. La cita está fijada para el 17 de noviembre a razón de 45 euros per capita. ¡Rásquense el bolsillo! En la cantidad va incluido el obsequio de turno, esos regalos que después resulta imposible colocar en el salón de casa. Y el que no se lo crea que pregunte a los anteriores agraciados… Los interesados deben acudir a la sede del Consejo a por sus invitaciones y si desean formar una mesa deben retirar los tarjetones “a la misma vez”, que diría Lopera. Yo no sé si voy a ir, lo que tengo claro es que si voy me pido la mesa de don Antonio Franco, conocido como “el cuñadísimo” durante la presidencia de Bourrellier. Esa es la mesa buena de esa noche. No lo olviden.

Un libro que promete
El que se titula La Semana Santa de la Transición (Sevilla, 1973-1982), con la firma de Manuel Jesús Roldán. La obra (editorial El Paseo) se anuncia como “el relato histórico de una época convulsa que, contra todo pronóstico, acabó catapultando la fiesta ritual sevillana”. Lo tiene todo para ser interesante. Aquellos años fueron de especial conflictividad para las hermandades y su relación tanto con el poder político como otros sectores de la sociedad, todo lo cual sin perder de vista la gestión de Bueno Monreal, el Tarancón sevillano. Conocer la historia de la mano de profesionales serios es la mejor vía para interpretar el presente. Nada de la sociedad de cada momento es ajeno a las cofradías. Ylas cofradías no son ajenas nunca a ninguna coyuntura.

‘Atrioscopia’
¡Albricias! Cada vez queda menos para las elecciones de la Macarena. Lo peor no son los candidatos (¡Ni mucho menos!), ni siquiera los equipos (donde el frito es variado), sino los llamados ministros sin cartera que son un verdadero pelmazo. Lo de la Macarena es como Cataluña, no se sabe cómo acabará, pero sí dejará todo fracturado. Habrá que coser… como en el PSOE.

El lagarto de la Catedral

“Inquieto Fiscal, te recuerdo que a Teodoro León lo han nombrado secretario general de los obispos del sur de España en sustitución de Hiraldo, que llevaba en el puesto desde 1983. La carrera de don Teodoro es imparable desde hace años. ¡Qué tremendo!”

 

 

 

Novedad editorial

El Fiscal | 13 de diciembre de 2010 a las 18:17

El galeno Juan Manuel Contreras Ayala, hermano mayor de los Estudiantes entre 1991 y 1995, ha escrito el libro Tradición, estilo y vivencias de la Semana Santa, una obra que ha resultado premiada por el Colegio de Médicos y que será presentada en su momento en los salones de la fundación Cruzcampo por el abogado Joaquín Moeckel.

Novedad editorial

El Fiscal | 1 de diciembre de 2010 a las 8:57

El jueves se presentó el libro titulado Las cofradías de Sevilla en la Segunda República, obra de Juan Pedro Recio Lamata, hermano del Dulce Nombre. El trabajo aporta anécdotas de la época, datos sobre la ocultación de las imágenes sagradas, más de 150 fotografías inéditas procedente de archivos particulares y de hermandades, la relación de los hermanos mayores de la época e información de la acción social de las hermandades en aquellos años.

Un libro muy sonado

El Fiscal | 18 de noviembre de 2010 a las 9:24

nazareno

¿De verdad no han oído aún hablar del libro de la semana? Qué digo de la semana, ¡el libro del año en Sevilla! Sobre todo para los que esta página siguen con fidelidad cada domingo. El libro que ha provocado y provocará pasiones, fobias y silencios, cuarto y mitad de silencios bien despachaítos en cuanto ven el título, sugerentísimo título que despierta los gatos en la barriga. El libro del que nos venían hablando en entrevistas y columnas de opinión desde antes de su aparición. El libro que se presentó el martes, que dice las verdades del barquero, que entra en corto y por derecho a la hora de abordar el personaje que a nadie deja indiferente, que supone (por fin) un estudio profundo de quien da tanto que hablar en la ciudad. Menudo libro. ¡Como para no oír hablar del librito! Si de su personaje nos hablan todo el año, no sólo en la fecha clave, sino todos los meses, que no nos libramos ni uno. En la prensa escrita, en la radio y en la televisión, venga a hablar de lo mismo desde antes de aparecer el libro. ¡Por Dios! Y encima ahora, en un libro y diciendo lo que hay que decir. El libro, el libro de la semana y del año, no es otro que Psicología del sevillano. Un estudio objetivo sobre la manera de ser de los sevillanos, obra del prestigioso psiquiatra Jaime Rodríguez Sacristán, que ha introducido un interesantísimo capítulo sobre el cofrade basado en un estudio riguroso y con conclusiones interesantísimas. Un libro que habla, entre otros temas, de lo que tiene vigencia todo el año, la Semana Santa, y del personaje de la ciudad que no pasa desapercibido, el cofrade (y hasta del denominado figurón hispalense). Extractamos seis reflexiones del doctor Rodríguez Sacristán elaboradas tras un trabajo de encuesta previo. Primera. “En tanto en cuanto el sevillano medio se siente cofrade pierden fuerza las vivencias de vitalismo y el amor por la vida. Creo que el vitalismo del cofrade es inferior al promedio”. Segunda. “El cofrade se siente superior ejerciendo de cofrade y le satisface verse o sentirse admirado, pero simplificar esto es peligroso. El cofrade medio no es narcisista”. Tercera. “El nivel de superficialidad del cofrade no se diferencia de los resultados de la encuesta en el sevillano medio”. Cuarta. “El cofrade tiende a ser benévolo en sus críticas sobre la forma de ser del sevillano”. Quinta. “El cofrade medio no es notoriamente envidioso”. Y sexta: “La esperanza, con todo el sentido teológico que posee, es vivida y sentida por el cofrade de manera emocionalmente intensa y gratificante”. Lo dicho: menudo libro.