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La guardia del Señor

El Fiscal | 11 de junio de 2017 a las 5:00

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LA Madrugada vivió años difíciles en la Transición, cuando algunos confundieron ciertos valores y la convivencia urbana se tensionó. No hubo algaradas, es cierto, pero la calle Arfe, por ejemplo, era un punto conflictivo por la presencia de los entonces conocidos como punkies. Las crónicas describen los cristales rotos que se esparcían por algunos energúmenos al paso de los nazarenos del Gran Poder en el recorrido de regreso. Y el griterío habitual en los callejones. El Arenal era un lugar que muchos cofrades evitaban para ver al Señor. En el Ayuntamiento de entonces se lió a cuenta del uso de los chaqués en los palcos oficiales. Unos querían, otros no. Estaba todo marcado por los nervios propios del cambio de régimen político. En la Semana Santa aún se veían penitentes con grilletes y, por supuesto, muchos puestos de venta ambulante donde se despachaban salchichas olorosas y latas de refresco a las que luego se daban innumerables patadas para meter ruido a la noche más hermosa de la ciudad.

Rafael Duque del Castillo, entonces oficial de la junta de gobierno del Gran Poder, tuvo la idea de proteger la cabeza del cortejo, blindarla de alguna manera, consciente de que los primeros tramos son los que sufren mayor riesgo al asumir la función de abrir paso. Reclutó entonces a los hermanos Lacave, caracterizados, entre otras virtudes, por ser fuertes y corpulentos. Se dijo entonces que entre los primeros Lacave sumaban 300 kilos de peso y una altura de 5,64 metros. Entre sus primeras funciones estaba la de facilitar la llegada de la cruz de guía a la Campana, pues el gamberrismo amenazaba el paso de la cofradía por la Plaza del Duque. Si se fijan, los puntos negros de hace varias décadas siguen siendo hoy los mismos. Aquella hermandad se inventó su propia guardia suiza, que tenía un efecto eminentemente disuasorio, como no podía ser de otra manera. Y así sigue siendo hasta hoy. El apellido lleva treinta años dando nombre a los escoltas de la cruz de guía del Gran Poder y de algunas otras cofradías que lo han hecho suyo: se sale de Lacave cuando se escolta la cruz de guía. Ellos son la primera guardia del Señor. Ellos lo fueron cuando los policías nacionales no vestían de azul ni existía el Cecop.

Cuando hemos leído que faltaron policías en la cabeza de cortejo del Gran Poder, nos hemos acordado rápidamente de los Lacave, los primeros guardias del Señor. La gigantesca silueta de un Lacave con el palo en la mano bastaba entonces para que algunos se dejaran de bromas. Tenía el efecto de quien conduce a más de 120 kilómetros, otea un tricornio y levanta el pie del acelerador de inmediato.

A aquellos problemas se le dieron nuevas soluciones con los hermanos Lacave. Después, con el paso de los años, vino el polémico paso por la Plaza de la Gavidia, por la que el Gran Poder quiso seguir pasando a pesar de que otras hermandades evitaron una plaza marcada por la movida nocturna de principios de los años noventa. Y a partir de 2000 comenzó la amenaza de los tumultos. Los tiempos recientes demuestran que las amenazas siempre han existido. No hay Madrugada sin puntos negros, no hay historia sin conflictos. Hubo un comisario de Policía Nacional, Antonio Bertomeu, que hasta planteó la creación de un cuerpo de voluntarios para su actuación especial en la Madrugada, una iniciativa que no prosperó.

Quede claro que el Señor tiene su guardia propia en la cabeza del cortejo. Yo ponía a los Lacave todo el año a patrullar por la ciudad. A esta ciudad le hacen falta muchos Lacave con sus cirios apagaos de color tiniebla. Que se llaman palos. De palermo.

 

Dinero, dinero
El viejo cofrade recordó hace unos días que la oposición de algunos hermanos mayores al ingreso de la Resurrección en la nómina de Semana Santa no era por razones litúrgicas: “Era simplemente por dinero, porque había que repartir la tarta de las subvenciones entre una más. Cabíamos entonces a menos. A nadie le molestaban los horarios ni los itinerarios de esta cofradía, que ya se sabía que saldría el domingo, sin alterar en nada a las del sábado. Lo que algunos hicieron entonces fue lo que hoy llamaríamos postureo”.

El momento actual
Con cuatro cofradías en la cola, a la espera de negociar sus incorporaciones, muchos ya han levantado la ceja como entonces. Si la Corona, la Milagrosa, la Misión y Pino Montano entran en la Catedral, son cuatro más para el reparto de la tarta económica, amén de las estrecheces horarias y los cruces de camino que habrán de estudiar los ingenieros, que hay ingenieros expertos en la materia que se han preparado a fondo en Harvard. Las cuatro cofradías citadas quieren cobrar como las que pasan por la carrera oficial, una visión que reduce la Catedral a meta volante con derecho a avituallamiento (económico). Tan es así que quieren cobrar ya como las demás, que es lo que dicen les prometió el equipo actual de gobierno en el Consejo, donde piden tiempo para hacer las cosas a la velocidad adecuada.

El pertiguero
Primer golpe. Oído esta semana: “Yo creo que alguna novedad nos vamos a encontrar aún en la investigación, te aseguro que estamos trabajando a fondo en el asunto. Ypara el próximo año deberían hacer un presupuesto de gasto en cámaras de seguridad. Eso seguro”. Segundo golpe. Atrioscopia. La cosa se va animando (o calentando) junto al Arco. Los nombres de las incorporaciones a las candidaturas de Santiago Álvarez y José Antonio Fernández Cabrero se van filtrando poco a poco. Hay quien apuntaba en la aldea del Rocío a la posibilidad de que, al final, sólo concurriera una lista, pero parece una opción con muy poca fuerza. Tercer golpe. Glorias. ¿Una magna procesión por los 90 años de aquel congreso mariano hispanoamericano? Y ciriales arriba. Aquello se llamó “cabalgata”. Eran otros tiempos.

El lagarto de la Catedral

“Hemos vivido una semana de luto en la Iglesia de Sevilla por el fallecimiento del sacerdote Cristóbal Jiménez Sánchez. En la curia muchos ni lo saben, pero este reverendo fue fundador de la Hermandad de la Sed, donde era tenido como una figura respetable, un faro y guía de la cofradía”

La fuerza de la inocencia

El Fiscal | 4 de junio de 2017 a las 5:00

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LA verdad está en los niños, en sus rostros indisimulados, carentes de hipocresías, exentos de cinismos de laboratorio. Los niños dicen la verdad desnuda, que es la mejor verdad. Hay niños del Silencio que salen a cara descubierta, que es lo más difícil. No hay antifaz que cubra el rostro de sueño, ni que permita la relajación de un bostezo por Francos, ni un movimiento para aliviar el cuello por Cuna, ni por supuesto un esparto ceñido que ayude a mantener la verticalidad cuando el sueño busca las tablas por la Plaza del Duque. Son niños expuestos a las miradas, al juicio de los que acuden al encuentro del Dulce Nazareno y de los ojos almendrados de la Concepción. Estos niños del Silencio están más obligados que nadie a mantener la compostura. Están sencillamente expuestos. No se pueden quejar de la cera caliente que se derrama por sus manos, tienen que llevar los cirios erguidos, sin caer en la tentación de usarlos como báculos ni de portarlos con la fea inclinación de una caña de pescar. He visto ya hasta tres veces cómo son arrollados estos niños del Silencio que forman tras el paso de palio acompañando al preste:en los años 2000, 2015 y 2017. Son los niños del cortejo litúrgico del Silencio, algunos tienen sólo diez años y asumen libre y voluntariamente pasar la noche en vela detrás de la Virgen de la Concepción, soportando en ocasiones la mala educación de quienes no viven la Madrugada sino vivaquean la noche, aguantando en silencio preguntas o comentarios impertinentes y recibiendo también el cariño discreto, casi imperceptible, de algunos familiares: una fotografía desde un palco, algún guiño al pasar por el Aero de la Avenida, sonrisas cómplices para aliviar los metros finales de la estación de penitencia. Los niños del Silencio, estos niños del cortejo litúrgico, estaban adiestrados en caso de avalancha, pero tuvieron la mala suerte de que la primera les sorprendió en la Plaza del Salvador, sin pared en la que cobijarse.

Hace unos días que han aparecido los dibujos realizados por uno de estos niños que sufrió los tumultos. Se titulan Cómic de la Madrugada de Semana Santa. El pequeño autor describe su salida en condiciones de “normalidad”, precisa que fueron dos las avalanchas sufridas, cuenta que había una “montón de cosas rotas” por el suelo y sobre todo y por encima de todo, deja un mensaje que es toda una proclama de esperanza en futuras Semana Santa sin incidentes: “Al final todo acabó bien”.
Estos niños del Silencio, los últimos de la cofradía, los que cierran la comitiva más fugaz de la Semana Santa, rápida en su caminar y lenta al pasar las páginas de la Historia, merecen todos los esfuerzos posibles para que nunca vuelva a ocurrir lo que sucedió la pasada Madrugada. Por ellos –porque a ellos hay que legarles la Madrugada sin sobresaltos que a nosotros nos fue transmitida– hay que hacer lo imposible para que las cofradías no sean expuestas al riesgo. Los niños del Silencio, los monaguillos del Gran Poder, los pajes del Calvario, los innumerables nazarenos jóvenes de la Macarena, la Esperanza de Triana y Los Gitanos. La Semana Santa no puede prescindir de ninguno. Sería una derrota. Pudieron romperse cirios y cruces. Pudieron volar los canastos y quedar algún antifaz prendido de una reja a la espera de dueño, pero nunca podrá quedar la rota la ilusión infantil por la noche más hermosa de la ciudad.

Lo dijo alto y claro Jaime Rodríguez Sacristán, catedrático de Psiquiatría: los niños no pueden cogerle miedo a la Madrugada. Frente al miedo hay que contraponer la devoción, la historia y la tradición. Nada como hablar, escribir o dibujar para expulsar el demonio del pánico. Nadie puede derribar más de siete siglos de historia con una algarada. Porque al final –siempre– todo acaba bien. Lo dice uno de los niños del Silencio, uno de los que mira al frente en clara expresión de futuro, uno de los que aprende a ser nazareno sin túnica: el reto más difícil, el objetivo más hermoso.

 

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El proceso está en marcha

Las conversaciones para ampliar la nómina de la Semana Santa han comenzado. Las cuatro hermandades interesadas ya se han reunido en el Consejo con la cúpula de la institución. La Misión, la Corona, la Milagrosa y Pino Montano son las cuatro hermandades que tienen solicitado su ingreso desde los tiempos de Adolfo Arenas en la presidencia del Consejo. Sainz de la Maza se ha comprometido a tramitar las solicitudes. Prosperarán o no, pero lo que no quiere es que se pasen más años metidas en un cajón. El primer acuerdo que se ha tomado es que los delegados de penitencia trabajen, tomen el pulso a sus días, evalúen las opciones de horarios e itinerarios y, después, ya se verá. Los estatutos son claros en esta materia: se precisan dos terceras partes de las hermandades de cada jornada para permitir el ingreso de una nueva. En el Consejo aseguran que mantendrán una especie de neutralidad activa. Sin más.

Madrugada 2018, Catedral abierta

El Fiscal | 28 de mayo de 2017 a las 5:00

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CUALQUIER reforma en la carrera oficial que incluya la supresión de asientos para ganar en seguridad es un reto especialmente complejo, porque necesita de la aprobación del Pleno de hermanos mayores de penitencia. Y, por desgracia, una Semana Santa mercantilizada también ha hecho mella entre los hermanos mayores, que en muchas ocasiones sólo atienden a si la subvención anual se resiente, se queda igual o aumenta. Hay una carencia grave de altura de miras mientras Sierpes, por ejemplo, sigue siendo un avispero. La Madrugada no es un problema de seis hermandades como Cataluña –valga el ejemplo– no es una cuestión sólo de los catalanes. Interesa a toda la Semana Santa, interesa a toda España. La Madrugada es un problema de toda la ciudad. Antes de meterle mano a la carrera oficial y de evidenciar el bajo nivel de los dirigentes cofradieros, existen otras soluciones racionales que ya se están barajando por parte de los responsables en la materia. Además de aumentar las cámaras de seguridad tanto en número como en calidad y opciones de grabación, y de estudiar los aforamientos y acotamientos, existe una opción a tener muy en cuenta, como es la de retrasar tres horas el inicio de la madrugada en la carrera oficial. Esto es, se trata de que haya un tramo horario amplio libre de cofradías en el centro entre Pasión y el Silencio, entre la última del Jueves Santo y la primera de la Madrugada. Con los bares cerrados a las doce y la salida del Silencio fijada a las tres o cuatro de la madrugada, la Plaza del Duque y Alfonso XII, por ejemplo, ya no serían un campamento propenso para borrachuzos y vivaqueadores a los que poco importa la celebración religiosa.

Retrasar la Madrugada tres horas no supone –ojo– que las seis hermandades salgan tres horas más tarde. Habría que estudiar cada caso y, siempre, habría que seguir teniendo en cuenta los peligrosos cruces entre cofradías que son de sobra conocidos.
Una de las grandes novedades es que la autoridad eclesiástica no pondrá reparos en ningún caso para que las cofradías sigan pasando por la Catedral a partir de las 09:30 horas, la hora de rezo del oficio de laudes por los canónigos en el coro de la Catedral. Hasta ahora se obligaba a Los Gitanos a dejar libre el templo a las 09:20. Fuentes del Arzobispado han dejado claro que si la Madrugada se debe retrasar por motivos de seguridad, el Cabildo no pondrá obstáculos a tener abierto el templo la mañana del Viernes Santo. Es perfectamente compatible el rezo de laudes con la Macarena pasando, por ejemplo. Es más, tiene que resultar de especial belleza. La autoridad eclesiástica ha sido, pues, la primera en dar un paso al frente, en tomar conciencia de que todas las partes han de ceder por el bien de la noche más hermosa.

En las cofradías hay quien opina que retrasar el inicio de la Madrugada es una suerte de derrota. Pero también hay quien estima –creemos que con razón– que lo inteligente es tomar decisiones en función de las circunstancias que nos han tocado vivir. Somos hijos de nuestro tiempo. Hoy hay unos peligros que hace veinte años no existían. Hoy la noche está encanallada como hace tres décadas no lo estaba. A los sevillanos de los años 30 del pasado siglo les tocó vivir dos años sin cofradías en la calle. A nosotros nos ha correspondido salvar una noche que es la “culminación y síntesis” de la Semana Santa. Si se tiene bien estudiada cuál es la franja horaria donde se concentran los riesgos (la hora y media que abarca desde las 04:00 a las 05:30), habrá que tomar medidas encaminadas a no concentrar las seis cofradías en el corazón del centro histórico en ese período de tiempo. Yhabrá que tener –insistimos– ese espacio de respeto, de seguridad, entre el final del Jueves Santo y el comienzo de la Madrugada. Hay que evitar el fenómeno de la sesión continua que tanto perjuicio provoca porque retiene a cierto público bebedor en las calles que a partir de las cuatro de la Madrugada no está precisamente interesado en las últimas novedades de la Casa del Libro, sino en hacer literalmente el ganso.

Si la autoridad eclesiástica ha dado el primer paso (y así nos consta), el Consejo de Cofradías tiene muy claro que ha de ir de la mano del Ayuntamiento en todo este asunto. Juntos. Sin fisuras. Ylas hermandades tendrán que dejar de interpretar ciertas decisiones en clave de pérdida de poder o de merma de influencia. Ya se ofreció un espectáculo sonrojante con motivo de la discusión de horarios e itinerarios previa a la Semana Santa de 2016.

El retraso en el inicio de la Madrugada no debe provocar una colisión con el inicio de la jornada de la tarde del Viernes Santo. Se trata de salir más tarde y terminar a la misma hora, para lo cual habrá que hacer un esfuerzo que es perfectamente asumible y, por supuesto, algunas hermandades tendrán que tomar medidas concretas. Ceder. Ser generosas. Si la Madrugada tiende a terminar a las dos de la tarde, debe seguir terminando a esa hora.

Se acabó el corsé de las 09:20 horas. No habrá problemas para acceder a la Catedral durante toda la mañana del Viernes Santo. Los laudes no son los oficios, ni la vigilia de Resurrección. Son un oficio precioso perfectamente compatible con el paso en silencio de una cofradía. No se trata de una derrota, sino de una modificación de hábitos. La derrota sería no salir, dejar de sacar la cofradía a la calle. Es la hora de mover las piezas con inteligencia. Una cofradía no debe ser expuesta a riesgos. Ninguna.

¿Cuándo hablarán los ministros de la Madrugada?

El Fiscal | 30 de abril de 2017 a las 5:00

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AL humo de las candelerías apagadas con el beso del clavel (El Clavel, qué buen licor cazallero) nos tenemos que preguntar si algunos ministros del Reino de España se han apuntado al silencio con minúscula, si es que no estuvieron en Sevilla los que estuvieron, porque estuvieron nada más y nada menos que tres, como tres tristes tigres, o si es que toman Sevilla como pasarela de vanidades y de mangazos y ahí se quedan ustedes con sus cuitas, sus veladores, sus polémicas y en el puesto número 46 de inversiones del Estado. Aquí vino Zoido, ministro del Interior, pero muy de interior, a calentar el sillón en el pregón y en el palquillo de la Campana. Aquí vino Rafael Catalá, ministro de Justicia, a dar el mangazo de balcón macareno en la salida de la cofradía. Y aquí vino María Dolores de Cospedal, ministra de Defensa, a calentar el palco VIP de primera fila de la Plaza de San Francisco. Todos se hicieron sus fotos con nazarenos, costaleros y hasta con bomberos. Los vimos sonreír y hasta tocar los martillos de los pasos. Pero ni mú de los incidentes de la Madrugada. El ministro del Interior descargó el marrón –por lo visto– en el subdelegado del Gobierno, que es uno que puso él mismo con el único objetivo de defenestrar por motivos internos de partido a la que funcionaba, Felisa Panadero. Zoido ha dicho poco, casi nada, de lo ocurrido aquella Madrugada. Como tampoco dijo nada cuando ocurrió lo que ocurrió en 2015 y entonces era alcalde. ¿Dónde estaban, por cierto, los responsables municipales en 2015 cuando la cofradía del Silencio fue derribada? Alguno estaba en la playa, alguno iba de nazareno y alguno estaba ya a esas horas de la noche con los asuntos de Morfeo, que te veo, Tadeo. El socialista Juan Carlos Cabrera, el solito, ha reaccionado mejor en 2017 que todo el gobierno de los veinte concejales en 2015.

Cuando los sucesos del año 2000, el gobierno de España se tuvo que pronunciar por escrito. Tardó, pero lo hizo el 25 de mayo. Aquí han venido tres ministros al jajajá y el jijijí. Y poco más hasta ahora. Han dejado a peones de brega para dar la cara. Junto a estas líneas tienen reproducida la contestación del Ejecutivo a preguntas del diputado Felipe Alcaraz (IU). “Efecto dominó”, ya dijeron entonces. Aquel año se rompió el encanto de la noche, aquel año se derrumbó el castillo de arena de la Madrugada, aquel año supimos que éramos vulnerables. Sólo un informe interno apuntó a una causa distinta a la oficial: la exhibición de las armas reglamentarias de algunos agentes pudo disparar la alarma. Pero poco más. El Gobierno de España de 2000 –entonces estaba Mayor Oreja al frente de Interior– se tuvo que pronunciar oficialmente, salir del burladero del silencio gracias a un comunista.

Después de repasar las escenas de pánico, resulta poco edificante que a las pocas horas de los sucesos estuvieran los ministros de paseo y sin decir media palabra sobre lo sucedido. Algunos dicen que era la mejor forma de emitir un mensaje de normalidad. Esta ciudad es más que un palquillo, un balcón, el escenario del pregón o un palco de vanidades. Es más que la ciudad a la que “se baja” en AVE un par de veces al año para disfrutar “del Sur”. Cedemos varas, balcones y palquillos a cambio de nada. Nos sentimos pagados con la sonrisa condescendiente, satisfechos con la foto en el tuit . Nos bastan los peones de brega. Servimos con gusto el café y limpiamos en silencio las manchas que los invitados nos han dejado en el mantel. Y encima nos comemos alegres las pastas de cortesía que ni siquiera han probado. Tenemos nuevo eslogan. Sevilla, destino de ministros. Sevilla, agradaores sin fronteras.

Una Semana Santa al borde de la troika

El Fiscal | 23 de abril de 2017 a las 5:00

INCIDENTES EN LA MAGRUGç

Una Semana Santa en crisis, como una nación en crisis, requiere de grandes reformas. Cuanto más tardó Zapatero en negar la crisis económica, más tardó España en comenzar a ver la luz del túnel de la recuperación macroeconómica. La otra, la microeconómica, ni mucho menos está lograda, como denuncia monseñor Asenjo en sus recientes intervenciones públicas: “No olvidéis a los pobres”. Las denuncias sobre los excesos y despropósitos que marcan esta Semana Santa de comienzos del siglo XXI han sido tildadas no pocas veces de estar formuladas por puristas, defensores de esencias perdidas o directamente por carcas. Esta Semana Santa que nos ha tocado vivir, heredera del boom de los años 90, exige mucho cariño y ninguna reticencia a determinados cambios. Exige decir no, exclamar un basta ya ante muchas prácticas con las que las propias cofradías han contribuido a viciar el ambiente, a generar un tufo de decadencia que ha tenido efectos perversos. Esta Semana Santa está a un paso de quedar intervenida por una troika (Ayuntamiento-Cecop-Delegación del Gobierno) ante la incapacidad de las propias cofradías para resolver sus problemas.

La desaparición del cofrade ejemplar. Luis Rodríguez-Caso reivindicó el concepto de capillita en su Pregón de Semana Santa de 1988. ¿Sería posible hacer lo mismo hoy? El capillita como tal es una minoría. Su tipo ha sido orillado, sustituido, reemplazadlo. Su figura, culta, inquieta y habitualmente de indumentaria pulcra hasta en los meses de calor, ha sido desplazada por la del friki, el aficionado, el obsesionado por grabarlo todo con el teléfono inteligente. Ya no está Luis para defender al capillita, ni Sánchez Dubé para denunciar el fenómeno del bandismo, que pone en evidencia la excesiva notoriedad de los músicos. Ya no están cofrades modélicos como Juan Carrero, Manuel Toro, José María O´Kean, Ramón Martín Cartaya o Vicente Acosta, ni sacerdotes como Eugenio Hernández Bastos, Juan Garrido o Manuel Benigno García Vázquez. ¿Dónde están esos modelos de conducta ejemplar? ¿Ustedes se imaginan ahora un señor como don Antonio Colón en la salida del Silencio? A las doce de la noche, una hora antes de que la Santa Cruz se pusiera en la calle, el público de los alrededores de San Antonio Abad era más propio del que hace espera para un concierto de heavy metal en la Cartuja. A veces pareciera que la gente culta y formada huye de las cofradías como de la política. Y, claro, los nichos vacíos son ocupados por aficionados, o por gente de buena voluntad pero ineficaz para asumir los grandes retos que hoy se precisan.

Las prácticas a deshoras. Admitir que un paso de palio como el de la Virgen del Dulce Nombre entra puntual cuando lo hace a las 3:55 horas es un horror. Las cuatro de la madrugada no son horas para que una cofradía transite por la calle una jornada laborable. Lo mismo cabe decir de San Gonzalo y, muchos años, de la Candelaria o los Panaderos. Hay que reducir tantas horas de exposición al riesgo. Aún están recientes los episodios de reyertas en los alrededores de la calle Orfila en las primeras horas del Jueves Santo. Tanto se ha permitido el crecimiento de la nómina de la Semana Santa sin criterio alguno que se han colmatado franjas horarias que ahora serían necesarias para ciertas reformas. Se han asfixiado las jornadas. Se ha agotado el crédito por aplicar un buenismo por el que cualquier cofradía valía siempre que las que ya estaban no perdieran su orden de paso o sus sacrosantos minutos de tránsito, como si éstos fueran los vellocinos de oro particulares. De los lodos de la falta de miras de estos últimos años son muchos barros de hoy. La Semana Santa se ha ido construyendo su propio callejón sin salida.

La decadencia total. Cofradías decadentes, perfiles bajos en casi todos los mandatarios y, en paralelo o en consecuencia, un público degradado. Nada es casualidad. Todo coincide. La sensiblería ha sustituido a la emoción tanto como la afición a la Fe. Hasta en múltiples pregones, exaltaciones y meditaciones se ha podido comprobar en los últimos años. La Semana Santa, las vísperas, la cuaresma, los pregones… Todo está pasado de rosca. Las sillas de playa han aparecido como champiñones en entradas y salidas y, por consiguiente, los utensilios con comida traída de casa, al estilo dominguero, y juegos de mesa para aliviar la espera. ¿Cuándo se había visto antes el uso de colchones y esterillas para acomodarse mientras llega una cofradía? Sillitas de chino, butacas plegables de playa, roedores de pipas, calles traseras convertidas en urinarios… En definitiva, una cochambre apreciable desde el mismo Domingo de Ramos, la jornada de público más chusco. La gente sale a la calle a sentarse o a tumbarse y, lo que es peor, en una actitud agresiva, crispada, virulenta. De los cangrejeros de los años noventa que no dejaban ni dejan avanzar al paso (incluidos algunos pregoneros de supuesto prestigio y hasta algunos clérigos) al público de barriada que se monta su propia carrera oficial como alternativa a la ocupada por los supuestos señores. La evolución ha ido a peor. A mucho peor. Hay locales comerciales de la carrera oficial que funcionan en Semana Santa como palcos de las carreras de caballo de Sanlúcar de Barrameda. ¡A beber y a yantar que la Semana Santa se va a acabar!.

La barbaridad de 32.805 sillas. La documentación oficial aprobada por la Gerencia de Urbanismo establece con toda claridad cuántos asientos hubo en la carrera oficial la pasada Semana Santa. Y fueron demasiados. Hay más localidades que en doce de los veinte estadios de fútbol de primera división. La distribución de los asientos revela unas cifras que –no nos engañemos– son temerarias. Y todo para ingresar más dinero y que las cofradías puedan tener subvenciones mayores. Hay que reducir el número de sillas, sobre todo en Sierpes. Si las subvenciones se recortan, los cofrades tendrán que rascarse el bolsillo, como dice el ex fiscal jefe, Alfredo Flores, pregonero que fue de la Semana Santa. En la Campana hubo 6.921 sillas. En Sierpes nada menos que 4.719. Sierpes es un túnel del terror hasta cuando no hay incidentes. Allí no están cómodos ni los que están sentados (arrullados en muchos casos), ni los nazarenos que pasan como pueden, ni las personas que tratan de desplazarse. Nadie. Imagínense cómo tuvieron que pasarlo nazarenos y público con ocasión de las avalanchas.

Todo está sujeto a debate. El propio Consejo de Cofradías admitió en su día que la Semana Santa era un espectáculo cultural con tal de beneficiarse de un tipo de IVA rebajado en la carrera oficial. Puestos a considerarla un espectáculo, aplíquense las leyes que regulan la seguridad de las grandes concentraciones de masas. Tal vez convenga retrasar el inicio de la Madrugada, dos o tres horas; tal vez convenga modificar órdenes de paso por la carrera oficial, tal vez cambiar cofradías de día o tal vez ampliar la carrera oficial o modificarla sustancialmente. Hay que decir no a las posiciones intransigentes. Es la hora de las medidas innovadoras. Nadie se puede negar a ningún debate. Ante un paciente en estado grave y sin un diagnóstico claro, conviene estudiar todas las posibles causas de los males e ir preparando los tratamientos. No estamos en meses de tertulias, ni para ir preparando los proyectos delirantes en la orilla de la playa, sino en una crisis muy grave de la fiesta más hermosa de la ciudad. La pasada Madrugada pudo haber diez o más muertos en el sector de Arfe, según el testimonio de un experto en seguridad y gran conocedor de la Semana Santa. La zona cero de la tragedia se localizó en el corazón del Arenal. Por muy mal que lo pasaran en otras zonas, nada fue comparable a lo de la calle Arfe.

El efecto dominó. No hace falta una estructura organizada para reventar una Madrugada. La zona sensible del centro no es tan extensa a determinadas horas en las que las seis cofradías coinciden en un radio muy limitado y, además, fácilmente comunicado. En el Ayuntamiento mantienen que estaríamos ante el mejor supuesto: los sucesos no responden a una trama, por lo que con ciertas medidas drásticas se puede controlar la situación. El cierre de los bares es una medida que ya tomaron muchísimos establecimientos hace años, cuando la cochambre se adueñó de la noche más hermosa (peligrosa) del año. A los propios bares no les compensa tener que soportar una clientela pasada de copas y que se toma la Madrugada como una Nochevieja con pasos. La troika optará por decretar los cierres de bares, acotar las zonas más sensibles y emplear detectores de metales con quienes pretendan ingresar en algunos de esos sensores considerados de especial protección. Hay mucho dinero en juego, la denominada marca de la ciudad, el prestigio de una urbe que hace 25 años, precisamente, vivía su período más brillante de toda la era contemporánea, como para dejarlo todo en manos de las propias cofradías o al arbitrio de una autoridad rehén de los opinadores de las redes sociales. La Semana Santa ha de ser intervenida, puesto que las hermandades, que en su día llegaron a hacerse con ella, no tienen capacidad para resolver el gran fracaso de la Madrugada.

El reto. La ciudad que sabía moverse en la bulla deberá demostrar ahora que tiene capacidad también para autorregularse en una avalancha. Casi acabó por demostrarlo la pasada Madrugada cuando en pocos minutos pasaba de correr atropelladamente a aplaudir a unos nazarenos asustados. La gente echaba a correr cuando oía un ruido, no cuando veía a alguna persona en actitud amenazante. Si no se supera pronto este trauma colectivo, renunciaremos a vivir en paz la Madrugada que otros nos legaron con toda su belleza, y, aún peor, condenaremos a las nuevas generaciones a tenerle miedo a la noche sevillana del año por excelencia. La autoridad debe ejercer como tal y establecer las máximas garantías. Una mayor seguridad pasa necesariamente por un control más intenso y, por consiguiente, por una renuncia a cierto grado de libertad. Esta Madrugada que nos ha tocado vivir está al borde de ser declarada en estado de excepción, de suspensión de ciertas garantías, porque la ciudad no puede correr el riesgo de que haya una nueva zona cero, ni por supuesto una sola víctima mortal. El Rey inauguró el miércoles el Foro Mundial sobre Violencias Urbanas y Educación para la Convivencia y la Paz. Eso es lo que ha faltado en la Madrugada: saber convivir. Unos han agredido los hábitos pacíficos de otros en un contexto de psicosis colectiva. Y falta desde que en 2000 quedara en evidencia la fragilidad de una fiesta que funcionaba sola, pero que ahora está al borde de ser intervenida. Es la hora de los cambios, de decir no a ciertas prácticas, de sacar a la luz pública nuevos modelos de cofrades ejemplares, de enseñar, en definitiva, una Semana Santa vivida desde la autenticidad de la Fe.

fiscal23 (II)

Sorpresa

El Fiscal | 10 de marzo de 2017 a las 5:00

LA que ha causado la Hermandad de los Gitanos con la ruptura del acuerdo de horarios de la Madrugada. Ha sido una suerte de cuaresmazo. A un mes de Semana Santa, justo después del enésimo llamamiento a la mesura del delegado diocesano de hermandades, se ha producido un anuncio del que la inmesa mayoría se ha enterado por el teléfono móvil al consultar las redes sociales. Estilo Donald Trump, dijo ayer un destacado cofrade. Una auténtica sorpresa que nos deja con las patas colgando, comentó otro. ¿No había ningún indicio de que esto podía ocurrir? Ninguno, respondieron tajantes los mandamases de turno. A tomar todos calmantes. De nuevo saldrá el sector crítico diciendo que nos preocupamos todo el día de lo de siempre. Y lo peor es que tendrá razón. Al menos podremos decir esta vez que la polémica se sirve en temporada. Como las torrijas.

50 años

El Fiscal | 4 de febrero de 2017 a las 16:32

NP Jesús Nazareno (Silencio) por la calle Cuna

 

A los hermanos Colón Perales

Domingo de función a Jesús Nazareno, domingo de saetillas, lirios y oraciones, domingo de homenaje a la fidelidad, domingo para la memoria

 

El ingreso en una escuela de vida, el acceso a un mundo de punto y aparte aparte, el regalo de un trozo de tierra sagrada. Una historia de 50 años. Dos hermanos pequeños que se llevan diez años. Un Nazareno al que saluda el alba por la calle Alfonso XII precedido por músicos de capilla que lucen impermeables de plástico. El mayor sale con su padre y queda prendido para siempre por una cruz alta, altísima, mástil de carey entre naranjos, que porta un Jesús dulce y orgulloso, altivo y misericordioso, recto y tierno. Años sesenta. La Semana Santa sin vallas, sin Plan Trabajadera, sin centro de coordinación, sin vías de evacuación, sin carreras alocadas en noches de luna clara y Esperanza firme. Dos niños y un padre que inscribe a sus hijos en la cofradía que será para siempre tierra para abonar la memoria. Una cofradía de escasos nazarenos y muy disciplinados. Los búcaros, el humo de los cigarritos, las charlas en voz baja antes de la salida. Los bancos de San Antonio Abad permiten el descanso, pero obligan a mantener la espalda hierática, tienen el efecto perenne del cinturón de esparto. Los manigueteros morados aguardan en la tienda de los recuerdos, antifaces al hombro y pañuelos abrigando el cuello, el fervorín de un claretiano eleva el ánimo, los nazarenos orondos de la presidencia se preparan para pisar la rampa. “¡Qué nazarenos tan gordos! ¡Parecen zepelines!”, dice una señora cuando los ve por Francos. El niño mayor se estrena como nazareno en 1966, el año del gran parón. El público admira que los nazarenos no se mueven, no vuelven la vista atrás. Son pocos y van sólos, sin necesidad de directrices. Están curtidos, forjados en la necesidad de mantener un sello propio, en ser distintos por únicos, que no por altivos. Nadie tiene que advertirles ni prohibirles nada, vienen enseñados de casa y de la vida cotidiana de la propia hermandad.

Los pitos resuenan en las bóvedas de la Catedral, los nazarenos se arrodillan de cuatro en cuatro cuando así lo marcan los chasquidos del diputado canastilla. Haría falta un Juan Sierra para describirlo y un Ruesga Bono para fotografiarlo. Seriedad, disciplina y humildad. “Haced lo que haga el nazareno que os precede”. Los canastillas con sus labores renuncian a los momentos de intimidad para servir a los nazarenos, hermoso sacrificio poco reconocido:“Cambias tu estación por la de los demás”.

Años setenta. La cofradía retorna. Eduardo Recio, vestido de nazareno, está quitándole las potencias al Señor. Nadie se va sin entrar de nuevo al templo a rezarle a Jesús Nazareno y a la Concepción. No hace falta que ningún hermano vigile la puerta de Alfonso XII para impedir que los nazarenos se vayan antes de tiempo. Todos apuran los minutos de la Madrugada. ¡Con lo breve que es la estación! No hay cultura del cansancio.

Años ochenta. Comienza la eclosión de la devoción a la Virgen. Se forma la primera cuadrilla con hermanos costaleros a cargo de Salvador Dorado El Penitente, que siempre pone cara circunspecta cuando llega al templo y observa la calavera que preside la Mesa de Disciplina. Las madres de algunos de los jóvenes costaleros, como madres de Jerusalén, acompañan al paso en las frías noches de los ensayos de febrero. Juan Delgado Alba es hermano mayor, la cofradía vive su particular transición, las puertas se abren, los jóvenes se reúnen, pero siempre manteniendo el sello: “No os llaméis grupo joven, así se llaman todos y además aquí no hay más estructura que la de la junta de gobierno. Llamaos Juventud Nazarena”. Por allí andan ya Pepito, el capiller, y Manuel Palomino, rodeado de jóvenes que reciben sus lecciones de priostía y oyen sus elogios a las primeras fotos en blanco y negro de los besamanos de la Virgen de la Concepción. Los hermanos Del Rey Tirado están felices de su regreso de Madrid. Delgado Alba fallece, impresionante la capilla ardiente en San Antonio Abad. El cura don José García-Junco, de saludo protocolario, gracia a raudales y un punto de picardía, charla con algunos hermanos en la sacristía, armarios altos, mesa rectangular, tapete y cristal bajo el que hay fotos de santos. Los Cantores de Híspalis irrumpen con las sevillanas del Silencio. Se graban en cassette las primeras saetillas de Pantión. Eduardo Recio corrige a un joven: “Niño, aquí no tenemos Cristo, sino Señor”. El vía crucis general a la Catedral es una Madrugada adelantada.El mismo sello, el mismo rigor. Mira qué bien se porta el pajecillo Nono Delgado-Roig, manos cruzadas y vista al frente. La exposición Gloria Nazarenorum de la Caja San Fernando marca un hito, un estilo, una forma de hacer las cosas. Balduino y Fabiola contemplan la salida de rodillas desde el balcón de la casa de enfrente. El padre de los niños se sitúa tras el paso de la Virgen cuando sale de la Catedral y la acompaña hasta la entrada. Sin aspavientos, sin llamar la atención, con la discreción de quien es nazareno todo el año sin necesidad de túnica.

Años noventa. La nómima de hermanos aumenta. Nada de lo que ocurre a la Semana Santa en general es ajeno a esta cofradía en particular. 650 años. Te Deum en Omnium Sanctorum. Arranca un nuevo siglo. Jesús Nazareno es expuesto en besapiés extraordinario por el Congreso Internacional de Hermandades. Foto de Haretón. San Antonio Abad se restaura en el mandato de Antonio Martín Macías, un libro abierto sobre la historia de la hermandad con páginas donde se combinan amor y rigor. Antonio Domínguez Valverde, vicario general, preside la misa de acción de gracias con los primitivos Pedro Ybarra y Antonio Gordillo Cañas entre los concelebrantes. La vida sigue. Nazarenos de María Santísima al fondo del patio. Ramos cónicos, azahar, lirios, cordón y llave, espada y bandera. Sufriendo Jesús mío y a fuerza de dolor…

La Virgen sale en procesión extraordinaria en 2004, gallardetes celestes en la Avenida, cardenal oficiante y Joaquín Delgado Roig en la presidencia que antes ocupó su padre. Tejera. Juan Salas va de diputado de banda, papeleta de sitio que sólo se repite de cincuenta en cincuenta años. Martín Cartaya espera con su cámara en el andén. Antonio Rodríguez Cordero está como hermano mayor en la clausura de la gran exposición inmaculista en la Catedral. El hijo de don Eduardo es hermano mayor. Las hermanas se incorporan al cortejo.

Cincuenta años de amor. No son nada más que cera morada y cera blanca. Y no son nada menos que cera morada y cera blanca. Cincuenta años de fidelidad. Cada vez que van al Silencio son de nuevo niños de la mano de su padre.

Los nervios de Bourrellier

El Fiscal | 25 de enero de 2016 a las 21:10

Grupo Joly Jornada Técnica Testimonios de Solidaridad Carlos Colón, Ignacio Valduérteles, Marcelino Manzano, y Carlos Bourrellier
Un cómic donde al final el gato sortea el escobazo colándose por la gatera. Las chapuzas de Mortadelo y Filemón, los agentes de información que hicieron un plan que no sirve para nada. Las tribulaciones del bloque de vecinos de 13 Rue del Percebe, donde no se soportan pero han de cohabitar. Un culebrón venelozano donde cada vez está más claro quién es el guapo, el feo y el falso. Guillermito y su voraz apetito, donde el de siempre nunca se cansa de decir no, no y no. La logística de la Madrugada es la historia de un tebeo, el entretenimiento perfecto para los que tienen las tardes libres o una gran facilidad para dejar el trabajo a media mañana y perder el tiempo en cabildeos, oposiciones frontales (“¡qué barbaridad!”) y maniobras de presión, amagos de denuncias ante la autoridad eclesiástica incluidos. Cuánta energía derrochada, cuántas horas perdidas para volver al mismo lugar de siempre como un Sísifo atormentado, cuántas relaciones personales erosionadas de forma gratuita, cuánto aficionado a reyezuelo de Taifa, a marquesito de la loseta y a pagafantas de la última ronda. Porque en todas estas reuniones, como en toda candidatura, hay un candidato a tener siempre fríos los botellines. Mientras unos preparan el rechazo a cualquier plan, siempre hay otro dispuesto a que no falte de ná, a tener a punto las anchoas, el pescao y la artillería de la Cruzcampo para su señorito. ¡Ese personaje es fundamental! Es el correveidile necesario, voluntario para levantarse del velador y llamar la atención del camarero despistado. ¿Yel Consejo? ¿Qué me dicen del Consejo?Silencio por las esquinas, silencio por cariá, que ya Bourrellier camina, cruzando la Madrugá… Don Carlos está a un paso de hablar de la Madrugada desde un plasma, como Rajoy en sus buenos tiempos. En su cara se retrata lo que debe padecer… Ha perdido el temple en algunos momentos de esta semana. Lógico. Demasiado aguanta el hombre que susurra al oído de la autoridad eclesiástica. Demasiadas altiveces ha sorportado. Un periodista le preguntó el martes si el tinglado de la Madrugada no afectaba a la imagen de las cofradías. ¿Saben lo que respondió? “Esa pregunta no procede”. ¡A mí la Asociación de la Prensa! ¡Que me proteja! ¡Esto es un atropello! ¡Guardias, guardias! Bourrellier se enfadó con el informador. Se dolió. Esos coj… quería yo verlos con algún hermano mayor de la Madrugada. Estamos empeñados en apoyar al presidente del Consejo (#yoconbourrellier), pero cada vez nos lo pone más difícil. ¿Y quiénes han sido los listos del tebeo? La autoridad eclesiástica y el Ayuntamiento. Ni mú hasta ahora. Han dejado hacer para que se pueda pintar el retrato exacto del quién es quién, la traducción de la España de las autonomías en clave morada, un escenario cargado de nacionalistas que sólo piensan en sus cortos intereses, un gobierno central debilitado (Consejo), una jefatura del Estado que no se inmiscuye (Arzobispado) y unos administrados díscolos donde está claro que la gran y poderosa referencia es Cataluña (la Macarena). San Gregorio es 13 Rue del Percebe pero sin generar risas. Continuará.

Astronauta López Bravo

El Fiscal | 18 de enero de 2016 a las 12:09

TODO el mundo sabe lo que dijo Armstrong en 1969 al pisar la luna. “Es un pequeño paso para un hombre, pero un gran salto para la humanidad”. Pensaba en el astronauta estadounidense la noche del pasado miércoles, cuando, ¡cáspita!, saltó a la arena de twitter la cuenta oficial del Consejo General de Hermandades y Cofradías. El orbe cofradiero estaba expectante por la prueba de las andas del primer paso del Calvario por la calle San Roque, justo cuando la institución que preside Don Bourrellier contraprogramaba con su debut en las redes sociales. ¡Eso ha sido para distraer y que volvamos al Plan Nieto en la Madrugada! Se ve el plumero, oiga.

Recordaba también en esos momentos del miércoles, en los que un mar de emociones y contradicciones bañaba mi mente ante tamaña aparición en las redes, aquellos primeros meses en que Antonio Ríos ejercía de presidente, cuando un empleado del Consejo expuso la necesidad de comprar un fax. Ydon Antonio explicó que esos aparatos no hacían ninguna falta. ¿No controlaba Bernabeu las cuentas del Real Madrid con papel y lápiz? Pues igual don Antonio con el Consejo. Y así lo demostró durante ocho años, ¿o no?.
El Consejo en twitter. Un pequeño salto del astronauta López Bravo, un gran paso para la oficialidad de las cofradías. Qué buen gusto al escoger al Cristo de los toreros para el primer mensaje. Y al elegir a la primera hermandad a la que seguir:Los Estudiantes. Pero qué desatino al tutear a los lectores desde una cuenta institucional, y al dejarse ir una tilde en el segundo. O esto se corrige pronto, o lleva el camino de la cuenta oficial del Arzobispado, que habla de los compañeros sacerdotes, a lo Comisiones Obreras o UGT, en lugar de los hermanos sacerdotes.

Pero no seamos cortos de miras, que el avance es de los que marcan efemérides de las que se recuerdan por lo menos en 2029, que es la fecha a la que ya mira don Juan Ignacio Zoido, que esta cuaresma se va a perder muchos ensayos de costaleros, ¡con lo que le gustan!, al estar tres días y dos noches a la semana en Madrid (como los viajes de oferta a Praga) dándole al botón para votar a don Mariano, a ver si sale o no de presidente, que estamos todos con el pecho encogido.

López Bravo tiene derecho a placa desde esta semana. Ha metido al Consejo, por lo menos, en la segunda modernización. Deseando estoy que salgan los tuits de las votaciones al pregonero. ¡El boletín ha muerto, viva twitter!

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Un merecido galardón
Con lágrimas en los ojos, telefoneó a su mujer para comunicarle que a final de mes recibirá el galardón cofradiero de Canal Sur Radio, el que concede el equipo de Francisco José López de Paz con José Manuel de la Linde y Antonio Cattoni como principalísimas referencias; el que se entrega con toda solemnidad en un acto de relumbrón en el Lope de Vega. Jesús Martín Cartaya, el fotógrafo, el sevillano auténtico, el señor de los pies a la cabeza, será honrado con El Llamador, memorial Luis Baquero. Oquizás no. Quizás sea esa prestigiosa distinción la que es honrada cuando este ciudadano discreto, exquisito y generoso recoja con sus manos el galardón, las manos que mejor han retratado los rostros de la Semana Santa de los últimos cuarenta años. Es el último mohicano de la leica alemana, el último que sabe con maestría estar sin ser visto, disparar la cámara sin que se le oiga, formar parte del paisaje sin aparecer. Tras la llamada telefónica a su esposa, se fue al templo de sus devociones a dar las gracias, como los obispos cuando son distinguidos con la púrpura. Allí estaba el Nazareno de mirada baja para ver al niño Jesús, el mismo que aprendía cómo hacer fotos al pegar el oído en las tertulias de su padre en la espartería de la calle Reyes Católicos, el mismo que rompe cualquier fotografía que entienda que pueda dañar la Semana Santa, el mismo que se ha consagrado a retratar más caras que pasos. Porque el poder de las cofradías son las imágenes. Pero su encanto está en las personas.

Hay vida…
Ya advertimos el domingo pasado que Carlos Bourrellier no es el pato cojo, que es como llaman los norteamericanos al presidente al que restan pocos años de mandato y, por lo tanto, todo el mundo trata con compasión. Al pato cojo no se le dispara. Bourrellier lo dijo en la copa de Navidad: “Aún no he dicho mi última palabra”. Ypara Semana Santa prepara reformas, vaya si las prepara. Para empezar, quiere instalar un nuevo control horario en Sierpes, a la altura del Círculo Mercantil. Ya lo hubo en 1992 con ocasión del Santo Entierro Grande. Incluso no descarta otro control en la Avenida. Podemos tener hasta cinco puntos de control horario. ¡La felicidad de muchos delegados amantes del reloj!

Y aún hay más
Bourrellier cocina unas normas para que los cuerpos de nazarenos con más de mil hermanos con cirios formen de a tres por toda la carrera oficial por norma, no como hasta ahora en que se deja al criterio de la cofradía o de las circunstancias. El problema es que este precepto, de prosperar, obligaría a cofradías cuyos nazarenos llevan el cirio al cuadril, a portarlo suspendido en vertical. Sería procesionar (valga el verbo) a contraestilo. En un rápido repaso a la lista, la norma puede afectar a la Paz, Hiniesta, la Estrella, la Redención, Santa Genoveva, San Gonzalo, el Cerro, San Esteban, San Benito, San Bernardo, el Baratillo, el Gran Poder, la Macarena, la Esperanza de Triana, los Gitanos y el Cachorro. Veremos si la reforma cuaja y si no hay cofradías que reconocen menos de mil hermanos con cirio para evitar su cumplimiento. Algunas, como hemos apuntado, ya van de a tres por iniciativa propia incluso mucho antes de otear el palquillo de la Campana.

Del pregonero
Rafael González Serna ha hecho doblete de tertulias esta semana, entre la del Cirio Apagao y la del Real Círculo de Labradores. La gente sale contenta de los encuentros. El pregonero cae bien. No oculta que se basará en el verso en todo momento. Yque el texto está absolutamente orientado a la fe como pilar básico de la Semana Santa. El arzobispo le ha pedido que hable del Año de la Misericordia y que se refiera a las hermandades como parte de la Iglesia. Y todo indica que cumplirá, con sumo gusto, con ambas peticiones. Quienes conocen algunos trozos del Pregón dicen que gustará al público mucho, porque de su pluma han salido versos muy efectistas.

Madrugada
Tantas reuniones, tantas horas de sesudos análisis, tantas actitudes altivas, tantas muestras indirectas de desprecio, para al final irse todo al traste por una cuestión de centímetros. La fotografía que mejor representa el estado actual de la Semana Santa es la de una bulla de aficionados (dicho lo de aficionados con toda la carga) en la calle San Roque para asistir en directo a la prueba del Calvario. Se pierde demasiado tiempo en cosas de relativa importancia. Así de sencillo.

Madrugada: fracasa el pacto del Aero

El Fiscal | 30 de octubre de 2015 a las 5:00

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AYER era el día D. Todo estaba previsto para cerrar a mediodía el acuerdo entre las seis hermandades de la Madrugada y acabar con una polémica que va más allá de lo estrictamente cofradiero, pues se trata de un asunto que interesa directamente a la seguridad de la ciudad en la noche principal del año. La Madrugada tiene que dejar de ser a ciertas horas una nochevieja con pasos para volver a ser lo que siempre fue. Como el plan montado por el Consejo por medio de una consultora privada no gustaba nada al Gran Poder, las hermandades optaron por trabajar una alternativa entre ellas, una solución consensuada sin mediadores. Con ese objetivo se afanaron los seis diputados mayores de gobierno. La verdad es que cogieron algunas ideas del polémico plan, como son las variaciones de algunos recorridos, y descartaron la principal: el orden de paso por la carrera oficial no se modifica. Hecho casi todo el trabajo previo, tocaba que los seis hermanos mayores se vieran las caras, peinaran algunos flecos y sellaran el pacto. Y eso debía ocurrir ayer. ¿El lugar? El muy discreto salón de los espejos del selecto Aero, la estancia también conocida como la pecera, desde donde se ven los peatones (y bicicletas) de la Avenida sin ser visto. Cuentan que en el Aero eran elegidos los alcaldes de Sevilla en otros tiempos, cuando no se precisaba de pactos para gobernar, precisamente, sino tan sólo del visto bueno procedente del Pardo.

En la pecera se coloca una mesa para seis. Sin representantes del Consejo ni diputados mayores de gobierno. Todo iba sobre ruedas. Todos aceptan no alterar el orden de paso. El Gran Poder no da muestras de desacuerdo alguno, pues se queda en segundo lugar y hace el camino de regreso por donde siempre. El Calvario adelanta su salida unos diez minutos. La Esperanza de Triana tiene que hacer la ida por Canalejas y Bailén, con un esfuerzo especial para dejar libre el paso al Gran Poder por Gravina, por lo que se pospone la posibilidad de cruce entre ambas cofradías. El Silencio alarga su retorno por San Miguel para evitar el cruce con la Macarena y Los Gitanos acepta también una suerte de rodeo a la ida. La clave de este acuerdo es que todas las cofradías se comprometen a un esfuerzo especial, a un juego de compresiones, rodeos y leves modificaciones de recorrido para no sacrificar más a la gran sacrificada: el Gran Poder, cuyo cortejo es el que más se aleja de su propio templo en el recorrido de regreso.

Pero todo se vino abajo cuando el hermano mayor de la Esperanza de Triana confirmó las reticencias de su diputado mayor de gobierno. No tiene nada claro que su cofradía pueda comprimirse tanto ni que los pasos quepan por la estrechez de Bailén, un tramo donde ya ha habido casos de autobuses taponados. Se harán las mediciones oportunas, pero con un recelo inicial que no aventura buenos resultados. La Esperanza de Triana ya ha sufrido en los últimos años para dejar libre el cruce de San Pablo y Zaragoza a la cruz de guía del Gran Poder, metiendo el paso de palio entre los nazarenos de los últimos tramos.
Con la Madrugada nuevamente enquistada, esta vez por el rechazo procedente de Triana, hay quien augura que esto huele a decreto antes de Navidad. El Aero ha dejado de ser el talismán para las grandes decisiones de la ciudad.