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Demasiado calor

El Fiscal | 25 de junio de 2017 a las 5:00

ALERTA NARANJA O AMARILLA POR CALOR EN TODA ANDALUCÍA, EXCEPTO EN EL LITORAL

Se mantiene como aserto que no hay cosa más peligrosa que un cofrade con las tardes libres o con el agosto por delante en la orilla de la playa. El aburrimiento mata moscas… con la manigueta trasera. ¿Pero qué ocurre con los cofrades en plena ola de calor y con riesgo de noches tropicales? No se ha escrito nunca de cómo afectan las olas de calor a los cofrades que de suyo tienen las tardes libres. ¿Constituyen un grupo de la denominada “población de riesgo” que haya que vigilar para prevenir males mayores? Las olas de calor son malísimas, los aspersores de los veladores son asquerosos, una porquería de agua pulverizada que ensucia las gafas y las alopecias, el tomate con sal se reblandece, el barro de los búcaros pierde sus propiedades refrescantes y la ensaladilla pisa la raya de picadores de la salmonela. Cuidado con las olas de calor porque nos quita lo mejorcito del verano, hasta obliga a recortar de forma repentina los recorridos de las procesiones eucarísticas. En plena ola de calor nos llega que la Milagrosa pide “formalmente” su ingreso en la nómina del Domingo de Ramos.
–Arrímame el pay-pay que me da un sopitipando, que me da…
–Dale, dale al pay-pay con más alegría que te están saliendo unas ronchas que ya vamos a estar en las urgencias del Virgen del Rocío.
Sevilla no tiene sombra, pero cuando aprietan las calores tantos días seguidos nos da por aumentar la nómina de la Semana Santa. Debe ser el estado del bienestar. La crisis ha terminado. Felipe decía que si la opinión pública se preocupaba de un viaje (mangazo) de Guerra en el mystere, era señal de que España iba bien. Pues Sevilla va bien, muy bien, porque el debate es si metemos a la Milagrosa, que lleva un can en el paso de misterio (guau), por delante de la Borriquita, que lleva borriquita y pollino. Y todo esto ocurre cuando los cuarenta grados aprietan más que un cinturón de esparto de dos tallas menos.
–Póngale un pañuelo para disimular las correas estiradas.
A las tardes libres y el agosto por delante añadan la ola de calor como factor desencadenante de la ingeniería febril de horarios e itinerarios. Sainz de la Maza va a tener que sacar la manguera de agua fresquita y regar los plenos y la asamblea que se le avecinan esta semana con más peligro que monseñor Lanzafame colocando belenes napolitanos.
Claro que sí. Metamos más cofradías. Metamos varias incluso en la Madrugada. Que no quede espacio para ni una carrerita. ¡Todo colmatado! ¡A este paso perdemos las tradicionales avalanchas!
–Puñetero pay-pay, qué poco fresquito da.
–Guau.

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El ministro con Su Majestad en la Costanilla

Aunque cada vez se use menos tan preciosa denominación, la Majestad en Sevilla es el Santísimo Sacramento. A Trifón le ocurrió un año que un incauto le preguntó por el exorno especial de su casa. El ilustre tabernero le explicó que era para honrar a Su Majestad. “¿Ha venido Letizia?”, preguntó la criatura viandante. Zoido estuvo con Su Majestad el domingo, en la procesión íntima y bella de su Hermandad de San Isidoro. Hizo sus fotos. Y soportó el calor.

Oído en El Taquilla

Dos cofrades y taurinos. Mediodía. Cerveza larga, casi vaticana:mitad blanca, mitad rubia. Uno destaca que Morante es del Baratillo, el otro que Pepe Luis Vázquez es de San Bernardo. Los dos coinciden en la buena labor que ha hecho José Antonio impulsando el retorno de Pepe Luis a los ruedos, gracias a lo cual ha vivido el triunfo de la tarde del Corpus de Granada. “Anda que si a Pepe Luis le llega a ir mal, le echan la culpa a Morante. Pero como le ha ido de dulce, a Pepe Luis ahora no lo felicitan todos esos que le decían que a Morante sólo le interesaba Pepe Luis para que le abriera cartel… Esta es la ciudad de la envidia, de la envidia cochina. ¿Tú sabes qué celebérrimo torero fue uno de los que telefoneaba a Pepe Luis para meterle cizaña contra su mentor? Ese, ese, el mismo. Y su mujer también… Menuda es”.

Luz Casal

Teatro de la Maestranza. Lunes por la tarde. Se anuncia concierto de Rapahel para clientes de una entidad bancaria. Como Raphael no puede asistir, lo hace Luz Casal, quien saluda al público: “No vengo a sustituir a Rapahel porque Rapahel es insustituible”. Acto seguido, la cantante habla de Sevilla y se refiere al lugar donde se inspiró para titular su último album: “paseando por la ciudad entré en el Salvador, vi una imagen de Martínez Montañés y no lo dudé, mi disco se llamaría La Pasión”.

¿Quién sabe dónde?

Como Paco Lobatón en sus buenos tiempos, hay quien se pregunta dónde está el segundo obispo auxiliar. Se le sigue esperando. Recuérdese que su petición está confirmada oficialmente. Pero nada se sabe aún. ¿Llegará con ocasión de los cambios que se avecinan?

El lagarto de la Catedral

“Se avecinan cambios en la curia, mi querido e inquieto Fiscal. Puede que afecten incluso al círculo íntimo de la planta alta. Los canónigos, entre ellos, refieren una bomba, no sé si acertarán. Te digo lo que oigo desde mi atalaya, donde estoy la mar de fresquito estos días…”

La fuerza de la inocencia

El Fiscal | 4 de junio de 2017 a las 5:00

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LA verdad está en los niños, en sus rostros indisimulados, carentes de hipocresías, exentos de cinismos de laboratorio. Los niños dicen la verdad desnuda, que es la mejor verdad. Hay niños del Silencio que salen a cara descubierta, que es lo más difícil. No hay antifaz que cubra el rostro de sueño, ni que permita la relajación de un bostezo por Francos, ni un movimiento para aliviar el cuello por Cuna, ni por supuesto un esparto ceñido que ayude a mantener la verticalidad cuando el sueño busca las tablas por la Plaza del Duque. Son niños expuestos a las miradas, al juicio de los que acuden al encuentro del Dulce Nazareno y de los ojos almendrados de la Concepción. Estos niños del Silencio están más obligados que nadie a mantener la compostura. Están sencillamente expuestos. No se pueden quejar de la cera caliente que se derrama por sus manos, tienen que llevar los cirios erguidos, sin caer en la tentación de usarlos como báculos ni de portarlos con la fea inclinación de una caña de pescar. He visto ya hasta tres veces cómo son arrollados estos niños del Silencio que forman tras el paso de palio acompañando al preste:en los años 2000, 2015 y 2017. Son los niños del cortejo litúrgico del Silencio, algunos tienen sólo diez años y asumen libre y voluntariamente pasar la noche en vela detrás de la Virgen de la Concepción, soportando en ocasiones la mala educación de quienes no viven la Madrugada sino vivaquean la noche, aguantando en silencio preguntas o comentarios impertinentes y recibiendo también el cariño discreto, casi imperceptible, de algunos familiares: una fotografía desde un palco, algún guiño al pasar por el Aero de la Avenida, sonrisas cómplices para aliviar los metros finales de la estación de penitencia. Los niños del Silencio, estos niños del cortejo litúrgico, estaban adiestrados en caso de avalancha, pero tuvieron la mala suerte de que la primera les sorprendió en la Plaza del Salvador, sin pared en la que cobijarse.

Hace unos días que han aparecido los dibujos realizados por uno de estos niños que sufrió los tumultos. Se titulan Cómic de la Madrugada de Semana Santa. El pequeño autor describe su salida en condiciones de “normalidad”, precisa que fueron dos las avalanchas sufridas, cuenta que había una “montón de cosas rotas” por el suelo y sobre todo y por encima de todo, deja un mensaje que es toda una proclama de esperanza en futuras Semana Santa sin incidentes: “Al final todo acabó bien”.
Estos niños del Silencio, los últimos de la cofradía, los que cierran la comitiva más fugaz de la Semana Santa, rápida en su caminar y lenta al pasar las páginas de la Historia, merecen todos los esfuerzos posibles para que nunca vuelva a ocurrir lo que sucedió la pasada Madrugada. Por ellos –porque a ellos hay que legarles la Madrugada sin sobresaltos que a nosotros nos fue transmitida– hay que hacer lo imposible para que las cofradías no sean expuestas al riesgo. Los niños del Silencio, los monaguillos del Gran Poder, los pajes del Calvario, los innumerables nazarenos jóvenes de la Macarena, la Esperanza de Triana y Los Gitanos. La Semana Santa no puede prescindir de ninguno. Sería una derrota. Pudieron romperse cirios y cruces. Pudieron volar los canastos y quedar algún antifaz prendido de una reja a la espera de dueño, pero nunca podrá quedar la rota la ilusión infantil por la noche más hermosa de la ciudad.

Lo dijo alto y claro Jaime Rodríguez Sacristán, catedrático de Psiquiatría: los niños no pueden cogerle miedo a la Madrugada. Frente al miedo hay que contraponer la devoción, la historia y la tradición. Nada como hablar, escribir o dibujar para expulsar el demonio del pánico. Nadie puede derribar más de siete siglos de historia con una algarada. Porque al final –siempre– todo acaba bien. Lo dice uno de los niños del Silencio, uno de los que mira al frente en clara expresión de futuro, uno de los que aprende a ser nazareno sin túnica: el reto más difícil, el objetivo más hermoso.

 

Sev.

 

El proceso está en marcha

Las conversaciones para ampliar la nómina de la Semana Santa han comenzado. Las cuatro hermandades interesadas ya se han reunido en el Consejo con la cúpula de la institución. La Misión, la Corona, la Milagrosa y Pino Montano son las cuatro hermandades que tienen solicitado su ingreso desde los tiempos de Adolfo Arenas en la presidencia del Consejo. Sainz de la Maza se ha comprometido a tramitar las solicitudes. Prosperarán o no, pero lo que no quiere es que se pasen más años metidas en un cajón. El primer acuerdo que se ha tomado es que los delegados de penitencia trabajen, tomen el pulso a sus días, evalúen las opciones de horarios e itinerarios y, después, ya se verá. Los estatutos son claros en esta materia: se precisan dos terceras partes de las hermandades de cada jornada para permitir el ingreso de una nueva. En el Consejo aseguran que mantendrán una especie de neutralidad activa. Sin más.