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14 horas para un debate

El Fiscal | 17 de junio de 2009 a las 12:02

Domingo, 7 de junio. Son las 12:32. El móvil da dos golpes de muñidor. Bip, bip. “La Esperanza entró en su capilla a las 11:30. ¡Glorioso!” El paso de palio asomó por la Puerta de los Palos de la Catedral a las 21:30, por lo que la Virgen estuvo la friolera de 14 horas en la calle. En el gobierno de la ciudad y en muchos sectores cofradieros se plantea una pregunta: ¿Justifica el gozo del XXV aniversario de una coronación canónica tener en la calle un paso de palio durante semejante número de horas?

Determinada clase dirigente cofradiera parece acostumbrada en la última década a tomar la calle, a hacerla suya con ademanes pretenciosos y a exigir determinados privilegios sabiendo que la autoridad municipal no se enfrentará, al menos públicamente, con nada que huela a las cofradías (Al poder local ya le basta con aplicar la anestesia del urbanismo morado en forma de subvenciones).

Escojamos varios botones de muestra de la desmesura de lo ocurrido el sábado. En los despachos de la Plaza Nueva aseguran que la Esperanza de Triana decidió realizar el recorrido hasta el Ayuntamiento por la Avenida en lugar de por la calle Hernando Colón, lo que obligó a cortar el tráfico del tranvía, así como que la hermandad hizo caso omiso a los ruegos para que metiera el paso en su capilla antes de las 5:30, pues se le anunció que al celebrarse el domingo las elecciones al Parlamento Europeo todos los retenes policiales estaban preparándose para la custodia de los diferentes colegios electorales. ¡Ni por esas! No sólo no se recogió el paso antes de las 5:30, sino que lo hizo seis horas después. Por otro lado, una señal inequívoca de que se buscaba premeditadamente finalizar la procesión a deshoras fue la ausencia absoluta del siempre habitual cortejo de cirios e insignias delante del paso. Allí no había ni cruz de guía, ni faroles, ni hermanos de luz. ¿Para qué?

¿Qué criatura hubiera aguantado la compostura exigible en una procesión durante 14 horas? Nadie. Así pues, el paso pelao y venga de frente. Comentario aparte merece la velocidad a la que avanzó la comitiva. Es cierto que hubo bullas en muchos momentos, sobre todo en la primera parte del recorrido. Nadie lo duda. Ahí están las fotos y las cifras oficiales de la Policía Local. Pero no es de recibo que de la calle Bilbao al Puente de Triana se emplearan ¡más de tres horas y media! A esas alturas de la noche se corren demasiados riesgos, se exponen a las imágenes sagradas a estampas poco idóneas, como las peleas que se produjeron en la calle San Jacinto protagonizadas por víctimas del gin tonic en el entorno de la procesión. Pero en muchas partes del recorrido matinal sólo hubo aglomeración de público justo alrededor del paso, ninguna cantidad que impidiera andar con mayor desahogo y evitar un periplo de catorce horas. En la junta de gobierno se arguye con toda legitimidad que el paso no podía andar con soltura, que en ningún caso iba a ser utilizado como “arma arrojadiza contra el público”, que la presencia policial fue “deficiente” desde el primer momento, que sólo las personas que formaban delante del paso saben con rigor la dificultad que existía para avanzar, que no estaba premeditada la entrada a las 11:30 y que lo verdaderamente trascendente fue el mensaje de esperanza que dejó la Virgen durante los días de triduo en la Catedral (con un meritorio aforo de mil personas al día) y a lo largo de la procesión.

“¿Alguien tiene la solución para que un paso avance en un recorrido con cien mil personas por delante?” La hermandad también le resta importancia a las molestias que se causó al funcionamiento cotidiano de la ciudad: “Los cofrades tenemos que salir de una vez del armario y perder los complejos. También cortan el tráfico el maratón y las manifestaciones y nadie dice nada. La Esperanza de Triana no salía en procesión extraordinaria desde 1984”.

Aquella procesión de regreso también concluyó por la mañana, duró 12 horas y tampoco contó con un cortejo de hermanos con cirios. Pero hace 25 años el contexto era bien distinto. El mundo de las cofradías no parecía tan pasado de rosca ni tan decadente, no había estallado aún el boom de las procesiones extraordinarias, se conservaba casi impoluto todavía un sentido de lo extraordinario que hoy resulta perdido por completo.

He aquí la clave de por qué el pasado sábado muchos cofrades experimentaron la contradicción de disfrutar y recibir un mensaje de esperanza al mismo tiempo que se toparon con una nueva muestra de desmesura que obliga a replantear muchas celebraciones externas en el momento actual.

Nadie duda de la belleza del paso de palio en las estrecheces de Triana, ni de la sinceridad de la devoción de quienes la acompañaron incansablemente durante horas, ni del boato de los cultos catedralicios. Las manifestaciones públicas de religiosidad popular son recomendables, pero en su justa medida. Zanjar el debate apelando a las leyes físicas para justificar que un paso no avanza es simplificar interesadamete los planteamientos. Para el análisis que se necesita no resulta válida al completo ni la opinión de quien se pasó las horas delante del paso, sumido en la gloria de las nubes de incienso, ni la del ciudadano encolerizado porque su taxi no pudo cruzar por Triana a una determinada hora y sus opiniones revelan prejuicios de otros siglos.