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Espadas al PP: “Trabajemos juntos”

El Fiscal | 6 de abril de 2017 a las 5:00

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ESTABAN juntos y en un ambiente de armonía que recordaba a corporaciones municipales del ayer. Estaba el gobierno, con el alcalde, Juan Espadas, y el delegado de Seguridad, Movilidad y Fiestas Mayores, Juan Carlos Cabrera. Estaba el líder de la oposición municipal, Alberto Díaz, y Rafael Belmonte, también concejal del PP. Estaba el presidente del Consejo, Joaquín Sainz de la Maza , y el vicepresidente de la institución, Antonio Piñero. Todos reunidos con ocasión de la tertulia El Homo Cofrade, que entregó su distinción anual al edil Cabrera. A los postres fue cuando el alcalde se refirió a la Semana Santa mirando a los ediles del PP y, por supuesto, a los señores del Consejo:“Trabajemos juntos”. Espadas sabe que él solo no puede hacer nada, que el éxito del año anterior se debió a las orejas altas que pusieron los chicos del PSOE del Ayuntamiento y los del PP de la Delegación del Gobierno tras aquella Madrugada de 2015 nefasta para el recuerdo de los cofrades. “Colaboremos juntos”, reiteró el alcalde en un foro donde también estaban ex ediles y ex presidentes del Consejo. La Semana Santa, su seguridad, es obra de todos. Espadas refirió cómo se rebajó con celeridad la alarma causada por una mujer en el Duque la noche del pasado Lunes Santo, lo que provocó unos instantes de histeria. Esto es cosa de todos. Incurrir en frikismos en las redes sociales o en propagar bulos nos afecta a todos. Bien está que unos y otros sean capaces de entenderse, para empezar, en el muy cofradiero foro de una tertulia.

Segorbe en la Corona

El Fiscal | 19 de febrero de 2017 a las 5:00

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Ignacio Medina Fernández de Córdoba (Sevilla, 1947) ya es hermano de la Corona, la joven cofradía de la Parroquia del Sagrario. La jura se celebró en la noche del jueves, con el director espiritual y Santos Evangelios presentes, como manda el rito. La corporación quiere así recuperar la estrecha vinculación que la antigua hermandad tenía con la nobleza sevillana. Con Segorbe en la Corona, la Fundación Casa Ducal de Medinaceli acepta el título de hermano honorífico perpetuo, como se refleja en el documento que ilustra esta sección. Alejandro Mateos, el hermano mayor, mostró al duque la imagen del precioso Nazareno, a la que siempre preferimos recordar en andas mejor que en el paso. A Segorbe le llamaron la atención las potencias rematadas con la flor de Lys. Ignacio Medina comentó que es hermano del Silencio. Le explicaron que antiguamente, según documentación hallada de 1674, los hermanos de la antigua cofradía de la Corona eran miembros de pleno derecho de la Primitiva Hermandad de los Nazarenos de Sevilla.

La mujer de Segorbe, María Gloria de Orleáns y Braganza, se mostró interesada en ver la cofradía a su paso por el Patio de los Naranjos el próximo Viernes de Dolores. Tras la jura y la visita llegó la hora del ágape, que tuvo lugar en El Pulpo de la calle Tomás de Ybarra. Allí la conversación se fue en recuerdos al gran patrimonio que poseía esa hermandad ya extinta que los hermanos de la Corona de hoy quieren homenajear continuamente. Segorbe estrena un cordón distinto al habitual, como miembro de honor. El duque y su nueva cofradía han quedado en colaborar. Es sabido el interés y el trabajo serio de Ignacio Medina por la conservación y recuperación del mejor patrimonio histórico de la ciudad por mucho que en alguna ocasión sus proyectos hayan estado marcados por la polémica. En la Corona, al menos, hay mucha historia sobre buen patrimonio. Estas alianzas productivas entre aristócratas inquietos y cofradías no son muy habituales, más allá de los casos que ha habido para trincar dinero para dorar pasos, cesiones de joyas para la virgen o fotos de saraos donde el hermano mayor de turno se codea con alta nobleza a costa de la hermandad.

Es de esperar que Mateos trabaje esa línea de colaboración fructífera con la fundación del duque más allá de que el aristócrata asista a las misas solemnes y ocupe un banco destacado en la salida o entrada de la cofradía. El sueño de aquellos jovenzuelos protegidos por Gutiérrez Mora va cogiendo impulso. Cualquier día los vemos saliendo la tarde del Viernes Santo. Ya uno que yo me sé, Rafael Belmonte, incluso le daría tiempo de ver al Cachorro tras la recogida del último nazareno de ruan azul. Todo es posible. Hasta que el duque se dirija a los hermanos en estos términos: “Ahora vamos en el mismo barco. La fundación y la hermandad”.
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‘Eau de oposición’
La que han liado algunos por los perfumes que venden las hermandades de la Macarena y la Esperanza de Triana desde hace ya meses. Se han llevado las manos a la cabeza. ¡Que se encienda el fuego purificador! Esos mismos no dijeron nada cuando las cruces de guía de ciertas hermandades se exponían en los escaparates, los enseres se cedían al horripilante Munarco (que en paz descanse y no levante más la cabeza) o el Consejo de Cofradías transigía con calificar la Semana Santa como espectáculo cultural con tal de obtener un IVA rebajado en las sillas y palcos. ¿Dónde estabais, almas mías? Habría que sacar a la venta el producto Eau de oposición. Observen la nota de cata: tonalidad morada por exceso de tinto, regusto nasal que indica demasiadas horas de ocio vespertino, fortaleza inicial de nudo de corbata bien hecho y reminiscencia de maullidos en vientre.

Vuelve a los atriles
Hay que preguntarle a Jesús Rodríguez de Moya por sus próximos objetivos cofradieros. Dicen que entrará en la junta de gobierno de una pujante cofradía y que retornará a los atriles. Recuerden que en su día fue nada menos que pregonero universitario. Lo de escribir no se le da nada mal. Tiene sus libros en el mercado.

El pertiguero
Primer golpe. Un rito feliz. Los consejeros llegaron a la casa del pregonero en un microbús contratado especialmente para la ocasión. Volvieron muy contentos con las croquetas de bacalao. Espadas se lo pasó en grande con Alberto García Reyes. Segundo golpe. Don Juan José se fue pronto, como es su norma. Llegó y se marchó en el coche con su secretario, Borja Núñez, y el gran Marcelino Manzano, el feliz delegado diocesano de hermandades. Tercer golpe. Oído: “¿Cuántos dictámenes dices que hay preparados por si hicieran falta? Eso no puede ser, tampoco la intervención es para tanto”. Y ciriales arriba. Es curioso que en algún boletín se llame la atención a los hermanos por sacar papeletas de sitio y después no presentarse a hacer la estación de penitencia, “cuando es posible sacar una papeleta simbólica”. El fenómenos es cada vez más creciente. ¿La causa? Viajes de última hora, quizás. En cualquier caso, parece una actitud poco seria.

La concordia de la croqueta

El Fiscal | 29 de diciembre de 2013 a las 22:09

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En la vida municipal sevillana se alimenta el tópico por el que cualquier tiempo pasado fue mejor. Fuimos más felices con menos presupuesto. Siendo alcalde Manuel del Valle –un político de ruán, más serio que uno que yo me sé al que llamaban El Tiniebla en sus años de estudio– los concejales se enfrentaban en los Plenos jurando en arameo si era necesario, pero después confraternizaban en los bares de los alrededores. Era perfectamente habitual que el abogado Adolfo Cuéllar, histórico del PCE y un sevillano que fue hermano de la Carretería y la Pura y Limpia, se llevara la mar de bien con Manuel García, del PP y de la Macarena de toda la vida, y que ambos compartieran un tinto con Manuel Fernández Floranes, el socialista que siempre tendrá voz de presentación de pregonero y que fue costalero de riñones y ojiva en San Esteban. La acritud se quedaba en los bancos del plenario y en algunos titulares de prensa. Entre El Portón y Trifón, los ediles se repartían en convivencias de forma ordinaria y con una espontaneidad que con el paso de los años sólo mantuvo la socialista Rosamar Prieto-Castro, reserva espiritual del buen ambiente de aquellos años de autobuses de Tussam azules, blancos y con la franja roja. Pero llegaron las vacas gordas, entró el dinero y se nos rompió el amor. La vida política se crispó, se radicalizó en muchos momentos y hasta se judicializó. En Sevilla hay un grupo de concejales que están dispuestos a recuperar ese espíritu de concordia, al menos un par de veces al año. Ahí tienen, en animada velada, a dos concejales del PP, Beltrán Pérez y Rafael Belmonte, y a dos del PSOE, Miguel Bazaga y Juan Carlos Cabrera. No es un conato de gobierno de concentración a lo Merkel… Sobre todo porque Zoido, aunque le guste la Cruzcampo de Cuesta y Paradela, es mucho de melva y poco de salchicha. Tan sólo se trata de una reunión navideña de ediles de diferentes siglas con la excusa de su afición a las cofradías, como en los viejos tiempos de aquellas corporaciones de las que ya sólo quedan los maceros.
La cita fue en Casa Ovidio, donde se forja la concordia de la croqueta. Dicen que, por supuesto, hablaron de cofradías. Bazaga, reconocido amante de la cornetería y de los chistes con picante, es devoto del Sol. Cabrera es macareno y, por cierto, votante de Manolo García. Y si a Belmonte –todo un obispo laico de Bellavista– se le rasca el habitual terno oscuro, seguro que aparece el ruán morado del Cristo de la Corona. Para los íntimos queda que Beltran Pérez guarda un cariño especial por la Hermandad de la O, la pionera en atreverse a cruzar los puentes.
Cuentan que no sólo se departió de cofradías. También bromearon, compartieron penurias de gobierno y oposición, reivindicaron la política en sus mejores valores y soportaron a los típicos pesados haciendo fotos para el recuerdo porque no se creían lo que estaban viendo. Los retrataban como si fueran marcianos recién bajados de una nave. Hay quien comentaba que podrían llegar a formar un buen equipo de gobierno, pero esas cosas solo pasan en Alemania. Donde no hay melva, ni croquetas de Ovidio. Donde se ponga la croqueta de Ovidio que se quiten la luz y los taquígrafos. Sobre todo la luz, que se ha disparado.