El Fiscal | 7 de junio de 2009 a las 13:31
Lo del traslado a la Catedral de la Esperanza de Triana fue antológico. Con el sol en lo alto desde el viernes invitando a la evasión playera, con la aldea del Rocío de bote en bote y con el Real Betis jugándose el futuro, todo estaba razonablemente planteado para dudar de una presencia masiva de público en las calles. Recuérdese, sin ir más lejos, que la ida matinal a Santa Rosalía del Gran Poder dejó preocupantes claros de público en muchos tramos del recorrido, lo que por fortuna no se produjo en el regreso nocturno. La Esperanza pudo con todo, atrayendo público por Adriano y Arfe desde dos horas antes de su llegada.
La Policía cifró en casi 8.000 las personas congregadas en el Puente para despedirla. Todo un éxito de convocatoria del que se pueden sacar muchas conclusiones positivas. El paso avanzó como pudo en muchos momentos, se recreó en el Baratillo con el exceso esperado y llegó a la Catedral a las 23.35 horas. Tan glorioso traslado dejó estampas también para el comentario jocoso, como la del portador de la cruz de guía atendiendo una llamada de su telefóno móvil en plena procesión. Podría haber usado un auricular bluetooth. Como Marichalar.