Archivos para el tag ‘Ricardo Suárez’

Niño del Tardón

El Fiscal | 8 de octubre de 2017 a las 5:00

nazareno de San Gonzalo

ESTOS días de gloria se despierta el barrio con la ternura e inocencia que decoró el comienzo de tus días. Todo el barrio es en estos amaneceres un niño que estrena coronación. El Tardón, todo el Tardón, tiene hoy tu sonrisa de nazarenito albo. En tu cara se dibujan los óleos de tu mejor pasado, en tu túnica está cosida la esperanza de vida que siempre se intuye tan larga y alambicada como unos candelabros de cola, en tus pelos revueltos se dejan ver las marcas de las travesuras de un pequeño Caravaggio a la búsqueda de un cardenal que lo proteja de sus correrías. Estos días de centro, Catedral y altar, el barrio retorna a tu pasado, al de tus padres, al de los amigos de tus padres, al de tus hermanos de vivencias de Lunes Santo, al de tus hermanos de cuadrilla, ¡vamos a no aliviarnos que esto da jabón! Estos días el barrio es un elogio de la emoción, tiene el sabor de los barquillos que le gustan a Alfredo Flores en las tardes de finales de primavera, tiene el ajetreo de la plaza de abastos, donde el mejor lunes del año se mezclan los tomates, las carnes y los pescados con los nazarenos adultos que llevan de la mano a pequeños nazarenitos descubiertos para que a la Virgen nunca le falten los frutos y la recova de una fe renovada. Estos días el barrio vuelve a fijarse en las figuritas de madera de naranjo sin azahar de los varales del palio, estos días la Virgen de la Salud está también escoltada por los guardamantos que protegen los recuerdos de tisú de plata, la Virgen que siempre busca la sombra azul Baratillo, el refugio fresco de los frondosos plátanos de indias de Adriano, un oasis verde tras las calores del puente. Estos días el barrio revive, que es lo que hacen las cofradías continuamente: revivir más que vivir, recordar y honrar a sus antepasados.

Pequeño nazareno del Tardón. Hijo de José Antonio y de Dolores, niño del maniguetero, tío de nazarenito con varita. La vida se detiene durante toda una semana para hacer la foto fija del pasado, para sacarte de nazareno al patio donde siempre hay rosales y geranios, donde siempre está por brotar la flor del encanto de la primera jornada laborable de la Semana Santa, donde San Jacinto siempre aparece como un singladura inacabable y los retornos nocturnos son lentas pisadas sobre cera roja y blanca en los adoquines gordos de tu memoria.

Estos días, otra vez, vas de la mano de tu padre, como fuiste con la Dolorosa de Rafael Lafaque, como ahora lo llevas tú a él ante la Virgen de Ortega Bru. Las manos de tantos padres y de tantos hijos que se ven en tu foto de papel, los relatos de los años difíciles, las polémicas con la parroquia, los ensayos de la cuadrilla nocturnos y los diurnos, el bocadillo en el Postigo, el antifaz levemente alzado para beber, el fíjate niño en la Virgen del Pilar que preside la delantera, el malestar de la mañana del Martes Santo que se combina con el frescor de la gloria vivida, hermosa contradicción que, como el amor de Lope de Vega, sólo saben los que lo han probado.

Estos días el barrio es como tú:un niño dispuesto a vivirlo todo con un futuro largo como la Avenida de Coria, glorioso como San Jacinto, triunfal al entrar en el centro como Reyes Católicos…

La vida son hitos en los que a veces toca ver a esa mujer revestida del sol, con la luna bajo sus pies y una corona de doce estrellas sobre la cabeza, como siempre la soñó aquel pintor. El Tardón es hoy un niño con hambre de algodón de azúcar comprado junto a la calesitas de San Martín de Porres, un niño deseando que la noche alumbre su cirio para soñar con una bola grande, un niño con una túnica blanca de dobladillo largo, muy largo, que se irá recortando con las tijeras de los días. El dobladillo se hará más corto, ley de vida, pero la fe será cada día más fuerte. La vida es caminar detrás de un manto, sentir los codos ajenos en los riñones, apretar el palermo, abrazar la cruz en momentos de bulla y, al final, acabar siempre en unas hermosas calles de casitas bajas donde el azahar lame todas las heridas.

Mauri, el reto macareno

El Fiscal | 24 de diciembre de 2016 a las 5:00

mauri

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Lleva más de cincuenta años en el oficio. Tiene bien ganado el cirio verde en la cofradía del gremio. Es conocido por sus paisajes, retratos y bodegones. Por el empleo de tonos apagados, pardos y marrones. Su nombre, su trayectoria, su devenir profesional, va ligado a los de Carmen Laffón, Teresa Duclós, Joaquín Sáenz, Joaquín Meana, Jaime Burguillos o Diego Ruiz Cortés. José Luis Mauri recibió esta semana un encargo muy especial, quizás el más hermoso de su dilatada trayectoria, tal vez el más especial: pintar el cartel de la Semana Santa de la Hermandad de la Macarena. Pintar, en definitiva, a la Virgen de la Esperanza. Se trata de un cartel que vuela muy alto en los últimos años por el oficio que pone en la tarea el asesor artístico de la hermandad, el pintor Ricardo Suárez. Suárez se fue al barrio de Los Remedios a entrevistarse con Mauri, a pedirle permiso para proponer su nombre a la junta de gobierno que preside Manuel García García como hermano mayor. Fueron momentos emocionantes. Tal vez muchos no sepan nada de la trayectoria de este caballero del Arte, porque Sevilla no suele paladear ciertas exquisiteces, más que nada porque la ciudad suele ser tan ignorante ante la calidad, como osada en el enaltecimiento de la banalidad. Mauri dijo que sí: “Yo lo único que quiero es quedar bien con la ciudad y con la hermandad de la Macarena”, acertó a decir este grande de la figuración sevillana. Y telefoneó a Carmen Laffón, que pintó este cartel en 2013 dejándonos una obra soberbia de suaves verdes y un rostro inconfundible en esos tonos pastel que son a su pintura lo que el merino a la capa de un nazareno de Juan Manuel. Laffón no lo dudó al animarle a asumir la empresa: “Estamos todos contigo, José Luis”.

Mauri pintará a la Macarena, su nombre entrará en una selecta galería que se cotiza al nivel de la de la Real Maestranza con el cartel taurino. Sus grandes aficiones son estar largas horas en su estudio de Sevilla y dejar pasar el tiempo en Conil de la Frontera soñando paisajes. En su obra religiosa figura un retrato de Madre María de la Purísima. Nada extraño. En su casa está expuesta la firma de Santa Ángela de la Cruz. Quién le iba a decir a Mauri que acabaría pintado a la Virgen de la Esperanza, la que presidió la ceremonia de canonización de Madre María de la Purísima, ante la que se postran cada Madrugada las hermanas de la Cruz cuando la cera viene baja y las mariquillas danzan entre las luces del día.

Carmen Laffón le dijo lo que muchos pensamos: “Estamos todos contigo, José Luis”. Se lo dijo precisamente la pintora que se ha prodigado poco, lo justo, en la obra cofradiera. ¿Para qué más, doña Carmen, si le pidieron a usted un cartel y nos regaló todo un azulejo?

Mauri es un señor. Como el hermano mayor, Manuel García. Estoy viendo a Manolo hacerle el encargo formal en presencia de Suárez en los próximos días: “Dice Ricardo que usted pinta como los ángeles. Y lo que diga Ricardo va a misa. Quiero que sepa que tiene usted total libertad. Sólo se le pide que aparezca la Virgen de la Esperanza”. Estoy viendo a Pérez Aguilera disfrutando en la intimidad del estudio de Mauri de la Macarena recién pintada, como recién posados los cuatro zancos en la mañana del Viernes Santo, antifaces al hombro, sol alto y chiquillería apeándose de la reja. Estoy viendo a Mauri emocionado en la basílica la noche de la presentación, recordando tal vez sus duros inicios en el Madrid de los años 50, evocando quizás a Félix de Cárdenas –la muerte nunca puede ser en soledad cuando se acaba de pintar a la Macarena– o pensando cómo no se le habría ocurrido pintarla antes. “Estamos todos contigo”, le dijo Laffón, sabedora del reto que supone para un pintor la interpretación del rostro de la ciudad, la cara donde están las oraciones de quienes no viven ya entre nosotros pero algún día la miraron mientras musitaban una plegaria. Estoy viendo a Carlos Colón esa noche en la basílica, paladeando como pocos cuánto de vivido y trabajado hay detrás de ese cartel que ya existirá en la mente de su autor. Decía Daniel Puch que sólo hay un oficio más hermoso que el de pintar, que es el de dedicarse única y exclusivamente a pintar.

Qué regalo más hermoso ha dejado la Navidad a los pies del caballete y los pinceles de este vecino de la ciudad que ahora tiene el honor, el reto y la valentía de pensar en clave macarena. La pintura, acto supremo de libertad como es la literatura, se convierte en un testimonio de fe cuando se pinta a la Macarena por encargo de su hermandad. Y eso es otra dimensión.

Aquellos crucifijos de Derecho

El Fiscal | 30 de octubre de 2016 a las 19:29

Estudiantes
QUÉ feliz está Antonio Piñero con el regalo que ha recibido de la Hermandad de los Estudiantes en homenaje a sus ocho años como hermano mayor. Está pletórico por dos motivos. Primero, porque no se trata de una foto tamaño XXL con un marco dorado recargado con volutas y otros espantos. Ysegundo, porque se trata nada menos que de una preciosa réplica de los crucifijos que en tiempos presidían las aulas de la Facultad de Derecho. La tabla es obra de Ricardo Suárez, el artista que tiene perfectamente cogida la medida al Cristo de la Buena Muerte, tanto en pintura como en escultura de bajorrelieve.
El actual hermano mayor, Jesús Resa, no dudó a la hora de elegir al autor de un encargo tan particular. Quién mejor que Ricardo. Piñero siempre ha echado de menos que la Hermandad de Los Estudiantes no conserve ninguna de aquellas preciosas tablas, retiradas en 1998 siendo decano el desaparecido Manuel Ramón Alarcón, que camufló su objetivo con la orden de pintar las aulas y la apostilla expresa de no dejar puestas las alcayatas. Las tablas, que habían sido colocadas en 1956, fueron depositadas en un almacén y, con el paso del tiempo, acabaron en los despachos o domicilios particulares de algunos catedráticos y profesores.

La Universidad de Sevilla venía por aquel entonces de estrenar un servicio de asistencia religiosa que fue pionero en España, copiado después por otras universidades, y que fue posible gracias a las facilidades dadas por un rector que no era precisamente conservador: Javier Pérez Royo. Aun así, las tablas fueron retiradas no sin cierta polémica. Esta obra de Suárez muestra a muchos cofrades jóvenes una estética del Cristo de la Buena Muerte desconocida para ellos.

Quizás lo sustancial sea que, al menos, la hermandad sigue en su casa:la Capilla de la Universidad. Que también hubo intentos, ya superados, para efectuar un desahucio.

La Esperanza de los azulejos antiguos

El Fiscal | 4 de octubre de 2016 a las 5:00

presentación del cartel del 50 aniversario de la basílica de la MACARTENA
El jueves se presentó el cartel anunciador de los 50 años de la dedicación y declaración como basílica menor del templo la Macarena. Se trata de una obra de Reyes de la Lastra, que ha realizado una preciosa, colorista y alegre pintura al óleo sobre lienzo. La autora, especialista en retratos, decidió volcarse en la Virgen de la Esperanza antes que en el edificio, pues no hay mejor arquitectura que su rostro. Sin Ella no habría basílica ni decreto de Pablo VI, ¿o no? En el pecherín sí aparece recreada la espadaña del templo en el lugar habitual de la Medalla de Sevilla. La Esperanza de Reyes de la Lastra recuerda la de los azulejos antiguos, evoca los carteles de Semana Santa de los años cincuenta y sesenta. Otro éxito más de esta pintora, que fue presentada por Ricardo Suárez, asesor artístico de la hermandad.

La fe del maniguetero y la salud concedida

El Fiscal | 26 de septiembre de 2016 a las 14:01

azulejo
El día que José Antonio Suárez se levantó, una vez más, del lecho de dolor para asirse a la manigueta de la vida, tuvo claro que debía realizar una ofrenda a la Virgen de la Salud. Qué mejor que estas fechas, las de la vísperas de la coronación. Qué mejor que un azulejo con la Inmaculada Concepción. Qué mejor que la mano del hijo artista, influido por las recomendaciones de Pacheco a la hora de representar a la Inmaculada: “.. una mujer revestida del sol, con la luna bajo sus pies y una corona de doce estrellas sobre la cabeza”. Qué mejor que un paisaje de fondo inspirado en el Guadalquivir, el río por donde salió la devoción concepcionista hacia el Nuevo Mundo. Y qué mejor que la técnica tradicional trianera a base de de óxidos silicatados sobre azulejo bizcochado de Mensaque. El viernes fue bendecido en el Tardón. Allí estuvo José Antonio, el maniguetero con fe. Levántate y anda. Cogió la manigueta. Y Ricardo se puso a pintar.

Félix de Cárdenas en el estudio de Suárez

El Fiscal | 16 de febrero de 2016 a las 12:00

félix
Este año sí. El pintor Félix de Cardenas acudió esta semana al estudio de Ricardo Suárez, asesor artístico del hermano mayor de la Macarena, para entregarle el cartel de la Semana Santa que ha pintado por encargo de la junta de gobierno que preside Manuel García. La obra será de impacto. El artista, que debió pintarlo para la pasada Semana Santa, tuvo que posponer su realización al someterse a una intervención quirúrgica. Cárdenas está la mar de bien. Y el cartel, dicen que también.

Cartel

El Fiscal | 10 de febrero de 2016 a las 5:00

SEVILLA,08/02/2016.
CUANTÍSIMO catedrático de Arte hay en Sevilla. Más que seleccionadores de fútbol en España. ¿Para cuándo un estudio de la Junta sobre la ratio de expertos en pintura y escultura que pululan por la urbe? En Sevilla siempre se toma como referencia de medida el número de botellines de la Cruzcampo para decir la de ma… Maestros que hay sobre alguna materia. Pues eso: en Sevilla hay más catedráticos de Arte que botellines fresquitos de la Cruzcampo, ¿verdad Jorge Paradela? Ha sido descubrirse el cartel de las Fiestas Mayores en el Salón Colón y se ha disparado la ratio (que suena a rata), han salido aullando los gatos de la barriga de tres en tres (para no dejar retraso en la carrera oficial de las envidias) y se han multiplicado las fobias de los resentidos de guardia. ¡Qué espectáculo! Ábrete un botellín, Ricardo Suárez, que empieza la cuaresma.

El selecto club de los que repiten cartel

El Fiscal | 9 de noviembre de 2015 a las 5:00

Sala Villasís.
NO hay casos de cofrades que hayan dado dos veces el pregón de la Semana Santa, aunque alguno hay dispuesto a descriogenizar el chaqué, calentar la banda y salir de nuevo al escenario del teatro a soltarnos la barrila con la que ya nos aletargaron en el Lope de Vega o en el Maestranza, según el caso. Al menos, no hay casos de repetición en el acto del pregón tal como nos ha llegado. El cartel de las Fiestas Mayores de la ciudad es muy distinto. Hay pintores, del grupo de los ilustres con calle en Sevilla, que lo han realizado dos y hasta tres veces. Hohenleiter, Gonzalo Bilbao, Jiménez de Aranda, Santiago Martínez, Maireles, Rico Cejudo, Juan Miguel Sánchez, Ramón Monsalve, García Ramos… Hubo un tiempo en que el cartel de Semana Santa se consideró agotado y el Consejo, con bastante acierto, apostó por la fotografía varios años. El Ayuntamiento no ha dejado de confiar la promoción de sus principales fiestas a pintores, incluso con partidas económicas importantes hasta no hace mucho.

Ricardo Suárez, autor del cartel de 2000, ha sido elegido para pintar el de 2016. Es de sobra conocido en la ciudad. Y conoce sobradamente la ciudad, con la que mantiene esa peculiar relación de amor basada en la crítica, en la exigencia, en el reproche continuo para denunciar la indolencia. Como buen artista, se rebela contra el orden y los convencionalismos establecidos, tiene la acidez necesaria para provocar, agitar y remover al público en óleos y opiniones sobre asuntos de actualidad; suele exhibir una gracia innata que no sólo no tiende nunca al cliché de gracioso, sino que adquiere con facilidad e ingenio una forma de punta de colmillo con la que se abre paso en la selva urbana de cada día. Ylo más importante: al tener tan escrutada la ciudad, no le tiene ningún miedo.

Romántico que vive de su pintura, paga la factura de su libertad, como cuando dio nones al Consejo con el cartel de la Semana Santa al no estar remunerado. Y eso que trabaja gratis para las cofradías y entidades sociales cuando le sale… de la paleta.

Su obra no dejará indiferente. Siempre ha tenido claro que un cartel es un grito, un aldabonazo, un golpe, la expresión de un estado de ánimo, una denuncia, una reivindicación, una ausencia. Una cosa es segura: no hará una postal, ni será cobardón. Pasados los cuarenta, uno ya no debe bajar algunos peldaños, ni anunciarse en ciertos festivales, sino cumplir la enseñanza recibida:en la vida, como ante el toro, en corto y por derecho.

Palabras de Dios

El Fiscal | 27 de enero de 2014 a las 14:01

Cartel Ricardo Suárez
Ricardo Suárez ha impactado con el cartel anunciador del pregón universitario de Los Estudiantes de 2014. El arte del toreo no es cuestión de cantidad, sino de emoción, de poder, de mando, de vibración. Con la pintura de los carteles ocurre lo mismo. La cantidad es lo de menos. En dos pases y una trinchera se puede decir lo mismo que en pocas pinceladas.El éxito está en que las cosas se hagan con esa hondura que sólo es posible desde la autenticidad. Basta poco, muy poco, cuando se domina la materia. Quién puede permitirse el lujo de pintar sólo una mitad del rostro del Dios más dulce, humano y divino de la Semana Santa de Sevilla y recrear la otra mitad con palabras. Sólo lo puede hacer quien maneja a la perfección la técnica del cartel y los rasgos de esa faz amorosa tronchada como una rosa. Mitad Dios, mitad caligrama. Mitad fe, mitad cultura. Mitad carboncillo, mitad palabras. Mitad agua, mitad vino. Palabras de Dios para el cartel de un pregón, para un cartel que es en sí mismo un pregón, porque un cartel debe ser un grito, un aldabonazo, un impacto, un golpe de martillo en la parihuela de la conciencia. No hay técnicas ni manuales que impidan dejar a Dios con media cara para inventar la otra media, ni hay tratados sobre el número exacto de pases de muleta necesarios para crear arte. Tal vez uno, a veces sólo dos… Sólo con autenticidad se consigue la hondura que es el sello del éxito. Basta con verle media cara para intuir la otra media.

El pertiguero

El Fiscal | 11 de octubre de 2010 a las 18:15

Primer golpe. El ex vicario general Francisco Ortiz se hace cargo de Cáritas tras el hueco dejado por Manuel de los Santos.
Segundo golpe. Los sms del Fiscal. “Las entradas de la beatificacion de Madre Purísima tenía que haberlas repartido el mismo del concierto de U2, verías cómo no había huecos en el Estadio de la Cartuja. Es menester ver que Bono lleve más gente al Estadio que la mismísima Madre de Dios…”
Tercer golpe. El hermano mayor de los Panaderos agradeció la labor de Fiestas Mayores en la ceremonia de imposición de la la medalla de la ciudad.
Y ciriales arriba. Hay que preguntarle al pintor Ricardo Suárez por el estado de conservación de la obra de Montañés en San Isidoro del Campo.