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Los nuevos riesgos de la Madrugada (I)

El Fiscal | 10 de diciembre de 2017 a las 5:00

madrugada

NI un solo papel del acuerdo de la Madrugada ha llegado aún a los despachos oficiales, a los responsables de los cuerpos de seguridad, ni a quienes tienen las competencias sanitarias o de consumo. Nada. Pareciera que las hermandades tienen cogida a la Madrugada como su particular rehén. ¿Una especie de secuestro? ¿Perder tiempo para que las autoridades no puedan dar nones con la cuaresma encima? Mejor no pensarlo. Decíamos ayer (al estilo de Fray Luis de León, que no dio precisamente el pregón de Semana Santa) que el Ayuntamiento no ha dicho nada del pacto de la Madrugada y lo ha dicho todo al mismo tiempo. Antonio Sanz, delegado del Gobierno en Andalucía, tampoco ha dicho nada. Listo él. Sobre todo cuando el ministro del Interior, señor Zoido, se precipitó a dar la enhorabuena a los hermanos mayores por el acuerdo y prestar toda su colaboración. ¡Que tino el del ministro cuando a las cuarenta y ocho horas se armó el taco con la carta protesta del Calvario!

Un primer avance
Todos callados en los despachos –decíamos– pero todos al mismo tiempo analizando los riesgos de un acuerdo frágil, sin vocación de permanencia. Yahí está el primer riesgo que ya anunciamos en esta página:la falta de fe en el acuerdo de la mayoría de los que lo habían firmado. Pero avancemos sin prisas, sin avalanchas. Los expertos en seguridad han analizado el acuerdo y, en líneas generales, se obtienen varias conclusiones a tener muy en cuenta. Nunca se olvide que no se trata sólo de establecer itinerarios más seguros, sino de analizar cómo se moverá el público en función de esos recorridos, en qué horarios y en qué condiciones puede hacerlo, pues no es lo mismo el perfil del público del Miércoles Santo a las siete de la tarde que el de la Madrugada a las cinco y media de la noche.

El cambio de la Macarena, que regresará por la Cuesta del Rosario y la Alfalfa, es interesante y supone una mejora respecto al pasado. Esta novedad se interpreta como un ejemplo de decisión personal que hasta hace poco se veía como imposible. Con este cambio se evita la calle Cuna y el sector de Orfila y Martín Villa y, por lo tanto, se obvia el conflicto de paso con los Gitanos. Ya no habría tapón. Incluso se deja pasar más rápido a los Gitanos y se evita la aglomeración del Salvador y Cuna.

No obstante, aparece un riesgo nuevo en la Alfalfa en dirección hacia San Pedro, donde el público que ha visto pasar a los Gitanos querrá ir a buscar la Macarena. Estará por ver cómo evoluciona ese público en la zona de Sales y Ferré, un sector de riesgo que ya tuvo que evitar la Candelaria en su momento. No obstante, lo más importante para las autoridades es la buena disposición de la Macarena a asumir un cambio, pues se apunta al inmovilismo como uno de los males que lastran cualquier solución eficaz pata esta jornada.

Problemas
El pacto de la Madrugada presenta riesgos generalizados. Se aprecian demasiados casos en los que no se afronta la necesidad de que los cortejos no se toquen. No se guardan suficientes tiempos de respeto (márgenes de seguridad) entre cabezas y colas de comitivas. Se descarta, por supuesto, que sea conveniente poner los nazarenos de a tres en calles estrechas. El mejor ejemplo al respecto es el del Silencio por Cuna, donde gracias a la grabación del senador Toni Martín se vio cómo reacciona una hermandad que forma sus tramos por parejas: con mucha más soltura y espacio. Los expertos inciden en que la tendencia debe ser la de acortar los recorridos, nunca la de su ampliación, y la búsqueda de la línea recta, jamás el recoveco. Yestas dos últimas recomendaciones no se siguen en el frágil acuerdo para 2018. Sin duda alguna, se recomienda poner coto al crecimiento en las nóminas de nazarenos.

Un cruce sin solución
En el primer análisis de las autoridades se deja bien claro que la propuesta no soluciona el punto de intersección entre la Esperanza de Triana y el Gran Poder. Hasta ahora se ha paliado con un dispositivo especial del Cuerpo Nacional de Policía. Si ese dispositivo no se puede repetir o aumentar, el recorrido presentaría riesgos de seguridad y de organización más que importantes. Se insta a estudiar cómo se comprime la Esperanza Triana de forma digna y con decoro para ceder el paso al Gran Poder, todo lo cual dentro de unos márgenes de seguridad adecuados y sin olvidar nunca el punto crítico que de por sí supone el entorno de la Magdalena y la calle Reyes Católicos. Los expertos siguen apreciando que el retorno del Gran Poder es una de las asignaturas pendientes de la Madrugada: a la injusticia histórica se suma que cuanto más tiempo está una cofradía en la calle, más riesgo asume. Mucho más si la cofradía tiene un cortejo tan extenso y con una enorme capacidad de atracción de público en torno al Señor.

Otra asignatura pendiente sigue siendo la llegada de la Esperanza de Triana a la Campana. Sí se ve positivo que la salida del Calvario se realice sin la presión de la Esperanza de Triana, aunque sí del público que convoca la cofradía del arrabal, que no suele ser del perfil que concita la del Calvario. El público trianero sí empezaría a ubicarse por el entorno de la Magdalena a la espera del cortejo de Triana y eso podría influir en el orden, sigilo y silencio que demanda la hermandad de la Magdalena. Aparecerían también unos puntos nuevos a evaluar en el cruce con el Silencio en vías estrechas y que se tendrían que evaluar para ser aforados adecuadamente. La necesidad de aforar espacios seguiría siendo una constante. El nuevo recorrido del Silencio, que alarga aún más su retorno, genera para los expertos situaciones inéditas para esta cofradía, que podría “tocarse” con hermandades del entorno sin que se pudiera garantizar la seguridad en caso de crisis. Se trata, según los expertos, de un panorama nuevo de calles estrechas que necesitarían de un análisis bastante más profundo.

Nuevas colisiones
En este entorno se pueden producir colisiones entre movimientos de personas en lugares hasta ahora inéditos en la Madrugada. Y lo que es peor, según los expertos, en calles estrechas sin posibilidad de maniobra para garantizar una mayor seguridad. Cuando el Silencio se dirija por laGavidia hacia Alfonso XII colisionaría con el público del Calvario de la Plaza del Museo, así como habría un potencial lugar de aglomeraciones en las inmediaciones de la iglesia San Vicente. Del mismo modo, cuando la Esperanza de Triana entre en San Pablo, el público irá desde San Eloy y sus alrededores a la búsqueda de Alfonso XII con unos flujos que se ven complicados, donde el público de el Calvario topará con el del Silencio, todo eso contando con un cumplimiento de los horarios. En este caso habría que evitar siempre las calles estrechas, desaconsejables en materia de seguridad. Por ejemplo, cuando el Calvario plantea ir por Gravina, Museo y Monsalves, la seguridad sería mayor si lo hiciera por Alfonso XII. Monsalves es una ratonera, salvo que se afore (lo que implica un mayor dispositivo policial). Alfonso XII es una calle más segura y con más vías de evacuación.

El nuevo planteamiento, en líneas generales, conlleva que hay hermandades que tienen que hacer más recorrido, por lo que el dispositivo tiene que aumentar (Policía, tráfico, sanitarios, escoltas, Lipasam…). Algunas hermandades están más tiempo en la calle, lo que contradice las recomendaciones de seguridad. Es más, determinadas hermandades están más tiempo en espacios considerados críticos. Por ejemplo, el Duque, lo que conviene valorar cuando los recursos de la Policía Nacional son escasos.

La propuesta, lejos de suponer el blindaje de la Madrugada, presenta nuevos riesgos. El pacto de la Madrugada no afronta el verdadero reto: retrasar las salidas entre una y dos horas, según los casos, para evitar la concentración de las seis hermandades en la franja horaria más crítica. El pacto es frágil e insuficiente.

La guardia del Señor

El Fiscal | 11 de junio de 2017 a las 5:00

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LA Madrugada vivió años difíciles en la Transición, cuando algunos confundieron ciertos valores y la convivencia urbana se tensionó. No hubo algaradas, es cierto, pero la calle Arfe, por ejemplo, era un punto conflictivo por la presencia de los entonces conocidos como punkies. Las crónicas describen los cristales rotos que se esparcían por algunos energúmenos al paso de los nazarenos del Gran Poder en el recorrido de regreso. Y el griterío habitual en los callejones. El Arenal era un lugar que muchos cofrades evitaban para ver al Señor. En el Ayuntamiento de entonces se lió a cuenta del uso de los chaqués en los palcos oficiales. Unos querían, otros no. Estaba todo marcado por los nervios propios del cambio de régimen político. En la Semana Santa aún se veían penitentes con grilletes y, por supuesto, muchos puestos de venta ambulante donde se despachaban salchichas olorosas y latas de refresco a las que luego se daban innumerables patadas para meter ruido a la noche más hermosa de la ciudad.

Rafael Duque del Castillo, entonces oficial de la junta de gobierno del Gran Poder, tuvo la idea de proteger la cabeza del cortejo, blindarla de alguna manera, consciente de que los primeros tramos son los que sufren mayor riesgo al asumir la función de abrir paso. Reclutó entonces a los hermanos Lacave, caracterizados, entre otras virtudes, por ser fuertes y corpulentos. Se dijo entonces que entre los primeros Lacave sumaban 300 kilos de peso y una altura de 5,64 metros. Entre sus primeras funciones estaba la de facilitar la llegada de la cruz de guía a la Campana, pues el gamberrismo amenazaba el paso de la cofradía por la Plaza del Duque. Si se fijan, los puntos negros de hace varias décadas siguen siendo hoy los mismos. Aquella hermandad se inventó su propia guardia suiza, que tenía un efecto eminentemente disuasorio, como no podía ser de otra manera. Y así sigue siendo hasta hoy. El apellido lleva treinta años dando nombre a los escoltas de la cruz de guía del Gran Poder y de algunas otras cofradías que lo han hecho suyo: se sale de Lacave cuando se escolta la cruz de guía. Ellos son la primera guardia del Señor. Ellos lo fueron cuando los policías nacionales no vestían de azul ni existía el Cecop.

Cuando hemos leído que faltaron policías en la cabeza de cortejo del Gran Poder, nos hemos acordado rápidamente de los Lacave, los primeros guardias del Señor. La gigantesca silueta de un Lacave con el palo en la mano bastaba entonces para que algunos se dejaran de bromas. Tenía el efecto de quien conduce a más de 120 kilómetros, otea un tricornio y levanta el pie del acelerador de inmediato.

A aquellos problemas se le dieron nuevas soluciones con los hermanos Lacave. Después, con el paso de los años, vino el polémico paso por la Plaza de la Gavidia, por la que el Gran Poder quiso seguir pasando a pesar de que otras hermandades evitaron una plaza marcada por la movida nocturna de principios de los años noventa. Y a partir de 2000 comenzó la amenaza de los tumultos. Los tiempos recientes demuestran que las amenazas siempre han existido. No hay Madrugada sin puntos negros, no hay historia sin conflictos. Hubo un comisario de Policía Nacional, Antonio Bertomeu, que hasta planteó la creación de un cuerpo de voluntarios para su actuación especial en la Madrugada, una iniciativa que no prosperó.

Quede claro que el Señor tiene su guardia propia en la cabeza del cortejo. Yo ponía a los Lacave todo el año a patrullar por la ciudad. A esta ciudad le hacen falta muchos Lacave con sus cirios apagaos de color tiniebla. Que se llaman palos. De palermo.

 

Dinero, dinero
El viejo cofrade recordó hace unos días que la oposición de algunos hermanos mayores al ingreso de la Resurrección en la nómina de Semana Santa no era por razones litúrgicas: “Era simplemente por dinero, porque había que repartir la tarta de las subvenciones entre una más. Cabíamos entonces a menos. A nadie le molestaban los horarios ni los itinerarios de esta cofradía, que ya se sabía que saldría el domingo, sin alterar en nada a las del sábado. Lo que algunos hicieron entonces fue lo que hoy llamaríamos postureo”.

El momento actual
Con cuatro cofradías en la cola, a la espera de negociar sus incorporaciones, muchos ya han levantado la ceja como entonces. Si la Corona, la Milagrosa, la Misión y Pino Montano entran en la Catedral, son cuatro más para el reparto de la tarta económica, amén de las estrecheces horarias y los cruces de camino que habrán de estudiar los ingenieros, que hay ingenieros expertos en la materia que se han preparado a fondo en Harvard. Las cuatro cofradías citadas quieren cobrar como las que pasan por la carrera oficial, una visión que reduce la Catedral a meta volante con derecho a avituallamiento (económico). Tan es así que quieren cobrar ya como las demás, que es lo que dicen les prometió el equipo actual de gobierno en el Consejo, donde piden tiempo para hacer las cosas a la velocidad adecuada.

El pertiguero
Primer golpe. Oído esta semana: “Yo creo que alguna novedad nos vamos a encontrar aún en la investigación, te aseguro que estamos trabajando a fondo en el asunto. Ypara el próximo año deberían hacer un presupuesto de gasto en cámaras de seguridad. Eso seguro”. Segundo golpe. Atrioscopia. La cosa se va animando (o calentando) junto al Arco. Los nombres de las incorporaciones a las candidaturas de Santiago Álvarez y José Antonio Fernández Cabrero se van filtrando poco a poco. Hay quien apuntaba en la aldea del Rocío a la posibilidad de que, al final, sólo concurriera una lista, pero parece una opción con muy poca fuerza. Tercer golpe. Glorias. ¿Una magna procesión por los 90 años de aquel congreso mariano hispanoamericano? Y ciriales arriba. Aquello se llamó “cabalgata”. Eran otros tiempos.

El lagarto de la Catedral

“Hemos vivido una semana de luto en la Iglesia de Sevilla por el fallecimiento del sacerdote Cristóbal Jiménez Sánchez. En la curia muchos ni lo saben, pero este reverendo fue fundador de la Hermandad de la Sed, donde era tenido como una figura respetable, un faro y guía de la cofradía”

Olivencia, año 1960

El Fiscal | 21 de mayo de 2017 a las 5:00

Personaje

ESE año se estrenan las jarras delanteras del paso de palio de la Virgen de la Angustia según el proyecto de Joaquín Castilla. La hermandad radica en la Anunciación, donde está la Universidad. En 1960 es hermano mayor Salvador Diánez Leal, que acabó nombrando capataz de la cofradía a Rafael Franco, que debió comenzar como tal el Martes de 1963, pero la lluvia frustró la estación de penitencia. En 1963 se produjo una hermosa unión. El Silencio se trasladó a la Anunciación hasta el 6 de marzo de 1964 con motivo de obras en su templo de San Antonio Abad. En el horizonte más próximo están entonces el célebre traslado del Cristo de la Buena Muerte a la caseta del Real Círculo de Labradores del Prado de San Sebastián por las Santas Misiones de 1965, y la última Semana Santa vivida en la Anunciación, de donde la hermandad se fue en noviembre de 1966. Por supuesto, aún no había hermanos costaleros, ni se soñaba con el manto bordado de la Virgen. Los monaguillos se podían contar con los dedos de una mano, entre ellos uno llamado José Moya Sanabria, que por el patio de la vieja universidad andaba de la mano de su padre, Juan Moya García, maestro de abogados. Aún quedaban unos años para la búsqueda en Ceuta de marfiles de colmillo de elefante para el techo de palio, un periplo en el que algún hermano de la cofradía aprovechó para ver un partido del Betis. En las cajas donde se transportaron los marfiles se guardaron después los juguetes de unos niños muy queridos en la cofradía. El paso de Cristo aún no salía con lirios, no existía el pregón universitario, ni tampoco el aula Cultura y Fe.

En octubre de 1960, el año en el que hoy fijamos la atención, se inscribió en la cofradía Manuel Olivencia Ruiz, natural de Ronda, vecino de la calle San Vicente, de 31 años. Se comprometió a pagar la cuota anual de cien pesetas. El 6 de diciembre fue admitido como hermano por el cabildo de oficiales y el 18 del mismo mes prestó el juramento de las reglas. Fue presentado por el hermano mayor, Salvador Diánez. Ingresó en la cofradía en el final de una etapa histórica: la de la Anunciación, de la que queda el hermoso azulejo de la plaza acosado hoy por las terrazas de veladores. La hermandad, con buen criterio, se marchó seis años después a la capilla de la calle San Fernando, porque el Cristo de Los Estudiantes debe estar donde esté la Universidad. Siempre.

Olivencia recibió la noche del pasado miércoles el VI Premio Manuel Clavero que concede Diario de Sevilla, un acto que se celebró con toda solemnidad en el Patio de la Montería del Real Alcázar. Se produjo una bonita coincidencia cofradiera, pues son hermanos de Los Estudiantes don Manuel Clavero, que da nombre al prestigioso galardón; Olivencia, que lo recibió, y José Moya Sanabria y Concha Yoldi, patrocinadores del premio desde su creación. Todo, de alguna forma, quedaba en la lonja con la memoria puesta siempre en la calle Laraña.

Iglesia del Salvador. Reportaje con Fernando Mendoza y Joaquín

La memoria de Moeckel

Ocurrió hace quince años. El abogado Joaquín Moeckel lideraba una polémica contra el Arzobispado por el intervencionismo episcopal en las reglas de algunas hermandades. La autoridad impuso por las buenas cuestiones referentes a las nazarenas, la edad mínima para ser hermano mayor y la designación de los directores espirituales. Moeckel recurrió como hermano mayor del Baratillo. En el asunto de las nazarenas logró que la imposición se convirtiera en un exhorto pastoral. Y en las otras dos cuestiones, el entonces secretario general y canciller, Francisco Navarro, le envió una carta informándole previamente de la nueva redacción de los preceptos. Es decir, la jerarquía eclesiástica le dio una suerte de derecho de audiencia antes de dictaminar. Moeckel mostró la carta de Navarro el otro día en la Universidad de Sevilla con ocasión de un curso sobre Derecho y Cofradías de los que promueve el profesor Martín Serrano, una iniciativa de altura que es digna de elogio. El letrado del Arenal reivindicó una especie de memoria histórica. Aquello fue un debate de altura, donde el cardenal vio un interlocutor con el que se podía discutir. Y el interlocutor supo defender su posición sin convertir jamás al cardenal en una figura vulnerable. La prueba es que, al final, Don Carlos le concedió por motivos varios la medalla Pro Ecclesia et Pontífice. Conviene recordar estos hechos. Conviene defender el derecho de audiencia. Conviene saberse la historia reciente.

cartel junio

El éxito de un cartel

El miércoles se presentó el cartel del junio eucarístico que edita el Consejo, obra de los hermanos Rubiño. Han empleado técnicas de representación arquitectónicas para conseguir un efecto tridimensional, de maqueta. El cartel combina con armonía la tradición con la modernidad. Tiene mucho de infografía, de horas de ordenador bien trabajadas. Hay que felicitar al Consejo que preside Joaquín Sainz de la Maza por esta apuesta. No le ha faltado ni la prueba del algodón del éxito, que es el cuarto y mitad de guasa de ciertos conspicuos cofrades que dicen que parece el cartel de un congreso de numismática. Como cuando dijeron del apaisadísimo cartel de las glorias  de 2016 que servía para anunciar el vía crucis de Itálica por lo oscura que estaba la escena. Lo peor de un cartel, de un pregón, de cualquier actividad pública que se ejerza en Sevilla, es que no genere ni cien gramos de guasa.  Este cartel de los Rubiño es muy bueno. Por eso se remata como las cofradías perfectas: con el cortejo del preste de la guasa hispalense.

 

 

 

 

Una Semana Santa al borde de la troika

El Fiscal | 23 de abril de 2017 a las 5:00

INCIDENTES EN LA MAGRUGç

Una Semana Santa en crisis, como una nación en crisis, requiere de grandes reformas. Cuanto más tardó Zapatero en negar la crisis económica, más tardó España en comenzar a ver la luz del túnel de la recuperación macroeconómica. La otra, la microeconómica, ni mucho menos está lograda, como denuncia monseñor Asenjo en sus recientes intervenciones públicas: “No olvidéis a los pobres”. Las denuncias sobre los excesos y despropósitos que marcan esta Semana Santa de comienzos del siglo XXI han sido tildadas no pocas veces de estar formuladas por puristas, defensores de esencias perdidas o directamente por carcas. Esta Semana Santa que nos ha tocado vivir, heredera del boom de los años 90, exige mucho cariño y ninguna reticencia a determinados cambios. Exige decir no, exclamar un basta ya ante muchas prácticas con las que las propias cofradías han contribuido a viciar el ambiente, a generar un tufo de decadencia que ha tenido efectos perversos. Esta Semana Santa está a un paso de quedar intervenida por una troika (Ayuntamiento-Cecop-Delegación del Gobierno) ante la incapacidad de las propias cofradías para resolver sus problemas.

La desaparición del cofrade ejemplar. Luis Rodríguez-Caso reivindicó el concepto de capillita en su Pregón de Semana Santa de 1988. ¿Sería posible hacer lo mismo hoy? El capillita como tal es una minoría. Su tipo ha sido orillado, sustituido, reemplazadlo. Su figura, culta, inquieta y habitualmente de indumentaria pulcra hasta en los meses de calor, ha sido desplazada por la del friki, el aficionado, el obsesionado por grabarlo todo con el teléfono inteligente. Ya no está Luis para defender al capillita, ni Sánchez Dubé para denunciar el fenómeno del bandismo, que pone en evidencia la excesiva notoriedad de los músicos. Ya no están cofrades modélicos como Juan Carrero, Manuel Toro, José María O´Kean, Ramón Martín Cartaya o Vicente Acosta, ni sacerdotes como Eugenio Hernández Bastos, Juan Garrido o Manuel Benigno García Vázquez. ¿Dónde están esos modelos de conducta ejemplar? ¿Ustedes se imaginan ahora un señor como don Antonio Colón en la salida del Silencio? A las doce de la noche, una hora antes de que la Santa Cruz se pusiera en la calle, el público de los alrededores de San Antonio Abad era más propio del que hace espera para un concierto de heavy metal en la Cartuja. A veces pareciera que la gente culta y formada huye de las cofradías como de la política. Y, claro, los nichos vacíos son ocupados por aficionados, o por gente de buena voluntad pero ineficaz para asumir los grandes retos que hoy se precisan.

Las prácticas a deshoras. Admitir que un paso de palio como el de la Virgen del Dulce Nombre entra puntual cuando lo hace a las 3:55 horas es un horror. Las cuatro de la madrugada no son horas para que una cofradía transite por la calle una jornada laborable. Lo mismo cabe decir de San Gonzalo y, muchos años, de la Candelaria o los Panaderos. Hay que reducir tantas horas de exposición al riesgo. Aún están recientes los episodios de reyertas en los alrededores de la calle Orfila en las primeras horas del Jueves Santo. Tanto se ha permitido el crecimiento de la nómina de la Semana Santa sin criterio alguno que se han colmatado franjas horarias que ahora serían necesarias para ciertas reformas. Se han asfixiado las jornadas. Se ha agotado el crédito por aplicar un buenismo por el que cualquier cofradía valía siempre que las que ya estaban no perdieran su orden de paso o sus sacrosantos minutos de tránsito, como si éstos fueran los vellocinos de oro particulares. De los lodos de la falta de miras de estos últimos años son muchos barros de hoy. La Semana Santa se ha ido construyendo su propio callejón sin salida.

La decadencia total. Cofradías decadentes, perfiles bajos en casi todos los mandatarios y, en paralelo o en consecuencia, un público degradado. Nada es casualidad. Todo coincide. La sensiblería ha sustituido a la emoción tanto como la afición a la Fe. Hasta en múltiples pregones, exaltaciones y meditaciones se ha podido comprobar en los últimos años. La Semana Santa, las vísperas, la cuaresma, los pregones… Todo está pasado de rosca. Las sillas de playa han aparecido como champiñones en entradas y salidas y, por consiguiente, los utensilios con comida traída de casa, al estilo dominguero, y juegos de mesa para aliviar la espera. ¿Cuándo se había visto antes el uso de colchones y esterillas para acomodarse mientras llega una cofradía? Sillitas de chino, butacas plegables de playa, roedores de pipas, calles traseras convertidas en urinarios… En definitiva, una cochambre apreciable desde el mismo Domingo de Ramos, la jornada de público más chusco. La gente sale a la calle a sentarse o a tumbarse y, lo que es peor, en una actitud agresiva, crispada, virulenta. De los cangrejeros de los años noventa que no dejaban ni dejan avanzar al paso (incluidos algunos pregoneros de supuesto prestigio y hasta algunos clérigos) al público de barriada que se monta su propia carrera oficial como alternativa a la ocupada por los supuestos señores. La evolución ha ido a peor. A mucho peor. Hay locales comerciales de la carrera oficial que funcionan en Semana Santa como palcos de las carreras de caballo de Sanlúcar de Barrameda. ¡A beber y a yantar que la Semana Santa se va a acabar!.

La barbaridad de 32.805 sillas. La documentación oficial aprobada por la Gerencia de Urbanismo establece con toda claridad cuántos asientos hubo en la carrera oficial la pasada Semana Santa. Y fueron demasiados. Hay más localidades que en doce de los veinte estadios de fútbol de primera división. La distribución de los asientos revela unas cifras que –no nos engañemos– son temerarias. Y todo para ingresar más dinero y que las cofradías puedan tener subvenciones mayores. Hay que reducir el número de sillas, sobre todo en Sierpes. Si las subvenciones se recortan, los cofrades tendrán que rascarse el bolsillo, como dice el ex fiscal jefe, Alfredo Flores, pregonero que fue de la Semana Santa. En la Campana hubo 6.921 sillas. En Sierpes nada menos que 4.719. Sierpes es un túnel del terror hasta cuando no hay incidentes. Allí no están cómodos ni los que están sentados (arrullados en muchos casos), ni los nazarenos que pasan como pueden, ni las personas que tratan de desplazarse. Nadie. Imagínense cómo tuvieron que pasarlo nazarenos y público con ocasión de las avalanchas.

Todo está sujeto a debate. El propio Consejo de Cofradías admitió en su día que la Semana Santa era un espectáculo cultural con tal de beneficiarse de un tipo de IVA rebajado en la carrera oficial. Puestos a considerarla un espectáculo, aplíquense las leyes que regulan la seguridad de las grandes concentraciones de masas. Tal vez convenga retrasar el inicio de la Madrugada, dos o tres horas; tal vez convenga modificar órdenes de paso por la carrera oficial, tal vez cambiar cofradías de día o tal vez ampliar la carrera oficial o modificarla sustancialmente. Hay que decir no a las posiciones intransigentes. Es la hora de las medidas innovadoras. Nadie se puede negar a ningún debate. Ante un paciente en estado grave y sin un diagnóstico claro, conviene estudiar todas las posibles causas de los males e ir preparando los tratamientos. No estamos en meses de tertulias, ni para ir preparando los proyectos delirantes en la orilla de la playa, sino en una crisis muy grave de la fiesta más hermosa de la ciudad. La pasada Madrugada pudo haber diez o más muertos en el sector de Arfe, según el testimonio de un experto en seguridad y gran conocedor de la Semana Santa. La zona cero de la tragedia se localizó en el corazón del Arenal. Por muy mal que lo pasaran en otras zonas, nada fue comparable a lo de la calle Arfe.

El efecto dominó. No hace falta una estructura organizada para reventar una Madrugada. La zona sensible del centro no es tan extensa a determinadas horas en las que las seis cofradías coinciden en un radio muy limitado y, además, fácilmente comunicado. En el Ayuntamiento mantienen que estaríamos ante el mejor supuesto: los sucesos no responden a una trama, por lo que con ciertas medidas drásticas se puede controlar la situación. El cierre de los bares es una medida que ya tomaron muchísimos establecimientos hace años, cuando la cochambre se adueñó de la noche más hermosa (peligrosa) del año. A los propios bares no les compensa tener que soportar una clientela pasada de copas y que se toma la Madrugada como una Nochevieja con pasos. La troika optará por decretar los cierres de bares, acotar las zonas más sensibles y emplear detectores de metales con quienes pretendan ingresar en algunos de esos sensores considerados de especial protección. Hay mucho dinero en juego, la denominada marca de la ciudad, el prestigio de una urbe que hace 25 años, precisamente, vivía su período más brillante de toda la era contemporánea, como para dejarlo todo en manos de las propias cofradías o al arbitrio de una autoridad rehén de los opinadores de las redes sociales. La Semana Santa ha de ser intervenida, puesto que las hermandades, que en su día llegaron a hacerse con ella, no tienen capacidad para resolver el gran fracaso de la Madrugada.

El reto. La ciudad que sabía moverse en la bulla deberá demostrar ahora que tiene capacidad también para autorregularse en una avalancha. Casi acabó por demostrarlo la pasada Madrugada cuando en pocos minutos pasaba de correr atropelladamente a aplaudir a unos nazarenos asustados. La gente echaba a correr cuando oía un ruido, no cuando veía a alguna persona en actitud amenazante. Si no se supera pronto este trauma colectivo, renunciaremos a vivir en paz la Madrugada que otros nos legaron con toda su belleza, y, aún peor, condenaremos a las nuevas generaciones a tenerle miedo a la noche sevillana del año por excelencia. La autoridad debe ejercer como tal y establecer las máximas garantías. Una mayor seguridad pasa necesariamente por un control más intenso y, por consiguiente, por una renuncia a cierto grado de libertad. Esta Madrugada que nos ha tocado vivir está al borde de ser declarada en estado de excepción, de suspensión de ciertas garantías, porque la ciudad no puede correr el riesgo de que haya una nueva zona cero, ni por supuesto una sola víctima mortal. El Rey inauguró el miércoles el Foro Mundial sobre Violencias Urbanas y Educación para la Convivencia y la Paz. Eso es lo que ha faltado en la Madrugada: saber convivir. Unos han agredido los hábitos pacíficos de otros en un contexto de psicosis colectiva. Y falta desde que en 2000 quedara en evidencia la fragilidad de una fiesta que funcionaba sola, pero que ahora está al borde de ser intervenida. Es la hora de los cambios, de decir no a ciertas prácticas, de sacar a la luz pública nuevos modelos de cofrades ejemplares, de enseñar, en definitiva, una Semana Santa vivida desde la autenticidad de la Fe.

fiscal23 (II)

El ministro en el palquillo

El Fiscal | 15 de abril de 2017 a las 5:00

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¿No estuvo el Rey de España en el palquillo un Lunes Santo? ¿Por qué no iba a estar don Zoido en el mismo sitio que el momarca, pero en jornada de prime time? Ahí lo tienen, estaba tardando en sentarse en el lugar más cotizado para la oficialidad cofradiera. Más Zoido que nunca, más ministro de Dentro que nunca. Perdón, del Interior. Ya estuvo el miércoles viendo la salida del Baratillo desde el mismo balcón que los entonces Príncipes de España.

 

El poder de los símbolos de la Pasión

SEMANA SANTA 2017. SALIDA DE LA EXALTACIÓN.

No hay quien vea la cruz de guía de La Exaltación (vulgo Los Caballos) y no se detenga en los símbolos de la Pasión que luce, como ocurre con la del Gran Poder. Tenazas, esponja con vinagre, escalera, lanza, martillo… Cruces de guía que generan tertulias, preguntas, dudas, curiosidades. Cruces con poder de atracción.

Un aviso inútil
Alguien debería apagar la megafonía del tranvía en las horas en que pasan cofradías por alguna de sus paradas. Es un absurdo que por los altavoces se den explicaciones en español y en inglés sobre la interrupción del servicio –¡algo obvio!– cuando precisamente está cruzando un cortejo de silencio y el estruendo rompe el ambiente. No tiene sentido alguno. Igual que se cuidan mil y un detalles, se debería tener en cuenta también que el exceso de información, nunca mejor dicho, genera ruido. Es un horror.

La razón

El portero que no dejó acceder al obispo auxiliar, monseñor Gómez Sierra, a la parcela del palquillo del Consejo llegó a justificar su exceso de celo con una razón de peso. No lo conocía por un motivo claro: “No llevaba el gorro”. Eso explicó a los señores de la institución cofradiera.

La calle Cuna
Es curioso. Qué distinto es el público que espera a la Amargura en la calle Cuna la noche del Domingo de Ramos –primeras horas del Lunes Santo– del que aguarda a Los Panaderos en su regreso nocturno del Miércoles Santo. El domingo no se ven, por ejemplo, sillas de chino. Ninguna. Yel miércoles, como dijo aquel, estaba la “alta nobleza” tomando posiciones cuando aún faltaba una hora para la llegada de la cruz de guía. ¿La causa? Probablemente que el jueves es festivo. Y esta circunstancia es fundamental para explicar las diferencias sustanciales entre uno y otro público.

El cura Ignacio
Fue pregonero de relumbrón y es un habitual de las presidencias de los pasos desde hace muchos años. Al sacerdote Ignacio Jiménez Sánchez-Dalp le gusta tela ver cofradías, ejerce de capillita todos los años. Ayer, por ejemplo, se le vio confesando nazarenos de su cofradía de la Quinta Angustia por la calle Rioja, sacramento de la penitencia impartido con la fórmula de la absolución larga. Como Dios manda.

Vicepresidente y cirineo
Dicen que Antonio Piñero es casi más un cirineo que un vicepresidente. O, mejor dicho,mucho más que un vicepresidente. Joaquín Sainz de la Maza lleva un ritmo frenético estos días. Tanto que a veces tiene que salir Piñero a darle un respiro con tanta visita, tanto cumplimenteo y tantos compromisos institucionales.

Dos horas antes
¿Por qué había público sentado en los jardines de Murillo dos horas antes de la llegada de la Candelaria? Se trataba de personas de todas las edades. ¿De verdad que es por ver a la cofradía por ese sitio? ¿O es que no se sabe buscar los pasos por otras calles?

El cimbreo
Menos mal que el Señor del Descendimiento se cimbreaba ayer como casi todos los años. Hubo quien recordó ayer el Jueves Santo –no hace tantos años– en que la sagrada imagen fue especialmente fija al madero de la cruz. La Quinta Angustia no se concibe sin el cimbreo del Señor.

Muestras de pesar
Las que recibió ayer Miguel Bazaga, el querido director de la Delegación de Fiestas Mayores, que ha perdido a su padre esta Semana Santa. Desde el alcalde, Juan Espadas, hasta muchísimos cofrades de a pie le han dado especiales muestras de afecto.

Fotazo
El que hizo el pintor Ricardo Suárez del Cristo de la Salud, de San Bernardo, en la calle San José. El crucificado aparece enmarcado en un farol. Una estampa preciosa, digna de premio, que se puede admirar en sus perfiles de las redes sociales.

Vida

El Fiscal | 7 de abril de 2017 a las 12:33

CASI 130 monaguillos por paso llevará la cofradía de Los Estudiantes, buena nueva que confirma la vitalidad de la Semana Santa. No hay mejor música para un paso que la algarabía de este “pequeño ejército del Señor”, como los define el sacerdote Álvaro Pereira, director espiritual de la hermandad. Cuantos más monaguillos, mejor. Todo lo que se haga por fortalecer este peculiar tramo será poco. El futuro de la Semana Santa pasa por ellos. Son los lirios del mañana. Atrás quedan los intentos de algunos por reducir su presencia, viendo ruido y alteraciones donde siempre hay alegría y cantera.

Espadas al PP: “Trabajemos juntos”

El Fiscal | 6 de abril de 2017 a las 5:00

alcalde

ESTABAN juntos y en un ambiente de armonía que recordaba a corporaciones municipales del ayer. Estaba el gobierno, con el alcalde, Juan Espadas, y el delegado de Seguridad, Movilidad y Fiestas Mayores, Juan Carlos Cabrera. Estaba el líder de la oposición municipal, Alberto Díaz, y Rafael Belmonte, también concejal del PP. Estaba el presidente del Consejo, Joaquín Sainz de la Maza , y el vicepresidente de la institución, Antonio Piñero. Todos reunidos con ocasión de la tertulia El Homo Cofrade, que entregó su distinción anual al edil Cabrera. A los postres fue cuando el alcalde se refirió a la Semana Santa mirando a los ediles del PP y, por supuesto, a los señores del Consejo:“Trabajemos juntos”. Espadas sabe que él solo no puede hacer nada, que el éxito del año anterior se debió a las orejas altas que pusieron los chicos del PSOE del Ayuntamiento y los del PP de la Delegación del Gobierno tras aquella Madrugada de 2015 nefasta para el recuerdo de los cofrades. “Colaboremos juntos”, reiteró el alcalde en un foro donde también estaban ex ediles y ex presidentes del Consejo. La Semana Santa, su seguridad, es obra de todos. Espadas refirió cómo se rebajó con celeridad la alarma causada por una mujer en el Duque la noche del pasado Lunes Santo, lo que provocó unos instantes de histeria. Esto es cosa de todos. Incurrir en frikismos en las redes sociales o en propagar bulos nos afecta a todos. Bien está que unos y otros sean capaces de entenderse, para empezar, en el muy cofradiero foro de una tertulia.

Un cartel dentro de otro cartel

El Fiscal | 26 de marzo de 2017 a las 5:00

Imagen Pábilo 1 Imagen Pabilo 2

Hay carteles que lo son por partida doble. Hay paredes que son un cartel en sí mismas, como la pared del Rinconcillo donde se exhiben los cien mil carteles de la cuaresma como cien mil hijos de estos días del gozo. Está el cartel a secas, que es el del Consejo. Están los carteles de las hermandades, donde la Macarena se lleva la palma, Macarena estilizada de José Luis Mauri. Y están los carteles de las tertulias, ingenioso el de ‘La Soga de Judas’, y el del dos por uno de la tertulia ‘El Pabilo’, donde se encuentra usted con la preciosa estampa de la Virgen de las Aguas en la noche del Martes Santo (sí, he dicho del martes) y, si se fija, con las caras de dos sevillanos, los únicos de toda la bulla que están disfrutando de la maravilla que supone contemplar cómo se aleja un paso de palio. ¿Acaso no protagonizan un cartel esas dos criaturas haciendo algo que cada vez la gente hace menos? Decía Fernando Baquero en la sección La voz de la experiencia, que firma Juan Parejo cada miércoles en estas páginas, que no le gusta el comportamiento de muchos jóvenes de hoy, que ignoran el significado de las cosas, que viven la Semana Santa sin fervor alguno. Pues tiene toda la razón don Fernando, como de costumbre, pero hay que añadir que muchos adultos son, en este caso, como niñatos que salen a la calle porque sí, porque hay que salir para secundar la teoría de Vicente, que ya se sabe que iba donde iba la gente. Está el pelmazo maleducado que te pega la brasa con una charleta mientras pasa una cofradía, está el incontinente verbal que en cuanto pasa la Virgen se pone a pegar la hebra, como si no fuera bonito contemplar un paso de misterio por detrás con su cornetería y todos sus avíos, o un crucificado en silencio a la luz de cuatro hachones. ¿Han visto los brazos caídos de la Buena Muerte por detrás? Pues siempre hay alguien que perturba ese instante, inténtenlo y ya verán como acude algún cuñado a fastidiar el momento. Yestá el que acaba de terminar de pasar el paso de palio, saca el programa y ya está explicándote dónde hay que ver la siguiente, como el aspirante a ganar las metas volantes de un verdadero tour cofradiero. Y a lo mejor el tío te está privando de contemplar en silencio cómo se aleja la Virgen de las Aguas a los sones de Amarguras en la noche del Martes Santo (sí, he vuelto a decir martes), o te ha robado ese momento en que miras la partitura del músico, o aprecias el esfuerzo del tío del carro empujando las varas y cirios de repuesto, o te fijas en los cántaros de agua de la cuadrilla, en los chorreones de cera del contraguía, o en las miniaturas marianas de los últimos varales. Hay que denunciar a los pelmazos, ponerles por delante el carro de la nieve, obsequiarles durante un segundo con la peor cara, como si fuéramos picaportes de habitación de hotel donde se cuelga el letrero en rojo: “No molesten”. El cartel de ‘El Pabilo’ encierra toda una demostración: aún queda público al que no se le van las mejores. El cartel está exento hasta de los destellos del camión de Lipasam que suele ir detrás de cada cortejo, con esas barredoras que se llevan la porquería que los sevillanos, tan amantes de su fiesta más hermosa (tururú) dejan alfombrado el suelo al paso de cualquier cofradía. Hay calles por las que pasa la cabalgata del Ateneo que quedan más limpias que algunas tras el paso de una cofradía. El único sonido estridente que está permitido tras un cortejo es el del cierre de las sillas de Quidiello cuando han pasado los cinco nazarenos con cirios apagados que cierran la Semana Santa tras la Soledad de San Lorenzo, diadema, calas, rostro de nácar. Ya lo escribimos una vez:no le pongan música a la Soledad (que me perdone el maestro Marvizón) porque ya la tiene. Su música es el silencio de los sevillanos que depositan a sus pies las limosnas de las oraciones (Si no puedes nada, nada. Si puedes poco, poco. Si puedes mucho, mucho) y el cierre de los asientos de la carrera oficial, banda sonora del final de la Semana Santa que a la mañana siguiente nos obsequia ese bocado exquisito de orfebrería cara que es el paso de palio de la Virgen de la Aurora. Tomen nota niñatos y adultos, hay que saber paladear un paso de palio que se aleja. Hay que quedarse quietos, como los dos sevillanos de la fotografía, como el torero que entierra las manoletinas en el albero, como cuando acaba la misa y nadie se mueve hasta que el oficiante se ha metido en la sacristía. Quietos y en silencio. Un paso de palio yéndose es la misma vida que pasa.

Una parada en el ensayo

parihuela

Ocurrió en una noche reciente de fin de semana. En la calle Mateos Gago. Una parihuela apareció perfectamente aparcada junto a la casa de las conchas, ahora en rehabilitación, justo en el sitio que permitía el paso del tráfico rodado y el uso de las aceras, que ya es difícil conseguir eso en esa calle. Sobre la parihuela unos niños jugaban mientras la cuadrilla se refrescaba en una taberna próxima de la que salía un agradable aroma a incienso. Runruneo de tertulia, ropas de arpillera, pantalones ajustados, costales ceñidos y otros bajo el brazo. Una estampa de la cuaresma nocturna que recordaba a los tiempos del muelle. Acabado el refrigerio, retorno al almacén, venga de frente, luces rojas en la trasera como está mandado por imperativos de la seguridad vial y el aparato de música preparado.  Asombrosa la naturalidad con la que se pueden hacer las cosas cuando se saben hacer. El paso estaba allí, como formando parte del paisaje urbano. Parecía hecho a medida de ese hueco de la calle.

Problema gratuito
No haber dejado entrar a los profesionales de la información en el cabildo de toma de horas hubiera sido un error, una torpeza gratuita. Yhemos dicho bien: profesionales de la información. Ojo a la legión de aficionados… Por fortuna, todo quedó en nada. Falsa alarma. El acceso será libre con el requisito de cumplir las normas habituales de comportamiento en un lugar sagrado y de regulación de los movimientos de los reporteros gráficos. Dejemos las cosas como están.

Detalle para exquisitos
Ojo al besamanos de la Virgen del Valle en la Anunciación, que hoy continúa. Preciosos los claveles chinos de color rosa, similares a los geranios, tal como advirtió Diego Geniz en su crónica del pasado viernes de cuaresma.

Esto se acerca
Este mediodía es la mudá de la Amargura, la cita con los fantasmas que cada año congrega a más público. La Estrella está de besamanos. Y el Cristo de la Salud, en San Bernardo, se nos ofrece en besapiés. Ya hay muchas papeletas recogidas, muchas de ellas reservadas vía digital. El domingo tendremos cita importante en el Maestranza: el Pregón de Alberto García Reyes, que estos días no deja de recibir peticiones de entradas. Los ritos se van consumiendo. Las palmas aguardan a ser rizadas, los balcones esperan el abrigo de las colgaduras y los tubos de los palcos, el revestimiento de las maderas.

Feliz
Así estaba Guillermo Mira, presidente de la Archicofradía Sacramental del Sagrario, tras el ejercicio del vía crucis por el Patio de los Naranjos con el Cristo del Perdón. Este año hasta participaron los niños carráncanos con su pertiguero y todo. El acto es intimista, cuenta con la música de un trío de capilla y el ambiente evoca a aquellas salidas en andas del Cristo de la Corona antes de que se convirtiera en cofradía y saliera con paso y nazarenos. Hizo frío, pero fue una gran noche a los pies de la Giralda.

Azahar

El Fiscal | 15 de marzo de 2017 a las 5:00

AZAHAR

ESTÁ brotando con timidez, con la parsimonia de la cofradía que sabe que lleva pocos nazarenos y le imprime cadencia, mucha cadencia, a la salida de las parejas. De dos en dos, poco a poco, guardando la distancia. Hay naranjos que ya destilan ese perfume anual que deleita a los rapsodas, pero aún son pocos, como también son escasos los capirotes que se ven por las calles. Algunos no hemos probado las torrijas. Todo va llegando con cierta lentitud esta cuaresma que alterna los días luminosos con los cielos panza de burra. No está mal que las cosas bajen de velocidad y se vivan con mayor intensidad interior. Nada  mal. El cuaresmazo de la Madrugada quedó resuelto con prontitud. La crisis de los quince minutos se resolvió en otros quince minutos. Se agradece, como también se agradece la salida tímida del azahar en estos días irrepetibles.

En defensa de un estilo

El Fiscal | 5 de marzo de 2017 a las 5:00

1979

Ya no hay ordenanzas de librea con guantes blancos en el escenario del Pregón. Ni casi se ven esas pobladas barbas. Ya no hay esa batería de micrófonos. Ni el Pregón es en el Lope de Vega. Siguen estando los chaqués, la policía local de gala, los tapices, las autoridades y, por supuesto, el querido Martín Cartaya. Con el fallecimiento de Manuel Toro se ha pasado página a una época, un estilo, unas formas y una concepción de las cofradías que comenzó a decir adiós con el repentino fallecimiento de Luis Rodríguez-Caso. Se ha ido en poco más de una década un repertorio de cofrades de primera fila como José Sánchez Dubé, Juan Fernández Rodríguez García del Busto, Juan Foronda, Juan Castro, Rafael Duque del Castillo, José María O´Kean, Adolfo Cuéllar, Diego Lencina, Francisco Yoldi Delgado, Ramón Ybarra, Ramón Pineda, Eduardo Ybarra, etcétera. Incluso hay que citar sacerdotes muy, pero que muy cofrades, como don Eugenio Hernández Bastos, en la Redención; don Antonio González Abato, en el Tiro de Línea, o don Manuel del Trigo, el cura del Salvador. Con sus matices, distintos en algunos aspectos, ¡cómo no!, pero unidos por el compromiso con las hermandades, por considerar las cofradías idóneas para vivir la fe cristiana. Clásicos, serios en el mejor sentido, comprometidos. Toro era el Museo. Era verlo con su traje impecable, pico de pañuelo blanco asomando por el bolsillo superior de la chaqueta, y pensar de inmediato en su cofradía. Esa identificación plena de la persona con una hermandad se logra en pocas ocasiones. ¿Cuánta gente no da por hecho que Toro fue hermano mayor del Museo? En realidad nunca lo fue. ¿Cuántos no siguen creyendo que don Juan Moya García o don José Sánchez Dubé lo fueron de Los Estudiantes y La Estrella, respectivamente? Pues nunca lo fueron. Ni falta que les hizo a ninguno. Con tal intensidad se dedicaron a sus hermandades, imprimieron tal pasión, que lograron sin pretenderlo ser plenamente asociados con ellas. El imaginario colectivo los recuerda con la vara dorada. Aprovechen las nuevas generaciones interesadas en las cofradías para conocer los testimonios de los cofrades mayores que hoy, por fortuna, siguen entre nosotros. Oigan el relato de los recuerdos impagables de las familias (algunas tan injustamente denostadas hoy) que fueron fundamentales para mantener viva la llama de muchas hermandades en los peores años. Atiendan a la descripción de una Semana Santa probablemente más pobre, pero quizás más auténtica por menos sofisticada y, por lo tanto, con más emoción interior y menos afición impostada. Una Semana Santa que generó amor puro en quienes vinieron de fuera a conocerla y en ella se integraron, o la valoraron mejor que muchos sevillanos, como el salmantino Alfredo Flores, el peruano Jorge Bernales o el canario Francisco Morales Padrón. Con la muerte de Manuel Toro se pierde un estilo. “Que se me quiera y sepa oír”, tituló la primera parte de su pregón de 1979. Hoy recuerdo la grabación del glorioso arranque dedicado a la Virgen de la Esperanza, cuando recreó cómo la lluvia truncó los planes de la coronación de 1964 y unos versos escritos en la pared osaron reñir a la Macarena a su regreso por la calle Parras: “Te fuiste por cuatro días/ y tardas siete en volver/Madre mía Macarena/¡no nos lo vuelvas a hacer!”. Ahí tuvo que aplaudir hasta el ordenanza de librea después de tirar los guantes. Claro que se le supo oír. Claro que se le quiso oír.

50 años de fidelidad baratillera

Moeckel

Qué lejos queda aquel recuerdo que a modo de fogonazo deslumbra la memoria. Aquel Miércoles Santo de 1971, con sólo cinco añitos. Era un nazarenito, hijo de un hermano mayor de los que mandaba. Mandaba tela. Aquel niño era estudiante del Colegio San Isidoro, tardes de juegos en los derribos del barrio de Santa Cruz. Un niño tan listo y espabilado como algo enclenque. Años de huchas amarillas con  tapas verdes que así eran las huchas del Domund. Años de limpiar plata en silencio y aprender de las tertulias de los mayores. “Hoy hay junta de gobierno”, se oía. Yera una suerte de Extra omnes  vaticano. Todos los jóvenes debían abandonar las dependencias. Años de trabajar en la hermandad hasta los domingos por la tarde si la autoridad paterna lo dictaba. Todos entregados a una causa llamada Baratillo. Después vendrían los oropeles del cargo de hermano mayor, el reconocimiento del Papa Benedicto y otros pleitos y alegrías. Pero hoy es día para rendir tributo a la memoria junto a amigos como Ángel Gallardo. Hoy es día de reabrir el antiguo Bar Atillo, recordar el concepto familiar de hermandad, aquellos primeros callejeos de Semana Santa con Jesús Eguino y las noches de Lunes Santo ordenando los cirios por números, marcando con cinta aislante los de los últimos tramos: azul para los blancos y roja para los azules. Joaquín Moeckel celebra hoy sus 50 años de hermano del Baratillo. En la capilla de la Piedad aprendió a ayudar a misa. En ella se hizo persona. 50 años de fidelidad. Y orgullo.

Oído en una tertulia
“¿Tú sabes qué consejero de la anterior junta superior fue sorprendido revendiendo unas sillas y sacando una generosa plusvalía de la operación? Al comprador se le ofreció la posibilidad de denunciar el caso formalmente, por lo que al consejero se le habrían quitado sus derechos como titular, pero la cosa no fue a mayores porque se prefirió una solución sin traumas… ¡Ahora nos hemos enterado de aquel bacalao!”.
Macareno en Madrid
Carlos López Bravo, el activísimo secretario del Consejo de Cofradías, pronuncia hoy el pregón de la Hermandad del Gran Poder y la Macarena de Madrid. ¿Estará allí Santiago Álvarez, favorito de López Bravo como futuro hermano mayor de la Macarena?
El ejemplo del Kichi
¿Han visto durante el concurso de agrupaciones en el Falla los anuncios del Ayuntamiento de Cádiz proclamando que “el carnaval no es el botellón”? Hay quien dice que Juan Espadas podría encargar para Sevilla unos anuncios similares. “La Semana Santa no es permanecer en una sillita de chino comiendo pipas”. Ya se sabe. La defensa de lo obvio conduce a la frustración.
El pertiguero
Primer golpe. Vayamos a lo sustancial. ¿Tendremos o no tendremos a la Virgen del Dulce Nombre con la saya rosa el próximo Martes Santo? Segundo golpe. ¿Qué alto cargo del Consejo y qué conocido político han logrado su particular pellizco del número de la lotería premiado en la Hermandad de Montserrat? Tercer golpe. Una cuidada edición. Precioso el especial sobre el Señor de la Oración en el Huerto que ha editado Páginas del Sur bajo la coordinación del experto José Fernando Gabardón de la Banda. Y ciriales arriba. Oído en otra tertulia:“¿Qué dices que se está preparando por los cuatrocientos años de ambas imágenes? Anda, anda. Eso está todavía muy verde. Sí, si eso fuera así, hay que empezar ya. Pero aún tiene que llover mucho”.

El Lagarto de la Catedral:  “Don Carlos sigue incombustible, querido y siempre inquieto Fiscal. El viernes estuvo en el Gran Poder, donde presidió el culto a la Virgen, y hoy está en Torreblanca, el barrio donde tanto se le quiere. Siempre pone a la hermandad de Torreblanca como ejemplo en todos los sentidos”