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Adiós a Eduardo Recio y Manuel Lozano, dos cofrades auténticos

El Fiscal | 3 de junio de 2018 a las 5:00

Recio

HEMOS tenido el inmenso privilegio de conocer el Silencio de Eduardo Recio, trato exquisito, saludo formal de los de antes, cuerpo enjuto, túnica añeja, formas únicas de vestir al Nazareno, señor que se ve venir de lejos y se paladea de cerca, hondo sentido del humor, y el Valle de Manuel Lozano, poeta, con tacto para todas las tareas creativas, fiel a la Anunciación, siempre con la ilusión de una mañana de Jueves Santo, un entrevistado de largas parrafadas propias de quien tenía mucho que contar. Esta semana se nos han ido dos cofrades auténticos en una Semana Santa sofisticada, dos cofrades que las nuevas generaciones deberían conocer, dos cofrades con señorío natural, lejos de imposturas, dos cofrades que hicieron de sus devociones el eje de sus vidas. Fueron católicos al sevillano modo, entendieron la sede de su hermandad como el acudidero de sus días, como el refugio cierto, como la prolongación de su casa. Yo veo hoy a Eduardo Recio levantar el esterón para entrar en San Antonio Abad, escrutar cuántas personas hay en el templo con ese gesto inicial de cierta desconfianza y sentarse, ya relajadamente, en esos bancos antiguos maravillosamente incómodos, recta la espalda y la vista al frente, a charlar en silencio con el Jesús Nazareno que siempre lo aguarda en su hornacina de oro. Lo veo llegar a San Antonio Abad en una Madrugada metida en cielos panza de burra, con el final del Jueves Santo desarbolado por el agua, y tener claro en una tertulia del patio, búcaros, cigarros y antifaces al hombro, que la cofradía del Silencio no puede permitirse hacer “ninguna tontería”. Y no se hizo. Claro que no.

Veo a Manuel Lozano escribir en la sacristía de la Anunciación, que Palomino le ha abierto a deshoras la puerta de la calle Compañía porque estaba limpiando candeleros. Lozano escribe entre cuadros de Hohenleiter, bulas papales enmarcadas, elegantes fotos de Fernand. Por allí están Lucas Maireles, Javier Mejía con la cámara de fotos, Rafael Molina fijando la fecha de la fundición de la cera, Miguel Ángel Osorno con un manojo de llaves que tintinea… Cuántas horas de hermandad y de devoción han acumulado estos dos cofrades, que nada sabrían de redes sociales, sino de vivir con coherencia su hermandad y sus devociones con la fidelidad aprendida desde niño.

Lozano se extasia mirando al Cristo de la Coronación en su último altar de cultos, cera tiniebla, clámide, faroles de plata. Va de maniguetero de la Virgen del Valle hasta el final, ayudado con un bastón. Eduardo Recio está poniéndole las potencias al Nazareno de ojos grandes, cuello erguido y mirada mansamente altiva.

Ha pasado la Semana Santa. Recio llega al cielo como un señor: trajeado y con un ramillete de azahar que asoma con gracia por el bolsillo alto de la chaqueta, símbolo de la Resurrección en la que creen los primitivos nazarenos de Sevilla, con una fe a prueba de avalanchas. Nunca tiraron a este Eduardo de figura espigada. Como el Nazareno de sus devociones. Siempre con la vista al frente.

 

Lozano

El alférez Moeckel

EN Sevilla nos hartamos de aplaudir al Ejército en la procesión del Corpus. Es una suerte de ad calorem muy necesario para la tropa en estos días que corren. Emocionante si cabe. Seguro que los soldados lo agradecen en esta nación donde tanta falta hace el fomento de la cultura de defensa. También hay otra forma de apoyar al Ejército de hoy, que es haciéndose reservista voluntario, lo que ha logrado Joaquín Moeckel, ex hermano mayor del Baratillo. Fíjense si hay vida después de ser hermano mayor, que Moeckel no ha parado desde entonces de emprender iniciativas en beneficio de la sociedad. ¿Recuerdan la restauración del Salvador, las gestiones para que los afectados de la explosión de las Letanías recuperaran su casa, o el debate sobre la normativa jurídica de las hermandades? Algunos se han sorprendido al verle de uniforme, señal de que ha superado su primer período de instrucción militar, del que saldrá con el empleo de oficial en la categoría de alférez del Ejército de Tierra, adscrito a los servicios del Cuartel General de la Fuerza Terrestre que gobierna el querido don Juan Gómez de Salazar.
Se llama compromiso. Se llama ausencia de complejos. Y se llama la fuerza del carácter, ¿verdad Félix Machuca? En tiempos de zozobra hace falta dar testimonio, ora en las hermandades, ora en el Ejército. Moeckel se aplica a sí mismo el lema de las manifestaciones: No nos mires y únete. Y se ha unido al Ejército por el que siempre ha sentido una honda emoción.
Cuando algunos se recluyen tras ser hermano mayor, otros siguen canalizando esa fuerza en la que unos ven la muestra de una sociedad civil pujante y otros la coherencia con una forma de ser. ¡Y decían que no daba el perfil para otras tareas! Menos mal, don Joaquín, porque si llega usted a darlo para otros menesteres, a lo mejor nos privamos de verle sirviendo como alférez. Y está claro que el Ejército ha salido ganando. Y la cultura de defensa.

Foto MOECKEL2

 

Impresentable
Así resulta no el número de los asistentes, sino la actitud de muchos de los que acuden a la procesión. Gafas alzadas como policías de pueblo que ponen multas, tíos de chaqué con las manos en los bolsillos, cofrades con el teléfono móvil, charletas interminables en señores ya talluditos… Oiga, que se trata de acompañar al Santísimo Sacramento. Convendría enseñar al que no sabe y corregir al desahogado.

De las novedades
Las novedades en la procesión resultaron raras. Esas lecturas con megafonía en algunos puntos del recorrido provocaron cortes en el cortejo. Y chirriaron un poco. Lo de los cánticos estuvo bien. Eso sí. Genera un ambiente propicio para una procesión eucarística.

El pertiguero
Primer golpe. Oído en la Plaza Nueva. “Lo de la calle del cardenal Amigo se ha retomado, esperemos que haya una solución satisfactoria antes del final de mandato”. Segundo golpe. Oído en el Consejo: “Qué mala cara llevaba el subdelegado del Gobierno en la procesión del Corpus. Sabría ya que la moción de censura prosperaría, ¿no? No puede haber otra explicación. Se nos va don Ricardo y perdemos el apoyo a ciertas reformas de la Semana Santa para reducir el número de nazarenos”. Él estaba muy implicado en esta iniciativa. Tercer golpe. Oído en la collación de Santa Catalina. “¿Y si nos toca el premio y tenemos un hermano ministro del Gobierno de España o delegado del Gobierno en Andalucía? Celis siguen siendo muy querido en la hermandad”. Y ciriales arriba. Oído en la Plaza del Cristo de San Agustín. “¿Sabes que uno de los hermanos más antiguos de la nómina de San Roque es ahora mismo el ex alcalde Alejandro Rojas-Marcos?”.

El lagarto de la Catedral:

“Mi querido Fiscal, ¿te fijaste  en lo nutridas que eran las representaciones de seminaristas y sacerdotes en la procesión del Corpus? Mucho hablar de los cofrades, que asisten en número insoportable, pero habría que empezar por dar ejemplo, ¿no crees?”

 

Lección sencilla de amor un Domingo de Ramos

El Fiscal | 25 de marzo de 2018 a las 5:00

Basílica de la Macarena.. La Macarena ya estará en el paso. Fotos para dar del día.

La mujer de avanzada edad tenía clavada la mirada en aquella cara con la fuerza con la que caen los cuatro zancos de un paso de misterio en la última arriá. Hundidos los zancos hasta el próximo año, fijada la mirada en su tez morena. Aquella señora comenzó a bisbisear, después elevó el tono de voz y, al final, estaba conversando con la Virgen como lo hacen dos vecinas que se tienen la una a la otra como protagonistas de su vida cotidiana, bolsas del mercado que cuelgan del antebrazo, carritos de la compra en vertical durante la parada y el rabillo del ojo centinela para evitar hurtos. A la Madre de Dios no le decía madre, la llamaba hija, cosa que sólo ocurre en esta ciudad. “Qué bonita estás, hija. Eres guapa, porque lo eres, pero hoy estás bonita, rematadamente bonita”. La cola de devotos adelantaba a la devota mientras ella seguía detenida con su locura de amor, con el ancla de sus ojos echada en la mar infinita de la Virgen. “Mañana voy a venir a verte otra vez, flor de mis días, ilusión de mis horas, ¡bonita, que estás muy bonita!”.

Esa mujer, de pronto, me miró. “Niño, ¿has visto qué guapa está?”. Yo busqué el refugio rápido de mi madre, que me tenía enseñado que no se habla con desconocidos. Mi madre fue quien atendió la amable pregunta de la señora y le ofreció una breve conversación con tacto y, con el tiempo, aprendí que lo hizo con todo el cariño. Todo ocurrió donde lo hacen las cosas grandes de la ciudad, a la vera de ese paso de palio que era el pórtico elegido durante muchos años para comenzar mis mañanas de Domingo de Ramos. Mi madre me explicó que hay personas que no tienen con quien hablar, que quizás están solas durante el día y que necesitan que alguien les ofrezca la hermosa caridad de una breve charla, el afecto de algún comentario cómplice, o una simple mirada cálida que enternezca los ojos gélidos de los que están solos porque, quizás, perdieron ya a quienes les miraban.

Yo había acudido a ese templo, como siempre, a comenzar mi Semana Santa delante de aquella Virgen, en aquella basílica por la que revolotean querubines y danzan las esmeraldas. Aprendí que aquella mujer hablaba con la Virgen porque la sociedad se había quedado sin tiempo para las personas mayores. Yo iba buscando el oro de Juan Manuel, los claveles del gozo, la candelería perfecta, los destellos del dragón. Iba buscando los ‘ochitos’ de oro de la túnica del Sentenciado, la mirada baja de Pilatos, el plumerío blanco de los rostros marciales. Yo iba buscando bordados, esplendor, belleza para comenzar a lo grande mis días grandes, la arquitectura delicada de un altar de insignias, el ambiente de júbilo de un atrio, el abrazo fraternal de las mejores horas. Y me encontré con una lección de amor inesperada. Aprendí que hay imágenes que no sólo tienen el poder de hacerte sentir vivos a los muertos por un instante, o el poder de provocar una fugaz espiritualidad en los descreídos. Hay imágenes capaces de oír, capaces de expresar ternura con la mirada. Me encontré más, mucho más de lo que yo esperaba. De aquel día sólo recuerdo que la Virgen de la Esperanza escuchó a aquella anciana, nunca dejó de mirarla, sólo tenía ojos para su rostro cuarteado, sólo tenía calor para mitigar su soledad, sólo emanaba amor para darle fuerza a sus días como una madre que amamanta a un bebé para que nunca le falte energía. Aquel Domingo de Ramos aprendí a ver a la Macarena como la Virgen que habla con quienes no tienen compañía, que regala sus ojos a quienes no reciben ni el obsequio de una mirada. Fui buscando la corona de la Esperanza, el brillo de su cruz de guía, el Niño Jesús de Nazareno, cíngulo del gracejo en su pequeña cinturita de merino y pasamanería, fui buscando la estampa de recuerdo de mi anual visita, fui buscando contar, otra vez, las esmeraldas de sus mariquillas, esos brotes verdes que alumbran el mejor regazo de Sevilla. Fui buscando la consulta curiosa a la nómina de la cofradía, quién será el más antiguo con cirio verde, por qué nunca salen bocinas. Fui buscando el abrazo de mi amigo Manolo García, el paseo por San Luis, sol de cara, adoquines y parada en alguna cafetería, pero no es hora de oloroso, no vayamos a comenzar tan pronto el día… Todo eso busqué en tu templo, en tu casa, en el calor de tu hornacina, y me di de bruces con la gran verdad escondida: tú eres quien acompaña a los que están solos en la vida, divina tertuliana de quienes cuentan ya sus días. Qué gran verdad te dijeron al nacer la Semana Santa. Qué pregón te dio aquella mujer de plaza de abasto, mercado, pescadería, qué declaración de amor, qué media verónica brotó de sus labios, filigrana de amor, requiebro oral de artesanía, qué verdades más rotundas te dice la gente sencilla, como los niños que sueltan las grandes verdades de la vida: “¡Esperanza, eres guapa, pero hoy estás bonita!”.

La palma que pide Buena Muerte

El Fiscal | 24 de marzo de 2018 a las 5:00

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HAY calles estrechas que piden pasos de palio para que sus muros besen la orfebrería de los varales, balcones que son atalayas de la emoción para lanzar saetas, plazas que se alían con la noche para acoger a una cofradía en la intimidad de su trama urbana. Hay lugares que lo tienen todo: el espacio justo, las casas, los balcones, los naranjos… Sitios hechos para cofradías preciosas. Y hasta hay palmas rizadas que piden acariciar la Buena Muerte, que parecen anunciar la llegada del Señor de los lirios morados. Hay una palma con reflejos dorados para iluminar esa tarde que se irá tornando azul, un azul Contratación. La plaza tiene la horma de la cofradía de la Universidad. Por ella pasa siempre la cofradía poblada de penitentes. Y hay una palma con fondo de colgadura de damasco rojo en una casa que es el San Onofre particular del Dios de la Universidad. Todo el año hay en ella oraciones para el Cristo de los Estudiantes.

Antonio Garrido

El Fiscal | 21 de marzo de 2018 a las 5:00

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EL humor es algo tremendamente serio. El humor es el lubricante de la vida cotidiana. El humor es fundamental en todos los ámbitos. En las cofradías, por supuesto, sobre todo porque se tiende con facilidad a un misticismo de escaparate. Los vídeos de El palermasso son la prueba evidente de que no hay tema delicado, sino enfoque desacertado. En todos los vídeos que protagoniza Antonio Garrido hay un enfoque atinado. En el último se tratan hasta las polémicas carreritas de la Madrugada de una forma que contribuye a desdramatizar los hechos, cosa que hay que agradecer. Garrido demuestra algo básico: conoce perfectamente el mundo de las cofradías. Se mete hasta la cocina. Y sale de ella triunfante. Con tanta barrila sobre la seguridad, tanta obsesión por las cámaras y tantas gaitas, los golpes de humor de Garrido son una bendición. Más golpes de palermo hacen falta.

El pregonero auténtico

El Fiscal | 18 de marzo de 2018 a las 22:00

PREGON SEMANA SANTA 2018

UNO soporta con resignación la losa de casi treinta pregones vividos en directo o con especial atención a la radio, una marca que no merece celebración alguna, más bien que se corra una discreta cortina. Por el escenario ha pasado casi de todo. De José Ignacio del Rey Tirado no diremos que es buena persona, que es casi lo peor que se puede decir de alguien en esta ciudad. Diremos cosas mejores. En cuanto supimos de su designación nos alegramos muchísimo, porque es una persona que conoce las cofradías con profundidad. Y ha contado con una enorme ventaja: su bajísimo grado de expectación. Esta circunstancia le ha beneficiado mucho. Su gran virtud es haber escrito un pregón auténtico. Y eso es de agradecer. Quien esperaba un pestiño se ha encontrado con una torrija muy dulce. El precioso pasodoble Suspiros de España sorprendió gratamente, hay que reconocerlo, pero quizás el orador anduvo excesivamente pausado en la dicción al llegar a ese pasaje. Las notas de humor fueron geniales, fundamentalmente porque así es él, y porque demostraron que se conoce al dedillo la vida interna de una hermandad y cómo una familia completa vive todo el año en torno a una cofradía. Eso sólo lo saben quienes lo han vivido, o quienes se aproximan con humildad al mundillo de las cofradías, que aquí cabemos todos, oiga. Los mensajes de actualidad, muy meritorios. Yo le agradezco personalmente la alusión a la desaparecida hamburguesería Dulio (ay, aquellos sobrecitos de patatas de los que siempre se derramaba alguna por el camino) y a la taberna El Rinconcillo. Preciosa la defensa de los monaguillos, sublime el canto a la cofradía de la Universidad y a la alianza entre la cultura y la fe. En definitiva, nada de lo oído me sorprendió conociendo la trayectoria de compromiso del orador, su afinado sentido del humor y la familia de valores en la que se ha criado.

Baltasar

El Fiscal | 8 de marzo de 2018 a las 5:00

El deseo de Baltasar 2018 se ha cumplido. Baltasar es mago de la palabra y, además del pico de oro y de otras habilidades, tiene una taberna la mar de animada en la Plaza del Salvador, en las que da gusto, mucho gusto, parar y que te invite a un dedito de oloroso (seco, por favor) con derecho a bolsa de patatas fritas. Baltasar le pidió este año un deseo al delegado de Seguridad en lo alto del escenario de entronización del Niño Jesús. Fue el pasado 3 de enero, al oído, pero con testigos: “¡Juan Carlos, por Dios! Nos vais a matar a los bares en Semana Santa con tanta orden de cierre!”. El decreto del que hoy informamos permite a Baltasar tener las mesas altas de su taberna bien desplegadas por la plaza, como los legionarios en el campo de maniobra, o replegadas junto a la pared al paso de una cofradía. Los veladores se quitan, las mesas altas como las del Salvador se quedan. El deseo de Baltasar se ha cumplido. Qué fuerza la del rey. Sevilla, blonda y mantilla.

El Penitente

El Fiscal | 2 de marzo de 2018 a las 5:00

HISTORIAS del ayer trufadas con ciertas leyendas, hechos escabrosos de la Guerra Civil, vírgenes rotas, crucificados salvados, un estilo inconfundible de mandar los pasos, una voz que persevera en la memoria de quienes aprendieron a su vera, un ramillete de cofradías que luego, así son las cosas, son mandadas por quienes fueron sus aprendices. El mítico capataz es El Penitente para quienes lo conocieron. Y simplemente “Salvadó” para los que trabajaron con él. Por supuesto que se merece una calle quien sigue estando muy presente en la vida de las cofradías, no sólo en las fotografías en sepia de Martín Cartaya. Hoy tal vez se llevaría las manos a la cabeza con tanto preparador físico, tanto nutricionista, tanto costal ceñido a los ojos y tanto reglamentismo. El Penitente mandaba. Y punto. En los años de dureza no había fisioterapeutas. Se sabía sufrir.

Los 25 años de Zoido en la Costanilla

El Fiscal | 4 de febrero de 2018 a las 5:00

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La letra pequeña de los boletines encierra a veces los secretos más hermosos de la vida interior de una cofradía. Por esa letra de tamaño mínimo nos enteramos de que Juan Ignacio Zoido Álvarez, ministro del Interior, recibe este año el homenaje de San Isidoro por sus 25 años de fidelidad a la cofradía. El hoy ministro del Interior ingresó en la cofradía de la Costanilla al mismo tiempo que dos de sus hijos. Llegó hasta ella por influencia de varios amigos: el notario Jose Manuel Montes Romero-Camacho, oriundo de Fregenal y compañero de promoción en la Facultad de Derecho; Fernando López Carrasco, David Moreno, el inolvidable Daniel Jimenez Quirós, Antonio Feria, etcétera. También influyeron unos primos hermanos de su madre que vivían en la collación y que siempre le hablaban del último ruan de la Semana Santa: San Isidoro, la cofradía que entonces tenía a Pedro Peinado como hermano mayor y a su primo hermano José Luis como director espiritual. La comunión general de la solemne novena celebrada en honor del Señor de las Tres Caídas de aquel 1993 se celebró el 14 de febrero. A los participantes se les repartió una estampa con la oración al Cristo. San Isidoro –cofradía que hay que ver varias veces en la tarde del Viernes Santo y siempre parecen pocas– es la hermandad que, curiosamente, reúne a magistrados, notarios, jueces, abogados, y fiscales. Fue inscrita en el Registro de Entidades Religiosas siendo Zoido el director de Relaciones con la Justicia. Estas bodas de plata generan en el ministro los mejores recuerdos. Seguro.

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La mejor versión de la Semana Santa

No podremos dejar a nuestros hijos una Madrugada mejor de la que recibimos, una Semana Santa más hermosa de la que nos fue legada, pero sí podremos regalarles las películas que Carlos Colón y Carlos Valera han hecho sobre la Macarena, el Gran Poder, el Silencio, el Calvario… Ambos enseñan una Semana Santa literalmente de cine a quienes quieran mirarla sin prejuicios, limpios de corazón y con verdadero interés por captar las claves de una fiesta que –nunca nos cansaremos de repetirlo– tiene sus cimientos en la fe, la memoria que honra a quienes nos precedieron y el sentimiento. La última producción, Amargura, es un trabajo exquisito que aborda la historia de la cofradía de San Juan de la Palma y, lo que es más importante, explica cuál es su significado (profundo) en el contexto de hoy, marcado por las visiones triviales, superficiales y tan osadas que son capaces de celebrar una Semana Santa sin Dios. Al ver Amargura podrán disfrutar de imágenes en sepia del barrio de la Feria, de planos inéditos de la cofradía en la calle, de  las imágenes de los nazarenos camino del templo (no hay pregón más hermoso que esas blancas figuras acercándose a San Juan de la Palma) y, sobre todo, de  unas secuencias de verdadero impacto que exhiben el momento en que son descubiertas las figuras secundarias del paso de misterio. Esta película, como las anteriores, es una nueva muestra de amor a la Semana Santa, un servicio que se presta a la fiesta más hermosa de la ciudad que nunca se agradecerá lo suficiente. En tiempos de confusión, de polémicas estériles, de un frikismo galopante, de advenedizos desembarcados en todas las parcelas y de avalanchas callejeras que tienen amenazada la Madrugada, esta película nos reencuentra con la mejor versión de la Semana Santa. Una delicia, una exquisitez, una invitación a la reflexión, una lección sobre la importancia de una cofradía en una sociedad sin valores.

ROGELIO GOMEZ.

Los 75 años de la tienda de Trifón

¿Nadie se va a acordar de tener un detalle por los 75 años de apertura de la tienda de Trifón? Esta ciudad tan dada a las efemérides ha dejado escapar una de las buenas. ¿Cuántos establecimientos hay más antiguos que La Flor de Toranzo en la Plaza Nueva y sus alrededores? La taberna de Trifón tiene más solera que muchas cofradías. Y su dueño, el muy baratillero Rogelio, no ha dicho esta boca es mía, ni ha sacado un cartel, ni ha exhibido más veladores de la cuenta como señal de poder. Trifón es historia del centro de la ciudad. Y es estilo propio. En tiempos en que los negocios son de quita y pon y, por supuesto, carecen de valor añadido al funcionar con el régimen de las franquicias, esta taberna bien merece un gesto, ¿no Juan Espadas? Quede dicho aquí y ahora. Usted tiene la palabra, don Juan. Otros, con mucho menos, tienen hasta una… ¡Pararse ahí!

 

¿Todos asegurados?
Atención, pregunta. ¿Cabe la posibilidad de que una cofradía contrate un seguro de responsabilidad civil para tener protegidos a todos los miembros de su cortejo en caso de avalanchas o cualquier otro tipo de suceso callejero? Huuuuum… Existe ya el seguro específico para los costaleros. Otra pregunta. ¿Veremos papeletas de sitio en las que se advierta de la posibilidad de incidentes durante la estación de penitencia y no los tradicionales avisos sobre el color de los calcentines, el tipo de hebilla o la obligación de ir mirando al frente? Huuuum… Al tiempo. José Antonio Fernández Cabrero, por cierto, es un experto en seguros.

La Redención
El viernes se celebra la VII Gala Cultural Olivo de Plata, dedicada a Andex, la asociación de niños con cáncer. El Olivo de Plata será este año para el doctor José Pérez Bernal. La cita es en la Sala Joaquín Turina a las 20:30 horas.

Los viernes de Asenjo
Parece que el arzobispo se ha abonado a dar buenas nuevas los viernes por la tarde. Hace poco anunció la coronación pontificia de la Virgen de los Ángeles, de Los Negritos, y antes de ayer la procesión de gloria de la Virgen de los Dolores, del Cerro del Águila. Si a esto se suma el impulso episcopal a una nueva salida extraordinaria del Gran Poder en 2020, podemos afirmar que se consolida un ciclo en el que el prelado se siente no sólo cada vez más seguro en el mundillo cofradiero, sino que usa las cofradías como instrumentos válidos contra la helada espiritual que marca la sociedad actual.

El riesgo
El único problema de tantas salidas extraordinarias, sean por un motivo o por otro, es que el contexto actual no es el de hace 30 años. Estamos saturados. Y la propia autoridad eclesiástica así lo ha hecho ver alguna vez.

El lagarto de la Catedral

“Mi querido e inquieto Fiscal, tengo que enseñarte las fotografías de don José Gutiérrez Mora rodeado de jóvenes en la Parroquia del Sagrario en los años noventa. Algunos de aquellos son hoy miembros de junta de gobierno de la Corona. Vente, te las enseño y te cuenta la historia al detalle”

El tramo de Irlanda

El Fiscal | 14 de enero de 2018 a las 5:00

EL TRAMO DE IRLANDA1

HACE tiempo que las túnicas dejaron de ser sacadas fuera de calendario con la exclusividad de servir de mortajas. Hoy se bajan de los altillos en enero, con la bandeja de polvorones de limón aún presente, para sacarles el dobladillo de forma prematura a esos niños que se vuelven a seguir estudiando en Irlanda en cuanto acaba la Navidad. Es uno de los efectos de la apuesta por el bilingüismo, que nuestros niños se van todo el curso y sólo se pueden aprovechar los días de las pascuas para efectuar las mediciones y los ajustes. Antaño se bajaba una túnica y un antifaz un día de Navidad y era la Canina la que estaba esperando en la puerta. Era la cofradía apócrifa del Cristo de las Mieles la que recibía a un nuevo integrante. Se oía una voz gélida de camposanto: “Bienvenido hermano, hace un poco de frío, pero enseguida le enciendo el cirio. Se me coloca usted de primera pareja, que para eso acaba de llegar. No se preocupe que en breve va a coger antigüedad”. Hay quien dice que en ese cortejo se ven todas las túnicas, todas, y un sinfín de diputados de tramo. Hoy se saca la túnica un día de pascuas, de turrón y zambomba, y el que espera es el avión para llevarse a su hijo a Dublín, de donde no volverá hasta el Viernes de Dolores, cuando la cola para los arreglos en Alcaicería, Matahacas o el Altozano es la de cualquier parada de Tussam del Duque en hora punta. No hay nadie como un cofrade a la hora de la anticipación, siempre pensando en la cuaresma en cuanto Lipasam limpia el último caramelo, siempre tratando de recordar en enero dónde dejo las hebillas que cortó alegremente de los mocasines negros, maldiciendo la hora en la que tiró el capirote de rejilla al contenedor, o pensando si finalmente recogió la túnica del despacho del amigo donde se vistió de nazareno. Las cofradías de hoy tienen el tramo de Irlanda, el tramo de los Erasmus, como en tiempos las había que tenían el tramo de los agnósticos. Nuevos tiempos, nuevas realidades, nuevos hábitos.

Nada de la sociedad actual es ajeno a las cofradías. Y las cofradías no son nunca ajenas a la sociedad de hoy. De Irlanda nos vienen los nazarenos más jóvenes, como del Perú nos venía aquel inolvidable nazareno de la Amargura que no faltaba a su cita en San Juan de la Palma por mucho que todos los partes auguraran lluvias desde varios días antes. El Viernes de Dolores aterriza un avión en San Pablo con jóvenes a los que espera una túnica de capa con el dobladillo más corto, una de cola con un nuevo cinturón de esparto, un capirote de rejilla más liviano; unas sandalias relucientes… Cuando vean una túnica salir del altillo fuera de calendario, no crean que es porque están colocando nuevos cardos en el monte de la Canina, nuestra querida y nunca bien ponderada Canina, sino porque tal vez alguien se ha preocupado de que su hijo, o su hija, se vaya con los deberes hechos. Lo primero es cumplir con la hermandad. Y después con los idiomas. Y desmontadme el árbol y no dejadme los polvorones de limón tanto tiempo fuera de la caja, que conozco uno que se quitó la túnica una Madrugada y se puso a trabajar la despensa… de Palacio. Los polvorones de limón y coco, siempre injustamente orillados, hay que tenerlos bien tapaditos, que luego llega Semana Santa y huelen más rancios que esta página. ¿O no? A Irlanda volando y la túnica ajustando. Que venga cualquier progre hispalense y mejore la combinación: nazarenas bilingüistas. Para que luego digan que en Sevilla no casan bien la tradición y la modernidad. Aquí cabe todo, cabemos todos. Hasta tenemos integrada a la Canina, a la que nunca hay que sacarle el dobladillo. Nunca. No molesta, no se queja y siempre está dispuesta a su paseíto del sábado…

El tramo de Irlanda (II)

 

 

Los detalles de Baltasar

medalla
Rafael González Serna se vistió de rey mago de forma muy original. Los colores oscuros escogidos combinaban llamativamente con el blanco. Había más detalles en el traje, de los que difícilmente son apreciables por el gran público, pues estaban colocados con suma discreción: una medalla de la Virgen del Rocío al cuello (que aparece en la imagen), el escudo de Santa Cruz en la espalda y hasta la pluma de un armao de la Macarena. Este tipo de detalles ocultos son muy habituales, por ejemplo, en el atril de pregonero de la Semana Santa. Debajo de ese atril hay estampas de todo tipo, desde una de Juan Pablo II hasta las más variadas devociones de los que han ido anunciado la llegada de la fiesta más hermosa de la ciudad. Por cierto, el elegante Gran Visir, el abogado soleano Fernando Rodríguez Galisteo, llevaba en el interior del turbante una estampa de la Virgen de la Soledad. Estos detalles son muy del gusto del Ateneo, que insiste siempre en el carácter religioso de la cabalgata. Como dice su director, Manuel Sainz: “No es un carnaval”.

Los primeros anuncios
Este mes hay igualás de costaleros ya convocadas en varias hermandades. Yhan llegado los primeros anuarios, boletines y hojas informativas. Se pueden leer ya esos títulos del gozo:“Normas para la estación de penitencia 2018”. Y, por encima de todo, siempre llama la atención la doble página que la Amargura dedica a los nuevos hermanos y a los hermanos fallecidos. Por fortuna, los primeros cuadruplican a los segundos. Esa doble página es la vida de la hermandad contada a través de sus apellidos. Sin duda, lo mejor de la publicación.

Boletines en caída
La Redención ya se ha abonado a las nuevas tecnologías para informar a sus hermanos al instante. Adiós al papel. Recuerden que otras hermandades ya eligieron la solución del anuario: uno al año y punto. Se ahorran gastos. Los boletines están como los cobradores: en vías de extinción.

El lagarto de la Catedral

“Mi querido y siempre inquieto Fiscal, somos muchos los que nos preguntamos cuándo veremos a don Juan José por las redes sociales, con un perfil propio, al igual que otros prelados españoles e incluso varios cardenales. ¿Te suena que esté barajando la posibilidad?”

Burgos desde la bulla

El Fiscal | 24 de diciembre de 2017 a las 5:00

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Esa vara fina de madera, tan austera y pobre  en la que usted se fijó cuando la de San Antonio Abad pasaba por Francos. Ese tío desaliñado que empuja el carro. Ese fiscal de cruz que le hizo la reverencia a aquel señor que estaba en la bulla, con ojos escrutadores y barba. Esas niñas de ojos azules que revolotean en el palco del Aero cuando pasa la Quinta Angustia (“La Quinta” para los de toda la vida) porque reconocen entre los nazarenos a sus padres y tíos. Esos contrastes de la Madrugada, el color de la palma del Giraldillo donde siempre brilla el sol del Domingo de Ramos, esa cofradía de nazarenos muertos con túnicas ala de mosca, esos costaleros descritos como si estuviéramos viendo las fotos de Martín Cartaya, ese mundo perdido de capataces y hombres del muelle ajados, fatigados, rotos de llevar cada día una cofradía, con el costal bien puesto y sin los postureos de hoy. Ese mundo auténtico por vivido, no por haberlo robado al oído ajeno. Ese interior de capilla sin cofradía, la expresión de un enorme vacío desgarrador, esa concepción de la Semana Santa como una metáfora de la vida. Esos personajes irrepetibles, agraciados por la inmortalidad de un Recuadro. La ceniza, el padre del nazareno, el Silencio, la Macarena, las familias de siempre, el Arenal, la luz, el tiempo, la fuerza simbólica de una papeleta de sitio, Antoñito Procesiones, retazos de lujo del Pregón (¡qué pedazo de Pregón!), la figura del cobrador, la vigilia perdida que se anunciaba en los carteles de los bares y de las casas de hermandad, las meditaciones ante una vieja foto del Gran Poder, el discurso del Jarrillo de Lata… Mil detalles, cientos de recuerdos, la Semana Santa pura y dura, la de verdad, la que tiene a Dios y la ciudad presentes, están en el libro que ha editado Almuzara y que lleva por título La Semana Santa de Antonio Burgos. Que al igual que a la cabalgata no le hace falta la coletilla “del Ateneo”, este libro se podría titular La Semana Santa a secas. Y punto. Todo está en ese libro. Todo. Burgos, al fin, es el creador de un modelo de Semana Santa vivido, llevado desde la bulla al artículo en prensa, fundamentalmente en las páginas de ABC. Es el creador de un lenguaje, de un diccionario, de una jerga. La Semana Santa de los últimos 50 años no se entiende sin su aportación. Sólo los cicateros y envidiosos pueden  negarlo. Ha pagado caro el precio de su libertad en muchas ocasiones. Ha sufrido, seguro, porque el periodismo da jabón en la vida como los grandes pasos los dan en los cuellos de los costaleros. Pero al final sólo sobreviven los auténticos. Y la autenticidad de la Semana Santa se asienta en la infancia, en el sentimiento y en la memoria, envuelto todo por el celofán de la fe. Burgos escribe de la Semana Santa que usted ve en la bulla, la misma. Yen este libro recopila las partituras más bellas, hondas y románticas de su repertorio. No busquen polémicas en estas páginas. Sólo belleza. La obra de un creador de escuela que Rosa García Perea nos regala en un solo libro. Todo en un libro.

El recorte es de 227
La próxima Semana Santa habrá menos asientos en Sierpes, el avispero de la carrera oficial, la gran ratonera. No serán 600 sillas menos, como se dijo, sino 227. El recorte se aplica en las parcelas que no son exactamente de Sierpes, sino de la calles perpendiculares, como Santa María de Gracia, Rivero o Pedro Caravaca. El objetivo (razonable)es dejar limpias las vías de evacuación. Sierpes tiene unas 4.400 sillas. La reducción no es importante por la cantidad, sino por la ubicación estratégica de unas parcelas en caso de incidentes. Se trata de unos cien abonados afectados que serán incluidos en una base de datos para previsibles reubicaciones en otros puntos de la carrera oficial. No hay nada garantizado, pero el Consejo anuncia su buena voluntad al respecto. ¿Por qué dijo el Consejo en su día que la reducción era de 600? Porque se refería al público en general:los que están sentados más los que pululan por este tramo de la carrera oficial haciendo uso de cualquier modalidad de pase de favor. En los pases habrá restricciones. En 2018 serán nominativos. Se trata de que el titular, de alguna forma, sea responsable del uso que se haga de ellos. Se vigilará el número de pases que se entrega tanto por vivienda como por establecimiento. Ha habido casos de entidades que han pedido hasta 500 pases. Eso se termina, anuncian en San Gregorio. El Consejo tiene estudiado que hay una población itinerante en la carrera oficial que tiene el efecto del colesterol en la sangre. Hay que erradicar esa masa de personas, además de quitar sillas. Con los menores de edad también se preparan medidas con el tacto debido. Todos conocemos los casos de abonados con dos sillas y varios niños sueltos toda la tarde. O los de residentes que se bajan a usar las sillas que siempre suele haber vacías. Por eso el presidente habló de 600 personas menos. ¡Pero no eran sillas, sino personas! Sillas, repetimos, sólo se suprimirán 227.

La hora de las reformas
Lo escribimos el pasado Domingo de Resurrección. Es el momento idóneo para efectuar todos los cambios que necesita esta Semana Santa herida, con exceso de grasa y que va a morir de éxito. Contra la mala educación que degrada la convivencia urbana se puede hacer poco a corto plazo, pero contra el avispero de Sierpes, los horarios intempestivos a los que se recogen las cofradías, el inmovilismo de cierta clase dirigente y otros males, se puede y se debe hacer algo. Ahora o nunca. A Sierpes le sobran todavía más sillas. Yel Consejo lo sabe. Hasta ahora ha jugado a favor de la causa la cultura de la incomodidad que tienen aprendida los abonados de esta calle, una cultura que parece que se transmite de generación en generación. La gente quiere la silla a toda costa, aunque sea para estar horas y horas hacinados. ¡Increíble!

Vigilancia
Los pases no sólo serán nominativos. Tendrán también colores para que sólo se puedan usar (esta vez de verdad) en el tramo correspondiente. Si usted tiene un pase para el tramo de la Papelería Ferrer, por ejemplo, no podrá meterse por Cerrajería e ir recorriendo la calle mientras molesta a los nazarenos y al público de la primera fila. Esto sólo se consigue con una plantilla de vigilantes, prevista en el presupuesto.

El pertiguero
Primer golpe. ¿Qué pujante parroquia ha encargado una escultura en piedra de San Juan Pablo II a un prestigioso profesor universitario? El Papa polaco aparece rezando ante el Sagrario. Dicen que quedará preciosa. Segundo golpe. Andrés Martín contará cosas muy interesantes en el Pregón Íntimo, porque curriculum y vivencias cofradieras tiene para dar varios pregones. El encanto de un pregón está muchas veces en que no lo pronuncie un experto orador, sino alguien que se conoce el paño desde niño. Al tiempo. Autenticidad se llama. Tercer golpe. Oído en Las Lapas:“Sí, tienes razón. El año que viene habrá que quitar filas enteras de Sierpes. Todo menos un cambio de itinerario de la carrera oficial. ¡Eso, ni mijita! Este Consejo ni quiere saber de eso ni esta para eso”. Y ciriales arriba. “Fiscal, ¿no vas a decir nada de lo de los capataces de la Macarena?”.