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La guardia del Señor

El Fiscal | 11 de junio de 2017 a las 5:00

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LA Madrugada vivió años difíciles en la Transición, cuando algunos confundieron ciertos valores y la convivencia urbana se tensionó. No hubo algaradas, es cierto, pero la calle Arfe, por ejemplo, era un punto conflictivo por la presencia de los entonces conocidos como punkies. Las crónicas describen los cristales rotos que se esparcían por algunos energúmenos al paso de los nazarenos del Gran Poder en el recorrido de regreso. Y el griterío habitual en los callejones. El Arenal era un lugar que muchos cofrades evitaban para ver al Señor. En el Ayuntamiento de entonces se lió a cuenta del uso de los chaqués en los palcos oficiales. Unos querían, otros no. Estaba todo marcado por los nervios propios del cambio de régimen político. En la Semana Santa aún se veían penitentes con grilletes y, por supuesto, muchos puestos de venta ambulante donde se despachaban salchichas olorosas y latas de refresco a las que luego se daban innumerables patadas para meter ruido a la noche más hermosa de la ciudad.

Rafael Duque del Castillo, entonces oficial de la junta de gobierno del Gran Poder, tuvo la idea de proteger la cabeza del cortejo, blindarla de alguna manera, consciente de que los primeros tramos son los que sufren mayor riesgo al asumir la función de abrir paso. Reclutó entonces a los hermanos Lacave, caracterizados, entre otras virtudes, por ser fuertes y corpulentos. Se dijo entonces que entre los primeros Lacave sumaban 300 kilos de peso y una altura de 5,64 metros. Entre sus primeras funciones estaba la de facilitar la llegada de la cruz de guía a la Campana, pues el gamberrismo amenazaba el paso de la cofradía por la Plaza del Duque. Si se fijan, los puntos negros de hace varias décadas siguen siendo hoy los mismos. Aquella hermandad se inventó su propia guardia suiza, que tenía un efecto eminentemente disuasorio, como no podía ser de otra manera. Y así sigue siendo hasta hoy. El apellido lleva treinta años dando nombre a los escoltas de la cruz de guía del Gran Poder y de algunas otras cofradías que lo han hecho suyo: se sale de Lacave cuando se escolta la cruz de guía. Ellos son la primera guardia del Señor. Ellos lo fueron cuando los policías nacionales no vestían de azul ni existía el Cecop.

Cuando hemos leído que faltaron policías en la cabeza de cortejo del Gran Poder, nos hemos acordado rápidamente de los Lacave, los primeros guardias del Señor. La gigantesca silueta de un Lacave con el palo en la mano bastaba entonces para que algunos se dejaran de bromas. Tenía el efecto de quien conduce a más de 120 kilómetros, otea un tricornio y levanta el pie del acelerador de inmediato.

A aquellos problemas se le dieron nuevas soluciones con los hermanos Lacave. Después, con el paso de los años, vino el polémico paso por la Plaza de la Gavidia, por la que el Gran Poder quiso seguir pasando a pesar de que otras hermandades evitaron una plaza marcada por la movida nocturna de principios de los años noventa. Y a partir de 2000 comenzó la amenaza de los tumultos. Los tiempos recientes demuestran que las amenazas siempre han existido. No hay Madrugada sin puntos negros, no hay historia sin conflictos. Hubo un comisario de Policía Nacional, Antonio Bertomeu, que hasta planteó la creación de un cuerpo de voluntarios para su actuación especial en la Madrugada, una iniciativa que no prosperó.

Quede claro que el Señor tiene su guardia propia en la cabeza del cortejo. Yo ponía a los Lacave todo el año a patrullar por la ciudad. A esta ciudad le hacen falta muchos Lacave con sus cirios apagaos de color tiniebla. Que se llaman palos. De palermo.

 

Dinero, dinero
El viejo cofrade recordó hace unos días que la oposición de algunos hermanos mayores al ingreso de la Resurrección en la nómina de Semana Santa no era por razones litúrgicas: “Era simplemente por dinero, porque había que repartir la tarta de las subvenciones entre una más. Cabíamos entonces a menos. A nadie le molestaban los horarios ni los itinerarios de esta cofradía, que ya se sabía que saldría el domingo, sin alterar en nada a las del sábado. Lo que algunos hicieron entonces fue lo que hoy llamaríamos postureo”.

El momento actual
Con cuatro cofradías en la cola, a la espera de negociar sus incorporaciones, muchos ya han levantado la ceja como entonces. Si la Corona, la Milagrosa, la Misión y Pino Montano entran en la Catedral, son cuatro más para el reparto de la tarta económica, amén de las estrecheces horarias y los cruces de camino que habrán de estudiar los ingenieros, que hay ingenieros expertos en la materia que se han preparado a fondo en Harvard. Las cuatro cofradías citadas quieren cobrar como las que pasan por la carrera oficial, una visión que reduce la Catedral a meta volante con derecho a avituallamiento (económico). Tan es así que quieren cobrar ya como las demás, que es lo que dicen les prometió el equipo actual de gobierno en el Consejo, donde piden tiempo para hacer las cosas a la velocidad adecuada.

El pertiguero
Primer golpe. Oído esta semana: “Yo creo que alguna novedad nos vamos a encontrar aún en la investigación, te aseguro que estamos trabajando a fondo en el asunto. Ypara el próximo año deberían hacer un presupuesto de gasto en cámaras de seguridad. Eso seguro”. Segundo golpe. Atrioscopia. La cosa se va animando (o calentando) junto al Arco. Los nombres de las incorporaciones a las candidaturas de Santiago Álvarez y José Antonio Fernández Cabrero se van filtrando poco a poco. Hay quien apuntaba en la aldea del Rocío a la posibilidad de que, al final, sólo concurriera una lista, pero parece una opción con muy poca fuerza. Tercer golpe. Glorias. ¿Una magna procesión por los 90 años de aquel congreso mariano hispanoamericano? Y ciriales arriba. Aquello se llamó “cabalgata”. Eran otros tiempos.

El lagarto de la Catedral

“Hemos vivido una semana de luto en la Iglesia de Sevilla por el fallecimiento del sacerdote Cristóbal Jiménez Sánchez. En la curia muchos ni lo saben, pero este reverendo fue fundador de la Hermandad de la Sed, donde era tenido como una figura respetable, un faro y guía de la cofradía”

Madrugada 2018, Catedral abierta

El Fiscal | 28 de mayo de 2017 a las 5:00

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CUALQUIER reforma en la carrera oficial que incluya la supresión de asientos para ganar en seguridad es un reto especialmente complejo, porque necesita de la aprobación del Pleno de hermanos mayores de penitencia. Y, por desgracia, una Semana Santa mercantilizada también ha hecho mella entre los hermanos mayores, que en muchas ocasiones sólo atienden a si la subvención anual se resiente, se queda igual o aumenta. Hay una carencia grave de altura de miras mientras Sierpes, por ejemplo, sigue siendo un avispero. La Madrugada no es un problema de seis hermandades como Cataluña –valga el ejemplo– no es una cuestión sólo de los catalanes. Interesa a toda la Semana Santa, interesa a toda España. La Madrugada es un problema de toda la ciudad. Antes de meterle mano a la carrera oficial y de evidenciar el bajo nivel de los dirigentes cofradieros, existen otras soluciones racionales que ya se están barajando por parte de los responsables en la materia. Además de aumentar las cámaras de seguridad tanto en número como en calidad y opciones de grabación, y de estudiar los aforamientos y acotamientos, existe una opción a tener muy en cuenta, como es la de retrasar tres horas el inicio de la madrugada en la carrera oficial. Esto es, se trata de que haya un tramo horario amplio libre de cofradías en el centro entre Pasión y el Silencio, entre la última del Jueves Santo y la primera de la Madrugada. Con los bares cerrados a las doce y la salida del Silencio fijada a las tres o cuatro de la madrugada, la Plaza del Duque y Alfonso XII, por ejemplo, ya no serían un campamento propenso para borrachuzos y vivaqueadores a los que poco importa la celebración religiosa.

Retrasar la Madrugada tres horas no supone –ojo– que las seis hermandades salgan tres horas más tarde. Habría que estudiar cada caso y, siempre, habría que seguir teniendo en cuenta los peligrosos cruces entre cofradías que son de sobra conocidos.
Una de las grandes novedades es que la autoridad eclesiástica no pondrá reparos en ningún caso para que las cofradías sigan pasando por la Catedral a partir de las 09:30 horas, la hora de rezo del oficio de laudes por los canónigos en el coro de la Catedral. Hasta ahora se obligaba a Los Gitanos a dejar libre el templo a las 09:20. Fuentes del Arzobispado han dejado claro que si la Madrugada se debe retrasar por motivos de seguridad, el Cabildo no pondrá obstáculos a tener abierto el templo la mañana del Viernes Santo. Es perfectamente compatible el rezo de laudes con la Macarena pasando, por ejemplo. Es más, tiene que resultar de especial belleza. La autoridad eclesiástica ha sido, pues, la primera en dar un paso al frente, en tomar conciencia de que todas las partes han de ceder por el bien de la noche más hermosa.

En las cofradías hay quien opina que retrasar el inicio de la Madrugada es una suerte de derrota. Pero también hay quien estima –creemos que con razón– que lo inteligente es tomar decisiones en función de las circunstancias que nos han tocado vivir. Somos hijos de nuestro tiempo. Hoy hay unos peligros que hace veinte años no existían. Hoy la noche está encanallada como hace tres décadas no lo estaba. A los sevillanos de los años 30 del pasado siglo les tocó vivir dos años sin cofradías en la calle. A nosotros nos ha correspondido salvar una noche que es la “culminación y síntesis” de la Semana Santa. Si se tiene bien estudiada cuál es la franja horaria donde se concentran los riesgos (la hora y media que abarca desde las 04:00 a las 05:30), habrá que tomar medidas encaminadas a no concentrar las seis cofradías en el corazón del centro histórico en ese período de tiempo. Yhabrá que tener –insistimos– ese espacio de respeto, de seguridad, entre el final del Jueves Santo y el comienzo de la Madrugada. Hay que evitar el fenómeno de la sesión continua que tanto perjuicio provoca porque retiene a cierto público bebedor en las calles que a partir de las cuatro de la Madrugada no está precisamente interesado en las últimas novedades de la Casa del Libro, sino en hacer literalmente el ganso.

Si la autoridad eclesiástica ha dado el primer paso (y así nos consta), el Consejo de Cofradías tiene muy claro que ha de ir de la mano del Ayuntamiento en todo este asunto. Juntos. Sin fisuras. Ylas hermandades tendrán que dejar de interpretar ciertas decisiones en clave de pérdida de poder o de merma de influencia. Ya se ofreció un espectáculo sonrojante con motivo de la discusión de horarios e itinerarios previa a la Semana Santa de 2016.

El retraso en el inicio de la Madrugada no debe provocar una colisión con el inicio de la jornada de la tarde del Viernes Santo. Se trata de salir más tarde y terminar a la misma hora, para lo cual habrá que hacer un esfuerzo que es perfectamente asumible y, por supuesto, algunas hermandades tendrán que tomar medidas concretas. Ceder. Ser generosas. Si la Madrugada tiende a terminar a las dos de la tarde, debe seguir terminando a esa hora.

Se acabó el corsé de las 09:20 horas. No habrá problemas para acceder a la Catedral durante toda la mañana del Viernes Santo. Los laudes no son los oficios, ni la vigilia de Resurrección. Son un oficio precioso perfectamente compatible con el paso en silencio de una cofradía. No se trata de una derrota, sino de una modificación de hábitos. La derrota sería no salir, dejar de sacar la cofradía a la calle. Es la hora de mover las piezas con inteligencia. Una cofradía no debe ser expuesta a riesgos. Ninguna.

Olivencia, año 1960

El Fiscal | 21 de mayo de 2017 a las 5:00

Personaje

ESE año se estrenan las jarras delanteras del paso de palio de la Virgen de la Angustia según el proyecto de Joaquín Castilla. La hermandad radica en la Anunciación, donde está la Universidad. En 1960 es hermano mayor Salvador Diánez Leal, que acabó nombrando capataz de la cofradía a Rafael Franco, que debió comenzar como tal el Martes de 1963, pero la lluvia frustró la estación de penitencia. En 1963 se produjo una hermosa unión. El Silencio se trasladó a la Anunciación hasta el 6 de marzo de 1964 con motivo de obras en su templo de San Antonio Abad. En el horizonte más próximo están entonces el célebre traslado del Cristo de la Buena Muerte a la caseta del Real Círculo de Labradores del Prado de San Sebastián por las Santas Misiones de 1965, y la última Semana Santa vivida en la Anunciación, de donde la hermandad se fue en noviembre de 1966. Por supuesto, aún no había hermanos costaleros, ni se soñaba con el manto bordado de la Virgen. Los monaguillos se podían contar con los dedos de una mano, entre ellos uno llamado José Moya Sanabria, que por el patio de la vieja universidad andaba de la mano de su padre, Juan Moya García, maestro de abogados. Aún quedaban unos años para la búsqueda en Ceuta de marfiles de colmillo de elefante para el techo de palio, un periplo en el que algún hermano de la cofradía aprovechó para ver un partido del Betis. En las cajas donde se transportaron los marfiles se guardaron después los juguetes de unos niños muy queridos en la cofradía. El paso de Cristo aún no salía con lirios, no existía el pregón universitario, ni tampoco el aula Cultura y Fe.

En octubre de 1960, el año en el que hoy fijamos la atención, se inscribió en la cofradía Manuel Olivencia Ruiz, natural de Ronda, vecino de la calle San Vicente, de 31 años. Se comprometió a pagar la cuota anual de cien pesetas. El 6 de diciembre fue admitido como hermano por el cabildo de oficiales y el 18 del mismo mes prestó el juramento de las reglas. Fue presentado por el hermano mayor, Salvador Diánez. Ingresó en la cofradía en el final de una etapa histórica: la de la Anunciación, de la que queda el hermoso azulejo de la plaza acosado hoy por las terrazas de veladores. La hermandad, con buen criterio, se marchó seis años después a la capilla de la calle San Fernando, porque el Cristo de Los Estudiantes debe estar donde esté la Universidad. Siempre.

Olivencia recibió la noche del pasado miércoles el VI Premio Manuel Clavero que concede Diario de Sevilla, un acto que se celebró con toda solemnidad en el Patio de la Montería del Real Alcázar. Se produjo una bonita coincidencia cofradiera, pues son hermanos de Los Estudiantes don Manuel Clavero, que da nombre al prestigioso galardón; Olivencia, que lo recibió, y José Moya Sanabria y Concha Yoldi, patrocinadores del premio desde su creación. Todo, de alguna forma, quedaba en la lonja con la memoria puesta siempre en la calle Laraña.

Iglesia del Salvador. Reportaje con Fernando Mendoza y Joaquín

La memoria de Moeckel

Ocurrió hace quince años. El abogado Joaquín Moeckel lideraba una polémica contra el Arzobispado por el intervencionismo episcopal en las reglas de algunas hermandades. La autoridad impuso por las buenas cuestiones referentes a las nazarenas, la edad mínima para ser hermano mayor y la designación de los directores espirituales. Moeckel recurrió como hermano mayor del Baratillo. En el asunto de las nazarenas logró que la imposición se convirtiera en un exhorto pastoral. Y en las otras dos cuestiones, el entonces secretario general y canciller, Francisco Navarro, le envió una carta informándole previamente de la nueva redacción de los preceptos. Es decir, la jerarquía eclesiástica le dio una suerte de derecho de audiencia antes de dictaminar. Moeckel mostró la carta de Navarro el otro día en la Universidad de Sevilla con ocasión de un curso sobre Derecho y Cofradías de los que promueve el profesor Martín Serrano, una iniciativa de altura que es digna de elogio. El letrado del Arenal reivindicó una especie de memoria histórica. Aquello fue un debate de altura, donde el cardenal vio un interlocutor con el que se podía discutir. Y el interlocutor supo defender su posición sin convertir jamás al cardenal en una figura vulnerable. La prueba es que, al final, Don Carlos le concedió por motivos varios la medalla Pro Ecclesia et Pontífice. Conviene recordar estos hechos. Conviene defender el derecho de audiencia. Conviene saberse la historia reciente.

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El éxito de un cartel

El miércoles se presentó el cartel del junio eucarístico que edita el Consejo, obra de los hermanos Rubiño. Han empleado técnicas de representación arquitectónicas para conseguir un efecto tridimensional, de maqueta. El cartel combina con armonía la tradición con la modernidad. Tiene mucho de infografía, de horas de ordenador bien trabajadas. Hay que felicitar al Consejo que preside Joaquín Sainz de la Maza por esta apuesta. No le ha faltado ni la prueba del algodón del éxito, que es el cuarto y mitad de guasa de ciertos conspicuos cofrades que dicen que parece el cartel de un congreso de numismática. Como cuando dijeron del apaisadísimo cartel de las glorias  de 2016 que servía para anunciar el vía crucis de Itálica por lo oscura que estaba la escena. Lo peor de un cartel, de un pregón, de cualquier actividad pública que se ejerza en Sevilla, es que no genere ni cien gramos de guasa.  Este cartel de los Rubiño es muy bueno. Por eso se remata como las cofradías perfectas: con el cortejo del preste de la guasa hispalense.

 

 

 

 

Una Semana Santa al borde de la troika

El Fiscal | 23 de abril de 2017 a las 5:00

INCIDENTES EN LA MAGRUGç

Una Semana Santa en crisis, como una nación en crisis, requiere de grandes reformas. Cuanto más tardó Zapatero en negar la crisis económica, más tardó España en comenzar a ver la luz del túnel de la recuperación macroeconómica. La otra, la microeconómica, ni mucho menos está lograda, como denuncia monseñor Asenjo en sus recientes intervenciones públicas: “No olvidéis a los pobres”. Las denuncias sobre los excesos y despropósitos que marcan esta Semana Santa de comienzos del siglo XXI han sido tildadas no pocas veces de estar formuladas por puristas, defensores de esencias perdidas o directamente por carcas. Esta Semana Santa que nos ha tocado vivir, heredera del boom de los años 90, exige mucho cariño y ninguna reticencia a determinados cambios. Exige decir no, exclamar un basta ya ante muchas prácticas con las que las propias cofradías han contribuido a viciar el ambiente, a generar un tufo de decadencia que ha tenido efectos perversos. Esta Semana Santa está a un paso de quedar intervenida por una troika (Ayuntamiento-Cecop-Delegación del Gobierno) ante la incapacidad de las propias cofradías para resolver sus problemas.

La desaparición del cofrade ejemplar. Luis Rodríguez-Caso reivindicó el concepto de capillita en su Pregón de Semana Santa de 1988. ¿Sería posible hacer lo mismo hoy? El capillita como tal es una minoría. Su tipo ha sido orillado, sustituido, reemplazadlo. Su figura, culta, inquieta y habitualmente de indumentaria pulcra hasta en los meses de calor, ha sido desplazada por la del friki, el aficionado, el obsesionado por grabarlo todo con el teléfono inteligente. Ya no está Luis para defender al capillita, ni Sánchez Dubé para denunciar el fenómeno del bandismo, que pone en evidencia la excesiva notoriedad de los músicos. Ya no están cofrades modélicos como Juan Carrero, Manuel Toro, José María O´Kean, Ramón Martín Cartaya o Vicente Acosta, ni sacerdotes como Eugenio Hernández Bastos, Juan Garrido o Manuel Benigno García Vázquez. ¿Dónde están esos modelos de conducta ejemplar? ¿Ustedes se imaginan ahora un señor como don Antonio Colón en la salida del Silencio? A las doce de la noche, una hora antes de que la Santa Cruz se pusiera en la calle, el público de los alrededores de San Antonio Abad era más propio del que hace espera para un concierto de heavy metal en la Cartuja. A veces pareciera que la gente culta y formada huye de las cofradías como de la política. Y, claro, los nichos vacíos son ocupados por aficionados, o por gente de buena voluntad pero ineficaz para asumir los grandes retos que hoy se precisan.

Las prácticas a deshoras. Admitir que un paso de palio como el de la Virgen del Dulce Nombre entra puntual cuando lo hace a las 3:55 horas es un horror. Las cuatro de la madrugada no son horas para que una cofradía transite por la calle una jornada laborable. Lo mismo cabe decir de San Gonzalo y, muchos años, de la Candelaria o los Panaderos. Hay que reducir tantas horas de exposición al riesgo. Aún están recientes los episodios de reyertas en los alrededores de la calle Orfila en las primeras horas del Jueves Santo. Tanto se ha permitido el crecimiento de la nómina de la Semana Santa sin criterio alguno que se han colmatado franjas horarias que ahora serían necesarias para ciertas reformas. Se han asfixiado las jornadas. Se ha agotado el crédito por aplicar un buenismo por el que cualquier cofradía valía siempre que las que ya estaban no perdieran su orden de paso o sus sacrosantos minutos de tránsito, como si éstos fueran los vellocinos de oro particulares. De los lodos de la falta de miras de estos últimos años son muchos barros de hoy. La Semana Santa se ha ido construyendo su propio callejón sin salida.

La decadencia total. Cofradías decadentes, perfiles bajos en casi todos los mandatarios y, en paralelo o en consecuencia, un público degradado. Nada es casualidad. Todo coincide. La sensiblería ha sustituido a la emoción tanto como la afición a la Fe. Hasta en múltiples pregones, exaltaciones y meditaciones se ha podido comprobar en los últimos años. La Semana Santa, las vísperas, la cuaresma, los pregones… Todo está pasado de rosca. Las sillas de playa han aparecido como champiñones en entradas y salidas y, por consiguiente, los utensilios con comida traída de casa, al estilo dominguero, y juegos de mesa para aliviar la espera. ¿Cuándo se había visto antes el uso de colchones y esterillas para acomodarse mientras llega una cofradía? Sillitas de chino, butacas plegables de playa, roedores de pipas, calles traseras convertidas en urinarios… En definitiva, una cochambre apreciable desde el mismo Domingo de Ramos, la jornada de público más chusco. La gente sale a la calle a sentarse o a tumbarse y, lo que es peor, en una actitud agresiva, crispada, virulenta. De los cangrejeros de los años noventa que no dejaban ni dejan avanzar al paso (incluidos algunos pregoneros de supuesto prestigio y hasta algunos clérigos) al público de barriada que se monta su propia carrera oficial como alternativa a la ocupada por los supuestos señores. La evolución ha ido a peor. A mucho peor. Hay locales comerciales de la carrera oficial que funcionan en Semana Santa como palcos de las carreras de caballo de Sanlúcar de Barrameda. ¡A beber y a yantar que la Semana Santa se va a acabar!.

La barbaridad de 32.805 sillas. La documentación oficial aprobada por la Gerencia de Urbanismo establece con toda claridad cuántos asientos hubo en la carrera oficial la pasada Semana Santa. Y fueron demasiados. Hay más localidades que en doce de los veinte estadios de fútbol de primera división. La distribución de los asientos revela unas cifras que –no nos engañemos– son temerarias. Y todo para ingresar más dinero y que las cofradías puedan tener subvenciones mayores. Hay que reducir el número de sillas, sobre todo en Sierpes. Si las subvenciones se recortan, los cofrades tendrán que rascarse el bolsillo, como dice el ex fiscal jefe, Alfredo Flores, pregonero que fue de la Semana Santa. En la Campana hubo 6.921 sillas. En Sierpes nada menos que 4.719. Sierpes es un túnel del terror hasta cuando no hay incidentes. Allí no están cómodos ni los que están sentados (arrullados en muchos casos), ni los nazarenos que pasan como pueden, ni las personas que tratan de desplazarse. Nadie. Imagínense cómo tuvieron que pasarlo nazarenos y público con ocasión de las avalanchas.

Todo está sujeto a debate. El propio Consejo de Cofradías admitió en su día que la Semana Santa era un espectáculo cultural con tal de beneficiarse de un tipo de IVA rebajado en la carrera oficial. Puestos a considerarla un espectáculo, aplíquense las leyes que regulan la seguridad de las grandes concentraciones de masas. Tal vez convenga retrasar el inicio de la Madrugada, dos o tres horas; tal vez convenga modificar órdenes de paso por la carrera oficial, tal vez cambiar cofradías de día o tal vez ampliar la carrera oficial o modificarla sustancialmente. Hay que decir no a las posiciones intransigentes. Es la hora de las medidas innovadoras. Nadie se puede negar a ningún debate. Ante un paciente en estado grave y sin un diagnóstico claro, conviene estudiar todas las posibles causas de los males e ir preparando los tratamientos. No estamos en meses de tertulias, ni para ir preparando los proyectos delirantes en la orilla de la playa, sino en una crisis muy grave de la fiesta más hermosa de la ciudad. La pasada Madrugada pudo haber diez o más muertos en el sector de Arfe, según el testimonio de un experto en seguridad y gran conocedor de la Semana Santa. La zona cero de la tragedia se localizó en el corazón del Arenal. Por muy mal que lo pasaran en otras zonas, nada fue comparable a lo de la calle Arfe.

El efecto dominó. No hace falta una estructura organizada para reventar una Madrugada. La zona sensible del centro no es tan extensa a determinadas horas en las que las seis cofradías coinciden en un radio muy limitado y, además, fácilmente comunicado. En el Ayuntamiento mantienen que estaríamos ante el mejor supuesto: los sucesos no responden a una trama, por lo que con ciertas medidas drásticas se puede controlar la situación. El cierre de los bares es una medida que ya tomaron muchísimos establecimientos hace años, cuando la cochambre se adueñó de la noche más hermosa (peligrosa) del año. A los propios bares no les compensa tener que soportar una clientela pasada de copas y que se toma la Madrugada como una Nochevieja con pasos. La troika optará por decretar los cierres de bares, acotar las zonas más sensibles y emplear detectores de metales con quienes pretendan ingresar en algunos de esos sensores considerados de especial protección. Hay mucho dinero en juego, la denominada marca de la ciudad, el prestigio de una urbe que hace 25 años, precisamente, vivía su período más brillante de toda la era contemporánea, como para dejarlo todo en manos de las propias cofradías o al arbitrio de una autoridad rehén de los opinadores de las redes sociales. La Semana Santa ha de ser intervenida, puesto que las hermandades, que en su día llegaron a hacerse con ella, no tienen capacidad para resolver el gran fracaso de la Madrugada.

El reto. La ciudad que sabía moverse en la bulla deberá demostrar ahora que tiene capacidad también para autorregularse en una avalancha. Casi acabó por demostrarlo la pasada Madrugada cuando en pocos minutos pasaba de correr atropelladamente a aplaudir a unos nazarenos asustados. La gente echaba a correr cuando oía un ruido, no cuando veía a alguna persona en actitud amenazante. Si no se supera pronto este trauma colectivo, renunciaremos a vivir en paz la Madrugada que otros nos legaron con toda su belleza, y, aún peor, condenaremos a las nuevas generaciones a tenerle miedo a la noche sevillana del año por excelencia. La autoridad debe ejercer como tal y establecer las máximas garantías. Una mayor seguridad pasa necesariamente por un control más intenso y, por consiguiente, por una renuncia a cierto grado de libertad. Esta Madrugada que nos ha tocado vivir está al borde de ser declarada en estado de excepción, de suspensión de ciertas garantías, porque la ciudad no puede correr el riesgo de que haya una nueva zona cero, ni por supuesto una sola víctima mortal. El Rey inauguró el miércoles el Foro Mundial sobre Violencias Urbanas y Educación para la Convivencia y la Paz. Eso es lo que ha faltado en la Madrugada: saber convivir. Unos han agredido los hábitos pacíficos de otros en un contexto de psicosis colectiva. Y falta desde que en 2000 quedara en evidencia la fragilidad de una fiesta que funcionaba sola, pero que ahora está al borde de ser intervenida. Es la hora de los cambios, de decir no a ciertas prácticas, de sacar a la luz pública nuevos modelos de cofrades ejemplares, de enseñar, en definitiva, una Semana Santa vivida desde la autenticidad de la Fe.

fiscal23 (II)

Espadas al PP: “Trabajemos juntos”

El Fiscal | 6 de abril de 2017 a las 5:00

alcalde

ESTABAN juntos y en un ambiente de armonía que recordaba a corporaciones municipales del ayer. Estaba el gobierno, con el alcalde, Juan Espadas, y el delegado de Seguridad, Movilidad y Fiestas Mayores, Juan Carlos Cabrera. Estaba el líder de la oposición municipal, Alberto Díaz, y Rafael Belmonte, también concejal del PP. Estaba el presidente del Consejo, Joaquín Sainz de la Maza , y el vicepresidente de la institución, Antonio Piñero. Todos reunidos con ocasión de la tertulia El Homo Cofrade, que entregó su distinción anual al edil Cabrera. A los postres fue cuando el alcalde se refirió a la Semana Santa mirando a los ediles del PP y, por supuesto, a los señores del Consejo:“Trabajemos juntos”. Espadas sabe que él solo no puede hacer nada, que el éxito del año anterior se debió a las orejas altas que pusieron los chicos del PSOE del Ayuntamiento y los del PP de la Delegación del Gobierno tras aquella Madrugada de 2015 nefasta para el recuerdo de los cofrades. “Colaboremos juntos”, reiteró el alcalde en un foro donde también estaban ex ediles y ex presidentes del Consejo. La Semana Santa, su seguridad, es obra de todos. Espadas refirió cómo se rebajó con celeridad la alarma causada por una mujer en el Duque la noche del pasado Lunes Santo, lo que provocó unos instantes de histeria. Esto es cosa de todos. Incurrir en frikismos en las redes sociales o en propagar bulos nos afecta a todos. Bien está que unos y otros sean capaces de entenderse, para empezar, en el muy cofradiero foro de una tertulia.

Azahar

El Fiscal | 15 de marzo de 2017 a las 5:00

AZAHAR

ESTÁ brotando con timidez, con la parsimonia de la cofradía que sabe que lleva pocos nazarenos y le imprime cadencia, mucha cadencia, a la salida de las parejas. De dos en dos, poco a poco, guardando la distancia. Hay naranjos que ya destilan ese perfume anual que deleita a los rapsodas, pero aún son pocos, como también son escasos los capirotes que se ven por las calles. Algunos no hemos probado las torrijas. Todo va llegando con cierta lentitud esta cuaresma que alterna los días luminosos con los cielos panza de burra. No está mal que las cosas bajen de velocidad y se vivan con mayor intensidad interior. Nada  mal. El cuaresmazo de la Madrugada quedó resuelto con prontitud. La crisis de los quince minutos se resolvió en otros quince minutos. Se agradece, como también se agradece la salida tímida del azahar en estos días irrepetibles.

En defensa de un estilo

El Fiscal | 5 de marzo de 2017 a las 5:00

1979

Ya no hay ordenanzas de librea con guantes blancos en el escenario del Pregón. Ni casi se ven esas pobladas barbas. Ya no hay esa batería de micrófonos. Ni el Pregón es en el Lope de Vega. Siguen estando los chaqués, la policía local de gala, los tapices, las autoridades y, por supuesto, el querido Martín Cartaya. Con el fallecimiento de Manuel Toro se ha pasado página a una época, un estilo, unas formas y una concepción de las cofradías que comenzó a decir adiós con el repentino fallecimiento de Luis Rodríguez-Caso. Se ha ido en poco más de una década un repertorio de cofrades de primera fila como José Sánchez Dubé, Juan Fernández Rodríguez García del Busto, Juan Foronda, Juan Castro, Rafael Duque del Castillo, José María O´Kean, Adolfo Cuéllar, Diego Lencina, Francisco Yoldi Delgado, Ramón Ybarra, Ramón Pineda, Eduardo Ybarra, etcétera. Incluso hay que citar sacerdotes muy, pero que muy cofrades, como don Eugenio Hernández Bastos, en la Redención; don Antonio González Abato, en el Tiro de Línea, o don Manuel del Trigo, el cura del Salvador. Con sus matices, distintos en algunos aspectos, ¡cómo no!, pero unidos por el compromiso con las hermandades, por considerar las cofradías idóneas para vivir la fe cristiana. Clásicos, serios en el mejor sentido, comprometidos. Toro era el Museo. Era verlo con su traje impecable, pico de pañuelo blanco asomando por el bolsillo superior de la chaqueta, y pensar de inmediato en su cofradía. Esa identificación plena de la persona con una hermandad se logra en pocas ocasiones. ¿Cuánta gente no da por hecho que Toro fue hermano mayor del Museo? En realidad nunca lo fue. ¿Cuántos no siguen creyendo que don Juan Moya García o don José Sánchez Dubé lo fueron de Los Estudiantes y La Estrella, respectivamente? Pues nunca lo fueron. Ni falta que les hizo a ninguno. Con tal intensidad se dedicaron a sus hermandades, imprimieron tal pasión, que lograron sin pretenderlo ser plenamente asociados con ellas. El imaginario colectivo los recuerda con la vara dorada. Aprovechen las nuevas generaciones interesadas en las cofradías para conocer los testimonios de los cofrades mayores que hoy, por fortuna, siguen entre nosotros. Oigan el relato de los recuerdos impagables de las familias (algunas tan injustamente denostadas hoy) que fueron fundamentales para mantener viva la llama de muchas hermandades en los peores años. Atiendan a la descripción de una Semana Santa probablemente más pobre, pero quizás más auténtica por menos sofisticada y, por lo tanto, con más emoción interior y menos afición impostada. Una Semana Santa que generó amor puro en quienes vinieron de fuera a conocerla y en ella se integraron, o la valoraron mejor que muchos sevillanos, como el salmantino Alfredo Flores, el peruano Jorge Bernales o el canario Francisco Morales Padrón. Con la muerte de Manuel Toro se pierde un estilo. “Que se me quiera y sepa oír”, tituló la primera parte de su pregón de 1979. Hoy recuerdo la grabación del glorioso arranque dedicado a la Virgen de la Esperanza, cuando recreó cómo la lluvia truncó los planes de la coronación de 1964 y unos versos escritos en la pared osaron reñir a la Macarena a su regreso por la calle Parras: “Te fuiste por cuatro días/ y tardas siete en volver/Madre mía Macarena/¡no nos lo vuelvas a hacer!”. Ahí tuvo que aplaudir hasta el ordenanza de librea después de tirar los guantes. Claro que se le supo oír. Claro que se le quiso oír.

50 años de fidelidad baratillera

Moeckel

Qué lejos queda aquel recuerdo que a modo de fogonazo deslumbra la memoria. Aquel Miércoles Santo de 1971, con sólo cinco añitos. Era un nazarenito, hijo de un hermano mayor de los que mandaba. Mandaba tela. Aquel niño era estudiante del Colegio San Isidoro, tardes de juegos en los derribos del barrio de Santa Cruz. Un niño tan listo y espabilado como algo enclenque. Años de huchas amarillas con  tapas verdes que así eran las huchas del Domund. Años de limpiar plata en silencio y aprender de las tertulias de los mayores. “Hoy hay junta de gobierno”, se oía. Yera una suerte de Extra omnes  vaticano. Todos los jóvenes debían abandonar las dependencias. Años de trabajar en la hermandad hasta los domingos por la tarde si la autoridad paterna lo dictaba. Todos entregados a una causa llamada Baratillo. Después vendrían los oropeles del cargo de hermano mayor, el reconocimiento del Papa Benedicto y otros pleitos y alegrías. Pero hoy es día para rendir tributo a la memoria junto a amigos como Ángel Gallardo. Hoy es día de reabrir el antiguo Bar Atillo, recordar el concepto familiar de hermandad, aquellos primeros callejeos de Semana Santa con Jesús Eguino y las noches de Lunes Santo ordenando los cirios por números, marcando con cinta aislante los de los últimos tramos: azul para los blancos y roja para los azules. Joaquín Moeckel celebra hoy sus 50 años de hermano del Baratillo. En la capilla de la Piedad aprendió a ayudar a misa. En ella se hizo persona. 50 años de fidelidad. Y orgullo.

Oído en una tertulia
“¿Tú sabes qué consejero de la anterior junta superior fue sorprendido revendiendo unas sillas y sacando una generosa plusvalía de la operación? Al comprador se le ofreció la posibilidad de denunciar el caso formalmente, por lo que al consejero se le habrían quitado sus derechos como titular, pero la cosa no fue a mayores porque se prefirió una solución sin traumas… ¡Ahora nos hemos enterado de aquel bacalao!”.
Macareno en Madrid
Carlos López Bravo, el activísimo secretario del Consejo de Cofradías, pronuncia hoy el pregón de la Hermandad del Gran Poder y la Macarena de Madrid. ¿Estará allí Santiago Álvarez, favorito de López Bravo como futuro hermano mayor de la Macarena?
El ejemplo del Kichi
¿Han visto durante el concurso de agrupaciones en el Falla los anuncios del Ayuntamiento de Cádiz proclamando que “el carnaval no es el botellón”? Hay quien dice que Juan Espadas podría encargar para Sevilla unos anuncios similares. “La Semana Santa no es permanecer en una sillita de chino comiendo pipas”. Ya se sabe. La defensa de lo obvio conduce a la frustración.
El pertiguero
Primer golpe. Vayamos a lo sustancial. ¿Tendremos o no tendremos a la Virgen del Dulce Nombre con la saya rosa el próximo Martes Santo? Segundo golpe. ¿Qué alto cargo del Consejo y qué conocido político han logrado su particular pellizco del número de la lotería premiado en la Hermandad de Montserrat? Tercer golpe. Una cuidada edición. Precioso el especial sobre el Señor de la Oración en el Huerto que ha editado Páginas del Sur bajo la coordinación del experto José Fernando Gabardón de la Banda. Y ciriales arriba. Oído en otra tertulia:“¿Qué dices que se está preparando por los cuatrocientos años de ambas imágenes? Anda, anda. Eso está todavía muy verde. Sí, si eso fuera así, hay que empezar ya. Pero aún tiene que llover mucho”.

El Lagarto de la Catedral:  “Don Carlos sigue incombustible, querido y siempre inquieto Fiscal. El viernes estuvo en el Gran Poder, donde presidió el culto a la Virgen, y hoy está en Torreblanca, el barrio donde tanto se le quiere. Siempre pone a la hermandad de Torreblanca como ejemplo en todos los sentidos”

Segorbe en la Corona

El Fiscal | 19 de febrero de 2017 a las 5:00

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Ignacio Medina Fernández de Córdoba (Sevilla, 1947) ya es hermano de la Corona, la joven cofradía de la Parroquia del Sagrario. La jura se celebró en la noche del jueves, con el director espiritual y Santos Evangelios presentes, como manda el rito. La corporación quiere así recuperar la estrecha vinculación que la antigua hermandad tenía con la nobleza sevillana. Con Segorbe en la Corona, la Fundación Casa Ducal de Medinaceli acepta el título de hermano honorífico perpetuo, como se refleja en el documento que ilustra esta sección. Alejandro Mateos, el hermano mayor, mostró al duque la imagen del precioso Nazareno, a la que siempre preferimos recordar en andas mejor que en el paso. A Segorbe le llamaron la atención las potencias rematadas con la flor de Lys. Ignacio Medina comentó que es hermano del Silencio. Le explicaron que antiguamente, según documentación hallada de 1674, los hermanos de la antigua cofradía de la Corona eran miembros de pleno derecho de la Primitiva Hermandad de los Nazarenos de Sevilla.

La mujer de Segorbe, María Gloria de Orleáns y Braganza, se mostró interesada en ver la cofradía a su paso por el Patio de los Naranjos el próximo Viernes de Dolores. Tras la jura y la visita llegó la hora del ágape, que tuvo lugar en El Pulpo de la calle Tomás de Ybarra. Allí la conversación se fue en recuerdos al gran patrimonio que poseía esa hermandad ya extinta que los hermanos de la Corona de hoy quieren homenajear continuamente. Segorbe estrena un cordón distinto al habitual, como miembro de honor. El duque y su nueva cofradía han quedado en colaborar. Es sabido el interés y el trabajo serio de Ignacio Medina por la conservación y recuperación del mejor patrimonio histórico de la ciudad por mucho que en alguna ocasión sus proyectos hayan estado marcados por la polémica. En la Corona, al menos, hay mucha historia sobre buen patrimonio. Estas alianzas productivas entre aristócratas inquietos y cofradías no son muy habituales, más allá de los casos que ha habido para trincar dinero para dorar pasos, cesiones de joyas para la virgen o fotos de saraos donde el hermano mayor de turno se codea con alta nobleza a costa de la hermandad.

Es de esperar que Mateos trabaje esa línea de colaboración fructífera con la fundación del duque más allá de que el aristócrata asista a las misas solemnes y ocupe un banco destacado en la salida o entrada de la cofradía. El sueño de aquellos jovenzuelos protegidos por Gutiérrez Mora va cogiendo impulso. Cualquier día los vemos saliendo la tarde del Viernes Santo. Ya uno que yo me sé, Rafael Belmonte, incluso le daría tiempo de ver al Cachorro tras la recogida del último nazareno de ruan azul. Todo es posible. Hasta que el duque se dirija a los hermanos en estos términos: “Ahora vamos en el mismo barco. La fundación y la hermandad”.
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‘Eau de oposición’
La que han liado algunos por los perfumes que venden las hermandades de la Macarena y la Esperanza de Triana desde hace ya meses. Se han llevado las manos a la cabeza. ¡Que se encienda el fuego purificador! Esos mismos no dijeron nada cuando las cruces de guía de ciertas hermandades se exponían en los escaparates, los enseres se cedían al horripilante Munarco (que en paz descanse y no levante más la cabeza) o el Consejo de Cofradías transigía con calificar la Semana Santa como espectáculo cultural con tal de obtener un IVA rebajado en las sillas y palcos. ¿Dónde estabais, almas mías? Habría que sacar a la venta el producto Eau de oposición. Observen la nota de cata: tonalidad morada por exceso de tinto, regusto nasal que indica demasiadas horas de ocio vespertino, fortaleza inicial de nudo de corbata bien hecho y reminiscencia de maullidos en vientre.

Vuelve a los atriles
Hay que preguntarle a Jesús Rodríguez de Moya por sus próximos objetivos cofradieros. Dicen que entrará en la junta de gobierno de una pujante cofradía y que retornará a los atriles. Recuerden que en su día fue nada menos que pregonero universitario. Lo de escribir no se le da nada mal. Tiene sus libros en el mercado.

El pertiguero
Primer golpe. Un rito feliz. Los consejeros llegaron a la casa del pregonero en un microbús contratado especialmente para la ocasión. Volvieron muy contentos con las croquetas de bacalao. Espadas se lo pasó en grande con Alberto García Reyes. Segundo golpe. Don Juan José se fue pronto, como es su norma. Llegó y se marchó en el coche con su secretario, Borja Núñez, y el gran Marcelino Manzano, el feliz delegado diocesano de hermandades. Tercer golpe. Oído: “¿Cuántos dictámenes dices que hay preparados por si hicieran falta? Eso no puede ser, tampoco la intervención es para tanto”. Y ciriales arriba. Es curioso que en algún boletín se llame la atención a los hermanos por sacar papeletas de sitio y después no presentarse a hacer la estación de penitencia, “cuando es posible sacar una papeleta simbólica”. El fenómenos es cada vez más creciente. ¿La causa? Viajes de última hora, quizás. En cualquier caso, parece una actitud poco seria.

Mucho más que un autor de marchas

El Fiscal | 12 de febrero de 2017 a las 5:00

Premios Pedro Braña
Premios Pedro Braña
A Manolo Marvizón hay que mirarle estos días con ternura. Sean ustedes misericordiosos. Le han dado un premio, pero un premio de los de Teatro Virgen de los Reyes lleno y banda sinfónica municipal. Un premio que lleva el nombre de don Pedro Braña, cuya marcha Coronación de la Macarena es la más interpretada con toda seguridad en las últimas décadas, la marcha que simboliza la alegría, el entusiasmo y el júbilo que se concentran en una sola palabra: Esperanza. Y esos premios, como dijo uno que yo me sé, “se perdonan malamente”. Yo creo que Manolo va estos días por la calle Sierpes doliéndose de una rodilla, haciendo cosas raras al andar. Creo que lo hace para que el personal lo mire con cierta compasión. ¿Un premio? Repartan la cera de la cofradía de los envidiosos de Sevilla porque ya va a estar la cruz en la calle. ¿Un premio sin ni siquiera haberse presentado? Tres bandas de música lleva esa cofradía de los que tienen gatos empadronados en el vientre, pero tres bandas bien pobladas, con sus novias (y novios) al lado. A Marvizón le han dado el Pedro Braña, el galardón que lleva el nombre del músico que innovó en los tiempos más difíciles, que llegó a Sevilla tras formarse en el extranjero, que sentó las bases de la gran banda municipal que hoy tiene Sevilla y que sufrió la oposición de los que rechazaban ciertas reformas que hoy se ven como naturales.

El premio se lo entregó la hija de don Pedro, Coral Braña, que reveló con todo el gracejo que cuando ella oía a Los Beatles en su cuarto, su padre irrumpía: “¡Melenudos en esta casa, no!”.

Muchos ignorantes reducen a Marvizón a la figura de compositor de marchas de Semana Santa. En su currículum hay –anoten– música folklórica, flamenco, pop, sinfónica, cine, cientos de sintonías de radio, televisión, anuncios de todos los colores y sabores para la promoción de quesos, yogures, magdalenas y turrones; melodías para equipos de fútbol, marcas de manzanillas, centros comerciales, ópticas, campañas electorales, bebidas refrescantes, bancos, coches….. Hasta la música de inauguración del Metro de Sevilla salió de su piano. A Marvizón le ocurre lo que al veterano costalero profesional al que le preguntaron en una entrevista cuántos pasos había llevado en su vida: “Todos… menos los de cebra”. Del piano de Marvizón ha salido la música de la Navidad en Canal Sur, o el natural y tan rico como siempre de los Quesos Vega e Hijos. Lo mismo le ha hecho arreglos a Alejandro Sanz que a un chaval del conservatorio de los que después no se acuerda de la ayuda recibida. Y lo mismo ha dirigido a la orquesta nacional de Costa Rica que se ha parado a pedirle la tarjeta a un músico callejero.

Yo le pido a Marvizón que siga doliéndose al andar, que le quedan días de hacerse el doliente. Es lo que tienen los premios que uno no ha buscado. Y también le digo lo que Humphrey Bogart a Dooley Wilson, el famoso pianista de la película Casablanca: “Tócala de nuevo”. Para que suene Coronación de la Macarena, la de don Pedro, y después Candelaria o Santa Cruz, las marchas de un hombre bueno que triunfa en la ciudad de los silencios más clamorosos, donde la envidia se viste de seda. Como la mona.

La muy monárquica hermandad de la calle Amparo

Foto Capitanía
Andrés Martín está empeñado en que su hermandad, la de la Divina Pastora y Santa Marina de la calle Amparo, recupere la solera monárquica que siempre tuvo. Ha ido a Capitanía a pedirle a Juan Gómez de Salazar, general jefe de la Fuerza Terrestre, que acepte ser el teniente de hermano mayor honorario de la corporación, pues el cargo de hermano mayor honorario corresponde al Rey. Y como Gómez de Salazar es un señor en toda regla, lo veremos pronto ante la Divina Pastora.

Novedad editorial
Ediciones Alfar presenta este año el libro Simbolismo en la Semana Santa de Sevilla. Se trata de una obra escrita y coordinada por el historiador Pablo Borrallo, con fotografías de Antonio Sánchez Carrasco, Javier Jiménez, Sebastián Gallardo, Pedro Aranda y Francisco José Pérez, e ilustraciones de Teresa Guzmán y César Ramírez. Prologado por Antonio García Barbeito e introducido por el imaginero Jesús Méndez Lastrucci, el libro cuenta con las colaboraciones de José Fernando Gabardón, Alberto Diago, José Antonio Zamora, Francisco Javier Montiel, Joaquín Galán, Luis Manuel Jiménez y Rafael Bellvis. La obra tiene como objetivo profundizar y descubrir la parte más trascendente de la Semana Santa de Sevilla a través de la iconología. Incluye un índice básico de simbología cofradiera para explicar la interpretación más rica que puede darse a cualquier detalle de cuantos están representados a través de imágenes, emblemas, ideogramas y alegorías. Un trabajo apoyado en la Teología y la Liturgia, donde el análisis y la interpretación de los símbolos permiten los mensajes y significados de la Pasión de Cristo en la Semana Santa de Sevilla. Apunten que la obra será presentada en el patio principal del Círculo Mercantil el próximo 2 de marzo.

El pertiguero
Primer golpe. ¿Ya están vistiendo a las vírgenes de hebrea? ¿Por qué no esperan los priostes al Miércoles de Ceniza? Segundo golpe. Jesús de Medinaceli. El 11 de marzo se presenta el cartelazo de Suárez en Madrid. Tercer golpe. Oído en el atrio macareno: “Yo veo imparable a Santi Álvarez,hazme caso. Imparable”. Y ciriales arriba. De la provincia. Qué contentos han quedado en la Hermandad de Jesús de La Algaba con las predicaciones de Fernando Borrego en el quinario.

La fuerza de un beduino

El Fiscal | 22 de enero de 2017 a las 5:00

BEDUINO
Ante la Virgen de la Esperanza se casan los novios, se despiden con los pies por delante desde los macarenos anónimos hasta los capitanes de los armaos; acuden los militares del Copero a decir adiós antes de partir a una misión lejos de España, se postran los arzobispos cuando son nombrados cardenales, cantan los coros, oran los viejos; corretean los niños en su atrio, reza la gente buena de los pueblos tras bajarse del autobús, se ganan indulgencias, conocen los bebés sus primeras luces, cantan sus primeras misas los curas recién ordenados, oyen los reyes de España las primeras saetas de la Madrugada, acuden los ministros y suplican los parados, y se arrodillan los beduinos para entonar su particular letanía: Estrella de la mañana y Salud de los enfermos, ruega por nosotros. No paréis a ese beduino, paje de la Epifanía, que va hasta dentro, hasta el fondo, hasta el mismo hoyo de las agujas de la Esperanza a dejar las flores de su rogativa a los pies de la Señora y a la misma vera del Santísimo. Los buenos beduinos están educados en la Esperanza, como el buen paciente no pide por su salud, no exige nada para sí mismo, sino para el que tiene próximo y no recibe visitas ni siente el calor de una llamada que tenga el efecto de una caricia paliativa. El buen paciente es un nazareno de ruan que mira al frente en expresión de futuro, disciplinado, tranquilo, de espíritu calmado. Del tronco del buen paciente sale la rama del buen beduino. No paréis al beduino que va derecho a sus plantas, donde antes fueron sus padres y sus abuelos, donde van poderosos y desamparados, libres y condenados, acaudalados y tiesos, perdidos de toda esperanza y con el timón de la fe bien amarrado. No paréis a ese beduino, que la gente del atrio se abra, que lleva en su regazo un ramo de flores blancas, que va a dejar a sus plantas un mensaje de amor hermoso, el enésimo suspiro entre las batas blancas que pronto serán plegarias de gracias, gracias, gracias, entre un revuelo alegre de capas blancas. No paréis a este beduino, que no está de paso, que este beduino es de la casa. ¡Vaya si lo conocemos, con que poderío avanza! Y lo dejaron entrar mientras la carroza de Gaspar lo esperaba. Aquella fue una hermosa recreación de hasta dónde llega la fuerza de la Esperanza. El beduino llegó y dejó ante Ella su plegaria. Con los rescoldos de la Navidad se ha producido el alta. La fuerza del beduino, la fuerza de la Esperanza. Ante la que tantos lloran, musitan y callan, ante la que tantos no son capaces ni de aguantarle la mirada, el beduino de Gaspar dejó las flores de su plegaria. Dichosa la rama que al tronco sale, dichoso el paciente que escribe cada mañana las perlas de su fe que a sus amigos regala. Ante la Virgen de la Esperanza quedaron aquellas flores, blancas como las batas albas, y el paciente salió por su pie a darle ahora las gracias. Dichoso el beduino que por su padre rogaba. Y bendita sea la Esperanza que al beduino escuchaba.

Una muestra con un gran comisario
Cofradía
Vayan preparándose para una gran exposición con motivo del 50 aniversario de la Virgen de Guadalupe, obra cumbre del mejor escultor contemporáneo de imaginería religiosa. Con esta imagen, tallada cuando apenas tenía 16 años, Luis Álvarez Duarte se consagró en Sevilla como el nuevo niño prodigio de la imaginería contemporánea. Con sólo 12 años, ya había tallado la Virgen de los Dolores, de la parroquia de San José Obrero, el barrio donde vivía. Sin embargo, fue cuatro años después, en 1966, cuando presentó una nueva imagen que asombraría no sólo a los cofrades sevillanos, sino también a los especialistas en Arte: la Virgen de Guadalupe. Con esta imagen empezaba una carrera artística que le ha convertido en el principal maestro de la imaginería religiosa de nuestros días, y también en un gran escultor. La obra de Álvarez Duarte está actualmente presente en casi todas las regiones españolas, así como en todas las provincias y todas las capitales de Andalucía. Cuenta con obras religiosas y profanas en América del Norte y del Sur y en diversos países de Europa. Al cumplirse el cincuentenario de la Virgen de Guadalupe, la Hermandad de Las Aguas ha programado diversos cultos. Entre las actividades previstas, también surge la intención de organizar una gran exposición, que se puede considerar como una antología de sus obras. Por supuesto, ocupará un lugar central y principal la imaginería religiosa, aunque incluirá una sección dedicada a la escultura profana. Para esta exposición ha sido nombrado comisario el periodista José Joaquín León, autor del libro biográfico de Luis Álvarez Duarte, titulado El niño imaginero (Jirones de Azul, 2011). ¿Quién mejor que José Joaquín León para esta exposición?. Se propone que la muestra se celebre desde el 19 de octubre al 3 de diciembre de 2017. Habrá dos sedes compartidas. La capilla de Nuestra Señora del Rosario, presidida por la Virgen de Guadalupe, en la que se fundamenta la exposición. Se estudia la posibilidad de incluir otras imágenes religiosas vinculadas a los comienzos de Álvarez Duarte. Yel Hospital de la Santa Caridad, que será el núcleo central de la exposición. Se dedicará principalmente a la imaginería religiosa (de Semana Santa, Gloria y figuras secundarias). Incluirá también una sección de escultura profana.

Honores de Braña para Manuel Marvizón
Encuentro digital con el músico Manuel Marvizón.
¿Usted se emociona con el arranque de cornetas de Coronación de la Macarena? Esa marcha, símbolo para miles de personas de las mejores horas de la Semana Santa, fue compuesta por un señor asturiano que amó a Sevilla incondicionalmente:don Pedro Braña, nombrado director de la Banda Municipal de Sevilla en 1944. Era un gijonés inquieto. Estuvo muy implicado en la vida cultural sevillana, al fundar la Asociación Coral, creando los conciertos monográficos de Marchas de Semana Santa y siendo uno de los promotores del rescate del famoso Miserere de Eslava en versión de concierto en el Teatro Lope de Vega en 1956. También tuvo una intervención muy discutida en su época: añadir violines y violonchelos a la formación de la Banda Municipal. Fue un innovador que dejó puestas las bases de la gran Banda Municipal que hoy sigue teniendo la ciudad. El Centro Asturiano de Sevilla otorga el Galardón Pedro Braña en recuerdo de un asturiano que amó la capital de Andalucía, donde dejó sus mejores años y su trabajo de mayor fuste. Este año, la segunda edición de este premio recaerá en el músico Manuel Marvizón Carvallo, conocido por su trabajo en Sevilla y lejos de ella. Su trayectoria está avalada por su labor como compositor, productor y arreglista con mas de 600 obras registradas. Ha trabajado para numerosas formaciones orquestales sinfónicas y de viento y artistas como Los del Río, Alejandro Sanz, José Manuel Soto, Pastora Soler, David de María Marifé de Triana, Gracia Montes, Cantores de Híspalis y Carlos Cano, entre muchos otros. Autor de obras como Madre Hiniesta, Candelaria, Virgen de la Palma, Santa Cruz, o el reciente Himno del Centenario de la Cabalgata de Sevilla. Este premio es como un traje a medida. Marvizón, además, admira la obra de Braña.